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martes, 12 de mayo de 2020

Agota Kristof: El monstruo y otras obras

Idioma original: francés
Título original: Le Monstre et autres pièces
Traducción: José Ovejero
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

En el panorama literario existen una serie de autores donde sus vivencias y experiencias vitales marcan de manera inexorable el contenido de su obra. Agota Kristof es, sin duda, uno de ellos, pues su vida, narrada perfectamente en su autobiografía «La analfabeta», se evidencia en sus libros. Y, a pesar de ser una autora conocida principalmente por sus novelas, sus inicios literarios se movieron en el terreno del teatro, un teatro que le ofrecía el escenario perfecto para compensar sus carencias con el francés (su idioma de acogida), y le proporcionaba una pequeña parcela (pues sus obras son muy breves) para hablarnos de la condición humana, el territorio y el desarraigo, la alteridad.

En este volumen recopilatorio de cuatro de sus temas teatrales y, de manera similar, a como ya sucedía en «La hora gris y otras obras», la autora teje breves piezas teatrales en las que expone de manera sarcástica en ocasiones y surrealista en otras (incluso jugando con el absurdo) sus dudas y sus temores hacia uno mismo, pero también hacia una sociedad que mira de reojo a sus conciudadanos y, especialmente, a los extranjeros. Es inevitable recordar que Kristof, húngara, tras el pacto de Varsovia huyó a Austria a los veintiún años con su marido (implicado en la revolución contra el régimen pro-soviético) y su hija de cuatro meses y este hecho la marcó profundamente, tal y como cuenta en «La analfabeta». Por ello, sus obras teatrales son herederas de su vida y su pasado, de sus vivencias y experiencias, y así queda reflejado en las cuatro obras teatrales incluidas en este recopilatorio.

El monstruo (1974)
Empieza la obra con la presentación de los personajes y una declaración de intenciones, pues la autora evidencia que la potencia de su obra está radicalmente en los diálogos al afirmar, ya de entrada, que «la obra se compone de seis escenas y puede representarse sin decorado». Así, el decorado es algo superficial, una añadidura posible al texto que es el elemento central de la obra y donde radica lo que la autora quiere exponer.

Esta pieza teatral empieza con la aparición de un monstruo, al que todo el mundo teme hasta que se acostumbran a él. Bien, siendo precisos, todo el mundo a excepción de un único personaje que sigue en sus trece defendiendo que el monstruo es malo y deben matarle. Un monstruo al que tienen encerrado, pero que va creciendo, ensanchando el lugar donde está encerrado y, con ello, echando a la gente de sus casas, desplazándoles. En una simbología que hace referencia al territorio, a lo que creemos propio, a la inseguridad física, pero también emocional.

Sin contar más del desarrollo de la pieza teatral, Kristof utiliza la figura del monstruo para simbolizar lo diferente, lo que desconocemos, lo que tememos que acabe conformando y cambiando nuestras vidas; bajo este escenario solo hay dos opciones: acostumbrarse a él, o destruir todo aquello que el monstruo ha cambiado.

La carretera (1976):
En esta obra, Kristof nos sitúa en un escenario casi post apocalíptico donde toda la Tierra está cubierta de asfalto, de carreteras, y nada más. El sol, las flores, la hierba, los árboles e incluso las casas son simplemente recuerdo, o incluso leyendas que sus habitantes cuentan. Y en ese mundo, lleno de asfalto y carreteras, los personajes caminan y caminan, solo caminan, pues no conocen otra cosa que no sea caminar. Hacia dónde es lo de menos porque las carreteras no tienen salida. Así lo expone la autora en el propio texto al afirmar que «la carretera es la vida, el movimiento, es caminar» para continuar afirmando que «es preciso seguir... caminar... caminar… no morir… todavía no… todavía no.»

Así, en una clara analogía de la vida, Kristof nos plantea un símil entre las carreteras y los caminos con los que nos encontramos en la vida, de cómo seguimos su curso a veces sin pensar si otros caminos son posibles, si existe algo más de lo que vemos. Kristof despliega en esta obra, a pesar del pesimismo inicial, un mensaje de cierta esperanza, de alzar los ojos y aceptar otras vidas posibles.

La epidemia (1975):
En la que seguramente se trate de la obra más extraña de las cuatro que componen el libro, Kristof juega con el absurdo y los juegos de palabras, nutriendo la obra de diálogos llenos de malentendidos y sarcasmos, recordándome en ciertos momentos a «John y Joe».

