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viernes, 20 de agosto de 2021

Laurent Binet: Civilizaciones

Idioma original: francés

Título original: Civilizations

Traducción: Adolfo García Ortega

Año de publicación: 2020

Valoración: Se deja leer (como mucho)


Pasatiempo literario de verano

Responda verdadero o falso respecto de estas afirmaciones sobre el libro Civilizaciones, de Laurent Binet:

  1. Se trata de una ucronía según la cual fueron los incas quienes conquistaron Europa, y no al revés
  2. Es una novela entretenida, de asunto original y fácil de leer
  3. Utiliza a los personajes históricos con sutileza, profundiza en su personalidad y la pone al servicio de la trama. Todos tienen su razón de ser, sin rellenos ni adornos
  4. El relato se construye con lógica histórica, adecuando el ritmo a los acontecimientos clave y utilizando pausas para incidir en los cambios sociales
  5. Muestra con habilidad la dificultad de los invasores para adaptarse al nuevo mundo, y de este para asumir cambios que contradicen una tradición de siglos
  6. Binet se expresa como narrador con un lenguaje coherente, asumiendo como propia la lenta progresión de los conquistadores en el dominio de la lengua del Levante (Europa)
  7. Resulta muy interesante el contraste de culturas, yendo mucho más allá de lugares comunes y simplificaciones. Se deja ver un análisis de trazo fino 
  8. Igualmente, el recurso a hechos históricos reales es medido y equilibrado, utilizando únicamente los que aportan verosimilitud al relato
  9. Se huye de la caricatura o la simplificación, y el rigor en la exposición hace olvidar que estamos ante una ficción
  10. Es, en definitiva, una obra excepcional, no solo por su originalidad, sino sobre todo por la maestría en plasmar esa audacia creativa en un texto serio, con lo que adquiere un punto estremecedor.

Si ha marcado usted Verdadero:

  • Tres o menos veces: es usted el tipo de lector huraño, demasiado exigente y poco abierto a un sano entretenimiento sin complicaciones aunque con una notable carga de erudición 
  • Entre cuatro y ocho: el verano hace mella en su gusto lector y, sin plantearse mucho más, ha disfrutado de esa lectura ligera, algo que tanto agrada bajo una sombrilla o en una terraza sorbiendo un gin tonic a poquitos
  • Nueve o diez respuestas Verdadero: no ha leído usted el libro.

oooooOooooo

Pues menudo veranito que llevamos en materia de narrativa, menos mal que han venido a salvarme algunas cosillas de otros géneros. Yo soy, lo confieso, de aquellos a los que Seix Barral les sigue imponiendo un respeto, aun conociendo el cambio de rumbo de los últimos tiempos. Esas cubiertas sobrias y elegantes, con su inconfundible tipografía y una imagen contenida sobre fondo blanco, transmitían en el acto sensación de calidad, dentro casi siempre había algo de bastante valor.

Como habrán podido deducir, esta vez no es así en absoluto, o casi. Una idea original, no lo dudo, pero poco más. O mejor dicho, afinando: una prosa vigorosa, ágil, que seduce nada más empezar, y algunas ocurrencias afortunadas, como la de los vikingos que alcanzan Cuba (con ecos de Juego de tronos) o la llegada de las naves a Lisboa justo después del terremoto (debe ser el de 1531). 

Pero por lo demás esto podría ser una Historia de Europa contada a los niños, o una de esas recreaciones que de vez en cuando nos ofrecen Los Simpson (para no pecar de frívolo, me abstengo de elucubrar qué personajes encarnarían los amarillos habitantes de Springfield). Más aún, Binet podría escribir un segundo tomo de otras cuatrocientas páginas empezando por decirnos de una vez qué coño pintan exactamente esos mexicanos que a su vez desembarcan en Francia, o quién demonios es el narrador que se insinúa de vez en cuando. O para contarnos, qué sé yo, tal vez una tercera invasión, esta vez de indios norteamericanos o de bosquimanos, o las conquistas de un Napoleón chino vencedor de Waterloo. Puestos a inventar, casi todo es posible; pero para construir una novela no basta acumular ocurrencias, hay que seleccionar, jerarquizar, darle lógica y coherencia, muchas cosas que Binet no hace.

