jueves, 7 de febrero de 2019

Reseña + Entrevista: Tú, ¡cállate!, de Laura Huerga y Blanca Busquets

Idioma original: catalán/castellano
Título original: Tu, calla!/Tú, ¡cállate! 
Año de publicación: 2018
Valoración: muy recomendable

Estamos asistiendo, últimamente en España, a un momento en el que los derechos de los ciudadanos son recortados, día tras día y de manera alarmante. Parece que en pocos años se ha abierto la veda a limitar, recortar y restringir derechos y libertades que costaron mucho conseguir, y corremos el riesgo de que en poco tiempo los perdamos de nuevo. Nos acercamos a tiempos que nos llevan a épocas oscuras de nuestro pasado, y libros como el presente sirven para encender una luz que nos despierte, que ilumine ante nuestros ojos la realidad de lo que está pasando.

Así, la obra que nos ocupa es un libro de denuncia, y su título contundente y el subtítulo que lo acompaña ya lo indican claramente. Estamos en una clara lucha entre la censura y el derecho a la libertad de expresión y manifestación. Del resultado de esta confrontación depende nuestra libertad, aunque ya avisó Angela Davis que «la libertad es una batalla constante» y, por tanto, siempre hay que estar atentos.

Con la censura como elemento nuclear, ya en las primeras páginas las autoras nos ponen rápidamente en antecedentes y narran el origen y propósitos del libro. Así empiezan mencionando la reforma del Código Penal y la Ley Mordaza, ambas aprobadas el 1 de julio de 2015 como respuesta principal a tres movimientos que ponían en jaque, a través de la desobediencia civil, un estado heredado del franquismo y regido por la constitución de 1978: el 15M, Podemos y el soberanismo catalán. A ello, hay que añadir la irrupción con fuerza de movimientos reivindicativos antifascistas, la plataforma PAH, las protestas por el soterramiento del AVE en Murcia, manifestaciones feministas...  Mucha desobediencia civil para un estado acostumbrado a atar en corto a sus ciudadanos. ¿La respuesta del estado ante el cambio de paradigma social y tanta reivindicación? Más represión, a través de un endurecimiento del Código Penal y la aprobación de la Ley Mordaza (ley criticada por asociaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, entre otras y medios internacionales como el New York Times, que afirmó que la ley recordaba a los tiempos de Franco).

Con este propósito censor y represivo, la aprobación de la Ley Mordaza es clave, ya que modificando la tipificación de algunos delitos y pasando otros a ser infracciones administrativas en lugar de penales, se elimina la presunción de inocencia; en lugar de que la fiscalía tenga que probar la culpabilidad, es el supuesto infractor quien debe probar la inocencia y hacerlo por encima de la presunción de veracidad y la discrecionalidad de los agentes policiales. Si a ello le sumamos una falta de investigación sobre las prácticas que llevan a cabo los cuerpos y fuerzas de seguridad, tenemos un sistema policial regido por una gran dosis de impunidad. La propia ONU ya denunció la manera en la que la ley estaba redactada y el peligro que suponía debido a la restricción del derecho a la libertad de expresión que implicaba; también, en un artículo escrito por «UN experts», se avisaba que «tal y como están definidos los crímenes, podrían criminalizar aquellos que convoquen manifestaciones pacíficas». El resultado y el ejemplo más evidente de esto es la detención y acusación de rebelión a Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, por haber participado en una manifestación pacífica. A día de hoy, siguen en prisión provisional, sin haber sido juzgados aún, más de un año más tarde de aquellos hechos.

En un escenario geopolítico como en el que nos encontramos, la situación de alerta terrorista que vive Occidente y en concreto España fue utilizada por parte del gobierno para instrumentalizar el miedo y el populismo, aprobando una ley que tenía también como propósito atacar directamente la libertad de expresión y coartar las libertades de los ciudadanos. Así, una interpretación sesgada sobre lo que es «Terrorismo e incitación al terrorismo» sirve al aparato estatal para criminalizar la actuación, por ejemplo, de los CDRs (Comités de Defensa de la República) y convertir manifestaciones pacíficas en posibles actos de terrorismo. Como ejemplo, la acusación de terrorismo a dos personas (Adrià Carrasco y Tamara Vila) por el simple hecho de levantar las barreras de un peaje en una acción de resistencia pacífica. Pero no únicamente el aparato represor se escuda en unas leyes ambiguas y difusas, sino que también tiene el soporte y complicidad de los medios de comunicación afines al poder, que crean un relato de violencia (incluso antes de que haya detenciones) para justificar acciones posteriores. Los medios difunden miedo a través de mentiras, el estado actúa. Todos perdemos. Así, la estrategia es clara: se crea la noticia acompañándola de lenguaje bélico, se genera un ambiente donde la opinión pública consienta cualquier medida, y luego se aplica la (supuesta) justicia. La prueba del endurecimiento del código penal es que ha habido más sentencias por enaltecimiento del terrorismo después de la renuncia definitiva de ETA a las armas que antes de ese hecho.

La consecuencia directa de ello no es únicamente la censura ejercida por el estado, sino también la propia autocensura. Y es que la detención de hasta 76 personas entre 2014 y 2016 por comentarios en Twitter tienen como objetivo este efecto autocensor, en claro detrimento de la libertad de expresión. Como ejemplo evidente está el de Cassandra, acusada de enaltecimiento del terrorismo por tuitear un chiste sobre Carrero Blanco. La autocensura aplicada por un doble motivo: por el posible procedimiento judicial penal, pero también por el perjuicio que causa el mismo al implicado en su vida laboral, a su estado de salud, etc. En los casos tratados, sea el acusado absuelto o no, en el propio proceso ya está el castigo.