En esta obra, una epidemia de suicidios se va extendiendo en el territorio, en un relato que oculta bajo su apariencia frívola un aura de tristeza y pesimismo, una falta de objetivos, intenciones y deseos de vivir, aunque la figura de un Convencedor luche para contrarrestarlo. Esta obra es una analogía de lo que probablemente vio Kristof en la sociedad de su infancia, una sociedad terriblemente marcada por las guerras y la miseria, sin expectativas ni futuro, donde la vida cada vez tenía menos sentido.

La expiación (1982):
En esta breve obra, Kristof narra la relación entre un músico ciego que pide limosna y un sordo. La autora utiliza la relación entre ambos para tratar sobre los actos realizados y si somos merecedores de la expiación de los mismos. Nos habla de responsabilidades, de actos y consecuencias.

Personalmente, «El monstruo» y «La expiación» son las dos obras que destacaría por encima del resto, aunque todas ellas tienen interés por el mensaje que subyace, más que por el estilo, y es que, a pesar de la diferencia en su enfoque y planteamiento, abordan el tema de la condición humana al hablar de la integridad, la identidad, la guerra y sus consecuencias. Estos ejes son claves para entender la obra de Kristof que vendría después del teatro, un teatro con el que se inició en la escritura al darse cuenta que podía utilizar frases cortas y no requería un excesivo dominio del vocabulario, elementos clave para empezar a escribir en una lengua extraña para ella como era el francés.

A pesar de que se trata de obras breves y en algún caso algo sintéticas, extrañas y de estilo sencillo sin muchas florituras ni alardes estilísticos, sí son piezas literarias clave para entender la obra que Kristof elaboraría después, así como para entender también que el pasado y la vida vivida por la autora son elementos nucleares e insoslayables a la hora de elaborar su obra literaria.

En Agota Kristof, la marca de su pasado influye de manera incuestionable en los temas sobre los que gira su obra y que, en mayor o menor medida son expuestos en estas obras: la soledad, el sentirse extraño, la guerra, la culpa, la crueldad y la violencia física o social, incluso aunque venga oculta bajo un disfraz de cómicos diálogos.

A veces la comedia o la ironía es la única vía para afrontar la dureza de la vida, y Kristof en todas estas obras escritas al principio de su carrera así lo demuestra acercándose, tras esos tintes sarcásticos, a la dificultad de una vida marcada por la huida y la dificultad en arraigar, de nuevo, a una tierra, una lengua, un hogar, y convertirse, pese a ello, en una autora clave de la literatura de finales del siglo XX.

viernes, 1 de julio de 2022

Agota Kristof: ¿Dónde estás, Mathias?

Idioma original: francés
Título original: Où Es tu Mathias?
Traducción: Rubén Martín Giráldez, para Alpha Decay
Año de publicación: 2005 (textos de 1978 y principios años 90)
Valoración: muy recomendable


Hay autores que marcan de manera evidente la vida de un lector, y hay autores marcados de manera trágica por su propia vida. Agota Kristof, a quien considero una de las escritoras que mejor saben transmitir la tragedia vital, es un claro ejemplo de ello pues la huida de su país natal siendo niña (y que la autora describe y narra en su propia autobiografía «La analfabeta») marcó su vida pero también su estilo literario, un estilo marcado por la nostalgia, la ausencia y una terrible tristeza. 

En esta cortísima obra de apenas cincuenta páginas que incluye un relato corto («¿Dónde estás, Mathias?») y una pequeña pieza teatral («Line, el tiempo»), la autora muestra toda su calidad y los aspectos nucleares de su obra, pues es en ese hastío, en esa tristeza donde uno encuentra el estilo de Kristof, quien transmite de manera clara su visión nihilista en el siguiente diálogo de «¿Dónde estás, Mathias?», hablando de alguien que se hizo mayor que:

«tiene que atravesar la vida.
—¿La vida? ¿Por qué? Yo la atravesé y no encontré nada.
—Pero es que no hay nada que encontrar»

Así, en este relato que abre el libro, la autora nos presenta a Sandor, un niño triste y prácticamente abandonado, que ansía tener a alguien a su lado, incluso aunque sea alguien que no lo quiera porque «le habría encantado ser un niño mártir. Pero no lo era. Su padre nunca le pegaba (…) Le habría gustado que le dieran una bofetada. Para chillar. Para armar escándalo». Porque se encuentra solo, porque su mundo es un gran vacío en el que «los gallos siempre cantan demasiado temprano», donde los días son el infinito viviendo en una eterna repetición, aburrida e insulsa, que se constata al leer que «Sandor se sentó en la cama, bostezó. Y de repente recordó que su madre estaba muerta”. De esta manera, en las apenas veinte páginas del relato encontramos Kristof en su plenitud: protagonizado por un niño, pesimista, alicaído, en cierta manera cruel. La devastación y soledad emocional inunda un relato donde la crudeza toma forma de sueño y realidad, donde el abandono físico y emocional cobran fuerza y nos dirigen a un vacío en el que los encontramos solos y perdidos y únicamente nuestros sueños nos parecen acompañar en la caída al abismo irremediable que supone nuestra vida, una vida a la que hay que atravesar aun sabiendo que lo habrá nada al otro lado y puede que incluso tampoco en el camino.

