Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Está muy bien
Me resulta inevitable pensar en Persona cuando miro la bergmaniana cubierta de Una. Tras la lectura de la novela, no me cuesta nada imaginar a Bibi Andersson y a Liv Ullmann en el papel de Una y de Jana, las dos protagonistas de un texto que, tirando de referencias cinematográficas, tiene también mucho de David Cronenberg. Y es que aunque, al menos inicialmente, podríamos etiquetar la novela de debut (¡y qué debut!) de Jose Valenzuela dentro de la ciencia ficción especulativa, hablamos de un texto firmemente arraigado en obsesiones y preocupaciones atemporales.
De hecho, el comienzo de Una es absolutamente distópico. Mentes disociadas, "ladrones de cuerpos", implantes, desconexiones, etc que dan paso, progresivamente, a una historia plagada de máscaras y espejos, de entradas y salidas, a un puzzle complejo acerca de la identidad y su pérdida, la soledad, el dolor, el amor (sea en las formas que sea) y la muerte.
Pero en el caso de Una, casi tan importante como la historia que Valenzuela nos cuenta es el cómo nos la cuenta. Porque, tal como se dice en la página 27 del texto... Todo lo que se podría decir en este puto mundo ya se dijo en algún momento anterior. Lo único que podemos hacer ahora es decirlo de forma diferente.
Y así, la estructura cobra un peso fundamental. Una se mueve en diferentes niveles narrativos. No entraremos aquí en narratología ni mandangas similares (mis conocimientos son casi nulos), pero bastará decir que hay una historia principal distópico-existencialista (la de Una y Jana) conectada con varias subtramas personales y familiares que llevan a la novela a un terreno más realista, y que tanto unas como otras se ven interrumpidas / atravesadas por un coro de tragedia griega que lleva a Una hacia lo metaliterario (el papel del autor, la relación autor / personajes, relatos sobre el relato contados desde dentro del relato, etc). Ese ver(se) la novela desde fuera choca en un primer momento, pero funciona y cobra sentido a medida que avanza el texto.
En resumen, una primera novela compleja y ambiciosa, no recomendable para todo los públicos (me temo que Valenzuela sabe que no es lo que se dice un escritor comercial 😜😜) pero sí para aquellos que gusten de textos arriesgados que opten por caminos menos explorados para hablar de aquello que fuimos, somos y seremos.
Joder! Con lo bien que íbamos. Ese final con emojis le quita cualquier seriedad a este artículo.
ResponderEliminarEs un guiño al autor (y al último capítulo del libro)
ResponderEliminarSe entiende la intención, pero es extremadamente molesto leer una crítica/reseña y que la misma utilice emojis, lo cual hace que la inmersión se rompa por completo (da igual si es solo una pequeña parte, es lo equivalente a encontrar errores ortográficos).
EliminarLo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir
ResponderEliminarGabriel García Márquez tenía una pésima ortografía y eso no le restó (ni le resta) méritos a su escritura. Los errores ortográficos demeritarán a las editoriales o a quien duplique un escrito, pero la falta de un acento u otro error en el escrito original, manuscrito o en teclado, no le quitará nada a El otoño del patriarca o a El Quijote. Los "emojis" me gustarán o no y los utilizaré o me negaré a hacerlo, pero no veo criticable que alguien los quiera usar como un extraordinario guiño humorístico... y ¡vaya que el humor puede ser literatura!
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