Algo similar ocurre con la incitación al odio; la ley fue creada pensada para proteger grupos vulnerables o tradicionalmente discriminados o minorías desamparadas o en riesgo de exclusión social. Sin embargo, no ha sido así, atribuyendo delitos de incitación al odio a los críticos contra la policía nacional, el PP o la Monarquía, todos ellos estamentos en clara posición dominante y lejos de encontrarse en una situación de vulnerabilidad. Hay cargos por delitos de odio a propietarios de un restaurante por negarse a servir a la policía tras el referéndum del 1O, o un civil que se puso una nariz de payaso al lado de un policía. Y la diferencia de trato es aún más evidente si nos fijamos en una cierta impunidad del que la extrema derecha parece gozar por parte de la policía, fiscalía y sistema judicial. Una impunidad que tiene como resultado una ayuda a favor de la represión.

En el capítulo dedicado a la ley mordaza se habla de la facilidad con la que las críticas a los estamentos policiales se transforman en faltas de respeto con las consiguientes multas a quien las realiza. Y todo ello también se hace extensivo al colectivo de periodistas, que son obstaculizados por hacer su labor, atentando contra la libertad de información. Hay que poder ser crítico con el sistema, pues en caso contrario nos acercamos demasiado a un estado totalitario. El libro destaca varios casos de aplicación restrictiva de la ley mordaza, con multas a periodistas y manifestantes, con un objetivo claro que vas más allá del castigo puntual: el objetivo final es el de atemorizar y avisar al resto de la población; si haces esto, te ocurrirá lo otro, así que cuidado. Así, se veta el debate, se elimina el pensamiento crítico, se restringe la opinión, se censura la discrepancia, se criminaliza la disidencia.

El libro también trata sobre las consecuencias de todo ello, que consisten principalmente en un aumento de la represión hacia la libertad de expresión que conduce a la autocensura, y la represión de la libertad de manifestación conduce a la desmovilización. De hecho, Amnistía Internacional explica de manera clara que manifestarse es un derecho y que “las autoridades tienen una obligación positiva de facilitar el desecho de reunión”, ¿ocurre así en España? De hecho, el propio Tribunal Constitucional afirma que “el espacio urbano no es solo un ámbito de circulación, sino también un ámbito de participación, por lo que cualquier corte de tráfico o invasión de calzadas producido por el curso de una manifestación puede incluirse en los límites del artículo 21.2 CE.”. ¿Con lo que afirma el TC, sería entonces terrorismo cortar una autopista? No debería serlo, pero actualmente podríamos ser acusados de ello. El resultado de ello es un exceso de autocensura en la población, convirtiéndonos nosotros mismos en represores de la libertad de expresión.

El libro está repleto de ejemplos que ponen en evidencia esta interpretación abusiva, sesgada e interesada de la ley, además de los ya mencionados anteriormente. Así nos habla de los casos de Pitu y Apurtu.org, Valtònyc, Ermengol Gassiot, y Cesar Strawberry, Pablo Hásel, los chicos de Altsasu, Willy Toledo, la criminalización de los CDRs, la existencia de presos políticos catalanes y denuncias contra profesores por hablar de los hechos del 1 de octubre, entre muchos otros casos.

A pesar de ser un ensayo con gran trasfondo jurídico-legal, las autoras han conseguido redactarlo de manera sencilla, haciéndolo totalmente accesible a cualquier lector, y es de agradecer, pues no parecía tarea fácil. Además, se nota el gran trabajo de documentación realizado, pues se nombran y se explican múltiples casos donde se hace evidente este retroceso en los derechos humanos. Se trata, por tanto, de un libro muy necesario en el que se pone de relieve la deriva represora de un estado que, en lugar de adaptarse a las demandas de la sociedad a la que debe dar respuesta, opta por intentar acallarla. Independientemente de la posición política que se tenga, el libro es necesario porque habla de algo que, ideología política aparte, nos concierne a todos: el derecho a la libertad de expresión y manifestación. Y aunque retrata casos ocurridos en el estado español, el libro también puede ser de interés para aquellos que, desde fuera, quieran ver lo que actualmente ocurre en España, una de las supuestas democracias avanzadas. Así estamos.

Y para profundizar un poco más sobre el momento en el que nos encontramos, hablamos con una de sus autoras, Laura Huerga, que amablemente ha aceptado participar en esta breve entrevista:

¿En qué momento decidisteis lanzaros a escribir sobre esta temática? ¿Cuál fue el detonante?
La acumulación de casos en un tema tan delicado como el de la libertad de expresión y que, como editorial, es nuestra obligación defender con más ahínco incluso. Era un listado que, al principio pretendía ser una enumeración de injusticias, y que se acabó convirtiendo en una voluntad expresa de querer conocer nuestros derechos y entender las leyes que los vulneran. También nos interesaba saber quién o qué intereses podría haber detrás.

En una sociedad donde constantemente vemos nuevos casos de censura, debe ser difícil escoger un momento en el cual terminar el libro. ¿Cuál fue el motivo final que os dijo "tenemos que sacarlo ya"?
Teníamos la sensación de que para que el libro sirviese de algo, tenía que salir pronto. Pedro Sánchez había prometido la derogación de la ley mordaza y cuando empezó el debate en el Congreso ya sólo se hablaba de posible reforma. El libro pretende concienciar sobre la necesidad de la derogación para recuperar derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión y de manifestación, aunque en realidad sólo es una de las cosas que se tendrían que hacer para proteger estos derechos.

