Mostrando las entradas para la consulta starobinets ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta starobinets ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Anna Starobinets: El Vivo

Idioma original: ruso
Título original: Живущий
Traducción: Raquel Marqués García
Año de publicación: 2011

Valoración: está bien

Este es el segundo libro de Anna Starobinets que reseño en poco tiempo, los dos comprados con motivo de la campaña de apoyo al marido de Starobinets, del que hablé en la anterior reseña. Y la verdad, este libro me ha gustado menos que el otro, no sé si porque Anna Starobinets se mueve mejor en el relato que en la novela, o porque las ideas de El Vivo me han parecido menos originales que algunas de las que aparecían en La glándula de Ícaro (aunque también hay similitudes evidentes, de las que hablaré luego).

En El Vivo, Starobinets nos presenta un futuro distópico, en el que la población mundial se ha reducido prácticamente a la mitad (tres mil millones de seres), pero a cambio se ha logrado la inmortalidad a través de la reencarnación: cada vez que un ser humano muere -o mejor dicho, según el léxico de la novela, "entra en la Pausa"-, su conciencia y su identidad se reencarnan en un recién nacido, un proceso controlado y regido por la fuerzas que cuidan de que el Vivo se mantenga constante en su número. Además, todos los seres humanos están conectados con el Socio, que es al mismo tiempo un chat y una conciencia colectiva, y tienen acceso a diversas capas de conciencia en las que pueden sumergirse según su capacidad para controlarlas. A este universo perfectamente establecido llega Cero, un niño que aparentemente no es resultado de ninguna reencarnación y que por lo tanto altera, por primera vez, el número de seres que componen el Vivo.

Construir un futuro distópico como hace Starobinets aquí tiene sus riesgos. El primero es conseguir que se trate de una distopía con personalidad propia, y que no suene demasiado semejante a algunas de las distopías que configuran nuestra imaginación sobre el futuro. Por otro lado, si se crean demasiados elementos nuevos, se puede confundir al lector, y si se intenta explicar todos estos elementos nuevos, se corre el riesgo de aburrirlo...

Starobinets sortea algunos de estos peligros mejor que otros; por ejemplo, resulta difícil no pensar en 1984 cuando los habitantes del Vivo repiten consignas aprendidas de exaltación del sistema, o en Un mundo feliz cuando a los reencarnados se les asigna una función de la que no pueden escapar. Y para el personaje de Cero, el ser destinado a destruir el sistema establecido, uno se acuerda de Neo y su gabardina negra controlando Matrix desde dentro... En cambio, en la construcción de algunos de los componentes del nuevo mundo (el Socio, heredero directo de los chats actuales) o las series de televisión destinadas a transmitir la ideología dominante.

Pero mi principal problema con El Vivo es el desarrollo de la trama: Starobinets crea un mundo, establece los conflictos, los lleva hasta un primer clímax (el momento en el que Cero parece haber logrado sus objetivos), pero el desenlace, lo que los críticos cinematográficos suelen llamar "el tercer acto", es confuso, precipitado y contradictorio con el desarrollo anterior de la novela. Quizás la voluntad de transmitir un mensaje, o de apartarse precisamente de narrativas distópicas anteriores, haya llevado a Starobinets a escoger un final así; pero para mi gusto estropea el buen planteamiento anterior.

Esto no quiere decir que la novela no tenga ideas interesantes, algunas de las cuales también aparecen en los relatos de La glándula de Ícaro: la tecnología como medio de control social, la lucha entre cultura e instinto, la inmortalidad a través de la reencarnación... Pero en los cuentos su capacidad de sugerencia y resonancia era mayor, precisamente porque las ideas no se desarrollaban hasta agotarlas (o eso me parece a mí).

Y para terminar, un apunte a un aspecto que pocas veces comentamos en este blog: el precioso diseño de la portada, a cargo de Zuri Negrín. Simple, evocativa, minimalista, hace que den ganas de leer la novela que introduce, relacionándose con ella pero sin hacerlo de un modo obvio y reiterativo.

martes, 29 de septiembre de 2015

Anna Starobinets: La glándula de Ícaro. El libro de las metamorfosis

Idioma original: ruso
Título original: Икарова железа. Книга метаморфоз
Traductor: Fernando Otero
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Esta reseña es especial, en cierto modo: es nuestra forma de unirnos a la campaña de solidaridad que ha organizado la editorial Nevsky para apoyar al marido de Anna Starobinets, Sasha Garros. No voy a explicar los detalles, que podéis leer en la web de la editorial; el resumen rápido es que todo lo que se compre en la página de Nevsky hasta final de mes (o sea, hasta mañana) será donado íntegramente a Sasha Garros para un tratamiento médico que necesita urgentemente. Me habría gustado programar esta reseña antes, pero solo ahora he podido recibir y leer el libro de Anna Starobinets.

