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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Percival Everett: X

Título original: Erasure
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

Thelonius Ellison, más conocido como Monk, es un escritor negro (en realidad, un trasunto de Everett) a quien la negritud como tema novelístico no le interesa en absoluto – algo que en Estados Unidos no parece entenderse muy bien – y cuya fidelidad a sus ideas artísticas le impide triunfar en el panorama literario actual. Sus anteriores publicaciones han pasado con más pena que gloria y para su última obra ni siquiera encuentra editor. Su agente - por medio del cual se advierte que Monk no es ningún iluso sino un incomprendido - es el único que, sin sentimentalismos de ninguna clase, ve un valor objetivo en sus obras. Pero esto no tiene mayor importancia si la imposibilidad de publicar es crónica, no hay oficio razonablemente remunerado a la vista y se van desencadenando, una tras otra, una serie de desgracias familiares que únicamente nuestro héroe puede paliar o resolver. Es entonces, en medio de la mayor desesperación y desconcierto, cuando surge Porculo, novela-dentro-de-la-novela, deliberadamente insulsa y estereotipada, concebida como una parodia sin ninguna ambición, que surge como desahogo a las frustraciones del personaje y se acaba transformando en una filón económico y un experimento social.

Hay que reconocer que Porculo, sin ser ninguna obra maestra y a pesar de que el autor ni siquiera se molesta en acabarla y de su espantosa ortografía, no es tan desastrosa como se pretende. Aunque cambie de tono, temática y escenario es evidente que la mano que escribe es la misma, una mano que no puede evitar caracterizar a sus personajes y situarlos en un contexto creíble. Los hechos que presenta, las vidas que retrata y la problemática que plantea tienen tanto interés como la novela principal, es la indiferencia que Everett muestra hacia los nuevos protagonistas y sus circunstancias lo que acaba contagiando al lector. Monk define así su engendro: “Es una idea fallida, un feto sin formar, una semilla que ha caído en la arena, una mano sin dedos, una palabra sin vocales. Resulta ofensiva, está mal escrita, es racista y no tiene ni pies ni cabeza” sin embargo la crítica especializada, por boca de un jurado de expertos en la materia la define así: “El gueto vive entre esas páginas. En ellas el autor nos permite vislumbrar la experiencia de la calle y por ello debemos estarle eternamente agradecidos. La escritura es deslumbrante, los diálogos de un realismo insuperable, simplemente auténticos.”

De vez en cuando aparecen fuera de contexto fragmentos de diálogos filosóficos en los que se plantean cuestiones ya implícitas, como qué es lo que convierte a un objeto en obra de arte o dónde radica el valor real de un producto. Pero cuando este heterogéneo conjunto adquiere todo su sentido es en su última parte, donde tanto las ideas de Everett sobre arte, literatura y procesos narrativos en particular como el delicado momento que atraviesa el personaje desembocan en una situación que explota inevitablemente en sus manos. Nuestro protagonista ha contemplado perplejo un mundo que está mucho más loco de lo que hubiera podido imaginar, donde todo funciona al revés de cómo debería, los egoístas se creen víctimas de todo lo que ocurre y los altruistas son mandados al otro mundo sin más. Un mundo donde voluntaria o involuntariamente, todos acaban traicionándole. Lo peor es que, a pesar de los atenuantes, de la urgente necesidad de dinero, él también se traiciona a sí mismo pues aunque la jugarreta no ha sido premeditada le ha salido redonda y él sabe aprovechase de su golpe de suerte. Por lo menos hasta el último momento, ya que Everett deja al personaje a punto de explicarse y ese desenlace abierto que nos impide conocer su última decisión quizá sea el mejor entre todos los posibles pues la moraleja que se atisba no conseguiría más que destruir las virtudes del texto.

Everett es un escritor con talento y amor propio que no puede conformarse con una obra mediocre pero es evidente que, igual que su personaje pero de un modo mucho más sensato y una vez demostrado su potencial sobre todo a sí mismo, ha decidido rebajar su autoexigencia para mantener el lugar que ha conseguido en el panorama literario de hoy.

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