En el libro comentáis, mencionando la tesis de Naomi Klein, que los gobiernos aprovechan momentos de crisis en los que la sociedad está centrada en salir adelante para implantar medidas poco populares. ¿Creéis que la sociedad ha apartado la mirada ante los abusos, o incluso hay cierta parte de la sociedad que, por ignorancia o incluso por interés, ha callado ante los recortes sobre la libertad?
El gobierno español lo ha utilizado de tal manera que parecía que siguiera las instrucciones de la propia Klein como si fuera un manual de la represión. En cuanto al resto de nosotros, siempre hay motivos por los que callar, sin duda. Desde el riesgo personal hasta el interés. Desde el miedo al otro hasta la explotación de una situación de vulnerabilidad de ese mismo otro. Pero callar ante estas injusticias es lo mismo que ejercerlas. Es consentir. Es legitimar.

Tras la publicación simultánea en catalán y castellano, ¿el público lo ha recibido de igual manera?
En catalán ha funcionado mucho mejor que en castellano, pero es cierto que el apoyo de la prensa catalana ha sido imprescindible para su difusión. Es algo que aún tendríamos que trabajar en la edición castellana, así como la presencia de actos fuera de Cataluña que ayudarían también.

Este libro se ha publicado en un momento en que la situación se estaba haciendo ya insostenible, pero tras el auge de partidos como VOX parece que no estamos aún en el peor momento. ¿Creéis que en un corto plazo de tiempo será necesario sacar un nuevo volumen para denunciar nuevos casos?
A cada nueva noticia tomamos notas para actualizar los contenidos. Lo cierto es que algunos de los casos han tenido alguna actualización, pero no es relevante para el hilo que sigue el relato. Los casos nos ayudan a explicar los agujeros, vacíos, vaguedades y errores, tanto de la ley mordaza como de la reforma del código penal. Y dado que sigue pasando con otros nombres y en otros sitios, el discurso sigue teniendo el mismo interés.

Pregunta final, y hablando de autocensura, ¿os ha influenciado de algún modo a la hora de escribir el libro? ¿Os habéis autocensurado o lo habéis escrito con total libertad?
No nos hemos censurado y hemos realizado un ejercicio de autocrítica muy intenso para que así no pasara. Nuestro editor incluso nos hizo una broma, señalando un párrafo que no desvelaré, sobre qué tipo de pastelitos preferíamos que nos llevara a prisión. A veces el humor es el único revulsivo que nos queda.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Lolita Bosch: Tres historias europeas

Idioma original: catalán
Título original: Tres històries europees
Año de publicación: 2005
Valoración: Desconcertante-decepcionante

Quiero valorar el libro sin resultar hiriente, a ver cómo lo hago. Tres historias europeas es un libro que reúne justamente tres relatos, cuyo nexo en principio es que se desarrollan en Europa, aunque la verdad podrían situarse en cualquier otro lugar.  Quizá podríamos encontrar alguna otra conexión, aunque no en todos ellos, porque este libro es algo bastante raro, y voy a intentar explicarlo.

El primero de los relatos se titula Pingüinos. En plan sinopsis se puede decir que se trata de un médico eslovaco que vive en Budapest y que defiende algunas tesis algo heterodoxas, lo que provoca la repulsa de sus colegas de profesión. Tal vez por ello emigra un tiempo a un lugar indeterminado de las montañas del norte de su país, y regresa luego con un supuesto tratamiento para curar la ceguera. De alguna forma que tampoco conocemos tiene éxito con una única paciente, que recupera la vista. Y ya está. No hay más. Todo lo demás (unas 60 páginas) es dar muchas vueltas a lo mismo, del derecho y del revés, contando cosas por completo irrelevantes sobre los padres y abuelos del médico y su paciente, el hijo perdido por la mucama de esta última, una institución norteamericana para ciegos, el hombre que cazó el pato salvaje que la ciega degustó en cierta ocasión, el científico ruso que descubrió los síntomas de la pleuresía, su padre, su hermano. 

Acepto gustosamente que el autor de un libro prescinda de un patrón cronológico, que nos presente imágenes con una técnica de espejo roto, está bien forzar al lector a construirse la historia con materiales dispersos. Pero al menos hay que pedir que estos no sean absolutamente inanes, que tengan algún sentido, que le den cuerpo, color, ritmo, algo. En este caso, todo lo que cuenta Lolita Bosch es prescindible, uno pasa página tras página esperando que algo empiece a encajar, que avancemos hacia alguna parte, y solo se encuentra comentarios, retazos sueltos que no conducen a nada en absoluto. No nos interesa lo más mínimo el doctor Gladov-Klass ni sus padres, ni el hombre que cazó el pato, ni el doctor Svaty, ni su hija, la hermosa Mónica.

Porque esa es otra. La ciega que recuperó la vista no es Mónica, ni Mónica Svaty, ni la paciente, es siempre la hermosa Mónica. Una y otra vez. Como Bratislava es siempre Bratislava de Eslovaquia (¿), o los barrios originarios de Budapest son siempre –pero siempre, siempre- la bella Pest y la abandonada ciudad de Buda (¿?). Uno, que es generoso y además admira a quien es capaz de escribir un libro, intenta buscar en ese dudoso recurso estilístico una traza de cuento infantil, un artificio para obtener un efecto arcaizante (aquello de la Bella Isolda), o un truco para marcar un determinado ritmo. Pero sinceramente, a este bombardeo de repeticiones le encuentro más bien un cierto tono adolescente y, junto con la falta de algo coherente que contar, da lugar a una irritación creciente, sensación de estafa, tentación (pero muy fuerte) de hacer uno de esos interruptus que mis colegas practican con alguna soltura (me refiero a las reseñas, claro).