Dicho esto, no me gustaría que se pensase que estoy siendo generoso con el libro de Starobinets por compasión o por caridad: La glándula de Ícaro es un gran libro de fantasía, terror, ciencia ficción o, usando un término de moda, "literatura weird". Los relatos que componen el volumen parten siempre de un planteamiento en el que hay por lo menos un elemento extraño, exagerado o grotesco, y lo desarrollan hasta su culminación lógica (teniendo en cuenta que esta lógica no es la de nuestro universo, sino la de otro muy parecido pero en el que operan leyes diferentes).

En "La glándula de Ícaro", los hombres (varones) pueden someterse a una operación que les extirpa una glándula vestigial culpable, se dice, de la violencia, la competitividad o las infidelidades conyugales; en "El parásito" se somete a un chico a un proceso hormonal para permitir que se produzca una metamorfosis semejante a la que sufren las mariposas; "La frontera" habla de medios de transporte que permiten viajar al pasado o al futuro; "Delicados pastos", sobre la posibilidad de "transmigrar" la conciencia a nuevos cuerpos para escapar de la muerte; en "Spoki", unas consolas de viodejuegos se extiende por todos los hogares, estableciendo con los niños un vínculo tan estrecho que sustituye el que tienen con sus padres o amigos.

En estos relatos se puede reconocer un patrón: la ciencia (o la tecnología), asociada con la ambición, la debilidad personal o la avaricia comercial, intenta alterar la naturaleza humana, con consecuencias terribles. No se diferencian mucho, en ese sentido, de muchas otras obras de ciencia ficción que representan miedos contemporáneos muchas veces asociadas al progreso y a su subordinación a intereses religiosos, políticos y sociales por encima de cualquier consideración ética o humanista.

Querría destacar sin embargo dos relatos que, en cierto modo, escapan a este patrón, y que son los que más me han gustado. En "Siti" se nos presenta a un escritor de Europa del Este que ha sido por fin aceptado para viajar a la ciudad de Siti (imposible no pensar en Nueva York, aunque el relato es acertadamente ambiguo a este respecto). Siti es una ciudad cruel, hermosa, maravillosa, terrible; todo el mundo quiere entrar en ella, aunque realmente no la conocen; y una vez dentro, todo el mundo es feliz, obligatoriamente feliz.

El otro relato es "El Lazarillo", el más onírico y grotesco de todos. En él, un guionista de películas y series de televisión es contactado por un productor y un director para un proyecto que no sabe exactamente cuál es. Pero la entrevista, que tiene lugar a la una de la mañana en un apartamento de lujo, comienza a torcerse cuando a uno de los entrevistadores se le empiezan a caer los dientes y al entrevistado le entran unas ganas terribles de comer frutos del bosque...

En estos dos relatos, creo, es donde Anna Starobinets se muestra más original y más perturbadora, donde deja mayor poso en el lector. Se trata, en cualquier caso, de una escritora muy interesante, y que merece ser seguida; yo creo que voy a comprarme otro libro suyo, antes de que termine el mes...

También de Anna Starobinets en ULAD: Una edad difícil

viernes, 31 de mayo de 2013

Anna Starobinets: Una edad difícil

Idioma original: ruso
Título original: Переходный возраст
Fecha de publicación: 2005
(en España, en 2012, con traducción de Raquel Marqués García)
Valoración: Se deja leer

No suelo leer literatura de terror, ésa es la verdad, aunque hace bastantes años tuve mi época Poe y Lovecraft, y también me dio por los vampiros de Anne Rice. Pero gracias al cine, conozco muy bien el particular universo de horrores y obsesiones de Stephen King.

¿Que por qué digo esto? Porque la materia oscura con la que la autora que hoy reseño, la joven rusa Anna Starobinets (1978), escribe sus historias, ha sido comparada con la de King, entre otros. Y después de leer Una edad difícil, libro de cuentos con el que Starobinets recibió más comentarios positivos que negativos, puedo afirmar que, sin duda, el padre de Carrie ha influido claramente en la escritora.

El libro está compuesto por una novela corta que da título al compendio y siete relatos más. Y curiosamente, es la pieza más larga la que menos me ha gustado, si por gustar entendemos disfrutar de una obra durante su lectura y reconocer, una vez leída, que hemos degustado algo bien cocinado.

