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viernes, 21 de octubre de 2016

Colaboración: El libro de los Baltimore de Joël Dicker

Idioma original: francés
Título original: Le libre des BaltimoreTraducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

El libro de los Baltimore es el nuevo éxito editorial de Joël Dicker después de La verdad sobre el caso Harry Quebert. Comparte con esta última novela un misterio que se resuelve al final, la descripción de unas vidas perfectas que no lo son tanto, una narración en diferentes planos temporales y el elemento metaliterario de un libro sobre cómo se escribe un libro.

Joël Dicker demuestra una vez más su pericia como narrador y su capacidad para crear novelas realmente adictivas, con una intriga sabiamente dosificada, un acertado reparto de los indicios y una estructura en capítulos casi folletinesca, con un clímax al final de cada uno de ellos.

Si La verdad sobre el caso Harry Quebert tomaba como interrogante inicial "quién mató a Nora", a semejanza de Twin Peaks, El libro de los Baltimore parte de una situación llamada "el Drama" que cae sobre la familia protagonista y que descubrimos al final de la novela.

El narrador, Marcus, es el mismo que el de La verdad sobre el caso de Harry Quebert, un narrador plano como personaje, pero eficiente como contador de historias que descubre que nada es lo que parece, indefinido e ingenuo a veces, que queda fascinado por el modo de vida de sus tíos y primos, los Baltimore, durante su infancia y adolescencia en los noventa. Al igual que el narrador de El gran Gatsby cae rendido ante esa riqueza aparente de una época dorada que queda arrasada por la crisis del 29, Marcus siente una mezcla de admiración y de envidia por sus tíos y primos. Pero al igual que sabemos que esa belle époque se hizo añicos con el crack del 29, también sabemos que esos fabulosos años noventa tuvieron el despertar brusco de los atentados de 2001 y de la crisis de 2008. Así como la muerte de Gatsby puede ser interpretada como el fin de una era, el Drama que sufren los Baltimore cierra una etapa de prosperidad y felicidad solamente aparentes.

La novela se desarrolla a través de un juego temporal en tres fases: antes del Drama, inmediatamente después del Drama y en el 2012. Hillel, el primo de Marcus, es un niño superdotado pero no demasiado popular entre sus compañeros hasta que entra en escena, como en Cumbres borrascosas, un niño adoptado, Woodrow, que cambia para siempre el orden familiar. Los tres primos, Marcus, Hillel y Woodrow, hacen amistad con los hermanos Scott y Alexandra. Forman un club de los cinco durante aquellos maravillosos años que quizá no lo fueron tanto, durante aquella adolescencia idealizada llena de conflictos larvados que estallan al cabo de los años, un club de los cinco que se va quebrando poco a poco hasta desaparecer.

Cuando la universidad da paso al instituto y los celos a las competiciones deportivas, cuando cada uno de los integrantes de la pandilla lucha por encontrar su lugar en el mundo, cuando se pasa de un nosotros a un yo, cuando la pertenencia al grupo no es tan importante como el éxito individual, se va encendiendo la mecha que hace estallar el Drama. Aunque ese Drama sea exagerado, no es difícil identificarse con la ruta iniciática de los protagonistas que se estrellan contra un muro de realidad. Al caer los ídolos, sus cenizas desprenden un suave aroma de melancolía por la juventud perdida.
El libro de los Baltimore presenta una narrativa cinematográfica y de teleserie sin que eso sea un aspecto negativo. A veces hay pasajes que por momentos se asemejan a una adaptación de Dawson crece y en otras ocasiones a Thelma y Louis en versión masculina.

A partir de esos referentes en los que resuenan películas y series de adolescentes, hay una tragedia subterránea, una historia de envidia que se repite de generación en generación, una recreación del mito de Caín y Abel que sobrevuela la novela: querer ser lo que el otro es y querer tener lo que el otro tiene, olvidándose de lo que uno es y tiene.

Y al final, queda Marcus, un narrador que recupera a ese club de los cinco y cierra sus heridas a través de las palabras, y que se da cuenta de que, al igual que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra, la estirpe de los Baltimore solo tendrá una segunda oportunidad a través de El libro de los Baltimore que el propio Marcus escribe y que cristaliza su historia.

