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domingo, 26 de febrero de 2012

Ann Yeoman: Ahora o Nunca Jamás. Peter Pan y el mito de la eterna juventud

Idioma original: inglés
Título original: Now or Neverland. Peter Pan and the Myth of Eternal Youth
Fecha de publicación: 1998
Valoración: está bien

Cuando Peter Pan empezó a ser sometido a una crítica académica, esta echó mano sobre todo de instrumental freudiano. Y es que material hay de sobra. Por ejemplo: Peter dice sentir un visceral rechazo por las madres debido a que la suya supuestamente le abandonó, pero luego se dedica a proyectar el rol maternal sobre toda mujer que se le acerca. Si a esto le sumamos ciertos aspectos algo escabrosos de la personalidad de su autor, Barrie, pues tenemos el panorama perfecto para que un psicoanalista freudiano se ponga hasta las cejas de fijación materna, complejo de Edipo y demás.

Sin embargo, esta no es la única interpretación sobre Peter Pan que puede ofrecer el psicoanálisis. También tenemos a Jung, el alumno díscolo, y su teoría de los arquetipos, que son imágenes que pueblan el inconsciente colectivo y afloran a la conciencia del sujeto a través de sueños y creaciones artísticas para encarnar ciertas tensiones psíquicas. Pues bien, uno de ellos es lo que Jung llamaba el puer eternus, es decir, el niño eterno. Un arquetipo que simboliza en todos nosotros la vitalidad, espontaneidad y el júbilo unidos a la juventud. Poco tardaron los críticos junguianos en ver en Peter Pan un perfecto puer eternus. Ann Yeoman es quien lo ha explicado con mayor empeño y profundidad.

En el libro hace primero una breve revisión sobre lo que se ha dicho acerca del arquetipo del niño eterno, para repasar después diversas encarnaciones del mismo; dioses clásicos, sobre todo: Dioniso, Hermes, Pan. Y es que parece que no, pero no son pocas las coincidencias del personaje de Barrie con estas divinidades. El apellido, para empezar. Pero también la capacidad de volar, o de manifestarse en sueños, por ejemplo. Yeoman hace un pormenorizado análisis de la novela original a la luz de las ideas de Jung. Consigue así ofrecer una lectura reveladora de Peter Pan, aunque, claro, inevitablemente ligada a una teoría psicológica que a mí, al menos, me parece que tiene sobradas debilidades.

Tengo la sensación de que la ambigüedad esencial de los arquetipos junguianos es la excusa perfecta para torcer la interpretación hasta que coincide con lo que uno quiere decir, reclamando además para la misma un carácter trans-histórico que no se sostiene. Eso sí, a Yeoman hay que agradecerle que fuera una de las primeras críticas que decidiera dejar de lado el morbo que acompaña al autor y centrarse sólo en su obra.

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