viernes, 7 de abril de 2017

Bridget Christie: Un libro para ellas

Idioma original: inglés
Título original: A Book for Her
Año de publicación: 2015
Traducción: Rita da Costa
Valoración: está muy bien

Propicios días. Debido a la naturaleza de este libro, que podríamos llamar de humor feminista -o feminista de humor-, he supuesto que puede concitar no pocos comentarios de nuestros queridos lectores -quizás me equivoque-, así que he pensado adelantarme a algunos para ir ganando tiempo. Con permiso, paso directamente a ellos, pues:

-¿Por qué, si se titula Un libro para ellas, lo está reseñando uno de "ellos"? En efecto, así es: puedo dar fe de que soy un "él". Ahora bien, el título original A Book for Her, es un juego de palabras con A BIC for Her (sí, BIC, como los bolis... de hecho, a causa de los bolis), el espectáculo con el que su autora, que es una humorista británica  de stand-up comedy ha triunfaado en su país. Además, el título original tiene una apostilla: Y para él, si es que lo puede leer. Yo soy un él, y puedo leer, al menos en un idioma, así que aquí me tienen...

-¿Qué esos de "humor feminista", contar chistes sobre lo inútiles que son los hombres y llamarles a todos "machirulos"? Para nada; sólo a los abiertamente sexistas... En realidad, debería haber escrito "humor de una feminista" o "humorista feminista" -y Christie  insiste en que hay tantos tipos de feminismos como feministas- puesto que el libro trata sobre todo de la experiencia de la autora en el mundo de la comedia y de cómo fue componiendo los números sobre feminismo y discriminación sexual que ahora la han proporcionado cierto éxito. Todo, según ella, a partir de una epifanía feminista que tuvo Christie en 2012, gracias a la ventosidad sexista de un hombre (la autora emplea más y muy a menudo el término "pedo", pero a mí me hace más gracia "ventosidad"). Suena raro, pero lo explica perfectamente en el prólogo, alternando la historia con chistes sobre Hitler y sobre Jeremy Clarkson. Una combinación irresistible, sin duda...

-¿Pero cómo puede alguien tomarse a broma algo tan serio como es la discriminación de las mujeres y la lucha por hacer respetar sus derechos? Precisamente. Christie escribe desde su posición y experiencia, partiendo de la base de que se puede hacer comedia sobre cualquier cosa (se nota que no vive en España), adecuándolo al contexto y, por supuesto, a quién hace y a quién va dirigido el humor. Sospecho que tiene bastante maña en el arte de caminar por el filo: no sólo es una feminista -sobrevenida, dice ella-, humorista profesional y madre, sino inglesa hija de irlandeses y católica pro derecho al aborto... Sólo cambia el tono, aún sin renunciar al humor, cuando habla de un tema tan espeluznante como es la mutilación genital femenina... Es más, a modo de epílogo incluye un estremecedor poema sobre el asunto  -aunque no es suyo- que convierte al libro, en ese momento, en muy recomendable.

-Si ella misma admite que no tiene mucha idea sobre el feminismo, ¿por qué hay que leer este libro? Bueno, sospecho que esa idea de que es una feminista ignorante y de que su iluminación vino a partir de una ventosidad masculina -por maloliente que fuera- es más un recurso cómico que otra cosa. Para empezar, dudo que su conciencia feminista se despertase a los cuarenta y un años. Y por otra parte, sus opiniones sobre una diversidad de temas, desde la misoginia, la industria del sexo, el feminismo conservador o la movilización social a través de internet pueden parecer simples excusas para desarrollar su vis cómica, pero en realidad, resultan exposiciones muy razonadas y razonables.

-Esto no es más que un patético intento de este blog de lavar su imagen de reducto heteropatriarcal y sexista. En efecto; la idea es reseñar de vez en cuando algún libro supuestamente feminista para conseguir un purplewashing a través del cambio en el storytelling, que nos redima de cara a nuestros haters, aunque sea, como en el caso de hoy, a través del mansplaining más descarado (no tengo idea de lo que significa nada de esto, porque ya he explicado que sólo soy capaz de entender un idioma). Además, si el libro feminista lo ha escrito una mujer, tal vez consigamos subir de nuestro vergonzante 15% de reseñas de escritoras reseñadas en el blog a un exculpatorio y hasta reivindicativo 16% ¡El cielo es el límite... bueno, no; en realidad el 100% es el límite ; )

jueves, 6 de abril de 2017

Jon Lee Anderson: Crónicas de un país que ya no existe


Idioma original: inglés
Año de publicación: 2015
(Sin título en inglés pues la primera publicación es esta, en español)
Traducción: Gabriel Pasquini
Valoración: muy recomendable