Lo que me ha sucedido con Una edad difícil es que a las pocas páginas me he imaginado cómo iba a acabar la cosa, y ello, unido a que el tema de la historia me daba bastante asco (un chaval empieza a comportarse de forma rara, a guardar comida putrefacta en su almohada  y a ser recorrido por insectos durante sus horas de sueño, lo que despierta el recelo de su hermana gemela y su asustadiza madre), ha hecho que leyera su última frase con esta sensación: "Qué asco. Y ni siquiera me ha inquietado o dado miedo, ¿tantas páginas para una fábula macabra y repugnante?".

Sin embargo, los relatos siguientes sí que me han gustado, especialmente "Las reglas", en el que un niño de esos que no pisan grietas y tienen que abrir no sé cuántas veces las puertas para poder estar tranquilos, siente que si no cumple estas normas dictadas por seres invisibles algo muy malo puede ocurrir, y "La agencia", que trata sobre una empresa dedicada a matar gente provocando accidentes y su nuevo y peculiar empleado...

También encontramos en estas páginas una historia con seres artificiales que me ha recordado mucho a un episodio de la segunda temporada de la virtuosa serie inglesa Black Mirror; un hombre que se despierta formando parte de una familia que no reconoce; un tipo al que se le para el corazón y sigue vivito y coleando, o cierta sopa pasada que parece encerrar algún tipo de vida...

En fin, un poco de Poe y Lovecraft, una pizca de Kafka quizás, pero sobre todo y ante todo, el King más viscoso. Eso sí, no he visto por ninguna parte a Dostoievski, con el que Starobinets ha sido vagamente comparada.

También de Anna Starobinets en ULAD: La glándula de Ícaro. El libro de las metamorfosis

domingo, 4 de abril de 2021

Anna Starobinets: Tienes que mirar

Idioma original:
ruso
Título original: Посмотри на него
Traducción: Viktoria Lefterova y Enrique Maldonado
Año de publicación: 2017
Valoración: Muy recomendable y, en ciertas circunstancias, imprescindible
 
 
Como ya deben de estar hartos de saber los que me sigan en Twitter, hace exactamente dos años y dos meses fui padre de un niño precioso e inquieto, que desde entonces viene alegrando mis días y destrozando mis noches con la misma persistencia. La m/paternidad es algo maravilloso e imposible de comparar con casi ninguna otra experiencia de esta vida, pero también puede ser muy dura, física, mental y emocionalmente, con propensión a exacerbar los miedos y las inseguridades.

De hecho, en nuestro caso (mío y de mi pareja), ya desde el embarazo vivimos todo el proceso con una cierta angustia, sin que hubiera exactamente motivos objetivos para ello: los análisis decían que había algún riesgo cromosómico pero no demasiado; mi pareja desarrolló diabetes gestacional, que en la mayoría de los casos se controla fácilmente con modificaciones en la alimentación; hacia el final del embarazo había poco líquido amniótico y fue necesario provocar el parto... Pequeñas cosas que, sumadas, parecían apuntar, como en las películas de terror, hacia alguna tragedia futura que, felizmente, no se vino a confirmar. Así, después del parto (que fue caótico y con un trato bastante inhumano, aunque la parte puramente médica salió bien) nos fuimos a casa con un niño sano, pequeñito y gritón, con solo un par de sorpresas incómodas pero benignas de las que, por lo que hemos ido oyendo después, pocas familias se libran. Porque, de hecho, durante todos estos meses, quizás porque estábamos más atentos a ellas o porque las atraíamos, nos iban llegando multitud de historias de embarazos que no llegaban a término, problemas graves en el parto, deformidades "incompatibles con la vida", como si estuviéramos recopilando una antología de la m/paternidad trágica.

Este largo preámbulo, por el que pido disculpas a quien haya venido aquí a leer solo sobre literatura, intenta explicar por qué este libro me ha impactado tanto: porque viene a poner palabras, con la mezcla justa de crudeza y dolor, a lo que durante meses fue uno de nuestros mayores terrores, perder a nuestro hijo antes incluso de llegar a tenerlo. Porque este libro, como ya debe saber quien haya leído alguna información sobre él, es la narración detallada y dolorosa del proceso por el que tuvo que pasar la autora, Anna Starobinets, para interrumpir su embarazo desde el momento en que supo que su hijo tenía una deformidad congénita grave de los riñoes que hacía su supervivencia inviable. En cualquier caso, la historia es tan dura, y la forma de contarla tan descarnada, que seguro que cualquier lector o lectora siente un nudo en la garganta parecido al que he tenido yo durante casi toda la obra.

