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sábado, 4 de julio de 2026

Tochoweek VI #6 Elaine Vilar Madruga: La piel hembra

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Entre bastante recomendable y muy recomendable

Todas las mujeres de un pueblo aislado en lo alto de las montañas aseguran haber concebido al hijo de Dios. Esta es la premisa de La piel hembra, novela de la escritora cubana Elaine Vilar Madruga que me ha sorprendido gratamente. 

La piel hembra me ha sorprendido gratamente. En primer lugar, porque es extremadamente ambiciosa en su planteamiento: una epopeya que narra los acontecimientos vividos durante décadas por un numeroso elenco. En segundo lugar, porque combina buena factura, un fondo enjundioso, acontecimientos fascinantes, personajes memorables y reflexiones profundas.

También porque la ejecución de La piel hembra está muy lograda. Y es que la novela no sólo mantiene, de principio a fin, la calidad y el pulso narrativo, así como la atención del lector, pese a su desmesurada extensión (la friolera de 654 páginas en la magnífica edición de Barrett), sino que logra cumplir las altas expecativas que su propia ambición le ha impuesto.

Asimismo, la naturaleza híbrida de La piel hembra resulta de lo más atractiva. Aunque adscrita al realismo mágico, la novela de Vilar Madruga incorpora elementos místicos, dramáticos, psicológicos, humorísticos, bélicos y de crítica social, amén de una seductora pizca de "folk horror" a la cubana.

Otro de los muchos aspectos remarcables de La piel hembra es su mundo. Un mundo inusitadamente colorido, que mezcla la fantasía con lo cotidiano, en el que los milagros son posibles y la frontera entre los muertos y los vivos se desdibuja; un mundo en el que hay dientes deslumbrantes, cuerpos invulnerables, saliva con sabor a ron, sudor que hace brotar el verdor y pelos llenos de bocas. 

Además de por su colorido, el mundo de La piel hembra sorprende por su escala. Y es que si bien la acción de la novela parece, en un inicio, transcurrir casi exclusivamente en un único pueblo de montaña, el escenario no tarda en expandirse más allá de los límites de éste, hacia la manigua, el trillo, los maizales del olvido, el llano y sus respectivos pueblos y ciudades o la localidad vecina de La Cajusera.

Por último, destacaría que el mundo de La piel hembra se siente vivo e interconectado. A fin de cuentas, los grandes acontecimientos (por ejemplo, el estallido de una guerra de sucesión tras la muerte del presidente) alcanzan incluso la aislada cima de las montañas, y todas las acciones de los personajes tienen repercusiones y consecuencias, y a menudo se ramifican en direcciones inesperadas.

Los personajes de La piel hembra son otro punto álgido de esta novela coral. Pese a lo abundante que es el elenco, cada uno de ellos ha sido dibujado con precisión y goza de voz propia, de algún detalle singular, de algún misterio, de una caracterización compleja, de un arco narrativo que atravesar y de sinergias específicas con el resto. Asimismo, Vilar Madruga logra darle protagonismo a todos, incluso a aquellos que en un inicio parecía que no iban a tener mucho peso, como Janco Don, o aquellos que tardan casi quinientas páginas en adquirir relieve, como la Madrísima Doliente.

Otra virtud de La piel hembra es su prosa. Una prosa que combina sensibilidad, lirismo y plasticidad con potencia visual, y que está engalanada con localismos, palabras inventadas y campos semánticos propios que le otorgan una textura única.

En fin, podría seguir listando razones por las que pienso que La piel hembra es una novela extraordinaria. Sin embargo, me limitaré a añadir que resulta inevitable compararla con Cien años de soledad, otra epopeya latinoamericana coral e intergeneracional que transcurre durante varias décadas y en la que el realismo mágico convive con la cotidianidad de la miseria, la fe, el deseo, la violencia y la memoria. Dicha comparación es ciertamente odiosa, dado lo inalcanzable del clásico de Gabriel García Márquez, pero lo cierto es que la obra de Vilar Madruga tampoco sale mal parada al hacerla.


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