Afortunadamente llega el final, y pasamos al segundo relato: Una: Piiter y Py. Se ve que a Lolita Bosch le va lo de los títulos en clave y los nombrecitos complicados. Ahora se trata de que Piiter Wiesengrund (a quien alguna vez sí se cita sin el apellido, menos mal) vuelve de Estados Unidos para visitar el campo de concentración de Auschwitz por donde pasó de niño, y donde murieron sus padres. No ocurre casi nada más, pero es un relato bien narrado, envuelto en una atmósfera fría, brumosa e intimista en la que domina el silencio. Me gusta sobre todo la valentía de la autora a la hora de ir incluso más allá del narrador omniscente: se diría que vemos a Piiter moverse sobre un decorado en miniatura, siempre vemos más que él, y a veces hasta sabemos lo que va a ocurrir. Le observamos y atendemos las indicaciones del narrador que se dirige a nosotros, lectores. Interesante. Al mismo tiempo, juega con la identidad de los personajes diríamos secundarios (Una y Py), que se llegan a confundir con la del propio Piiter, cómo se disuelven y se reconstruyen los recuerdos, sin que el mismo protagonista llegue a saber hasta dónde son ciertos o falsos.

Este último aspecto –recuerdos de la infancia, muy poderosos pero de cuya veracidad se duda- reaparece en la tercera historia europea: Elisa Kiseljak. Sí amigos, nombre y apellido, siempre. El relato tiene unas treinta páginas, si en cada una se cita a esta chica (protagonista absoluta) pongamos cinco veces (que generalmente son más), tenemos que hemos leído Elisa Kiseljak unas ciento cincuenta veces en veinte o treinta minutos. Mucha tela. Y ¿para qué? Bueno, dejémoslo estar. Sobreponiéndonos a este terrible alambre de espino, diremos que esta última historia tiene como centro un caso de abuso sexual infantil. Siendo un asunto tan lacerante, hay que decir que la autora lo expone con la temperatura tan tibia y la distancia tan medida que, precisamente por despojarlo de todo desgarro, el relato resulta sobrecogedor. Especialmente la primera mitad me parece un texto soberbio, maduro, estremecedor. Más adelante adquiere sin embargo un tono excesivo, con un monólogo interior largo y redundante al que no parece que se le encuentre una salida. Pero en general el relato es bastante bueno: Elisa (Kiseljak) lucha contra el recuerdo, quiere deshacerse de él, pero al negarlo no le permite salir al exterior, y en esa lucha es su propia identidad la que se tambalea.

De modo que el escaso tiempo que dura la lectura es un carrusel de sensaciones contrapuestas, de ahí ese desconcertante que ponía arriba. Pero de alguna manera hay que valorar el libro, y me he decidido por el Decepcionante (podría haber sido peor) porque las cosas interesantes que he encontrado no pueden, desgraciadamente, borrar de ninguna manera lo que me parece por completo desechable, que es bastante. Como alguna vez he opinado, un libro es una unidad, para lo bueno y para lo malo. La verdad es que me quedo un poco con ganas de ver si Lolita Bosch apunta definitivamente hacia arriba o hacia abajo, debería darle otra oportunidad. Pero francamente, me da bastante miedo.

martes, 5 de febrero de 2019

Philip Roth: Zuckerman desencadenado

Idioma original: inglés
Título original: Zuckerman unbound (*)
Año de publicación: 1981
Traducción: Ramón Buenaventura
Valoración: les explico

Quien esto escribe, saben, era, hace ya un cierto tiempo (más de dos años, pongamos) alguien a quien los lectores de este blog se dirigían en términos más o menos así: cómo lees tanto, menuda máquina, de dónde sacas tanto tiempo. Quizás en aquellos momentos no disponía de mucho más tiempo del que dispongo ahora para abordar lecturas, puede que me organizara mejor, puede que careciera de alguna de las preocupaciones que el paso del tiempo acarrea. 
Quizás sea demasiado fácil culpar al stress.
Pronúnciese la palabrita de marras con mucha énfasis en las "s", como pretendiendo dar miedo sin evitar que suene la cosa un poquito socarrona.
El stress es una cosa bastante mala. Puede uno combinarla con una serie de factores y el resultado suele ser letal, como mínimo desastroso o sumamente arriesgado. Sean bocadillos de chistorra, actividad sexual frenética, alteraciones del ritmo de descanso. Lo que a mí me sucedía, me repite mucho la chistorra y no suelo tener en la despensa, es que afectaba mucho mi capacidad de concentración. Y yo, que era capaz de capturar la esencia de un libro y transcribirla a unos cuantos párrafos, yo, ese mismo, ahora me desmoronaba apenas adentrado unas páginas en obras objetivamente inapelables. 

Hace poco tuve la oportunidad de hacer cola frente a un organismo oficial. Abrí este libro y me impresionó esa primera escena: Nathan Zuckerman reconocido por la gente como escritor de enorme éxito que se desplaza en transporte público, con los comentarios propios de una situación así, con la correspondiente variedad de estos ya se sabe, hasta que es asaltado por un tipo ávido de conversación que le suelta un rollo impresionante en el que Roth empieza a colar su prosa intensa y su penetrante análisis de la sociedad americana de finales de los 70, esa sociedad en evolución.

Al día siguiente me desplacé a recoger el teléfono móvil de mi hija, que estaba siendo reparado, esta juventud y su descuido con el trato de esos cacharros tan delicados. Me encontré con Álvaro Colomer e intercambiamos unas cuantas frases de forma precipitada, tenía algo más de prisa que yo el hombre pues iba a un taller de lectura y solo pudimos mostrarnos los libros que cada uno llevaba (él Caldwell y un Cormac McCarthy, yo, éste), en todo caso en el último momento acabamos comentando acerca del último de Houellebecq. Simpático este hombre. Colomer, digo. Acudí a la biblioteca a renovar esos préstamos de esos libros que esperan pacientes sobre la impresora de mi casa a ver si les llega su momento. Lluís el bibliotecario hizo mención a mi reseña de Donna Tartt y ya me fui a casa.