Pero estamos en verano, y uno se siente indulgente al calorcito y con el suave sonido del mar. Salvemos de todo esto esa primera parte con las desventuras del pobre Colón, algunos pasajes bien montados en formato epistolar, y el loco periplo de Cervantes, pegado de mala manera en la parte final, pero que tiene cierta gracia. Por lo demás, igual a alguno de nuestros lectores, de esos que le pondrían muchos verdaderos al test, les agrada este tipo de híbridos de pasatiempo y erudición. A mí, al menos en este caso, no. Incluso me fastidia más porque el libro fue un regalo que me hubiera gustado apreciar bastante más.

También de Laurent Binet en ULADLa séptima función del lenguajeHHhH

sábado, 8 de abril de 2017

Colaboración. Laurent Binet: La séptima función del lenguaje

Idioma original: Francés
Título original: La Septième Fonction du langage
Año de publicación: 2016
Valoración: Decepcionante

Reconozco haber alabado el puro gesto de esta novela apenas me enteré de su publicación, y no me arrepiento, quién no se maravillaría ante tamaña mescolanza de asuntos en apariencia incongruentes: la muerte “accidental” del semiólogo más famoso del siglo pasado, Roland Barthes, como leitmotiv de una trama detectivesca; un policía, el inspector Bayard, y un profesor de lingüística, Simon Herzog, (arquetípica dupla literaria: el aventurero y el cerebrito) que buscan sino la verdadera importancia de una supuesta séptima función del lenguaje esbozada secretamente por Roman Jakobson, el lingüista ruso, en algún manuscrito perdido o episodio olvidado de la historia. Bueno, hasta aquí bien, excelente, mucho dato, las referencias supuran, rebrotan causando atracciones casi involuntarias.
Y es cuando leo el primer capítulo, que a pesar de una prosa que tiende a parecerse, muy a su pesar, a la prosa de Dan Brown, logra cautivarme por sus cambios de tonalidad: apreciaciones ensayísticas que pasan luego a relatar vertiginosamente algunas escenas de acción sin notársele las costuras. Todo bien. Paso al segundo capítulo, y noto que los recursos siguen incólumes, pero, atención, ya no sé si se trata puramente de un policial, o de un desfile de personalidades históricas, o de postales intelectualoides matizadas, muy a la fuerza, con retratos a lo Easton Ellis de fiestas endemoniadamente gringas pero contextualizadas en la Francia de principios de los 80. A esta altura la verdad es que ya no tengo mucha idea de qué trata. Y no es esto lo que precisamente desvía mi atención, algo que suele ser una característica que le perdono a gran parte de los pocos experimentos narrativos que he leído, sino lo que verdaderamente me preocupa es que a esta altura, a las ya tanta y pico páginas, no sepa aún diferenciar quién es Herzog y quién es Bayard. Expresando los mismos pensamientos y gestualidades, es como si se tratara de los dos nombres de un mismo personaje.
Me doy cuenta, pues, con lamentable entusiasmo, de que el libro es una pirotecnia hábilmente conducida más que un libro propiamente tal; el autor falla en los requisitos mínimos de la coherencia de los personajes, los cuales se muestran planos —como se dice en la jerga—, iguales todos, y no sin falta, mal presentados. No creo tampoco que el poco trabajo con los personajes sea una falta intrínseca. Por ejemplo —guardando las proporciones por supuesto—  los personajes del uruguayo Juan Carlos Onetti hablan todos como Onetti, pero Onetti es Onetti, y en eso no es pecador, es su estilo. Pero Binet, ya, digámoslo, publicó una primera novela muy buena (HHhH, Seix Barral, 2011) en la que ya jugaba con aquel manido recurso