Anna Starobinets ya había aparecido en este blog varias veces, en su faceta de escritora de ciencia ficción, fantasía o terror. Podría decirse que, como la propia autora apunta en el texto, esa experiencia como narradora, y también como periodista, la preparó para poder contar esta historia gracias a la escisión entre la mujer que vive la experiencia del aborto, y la escritora que, a una distancia prudencial, observa, toma notas, describe y analiza el proceso. Porque ese es el tono empleado, quizás el más propicio para intentar aproximarse a la pérdida de un ser querido, como muchos otros escritores han ensayado anteriormente: una mezcla de minuciosidad en la narración y en el examen, unida a una exploración de los sentimientos sin caer en el morbo y, sobre todo, sin artificios retóricos que intenten exagerarlos.

Es así como acompañamos a Anna Starobinets en todo el largo y escabroso proceso, desde la ecografía en la que descubre la malformación del feto, pasando por un calvario de consultas con ecógrafos, ginecólogos, neonatólogos o psicólogos, entre otros ramos, marcadas en muchos casos (sobre todo en Rusia, algo menos en Alemania) por el trato inhumano, la burocratización del dolor y del tratamiento, o la desconsideración hacia los derechos y sentimientos del paciente y de su familia. (De hecho, y aunque probablemente en Rusia la situación sea aún más grave, sabemos que desgraciadamente no es exclusiva de este país ni mucho menos, y que la violencia obstétrica o la psiquiátrica son habituales también en países "suficientemente desarrollados", como la autora los denomina). Vemos así sus dudas, sus miedos, sus avances y retrocesos, las trabas que el sistema coloca en su camino, como si en vez de paliar su sufrimiento quisiese aumentarlo, como si tuviese que pagar por la culpa de haber engendrado un hijo fallido.

Varios aspectos hacen, por lo tanto, que este libro resulte impactante y, tal como se suele decir, "necesario". El primero es que da voz a todo un proceso de pérdida que por lo general nuestras sociedades esconden, por motivos ideológicos o por ser "cosas de mujeres", y ya se sabe que las cosas de mujeres son cosas menos importantes. Y también, por otra parte, porque se plantea no solo como testimonio sino como resistencia, tanto a los mensajes Mr Wonderful ("ya tendréis otro", "de todo se aprende", "Dios lo ha querido así") como a la visión de quienes lo equiparan a un procedimiento médico cualquiera (como una operación de apendicitis) en vez de tratarlo como lo que es: la pérdida de un ser en el que ya se habían depositado sueños, esperanzas, fantasías y (también) miedos, una pérdida que, como cualquier otra, exige su procesamiento y su luto.

Hay en este libro pasajes terribles y que me han dejado temblando y con el corazón apretado, en particular el que da título al libro: el momento en que la escritora, antes y después del procedimiento para interrumpir el embarazo, debe decidir si quiere ver el cuerpo de su hijo, como le aconseja la psicóloga del hospital, o si prefiere ahorrarse esa imagen para evitar que le persiga el resto de su vida. Uno, como lector, se pone en su piel, en una situación tan terrible y tan inimaginable, y es imposible que no se te encoja el alma... Por suerte, también hay momentos de humor y de amor, de solidaridad y de compasión, sobre todo en ese triángulo que forma la autora con el Gran Tejón (su marido, Sasha) y la Tejoncita (su hija, también llamada Sasha). De hecho el epílogo, en el que la historia de la familia se cierra con una sensación de esperanza, ternura y unión a pesar del dolor, ha ayudado a que el regusto final sea melancólico y no rotundamente trágico. La vida, con su dolor, su pérdida y su ocasional aridez, sigue adelante gracias a los afectos que se van construyendo por el camino.

(Cuando estoy casi acabando el libro, en uno de los momentos más duros, mi hijo se despierta de su siesta, viene corriendo a buscarme al cuarto, se sube a la cama y se sienta conmigo delante del ordenador. Luego me da un cabezazo en la nariz, dice "pupa" y me mira como si fuera culpa mía y vuelve a irse corriendo a su cuarto. Y, en fin, es eso).


Otras obras de Anna Starobinets en Un libro al día

domingo, 27 de mayo de 2018

3x1: Muertos que no son lo que parecen

En mis lecturas de los dos últimos meses ha confluido una figura muy interesante: la del muerto que no es lo que parece. Así pues, hoy os traigo tres relatos, casualmente escritos por mujeres, en los que este enigmático personaje nos sorprende. El muerto se presenta, a veces, en tanto que ingenioso plot twist; otras, en tanto que trasunto metafórico. Pero siempre tiene el mismo encanto. 