El segundo relato del libro («Line, el tiempo») consta de una pequeña pieza teatral donde Kristof incide en la infancia, una infancia tremendamente madura y pesimista, de espíritu nihilista y devastadora. A ojos de Kristof, los niños que transitan por sus obras son terriblemente maduros, una madurez que les hace percibir una realidad de la que únicamente por la edad que tienen les es ajena, pero a la que observan con tristeza y pesar sabiendo que llegará un día en que será su presente, y la desolación ocupará sus trágicas vidas sin alicientes ni anhelos. Hay una nostalgia infinita en sus cortas vidas, mirando un futuro con aspecto de pasado que la autora, de manera clara y certera afirma en boca de su protagonista que «no has vuelto por mí. Has vuelto para encontrar la atmósfera de antaño, tu juventud, tus sueños, tus ilusiones».

Por todo ello, a pesar de su corta extensión, este libro es altamente recomendable, pues aporta al lector los principales elementos de la obra de Kristof y su inconfundible estilo marcado por una biografía que impregna sus relatos de tristeza, nostalgia, la búsqueda de un hogar que parece huir de sus protagonistas, empeñado en hallar un lugar en el que reposar sus almas cansadas, desgastadas y apesadumbradas. La desilusión y el pesar envuelve su obra a la vez que nos muestra que el camino vital nos lleva, una y otra vez, a un lugar donde nuestra mirada parece perderse en busca de un horizonte sin percatarnos que, por muy lejos que llegue la mirada, seguimos estando en el mismo sitio.

miércoles, 22 de enero de 2020

Agota Kristof: La hora gris y otras obras

Idioma original: francés
Título original: L'heure grise et autres pièces
Traducción: José Ovejero
Año de publicación: 1998
Valoración: recomendable

Que afirme con rotundidad que Agota Kristof es una de mis autoras favoritas, creo que es algo que no debe sorprender al lector asiduo del blog, pues he(mos) reseñado todo lo que se había publicado hasta la fecha de la escritora húngara: biografía, cuentos, novela… Pero faltaba el teatro, no traducido hasta ahora al español (aunque sí hice un avance de un par de obras traducidas al catalán, «John y Joe» y «La última hora»). Y es una gran noticia, que debemos agradecer enormemente a la editorial Sitara, que una editorial se haya lanzado a la aventura de publicar las obras de teatro de Kristof, pues son de gran interés y permitirán al lector conocer con más profundidad a una autora de la que, básicamente, se conoce su principal obra: la trilogía de «Claus y Lucas».

En este volumen se incluyen cuatro de las obras de la autora. Además de las ya mencionadas (y reseñadas) «John y Joe» (1972) y «La última hora» (1975), se incluyen «La llave del ascensor» (1977) y «Pasa una rata» (1972), muy diferentes entre ellas en cuanto al argumento y la temática que abordan:

La llave del ascensor
Esta breve pieza teatral, la narración se inicia con el relato de la historia de una mujer que, alojada en una torre, contempla eternamente la llanura esperando la vuelta del joven amado. Esta historia es narrada por la protagonista del relato, una mujer encerrada en una habitación. Desde allí sólo divisa la llanura que se vislumbra desde las alturas de la casa en la que vive, aislada del resto del mundo y de cualquier población o vivienda. Su día a día consiste, principalmente, en esperar la vuelta del marido una vez termine su jornada laboral.

Sin explicar más del argumento, pues destriparía el desarrollo de la historia, está pieza trata sobre la ilusión y el deseo, sobre la correspondencia amorosa y la interpretación de la misma, sobre el dominio y el sometimiento de las voluntades y lo que hacemos por amor, o por autoengaño.

Y es una interesante metáfora acerca de que, muchas veces, aquello de lo nos quejamos o criticamos ha sido provocado, en gran parte, por nosotros mismos, aunque siempre es más fácil culpar a los demás de las desgracias de uno.

