miércoles, 4 de noviembre de 2015
Anna Starobinets: El Vivo
Título original: Живущий
Traducción: Raquel Marqués García
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien
Este es el segundo libro de Anna Starobinets que reseño en poco tiempo, los dos comprados con motivo de la campaña de apoyo al marido de Starobinets, del que hablé en la anterior reseña. Y la verdad, este libro me ha gustado menos que el otro, no sé si porque Anna Starobinets se mueve mejor en el relato que en la novela, o porque las ideas de El Vivo me han parecido menos originales que algunas de las que aparecían en La glándula de Ícaro (aunque también hay similitudes evidentes, de las que hablaré luego).
En El Vivo, Starobinets nos presenta un futuro distópico, en el que la población mundial se ha reducido prácticamente a la mitad (tres mil millones de seres), pero a cambio se ha logrado la inmortalidad a través de la reencarnación: cada vez que un ser humano muere -o mejor dicho, según el léxico de la novela, "entra en la Pausa"-, su conciencia y su identidad se reencarnan en un recién nacido, un proceso controlado y regido por la fuerzas que cuidan de que el Vivo se mantenga constante en su número. Además, todos los seres humanos están conectados con el Socio, que es al mismo tiempo un chat y una conciencia colectiva, y tienen acceso a diversas capas de conciencia en las que pueden sumergirse según su capacidad para controlarlas. A este universo perfectamente establecido llega Cero, un niño que aparentemente no es resultado de ninguna reencarnación y que por lo tanto altera, por primera vez, el número de seres que componen el Vivo.
Construir un futuro distópico como hace Starobinets aquí tiene sus riesgos. El primero es conseguir que se trate de una distopía con personalidad propia, y que no suene demasiado semejante a algunas de las distopías que configuran nuestra imaginación sobre el futuro. Por otro lado, si se crean demasiados elementos nuevos, se puede confundir al lector, y si se intenta explicar todos estos elementos nuevos, se corre el riesgo de aburrirlo...
Starobinets sortea algunos de estos peligros mejor que otros; por ejemplo, resulta difícil no pensar en 1984 cuando los habitantes del Vivo repiten consignas aprendidas de exaltación del sistema, o en Un mundo feliz cuando a los reencarnados se les asigna una función de la que no pueden escapar. Y para el personaje de Cero, el ser destinado a destruir el sistema establecido, uno se acuerda de Neo y su gabardina negra controlando Matrix desde dentro... En cambio, en la construcción de algunos de los componentes del nuevo mundo (el Socio, heredero directo de los chats actuales) o las series de televisión destinadas a transmitir la ideología dominante.
Pero mi principal problema con El Vivo es el desarrollo de la trama: Starobinets crea un mundo, establece los conflictos, los lleva hasta un primer clímax (el momento en el que Cero parece haber logrado sus objetivos), pero el desenlace, lo que los críticos cinematográficos suelen llamar "el tercer acto", es confuso, precipitado y contradictorio con el desarrollo anterior de la novela. Quizás la voluntad de transmitir un mensaje, o de apartarse precisamente de narrativas distópicas anteriores, haya llevado a Starobinets a escoger un final así; pero para mi gusto estropea el buen planteamiento anterior.
Esto no quiere decir que la novela no tenga ideas interesantes, algunas de las cuales también aparecen en los relatos de La glándula de Ícaro: la tecnología como medio de control social, la lucha entre cultura e instinto, la inmortalidad a través de la reencarnación... Pero en los cuentos su capacidad de sugerencia y resonancia era mayor, precisamente porque las ideas no se desarrollaban hasta agotarlas (o eso me parece a mí).
Y para terminar, un apunte a un aspecto que pocas veces comentamos en este blog: el precioso diseño de la portada, a cargo de Zuri Negrín. Simple, evocativa, minimalista, hace que den ganas de leer la novela que introduce, relacionándose con ella pero sin hacerlo de un modo obvio y reiterativo.
martes, 29 de septiembre de 2015
Anna Starobinets: La glándula de Ícaro. El libro de las metamorfosis
Título original: Икарова железа. Книга метаморфоз
Traductor: Fernando Otero
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable
Esta reseña es especial, en cierto modo: es nuestra forma de unirnos a la campaña de solidaridad que ha organizado la editorial Nevsky para apoyar al marido de Anna Starobinets, Sasha Garros. No voy a explicar los detalles, que podéis leer en la web de la editorial; el resumen rápido es que todo lo que se compre en la página de Nevsky hasta final de mes (o sea, hasta mañana) será donado íntegramente a Sasha Garros para un tratamiento médico que necesita urgentemente. Me habría gustado programar esta reseña antes, pero solo ahora he podido recibir y leer el libro de Anna Starobinets.
