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viernes, 2 de enero de 2026

Olaf Stapledon: Hacedor de estrellas

Título original: Star Maker
Año de publicación: 1937
Traducción: Gregorio Lemos
Valoración: muy recomedable (pero no para todos los gustos)

La verdad es que, aunque sea una novela totalmente recomendable y predecesora de muchos cambios que hoy vemos en el mundo, no podría ser entusiasta como para regalársela a todo el que se me cruce, como hago con Stoner, por ejemplo. Digamos ya que tiene un prólogo de Borges, y si a Borges le gustaba, que era, por lo general, un viejo odioso con mucha ironía, la novela debe de ser genial. El argumento tendría un punto si no fuera porque: 1) me enchufó La invención de Morel, que me resultó bastante floja, y; 2) hay que recordar que le gustaba todo lo filosófico y los palimpsestos áridos. Y por ahí anda Hacedor de estrellas en varios capítulos. De todas maneras, esta vez me inclino por la opinión de Borges.

Novela en la que realmente no ocurre nada y a la vez ocurre todo, inicia con el protagonista saliendo de casa hacia una colina para contemplar la noche despejada. Tal es la relajación y su maravilla ante el mundo que su consciencia se eleva de su cuerpo y abandona la Tierra. Lo que podría ser una premisa potente para una novela de ciencia ficción se convierte en un ensayo sobre las posibilidades de vida existentes en otros mundos, otras galaxias y otros espacios temporales. No me deja de sorprender la lucidez de Stapledon a la hora de narrar, con una prosa sequísima, de manual académico, pero a la vez cargada de honda sabiduría y de una tristeza infinita al comprobar que en todos lados se repite el ciclo de la historia humana, la invención de mundos distintos, de planos que están millones de años luz delante de nosotros. Todo ocurre, según el narrador, al mismo tiempo. De hecho, al final del libro adjunta tres gráficos para seguir la historia: uno por las edades galácticas, uno por edades del cosmos y otro, circular, que representa las dos mitades de la creación: inmatura y madura. 

Como se ve, estamos hablando de un manejo del tiempo que abarca desde el principio, como lo entendemos o llegamos a entender, y del fin, difícilmente definible a no ser que tengas una prodigiosa imaginación. Pero entre medio pasan muchísimas cosas más. El narrador, después de un largo y espeso capítulo que casi me hace abandonar la novela (se la pasa describiendo la forma de nuestra Vía Láctea y cómo se va alejando de ella) llega a un mundo conocido como La Otra Tierra, y ahí es donde la novela despega, porque en el curso de muchos años asistimos a la integración del narrador en su planeta, a la contemplación de la decadencia total de su sociedad a pesar de que sus habitantes son muchos más civilizados que nosotros, y de cómo entabla amistad con uno de ellos hasta el punto de compartir una consciencia y lograr que también inicie su viaje interestelar.

La novela, en general, sigue un patrón: hay un viaje, se llega a un mundo o a varios (no hay que olvidar que en todo momento es una consciencia), se analiza la sociedad del momento y se acelera el tiempo para mostrar el fin de la misma, desgranando todos los motivos por el cual una comunidad de seres se degrada hasta la violencia y las formas últimas de sobrevivencia (fue escrita en el período de entreguerras, pero casi ahí nomás estalla la Segunda Guerra Mundial, así que sus poderes oraculares fueron totalmente certeros).

Poco a poco va reclutando miembros de distintas galaxias hasta formar una especie de familia rodante en una casa rodante mental; el narrador ya no es un narrador individual, son todos los aventureros que escapan de su condición que los ataba a sus respectivos mundos. Y poco a poco, también, van reflexionando acerca de por qué se encuentran ahí, dónde está Dios (lo que ellos llaman Hacedor de Estrellas) y por qué pareciera que la extinción de todos los mundos y la llegada de la muerte inminente del cosmos es un plan perfectamente calculado.

A partir de cierto punto, la novela (¿ensayo narrativo?) deja de focalizarse en los mundos y galaxias para obsesionarse con el Hacedor de Estrellas y las implicancias morales de su existencia. A partir de ahí (y un poco antes, cuando la narración se convierte en abstracta por la mente colmena) entramos en un terreno filoso de transitar. Si bien el sentido de asombro no decae nunca, mérito muy grande del autor, cada vez cuesta imaginarse más las cosas que cuenta. Maneja elementos demasiados ambiciosos para que al lector le resulte accesible ponerse en la situación interestelar. Ya al final son escenas imposibles de comprender desde un punto de vista humano. Lo cual creo que le importó entre poco y nada a Stapledon, y está bien que así sea, porque no le interesa nuestra compresión, sino lo insignificante que somos (y cualquier otro ser vivo de otros mundo) ante la Creación.

Como no hay casi acción, solo un recorrido por los distintos puntos del cosmos, yo no diría que sea para todos los públicos. Cuesta entrar, mucho más cuando uno entiende que no será una novela común al uso, pero de ahí hasta el punto mencionado la lectura es puro placer aventurero y constatación asombrosa del genio del autor, capaz de predecir y acertar lo que ocurriría en nuestra historia actual. Pero se vuelve densa en el terreno filosófico-religioso, y ya para el final, aunque contemplamos extasiados la visión del autor, también queremos volver a casa. Y en parte creo que ese es el efecto de Stapledon: todo viaje tiene su fin, y la mayoría de ellos, si no es con la muerte, es con el regreso a casa, trastornados ante lo registrado. Stapledon corona así una novela épica, inabarcable en su concepción (toda la historia del cosmos), llena de reflexiones y con la sensación de haber asistido, con el espíritu del niño inocente pero asustado por los fantasmas, a una obra que toca demasiado de cerca cuestiones que pensábamos superadas.

1 comentario:

  1. beatrizrodriguezsoto2 de enero de 2026 a las 12:47

    Por lo que cuentas, me parece muy interesante la obra que reseñas. Y que Borges la elogie también es una garantía. Considero a Borges muy buen escritor, muy culto y, sobre todo, muy inteligente.
    Gracias.

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