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martes, 7 de julio de 2026

Hugo Wilcken: LOW

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2020

Traducción: Patricia Valero

Valoración: muy recomendable

¿Puede ya no un músico, sino un mero disco, ser objeto de un libro entero? Y aún así, dejar al lector esperando más, deseando que esas ciento cincuenta páginas fueran, no sé, el doble, que abarcaran más aspectos de la concepción del disco, de la grabación, de las tomas, de este u otro detalle que se decidió conservar aunque pareciera un error, del otro que se renunció a mejorar tras eternas tomas, porque hasta el perfeccionismo - y las horas invertidas en caros estudios de grabación, y las largas sesiones - tiene un límite.

 Y aún declarándome lo más alejado a la mitomanía que los tiempos habituales pueden tolerar, he de reconocer que, tras leer unas cuantas biografías de Bowie (alguna de ellas no reseñada aquí, los jefazos me advirtieron muy seriamente), todavía acudía compulsivamente a las menciones de lo que llamamos la Trilogía de Berlín, de la cual Low, objeto de este libro, es primera pieza y elemento absolutamente necesario en la comprensión estética y sonora de la evolución de la concepción sonora, desde que se publicó. Cualquiera interesado debería oir este disco y esforzarse en comprender el entorno de su producción, no solo sus resultados, y Hugo Wilcken se zambulle en unas cuantas biografías de Bowie (muchas de ellas publicadas en vida y centradas en su poderoso periodo de creatividad que acaba allá por los primeros ochenta) y extrae información. Aporta al libro un cierto pulso narrativo, casi novelesco. 

Bowie en la cresta de la ola tras haber asaltado el mercado americano con otro de sus disfraces creativos. En plena crisis personal a muchos niveles: su matrimonio con Angie (ésa Angie) hace aguas, está completamente enganchado a la cocaína, que condiciona su exhaustivo y caprichoso ritmo de trabajo. Siente curiosidad que se expande en todas direcciones: pintura, literatura, ocultismo. Está al día de todas las corrientes musicales, aunque sea para tomar de cada una lo que mejor apuntale su carrera. Se planta en Berlín acompañado de Iggy Pop, que es prácticamente su reverso estético, aunque este con lo que tiene problemas es con la heroína, reúne a algunos de sus secuaces habituales, como Brian Eno y a algunos que no lo son, graba un disco con una primera cara alterada de canciones cortas de ásperos y extraños ritmos funk y una segunda en la que congela el tiempo, como esos vídeos en las redes donde la gente lanza agua hirviendo a un aire a decenas de grados bajo cero, y esas cuatro canciones, apenas veinte minutos de música instrumental, abstracta, una mezcla de angustia y experimentación, conciben el sonido que, en segundo plano o en primero, debidamente insuflado de ritmos o asi, desnudo, marcará más de una generación. Todo ese proceso, desde que el sonido del disco es anticipado en grabaciones anteriores y hasta que el disco empieza a ser digerido por público y crítica. Claro que se puede despachar un disco en una docena de líneas y un par de etiquetas. Pero este disco no es Low. Todo lo que se pueda escribir sobre él sabrá a poco.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Vale, se entiende que necesitabas contárselo a alguien. A nadie le importan tus elecciones sexuales, pero aún así lo puedes leer.

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