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jueves, 1 de enero de 2026

Vercors: El silencio del mar

Idioma original: francés

Título original: Le silence de la mer et autres recits

Traducción: Cristina Peri Rossi

Año de publicación: 1942

Valoración: Bastante recomendable


El escritor parisino Jean Bruller, conocido como Vercors, empezó a escribir bajo la influencia de la II Guerra mundial y reunió posteriormente buen número de títulos publicados, de temática muy diversa, hasta bien entrados los años 80. En España es un autor prácticamente desconocido, y me atrevería a decir que con muy poca obra traducida. Sin lugar a dudas El silencio del mar es lo más famoso de su trayectoria literaria, posiblemente porque ha dado lugar a varias versiones cinematográficas, lo que siempre ayuda a la popularidad.

Es un relato muy breve, de apenas veinte páginas, podríamos decir que muy bien aprovechadas. Quizá a alguno le suene la historia: en la Francia recién ocupada, un hombre que convive con su sobrina es obligado a hospedar a un oficial alemán. La aversión de los anfitriones se traduce en un silencio total: la forma de resistencia, quizá la única posible y no necesariamente del todo segura, es no dirigir la palabra al invasor. Este, por su parte, se esfuerza por ser cortés y se muestra como un individuo culto y razonable, que admira a Francia e imagina un futuro brillante para los dos pueblos.

Una vez planteada la situación, se instala de inmediato una meseta de tensión e inestabilidad que obliga a estar al mínimo detalle para prever si puede desencadenarse algo trágico. La presencia de la joven incrementa las posibilidades de que ese algo estalle, en tanto que el tío se muestra más proclive a ceder ante las buenas maneras del ocupante. El equilibrio entre las diversas fuerzas divergentes está extraordinariamente conseguido, y hace que el lector se desespere creyendo ver indicios de un desenlace cuya llegada se demora sin piedad.

El relato, con toda su sencillez y brevedad, bien merece el honor del título, porque es de largo lo mejor del libro. El resto de las narraciones se ambienta en su mayor parte en la misma época de la ocupación nazi de Francia, a veces desde la óptica de unos oficiales desmoralizados por el colaboracionismo de Pétain, escenas oníricas (de pesadilla) de campos de concentración, o la disyuntiva de renunciar al arte y la estética en tanto persista la maldad del ser humano.

En esta línea, el cuento más interesante del resto de la colección es La imprenta de Verdún, donde Vercors hace un buen dibujo de parte de la sociedad francesa, colaboracionistas, antiguos combatientes y judíos, que convivían pacíficamente, empiezan a ver sus posiciones removidas por el nazismo, y se ven obligados a pronunciamientos que nunca hubieran imaginado. De igual forma que en El silencio del mar, da la impresión de que el autor intenta buscar, en medio de la barbarie, puntos de aproximación entre las personas, conexiones, por mínimas que sean, que muestren el lado humano del adversario. 

El único relato que se aparta del tema común es Este día, en el que un niño pasea con su padre por el bosque. Es un paseo repetido montones de veces, pero esta vez es algo diferente. El padre aprieta su mano más de lo normal, las paradas habituales cambian imperceptiblemente, los gestos, los comentarios, los puntos de atención tienen algo diferente que el niño percibe y que le inquieta. La narración es impecable, nuevamente resulta admirable la sensibilidad de Vercors para detectar cada movimiento y su repercusión en el estado de ánimo del niño, y nada puede evitar que termine uno con un nudo en la garganta. 

Como casi inevitablemente ocurre con los libros de relatos, en este domina también la irregularidad, con dos o tres narraciones muy por encima de las demás, y el resto a un nivel menor, en el que cada lector puede a lo mejor encontrar cosas interesantes. Pero el conjunto resulta de un nivel bastante estimable.