del autor-personaje, y que no tuvo estos problemas de delineamiento, pues de cierta forma ya estaban todos creados: un personaje histórico como Heydrich y sus verdugos, y el otro, él mismo, Laurent Binet. Pero ahora se le fue la mano. Con qué poca pericia nos retrata a un Foucault luego de una clase repitiendo como un mono los presupuestos de la biopolítica, o a un Sollers a la mesa con Althusser y Lacan, sobreexcitado y lanzando disparates, escenas que nos recuerdan más a capítulos de Padre de familia o de Friends que a una novela con estas pretensiones; una parodia, una escenificación demasiado plástica, sin el rumor de verdad que pugna en la buena ficción, es decir, lo creíble a pesar de la mentira. Binet, pues, a mi parecer, en ésta, como narrador, fracasa con bombos y platillos.
Hay algo que si bien debería seguir aplaudiendo en esta novela (lo que a grandes rasgos, o en una fórmula sumamente sucinta, resumiría como pop + docto), pero la descomunal falla narrativa acaba por opacarlo todo. Ciertos procedimientos se pasan de tal manera por alto que todas estas reuniones intelectuales en casa de la familia Kristeva-Sollers, o estas extravagantes fiestas a las que asiste un Foucault recién rapado y con chaqueta de cuero, quedan como meras anécdotas ficticias y blandas que hacen usufructo de personajes reales. Y, lo repito, es lamentable que a medida que uno siga avanzando en la lectura no haga más que hastiarse de trucos repetidos, de estos retratos supuestamente cómicos de un Sartre en las últimas, de un eventual presidente Mitterrand, de un joven aún Umberto Eco, donde más que provocar risa (pues los personajes son reconocibles, y en eso el lector atento exige un poquito más de altura en el tratamiento, pues los concibe en toda su complejidad) te dejan descolocado. Por eso al mostrarlos meramente como la superficie, como el puro símbolo vacío: Foucault pervertido y calvo, Barthes pollerudo y gay, Althusser autista y neurótico, Lacan sucinto y grave, es que no logra conmover, y todo parece una farsa, un disfraz demasiado gesticulado. Y con ello, acarreando largamente el aburrimiento del lector, el verdadero atractivo queda menospreciado: el policial y su velocidad. Dos ruinas por pretensioso. El policial se ufana en su intermitencia, en su cruce forzoso de perfiles intelectuales; y los propios intelectuales, interactuando entre ellos como humoristas de stand up comedy, ya no nos arrancan ni una sola risa.


Firma: Ziben de Sastia

También de Laurent  Binet en ULAD: HHhH

lunes, 12 de noviembre de 2012

Colaboración: HHhH de Laurent Binet

Idioma original: francés
Título original: HHhH
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable


En esta su primera novela, Laurent Binet cuenta una historia que escuchaba de niño. La hazaña de dos hombres, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, uno checo, el otro eslovaco, que apoyados por los gobiernos británico y checo (en el exilio) llevaron a cabo la “Operación Antropoide”, un atentado contra Reinhard Heydrich, cuando comandaba la ocupación alemana de Bohemia y Moravia en 1942.

Heydrich era uno de los oficiales favoritos de Hitler. Eficaz, despiadado, leal. Binet logra retratarlo a la perfección en la primera parte de la novela, partiendo de una perspectiva insegura, de la voz de un escritor que se sabe dueño de una información valiosa, casi testigo de la historia, pero que se niega a contarla como ficción. Recuerda un poco el problema que confiesa haber tenido Javier Cercas con la primera versión de Anatomía de un instante al creer que no funcionaría como novela.

