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sábado, 4 de abril de 2026

Posy Simmonds: Cassandra Darke

Idioma original: inglés

Título original: Cassandra Darke

Año de publicación: 2018

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: entre recomendable y está bien

Si hay una heroína a priori improbable en cualquier tipo de narración, en este caso una novela gráfica (aunque dada la frecuente utilización por su autora, Posy Simmonds, de cajas de texto en crudo, bien podríamos hablar, en algún momento de una "novela ilustrada"), esa es , sin duda, la protagonista de esta historia, que lleva su nombre; Cassandra Darke -el apellido no me parece casual- es una septuagenaria antipática, obesa y que viste, ya que la acción se sitúa entre dos periodos navideños, un poco favorecedor atuendo invernal (*). Además de eso, reside en el muy exclusivo barrio londinense de Chelsea,  y dirigiría la galería de arte de su ex-marido sino hubiera sido clausurada, a causa de un fraude con ciertas esculturas llevado a cabo por Cassandra, lo que la ha convertido, además de una convicta, en una paria social. 

Tampoco es que todo esto parezca importarle demasiado a la buena (es un decir) de Cassandra, que a su egoísmo e incluso mezquindad une un agudo sentido de la autoprotección; de ahí que, cuando descubre cierto perturbador objeto escondido en su domicilio, que ella sospecha ha sido introducido por su sobrinastra, la un tanto dispersa Nicki -por no decir más tonta que una mata de habas-, se le disparan las alarmas aunque no entra en pánico (no del todo, al menos). A partir de ahí, las dos, Cassandra y Nicki se ven metidas en una trama criminal, con homicidio incluido, por culpa de Billy, el novio -sería más propio hablar de "rollete"- de la joven y de sus malas compañías. La veterana Cassandra se ve ejerciendo entonces de improvisada detective y no lo hace mal del todo, aunque... bueno, no voy a espoilear como acaba la historia, ya lo veréis quienes os decidáis a leerla. En cualquier caso, el personaje es de lo más interesante, tanto por sus características personales, bien distintas de las  protagonistas de las otras dos novelas gráficas con nombre de mujer realizadas por esta autora, Gemma Bovery y Tamara Drewe (de hecho, interpretadas ambas en el cine por la bella y rozagante Gemma Arterton), como por la ambigüedad moral que muestra, aunque también hay que decir que sufre cierta evolución a lo largo de la historia. Por otro lado y tampoco creo que sea algo casual, el personaje tiene la misma edad o casi, que la autora cuando publicó este libro, a los 73 años. No es difícil colegir que más de una reflexión, aprensión y actitud en general de Cassandra se corresponde con las de la propia Posy Simmonds.


Una autora que, por lo demás, despliega aquí toda su destreza narrativa -un poco embarullada a veces por los frecuentes flashbacks, aunque tampoco se llega a perder el hilo- y, sobre todo,  gráfica, que es mucha, tanto en lo que se refiere a la composición de las páginas -sin descartar insertos de conversaciones de WhatsApp o Telegram- como en el primor habitual que muestran sus dibujos, así como la cuidada ambientación, en este caso y sobre todo, de Londres, tanto de sus barrios más pijos como de otros más populares (por no decir degradados). Por no hablar del paisanaje, claro: en este libro, como de costumbre, Simmonds se muestra como una fina observadora del prójimo que le rodea, de su variedad y costumbre, casi una ornitóloga, más que entomóloga; no pretende atravesar a sus criaturas con un alfiler, sino observar con curiosidad y comprensión  como se comportan en libertad ("libertad" entre comillas, claro, pues no deja de ser su creadora y han de avanzar por donde ella quiera). No es, en todo caso una novela ésta que permita una conclusión clara, una moraleja aleccionadora, pues si bien es cierto que la protagonista una evolución a mejor persona a lo largo de sus páginas, también hay que admitir que le iba mejor cuando era un poco cabrona más egoísta. O no, todo depende de cómo se vea. En todo caso, lo que la autora nos propone es que, antes o después (o tal vez todos lo días, en pequeñas cosas) hay que elegir: o miramos sólo por nuestro interés o también por el de los demás. Cassandra Darke lo hace y no podemos decir que escoja mal...


(*) Antes de que me llaméis edadista, capacitista, gordofóbico y otras lindezas por el estilo... ¿Cuántas ficciones conocéis, incluso creadas de personas con la más acedrada sensibilidad social, protagonizadas por personajes de estas características? Pues eso, que es bastante inusual...


También de esta autora y reseñados en Un Libro al Día:  El mundillo literario, Tamara Drewe



 





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