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lunes, 18 de noviembre de 2019

Egon Erwin Kisch: ¡Escríbelo, Kisch!

Idioma original: Alemán
Título original: Schreib das auf, Kisch!
Traductora: Rosa Pilar Blanco
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

El reportero Egon Erwin Kisch (1885-1948) luchó como cabo del ejército austrohúngaro en la Gran Guerra. Estuvo en el frente serbio primero y en el ruso después. ¡Escríbelo, Kisch! es su diario de campaña, y abarca desde su movilización en el verano de 1914 hasta el momento en que es herido en la primavera de 1915. Huelga decir que este testimonio tiene un valor incalculable; como documento histórico, por supuesto, pero también en tanto que artefacto literario.

¿Por qué en tanto que artefacto literario? Me explico. En primer lugar, porque puede leerse esta obra como si de ficción se tratara; a ratos, su protagonista recuerda a un personaje salido de una picaresca moderna. Pero, sobre todo, porque la prosa de Kisch es deliciosa. Uno nunca tiene la impresión de estar frente a un texto periodístico. Kisch trasciende el mero registro taquigráfico de los hechos e imprime en ellos factura estilística, bellísimas descripciones, referencias eruditas, ingeniosas observaciones, lúcidas reflexiones y algo de humor desencantado. Todo lo narrado se transmite de un modo directo y vívido. Kisch escribió estas páginas cuando tenía hambre, cuando pasaba frío, cuando estaba bajo fuego enemigo, robándose horas de sueño, con escasa iluminación, incómodo, y esto se nota. Vaya si se nota. 

Resulta sorprendente que este diario burlara la censura militar. Y es que Kisch se mofa en él de sus aliados (superiores incluidos), de la idiosincrasia del ejército del cual forma parte, de su patria... No deja títere con cabeza, vamos. La ironía es, junto a las bondades previamente destacadas (su valor testimonial y la prosa con que ha sido redactada), uno de los puntos fuertes de esta obra.

Con tal de preservar la frescura de sus apuntes, Kisch decidió no modificarlos a posteriori. Este apego al material original no lastra en lo absoluto al conjunto. Aunque este volumen tiene pasajes lentos o repetitivos, no son demasiado ostentosos y contribuyen a transmitir la honestidad de Kisch. En fin, que ojalá quedaran más "reporteros frenéticos" como tú, Kisch. Perspicaces, sinceros, cultos y con sentido del humor. Falta nos hacen. 

4 comentarios:

  1. Muy interesante la reseña de esta pequeña joya. La primera guerra mundial inspiró a muchos grandes escritores que participaron y sobrevivieron a la pesadilla de las trincheras. Kisch tiene una colección de estampas entre expresionistas y noctámbulas también digna de leerse "Por calles y noches de Praga."

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  2. Apuntada queda la colección mencionada, Anónimo.

    Y estoy de acuerdo contigo en que la Gran Guerra ha inspirado a grandes escritores. También su predecesora (ahora me vienen a la cabeza dos que he estado leyendo recientemente: Jünger y Vonnegut).

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  3. ¡"Tempestades de acero" y "Matadero Cinco"! No caben dos novelas más distintas sobre cómo viven sus protagonistas una guerra. Las dos son autobiográficas. Para el alemán, la guerra equivale a un renacimiento viril y patriótico. Como la vida equivale a lucha, la vida más excelsa es la del combatiente, aunque dure poco. Muere joven y deja un bonito cadáver. La guerra aparece como una aventura de gloria, transfigurada en un mito. El dolor, el sufrimiento y la muerte son una coreografía trágica y grandiosa. Como una ópera de Wagner. Para el americano, la guerra es el absurdo. Una cruzada de inocentes que se matan sin entender nada y en donde la muerte sórdida y miserable tiene una dimensión patética y hasta cómica, pero en absoluto grandiosa. La guerra es una patochada trágica que los realistas y ubicuos marcianos de Tralfamadore contemplan con pena por la gran estupidez del zoo humano. De los héroes entorchados a los inocentes de Vonnegut hay una distancia sideral. La guerra como epopeya o la guerra como bufonada sangrienta. Pero son dos extraordinarias novelas.

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  4. Ciertamente, tanto "Tempestades de acero" como "Matadero Cinco" son dos novelas extraordinarias. Y, como bien dices, muy diferentes la una de la otra.

    Por cierto, algo que comparte Vonnegut con Kisch es que ambos escritores consideran la guerra como un conflicto absurdo y traumático. Sin embargo, Vonnegut es más neutro, reprocha su comportamiento a todo el mundo. En el caso de "¡Escríbelo, Kisch!", su autor arremete con más ímpetu contra su propio bando, y no contra los enemigos. Hay alguna descripción de tácticas militares harto deshonestas perpetradas por los serbios al incio de este diario; no obstante, Kisch lo menciona sin entrar en juicios de valor. Por el contrario, a la mínima excusa arremete contra sus aliados. Divertidísmo.

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