Binet duda constantemente, pero su duda no es contemplativa, es una duda narrada que aparece entre los pasos de sus héroes y las decisiones de su villano. Una duda que crea una atmósfera de guerra sin recurrir a las bombas y a los fusiles. Su temor consiste en no hacerle justicia a la historia, en permitir que estos héroes terminen convertidos en simples personajes.

Y es que, cuesta creer que estos dos hombres hayan logrado internarse en territorio ocupado, prácticamente sin levantar sospechas. Investigaron la rutina de su víctima y decidieron el mejor momento para atacarlo. Todo esto a pesar del férreo control que mantenían el propio Heydrich y sus oficiales.

Capítulos cortos, imágenes claras, frases certeras, van marcando el camino hasta el día del atentado y los siguientes, que ocupan la segunda parte del libro. Entonces Binet se enfrenta con los baches de su investigación, sabe que le faltan detalles pero no pierde el impulso, en este punto el libro se va pareciendo cada vez menos a una novela y se convierte en un rompecabezas que nos empeñamos en completar.

Firmado: M.C.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Philip Kerr: Praga mortal

Idioma: inglés
Título original: Prague fatale
Año de publicación: 2011
Traductor: Alberto Coscarelli
Valoración:  Muy recomendable

El escritor escocés Philip Kerr es autor de muchos libros apreciables (como la notable novela policíaca Una investigación filosófica), varios de ellos dedicados a la literatura juvenil. Pero comenzó su carrera literaria publicando, entre 1989 y 1991, la conocida como "Trilogía berlinesa" o Berlín noir, tres novelas protagonizadas por el detective alemán Bernie Gunther, y que se desarrollan antes y después de la II G. M. Años después, Kerr recuperó al personaje y siguió escribiendo novelas de Gunther; ya lleva nueve, que abarcan desde la primera etapa del régimen nacionalsocialista, hasta los años 50, en escenarios como Argentina o Cuba.

Gunther, antiguo policía de la Kripo (Kriminalpolizei), obligado a volver a su puesto oficial e incluso a formar parte de la siniestra SD o Sicherheitsdiesnt  (servicio de inteligencia de las SS), es un detective carismático y algo ambivalente; duro, sarcástico y expeditivo, también puede ser irónico y sutil, si es necesario. Su temprano desprecio por los nazis pronto se torna en odio, aunque a menudo trabaja para ellos, llegando a formar parte de un batallón de policía en el frente oriental, durante la guerra.  Pero al finalizar ésta,  también se dedica a perseguir a criminales nazis, antiguos (o nuevos) espías...  cuando no es él mismo quien debe huir, acusado de serlo. Todo un personaje, que parece encarnar las contradicciones de la Alemania de aquellos años. 

En esta novela, ambientada en plena guerra,  en 1941, Bernie Gunther se mete de lleno (o le meten) nada menos que en la guarida del nazi más malo de todos, el nazi al que los demás nazis tenían pavor... Sí,  quienes hayan leído HHhH, de Laurent Binet, ya lo habrán adivinado: se trata del mismísimo Reinhard Heydrich, Reichprotektor de Bohemia y Moravia; el único alto jerarca del régimen que la Resistencia pudo asesinar (o no... habrá que leer esta novela para saberlo). Gunther es invitado a su residencia campestre, cerca de Praga (en realidad, Heydrich es su superior en la SD) a una reunión de fin de semana repleta de Obergrüppenführers, Standartenführers, Hauptsturmführers y demás oficiales de las SS uniformados por Hugo Boss.

En esta jacarandosa reunión se produce un asesinato -enésima variante del misterio del cuarto cerrado- y Gunther se ve metido en una especie de versión perversa de una novela de Agatha Christie (y la comparación no es gratuita, lo puedo asegurar), obligado a buscar a este asesino particular... entre toda una caterva de asesinos (porque buena parte de los personajes que aparecen son reales y responsables directos de la muerte de miles de personas... si no muchas más: el propio Heydrich, recordemos, fue el organizador teórico de la  llamada "Solución final"). Todo ello, con el trasfondo del espionaje checo en la propia Alemania.