Firmado: Federico Escudero

viernes, 19 de enero de 2018

Luca D'Andrea: La sustancia del mal

Idioma original: italiano
Título original: La sostanza del male 
Año de publicación: 2016
Traducción: Xavier González Rovira
Valoración: está bien

Uno ve este libro en la estantería del hipermercado o el centro comercial (lo confieso. yo sólo compro libros en sitios así), al lado de los últimos éxitos, de los best-sellers de rigor, y algo te llama la atención... quizás la colorida portada -que tiene truco, por cierto-, quizás la (arghh) faja que compara a su autor con los más célebres escritores de thrillers... Además, está publicado por un editorial de aún cierto prestigio, que también ha descubierto a los hispanolectores otros grandes nombres del género como... Joël Dicker ¡De repente se disparan todas las alarmas, se bloquean las salidas con puertas de acero...DEFCON DOS, DEFCON DOS! Entran los agentes del Servicio Secreto beretta en mano para llevarte a un refugio seguro: "El pájaro está en el nido... Repito: el pájaro está en el nido..."

Tranqui todo el mundo, el caso es que no hace falta tanta alarma; sí, Luca D'Andrea es un escritor aún joven (o casi), europeo, que ha escrito un thriller á l'americaine, que incluso se le emparenta (aunque eso ya casi es un tópico) con monstruos como Stephen King... pero vamos, poco que ver con Joël Dicker. Gracias. Al. Cielo. En este caso, el libro que nos ocupa no deja de ser, ni pretende ser otra cosa que una novela de misterio, con su punto de originalidad, cierto es, en la ambientación: se trata de un crimen pavoroso ocurrido en las montañas del Alto Adigio o Tirol del Sur en 1985, una época de tensiones entre las comunidades germana e italiana -que le valieron a la región el apodo de "Belfast con strudel"- y que trata de desentrañar -o no, según el momento- un guionista de documentales neoyorquino que está casado con una lugareña: más que un walscher o forastero, pero menos que un nativo del pequeño pueblo donde se desarrolla la historia. Tal circunstancia se revela tanto como una ventaja como todo lo contrario, por otra parte...

Pero, un instante... un protagonista que se dedica, de una u otra manera, a la escritura...que nos cuenta en primera persona la indagación, en una pequeña comunidad, sobre un crimen cometido treinta años atrás... ¿A qué me recuerda eso? ¡Mierda, La verdad sobre el caso Har...!¡No chicos, tranquilos (ya entraban otra vez los del Servicio Secreto)... que no va por ahí la cosa, por suerte! De todos modos, aguardad un momento... ¿le suena a alguien una novela sobre un crimen en un caserío del Goiherri en la época más dura de ETA? ¿No? Pues esperad que corro al registro de la Propiedad Intelectual. Ahora vuelvo...

Bueno, ya está. ¿Por dónde iba? Ah, sí: que esto no tiene que ver con aquella novela con ínfulas que perpetró el tal Dicker. Ni siquiera se le pueden buscar referencias a literarias de campanillas, a pesar de que el prota-detective se llame Salinger -sí, amigos/as: J. Salinger, nada menos-, aparte de alguna mención a, precisamente, don Stephen King. Es más, La sustancia del mal, pese a no ser sino un entretenido thriller de misterio, repito, cuenta con algunas virtudes que, aunque sólo sea por no ser defectos, cabe destacar:

  • Utiliza ciertos recursos típicos de los best-sellers (lenguaje muy asequible, párrafos sin complicaciones, capítulos cortos) pero no da la impresión de seguir un manual de cómo escribir uno. Pese a haberlos, no abusa de los quiebros en la trama ni de los cliffhangers (que aquí son literales, por otra parte), aunque no falte el toque ternurista
  • No hace trampas con la historia: la novela es un ejemplo de whodunnit, en la que el protagonista tiene los mismos datos que el lector para resolver el crimen. 
  • Como ya he mencionado, no pretende ser otra cosa que lo que es. Eso incluye el bagage anterior  del propio autor, nacido en Bolzano, muy cerca de donde se desarrolla la acción, montañero y, también él, guionista de documentales sobre los rescates de montaña. Lo que, en otros casos, yo juzgaría como una falta de imaginación preocupante para un escritor de ficción, pero en este, creo que le da al resultado un aire de autenticidad e incluso honestidad que ayuda a que la novela se lea con agrado.
En suma, y por no enrollarme más: un thriller entretenido y sin más complicaciones, un best-seller para pasar el rato y que no de vergüenza llevarlo a cualquier sitio: al metro o a la piscina, a la playa o a la montaña... bueno, no, a la montaña , mejor que no...

lunes, 1 de julio de 2013

Joël Dicker: La verdad sobre el caso Harry Quebert

Idioma original: francés
Título original: La Vérité sur l'Affaire Harry Quebert
Año de publicación: 2012
Valoración: decepcionante, o no. Depende.
Traducción: Juan Carlos Durán Romero

Nos la quieren meter doblada otra vez. Esto es así. Pero es primero de julio y lunes y lo mejor será tomárselo todo con humor.