A los medios críticos de mayor alcance que el nuestro (puede que haya alguno) avisarles de que eviten, en la medida de lo posible, eso tan socorrido en la música cuando ciertos ídolos quedan desplomados. El nuevo tal, el nuevo cual. En la literatura, ámbito más reducido, mismo motivo por el que ello tiene una resonancia total más inmediata, ya vamos coleccionando de ésos. A veces sin el mínimo respeto a la hora de esperar. Así que a los nuevos Pynchon y a los nuevos Foster Wallace toca añadir, ya, los nuevos Kapuscinski. Nada mejor para vender o para definir que esa etiqueta customizada, ese adhesivo de prestigio que nos emboba y nos tiene en la tienda hipnotizados por la contratapa y casi nos conduce ante el mostrador de caja. Por favor, con Lee Anderson no caigamos en eso. Ni cosa de similitud de estilo ni niveles de calidad literarios. Simplemente diferentes escritores y no hay que condenar a uno a vivir a la sombra de otro. Tampoco es que Lee Anderson sea un recién llegado. Pero donde los magníficos libros de Kapuscinski tienen una sensación meditada y aposentada, una (a que soy pesado con el concepto) intención literaria concreta, perdonad la expresión, exigirle eso a otros es cagarla. 
Lee Anderson, casi juraría, vuelve al hotel o al camastro o a la mesa precaria desde la cual sigue oyendo las bombas y las balas zumbar, y escribe allí lo primero que le viene a la cabeza. Que siempre es una impresión fresca y vigorosa, como una obsesión post-onírica para que ningún detalle relevante se escape. A costa de, en algún momento, hacer mención a algo que ya haya tratado anteriormente. No parece el escritor que cocine y cocine su texto hasta dejar algo impecable. No se trata de eso, más bien de trasladar ese mensaje de forma clara y directa. Y hacerlo a costa de estilo o incluso de recrearse demasiado en explicaciones acerca de lo que pasa. El lector ya comprenderá. Una de las primeras cuestiones que queda clara es el escepticismo hacia lo que pasa a su alrededor, y hacia las intenciones reales de todos los actores.
Porque el primer mal parado aquí es el papanatismo tan dado hoy en día, el que cree en el concepto del cambio más que en asegurar el resultado del cambio. Lee Anderson no es que ponga en tela de juicio el mundo post-Primavera Árabe; se limita a diseccionar los distintos escenarios que el movimiento de inicios de década (tan lejano como parece) generó y los contempla en perspectiva. Claro, la perspectiva cuando se habla de Libia (o de Siria) contiene de todo menos romanticismo y utopía. Las últimas frases del libro, quizás las pocas que pudieran ser acusadas de lapidarias, lo dicen bien claro, igual que el título. No es ninguna justificación, pero la Libia de un chalado errático como Gaddafi deja lugar a un país desolado, prácticamente a un territorio donde el caos y la inseguridad campan a sus anchas. Inseguridad para la población y para los profesionales que acuden allí a ejercer su deber. Muchos periodistas caídos: secuestrados, tiroteados, asesinados. Pero no muestra añoranza por ese pasado. Simplemente, sin carga ideológica alguna, explica que en algún caso uno salta de la sartén y cae en las brasas y, como cronista y conocedor del entorno, sabe del destino dispar de los países involucrados en un movimiento que, inicialmente, fue unánimemente aplaudido por su capacidad de generar ilusión, pero que la evolución posterior ha puesto mucho en duda.
Un excelente ejercicio, se lee como un extenso reportaje de un suplemento dominical o como uno de esos dinámicos programas de TV cámara en ristre. Y tras su lectura nuestra visión del conflicto resulta matizada y mejorada. Como diría Jorge Carrión, mejor que ficción.


miércoles, 5 de abril de 2017

Shena Mackay: El vergel en llamas

Idioma original: Inglés
Título original: The orchard on fire
Traducción: Inés Clavero
Año de publicación: 1995
Valoración: Recomendable

A la hora de rememorar la infancia o de escribir una novela ambientada en esa etapa de la vida tienes, entre otras, tres opciones:
  1. Apelar a la risa fácil y/o al sentimentalismo barato y de garrafón, con el tan manoseado dicho de "cualquier tiempo pasado fue mejor".
  2. Mirar a la infancia de frente, pero desde la distancia que dan los años y las experiencias adquiridas.
  3. Las dos anteriores
La primera opción, que podría tener como ejemplos "Yo fui a EGB" o la serie "Cuéntame", puede hacer que te forres y que todo el mundo hable de ti, pero me da la impresión de que no tiene demasiado recorrido a largo plazo.