Empezamos por "La oración" (1895), de Violet Hunt. Como os comentaba en mi reseña de Damas oscuras, este es el cuento que más me gustó de todo el libro. Una mujer que acaba de perder a su marido suplica junto al cadáver del fallecido que éste le sea devuelto. Y ya sabéis lo que dicen: cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad.

Seguimos con "La señorita Mary Pask" (1925), de Edith Wharton. En este relato, un hombre decide visitar a la hermana de una amiga suya. Y ella, claro, encantada de la vida; se siente muy sola desde que su hermana se casó, ya nadie viene a verla. Aunque, pensándolo bien, es normal que nadie la visite, ¿no? Al fin y al cabo, ¿no se lloró su muerte hará cosa de un año? 

Por último nos detendremos en "La eternidad de Yasha", texto extraído de la antología Una edad difícil. En él, la autora se plantea lo siguiente: ¿cómo sería el día a día de un hombre una vez se le certifica clínicamente como muerto? ¿Qué gestiones burocráticas debería llevar a cabo, y qué obstáculos legales, laborales y sociales tendría que superar? ¿Cómo se tomarían su defunción los médicos, sus compañeros de trabajo, su pareja, la madre de ésta? ¿Cómo le sentaría la noticia al muerto en cuestión? La carga de crítica social de este relato, mezclada con una ironía retorcida y ecos a la literatura rusa del XIX, lo convierten en un auténtico deleite. Lástima que el final esté totalmente desaprovechado. 

En fin, esto es todo. ¿Conoces tú alguna historia con un muerto que no es un muerto? ¿Te has topado con alguno recientemente tras las páginas de un libro? A mí se me ocurren cuatro, que enfrenté hace ya algún tiempo: el latido persecutorio en "El corazón delator" (1843), ese hijo terrible de "La pata del mono" (1902), "La resucitada" (1908) de Emilia Pardo Bazán o el atípico alter ego que supone Paul Allen para el protagonista de American Psycho (1991). Aunque claro, ¡seguro que hay muchos más!


Bibliografía

Starobinets, Anna. Una edad difícil. Traducción de Raquel Marqués García. Madrid: Nevsky Prospects, 2012.

VV.AA. Damas oscuras. Cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes. Traducción de Alicia Frieyro, Olalla García, Sara Lekanda, Magdalena Palmer y Consuelo Rubio Alcover. Madrid: Impedimenta, 2017.

Wharton, Edith. Historias de fantasmas. Traducción de Francisco Torres Oliver. Madrid: Alianza, 2010. 

martes, 17 de mayo de 2016

Ricardo Menéndez Salmón: El Sistema

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: decepcionante

Le tengo (le tenía) mucha fe a Ricardo Menéndez Salmón, después de leer algunos de sus primeros libros; pero después de Niños en el tiempo, que me pareció una novela fallida, y de este El Sistema, que me parece una novela que consigue ser exactamente lo que quiere ser, sin que eso sea necesariamente una cualidad, mi fe empieza a debilitarse. De hecho, creo que El Sistema repite algunos de los errores de Niños en el tiempo, y añade otros nuevos.

Vamos a empezar por contar el argumento: El Sistema es una novela distópica (sí, la distopía parece ser uno de los géneros de moda); se sitúa en un universo alternativo, en el que tras la Segunda Guerra Mundial -aunque no se mencione con ese nombre- se ha abierto un nuevo periodo en la historia de la Humanidad: la Historia Nueva. En este universo se ha desarrollado el Sistema, un conjunto de "islas" controladas por sistemas panópticos de vigilancia y que están en constante alerta contra los Ajenos, los bárbaros que no pertenecen al Sistema. El protagonista, simplemente denominado como el Narrador, forma parte de este mecanismo de vigilancia externa e interna, hasta que el Sistema comienza a agrietarse y todo su mundo se desmorona...

Quienes concedieron el premio Biblioteca Breve a esta novela dijeron que era "una novela de ideas [...] que abre caminos en la narrativa contemporánea". Me temo que tienen razón en cuanto a lo primero, pero no en cuanto a lo segundo; porque distopías como El Sistema hemos visto ya muchas (y obviamente 1984 es la madre de todas las distopías que han venido después) y esta novela hace poco por apartarse de esos modelos anteriores en cuanto al universo que construye.

Y tienen también razón, decía, en lo de que es una novela de ideas, pero a diferencia de ellos yo no lo veo como una cualidad (por lo menos, no en este caso). Esta es una novela a la que se le ve demasiado el andamiaje, y a la que se le ve demasiado el fondo filosófico que su autor (licenciado en Filosofía, de hecho) quiere proyectar. Para dar solo un ejemplo, la isla en la que vive el Narrador se llama Realidad, y está compuesta por "diecisiete sustancias" que tiene "atributos" y "accidentes". Desde Platón a la Filosofía del Lenguaje, por supuesto con una sombra de Foucault, da la impresión de que Menéndez Salmón ha escrito la novela pensando en las tesis que se van a escribir sobre ella (y seguro que se escribirán) más que en crear un artefacto literario en sí mismo.

