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viernes, 15 de octubre de 2021

Nicholas Evans: El hombre que susurraba a los caballos

Idioma original: Inglés
Título original: The horse whisperer
Traducción: Luis Murillo Fort
Año de publicación: 1995
Valoración: Decepcionante



Amparándome en la máxima que promulga que el libro suele ser mejor que la película, abordé la lectura de este best-seller de los noventa con bastantes expectativas. Pensé que el tono excesivamente romanticón del film —dirigido y protagonizado por Robert Redford— era un peaje necesario para su comercialización y que el libro se centraría más en otras cuestiones mucho más interesantes que en la película quedaban tan solo apuntadas. 

Pues me equivoqué; en este caso la película es mejor que el libro ya solo porque prescinde con acierto —sobre todo al principio y al final— de aquellos tramos que debilitan la narración tanto desde un punto de vista técnico como en el tema central y los conflictos planteados. Y entonces ¿por qué no abandoné la lectura? buena pregunta. Algo tendrán que ver las 24 horas en observación que tuve que pasar en un box de urgencias mientras la yaya del box contiguo cantaba salmos; mi móvil se estaba cargando y lo único que tenía a mano para distraerme era este libro. Era leer o pedir morfina.

Resumen resumido: la joven Grace McLean sufre un trágico accidente a lomos de su caballo Pilgrim con gravísimas secuelas físicas y emocionales para ambos. La madre de Grace (Annie), una despiadada ejecutiva del mundillo editorial neoyorquino, percibe que la recuperación de su hija está vinculada de algún modo a la recuperación del caballo, por lo que arrastrará a ambos hasta el rancho de Tom Booker, en Montana. Los meses que pasarán junto a Tom y su familia en ese entorno natural y liberador, marcará un antes y un después no solo para Grace y Pilgrim, si no para la propia Annie.

El hombre que susurraba a los caballos tiene un planteamiento muy atractivo. La restitución del vínculo entre un caballo y su joven jinete como excusa para indagar en la superación de los traumas, tanto físicos como emocionales de los personajes es un detonador potentísimo; y si además eso se produce dentro de un universo tan particular como el del mundo del caballo y el arte ancestral de los «susurradores de caballos» pues puede salir un novelón impresionante. Y con esto quiero decir que los mimbres de la novela son muy prometedores, el problema llega cuando hay que desarrollarla y el resultado no está a la altura. Los/as que habitualmente leéis mis reseñas habréis observado lo mucho que me gusta introducir citas que ilustren el tejido, la textura, la calidad del texto, eso es porque cuando leo voy subrayando aquellos pasajes que me resultan interesantes o especialmente bien escritos. Pues bien, es la primera vez que leo una obra para reseñar en el blog y no subrayo absolutamente nada.

Parte del problema con esta novela está, en mi opinión, en el hecho de que cuando la empiezas a leer crees que el tema central es, efectivamente, cómo un horse whisperer ayuda a una niña y a su caballo a restablecer su vínculo y su confianza mutua y, de manera secundaria, su madre tiene un romance con el susurrador. Sin embargo es justo al revés: la trama se vuelca en el romance y en la evolución de la madre (Annie) empleando a la niña y al caballo como excusa. Y es un pastel. Por no hablar del final —doble final con coletilla— que a medida que avanza da más vergüenza ajena y que no hay por donde cogerlo.

Eso en cuanto a la trama. Si nos centramos en la técnica, como decía, no hay ni un pasaje con un mínimo de brillo, ni un párrafo en el que el autor se halla dignado a sacar un poquito de punta al lápiz para hacer aflorar algún tipo de emoción, ni tan siquiera en los momentos más álgidos de la historia, que los hay. Muchas descripciones del paisaje de Montana, mucho estilo indirecto que mata la acción, diálogos poco naturales, mucha información para el lector y, sobre todo, mucho decir y poco mostrar. A los diez minutos el lector ya ha renunciado a emplear la inteligencia y se limita a leer en modo automático. Por no hablar de lo mal parados que salen algunos personajes por falta de matices: el susurrador (Tom Booker) es poco más que un santo y Annie responde al tan recurrido cliché de mujer acorazada.

Y de ahí mi valoración de Decepcionante, la primera en los más de cuatro años que llevo colaborando en el blog.

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