Ahora bien, como contrapunto a este divertimento detectivesco,  a esta especie de Cluedo en versión nazi (y como suele hacer en las novelas de Gunther), Philip Kerr nos reserva también un momento para la violencia más brutal e inclemente, como si quisiera recordarnos -o recordarse a sí mismo- que aunque ahora tomemos todo esto como un juego de soldados de plomo con vistosos uniformes y retórica pomposa, aquella fue una de las épocas más atroces y despiadadas que ha conocido la Humanidad,  generadora de sufrimiento -al menos en términos cuantitativos- como ningún otro momento de la Historia.

Así, el regusto que nos deja la novela no puede sino ser amargo, pues resulta imposible olvidar las atrocidades cometidas en la realidad por esos personajes (y no sólo ellos, Y no sólo los de ese bando), por más que los hayamos convertido en meros figurantes de la Historia o, en este caso, la literatura. Igual que amarga es la conciencia del duro y sarcástico,  pero aún más desdichado, Bernie Gunther, condenado a ser alemán en un momento en que su país parecía haberse convertido en una de las recámaras del Infierno. Y él mismo, en uno de los demonios.

martes, 14 de enero de 2014

Colaboración: Limónov de Emmanuel Carrère

Idioma original: francés
Título original: Limónov
Año de publicación: 2011
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: Muy recomendable
Esta biografía novelada del escritor ruso Eduard Limónov ha sido uno de los acontecimientos literarios en España en el 2013, así como lo fue (o quizás porque lo fue) en Francia en el 2011, donde además recibió una buena ración de premios, entre ellos nada menos que el “Prix des prix”, el premio al mejor de los libros premiados ese año (¿se imaginan algo parecido aquí? Habría que elegir entre el Planeta, el Nadal, el Biblioteca Breve, el Primavera…. En fin, mejor no demos ideas).

El autor, Emmanuel Carrère, tras reencontrar a Eduard Limónov como opositor a Putin, habiéndolo conocido años atrás como escritor trasgresor en Paris, interesó por su azarosa trayectoria y decidió contárnosla. Una buena idea, sin duda; primero, porque la vida de escritor-delincuente-guerrillero-político-agitador de Limónov da no sólo para una estupenda biografía, sino que ésta prácticamente se escribe sola (más aún cuanto que, al parecer, el propio Limónov ya se había dedicado a contar en sus libros todos sus avatares, con profusión de detalles escabrosos, pues se trata de uno de esos autores que escriben básicamente sobre sí mismos). En segundo lugar, fue una buena idea porque a Carrére le ha salido un libro absorbente, vibrante, que se lee de una sentada y se echa de menos cuando termina. Y no sólo por lo insólito o aventurero del protagonista, sino por el mundo que retrata: una Unión Soviética más gris, cutre y doméstica que opresiva, pero también vital, orgullosa de sí misma… (¿quizá esa vitalidad  fuera consecuencia de la juventud, no del entorno que envolvía al personaje?). Una Rusia en permanente “zápoi” (se explica muy bien lo que es en el libro), estupefacta tras su penúltima debacle. Y un Occidente veleidoso y cruel, bajo su opulencia decadente…

La única pega a esta biografía, por ponerle alguna, es la excesiva injerencia, a mi juicio, de la figura del autor y sus circunstancias (en la línea de otros escritores franceses, como Houellebecq o Beigbeder, pero  también Laurent Binet en “HHhH”). Tal vez lo haya hecho para resaltar así el origen proletario de Limónov y su férrea voluntad de convertirse en alguien, en un héroe o una estrella (aunque sea del fracaso), a costa de todo tipo de aventuras y peripecias, frente a su propia y aburrida vida de hijo de la burguesía intelectual, él mismo escritor de gran éxito, además… (casi llega a dar pena, el pobre). Aunque, ciertamente, esta presencia un poco chapucera del propio Carrère nos sirve para encontrar dónde está el intríngulis de la historia, que aen mi opinión, trata de la oposición (o complementariedad) entre la creación de una obra literaria (que es lo que hace Carrère) frente a la creación  (o autocreación) de un personaje literario ,que es lo que hace Limónov, ya desde un principio, desde que es un jovenzuelo que decide ser no ya un bandido, sino el rey de los bandidos, no sólo un poeta, sino el más grande de los poetas, no sólo político, sino el salvador de todo un país... (y eso, para acabar pasando a la Historia, tal vez, como el protagonista de un libro… escrito por otro).

