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martes, 4 de junio de 2019

José María Conget: El mirlo burlón


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable

Cuando estemos en el tiempo de las cerezas / silbará aún mejor el mirlo burlón. / Pero es muy corto el tiempo de las cerezas…”. Son versos de Le temps de cerises, la canción inspirada en la Comuna de París, la sublevación del movimiento obrero que tomó el poder en la capital del Sena entre marzo y mayo de 1871, duramente aplastada por el Gobierno y el Ejército francés. Una utopía frágil y efímera que apenas deviene recuerdo, tan lejano como dulce.

Zaragoza, 1974. Tres estudiantes universitarios van a iniciar un seminario de filosofía coordinado por un joven jesuita al que en el último momento se incorpora Alicia, hija de un exiliado español en Londres, con más películas vistas, libros leídos y amores consumados que el cuarteto de lerdos, torpes y tiernos varones. Una encrucijada de afectos, ímpetus y ambiciones infestada de lecturas, teorías, poses, películas, anhelos, deseo, vergüenzas, fantasmas, impericia y fatuidad. Y ahora, décadas después, van a reencontrarse por primera vez. Quizás aquel tiempo, vivido con graníticas creencias y demasiadas urgencias, con bastante miedo y demasiados miedos –al Régimen, a los demás, a uno mismo- haya sido a fin de cuentas uno de los saldos más preciados  que hayan deparado unas existencias cuyo balance sea poco más que frustración, mediocridad y mezquindad. Quizás aquellos años no tuviesen el lustre y la enjundia que se anheló, pero quizás también lo que llegó después los mejoró, añadiéndoles valor.

José María Conget (Zaragoza, 1948) traza en esta novela un retrato de aquel tiempo en el que la voluntad de transformación y cambio se enfrentaba y se atascaba ante unas estructuras políticas, sociales y culturales pétreas, plomizas. Tiempo burbujeante y excitante al que –una vez más- se le puede aplicar aquello tan socorrido de que lo nuevo no terminaba de llegar mientras lo viejo se agarraba a su preeminencia, obstinado y cerril. Tiene, por tanto, esta novela un algo de ajuste de cuentas, personal y generacional. De acuerdo, aquello acabó en fracaso, un quiero y apenas puedo colectivo, pero lo de hoy, esta orilla ramplona y desabrida donde la vida ha depositado a los protagonistas, hace de aquel momento, de aquellos años, un instante mágico, donde todo fue posible, el cruce desde el que arrancaron todos los caminos, la olla donde se cocieron todos estos guisos, el instante en que la verdad y la belleza se rozó con la punta de los dedos.

De José María Conget, autor al que creo que no se le otorga la atención que merece su dilatada y fecunda trayectoria, me atrae especialmente la escritura pulcra y precisa, esa manera de narrar ligera, ágil; esos chorros de pensamiento fluido e intenso, los diálogos incrustados en los párrafos, profundos y veraces, la manera de rescatar recuerdos tóxicos, embarazosos, ridículos, para engarzarlos con precisión en la construcción de los personajes, complejos y creíbles, genuinos y representativos. Mi favorito es, sin duda, el de Alicia, la única mujer entre el quinteto de protagonistas, que funciona así, “en el fondo quizás nadie quiere a nadie, pensó, y el amor es una burbuja emocional, un gas del corazón que se resuelve en ventosidades dolorosas”. Desde luego, la novela inocula ese sentimiento de pérdida, de desasosiego, de vacío y de lucidez, de así es como las cosas han sido, como son,

Por siempre amaré el tiempo de las cerezas.
Es de ese tiempo del que guardo en el corazón
una herida abierta.

6 comentarios:

  1. Ni idea de esta obra o de este autor, pero la reseña me parece buenísima.

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  2. Hola Dr. Fabián; la novela es reciente, apenas lleva unos pocos meses publicada, y el autor -pese a que ha escrito bastante y bastante bien- nunca ha gozado de demasiada repercusión, aunque vale mucho la pena. Gracias por escribir y por el piropo.

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  3. Hola,Carlos:
    Me parece un libro muy apetecible, creo que va a ser el próximo que me compre, así que espero poder tener tan buena impresión como tú. Por cierto, esos versos sobre las cerezas me han recordado él hermosísimo inicio de “¿Qué me quieres, amor?”, de Manuel Rivas. Os lo comparto:

    “Sueño con la primera cereza del verano. Se la doy y ella se la lleva a la boca, me mira con ojos cálidos, de pecado, mientras hace suya la carne. De repente, me besa y me la devuelve con la boca. Y yo que voy tocado para siempre, el hueso de la cereza todo el día rodando en el teclado de los dientes como una nota musical silvestre.
    Por la noche: «Tengo algo para ti, amor».
    Dejo en su boca el hueso de la primera cereza.“

    Saludos

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  4. Hola Lupita,
    es cierto, parece que las cerezas prometen siempre ser portadoras de sorpresas memorables. Y más en estos días, en que ya se las ve en el mercado, aunque al menos por aquí a precios salados salados.
    Desde luego, será muy grato saber cómo te fue con esta novela y, sobre todo, agradecerte tus ganas de compartir experiencias y emoción con todos los usuarios y frecuentadores de ULAD. ¡Salud y cerezas!

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  5. Lo he tenido en las manos y es un libro precioso (Pre-textos hace libros de estos que miras y miras antes de empezar a leer). No me decidí porque no me sonaba el autor y tras buscarlo en ULAD y leer tu reseña me estoy arrepintiendo! Una pena que buenos escritores pasen desapercibidos para mucha gente. Gracias por la reseña, me ha gustado mucho.

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  6. Hola Irati,
    pues es verdad, tener entre las manos un libro de algunas editoriales, como es el caso de Pre textos, ya empieza a ser parte del proceso de placer que depara una buena lectura. Aunque después, claro está, cada uno tiene una valoración y una opinión. Muchas gracais por tu comentario.

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