Año de publicación: 2024 y 2025
Valoración: imprescindible para interesados
La fase de su escritura en la que se encuentra Martín
Caparrós es especialmente interesante. Viene de andar tras las huellas del
hambre, de diseccionar las venas abiertas de América Latina que versó Galeano,
de algún esfuerzo apabullante en el campo de la novela que él considera pasó
desapercibido, de darle la vuelta al género de la crónica, de intentar reportar
a toro pasado la creación del mundo. Todo se le ha hecho poco: su implicación,
sus posiciones sin medias tintas; su apuesta por la literatura; las cabeceras
de más prestigio; los charcos más embarrados. Todo empezó un día que le dejaron
firmar en un diario y algo cambió el día que leyó por vez primera a su maestro
Manuel Vicent. Continúa con sus artículos y sus polémicas, levantando polvo,
abriendo frentes constantemente. Gramaticales, deontológicos, épicos. Se hace
preguntas y las lanza al mundo sabiendo que él el primero no puede
responderlas.
Y en el último año y medio han llovido con generosidad tres volúmenes en los
que el argentino va más allá, pues si alguna profundidad abisal le quedaba por
estudiar era la suya propia: es la que emite ultrasonidos desde las páginas
de Antes que nada, donde repasa su vida, la interior y la pública,
en los jirones que no se le han quedado en la selva del periodismo a ras de
suelo que le ha caracterizado. Como los otros títulos, este último es
monumental y ambicioso, y seguro que le dejó insatisfecho como tantas otras
veces. Aquí hay mucha tela que cortar para aspirantes, ejercientes y fans, que
a fin de cuentas son los que pueden aportar notas al pie, aunque a ver quién se
las apuesta a Caparrós. Por lo pronto, estas memorias se tapan bien con
cubiertas oscuras, como advirtiendo de ser el libro negro del autor, que deja
bien claro que sorpresas te da la vida y por supuesto, que para contarlo hay
que valer, también, y mucho. El camino de las favelas de Buenos Aires a las
pacíficas afueras de Madrid ha sido retorcido y sorprendente.
Antes que nada puede complementarse con artículos y entrevistas
recientes, pero sobre todo con los otros dos pequeños tomos que han aparecido
en estos meses, Bue y La verdadera vida de José
Hernández, que son pura evocación en blanco y negro. Reversos bien
camuflados de Buenos Aires y de canto al padre del Martín Fierro,
Caparrós vierte en ellos no el análisis sino el aliento, y no la nostalgia sino
la melancolía, como tan bien distinguiría su querido Vicent. En estos casos no
es tan torrencial la escritura como la emoción, pero no perdamos ripio.
Sobre la triada asoma la firmeza de una vocación, en estos tiempos líquidos de
rapidez y demora, cuanto más deprisa más despacio, de prosa deslavazada y
piezas sin adscripción. No caigamos en el tópico del autor hecho género.
Llamemos a las cosas por sus nombres: memorias, novela y poesía. Caparrós
prescinde aquí, al menos directamente, de las crónicas que lo han destacado y
que en conjunto se erigieron en monumentos: Lacrónica, El
Hambre, El mundo entonces, Ñamérica, El
interior, Larga distancia y su secuela La guerra
moderna... Periodismo que si no fundó, al menos creó escuela en una hilera
de seguidores que lo practican alrededor del mundo. La crónica va y viene con
las épocas. Esas piedras angulares están ahí, para quien quiera volver a ellas.
En rigor, algunos podrían llamar a esos libros recopilaciones. No errarían.
No es el caso de los que nos ocupan hoy. Es vertiginoso pensar no ya que
alguien pueda ser tan fértil, sino qué torrente creativo en tan poco tiempo
puede dar lugar a obras apuntaladas como estas. Una en su largo aliento, otra
en su justa medida, otra en la virtuosidad del verso. ¿Qué escuelas de
escritura ni qué inteligencias artificiales ni qué giros argumentales? Lengua
charlatana, seguridad, nada que perder pero nada que alcanzar. Entrevistas
promocionales donde se denuncia la manera balzaquiana para homenajear a Balzac
con los mismos libros que se promocionan. Por responsabilidad, la llamada al
orden debe ser por parte de los dos: de Balzac y de Caparrós. Larga vida al
escritor y lo escrito: el momento es curioso, los juegos de espejos son
gratificantes y se espera que la fábrica no detenga su producción. Mientras
tanto, siempre queda releer.
Firmado: César
También de Martín Caparrós reseñado en ULAD: aquí

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja a continuación tu comentario. Los comentarios serán moderados y solo serán visibles si los aprueba un miembro del equipo.