Páginas

lunes, 10 de agosto de 2020

Brenda Navarro: Casas vacías

Idioma: español
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable, pero

Se ha dicho ya un montón de veces, en este blog, en otros y en los medios "profesionales": en lo que llevamos de siglo XXI ha habido una verdadera eclosión de autoras latinoamericanas (incluyo a algunas españolas) que no sólo escriben con gran calidad desde edades bien tempranas, sino que lo hacen sin tener demasiados pelos en la lengua (o en la pluma) a la hora de tratar temas considerados como "delicados"; tanto cuando hablan o retratan escenas de sexo o violencia, hacen una cierta crítica social, o como cuando recogen los sentimientos y deseos más íntimos de sus personajes... que a veces no corresponden con lo que cabría esperar según la convención social de tiempos no tan lejanos e incluso de ahora mismo, menos aún si se trata de mujeres...

Como ocurre, sin ir más lejos, con el tema de la maternidad, otrora, y hasta hace bien poco,  considerada como el instinto más profundo, la aspiración suprema que cualquier mujer debía tener, aunque en los últimos tiempos van apareciendo libros escritos por mujeres (en su mayor parte también madres, claro) que cuestionan o al menos matizan ese (instinto tan profundo", ese pozo de los deseos que se supone o suponía debe considerarse la maternidad... En esta línea se encuentra esta novela, la primera de la mexicana Brenda Navarro, que se articula a través de las voces de dos "madres": una que puede serlo y no quiere -o sí- y otra que no puede , queriéndolo -o no-... O, para ser más precisos, una madre a la que le roban su hijo y otra que se lo roba. Entre las dos se abre, aún sin conocerse, una suerte de diálogo descarnado-a veces se diría que es un solo monólogo- sobre la maternidad, pero también la culpa, el remordimiento y la aspereza de la vida que les ha tocado en suerte o en desgracia. Monólogo a dos voces, podríamos decir, caracterizadas, en lo formal, por un excelente uso del coloquialismo, aun distinguiendo, e introduciendo así el matiz de las diferencias de clase y formación, entre el español más estándar de una de las madres y el habla más popular, repleta de modismos mexicanos, de la otra, quizás más difícil de entender, a veces, para los lectores de otros lugares, pero también llena de más plasticidad y verosimilitud (aunque quizás éste sea un prejuicio pintoresquista mío, no lo descarto). En definitiva, es ésta una novela que, por la valentía con que trata ciertos asuntos y la excelencia de la forma, sólo puedo considerar como recomendable.

Ahora bien, y aquí vienen los peros, ya digo que la novela va, principalmente, sobre las cuitas y contracuitas de la condición materna, sobre la familia, la pareja, el convivir cada cual con sus culpas y sus deseos; pero, además, la autora ha aprovechado para, en el término de una novela bastante breve -alrededor de 160 páginas-, introducir, aunque sea de pasada, un montón de cuestiones, a cada cual más espinosa: la violencia contra las mujeres, el autismo, la enfermedad mental, el incesto, los desaparecidos en su país, el racismo, la emigración a EEUU... ¡coño, si hasta en un momento determinado se habla de la ETA! -la parte que se desarrolla en España, por cierto, resulta un tanto chirriante, aunque quizás en México piensen justo lo contrario-; en fin, que son demasiados huevos para una sola cesta, me parece a mí...

Por otro lado, y reconozco que esto es una apreciación personal de este humilde reseñista, que seguramente nadie más comparta, lees a Brenda Navarro después de haber leído a ...... o ...... (rellenar aquí con los nombres de las escritoras latinoamericanas contemporáneas sin pelos en la lengua que prefiráis) y la sensación es un poco de déjá-vu... No porque su novela no sea original o esté escrita siguiendo una especie de fórmula, pero sí porque pertenece, como he mencionado al principio, a una corriente ya perfectamente reconocible y que, por tanto, deja menos lugar para la sorpresa. Quizá si hubiese leído Casas vacías hace dos o tres años, cuando fue publicada en  primer lugar (creo que en formato digital), me habría dejado un regusto diferente, pero en este ya un poco larguito 2020, y aun sintiéndolo, es lo que hay...

9 comentarios:

  1. Interesante historia la de Casas Vacias, no la conocoía y tras esta reseña tal vez me anime a leerlo

    ResponderEliminar
  2. A mi me pareció un librazo, es cierto ,que hay mucho boom de autora joven latinoamericana y lo mismo hay cierto empacho ...
    pero creo que aún así es compatible con lo bien escrito que está el libro y cómo habla sobre la maternidad y sus diferentes perspectivas: tanto de una madre que ansia serlo y otra, que lo es, y no lo tiene tan claro.
    En fin, para mí de lo mejorcito que he leído este año.