Y si bien su figura nos puede parecer incluso irrisoria o infantil (sobre todo en sus escarceos bélicos), ególatra, fanfarrona, oportunista… seguramente reflejo de una personalidad acomplejada, no deja de poseer también cierta grandeza de espíritu (incluso mucha, en ocasiones, según nos trasmite su biógrafo); y aunque le intuyamos más bien vacuo y algo gilipollas, no deja de caernos bien, el tipo, pese a que por momentos nos parezca un trasunto mal fotocopiado de Johnny Rotten o Boris Vian, de Trotsky o incluso el Brad Pitt de “El club de la lucha”. O un místico de tres al cuarto, futuro gurú en la meseta de Altai. La biografía, si ésta era su intención, resulta eficaz: al final del libro, uno le ha cogido cariño al tal Limónov, se promete no perderle de vista y siente curiosidad por leer alguno de sus libros. A ver si, encima va a resultar no ser un mal escritor, y todo.

En resumen, una lectura muy recomendable. Y ante todo, muy adictiva.

También de Emmanuel Carrère en ULAD: Aquí

Firmado: Juan G. B.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Jiří Weil: Mendelssohn en el tejado

Idioma original: checo
Título original: Na strese ja Mendelssohn
Año de publicación: 1960
Traducción: Diana Bass
Valoración:  muy recomendable

Pues sí. Aún hay novelas sobre el holocausto capaces de sorprender. De indagar en lugares desconocidos o simplemente no tan presentes en otras. Casi me da rabia porque veo que no hay un término que defina mejor esta novela que deliciosa. Pero hay que quitarle las connotaciones cursis, para aclarar que esta es una historia trágica que se apoya en situaciones cercanas a la comicidad.
Praga ocupada por los nazis mientras las noticias que llegan, pocas, filtradas, del frente ruso, indican un cambio drástico de la evolución de la guerra. Las ciudades alemanas bombardeadas. Praga a salvo. Con toda la maquinaria represora funcionando a pleno rendimiento, arraigada hasta el tuétano en una población hambrienta, mermada, deprimida, temerosa pero manteniendo, dentro de lo que su debilidad física y psicológica les posibilita, un hálito de dignidad. Una ciudad infestada de odio, traición y desconfianza. Heydrich ha puesto en marcha la solución final y el día a día en la ciudad, ya no digamos en el ghetto, es una pesadilla sacudida por los constantes sobresaltos. Inspecciones en casas, a la búsqueda de los judíos que la población de buena voluntad intenta ocultar. Asaltos, detenciones arbitrarias en casas, en la calle. Listas de ejecuciones con intenciones tanto ejemplares como amedrentadoras. En cada esquina, en cada sitio medianamente transitado, de uniforme o de paisano, soldados, miembros de las SS o la Gestapo, colaboracionistas a cambio de algún cupón extra de comida, traidores por el gusto de serlo, supervivientes, ciudadanos asustados o amenazados. Y en medio de ese funesto escenario, un encargo casi jocoso. Dos lugareños reciben un curioso encargo: retirar la estatua de Mendelssohn, músico judío, de entre otras varias instaladas en un tejado. Encargo que hay que cumplir con diligencia y premura. Desobedecer una orden puede acabar muy mal en ese entorno. Pero nadie sabe cuál es la estatua de Mendelssohn. Y qué mejor pista que elegir aquella que tiene la nariz más grande. Pero ésta resultará ser la de Wagner.
Partiendo de esta escena, casi costumbrista, Weil desarrolla, con lenguaje coloquial, asequible, levemente moteado de los intraducibles vocablos alemanes que describen todas las divisiones y subdivisiones del aparato opresor, una serie de subtramas ligeramente relacionadas por idas y venidas de personaje y por ese inquietante advenimiento de lo peor.
Esa descripción del día a día de una ciudad intentando adaptar su transcurrir a las circunstancias, con su población conviviendo con seres con los que solo hay mutuo desprecio, es, seguramente partiendo de algunas experiencias personales del autor, a la vez fascinante y terrorífica. Todos los mecanismos abyectos van surgiendo, y aunque los elementos de truculencia son muy aislados, la facilidad de su lectura no evita que percibamos lo terrorífico de lo descrito. Picaresca, humanidad, empatía con el sufrimiento ajeno pueden compartir un destino que sea el patíbulo, Pero han de vivir. Roisinger, Rabinovic, Stankovic, Becvar. Sus andanzas en pos de una mejora patética, de una supervivencia por unas semanas, de aferrarse a una esperanza, nos arrastran como solo puede hacerlo la narración desde el conocimiento y la sinceridad.
Por cierto: la novela comparte un hecho curioso con una buena novela posterior: HHhH de Laurent Binet también usa, aunque en su caso es el motivo central, el intento de asesinato de Heydrich por parte de los miembros de la resistencia checa.
Espléndida presentación, costumbre en Impedimenta que no conviene pasar por alto.

