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martes, 19 de diciembre de 2023

Robert Kolker: Los chicos de Hidden Valley Road

Idioma original: inglés
Título original: .Hidden Valley Road
Traducción: .Julio Hermoso

Año de publicación: 2022
Valoración: muy recomendable

A veces es tentador asimilar frases que figuran en las contratapas de los libros, y esta va a ser una de esas veces: Hidden Valley Road es una crónica que se lee como una novela. Mejor descrito imposible, pero para algo nos pagan, así que no nos vamos a quedar en tal concisión,

Para empezar, porque no sé hasta qué punto definir esta excelente obra como crónica es demasiado restrictivo. Su autor la desarrolló durante una década, los créditos y referencias - algunos de ellos a estudios médicos especializados - son de extenso alcance y la obvia muestra de que el proyecto es ambicioso y relevante y alcanza sus objetivos. El testimonio del devenir de una familia americana - atentos al subtítulo, los Galvin, un matrimonio de clase de media, seis de cuyos doce hijos, en concreto seis de los diez hijos varones, desarrollaron enfermedades mentales compatibles con cuadros de esquizofrenia. Un absoluto desastre familiar que llamó la atención, discontinua pues la investigación médica en Estados Unidos siempre anda supeditada a los intereses comerciales o a la súbita irrupción de mecenas que se sienten apelados, pero gracias al tesón y a la persistencia de algunos científicos, protagonistas en la sombra en esta narración, acabó siendo de gran ayuda para el estudio de la esquizofrenia como enfermedad, en entornos en los que hay firmes sospechas de la intervención del factor hereditario, por contraposición a la tendencia a atribuirlo a la concurrencia de factores externos.

Lo curioso es que, en un libro que uno jamás se tomaría como ficción, Kolker logra edificar un patrón narrativo muy sólido, en el que se elude escrupulosamente el sensacionalismo (algunos hechos descritos darían  para eso, pero la descripción de ellos es escrupulosa y desoladora a la par) y se muestra un respeto absoluto por todos y cada uno de los implicados. Que son bien enfermos, bien familiares de esos enfermos. Y lo que reluce es lo terrible de la enfermedad para todos, a pesar de que la tragedia que se cierne de forma constante, con las reacciones encontradas (o complementarias) de los padres, acaba afectándoles, es que hay un halo de esperanza, un pequeño rincón en el que guarecerse cuando por lo menos los hechos sirven para una investigación profunda (un pequeño handicap serían ciertos pasajes plagados de jerga médica donde los profanos se hallarán perdidos) que permita avanzar en el conocimiento de la enfermedad y sus manifestaciones. Una parte de la trama. Conforme discurren las décadas, a medida que los casos se producen, con su implacable y desgastadora incidencia en la vida familiar, presenciaremos entradas y salidas en instituciones psiquiátricas, comportamientos que uno no sería capaz de aceptar de no existir ese hilo precario y débil de unidad familiar. La historia de los Galvin, la clínica y la narrativa, con sus inevitables intersecciones y sus, supongo, resquicios de una respetuosa y rigurosa libertad creativa, es una crónica, sí, pero resulta evocadora - el subtítulo, el subtítulo - de algunas familias, éstas sí de ficción, se apelliden Glass o transiten en las modernas novelas de Franzen, de Foster Wallace, porque lo que sí que es común es el escenario. Esa compleja y competitiva sociedad que insiste en mostrarnos ser capaz de lo mejor y lo peor.

 

3 comentarios:

  1. Tenía muchísimas ganas de leer este libro. Después de leer la reseña, ¡todavía más! ¡Gracias!

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  2. Leído dos veranos atrás. Coincido con tus apreciaciones.No tengo ahora mi reseña si no la adjuntaba.La discusión sigue en cuanto al origen de la enfermedad.He trabajado con hermanos con cuadros idénticos y estoy convencida de la impronta genética. Muy bien documentada la parte científica. La narración justa en cuanto a la implicancia emocional delos padres. Para releer.

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  3. Comenzando a leer esta crónica. Excelente primeras 80 páginas, muy bien escritas. En cuanto a la discusión científica, el autor, como tantas personas que adscriben al discurso médico, hace un intento vano por describir una impronta genética. Pero no la hay. No busquen en dónde no hay. Fantasmas de una ciencia de la completud. La esquizofrenia (como también el autismo en el cual soy especialista), mal que les pese y haga mella en su herida narcisista, tiene origen psíquico.
    Un abrazo para este gran blog, al que soy, a estas alturas, adicto.

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