La mención a la Filosofía del Lenguaje, por cierto, no es arbitraria: el lenguaje (el Logos, el conocimiento, el saber) es uno de los grandes temas del libro, y casi siempre que aparece es en un tono celebratorio: el lenguaje crea el mundo, la literatura nos salva, narrar es comprender. Personalmente, me desagradan este tipo de autoglorificaciones, bastante comunes entre los poetas y algo menos entre los narradores. Prefiero mil veces a un escritor que desconfíe del lenguaje y lo trate como se trataría a un explosivo, que a uno que se proclame el Gran Explicador de Todo lo que Existe (y eso es precisamente lo que hace el Narrador en la novela, y me temo que Menéndez Salmón también, a través de él).

Creo que no es casual, por eso, que los dos últimos libros de Menéndez Salmón compartan un mismo problema: un estilo pedante, efectista, rebuscado, que es coherente con esta imagen de importancia autoatribuida. Quizás el autor haya intentado escribir en un estilo arcaizante para ir en consonancia con las referencias clásicas (que son bastante abundantes), pero para mi gusto usar expresiones como "pecio derrelicto", "antes esfinge que ménade", "arúspices" o "auriga invisible", no hacen que disfrute más de la lectura. También tengo una sospecha: que si se eliminasen del texto las bimembraciones y trimembraciones innecesarias, la novela perdería unas cincuenta páginas.

No me gusta ser tan duro con una novela, porque ya se sabe que en este blog somos "buenrollistas" y nos gusta hablar bien de los libros; pero confieso que solo he terminado El Sistema para poder escribir este reseña (y porque tiene 250 páginas, si llega a tener doscientas más, lo abandono). No es este el mejor libro de su autor, ni el mejor libro de su género; quien quiera leer fábulas post-apocalípticas, que lea La carretera de Cormac McCarthy, Los últimos de Juan Carlos Márquez o los relatos de Anna Starobinets. Se lo pasará mucho mejor.

También de Ricardo Menéndez Salmón en ULAD: La ofensaEl correctorNiños en el tiempo

martes, 22 de diciembre de 2015

ULAD: Nuestros libros del 2015

Montuenga

Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna 
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloróde Irvin D. Yalom

Juan G. B. 

Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.

Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea 
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre 
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich

Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orillade Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Para sumergirse en la Historia: Los Austriasde John Lynch
Clásico recuperado (y con mucho gusto): Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán
Tocho superlativo del año: Las mil y una noches (la reseña, antes de fin de año)

Francesc Bon 

Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo. 
De este año no pasa: que encuentre unas semanas para apartarme del mundo y lea El día del Watusi de Francisco Casavella.
El libro que marcó mi añoSumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésitaunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personalSantiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.

Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Madres de libro: Placenta de Alaine Agirre

Idioma original: 
euskera
Título original: Karena
Traductor. Xabier Mendiguren
Año de publicación: 2021
Valoración: entre está bien y recomendable 
 
Acabamos esta serie de libros sobre madres y maternidad, con un libro que no recomendaría a ninguna mujer que estuviese embarazada, o que acabase de ser madre, o que esté pensando siquiera lejanamente en ser madre. No porque el libro sea malo, sino porque habla sobre las dificultades, penas y dolores de la inseminación artificial, del parto, y de la muerte de un recién nacido con una crudeza que quita las ganas de acercarte siquiera a cien metros de un niño. Se une así a Tienes que mirar de Anna Starobinets, La hora violeta de Sergio del Molino, Mortal y rosa de Francisco Umbral o El nadador en el mar secreto de William Kotzwinkle en la galería de libros terribles sobre la pérdida de un hijo; lecturas muy recomendables en muchos casos pero que es mejor no leer si se está con el ánimo pocho. (Antes de que venga nadie a acusarme de hacer spoiler, en realidad es la propia novela la que lo hace por mí, porque comienza con la noticia de que el feto no es viable y va a tener que ser "extraído" del vientre de su madre...).
 
