Idioma original: inglés
Título original: The Two Faces of January
Año de publicación: 1964
Traducción: Amalia Martín-Gamero
Valoración: recomendable
Todo el mundo sabe que el mes de enero tiene dos caras: primero, la tradicional resaca de Año Nuevo, la inevitable pesadez por la maratón gastronómica (rematada con el denostado pero ineludible roscón de Reyes, al menos por estos lares...), las tarjetas del banco temblando tras los excesos consumistas... Después vienen los buenos propósitos, las dietas, el gimnasio al que para marzo ya se ha dejado de ir, las rebajas, la interminable "cuesta de enero"... Bien, pues sobre tal esquizofrenia de la sociedad moderna occidental y la mejor manera de afrontarla sin menoscabo de nuestra salud y equilibrio interior escribió Patricia Highsmith este utilísimo libro para conservar el orden en nuestras vidas... ¡Muérete de envidia, Marie Kondo!
Vale, de acuerdo, ya dejo la patochada del día... Es evidente que éste no es un libro de autoayuda (de hecho, no se me ocurre nada más diferente de los libros de autoayuda que las novelas de Patricia Highsmith); su título hace alusión, además de que la historia se desarrolle en un mes de enero de alguno de los primeros años sesenta, al dios romano Jano, el bifronte, dios de las puertas, los comienzos y las transiciones. Dios al que hace alusión el nombre de enero en muchas lenguas europeas y, desde luego, en inglés.
La novela se podría calificar, más que de "policíaca", de "criminal" o noir, pero claro, tratándose de la Highsmith, cualquier clasificación por géneros no resulta demasiado definitoria. En ella, un joven norteamericano, Rydal Keener, que pasa una temporada en Atenas para alejarse de su familia -un típico personaje "highsmithiano", diríamos-, entra en relación, en circunstanciad harto peculiares, con un matrimonio de la misma nacionalidad que se encuentra haciendo turismo por Grecia: Chester MacFarland, un estafador de mediana edad, y su joven esposa Colette. Como, al parecer, Chester se parece bastante al padre de Rydal, recientemente fallecido, éste decide ayudarles a salir de cierto apuro y los acompaña a la isla de Creta. Allí la relación entre los tres se complica no sólo por las dificultades que deben afrontar, sino por la atracción mutua que sienten Rydal y Colette.
No voy a contar más de la trama, puesto que aún aguardan muchos giros y sorpresas en la misma. Sólo decir que la historia que cuenta convierte en un juego del gato y el ratón en el que las posiciones de uno y otro cambian, aunque además están cargadas de la ambigüedad moral que se presupone en cualquier narración de esta autora. Un thriller, de acuerdo, pero un thriller diferente, no exactamente "retorcido" sino complejo, con una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados con novelistas más convencionales. No es, lo reconozco, la novela más fascinante y perturbadora de esta fascinante y perturbadora escritora, pero sí lo suficientemente turbia como para hacernos plantearnos la integridad de nuestros propios principios, cómo habríamos actuado nosotros en el lugar de los protagonistas... o quizá mejor no saberlo.
Nota: la cubierta que se reproduce en esta reseña no es la de la edición que yo he leído (la de la Colección Compactos de Anagrama), pero resulta que en ésta aparece el cartel de la película de 2014 basada en la novela, y mirad, por mucho que salgan Kirsten Dunst y Viggo Mortensen y otro fulano que no sé quién es, paso de ponerla...
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