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jueves, 3 de junio de 2010

Zoom: Plinio, Dioscórides y otros, de Antonio Gamoneda

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2004
Valoración: muy recomendable

El texto del que hablo pertenece a un libro llamado Mudanzas, en el que Gamoneda versiona poesía en lengua extranjera, pero haciéndola suya de un modo tan radical y propio que renuncia a hablar de "traducción". Las secciones del libro tienen muy poco que ver entre sí, excepto precisamente por esta génesis compartida: el texto "origen" son en un caso espirituales negros; en otro, poemas de Mallarmé. Esta sección, "Plinio, Dioscórides y otros", recoge textos de antiguos tratados griegos y latinos de medicina, botánica y zoología. Gamoneda los asalta con total libertad, tomando palabras o frases completas y mezclándolas entre sí, bajo la guía eficaz de su propio lenguaje poético. El resultado se estructura como el conjunto de entradas de un diccionario ilusorio.

Admito que estos juegos textuales (tan borgianos) me apasionan. La mano del autor hace por esconderse, por restarse mérito, cuando su labor es en cambio más exigente y minuciosa que en la obra habitual: debe andar y borrar los pasos al mismo tiempo. Pero dejando de lado este pequeño vicio mío (tan arbitrario como otro cualquiera), es indudable que Gamoneda logra generar un tono poético que se basta a sí mismo, más allá de toda hazaña técnica. Sumido en el discurso dislocado de los oráculos, el lector experimenta en cada concepto los modos de una realidad que parece retorcerse sobre sí misma, como guardando en su seno un misterio de sombra. Por ejemplo:
DIPSADAS: Viven en la sed. Encerradas en círculos de betónica, enloquecen con el vapor de la yerba y las hembras se despedazan entre sí.
KUFRA: Oyes la agonía de pequeñas bestias escondidas en grietas calcinadas. En la noche, las lágrimas se convierten en piedras de sal bajo los párpados.
No deja de ser irónico lograr este efecto sobre la base de unos textos clásicos que pretendían asentar el ser en luminosas categorías inmutables. Gamoneda se recrea en la descripción de mutaciones fantásticas que derrumban las distinciones de la costumbre; en sus palabras, sin embargo, parecen de una naturalidad evidente. Una verosimilitud extraña que, por momentos, se encarna en algo cercano al micro-relato:
QUELONIOS: Las tortugas terrestres nacen en los desiertos por generación del rocío; adultas, enloquecen en la lujuria. Diversos, los galápados roncan durmiendo sobre las aguas y empollan sus huevos mirándolos.
TRAGO-SCORPIO: Vigilado por animales de ojos duros, crece a la orilla del mar; lo arrancan hombres silenciosos.
No deja de haber cierto sosiego, cierto consuelo, en esa extraña naturaleza que describe Gamoneda. Al fin y al cabo, muchas de las entradas refieren a remedios. Pero hay siempre también una sombra, como si no pudieran aceptarse los dones de la vida sin una pátina de maldad y podredumbre.
MUMIA: Nace en el vientre de los ahorcados, cierra las llagas que se abren a causa del amor infeccioso, pone en los nervios lentitud y olvido.
Saber construir belleza, una belleza que mejora el mundo, con esa sombra pertinaz de las cosas es un mérito que corresponde, quizá, sobre todo a la poesía. ¿No cabe encontrar aquí también, en pleno ejercicio, un cierto arte médico?

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