Dicho esto, no me gustaría que se pensase que estoy siendo generoso con el libro de Starobinets por compasión o por caridad: La glándula de Ícaro es un gran libro de fantasía, terror, ciencia ficción o, usando un término de moda, "literatura weird". Los relatos que componen el volumen parten siempre de un planteamiento en el que hay por lo menos un elemento extraño, exagerado o grotesco, y lo desarrollan hasta su culminación lógica (teniendo en cuenta que esta lógica no es la de nuestro universo, sino la de otro muy parecido pero en el que operan leyes diferentes).
En "La glándula de Ícaro", los hombres (varones) pueden someterse a una operación que les extirpa una glándula vestigial culpable, se dice, de la violencia, la competitividad o las infidelidades conyugales; en "El parásito" se somete a un chico a un proceso hormonal para permitir que se produzca una metamorfosis semejante a la que sufren las mariposas; "La frontera" habla de medios de transporte que permiten viajar al pasado o al futuro; "Delicados pastos", sobre la posibilidad de "transmigrar" la conciencia a nuevos cuerpos para escapar de la muerte; en "Spoki", unas consolas de viodejuegos se extiende por todos los hogares, estableciendo con los niños un vínculo tan estrecho que sustituye el que tienen con sus padres o amigos.
En estos relatos se puede reconocer un patrón: la ciencia (o la tecnología), asociada con la ambición, la debilidad personal o la avaricia comercial, intenta alterar la naturaleza humana, con consecuencias terribles. No se diferencian mucho, en ese sentido, de muchas otras obras de ciencia ficción que representan miedos contemporáneos muchas veces asociadas al progreso y a su subordinación a intereses religiosos, políticos y sociales por encima de cualquier consideración ética o humanista.
Querría destacar sin embargo dos relatos que, en cierto modo, escapan a este patrón, y que son los que más me han gustado. En "Siti" se nos presenta a un escritor de Europa del Este que ha sido por fin aceptado para viajar a la ciudad de Siti (imposible no pensar en Nueva York, aunque el relato es acertadamente ambiguo a este respecto). Siti es una ciudad cruel, hermosa, maravillosa, terrible; todo el mundo quiere entrar en ella, aunque realmente no la conocen; y una vez dentro, todo el mundo es feliz, obligatoriamente feliz.
El otro relato es "El Lazarillo", el más onírico y grotesco de todos. En él, un guionista de películas y series de televisión es contactado por un productor y un director para un proyecto que no sabe exactamente cuál es. Pero la entrevista, que tiene lugar a la una de la mañana en un apartamento de lujo, comienza a torcerse cuando a uno de los entrevistadores se le empiezan a caer los dientes y al entrevistado le entran unas ganas terribles de comer frutos del bosque...
En estos dos relatos, creo, es donde Anna Starobinets se muestra más original y más perturbadora, donde deja mayor poso en el lector. Se trata, en cualquier caso, de una escritora muy interesante, y que merece ser seguida; yo creo que voy a comprarme otro libro suyo, antes de que termine el mes...
viernes, 31 de mayo de 2013
Anna Starobinets: Una edad difícil
También de Anna Starobinets en ULAD: La glándula de Ícaro. El libro de las metamorfosis
domingo, 4 de abril de 2021
Anna Starobinets: Tienes que mirar
Hay en este libro pasajes terribles y que me han dejado temblando y con el corazón apretado, en particular el que da título al libro: el momento en que la escritora, antes y después del procedimiento para interrumpir el embarazo, debe decidir si quiere ver el cuerpo de su hijo, como le aconseja la psicóloga del hospital, o si prefiere ahorrarse esa imagen para evitar que le persiga el resto de su vida. Uno, como lector, se pone en su piel, en una situación tan terrible y tan inimaginable, y es imposible que no se te encoja el alma... Por suerte, también hay momentos de humor y de amor, de solidaridad y de compasión, sobre todo en ese triángulo que forma la autora con el Gran Tejón (su marido, Sasha) y la Tejoncita (su hija, también llamada Sasha). De hecho el epílogo, en el que la historia de la familia se cierra con una sensación de esperanza, ternura y unión a pesar del dolor, ha ayudado a que el regusto final sea melancólico y no rotundamente trágico. La vida, con su dolor, su pérdida y su ocasional aridez, sigue adelante gracias a los afectos que se van construyendo por el camino.