La segunda opción, probablemente, no hará que seas un superventas, pero hará que el relato sea más veraz, menos simplista o simplificador. Y quizá, con un poco de suerte, la novela te sobreviva.

Con la tercera, obviamente, quedará un pastiche que ni fu ni fa.

Todo esto viene a cuento de "El vergel en llamas", novela de iniciación, novela sobre la pérdida de la inocencia, en la que una mujer ya adulta rememora su niñez en un pequeño pueblo de la ¿apacible? campiña de Kent, allá por los años 50. Mackay opta por la segunda opción, sin caer en maniqueismos, sin idealizaciones absurdas, con sensibilidad pero sin sentimentalismos, de forma bastante creíble. Se trata de un libro bien escrito, ameno, ágil, con una visión poliédrica de la infancia. Esta no son solo amistades inquebrantables, escondites secretos, juegos, diversiones y demás. Obviamente, hay buenas dosis de esto en el libro, pero están acompañadas de sufrimiento, dolor, violencia, incomprensión, miedo, inseguridad, egoísmo, etc.

Para mi, esa es la principal virtud del libro: la desmitificación de la infancia, el presentarla como la realidad compleja que, llegado a la edad adulta, compruebas que fue. 

Por contra, y pese a la fuerza que poseen los personajes principales (April y Ruby), me da la impresión de que algunos personajes secundarios son demasiado estereotipados. Está claro que su función en el libro es la de presentar a April y Ruby el mundo de los adultos. Y eso, hay que reconocerlo, lo consiguen. Por ejemplo, las artistas Dittany y Bobs son la libertad entrevista por los ojos de una niña, el odioso señor Greenidge la represión mas absoluta, etc. Pero esos personajes podrían haber dado un poco más de sí. Por otra parte, me hubiera gustado un poco más de mala leche, sobre todo con algún personaje altamente aborrecible, que los hay.

A pesar de esto, me quedo con que se trata de un libro hermoso, triste en el fondo y perfectamente disfrutable para cualquier lector. Con él podremos volver la mirada a los ya lejanos días de la infancia y comprobar que quizá, solo quizá, no fueron tan agradables ni tan bucólicos como nos siguen queriendo hacer creer.

martes, 4 de abril de 2017

Enrique Vila-Matas: Mac y su contratiempo

Idioma original: español
Año de publicación: 2.017
Valoración: Muy recomendable

Nunca había leído un libro de Enrique Vila-Matas (me había asignado el neologismo ‘neófito vilamático’, pero era quizá demasiado esdrújulo), y hacía siglos que no acudía a la presentación de un libro. Pero los planetas se alinearon debidamente, Enrique publicó su última novedad, leí el libro y de inmediato me entero de que lo va a presentar aquí, muy cerquita de casa.

Somos unas sesenta personas, puede que algo más, en una sala de la Biblioteca municipal de Bidebarrieta (Bilbao), antigua sede de la Sociedad El Sitio. Es un escenario solemne, un recinto con cierto aire rancio, y mientras esperamos ponen música clásica. Detrás de mí se ha sentado una señora (bueno, intuyo que es una señora) que jadea sin cesar tras haber subido las escaleras hasta este primer piso. Son apenas dos docenas de escalones, pero mi vecina debe ser bastante mayor, lo mismo que casi todo el resto de la concurrencia. Vamos, que me siento como un chaval rodeado de carcamales, algunos, eso sí, con un look intelectual muy marcado.  Me traigo conmingo el ejemplar del libro con la intención de que el autor me lo firme, aunque me da mucha vergüenza.

Llega EVM con aspecto algo intimidante, cuerpo compacto, expresión inexcrutable y bufanda, aunque hace cerca de 18º C. Le acompaña la conductora del acto, que comienza claramente nerviosa y con la adulación esperada hacia el artista. Mientras dice algunas generalidades, voy intentando ordenar en mi cabeza las principales sensaciones que me había transmitido el libro. Quizá la más notable es que se trata de un libro sumamente inteligente en el que, bajo la forma de una prosa sencilla y un argumento mínimo, se construye todo un repertorio de elementos de diferentes tamaños, que interactúan entre sí, asoman y no siempre sobreviven.

