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lunes, 6 de mayo de 2024

Ottessa Moshfegh: Mc Glue


Idioma original:
inglés
Título original: Mc Glue
Traducción: Inmaculada C. Pérez
Año de publicación: 2014
Valoración: está bien

He de reconocer que cierto perfil de autor tiene la cualidad de atraerme hacia sus obras. Tampoco voy a negar que el aparato promocional de las editoriales obre su cometido y, en el caso de Ottesa Moshfegh, tanto Eileen como Mi año de descanso y relajación contaron con el suficiente atractivo para captar mi humilde atención, si bien para el caso de esta última aprecié cierta unanimidad entre sus lectores que me hizo albergar la esperanza de un cierto salto y que resultó, ecuación que no suele fallar, en una cierta decepción. A pesar de eso, Moshfegh me parecía una autora a seguir, por juventud y actitud y ante la constatación de que las carreras literarias pueden tener cierta fluctuación.

Primer contratiempo: en el mundo de los fajines y la sutileza (o no tanto) promocional, esta Mc Glue publicada en castellano en 2024 es una primera novela. No queda claro (me pasó hace un año con Mairal y Asteroide) si no se accede a la solapa interior, por lo cual el equívoco es, aunque sea sibilinamente, demasiado fácil. Esta no es la novela siguiente a un año... sino el debut de su autora. ¿Un engaño? Bueno, cada uno se pronunciará, pero, a un mes de Sant Jordi, y de una escritora que ya genera cierta expectación en fin, vamos a dejarlo y no nos metamos en especulaciones.

Mc Glue, al margen de estas reticencias, es, como mínimo, una novela valiente en su planteamiento. Nick Mc Glue está encerrado en un camarote en un barco, allá por 1851. Custodiado por marineros mientras el barco en el que navega se dirige al puerto donde será entregado para ser juzgado pues, dicen, ha asesinado a su amigo Johnson. Esto, amigos, es una novela psicológica donde asistimos a toda la reflexión de Mc Glue que se encuentra aturdido y confundido sobre los hechos, y sus 140 páginas (una primera parte en el barco y una segunda ya en tierra, recibiendo visitas de madre y abogado) representan un ejemplo de lo que se diría corriente de conciencia, pues hasta los diálogos son meros asideros para evaluar la progresión del personaje, errático y meditabundo, inseguro en todo momento debido a los efectos del alcohol, los pasados y los presentes, cosa que adscribe esta ópera prima en varias corrientes a la vez: la narrativa alcohólica, la confesión personal de cierto calado, la situación claustrofóbica propia de las novelas marineras. Con lo cual uno puede referirse tanto a Melville como a Saer (efluvios muy tenues de El entenado pueden surgir aquí) e incluso a obras emblemáticas como El túnel, pero siento advertir que esas referencias son solo temáticas. Me temo que Moshfegh alarga en exceso el planteamiento y convierte el texto más en una suerte de suspense sobre los hechos que veo irresuelto y que deja el valor de esta obra en meramente testimonial de ( e insisto en la valentía de la autora en elegir este escenario) un inicio de carrera.

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