(Cuando estoy casi acabando el libro, en uno de los momentos más duros, mi hijo se despierta de su siesta, viene corriendo a buscarme al cuarto, se sube a la cama y se sienta conmigo delante del ordenador. Luego me da un cabezazo en la nariz, dice "pupa" y me mira como si fuera culpa mía y vuelve a irse corriendo a su cuarto. Y, en fin, es eso).
domingo, 27 de mayo de 2018
3x1: Muertos que no son lo que parecen
En mis lecturas de los dos últimos meses ha confluido una figura muy interesante: la del muerto que no es lo que parece. Así pues, hoy os traigo tres relatos, casualmente escritos por mujeres, en los que este enigmático personaje nos sorprende. El muerto se presenta, a veces, en tanto que ingenioso plot twist; otras, en tanto que trasunto metafórico. Pero siempre tiene el mismo encanto. Bibliografía
Starobinets, Anna. Una edad difícil. Traducción de Raquel Marqués García. Madrid: Nevsky Prospects, 2012.
Wharton, Edith. Historias de fantasmas. Traducción de Francisco Torres Oliver. Madrid: Alianza, 2010.
martes, 17 de mayo de 2016
Ricardo Menéndez Salmón: El Sistema
Año de publicación: 2016
Valoración: decepcionante
Le tengo (le tenía) mucha fe a Ricardo Menéndez Salmón, después de leer algunos de sus primeros libros; pero después de Niños en el tiempo, que me pareció una novela fallida, y de este El Sistema, que me parece una novela que consigue ser exactamente lo que quiere ser, sin que eso sea necesariamente una cualidad, mi fe empieza a debilitarse. De hecho, creo que El Sistema repite algunos de los errores de Niños en el tiempo, y añade otros nuevos.
Vamos a empezar por contar el argumento: El Sistema es una novela distópica (sí, la distopía parece ser uno de los géneros de moda); se sitúa en un universo alternativo, en el que tras la Segunda Guerra Mundial -aunque no se mencione con ese nombre- se ha abierto un nuevo periodo en la historia de la Humanidad: la Historia Nueva. En este universo se ha desarrollado el Sistema, un conjunto de "islas" controladas por sistemas panópticos de vigilancia y que están en constante alerta contra los Ajenos, los bárbaros que no pertenecen al Sistema. El protagonista, simplemente denominado como el Narrador, forma parte de este mecanismo de vigilancia externa e interna, hasta que el Sistema comienza a agrietarse y todo su mundo se desmorona...
Quienes concedieron el premio Biblioteca Breve a esta novela dijeron que era "una novela de ideas [...] que abre caminos en la narrativa contemporánea". Me temo que tienen razón en cuanto a lo primero, pero no en cuanto a lo segundo; porque distopías como El Sistema hemos visto ya muchas (y obviamente 1984 es la madre de todas las distopías que han venido después) y esta novela hace poco por apartarse de esos modelos anteriores en cuanto al universo que construye.
Y tienen también razón, decía, en lo de que es una novela de ideas, pero a diferencia de ellos yo no lo veo como una cualidad (por lo menos, no en este caso). Esta es una novela a la que se le ve demasiado el andamiaje, y a la que se le ve demasiado el fondo filosófico que su autor (licenciado en Filosofía, de hecho) quiere proyectar. Para dar solo un ejemplo, la isla en la que vive el Narrador se llama Realidad, y está compuesta por "diecisiete sustancias" que tiene "atributos" y "accidentes". Desde Platón a la Filosofía del Lenguaje, por supuesto con una sombra de Foucault, da la impresión de que Menéndez Salmón ha escrito la novela pensando en las tesis que se van a escribir sobre ella (y seguro que se escribirán) más que en crear un artefacto literario en sí mismo.
La mención a la Filosofía del Lenguaje, por cierto, no es arbitraria: el lenguaje (el Logos, el conocimiento, el saber) es uno de los grandes temas del libro, y casi siempre que aparece es en un tono celebratorio: el lenguaje crea el mundo, la literatura nos salva, narrar es comprender. Personalmente, me desagradan este tipo de autoglorificaciones, bastante comunes entre los poetas y algo menos entre los narradores. Prefiero mil veces a un escritor que desconfíe del lenguaje y lo trate como se trataría a un explosivo, que a uno que se proclame el Gran Explicador de Todo lo que Existe (y eso es precisamente lo que hace el Narrador en la novela, y me temo que Menéndez Salmón también, a través de él).