Hago memoria del relato, muy a grandes rasgos: Mac es un tipo maduro que se ha quedado en paro y –al parecer, libre de problemas económicos- decide dedicarse a escribir. Un poco por casualidad, repara en un libro mediocre escrito por su vecino Sánchez, autor más o menos conocido, y se muestra decidido a reescribirlo. El atento repaso que Mac hace del libro sirve para explorar en el mundo de los cuentos y en el del propio proceso creativo, y cuando se pone a la tarea de su nueva versión, se encontrará con una de las interferencias a las que me refería, en este caso, entre ficción y realidad.

La conductora de la presentación del libro ya parece haber encontrado algo más de aplomo, y plantea precisamente uno de los aspectos más interesantes: la movilidad entre géneros. En realidad, Mac está escribiendo un diario, que de ninguna manera quiere que se convierta en novela, por lo que desearía que no le ocurra nada interesante. Pero la realidad termina por imponerse, y quiera o no se ve obligado a incorporar algunos episodios digamos novelescos. Por otra parte, el libro que quiere reescribir está constituido por varios cuentos, dispersos aunque con un hilo conductor, y las reflexiones de Mac dan pie a que vaya deslizando en su diario párrafos enteros sobre la creación literaria, la repetición o el estilo de otros autores, materias que recaen claramente en el ámbito del ensayo. Con todo ello se construye un apasionante entramado de relatos dentro de relatos, realidad fundida con ficción, diario, novela, cuento y ensayo, todo manejado con maestría y humor, ágil y bien dosificado. Todo fluye con naturalidad aunque vayan quedando algunos cabos sueltos.

Desgraciadamente, ni la presentadora ni el propio Vila-Matas se detienen mucho sobre la mezcla de géneros y las simetrías entre conceptos, que me parece lo más atractivo del libro. Pero, a propósito del humor, advierto que ella subraya cómo se ha reído ‘a carcajadas’. Parecía inevitable, porque en la faja del libro también se habla mucho de lo divertido que es, y creo que es Eduardo Mendoza el que también lo destaca. Sinceramente, a mi me ha parecido que, como decía antes, la novela está teñida de un humor fino, que a veces hace sonreir, pero de ahí a las carcajadas… Bueno, será que ando un poco huraño últimamente.

En lo que sí se detiene la conductora un par de veces es en el tema de la autoficción. Yo creo que era para buscarle un poco las cosquillas a Enrique, que este elevara tal vez el tono e hiciese vibrar un poco al público con algo de polémica. Y en efecto, el autor se muestra algo molesto de que siempre metan sus libros en el campo de la autoficción, se extiende en la definición teórica del concepto y admite su encaje únicamente en una de sus obras (creo que es 'París no se acaba nunca'). Pese a todo, de un par de anécdotas que cuenta acerca de ‘Mac y su contratiempo’ sí parece deducirse que al menos una parte puede identificarse con lo que habitualmente designamos con el dichoso término. Pero bueno, creo que es una polémica un poco boba, que al lector le importa más bien poco.

Tampoco parece que la haga mucha gracia a EVM que una señora –muy entrada en años, con una maravillosa gorra que le da un aspecto parisino- ponga en cuestión su atrevimiento para alterar frases célebres. Enrique le responde –ya digo, un poco incómodo- defendiendo su derecho a adecuarlas a su propio texto, y divaga un poco sobre las digresiones que el propio libro contiene en torno a la repetición, las diferencias o el ‘lector creativo’.

La verdad es que yo llegué con la intención de cuestionarle el hecho de que, cuando alcanza digamos cierta cima argumental, cuando uno supone que llegaría un desenlace poderoso, el libro parece desinflarse un poco, deslizarse con poca vida hacia el final, y tomar un derrotero que a mi me parece no demasiado seductor. Pero, claro, aparte de incurrir de alguna forma en espoiler (casi aseguraría que yo era el único de los presentes que había leído el libro), me pareció una descortesía lanzar al autor algo parecido a una crítica en sus propias narices, o forzarle a justificarse en la propia presentación de la obra. Y además, hubiese sido bastante injusto, porque esa parte final tan tenue es lo único que no me ha convencido del todo. El resto me parece –creo que ya lo he dicho- un libro inteligente, muy hábilmente construido, valiente a la hora de saltarse géneros literarios, lleno de reflexiones interesantes y bien colocadas en un envoltorio aparentemente simple, y agradablemente irónico… aunque no llegue a la carcajada.