No saben cómo de cabrón es el tío este que coordina este blog. Si se tomara la molestia de leer todas las reseñas y no sobre todo las suyas, tendría cierta prudencia de decirlo de forma tan tajante. Pero qué va. Así que mi decisión sobre Zuckerman desencadenado ya está tomada de antemano.
Aún así, al día siguiente, mientras espero que me preparen unas hamburguesas, continúo leyendo, me resulta reconfortante constatar que el libro continúa en ese nivel inasequible a la mayoría de los que se dedican a esto de escribir. Auto-ficción: menudo pretexto para muchos meterse con este género, que me ha deparado unos cuantos de mis escritores favoritos. Quizás no los más favoritos, pero Cercas y Vila-Matas y, claro, Roth, están seguro entre mi top-20. Me pregunto si podría aplicar lo de auto-ficción a esto de las reseñas y vuelvo a pensar en el tipo este del blog y en mi tensa relación con él. A ver si lees esta frase certera y contundente, de aquellas que tanto gustaban. "Roth, escritor de poderoso estilo propio". Toma. Recuerdo algo sobre el encuentro con Colomer de ayer. Habría de cultivar algo de amistad con este hombre. Qué diálogos, dijo, los de Caldwell. Qué buena, dije, la novela de Roth. No debí empezar a leer a Roth con El lamento de Portnoy. Dice: no es el más adecuado. Vaya, las hamburguesas ya están. Yo ahí, concentrado en el capítulo, y ya he de irme.

Zuckerman desencadenado puede parecer una autoparodia, claro, la de un escritor judío nacido en Newark que escribe Carnovsky, una novela de enorme éxito que le ha convertido en una persona célebre a la par que enormemente controvertido en su relación con su pléyade de lectores: los que le idolatran y aquellos que, muchos de ellos confundiendo a autor y narrador, han empezado a atacarle porque interpretan que con su obra ha ofendido a la comunidad judía, que con su obra ha señalado a conocidos y familiares y los ha señalado. Y Zuckerman ya no puede viajar en autobús (impresionante puesta en escena en las primeras páginas) sin que su mera presencia allí, él que es célebre y rico, sea cuestionada. Sin que su vida sea alterada por los comentarios de la gente le afecten, sin recibir llamadas telefónicas o correspondencia. Puede que un subtítulo obvio para esta novela fuera El precio de la fama, pero Roth no era un escritor dado a las obviedades. La novela entera es una broma, una farsa con unos diálogos inverosímiles, como si Roth en algún momento hubiera tenido intención alguna de apelar al realismo... No, de ninguna manera; el escritor aprovecha cualquier resquicio para ser agudo, mordaz, con una acidez que filtra a la que se presenta la mínima oportunidad. Cada personaje esconde algo paradigmático y no se trata de arte figurativo sino de arte abstracto. Alvin Pepler, por ejemplo, poderoso secundario en manos de un célebre concursante de quiz shows venido a menos, dice, por una suerte de conspiración en manos de productores televisivos para que un w.a.s.p. obtuviera un gran premio que él decía merecer. El hermano de Zuckerman, Henry, hijo perfecto que ha seguido la tradición profesional paterna y que se presenta de madrugada en casa del hermano a volcar toda la frustración que esa elección le ha procurado. Toda esa familia que sufre en silencio su estupefacción ante la repercusión que el éxito de Carnovsky ha representado en sus vidas.
La fama, sí. En los Estados Unidos de los últimos años 70, heridas aún tiernas las de Vietnam y el feo asunto del Watergate, un escritor aún puede convertirse en una celebridad y ser asaltado con comentarios sobre su obra. Reírse de ello y crear un alter-ego que cree otro nuevo alter-ego. Menuda genialidad retratarlo de esta manera y escribirlo así.

Muy recomendable, cómo no.

(*) Publicada en español por Seix Barral, integrando, junto a la ya reseñada La visita al maestro, la trilogía Zuckerman encadenado.

Mucho Philip Roth reseñado ya en este blog: aquí

lunes, 4 de febrero de 2019

Reseña a cuatro manos: El aliado, de Iván Repila

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable


Cualquier noche de jueves tras la sesión de la RAE. Lugar: una distinguida coctelería del centro de Madrid. Dos hombres maduros, dos amigos, charlan mientras beben sendos gimlets.

- …pues los soviéticos tendrían sus cosas chungas, no te digo que no, pero la Tokarev siempre ha sido una pistola mejor que cualquier semiautómatica norteamericana…

- Ay, Arturo, vaya perra te ha dado con las armas de fuego, con lo estruendosas y vulgares que son… ¿Te parece algo propio de nuestra condición?

- Entiendo… ¿Tú prefieres las armas blancas? ¿Has visto alguna vez “Forjado a Fuego”?

- Que no, hombre, lo que pretendo decir es que, ya que somos los dos escritores y académicos de la Lengua, podríamos departir sobre temas más elevados… hablar de libros, por ejemplo.

- Pues tú dirás, Javi, porque yo hace siglos que no leo ninguno. Ni los míos, je, je…

- Je, je… Yo sí que he leído una novelita de cierto interés. Como se acerca el día 8 de Marzo, quería tocar en mi columna semanal el tema del feminismo, pero no de forma directa, que ya sabes cómo se ponen las feminaz…nistas y los inquisidores de la corrección política. Así que pensé en hablar sobre los aliados.

-¿Quiénes?¿Los que desembarcaron en Normandía con subfusiles Thompson y…

- No, hombre, no, los aliados son esos tipos que se juntan con las femina…nistas y luego se convierten en más feministas que ellas.

- ¡Ah, los planchabragas! Bueno, yo les llamo así en privado, porque en público los inquisidores de la corrección política no me dejan… aunque cuando puedo lo cuelo en algún tweet, je, je…

- Je, je… pues sí, esos mismos, Arturo. La novela se titula precisamente así: El aliado y es de un escritor joven y prometedor, Iván Re…no sé qué…

- ¡No jodas, Javi! ¿Un millenial de ésos que nos llaman “pollaviejas”? Pues como me lo encuentre yo llevando encima el hierro, se va a enterar…

- Bueno, no sé si es tan joven. Igual me lo parece porque, claro, no tiene detrás una carrera tan prestigiosa como la mía… como la nuestra, me refiero.

