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viernes, 23 de septiembre de 2022

Reseña + Entrevista: Feminismo e islam. Una ecuación imposible, de Waleed Saleh

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable para interesados (aunque algo obvio)

Feminismo e islam. Una ecuación imposible es un ensayo de Waleed Saleh. Demuestra, recurriendo a las enseñanzas del Corán y la Sunna, cómo el islam considera que la mujer es inferior al hombre. También detalla cómo la cultura islámica, valiéndose de su religión, discrimina, infantiliza, veja y maltrata a las mujeres. 

El libro consta de seis capítulos. Los dos primeros barajan información que ya conocía, mientras que los cuatro restantes ofrecen datos y reflexiones que, en su extensa mayoría, ignoraba. 

Me ha gustado el estilo de Saleh. A veces tiene cierta tendencia a la reiteración, y en ocasiones empaña su argumentación con alguna que otra salida de tono, pero el conjunto está correctamente estructurado, profusamente ilustrado con ejemplos y goza de un saludable sentido del humor.       

Por todo lo dicho, recomiendo Feminismo e islam. Una ecuación imposible. Incluso para las personas que, en líneas generales, ya sabían lo aquí expuesto, me parece que el libro de Saleh supone una aportación valiosa. A fin de cuentas, resume magistralmente todas las injusticias que el islam depara a las mujeres, amén de las múltiples contradicciones e incongruencias que su lógica interna cobija.   


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Waleed Saleh ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Algunos críticos del modo en que el islam trata a las mujeres ensalzan, en cambio, al cristianismo. ¿Crees que hay una diferencia significativa en cómo esta última religión percibe a las mujeres? Te lo pregunto pese a saber que, para ti, «El feminismo es un movimiento (...) liberal y laico», y pese a saber que la pensadora Mona el Tahawy asegura que «Todas las religiones monoteístas están atravesadas por el conflicto entre lo divino y lo femenino, pero ninguna tanto como el islam».  

WS: La mujer en las tres religiones monoteístas es considerada inferior al hombre. El Antiguo Testamento así la vio, la Biblia siguió esta tradición y el islam heredó buena parte de esas consideraciones. La diferencia entre el cristianismo y el islam, en cuanto a la mujer se refiere, es que el cristianismo ha dejado en gran medida en la actualidad las enseñanzas bíblicas que limitan los derechos y las libertades de las mujeres. En cambio, en las sociedades musulmanas su discriminación se manifiesta en las costumbres sociales, en las leyes, en los códigos de la familia y en otros muchos ámbitos. Sucede lo mismo en los sectores ortodoxos de las sociedades de religión judía.

ULAD: ¿Consideras que la visión que los países de mayoría musulmana tienen de la mujer puede acabar extendiéndose por otras latitudes? Imagino que sí, pues dices, por ejemplo, que «El territorio europeo tampoco se ha salvado de estas consideraciones», o que el islam intenta «influir en sociedades pertenecientes a otras religiones o simplemente laicas para cambiar su modo de vida».

WS: Los individuos y grupos conservadores, incluso los que se conocen como "comunidades musulmanas" afincadas en países donde no existen mayorías musulmanas, intentan llevar las prácticas y costumbres que marginan a la mujer a los países de acogida. Algunos padres obligan a sus hijas a llevar el hiyab, no permiten que participen en actividades deportivas, especialmente la natación o hacer excursiones con los compañeros de clase. Esta actitud perjudica a la alumna porque la aísla y la excluye del resto de los alumnos y tiene unas consecuencias negativas para su crecimiento y su formación.

ULAD: ¿A qué se debe el desconocimiento occidental de las mujeres relevantes en la lucha contra la tradición islámica?

WS: El mundo occidental, lamentablemente, se ha preocupado por sus intereses en su relación con los países de mayoría musulmana. Intereses políticos y económicos. No ha tenido reparo en aliarse con dictaduras y sistemas antidemocráticos para garantizar estos intereses. El mundo político, incluso el académico, se ha sentido más cómodo con las clases conservadoras del mundo árabe e islámico que con los liberales y librepensadores. Muchos ciudadanos a nivel individual y grupal luchan contra las normas y las leyes injustas en sus países, pero su labor apenas tiene eco en los países occidentales porque o bien son ignorados o tratados con indiferencia.

ULAD: A tu juicio, ¿qué podemos hacer desde Occidente para ayudar a que la igualdad entre sexos se instale en países regidos por el islam? 

WS: Occidente puede hacer mucho. Puede apoyar a las organizaciones civiles, liberales y laicas. A las asociaciones feministas que luchan para conseguir la igualdad entre los sexos y para abolir las leyes que perjudican la vida de la mujer. Los gobiernos pueden actuar regidos por la ética en sus relaciones con los gobiernos de estos países. Pueden presionarlos condicionando su cooperación si no mejoran las condiciones de vida de la mujer. No venderles tecnología o armas antes de introducir los cambios necesarios para la eliminación de todo tipo de desigualdades que afecta seriamente a la mujer y su rol en la sociedad. En definitiva, exigir medidas democráticas porque la situación de la mujer está vinculada intrínsecamente a la democracia.

ULAD: Cito a Sophie Bessis para lanzarte a ti sus inquietudes: «¿Cómo librarse del yugo de una tradición establecida por el discurso religioso que asfixia a todos, hombres y mujeres por igual, aunque los primeros tuvieran el poder? ¿Cómo independizarse de un Dios al que se había privado de espíritu y se había convertido, con el paso de los siglos, en un meticuloso escribano de lamentables prohibiciones?»

WS: Los sistemas políticos en la mayoría de los países árabes y de mayoría musulmana hacen que tanto hombre como mujeres sufran por la falta de libertades, de derechos y de igualdad en las oportunidades. Pero lo cierto es que la mujer sufre más por ser víctima de algunos valores religiosos y sociales que se traducen en forma de trato en el hogar o en la calle, en las leyes y los estatutos personales. El poder de la religión representada por sus guardianes tiene mil y una forma para controlar a la sociedad, explotarla emocional, económica, política y socialmente. Por lo tanto, para liberarse del yugo de todas estas fuerzas solo queda la lucha generalizada y prolongada para conseguir el cambio deseado.

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