También de Jiri Weil en ULAD: Vida con estrella

lunes, 16 de noviembre de 2015

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: por una parte, está bien; por otra, intragable


Hacía un porrón de años que no leía nada de Pérez-Reverte. Cuando escribo "porrón", me refiero a la época de los primeros Alatristes...¿cuánto hace ya de eso? ¿Doce, quince años? Por ahí... Lo menciono porque aunque me consta que él ha ido sacando libros con la regularidad de un metrónomo o un desfile militar (¿cómo no enterarse, con las campañas de promoción por tierra, mar y aire que suelen acompañar el lanzamiento de sus novelas?), yo no tenía mucha idea de por dónde han ido sus derroteros literarios; si sigue haciendo lo de antes o ha evolucionado hacia... yo qué sé, la autoficción metaliteraria. Por decir algo. 

Impelido por razones que no vienen al caso a leer su última novela, Hombres buenos, ahora puedo afirmar que Pérez-Reverte ha mejorado bastante como escritor: ya no abundan tanto los lugares comunes, los diálogos chulescos... los personajes apareen definidos por algo más que un patronímico chocante y dos o tres rasgos tópicos (ahora son cuatro. por lo menos); la narración se ha vuelto menos efectista y más reflexiva. A cambio, el libro también resulta más aburrido, me temo. También es verdad que la historia que nos cuenta no resulta especialmente trepidante: se trata del viaje -auténtico- que, a finales del siglo XVIII, realizaron a París dos miembros de la Real Academia Española de la Lengua con el objeto de adquirir, para tan venerable institución, una primera edición completa de la Enciclopédie de Diderot y D'Alembert, el no va más del saber científico y filosófico del momento. Una historia ésta que con seguridad le resulta especialmente cara a don Pérez-Reverte, pues no olvidemos -ni podemos hacerlo, puesto que él se encarga de recordárnoslo a lo largo de todo el libro- que también es académico de la RAE... pero una historia, en fin, que a pesar de los loables intentos del autor por darle vidilla a la trama, da como resultado una novela fundamentada, más que nada, en una recreación histórica minuciosa -y aparentemente bien conseguida, hay que decirlo- y en los constantes diálogos entre los personajes. Conversaciones que tratan sobre todo, como no podía ser de otra forma, de: 
1-Libros y autores de la época.
2-La disyuntiva entre tradición /modernidad o ciencia/ superstición (por no decir religión).
3-España; es decir: los males de España; los remedios a los males de España; la dificultad de aplicar los remedios de los males de España, etc... (toda una fiesta, vaya).