Hay un montón de cosas por comentar y necesito un orden... Empecemos por la faja, que la tengo a mano:
El mayor fenómeno editorial de los últimos años: un joven suizo de 27 años con un thriller monumental, número 1 en ventas en Francia.
Premio Goncourt des Lycéens, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa. 
Uno está empezando a perder la fé en los franceses, a quienes tenía en alta estima ya ni me acuerdo de por qué. Leo por ahí que esta novela quedó finalista del premio Goncourt y que no ganó por un voto. Un voto de nada. Casi como perder en penaltis. Yo entiendo que no todos los años son igual de buenos, como pasa con el vino, que no siempre hay obras geniales a las que premiar, pero si nos suena que el Goncourt es o era un premio prestigioso y miramos en wikipedia comprobamos que, entre los ganadores, hay gente como Houellebecq, Maalouf o Duras (y antes, Malraux, Proust...). La conclusión de esto es que a los franceses, sea como fuere, se les ha ido la olla: por un voto.

Y ahora, dos citas escogidas de la contra y la solapa:
Recuerda a Philip Roth, Jonathan Franzen o Woody Allen.
Descrita como un cruce entre Larsson, Nabokov y Philip Roth.
A esto me refería con mi frase inicial: meter doblada. Ese concepto. Fue por culpa de estas campanas sobre Nabokov y Roth y Franzen (lo de Woody Allen supongo que tiene que ver con las llamadas telefónicas de la madre, pero ya llegaremos a eso) que me venció la curiosidad y leí el libro, a pesar de sus casi 700 páginas y de que andaba metido en otras lecturas. Pero joder: ¡Nabokov! ¡27 años! ¡Goncourt! ¡Liberté! ¡Fraternité! ¡Zidane!

A estas alturas os estaréis preguntando de qué va el libro. Os entiendo. Pero antes quisiera mencionar sólo por encima una cuestión que me ronda la cabeza en los últimos meses sobre los libros cuyos protagonistas o personajes principales son escritores. Qué. Está. Pasando. Los hay buenos, malos y regulares, claro, no voy a entrar en generalizaciones cualitativas, pero de un tiempo a esta parte, no sé si ha sido suerte u otra cosa que tendría que hacerme mirar en el médico, a mi alrededor brotan textos así como champiñones. A saber, por encima: Moo Pak, Twist, Magma, Siberia, El joven Nathaniel Hathorne, X, La vida interior de las plantas de interior, Mr. Gwyn... Hay más, pero no es el momento. Repito: qué está pasando. Volvamos al libro: ¿de qué iba?

Pues de un ¡joven escritor de gran éxito! que tratará de esclarecer el crimen presuntamente cometido más de treinta años atrás por un ¡viejo escritor de gran éxito! que es, por cierto, su mentor y amigo. Esto es un no parar, reconozcamoslo. El tema es que, al poco de empezar la novela, desentierran los huesos de una niña de 15 años (¡adolescente escritora de gran- nooo, es broma, es broma) desaparecida 33 años atrás y con quien el famoso mentor tuvo una relación cuando él contaba 34. Bastante sórdido, eso de ella tuviera quince, por mucho amor que diga haber sentido el personaje hacia la niña. A lo largo de la novela, en cualquier caso, el protagonista (Marcus Goldman, joven escritor de éxito, etc.) ejercerá de detective con la intención de averiguar "la verdad sobre el caso Harry Quebert" y, con suerte, liberar de la cárcel a su viejo amigo, a quien considera inocente del crimen, escribir un libro sobre el proceso, etc.

Esto es: un thriller en toda regla. Niña asesinada, hombre en prisión, investigador civil, dudas, secretos, mentiras,confesiones, personajes de última hora.
Añadimos a esto: numerosas reflexiones sobre el acto de escribir, sobre el sentido de la escritura, sobre el negocio de la escritura, sobre la página en blanco. Y un libro misterioso. Y metaliteratura.
Vamos con Roth y Nabokov (supongo):
Salpimentamos con: la historia de amor entre el viejo escritor (Harry Quebert, que no lo había dicho) y la niña de 15 años.
Por último: como a los dos escritores les gusta el boxeo, se pegarán algunos sopapos en plan deportivo y hablarán también de eso de atizar, buscándole simetrías con eso de escribir.