Creo que no es casual, por eso, que los dos últimos libros de Menéndez Salmón compartan un mismo problema: un estilo pedante, efectista, rebuscado, que es coherente con esta imagen de importancia autoatribuida. Quizás el autor haya intentado escribir en un estilo arcaizante para ir en consonancia con las referencias clásicas (que son bastante abundantes), pero para mi gusto usar expresiones como "pecio derrelicto", "antes esfinge que ménade", "arúspices" o "auriga invisible", no hacen que disfrute más de la lectura. También tengo una sospecha: que si se eliminasen del texto las bimembraciones y trimembraciones innecesarias, la novela perdería unas cincuenta páginas.
No me gusta ser tan duro con una novela, porque ya se sabe que en este blog somos "buenrollistas" y nos gusta hablar bien de los libros; pero confieso que solo he terminado El Sistema para poder escribir este reseña (y porque tiene 250 páginas, si llega a tener doscientas más, lo abandono). No es este el mejor libro de su autor, ni el mejor libro de su género; quien quiera leer fábulas post-apocalípticas, que lea La carretera de Cormac McCarthy, Los últimos de Juan Carlos Márquez o los relatos de Anna Starobinets. Se lo pasará mucho mejor.
También de Ricardo Menéndez Salmón en ULAD: La ofensa, El corrector, Niños en el tiempo
martes, 22 de diciembre de 2015
ULAD: Nuestros libros del 2015
Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloró, de Irvin D. Yalom
Juan G. B.
Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.
Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich
Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orilla, de Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Francesc Bon
Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo.
El libro que marcó mi año: Sumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésit: aunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personal: Santiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.
Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.
domingo, 7 de septiembre de 2025
Madres de libro: Placenta de Alaine Agirre
lunes, 20 de diciembre de 2021
2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)
- Mejores libros de relatos: Sacrificios humanos de María Fernanda Ampuero y Lo que ruge de Izaskun Gracia Quintana.
- Mejor novela histórica: Hamnet de Maggie O'Farrell.
- Debut más deslumbrante: Panza de burro de Andrea Abreu.
- Mejor novela gráfica: Todo bajo el sol de Ana Penyas.
- Más novelas gráficas/cómics estupendas (es que he leído muchas este año): Heimat de Nora Krug, Angola Janga de Marcelo D'Salete, Nieve en los bolsillos de Kim, Los ignorantes de Étienne Davodeau, Aventuras de un oficinista japonés de José Domingo.
- Novela ilustrada: Flor fané de Sara Morante.
- Novela de dar (un poco de) miedito: La casa al final de Needless Street de Catriona Ward.
- Libro de no ficción (aunque a veces no lo parezca): Territorios improbables de Pedro Torrijos.
- Libro que más me ha costado leer (y no por mal escrito): El monstruo pentápodo de Liliana Blum.
- Libro que no me atreví a reseñar: El hombre de hielo de Philip Carlo.
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez6. Caracas muerde de Héctor Torres5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto4. Contra vosotros de Mercedes Soriano3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo
- Clásicos olvidados: Un guiso de lentejas de Mary Cholmondeley, Todos los hombres del rey de Robert Penn Warren.
- Clásicos que merecen una relectura: Tereza Batista cansada de guerra de Jorge Amado, La conciencia de Zeno de Italo Svevo.
- Otros clásicos destacables: Y no dijo ni una palabra de Heinrich Böll, El lugar sin límites de José Donoso, El día de la lechuza de Leonardo Sciascia, El mortal inmortal de Mary Shelley.
- Novelón del siglo XXI: Yo confieso de Jaume Cabré.
- Novela actual más reivindicativa: Las alegres de Ginés Sánchez.
- La más rompedora en contenido y estructura: Seis formas de morir en Texas de Marina Perezagua.
- Más textos actuales destacables: Babilonia de Yasmina Reza, No es un río de Selva Almada.
- Mejor ensayo: El siglo del populismo de Pierre Rosanvallon.
- Mejor texto de investigación científica: El extraño orden de las cosas de Antonio Damasio.
- Mejor crónica contemporánea: Las grietas de América de Mikel Reparaz.
- Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
- Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
- Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.
- El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
- Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
- Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
- Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.
- Mejor novela: La isla de los jacintos cortados, de Gonzalo Torrente Ballester
- Libro de relatos: Las armas secretas, de Julio Cortázar
- Novela gráfica: Travesti, de Baudoin (a partir de Cartarescu)
- Mejor clásico (aunque nada del otro mundo): Papa Goriot, de Honoré de Balzac
- Relectura anual: El rey Lear, de William Shakespeare (reseña pendiente)
- Tocho anual, o casi: Middlemarch, de George Eliot
- Libro de viajes: ex-aequo Una pesadilla con aire acondicionado, de Henry Miller, y Héroes de la Antártida, de Javier Cacho
- Ensayo:
- sobre deporte, pero mucho más: Del boxeo, de Joyce Carol Oates
- asuntos sociales de actualidad: El síndrome Woody Allen, de Edu Galán, y La España de las piscinas, de Jorge Dioni López (reseña mañana)
- política: Contra la izquierda, de Jordi Gracia
- arte: De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno, de Serge Guilbaut
- filosofía: Discurso del método, de René Descartes
- Obra de teatro: Los Gondra / Los otros Gondra, de Borja Ortiz de Gondra
- Libro del año: Napalm al cor, de Pol Guasch
- Ensayo del año: Los legados, de Lluís Calvo
- Autobiografía del año: Trilogía de Copenhague, de Tove Divletsen
- Grandes debuts en narrativa: Pol Guasch, Carlota Gurt
- Descubrimientos del año (autores): Clarice Lispector, Octavia E. Butler, Jordi Benavente, Xavier Mas Craviotto (en poesía), Tor Ulven
- Consagraciones del año: Ali Smith, por su cuarteto estacional
- Experimento exitoso del año: Santiago López Petit, por su "Tan cerca de la vida"
- Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt
- Propósitos para el 2022: más poesía y (aún) más ensayo
- Lo mejor en narrativa: Un pequeño demonio, La mano izquierda de la oscuridad, Stoner y El caso del señor Crump. También las relecturas de Ethan Frome y Memorias del subsuelo, obviamente
- Lo mejor de no ficción (aun con sus limitaciones): La envidia igualitaria, El mito de la Izquierda / El mito de la Derecha
- Extravagancias varias: El Gran Miedo en la montaña, Demencia 21, Las once mil vergas, El sueño de los jueces, Crímenes selectos, Solo de trompeta, Nuevas alertas de empleo, La casa de arenas movedizas, El pare mort, El derrumbamiento, Los extraños, De miedo en miedo, Bienvenidos al bizarro, Reproducción por mitosis y otras historias
- Truños estratosféricos: Por qué soy monárquico, todo lo que necesito existe ya en mí
- Editoriales descubiertas: Quid Pro Quo, Áltera, InLimbo, Huso, Colectivo Juan de Madre, consonni, Pentalfa, Aristas Martínez
- Propósitos para el 2022: Publicar la antología Para los que estáis irreconocibles, escribir un guión, leer la misma cantidad de libros que antaño pese a trabajar una jornada de cuarenta horas
- Lo mejor en narrativa, del novelón a la novela corta: Expiación y Mejillones para cenar.
- El clásico imprescindible: Johnny empuñó su fusil
- Expectativas frustradas, cada cual a su manera: El hombre que susurraba a los caballos y Serge
- Relectura gratificante: Terra baixa
- Lecturas reivindicativas: Hay algo que no es como me dicen y La armadura del Rey
- De rabiosa actualidad (por desgracia): El consentimiento
- Lectura fetiche (mi Delphine de Vigan nunca me decepciona): Las gratitudes
- Propósitos para el 2022: (1) ampliar el abanico de autores sin llevarme demasiados chascos y (2) tirar al máximo de biblioteca pública, que cada vez queda menos para libros.
- Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas.
- Medalla de plata, ex aequo - Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
- Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
- Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
- Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
- Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.
- Ana Starobinets: Tienes que mirar (este diría que ha sido mi Libro del Año)
- Elena Fortún: Oculto sendero (reseña programada para esta misma semana)
- Jane Lazarre: El nudo materno
- Edurne Portela: Los ojos cerrados
- Antonio Lobo Antunes: Memoria de elefante
- Berta Dávila: Carrusel
- Alejandro Melero Salvador: El secreto de la hierba
- Txani Rodríguez: Los últimos románticos
- Guadalupe Nettel: La hija única
- Ana Flecha Marco: Piso compartido (reseña programada para la próxima semana)
- María Fernanda Ampuero: Sacrificios humanos
- Silvia Moreno-García: Gótico
- J.M. Sala: Arde Torrevieja
- Izaskun Gracia Quintana: Lo que ruge
Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.
lunes, 7 de marzo de 2022
Reseña + Entrevista: Ruidos humanos de Carlos Pitillas Salvá
- "Beber por fin de los charcos" inaugura esta colección y desde el vamos deja claro que hemos venido aquí a retozar en el barro de la miseria y la crueldad. ¡Contad conmigo!
- "La cosecha" emplea elementos fantásticos para reflexionar sobre el paso de la infancia al mundo adulto, los cambios que acarrea la pubertad y las desigualdades sociales.
- "Hilera de umbrales descendentes" es un magistral ejercicio de suspense, tensión y misterio cuyo cierre te deja con el culo torcido.