Así que al final prevaleció mi deseo de que don Enrique me firmase tranquilamente el libro y se fuese para Barcelona sin que nadie la incordiara, le hice una pregunta más bien neutra (aunque yo creo que era interesante y evidente, y a la conductora no se le había ocurrido), y me fui a llevarle mi ejemplar para que me hiciese el dibujito chulo habitual. ¡Y yo que siempre creí tener alma de periodista!

Todas las reseñas sobre Enrique Vila-Matas en ULAD: aquí

lunes, 3 de abril de 2017

Sorj Chalandon: Mi traidor

Idioma original: francés
Título original: Mon traître
Año de publicación: 2008
Valoración: se deja leer

Nos situamos en Francia, años setenta. La historia empieza en un pequeño taller de París donde se reparan instrumentos musicales. Allí trabaja Antoine (alter ego del propio autor), un joven luthier que recibe la visita de un joven músico irlandés con el que establece una conversación sobre Irlanda y su situación política y social, en plena lucha entre católicos y protestantes, entre republicanos y unionistas. Este encuentro provoca que Antoine aumente el interés por Irlanda y se decida a hacer un viaje por el país para conocerlo más en profundidad. Una vez allí, por causa del azar, conoce a un líder republicano que le enseña qué significa para ellos ser irlandés, como viven la realidad en el país y cuál es la sociedad en la que se encuentran. A partir de ese momento, Antoine va conociendo los entresijos de la lucha armada en una Irlanda en claro conflicto, y simpatiza con la causa estableciendo una gran amistad con Jim O'Leary y, a través de él, conoce a Tyrone Meehan (alter ego de Denis Donaldson, ex activista irlandés y miembro del IRA que acabó confesando su traición a la causa durante 25 años). De esta manera, el autor nos cuenta, en clave retrospectiva, su relación con Tyrone y cómo le afectó su traición a la causa. Este libro sería la semilla que llevaría al autor a profundizar en el conflicto armado irlandés y su relación con "el traidor" en su posterior y mejor obra «Regreso a Killybegs».

Escrito de forma sencilla, amena, nos hace cuanto pinceladas del estado de una Irlanda combatiente aunque sin entrar en mucha profundidad, centrándose especialmente en los conflictos armados llevados a cabo por sus ciudadanos militantes y en las huelgas de hambre llevadas a cabo por los presos (y lideradas por Bobby Sands) en señal de protesta por la dura represión policial. Hay evidentes puntos flacos en esta novela como, por ejemplo, la rapidez en la que Antoine simpatiza con el IRA por el mero hecho de haber conocido a uno de sus miembros. También sorprende la facilidad con la que se integra en el movimiento irlandés y la familiaridad con la que lo tratan, en un grupo armado que en principio debería ser comedido en la aceptación de nuevas personas ajenas al movimiento.

Es posible que la ligereza de esta novela y, especialmente, si lo comparamos con el potencial que se le suponía, llevara al autor a ampliar su análisis en el conflicto y su relación con Donaldson en su posterior novela «Regreso a Killybegs», muy superior en calidad, matices, riqueza y profundidad. Así, es inevitable comparar estos dos libros pues tratan de la misma historia y muchos de los personajes coinciden en ambos. Siendo así, ignoro la opinión personal que tendría de él sin haber leído antes la novela anteriormente mencionada pero, en cualquier caso, es evidente que el nivel de ésta es muy inferior. Mi intuición apunta a que es probable que el impacto que le causó conocer a finales de 2006 la noticia de la traición de su amigo y el poco tiempo que tardó en publicar el libro (2007) le impidieran profundizar más en la historia contada, por dificultad personal a nivel emocional o por falta de información sobre lo sucedido ya que en esta novela no se menciona el «por qué» de la traición, lo cuál deja una laguna importante y que decepciona al lector. Por suerte, unos años después amplió y profundizó la historia escribiendo «Regreso a Killybegs» donde sí se cuenta el por qué de la traición y los motivos, en un intento (a mi entender) de redimir y lavar en cierta forma la imagen de su amigo.