- Nada, nada,  Javi, como la tuya, dices bien… Que este año te llaman de Estocolmo sí o sí, ya lo verás. La rabia que le va a dar al japonaka ése… y a los inquisidores de la corrección política, je, je...

- Je, je... sí. Bueno, como te contaba: es ya la quinta novela de un tal Iván Rop...lo que sea. El caso es que a este mozalbete le sigo con cierto interés. Parece que para él "todo acto es un acto político y todo texto es un texto político" (como para mí cuando era joven, rojo y alocado). Porque El aliado es un texto claramente político, al igual que sus anteriores novelas, el Atila o Prólogo. Más gamberro, menos "sesudo", menos metafórico si se quiere, pero a todas luces político... Sí, con el libro persigue zarandearnos y lo consigue, sin duda.

- ¿Zarandearte, Javi? ¿Quieres decir con esto que te dan ganas de comprar por el Wallapop un AK47 y hacer que las concentraciones feminaz…nistas parezcan el instituto de Columbine?

- ¡No seas bruto, Arturo, un poco de contención! Mira: vale que los personajes resultan un tanto arquetípicos o caricaturescos, pero eso es lo que les hace funcionar. Además, a veces la realidad supera a la ficción. ¡Anda que no habremos oído conversaciones “cavernícolas” similares a las que aparecen en el libro en las que, pensándolo fríamente, me da vergüenza ajena haber participado sin haber puesto en su “sitio” a los sujetos que intervenían!

 - ¡Coño, Javi, me sorprendes! ¿O sea que te arrepientes de haberle dicho a Soto Ivars: “Juanito, con esa melenita de niña vas a follar menos que un casado”? ¿O de haberle soltado a Houellebecq: “Ne pas épouser la japonaise car elle a de petits nichons!”?

- No, hombre, que es broma… ¡Que a mí en Oxford me llamaban “the Pretty Iberian Machito” por algo, je, je! Mira, hablando de Michel, aquí el Iván Rodi… el pollo éste hace un poco de Houellebecq porque predice un poco el auge del “neomachismo” que vemos en el mundo. ¡Y mira que me fastidia porque yo soy más partidario de la masculinidad tradicional!

- ¡Joder, y yo! Del hombre-hombre, como El Fary, y del “la mujer, de la habitación a la cocina y por el pasillo a hostias!”

- ¡Arturo, compórtate! El caso es que, estando totalmente en desacuerdo con Iván Repo…el perroflauta, vaya; he de admitir que me lo he pasado muy bien leyéndolo. Para empezar, es divertido, tiene muy buen ritmo narrativo y la extensión justa para no hacerse pesado. Parte de una premisa muy muy buena y no la alarga innecesariamente. ¡Anda que no habremos leído libros que arrancan genial pero que el autor estira el tema hasta hacerse cansino!

- ¡Por las pelotas de Blas de Lezo, qué insinúas, eh! ¿Que en mis libro hay más pajas que en una peli porno? Perdón, quería decir paja… ¡A qué te reto a duelo, mal amigo! ¡Si parece que te ha gustado más que mi Sabotaje!

- ¡Pardiez, Arturo, no way! Sabotaje te sitúa en la cumbre de la novelística actual, por favor… El Iván Ropi… Ripo…bueno, como  sea, no deja de ser un tuitero con ínfulas que escribe estas cosas para tener más predicamento entre las féminas...

- Fijo. Esa gente sólo piensa en el ñaca-ñaca.

-Eso sí, lo hace con gracia el muy… titiritero. Además, mantiene un acertado equilibrio entre lo cómico / humorístico / gamberro, lo patético / esperpéntico y lo serio o incluso épico. Sin olvidar el erotismo;  aunque a la novia del protagonista, la tal Najwa, ni la tocaría un gentleman con un mínimo de educación y cultura... ¡Vaya una pájara femina…nista! Me gusta también la evolución del personaje: toma de contacto - toma de conciencia - acción… y que la historia sea una uto-distopía, un poco al estilo del Ensayo sobre la lucidez o el Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Eso sí, estirando la ficción de una forma muy diferente al portugués, mezclando humor gamberro con patetismo, tensando la cuerda sin que esta llegue a romperse.

- ¡Por las patillas del último de Filipinas, Javi, qué despliegue de erudición! ¡Y no te veía tan entusiasmado desde que la última vez que vetamos la entrada de una tía...mujer en la RAE! Igual hasta me lo tengo que leer. ¿Me animo o no?

- Hombre, el tema de fondo está claro que no puede ser más actual. Habrá quien se sienta más o menos concernido por ello, of course… Yo no, porque no soy ni machista ni feminista; sólo tengo sentido común, je, je… Pero al ser una historia sin una moraleja clara, sino más que nada satírica, creo que le puede interesar a cualquiera. Eso sí, me parece un texto generacional. Vamos, muy para la muchachada o gente de nuestra edad, pero joven de espíritu como nosotros (si es que eso es posible). En todo caso, ideal para machirulos de viejo y nuevo cuño.

- ¿Me estás llamando machirulo? Mira que saco la fusca otra vez, ¿eh?

- ¡Qué va, Arturo, si tú y yo somos un ejemplo para las generaciones presentes, pasadas y venideras! Anda, guarda la Tokarev y vamos a ver el partido del Madrid a mi casa. A ver si consigo explicarte lo del fuera de juego, que toda la vida viendo fútbol y aún no lo has pillado.