Pasa una rata
En esta pieza teatral, Kristof establece un juego de espejos en dos escenarios donde transcurre la acción de manera alterna. Manteniéndose fiel al teatro con pocos personajes y simplicidad escénica, la fuerza de la obra reside en la carga ideológica que transmite, aunque cabe destacar la interesante puesta en escena que plantea y el baile de personajes que aparecen.

En este caso, y sin entrar en detalles sobre lo que acontece, la obra transmite la dificultad de luchar por los ideales y como estos se conservan a lo largo del tiempo. Es interesante también ver la dualidad e los papeles entre ambos escenarios y el desarrollo final de la acción, pues como en toda obra de Kristof, deja lugar a interesantes planteamientos sobre quiénes somos y la importancia que damos a nuestros valores e ideales.

Si tenemos en cuenta la calidad de ambas piezas, así como también las dos obras ya reseñadas anteriormente, este libro es interesante por lo que plantea en cada una de sus obras,  pues tratan sobre la condición humana y platean profundas cuestiones morales que nos interpelan y provocan que nos autocuestionemos, así como ponen de manifiesto relieve que la soledad está muy cerca de nosotros, que las personas somos seres solitarios que, de una forma u otra, debemos buscar nuestro propio camino en una vida nada fácil, por las circunstancias, o por nuestra condición humana. Esta es la principal fuerza de la obra de Kristof, someternos a nuestras inquietudes y dudas internas, y reflexionar, a partir de ella, sobre nosotros mismos.

domingo, 3 de junio de 2018

Agota Kristof: La analfabeta

Idioma original: francés
Título original: L'analfabète. Récit autobiographique
Traducción: Juli Peradejordi (edición en castellano), Montserrat Solé (edición en catalán)
Año de publicación: 2004
Valoración: muy recomendable

Fiel a su estilo directo y rudo, Agota Kristof nos cuenta, en este corto relato autobiográfico, sus memorias desde que era pequeña hasta su edad adulta, centrándolo en gran parte en su vertiente literaria, y en la dificultad que supuso tener que emigrar de su Hungría natal a Suiza.

De esta manera, la autora empieza explicándonos los comienzos de su afición por la lectura, una afición que por muchos era considerada una pérdida de tiempo, una manera de no hacer las cosas que sí merecían la pena (cualquier cosa, de hecho, era más útil que leer, a ojos de la mayoría de su entorno). Esa afición por la lectura que proviene de cuando era pequeña y la castigaban en el aula donde su padre daba clases, obligada a sentarse en la última fila con los libros como única compañía. Y, claro está, la consecuencia más directa de la pasión por la lectura: su afición a la escritura, una devoción que le suponía una vía de escape de un mundo que, en ocasiones, se le hacía muy cuesta arriba por las circunstancias vividas. Así, rememorando esos días, la autora transmite perfectamente la capacidad de la escritura como salvación, como medio para soportar el dolor. Una ventana al mundo, una oportunidad de evadirse de la solitud en la que se hallaba durante sus días en el internado.

Poniéndonos en antecedentes, pues una biografía debe ir acompañada del momento histórico vivido, Kristof nos narra la dificultad de la vida en los años cincuenta, en su Hungría natal, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y cuando todo el país era pobre, cuando pasaban hambre y frío, cuando las ganas de seguir viviendo era prácticamente todo aquello que se tenía. Y las consecuencias de ello en una sociedad arruinada también mentalmente, provocando en los niños una dificultad para aprender a causa de la falta de interés de los profesores, obligados a enseñar ruso tras la ocupación militar, con una desgana tal que hace que la autora no tenga reparos en afirmar que «de las escuelas sale una generación de ignorantes». La autora centra gran parte de sus críticas a este aspecto, pues con la finalización de la guerra vino la obligación e imposición del ruso, que castigó de igual manera todos los estamentos sociales. Así, Kristof vierte sus críticas hacia Stalin, por ahogar las culturas de los países del este y sus identidades nacionales. Y con ello, la necesidad de huir, la dificultad de escapar del propio país, una dificultad también mental pues, más allá de las penurias en la travesía hacia la salvación, uno toma consciencia, tras la huida clandestina, de haber perdido el sentimiento de pertenencia a un pueblo; todo aquello que se pierde cuando uno es obligado a emigrar, si se es afortunado a cambio de una mejora en aspectos materiales, supone un precio a pagar muy elevado: la nostalgia de sentirse parte de algo, la añoranza a la familia y a los amigos, en una inmersión ineludible a un vacío diario, constante. El libro, aunque extremadamente breve, narra lo suficiente para poder percibir la dificultad en la que vivió la generación de la autora en los países del este, y es un bello ejemplo del espíritu de superación de aquellos que utilizan la imaginación y la perseverancia para escapar del triste mundo que los rodea e intentar conseguir una vida mejor.