Terminado el libro uno tiene la sensación que Chalandon lo escribió porque necesitaba hacerlo, para alejar los fantasmas, como acto de terapia respecto al trauma que le provocó tal traición, como una forma de exorcizar los demonios que le perseguían por haber sido engañado de tal forma. Desde la tristeza, desde la duda, desde el desasosiego y el desencanto y decepción, el libro trata de explicar su punto de vista y como lo afectó personalmente.

Así, es inevitable tener a mano «Regreso a Killybegs» si se quiere leer «Mi traidor» pues ésta última deja muchas cuestiones sin resolver que puede dejar al lector decepcionado ya que explica la historia de una traición vista desde fuera pero los múltiples interrogantes sin respuesta hacen que sea una lectura incompleta a menos que leas su continuación donde sí se explica la vida del traidor y sus motivos. Es por tanto un libro que, si lo lees como una pieza aparte y sin ganas de profundizar, no creo que despierte excesivo interés. Si la intención es leer ambos, sugiero entonces empezar por éste.

También de Sorj Chalandon en ULAD: Regreso a Killybegs, La cuarta pared

domingo, 2 de abril de 2017

Colaboración. Entre cielo y tierra de Jón Kalman Stefánsson

Idioma original: islandés
Titulo original: Himnaríki og helvíti.
Traducción: Enrique Bernárdez Sanchis.
Año de publicación: 2011.
Valoración: muy recomendable

Jón Kalman Stefánson nació en Reikiavik, Islandia. Comenzó a estudiar literatura, pero no pudo terminar los estudios, ya que un examen reprobado no le permitió continuar. Ha escrito siete novelas hasta la fecha, dos de las cuales han sido traducidas al español. Le fue otorgado el Premio de Literatura de Islandia en 2005, por la novela Luz de verano y entonces viene la noche.
Entre cielo y tierra es el primer volumen de la trilogía del muchacho, de la cual La tristeza de los ángeles es la segunda parte (también traducida a nuestro idioma). Es ambientada en Lugar, un pequeño poblado imaginario, ubicado entre fiordos invernales y embarcaciones pesqueras que son casi el único sustento de sus habitantes.
Oí hablar del libro en un podcast español, donde lo recomendaron con adjetivos grandilocuentes. Lo leí, y se quedaron cortos, porque este libro es monumental. Monumental, no por su extensión (que se lee en una sentada. Yo lo he leído en cuatro sentadas porque quería degustarlo) sino porque es un monumento a la buena escritura. Una obra de arte, porque la buena escritura es puro arte.
Este libro trata sobre la vida; pero también sobre la muerte. Trata sobre mil vidas y mil muertes. Trata sobre el bacalao, que lleva ciento veinte millones de años nadando en el fondo del mar, esperando a que el hombre, quizás el más fugaz de los habitantes de la tierra, lo hipnotice con una carnada y se lo coma, o quizás esperando no ser pescado.
Trata sobre cómo era vivir y morir, en un gélido y remoto pueblo hace un siglo, cuando las familias quedaban huérfanas porque los pescadores morían por cientos debido a las difíciles condiciones climáticas. Literalmente se congelaban en pleno mar abierto; con mayor razón si olvidaban sus abrigos.
Stefánsson utiliza metáforas que casi se pueden tocar; como los copos de nieve, que los compara con alas de ángeles. Una prosa impecable que nos sumerge en la fragilidad de la vida y la inminencia de la muerte que nos enfría hasta los ojos, que ya no ven más, y tiene alguien que leernos hasta el día de la segunda muerte.
Entre cielo y tierra es poesía hecha novela, o novela hecha poesía. Un aliento a vivir; aunque nos vilipendien, aunque se muera lo que más queremos. Porque las ganas de vivir siempre son mayores que las de morir.

Autor: Sebastián Morales

sábado, 1 de abril de 2017

Saroo Brierley: Un largo camino a casa

Idioma original: inglés
Título original: A Long Way Home / Lion
Año de publicación: 2013
Valoración: interesante

No soy nada aficionado a leer memorias ni (auto)biografías: así a bote pronto solo recuerdo haber leído Mi último suspiro de Buñuel; la magnífica La escritura o la vida de Jorge Semprún y, hace muchos años, Confieso que he vivido, de Neruda. Y poco más. Me acuerdo de ver, en Irlanda y Reino Unido, estanterías enteras dedicadas a (auto)biografías de personajes famosos, desde Tony Blair a David Beckham, y pensar: "buf, qué pereza". Y tampoco habría leído esta si no fuera porque estoy dando una asignatura sobre "narrativa de viajes" con un foco importante en la India, y este libro, y la película que se rodó a partir de él, me servía para discutir algunos temas.