- Claro, porque mientras tú comías pipas en el Bernabéu yo veía los partidos en una tele en blanco y negro con los guerrilleros somalíes… ¿Te lo he contado alguna vez? Pues verás… 


Firmado: Koldo y Juan (excepto si hay alguna querella por delitos contra el honor. Entonces, no).


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domingo, 3 de febrero de 2019

Guillermo Arriaga: Un dulce olor a muerte

Idioma original: Español
Año de publicación: 1994
Valoración: Bastante recomendable

No descubro nada si digo que el mexicano Guillermo Arriaga es mucho más conocido en su faceta de guionista o director de cine que en su vertiente de escritor. No en vano, Arriaga ha sido el guionista de películas como "Amores perros", "Babel" o "21 gramos", todas ellas dirigidas por el oscarizado Alejandro Gónzalez Iñárritu, y ha dirigido, entre otras, "Lejos de la tierra quemada", en la que participaban Charlize Theron o Jenniffer Lawrence. 

Si al hecho de participar en películas tan renombradas como estas le sumamos que su obra narrativa (y ahora me ciño solo a España) ha aparecido publicada en diferentes editoriales que no le han dado mucha cancha, comprenderemos mejor el porqué del desconocimiento del que hablaba.

En esta ocasión es la barcelonesa editorial Navona la que vuelve a traernos la obra de Arriaga y lo hace con una cuidada edición de la que es su segunda novela: "Un dulce olor a muerte". Espero, de verdad, que esta sea la definitiva porque estamos ante un muy buen libro.

La novela comienza con el hallazgo del cadáver de Adela, una muchacha de unos quince años asesinada de una puñalada en la espalda. Pero lo que en un primer momento parece ser una novela policial se convierte, hacia la página setenta, en la historia de una venganza. Y es que el pueblo ya ha encontrado un culpable, haciendo bueno el dicho de que "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". La cosa llega a tal extremo que hasta los propios implicados en los acontecimientos acaban, ya sea por conveniencia o cobardía, creyéndose sus propias mentiras.

Más allá de su argumento, "Un dulce olor a muerte" es un devastador retrato del mundo rural mexicano, un mundo gobernado por la violencia, la corrupción y el miedo, con mención "de honor" para la primera, la cual se manifiesta en variadas formas (machismo, racismo, venganzas), y el último, que provoca que los hechos se precipiten.

Estilísticamente, Arriaga es un narrador frío y casi tan seco como el paisaje en el que transcurre la novela y que tanta importancia tiene en su desarrollo. Sus frases breves y concisas, sin florituras (aunque con gran atención a los detalles) contribuyen a aumentar la sensación de asfixia creada por una historia plagada de sangre, sudor, polvo y sexo, en la que la muerte es una presencia constante y en la que el fatalismo que rodea a los personajes se advierte desde las primeras líneas.

Esta frialdad, por otra parte, no es obstáculo para que la narración tenga un ritmo vertiginoso ni para que la tensión no decaiga en ningún momento. A ello ayuda la propia estructura del libro, dividido en breves capítulos centrados en los múltiples protagonistas de la historia, casi a modo de escenas de película.

En resumen, "Un dulce olor a muerte" es una buena historia muy bien contada a la que solo puede ponerse un "pero": la de transmitir la sensación de algo ya leído. Y es que las sombras de la Comala de Rulfo y de "Crónica de una muerte anunciada" son demasiado alargadas.

P.S.: Un comentario vinculado a los subtítulos (notas al pie, en este caso) a raíz de la reciente polémica derivada de la decisión de Netflix de subtitular la última película de Cuarón: en este libro hay muchos localismos (normal, por otra parte), pero personalmente agradezco a la editorial el haber optado por no poner notas al pie ni nada por el estilo. Sinceramente, si el lector no es capaz de buscarlas en un diccionario, ¡apaga y vámonos!

sábado, 2 de febrero de 2019

Edgardo Rodríguez Juliá: Tres vidas ejemplares del Santurce Antiguo


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable

El paso del tiempo, los años vencidos e inertes, esa amarga convicción de que “llegar a viejo es graduarse en la humillación propia y la burla ajena”. Un estado vital en el que todo lo memorable ya ha ocurrido, donde toda la pólvora ya ha estallado y apenas queda encajar decepciones y pérdidas. Ese es el marco en el que se desarrolla Tres vidas ejemplares del Santurce Antiguo, la nueva novela de Edgardo Rodríguez Juliá (Río Piedras, Puerto Rico, 1946). En estos tiempos raros y desabridos en los que Netflix subtitula al castellano una película mexicana, zambullirse en un nuevo libro de Edgardo Rodríguez Juliá proporciona una estimulante y placentera inmersión en este “morrocotudo español antillano”, repletito de palabras y giros tan desconocidos como sorprendentes. Un regalo precioso.

Las historias de Edgardo Rodríguez Juliá son exigentes con el lector. Las tramas son enrevesadas, los personajes complejos, las anécdotas se acumulan y el relato va ciñendo sus contornos entre la densidad de los argumentos. Más allá del idioma compartido y diferente, y de las circunstancias históricas concretas que envuelven este relato y que escapan a quien no esté familiarizado con el devenir histórico de Boriqén, la isla más pequeña de las Antillas mayores –como es mi caso-, Tres vidas ejemplares del Santurce Antiguo recrea una época y una atmósfera, la del barrio de Santurce, en San Juan, la capital isleña, entre los años cuarenta y sesenta del siglo XX.