    ResponderEliminar
  3. Hola a ambos:
    Coincido en quela novela está muy bien escrita, pese a las (pocas) objecciones que he explicado en la reseña. De todos modos, quiero aclarar que yo no estoy empachado de todascestas autoras latino o hispanoamericanas; de hecho, sigo leyéndola y ahora espero con impaciencia el libro de relatos de Mónica Ojeda, por ejemplo. Simplemente, la sorpresa de hace unos años ya ha pasado, en mi caso, pero espero que no en quienes comiencen a leerlas ahora.
    Un saludo y gracias por los comentarios.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando hablaba de empacho , me refería que es verdad que ha dejado de ser novedad, la aparición de escritoras latino/latinoamericanas, pero claro que sí , que sigan apareciendo, es increíble cómo escriben, soy muy seguir suyo y por mi parte deseando estoy de seguir "empachándome".
      Aprovechando el comentario , y al hilo del tema relacionado con las escritoras latinas, os animo a leer ,Las aventuras de la China Irón, de Gabriela Cabezón Cámara, una escritora argentina con una larga bibliografía,ésta novela está nominada al MAN BOOKER del 2020. Me encantaría saber que opináis y leer alguna reseña, ya que muy poco se está hablando del libro y me pareció un poco "Al hombre que se enamoró de la luna" pero en la Pampa Argentina. Bastante diferente en comparación con otras coetáneas suyas. A ver que os parece y podemos intercambiar opiniones.
      Un saludo.

      Eliminar
  4. Roberto Sebastián12 de agosto de 2020, 13:56

    Hola, Juan. Mira tú, qué tremenda coincidencia, justo vengo de leer Casas vacías entre el sábado y el domingo. Ese contraste de voces es genial; me sorprendió que, si bien disfrutaba mucho más de la segunda voz y hasta embelesado quedaba, subrayaba mucho más en las partes de la primera voz. Eran una suerte de complemento. Había un punto en común para ambas: las ganas de sentirse embarazadas, pero, ¿querían ser madres? Eso es más debatible.

    La estructura de la novela, separada en seis partes por fragmentos de Wisława Szymborska me recordó a la de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes de Tatiana Tibuleac, solo que en esta estaba separada por versos que podrían formar un poema propio. También vi otras similitudes entre ambas novelas: la sinceridad, la furia contenida, el cuestionamiento a esa institución que representa la madre en Occidente. Y ambas primeras novelas de las escritoras. Excelente.

    Finalmente, coincido contigo en que es un tema que, a veces, puede sentirse algo ya recurrente. Se sabe que algo es bueno así como se siente que ya no es nuevo. Yo también ando a la espera de Las voladoras de Mónica Ojeda y con duda de la fecha en la que estará disponible aquí en Ecuador. Ahora, sobre el tema de la maternidad, un enfoque algo distinto al de este libro lo trata Daniela Alcívar en Siberia, recientemente publicado en Candaya. Más cercano a la autoficción, lenguaje muy poético: totalmente recomendado. Te dejo mis comentarios de Casas vacías y de Siberia, por si te animas a leerlos:

    https://www.goodreads.com/review/show/3481700801

    https://www.goodreads.com/review/show/3075170629

    Saludos y gracias por tu reseña.

    ResponderEliminar
  5. Muy buen libro, me encantó, el recomendable se queda corto.

    ResponderEliminar
  6. Hola a los dos y gracias por los comentarios:
    Roberto, vaya si haces una buena apostilla a la reseña, que, por supuesto, te agradezco. Poco que añadir, excepto repetir que a mí me complació más la parte de la madre más "popular", que usa más modismos mexicanos, aunque ya diggo que puede deberse a un prejuicio mío sobre una supuesta "autenticidad"...
    Desconocido, me alegro mucho que hayas disfrutado leyendo la novela. Yo también: en mi caso las objecciones se deben sobre todo a un prurito de reseñista que entiendo que la mayoría de los lectores no tendrán.
    Un nyevo saludo a ambos y gracias otra vez.

    ResponderEliminar
  7. No puedo creer que nadie haya comentado esa portada tan..mmm..simbólica.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo sólo puedo decir que lo sugerente no está reñido con la elegancia...

      Eliminar

Deja a continuación tu comentario. Los comentarios serán moderados y solo serán visibles si los aprueba un miembro del equipo.