Para quien no se sitúe aún, Un largo camino a casa es el libro autobiográfico en el que se basó la película Lion, estrenada el año pasado, con Dev Patel (el chico de Slumdog Millionaire) en el papel de Saroo. El libro narra la vida del autor, Saroo Brierley, desde que con cinco años se queda dormido en un tren de largo recorrido y se ve separado de su familia biológica en un pueblo remoto de la India; hasta el momento en que, muchos años más tarde, y después de haber sido adoptado por una familia australiana, decide intentar reencontrar a su madre y a sus hermanos, usando Google Earth y los recuerdos fragmentarios del momento de la separación. (Voy a intentar no desvelar si lo consigue o no, para quien no haya leído el libro o visto la película).


Más allá de la "historia humana" (sic), que desde el principio lo tenía todo para convertirse en un melodrama de tintes hollywoodienses, uno de los aspectos que me parecen más interesantes es el proceso por el que esta historia se ha ido transformando, sucesivamente, en programa de televisión, libro y película; un proceso en el que la no-ficción va atravesando cada vez más filtros e intermediarios, y aumentan, legítimamente, las dudas sobre la veracidad o fidelidad de lo que se nos presenta.

En el programa de televisión, las cámaras grababan la vuelta de Saroo a su aldea natal (aunque el hecho mismo de haber cámaras ya afecta, claro, a la espontaneidad y naturalidad de todos los intervinientes); en el libro, Saroo, convertido en una celebrity (por lo menos en Australia) y ayudado, imagino, por profesionales de Penguin, escribe sus memorias, seleccionando, ordenando, comentando y, quién sabe, dulcificando o alterando sus recuerdos, procesos que son inevitables en cualquier escritura autobiográfica, y más aún en una destinada a un mercado comercial. En la película, la disneyficación de la historia es evidente, sobre todo en segunda mitad del metraje: se añaden una subtrama romántica (que en el libro ocupa dos páginas aproximadamente); el personaje atormentado de su hermano adoptivo Mantosh (que en el libro es mencionado en dos capítulos y de pasada) o la relación de adoración hacia su hermano Guddu (cuando en realidad con quien Saroo tenía una relación más próxima era con su hermana más pequeña, Shekila).

No se trata de exigir verdad absoluta, porque ni eso existe, ni tiene por qué ser la finalidad de la literatura (incluso la memorialística). Se trata solo de estar críticamente atentos a los trucos empleados para convencernos de que "esto pasó así", trucos que son, curiosamente, similares en el libro y en la película. En el caso del libro, naturalmente, está la identidad [aparente] entre autor, narrador y personaje; pero además tenemos, al final, unas fotografías reales del propio Saroo, desde que ingresa en un orfanato indio hasta que vuelve a la India ya convertido en adulto. En la película, además del clásico mensaje inicial ("Basado en una historia real"), antes de los créditos finales se recuperan algunos segundos del metraje grabado por la televisión australiana, así como algunas fotografías auténticas de Saroo (muchas, tomadas directamente del libro). También la ficción, por ejemplo en la obra de G. W. Sebald, se ha valido ocasionalmente de estos trucos para convencernos de que "esto pasó así", por no hablar de la oleada de obras autoficcionales que nos inundan, y en las que la desconfianza crítica tiene que ser todavía mayor.

Sospecho que no es esto lo que interesa a la mayor parte de los lectores, que lo que buscan es emocionarse con una historia verídica de miseria, dolor y superación (un objetivo, por otra parte, perfectamente legítimo). Para este tipo de lectura, Un largo camino a casa es un libro efectivo (más efectivo que la película, me atrevo a decir), precisamente por su desnudez estilística y narrativa: salvo por una disposición de la acción destinada a crear suspense (por ejemplo, con su principio in media res y su inevitable flashback posterior), la obra cuenta la vida de Saroo con pocas digresiones y muy pocas florituras. Quizás se extiende demasiado en la parte final, después del viaje de vuelta a la India que es, al fin y al cabo, el clímax natural de la narración, pero hasta ese punto consigue mantener el interés y el suspense con una trama dickensiana de niños perdidos y diferencias de raza y clase. El contexto indio y australiano, que añade exotismo y misterio, también ayuda.