Esta obra es un relato en recuerdo de la vida de la autora, pero también de la de tantas personas obligadas a huir de su país. «La analfabeta» del título hace referencia a aquellas personas que llegan a un país sin conocer el idioma, sin entenderlo, sin ser capaces de leer un texto, a pesar de dominar una lengua materna que ha dejado de serles útil. El relato es duro por su carga emocional pero tambien ejemplar por el espíritu de superación que transmite, por la valentía de la autora en levantarse cuando las circunstancias la forzaban continuamente a la caída, por la voluntad irreductible en estudiar y querer aprender para poder dejar de ser una analfabeta y ser así capaz de conseguir superar los obstáculos impuestos por las circunstancias, hasta conseguir saltar la barrera lingüística para finalmente alcanzar el futuro soñado: ser otra vez escritora.

También de Agota Kristof en ULAD: Claus y LucasEl gran cuaderno, Ayer, La hora gris o el último cliente. John y JoeNo importa, La hora gris y otras obras, El monstruo y otras obras, ¿Dónde estás, Mathias?

martes, 5 de enero de 2010

Agota Kristof: Claus y Lucas

Idioma original: francés
Título original: Le grand cahier, La preuve y Le troisième mensonge
Año de publicación: 1986, 1988 y 1991
Valoración: Imprescindible

En este volumen, formado por las tres obras que más prestigio internacional han otorgado a Agota Kristof, se narra la historia de dos hermanos gemelos, Claus y Lucas, desde su infancia hasta su madurez.

En la primera de ellas, El gran cuaderno, los dos hermanos son separados de sus padres y van a vivir con su abuela, una anciana cruel y descariñada que se supone debe darles cobijo y protegerlos de la guerra que está destruyendo el país. Pero los niños, que pronto descubren que sólo se tienen el uno al otro, se esfuerzan por aprender con rapidez las leyes de la vida y salir adelante lo mejor que puedan.

En la segunda novela, La prueba, los gemelos se separan. Claus cruza la frontera y Lucas, solo y extrañando a su hermano en todo momento, echándolo en falta como si hubiera perdido una parte de sí mismo, continua con su vida en un país ahogado por un régimen autoritario y sumido en la pobreza. Han de transcurrir décadas para que Claus regrese a una tierra que ya no conoce buscando a Lucas, pero éste está muy lejos del lugar en el que su hermano cree que va a encontrarlo.

En la última novela, La tercera mentira, nos adentramos en un país en el que ya no hay dictadura, pero aún vive oprimido. En esa tierra devastada, de mano de Claus y Lucas, la autora reconstruye una vez más la historia de los hermanos, retejiendo un entramado de acontecimientos, muchas veces contradictorios, cuya veracidad nos vemos obligados a poner continuamente en duda.

Es ésta una obra perfecta, poética y trágica, que nos ofrece una muestra más del talento narrativo de Kristof, donde todas las verdades se convierten en mentiras –y viceversa– y su prosa descarnada y directa refleja un mundo que a todos nos gustaría que fuera imaginado.

También de Agota Kristof: AyerEl gran cuadernoLa analfabeta La hora gris o el último cliente. John y JoeNo importaLa hora gris y otras obrasEl monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

miércoles, 2 de enero de 2019

Agota Kristof: La hora gris o el último cliente. John y Joe

Idioma original: francés
Título original: L'Heure grise ou le dernier client. John et Joe
Traducción: Sergi Pàmies (edición en catalán)
Año de publicación: 1984 y 1972 (respectivamente)
Valoración: bastante recomendable

De vez en cuando, uno se da cuenta de que existen ciertas rarezas en la literatura que, por motivos que uno no alcanza a entender, no han tenido la repercusión que se merecen. Y es algo extraño cuando eso ocurre en la obra de Agota Kristof, para mí una de las voces más potentes de la literatura de finales del siglo XX y principios del XXI, y concretamente en este libro, muy desconocido en nuestra tierras (incluso diría que no está ni traducido al castellano). El libro que nos ocupa, de reducidísimo tamaño, contiene dos obras teatrales de la autora de «El gran cuaderno» (o de la trilogía «Claus y Lucas», entre otras grandes obras). Y aunque probablemente la obra teatral de la autora húngara sea poco conocida, es más que interesante y pido ya desde aquí que alguna editorial valiente se lance a editarla, pues creo que está descatalogada. Hecha la petición, vamos a la reseña de ambas obras.