A partir de ese punto, la historia da un salto hacia el pasado, para presentarnos a Sara, la futura (no) madre, y a su novia Adri, y el largo y duro camino que deben recorrer para conseguir que Sara, que realmente quiere ser madre (no así Adri) se quede embarazada: inseminación artificial primero, fecundación in vitro después, varios intentos fallidos, hormonas, efectos secundarios... Por fin, Sara consigue quedarse embarazada, pero, como ya hemos visto, sus esperanzas se ven nuevamente truncadas por el infortunio. La parte final de la novela se centra en el duelo de Sara por su niño perdido, un proceso de sanación y memoria doloroso y solitario. 
 
En fin, la alegría de la huerta.
 
Para trabajar un tema tan duro, Alaine Agirre toma varias decisiones que me han parecido acertadas. Una de ellas es dividir la narración en capítulos relativamente breves: de una página los más cortos, tres o cuatro los más largos. De esta forma, la experiencia de Sara se nos presenta a través de retazos o escenas fragmentarias (lo que, como sabe cualquier persona que haya leído El edificio, es una de mis formas favoritas de narrar). Además, hay una alternancia creo que bastante pensada entre fragmentos focalizados en Sara, cargados de emoción y de dolor, y otros en que se adopta una perspectiva y un lenguaje más centrados en la exterioridad, recurriendo al léxico médico y a la descripción neutra. 
 
En otros sentidos, con todo, el libro se me ha hecho algo pesado, y no solo por la tristeza que rezuman casi todas sus páginas. Hay una cierta circularidad de algunas escenas y expresiones, y la decisión de contar desde el inicio el desenlace del embarazo, aunque puede servir para mitigar el impacto emocional que supondría presentarlo más tarde, al mismo tiempo tiñe de amargura todo el resto de las fases del proceso, de forma que no podemos implicarnos de la misma forma en las esperanzas de Sara, sus sucesivas tentativas de quedarse embarazada, los sufrimientos y maravillas del embarazo... Creo que algún contraste esperanzador o simplemente bonito habría ayudado a crear un contraste con la dureza de la historia principal...
 
En definitiva, se trata de un libro duro, difícil, bien escrito y estruturado; una interesante aportación a la narrativa vasca actual (en la que el tema de la maternidad había sido tratado, desde coordenadas muy diferentes, por Katixa Agirre en su Amek ez dute / Las madres no), aunque su lectura no sea precisamente plato para todos los gustos...
 
Otras obras de Alaine Agirre en Un Libro al Día 

lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).

lunes, 7 de marzo de 2022

Reseña + Entrevista: Ruidos humanos de Carlos Pitillas Salvá

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable

Ruidos humanos es una antología que compila doce relatos. Doce relatos en los que se aprecia una querencia por lo oscuro, inquietante y extraño. 

Algo que valoro de estos cuentos es que, pese a las afinidades que los hermanan, son muy distintos los unos de los otros. Al fin y al cabo, exhiben tonos, registros y temáticas la mar de variados.

Me han gustado todos, pero querría destacar los que me parecieron más logrados. Aviso, eso sí, de que en una relectura podría decantarme por favoritos diferentes, porque la calidad general es tan uniforme que cuesta tener predilecciones individuales.

  • "Beber por fin de los charcos" inaugura esta colección y desde el vamos deja claro que hemos venido aquí a retozar en el barro de la miseria y la crueldad. ¡Contad conmigo! 
  • "La cosecha" emplea elementos fantásticos para reflexionar sobre el paso de la infancia al mundo adulto, los cambios que acarrea la pubertad y las desigualdades sociales. 
  • "Hilera de umbrales descendentes" es un magistral ejercicio de suspense, tensión y misterio cuyo cierre te deja con el culo torcido. 

Por ponerle alguna pega a las historias de Ruidos humanos, diría que a veces son excesivamente opacas y que su prosa poética no siempre funciona para comunicar ciertas cosas. Aunque debo recalcar que este par de defectillos son tan discretos, por puntuales e imperceptibles, que lejos están de lastrar al conjunto. 

En definitiva: Carlos Pitillas Salvá, psicólogo que hasta ahora sólo había publicado libros de no ficción, es un escritor a tener en cuenta. Su obra narrativa, tan personal y madura como imaginativa, hará las delicias de los amantes de la literatura siniestra e incómoda. También servirá para recordarnos una vez más que el terror es un género para nada reñido con la factura artística y el manejo de temas profundos.


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Carlos ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Buenas, Carlos. Creo que los libros que has publicado ya dan una idea al respecto, pero te lo pregunto de todos modos: ¿qué clase de intereses literarios tienes?