Los protagonistas, el marino don Pedro Zárate y el bibliotecario don Hermógenes, resultan una pareja dispar pero bien avenida (en la tradición de las buddy stories: Don Quijote y Sancho, el Gordo y el Flaco, Mortadelo y Filemón...); demasiado bien avenida, quizá, desperdiciando el juego que podrían haber dado sus desavenencias. Menos mal que a partir de un cierto momento se les incorpora el ínclito y revolucionario abate Bringas, (personaje también real, al parecer), para aportar la nota discordante. En todo caso, resulta incluso loable la idea de honrar la memoria de unos hombres que trataron, en la medida de sus posibilidades, de contribuir a desasnar a sus compatriotas (con eficacia harto discutible, como demostraron los dos siglos subsiguientes).

Para ser justos, hay que admitir que el resultado de estas casi seicientas páginas es una novela correcta, bien escrita y ambientada, de lectura fácil aunque, como ya he señalado, más bien aburridilla. Pero en fin, aconsejable a quien le gusten las recreaciones históricas y las novelas de corte convencional. Ahora bien... quizá no tan convencional porque resulta que Pérez-Reverte sí que se dedica, o al menos lo utiliza,  a ese recurso tan à la page que es la llamada "autoficción". Aunque sea una autoficción un tanto impostada: en efecto, don Arturo se coloca a sí mismo como personaje para contarnos sus cuitas, indagaciones y difíciles pesquisas para documentar esta novela como es debido (perfeccionista que es... y deja ver). Es un truco muy pillo, puesto que le sirve, por un lado, para colarnos así la información que, en rigor, debería de proporcionarse a través de la narración en sí. Y por otro, nos demuestra lo muchísimo que ha trabajado en la ambientación, a pesar de que tal cosa no se trasluzca siempre en la novela (por ejemplo: nos cuenta los muchos y venerables libros y cartografía que hubo de consultar para establecer la ruta exacta de Madrid a París en el siglo XVIII, con sus casas de posta, etc... y luego, apenas lo utiliza al contar el viaje). De paso, inserta como personajes a algunos de sus compañeros académicos, a quienes seguro se les hizo el culo gaseosa al verse inmortalizados en tan insigne obra.

¿Les parece que el tono de la reseña se ha ido agriando en el anterior párrafo? Pues sí, lo siento... pero si hay algo que me toca las narices -por no decir otra cosa- es esta puñetera moda de la autoficción, más aún si es fullera, como es el caso... ¿Quién les ha dicho a los juntaletras de turno que a los lectores nos interesan un pimiento su vida y circunstancias? Por lo que a mí respecta, acepto -a regañadientes- que lo haga Emmanuel Carrére, por ejemplo, que ha demostrado ser un buen escritor; paso por que lo haga Laurent Binet, que parece buen chaval. Incluso se lo puedo perdonar a... no sé, Paco Roca, que al menos tiene el doble curro de dibujar y escribir (a Cercas, por si alguien se lo está preguntando, no se lo perdono). ¿Pero a Pérez-Reverte? ¡Ni hablar del peluquín! Además, si quisiera saber algo -más- de su vida, para eso está twitter, que tampoco es que sea muy discreto, el hombre...

Vamos, jamais de la vie! (que es la manera fina de decir que en mi **** vida).

(Pido perdón si alguien se siente molesto por las palabras de mi último párrafo -excepto si se trata del autor del libro, claro está-, y les doy gracias a todos por su comprensión al permitirme el desahogo. Que tós semos personas humanas... ¿que no?).


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