La hora gris o el último cliente
En esta pequeña novela de teatro, la escritora abunda en sus relatos sobre el alma humana, sus pasiones, sus dudas, sus remordimientos. Fiel a su estilo duro y directo, en esta obra la autora nos traslada a una pequeña habitación donde una prostituta y su cliente tienen un encuentro, y sitúa la acción en el diálogo que se establece entre ambos. Así, el relato gira en torno al sentimiento de soledad, a la necesidad de afecto, pero especialmente de sentirse deseado y casi necesario, tratando de eludir la soledad, aunque sea a costa de comprar los servicios de una mujer que lo mantiene en vilo, atrapado en su dicotomía de casi odio a sí mismo por ser esclavo de esa necesidad que le lleva a volver al mismo lugar, aun sabiendo que es ficticio, irreal, forzado, falso. Y en el autoengaño de uno, ella aprovecha para dominarlo a su antojo, mientras sueña con una vida que ya no existe ni existirá, y maldice un pasado del que aún es esclava. Hay mucha soledad en este relato, a pesar de que los sueños les permitan escapar, aunque sea temporalmente, de la tragedia de sus vidas; en este ambiente desolado y triste la autora se desenvuelve a la perfección, pues domina perfectamente estos aspectos de la condición humana.

John y Joe
En esta segunda pieza teatral, un encuentro entre dos amigos conforma la base de esta pequeña obra que trata, en apariencia, sobre una situación casi cómica, pero va mucho más allá si la analizamos en profundidad. Este relato se sostiene mediante un diálogo aparentemente absurdo (un diálogo de besugos, podríamos decir), aunque en realidad, la autora se sirve de tres escenas entre los dos protagonistas para tratar sobre la justicia, la amistad y la apariencia, pero también sobre el ansia de sentirse rico. Así, hablan sobre qué hace que los ricos sean ricos, qué les lleva a ello y, en la disquisición, los protagonistas quieren sentirse como tales. De esta manera, la competitividad y el absurdo abundan en el relato, pues viene a ser un diálogo sin ningún sentido hasta que ocurre algo. A partir de ahí, la obra trata sobre la relación entre ambos amigos, y en qué se basa en el fondo una relación amistosa, pues, por una situación no buscada, ponen a prueba su relación debido a la voluntad y deseo de aparentar ser personas más potentadas. La fábula, a través de una aparente absurdidad dialéctica, trata sobre la riqueza que radica en la propia relación, y en la insignificancia de la vida cuando únicamente se posee dinero. La pobreza de los ricos, o la riqueza de los pobres, que, en este último caso, a falta de recursos para disfrutar de otros placeres, buscan a alguien con quien compartir el tiempo, encontrando en ello lo que posiblemente sea una de las mayores riquezas.

Comparativamente, el primer relato es muy superior al segundo, en riqueza narrativa, en descripción, recreación, escenificación y ritmo, aunque cabe decir que el segundo tiene la particularidad de ser el primer texto publicado por la autora, y resulta sorprendente, pues, realmente, es de un estilo totalmente diferente al resto de su obra publicada. Ahí radica el principal interés en este relato, pues, a pesar de no tener la calidad a la que estamos acostumbrados en Kristof, sí se ve en él cierta maldad y un primer análisis sobre la condición humana que, a la larga, sería el objeto central del resto de su obra, siempre oscura, pesimista, triste y melancólica, pero de un inmenso interés literario.

También de Agota Kristof en ULAD: La analfabeta, Ayer, Claus y Lucas, El gran cuadernoNo importaLa hora gris y otras obrasLa hora gris o el último cliente, El monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

viernes, 23 de septiembre de 2011

Zoom: El gran cuaderno, de Agota Kristof

Idioma original: francés
Título original: Le grand cahier
Año de publicación: 1986
Valoración: muy recomendable

El gran cuaderno da comienzo a una trilogía ya comentada en su conjunto en este blog. En esta reseña, pues, vamos a analizar en profundidad la primera parte… lo cual quizá sea un error, puesto que una parte no puede más que ser un fragmento de un todo -aún no sé si perfecto o resquebrajado-. Pero me voy a tomar la licencia, ya que, cuando escribió esta primera parte, ni la propia autora imaginaba que compondría dos más. (Agota Kristof cuenta estas y otras cosas en una entrevista muy interesante que le hicieron en El País hace unos años).