C.P.S.: Me interesa cualquier tipo de literatura inquietante. Este es un término que me convence porque apunta hacia ese componente de extrañamiento y desviación que tienen algunas obras, pero que no es necesariamente fantástico. Por ejemplo, muchos de los relatos de Raymond Carver son literatura inquietante, a pesar de ser realistas. Lo mismo pasa con la literatura de Tobias Wolff o con algunos relatos de Hemigway. Creo que Julio Cortázar (que sí se movió en el territorio fantástico) fue una de mis primeras ventanas a esa literatura en que lo cotidiano se ve atravesado por algo "otro", una anomalía que revela aspectos no reconocidos de nuestra experiencia. Hay una serie de autores, muy diferentes, que para mí comparten algo de todo esto. Una lista incompleta de estas voces podría incluir a J.G. Ballard, Toni Morrison, Carmen María Machado, Anna Starobinets, Jon Bilbao, Mariana Enríquez, Nadia Bulkin, Shirley Jackson, Ryu Murakami o David Vann.  

ULAD: ¿Has notado diferencias al saltar de la no ficción a la narrativa?

C.P.S.: Sí, para mí son escenarios muy diferentes de escritura. Mi relación con el ensayo es siempre más fácil, porque me dedico a impartir clases. Casi todos los días estoy delante de alumnos a los que debo trasladar una información compleja en un formato accesible. Ese trabajo de síntesis y articulación se mueve con muchísima naturalidad hacia el ensayo, lo que hace que los "protocolos" de este género me pillen más cerca que los de la ficción. Escribir ficción, en mi caso, se parece mucho más a un parto prolongado (y a veces un poco más sanguinolento de lo que me gustaría).  

ULAD: Tengo la impresión de que, de un tiempo a esta parte, el género de terror coquetea con mayor frecuencia con lo "weird", lo insólito y lo extraño. Tú mismo recurres a esta clase de recursos. ¿Qué efectos crees que transmiten?  

C.P.S.: Estoy de acuerdo contigo, y creo que ese coqueteo del que hablas es una estupenda noticia, porque conecta al género con uno de los que probablemente fueron sus objetivos originales: sacar a luz los complejos, las heridas, los monstruos que se esconden tras el velo de racionalidad y de orden con el que vivimos cotidianamente. En el siglo XIX, en plena época de entusiasmo ilustrado, el terror vino a decirnos que el sueño de la razón tiene un envés monstruoso. Esa es una tesis que exploré hace poco en su ensayo coescrito junto con Ismael Martínez Biurrun; en dicho texto, investigamos la relación del fantasma y de otros monstruos del cine de terror contemporáneo con los traumas que no hemos sido capaces de procesar o las partes de nuestra identidad que reprimimos. Creo que el terror, lo insólito y lo extraño se encuentran y establecen una relación muy orgánica cuando coinciden en este proyecto de desvelamiento.

ULAD: El estilo de los relatos de Ruidos humanos es, cuanto menos, peculiar. ¿Bebe de fuentes concretas o surge espontáneamente?

C.P.S.: Creo que procede de las mismas fuentes de las me viene el interés por lo inquietante en la literatura. Los autores que he mencionado antes tienen todos una gran capacidad para escribir de una forma en la que se manifiesta eso que Mark Fisher describió, si no recuerdo mal, como "la ausencia de algo que debería estar ahí, o la presencia de algo que no debería estar ahí". El lenguaje, en esta literatura, va más allá de lo denotativo para encarnar esa extrañeza o esas desviaciones y, por eso, casi siempre es un lenguaje ligeramente "anómalo". No estoy seguro de haber logrado algo así con Ruidos humanos, pero sí tengo claro que me interesa ese fenómeno a través del cual la forma de contar algo es una herramienta para generar significado. 

ULAD: Me ha encantado cómo enfocas a los protagonistas de tus historias; ni los glorificas ni los demonizas. ¿Quizá tu visión del ser humano tiene algo que ver en el asunto? 

C.P.S.: Creo que sí, aunque nunca había pensado en esto. Los personajes tienden a dibujarse solos cuando escribo la historia, que es lo que suele exigirme un mayor esfuerzo consciente. Creo que muchos personajes de Ruidos humanos están tocados por alguna experiencia traumática, por alguna pérdida o alguna forma de desamparo, y eso es algo que se hace evidente en los cuentos. Bajo esa luz, supongo, incluso los personajes más indeseables tienen su herida y son víctimas de algo. Me alegra mucho que hayas tenido esta sensación al leer el libro. 

ULAD: ¿A día de hoy estás trabajando en otros proyectos? En caso afirmativo, ¿puedes darme detalles?

C.P.S.: Llevo algunos meses redactando trozos de un ensayo sobre psicoanálisis, y juntando piezas sueltas de un relato que me está quedando más largo de lo habitual. Pero aún es pronto para decir algo más concreto sobre cada uno de estos atisbos de proyecto.