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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Akwaeke Emezi: La muerte de Vivek Oji

Idioma original: inglés

Título original: The death of Vivek Oji

Años de publicación: 2020

Traducción: Arrate Hidalgo

Valoración: recomendable

A pesar de que tengo que reconocer que no encontré nada realmente original, novedoso o deslumbrante en esta novela, el contexto de la autora y el del lector (o sea, yo) crean una interacción que me parece necesario destacar.

Demos un paso atrás. Esta es la historia de una persona que no logra encontrar su lugar en el mundo, ni qué decir en su pequeña ciudad en pleno desarrollo. Una historia contada muchas veces y de muchas maneras. Un joven que es despojado violentamente de la inocencia de la infancia e introducido al mundo adulto completamente vulnerable. Sí, ¿acaso no todos somos vulnerables a los infortunios de esta vida? Pero parece que algunos tienen peor suerte. En el caso de Vivek, esa vulnerabilidad lo conduce poco a poco hacia su inevitable muerte.

La corta vida de Vivek Oji se desarrolla en una comunidad característica de muchos territorios marcados por el colonialismo. Los habitantes se ven obligados a vivir en un futuro que ellos no construyeron y que tienen que entender al vuelo, sin más equipaje que sus tradiciones, sus creencias y su instinto de supervivencia. La religión importada convive con las creencias locales; las expectativas familiares, con nuevas formas de entender al individuo; el deber hacia la comunidad, con el deseo de vivir una vida propia.

Nigeria, un país que logró independizarse de los fish and chips apenas en 1960, atravesó pocos años después una devastadora guerra civil, seguida de golpes de Estado, largos periodos de gobiernos militares y, finalmente, el establecimiento de la actual república democrática (por cierto, de menor edad que la joven autora). Ese es, a grandes rasgos, el país en el que le tocó vivir (y morir) a Vivek Oji.

Para no arruinar el argumento de la novela, no daré más detalles sobre su muerte. No es que esto sea un thriller (desde el título sabemos perfectamente que el pobre Vivek no llegará muy lejos), pero uno de los puntos fuertes del libro es precisamente la manera en que el personaje se va revelando ante nosotros.

Volviendo a mi introducción: como ya dije, aunque no encontré nada especialmente novedoso en el argumento, me parece de suma importancia el diálogo que se produce cuando nos adentramos en culturas y tradiciones distintas de las nuestras. Emezi escribe desde Nigeria y desde una experiencia cultural que, en muchos aspectos, me resulta ajena. No necesito conocer de primera mano las costumbres igbo, ni haber crecido en la Nigeria de finales del siglo XX, para reconocer el miedo a decepcionar a la familia, el deseo de ser aceptado o la angustia de descubrir que aquello que uno es no coincide necesariamente con aquello que los demás esperan que sea. Lo particular está en dónde ocurren, quién las cuenta y desde qué lugar las escuchamos. Pude mirar un problema conocido desde un lugar que no era el mío.

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