Narrada muy peculiarmente en la primera personal del plural, la historia tiene como protagonistas a una pareja de gemelos -en principio inseparables- que describen en un cuaderno los acontecimientos de su corta vida en medio de la guerra. Pero los niños ni dicen que son húngaros ni que están viviendo la Segunda Guerra Mundial: hablan, por ejemplo, de su país, del otro país y de la lengua extranjera de los oficiales, y nunca llegamos a conocer sus nombres (conocemos su edad aproximada porque sabemos que aún tienen dientes de leche).

Este ejercicio de redacción no es más que uno de los muchos a los que los gemelos se dedican desde que su madre los envía al campo a casa de su abuela para escapar del peligro de la ciudad. También hacen ejercicios de fortalecimiento del cuerpo, ejercicios de fortalecimiento del alma, ejercicios de ayuno, ejercicios de ceguera y de sordera e incluso ejercicios para volverse inmunes a los frecuentes insultos... y a la necesidad de caricias. Los dos niños, dueños de una extraordinaria inteligencia que irán desarrollando de manera autodidacta, aprenderán que en la guerra todo vale para sobrevivir.

Esta novela corta se lee en apenas dos sentadas, pero sin embargo no se digiere fácilmente. Lo que se cuenta es de una fealdad, dureza y crueldad extremas; el estilo con que está escrito, el escogido por los dos niños para la redacción de sus ejercicios, resalta, por contraste, la monstruosidad de los hechos:

"Está prohibido escribir: la abuela se parece a una bruja. Pero sí está permitido escribir: la gente llama a la abuela "la bruja" (…). Escribiremos: comemos muchas nueces, y no: nos gustan las nueces, porque la palabra gustar no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. Nos gustan las nueces y nos gusta nuestra madre no puede querer decir lo mismo".

Ahora me dispongo a atacar la segunda parte, La prueba, porque el final abierto de la primera me ha dejado muchas ganas de saber qué pasa con estos niños a los que la guerra ha convertido prematuramente en adultos despiadados...

También de Agota Kristof en ULAD: Claus y LucasAyerLa analfabeta La hora gris o el último cliente. John y JoeLa hora gris y otras obrasEl monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Agota Kristof: Ayer

Idioma original: francés
Título original: Hier
Año de publicación: 1995
Valoración: Imprescindible


Ayer es la historia de Sandor, que en realidad se llama Tobías, inmigrante en un país que no conocemos. Trabaja en una fábrica, pero, a veces, también hace trabajos de traductor. Sueña con ser escritor, pero quema todos los textos que escribe. Dice que es huérfano, pero sus padres viven. Es hijo único, aunque tiene varios hermanos. Y se acuesta con Yolande, pero en realidad, en secreto, en público, ama a Line.

Line, una mujer de carne y hueso que es también la idealización absoluta del amor que nunca experimentará. Pero la espera. Prepara su casa para que todo esté perfecto cuando ella llegue, y comience entonces su vida perfecta. Porque su vida es tan gris y está tan vacía y él está tan desesperado, que sólo Line puede salvarlo.

Y entonces, un día, Line aparece. Está casada y tiene una niña. Y Sandor tiene que aprender a vivir de nuevo, a adaptarse a su suerte mientras espera que ésta cambie. Pero, ¿qué ocurre con nuestras vidas, cuando llevamos años alimentándolas de una ilusión que no se cumple? O, peor, ¿qué ocurre con nuestras vidas, cuando se cumple la ilusión por la que vivimos desde que éramos niños?

Giorgio Manganelli afirmó: La prosa de Kristof anda como un títere homicida. No creo que nadie pueda definirlo mejor. Concisa, limpia, certera como un estilete, Kristof nos regala en apenas cien páginas una novela que habla del amor, del desarraigo, del desasosiego, de la angustia, de la soledad... En pocas palabras: una verdadera obra de arte.

También de Agota Kristof en ULAD: Claus y LucasEl gran cuadernoLa analfabeta La hora gris o el último cliente. John y Joe, No importaLa hora gris y otras obrasEl monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

jueves, 4 de abril de 2019

Agota Kristof: No importa

Idioma original: francés
Título original: C'est égal
Traducción: Julieta Carmona Lombardo
Año de publicación: 2005
Valoración: bastante recomendable

Confieso, ya de entrada, que siento una gran admiración por la autora húngara, a la que considero una de las voces más potentes de la literatura de finales del siglo XX e inicios del XXI. A pesar de empezar su carrera literaria escribiendo obras de teatro, su salto a la fama está estrechamente ligado a la publicación de «El gran cuaderno», su primera novela y uno de las obras que más me han impactado en mi vida lectora, pero no sería justo obviar el resto de su obra, pues sabe narrar como pocos un paisaje interior desolador, de tristeza y desarraigo, de una gran soledad.