No me extenderé, lo diré escuetamente, estoy seguro de que otros lectores hablarán de ello: contar una historia de amor entre un tío de 34 y una niña de 15 NO BASTA para relacionar un libro con Nabokov. Asimismo, incluir reflexiones sobre el boxeo NO BASTA para relacionar un libro con Roth. Establecer esa relación es reírse de los lectores. Es engañar. Es querer metérsela doblada a quien busca una determinada lectura. Es tener unos cojonazos de aúpa. Y, en último extremo, es culpa nuestra seguir haciendo caso de todas las barbaridades que se dicen de un libro. Lo de Franzen (ver cita, más arriba) ya me lo explicarán. Alguien. En alguna parte. Sobrio.

Por supuesto, esta flipada de los editores no tiene que ver con el autor ni con el texto en sí; en una entrevista reciente, Joël Dicker confiesa que su única intención era escribir un buen libro y ya está. Vale, ok: bien por él.

El libro tiene cosas buenas: entretiene, se lee fácil, busca sorprender. Eso tiene de bueno. Lo que pasa es que a las tres cosas se les pueden poner peros:

Entretiene: porque ninguna reflexión puesta en boca de los personajes es profunda o convincente, ni siquiera las referidas a la literatura. Todo es ligero, superficial, tópico. Hueco. Entretiene como un reality de investigación criminal (que ya están tardando. Hasta les doy un título: Mastercrime).
Se lee fácil: y tanto. Aproximadamente el 80% del texto son diálogos, o diálogos indirectos. Pim, pam, pum. Ningún interés en labrar la palabra (ay, Nabokov), toda la maquinaria puesta al servicio de la trama. Prosa simple, eficiente, invisible. Hay capítulos en los que el protagonista habla con más gente que yo en una semana. Un infierno, en verdad os digo.
Busca sorprender: 700 páginas dan para muchos giros, y ciertamente algunos están bien. El problema viene cuando a falta de unas 150 páginas para el final el autor quiere rizar el rizo, y girar, y volver a girar y, desde mi punto de vista, se cae. Un mareo, un absurdo. Y claro: en las últimas 50 páginas tiene una liada pero tan grande que se pasa 40 tratando de poner orden, explicar, re-explicar, aparentar normalidad, recortar los numerosos flecos... y a pesar de ello deja una sensación de la cosa no está bien, de que flaquea. El problema de los fuegos artificiales es que, cuando terminan, sólo queda humo.

En cuanto a la relación entre hombre y niña, tema capital del libro (es un decir: no hay un tema en el libro), me gustaría apuntar una cosa: la ninfa en cuestión (Nola) es, por si no teníamos suficiente con las neuras del protagonista, un personaje abofeteable de puro cándido. En serio. No tiene ningún puto sentido que un tío más o menos adulto se interese por una cría que sólo habla (no miento) con ¡exclamaciones! y cuyas frases más habituales son "¡te quiero!", "¡es muy bonito!", "¡me gusta mucho!", "¡tienes que escribir, mi amor!" y otras por el estilo. No pasa de ese encefalograma plano, a pesar de lo que de ella se diga hacia la mitad del libro: creedme. Por eso un lector más o menos suspicaz pensará que: a) el viejales tiene algún tipo de tara mental (no se menciona en el texto) o, más probablemente, b) la niña está superdesarrollada y, además, buenísima (se sugiere, pero tampoco se menciona). La trama habría sido más honesta y verosímil si, simplemente, el autor hubiera puesto negro sobre blanco que la muchacha era algo espectacular. Pero no: que si sus gráciles movimientos, que si su luminosa energía, que si su alegría de viVAMOS, HOMBRE.

Ya termino, perdón. La conclusión vendría a ser que es una lectura poco exigente, apropiada para el verano, puro best seller con aroma ("recuerdos", dicen los chefs modernos) a eso de escribir novelas, Dan Brown sin Dante, Larsson sin Lisbeth Salander, Stephen King sin el payaso de It, prácticamente un guion cinematográfico con algo de sexo, con algunas escenas moñas y otras violentas, con personajes capaces de decir, sin vergüenza, "senos generosos" (¡senos generosos! ¡no me jodas! ¿cómo de generosos? ¿cuánto de generosos?) y, en fin, qué puedo añadir, ya os hacéis una idea. A mí me ha decepcionado profundamente, pero estoy seguro de que mucha gente disfrutará del libro como de un filete, se venderá a lo grande y ayudará a cuadrar las cuentas de los libreros, que falta nos hace. Lo mejor de la novela, por cerrar con una sonrisa, son las conversaciones del protagonista con su madre: puro absurdo, excepcionales para animar el ambiente entre dramas y muertos, cachondísimas. Lástima que sean tres.