Y lo hace a través de un elenco de personajes, habitantes del barrio que se va conformando como el espacio propio de la burguesía a la que la ciudad antigua y colonial le queda obsoleta y exhibe en estas playas y avenidas posición y ambición, irguiendo hoteles, apartamentos, piscinas o lugares de ocio. Ahí están los personajes de Edgardo Rodríguez Juliá. Aunque periféricos, se muevan en los márgenes de esa clase social, de esa "placidez clase medianera", puesto que subsisten sin apenas liquidez en “esta enormidad que se nos ha venido encima que es el tiempo”. La narración se estructura en tres episodios -La Tertulia, El Mulato, La Cantante- que se deslizan desde los años 40 a los 60, en los que “todos vivían temerosos de haber ya zarpado en la nave del olvido”.

Por ahí pululan Antonio Paolí, el cantante tenor que nunca llegó a triunfar, entre la tertulia del restaurante “El Chévere” –todos dispuestos a despellejarse sin entusiasmo aunque con sistemático encono- y el apartamento en el que le esperan su esposa Adina y su hermana Amalia. O don Quirico, un mulato melancólico empeñado en perseguir las sombras del violinista Brigetower, con su misma tonalidad cutánea, que anduvo por la Viena del siglo XIX y a quien Beethoven compuso la Sonata Kreutzer, aunque luego le retirase la dedicatoria. O Lucienne Suzanne Dhotelle, Mome Moineau, que cantó en los cabarets de París, “la marimacha mamarracha más cachetera que he conocido”. O el doctor Manuel Igartúa Planell, un odontólogo generoso con la benzedrina y empeñado en el avance científico mediante su ingenioso prototipo del Orgasmotrón. O también don Félix Benítez Rexach, el industrial grisáceo y calvinista, ingeniero de rutilantes fracasos… 

Una sociedad provinciana e insular, alejada del pulso de la modernidad aunque no por ello desconectada del resto del circo mundial, que afronta sus días apegada a la vanidad y al ocio caribeño -"en el fondo de cualquier antillano hay un bujarrón"-, con la ostentación y el pavoneo arraigado hasta la médula, cuajada de intenciones malévolas y de ironías solapadas. Indolente ante los conflictos que burbujean en sus entrañas, las tensiones entre nacionalistas y pitiyanquies, entre lo rural y lo urbano, o las mujeres que se saltan los roles convencionales, o las nuevas formas y sustancias de buscarse placer o evasión. Y en la que, por supuesto, la violencia, irracional, brutal, puntual, nunca deja de presentarse para exhibir su arraigo en la idiosincrasia local.

viernes, 1 de febrero de 2019

Homero: Ilíada y Odisea, el manga


Idioma original: griego antiguo / japonés

Título original: Manga de dokuha. The Iliad and the Odissey
Año de publicación: 2011
Traducción: Marta E. Gallego Urbiola
Valoración: entretenido (imprescindible para el postureo intelectual)


Pues sí, lectores y lectoras de ULAD y, sin embargo, amigos: hay que reconocer que en los ya casi diez años  (¡¡¡10!!!) y entre las tropecientas mil reseñas publicadas en este apabullante y augusto blog, no ha habido aún ninguna dedicada al padre fundador, al MasterChef and Commander de la literatura occidental, al coloso de la lírica y la narrativa, el mismísimo Homero, el inmortal bardo ciego (¡bieeen, bravo... aplausos!). Ahora bien, no os llaméis a engaño: lo siento si pensáis que me voy a tragar los 27784 versos de la Ilíada y la Odisea en griego antiguo, o incluso en castellano moderno, para que luego vosotros leáis la reseña en diagonal y con un click, a otra cosa, mariposa... Pues de eso nada; por suerte, siempre podemos con la colección de mangas de la otra h, que junto con el Rincón del Vago, son los mejores amigos de los alumnos de ESO poco motivados y de los reseñistas displicentes. 

Así encontramos aquí, en un solo librito de 200 páginas y sin el menor rebozo, los dos pilares maestros de la narrativa occidental desde hace 29 siglos.Y con unos dibujicos la mar de resultones, qué caramba... Como es de suponer, ninguna de las dos obras se cuentan con todo detalle, pero sí con la suficiente claridad para ser entendidas por un lector aún ajeno a ellas, como puede ser, en un primer lugar, un adolescente japonés, supongo yo. Faltan episodios especialmente amenos, como el intento de las sirenas de atraer a Ulises o cuando Circe convierte a sus compañeros en simpáticos cerditos, pero sí están, claro, el del Cíclope y, desde luego, la disputa con los pretendientes de Penélope.

En el caso de la Ilíada, la narración se centra, como no podía ser de otra forma, en las vicisitudes de los diversos héroes y otros personajes principales: Aquiles, Héctor, Paris, Patroclo, Agamenón, etc... , pero también, de manera significativa, en las disputas y encaprichamiento de los distintos dioses a los que se hace responsable, de forma más explícita que implícita, en realidad, del desastre de aquella guerra. Por lo que respecta a la Odisea, hace hincapié, más que en el viaje de Ulises,que es lo que le mola al lector moderno (quizá por culpa de Joyce y de Kavafis), en lo que sucedía mientras en Ítaca, con los dependientes gorrones, las tribulaciones de Telémaco y luego, sobre todo, lo que sucede al regresar por fin el héroe, cual caballero oscuro, pero sin traje de murciélago, sino con pintas de pobretón. En fin, no me extiendo más , porque si luego no leéis la monumental obra de Homero diréis que es por culpa mía... (guiño - guiño - codazo).

En todo caso, la de este manga es una lectura amena y rápida, que incluso se puede considerar imprescindible para todo "cultureta" (no os ofendáis) que pretenda lucir un barniz clásico pero sin el excesivo esfuerzo de desentrañar los interminables hexámetros que componen estas obras y perder un tiempo que bien se puede dedicar a ver series de Netflix. Vaya, pues ahora que lo pienso, ya podían hacer una serie con esto, en plan Juego de Tronos... o por lo menos alguna peli, así como de acción, ¿no? A ver si en Hollywood toman nota y se ponen a ello... ; )