En este recopilatorio de relatos escritos a lo largo de su vida, de extensión muy muy corta (en ocasiones tan solo un par de páginas), la autora tiene más que suficiente para dejar patente su calidad literaria y mostrar su parte más triste, más desoladora, más abandonada. Los relatos que «No importa» contiene, comparten todos ellos un marco sentimental rodeado de un aura de soledad, de necesidad de afecto, de falta de una calidez que le transmita una paz que no se vislumbra en ninguno de estos cuentos. Es habitual en la autora el tono afligido y triste y esta recopilación es una clara muestra de ello, pues este patrón se repite a lo largo de la historia y sus textos inciden en ello.

La prosa de Kristof sorprende en este libro, no por la frialdad ya habitual en la autora, sino por un desolador paisaje emocional que se mantiene a lo largo de todos los relatos, con seres absolutamente perdidos y alejados de cualquier afecto, pero en una constante búsqueda, casi un desespero, casi una súplica, de alguien no solo que nos quiera, sino incluso alguien a quien querer. Esa es la tristeza que rezuma y exuda en esas escasas cien páginas, con muchos personajes sin padre ni madre, muchos sin hermanos, alguno abandonado en un orfanato de pequeño (como el protagonista del relato «El buzón») que, ya de mayor, sueña y desea, día y noche, con que alguien le escribirá para recomponer esa familia partida en su nacimiento; hay quien solo ama la ciudad y sus calles, nadie más, nada más, y le dedica una canción al amor que siente por ellas (como encontramos en el relato «Las calles»). O el desespero absoluto del relato «La gran rueda», en esas líneas intensas donde el protagonista afirma «quiero que me desees, que tengas ganas de mí, que me ames, que me llames» para terminar con una frase inmensa: «Lo único que puede dar miedo, que puede hacer daño, es la vida y tú ya la conoces». Son todos ellos seres tristes, de una profunda nostalgia, que parecen abandonados, no únicamente por las personas, sino también por ellos mismos, y que transitan por las páginas de este libro, como el protagonista de «Las calles» lo hace por ellas, pero en este caso no hay amor ni enamoramiento, solo pérdida y desazón, desaliento y nostalgia.

Con un estilo sobrio, más cercano a las situaciones cotidianas y a la sencillez de «John y Joe» o «El último cliente» que a sus novelas más extensas, la prosa de Kristof se acerca en esta obra a los brevísimos relatos, casi monólogos, donde la propia vida de la autora parece la fuente de la que emana esa profunda soledad, en un intento prologado e interminable de la búsqueda de una infancia y un hogar cálido que no le fue fácil de encontrar, tras una vida difícil dedicada simplemente, como si fuera poco, a salir adelante ante las situaciones más adversas que su época y circunstancias le depararon, como narra perfectamente en su autobiografía «La analfabeta».

Como en todo libro de relatos, hay algunos que sobresalen por encima de los otros y destacaría principalmente «Las calles», «El buzón», «La gran rueda» y «El ladrón», aunque todos son interesantes. Y, a pesar de la diferencia existente entre los distintos cuentos, hay algo que comparten y es su tono emocional; los personajes que ocupan los relatos viven una vida desprovista de ilusión, pero sin dejar que el tormento les alcance plenamente, como personas sin alma, como espectros que deambulan por las calles sin esperanza, sin futuro, sin deseo. El «No importa» del título hace justicia a lo que nos encontramos en el libro, pues parece como si aquello que ocurre (o lo que no) no afecte a sus personajes, como si no hubiera ya un futuro que ofrezca un mínimo de esperanza, como si hubieran abandonado cualquier intento de conseguir aquello que desean, como si ya nada valiera realmente la pena, como si nada importara.

La prosa de este conjunto de relatos nos interpela claramente, y parece destinado a nosotros tanto como a la propia autora, en una reflexión constante sobre tiempos perdidos e ilusiones desperdiciadas en la esperanza casi eterna de encontrar la paz interna que la acerque, aunque sea de manera casi imperceptible, a lo que en la imaginación de la autora se asemeja a un posible hogar, físico y emocional.

También de Agota Kristof en ULAD: Claus y LucasAyerLa analfabeta La hora gris o el último cliente. John y Joe, El gran cuadernoLa hora gris y otras obrasEl monstruo y otras obras¿Dónde estás, Mathias?

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye: