jueves, 16 de marzo de 2017

Sam Selvon: Solos en Londres

Idioma original: inglés (más o menos)
Título original: The Lonely Londoners
Año de publicación: 1956
Traducción: Enrique Maldonado Roldán
Valoración: recomendable

Escrita hace más de sesenta años por el triniteño de origen indio Sam Selvon, esta novelita no sólo mantiene toda su frescura, que es mucha, sino también, en cierto modo, toda su actualidad. La razón es que cuenta las vicisitudes de un grupo de inmigrantes caribeños de raza negra -de Trinidad, pero también de Jamaica o Barbados- en el Londres de los años 50, cuando, tras la guerra, hubo una primera oleada hacia el Reino Unido de mano de obra procedente de sus colonias del Caribe. Sus vivencias, pues, son muy específicas de ese momento y lugar, pero también universales: se podrían extrapolar a las de mexicanos o centroamericanos en EEUU, chinos en Japón o magrebíes en Holanda... (puesto que las dinámicas migratorias y su "problemática" son siempre parecidas, ya se trate de italianos en la Francia de hace 100 años, españoles o griegos en la Alemania de hace 50 o ecuatorianos en la España de hace 10).

La novela, no obstante, está escrita con bastante buen humor y, de hecho, en gran medida la componen los retratos de una serie de "chicos" -así se llamaban entre ellos- elaborados a base de anécdotas que llegan a ser tiernas y divertidas; así, conocemos a Moisés, el veterano del grupo y protagonista, en cierta manera, del libro; a sus compatriotas triniteños Galahad, Bart y Gran Ciudad; asimismo a  jamaicanos como el elegante Harris  y Tolroy, con su extensa familia; incluso aparece un nigeriano, el inefable y caradura Capitán... todos forman una pequeño grupo dentro de la comunidad afroantillana que por entonces se había establecido en lo que hoy son cotizados barrios londinenses: Bayswater, Notting Hill, Harrow Road...

Ahora bien, que el humor y la simpatía estén muy presentes, no significa que la novela no trate sobre los aspectos más espinosos a los que debían enfrentarse aquellos inmigrantes en la gran ciudad: el frío e incluso el hambre que padecían; la necesidad de pelear por cada libra en los trabajos más duros y peor pagados y eso, cuando encontraban trabajo y se les dejaba acceder al mismo. Porque aunque no sea el tema central -o mejor dicho, explícito- de la novela, el racismo también está siempre presente, dado el color de la piel de estos personajes (todos negros a pesar de que, como ya he comentado, Selvon pertenecía a la comunidad india): a la hora de buscar trabajo, pero también de encontrar alojamiento o de relacionarse con los nativos ingleses... por otro lado, son abundantes las menciones a relaciones sexuales con mujeres blancas -que, al parecer, encontraban irresistibles a los caribeños-: hay incluso todo un brillante exordio de Moisés al respecto. Y, por supuesto, también está aquí lo que luego se ha dado en llamar el "síndrome de Ulises", la nostalgia del emigrante por su tierra de origen, al tiempo que siente un cariño ambivalente por el país que le acoge como inmigrante, por lo que la sensación de desarraigo se acentúa. Subyacen además en toda la novela, claro, la soledad, la melancolía y el miedo.

Mención aparte merece la traducción hecha por Enrique Maldonado: como él mismo explica en el prólogo (por una vez, recomiendo leerlo antes de la novela) su trabajo ha ido en paralelo al estilo empleado por Selvon en la versión original, que no está escrita en el inglés estándar ni tampoco en algún dialecto caribeño, sino en una tercera modalidad, creada por el autor, que fuese comprensible para el público británico, al tiempo que conservaba las reminiscencias y el "color" del habla de las Antillas. Ése ha sido también el camino seguido por Maldonado en la traducción (de forma brillante, a mi entender) que ha compuesto un castellano dislocado e imperfecto, pero de lo más adecuado, entendible y ágil (quien no pueda reprimir una sonrisa ante la manera de hablar de los "chicos", que piense en cómo sonará a oídos anglófonos la segunda lengua más extendida en España: el "inglés nivel medio"): buen trabajo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Reseña + Entrevista. Santi Pérez Isasi: Imposibles impensables

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: fuera de concurso

Empecemos por impartir justicia. Si estás leyendo esto, es por culpa del autor de este libro. Obvio, claro. Pero lo que leíste ayer era también por su culpa, y lo que leerás mañana. Y esperamos que lo que leas en 2, 8, 10 años. Porque Santi, autor de este libro, es nuestro Santi. fundador de este blog que se acerca a un montón de cifras nosotros que somos de letras, 30.000 seguidores en Twitter, 3.000 reseñas (dicen algunos, ¿pero hay 3.000 buenos libros en el mundo?) y los ya ampliamente superados 10 millones de visitas que hacen que cada vez veamos menos justificada nuestra sempiterna modestia.
Y Santi escribe libros, también, cómo no. Escribió la Ilustre Ruritania Ilustrada, (siempre digo que tengo una edad), y hace unos meses este Imposibles impensables, cuya génesis está en una serie de relatos cortos que, a un ritmo frenético, publicó en su blog personal. Más de 100, de manera que, a los que solemos escribir de vez en cuando, nos parece casi inhumano encontrar cada día un motivo sobre el que extenderse más o menos y conseguir eso, publicar y ser leído. Esas entradas han sido recopiladas aquí con algún pequeño cambio y conforman un texto unitario, cohesionado por encima de los lógicos altibajos cuando hablamos de tal nivel de creatividad y tal disciplina en cumplir con la cita.
Resulta curiosa la escrupulosa elusión de la primera persona en la gran mayoría de los fragmentos. Y el chocante rol secundario que se le otorga a las personas, aventajadas por los animales y hasta por los colectivos. El tono fantástico de muchos relatos nos remite a especies animales especuladas, a países inventados, a las ciudades invisibles de Calvino, a retoques leves de la realidad que nos muestran un autor observador, respetuoso con el idioma, minucioso en la elección de los términos y los tonos (no se aprecia repetición, milagrosamente). En los 125 relatos (+un bis) encontramos humor negro (mucho), humor "blanco" (algo menos), terrores y miedos cotidianos pero casi imperceptibles y detalles escabrosos, incluso atisbos de sensualidad que de repente se coarta.
Los que hemos podido leer este "Imposibles impensables" estamos de acuerdo en que hubiéramos disfrutado algo más si algún relato hubiera ahondado en su potencial aspecto gamberro o si hubiera tenido una dosis extra de mala uva. Creemos que Santi se ha mostrado a veces algo comedido, con ese respeto que le es tan propio por el lector, esa sana intención por evitar ofensa o confrontación. Ignoramos si el traslado del entorno libertino de un blog a la solemnidad del papel escrito ha incidido en ello. Suponemos, esperamos, que todo sea un preámbulo para algo más ambicioso, más agresivo y quizás con más ganas de saltar al terreno de juego a competir a todas. Él puede y quienes le seguimos, insisto, lo esperamos y lo merecemos.

----------------------------------------------------------------------------------------------------

Santi: ¿habrá puesta de largo en un futuro? ¿Novela, ensayo?

Bueno, ya he hecho algún intento con géneros más largos, pero por ahora sin éxito. Quiero decir que no he conseguido publicarlos. Ahora mismo ando intentando escribir relatos más largos, y tengo algún proyecto para alguna novela; veremos en qué acaban. En todo caso, no me gustaría que se entendiera que el microrrelato es algo así como un "género borrador", que uno escribe antes de decidirse a escribir cosas más largas. Cada género tiene sus propias normas y su propia poética, y el microrrelato tiene su lugar, como todos. 

Situémonos en ese remoto 1 de Marzo de 2009. Responda a las siguientes preguntas.

¿Cree que seguirán en funcionamiento de aquí a ocho años?

¿Ocho años? No lo sé, como diría el Cholo Simeone [algunos años más tarde del 2009], vamos partido a partido, publicamos una reseña cada día y a ver hasta dónde aguantamos con la misma ilusión y la misma regularidad. 

¿Para cuándo espera la visita 10 millones?

Pues a ver, teniendo en cuenta que tenemos unas trescientas visitas mensuales, calculo que llegaremos a los diez millones de visitas dentro de unos 2700 años, más o menos... Vale, déjalo en 2000, si conseguimos crecer un poco...

¿Cree que Vd. sea el único que siga del equipo original para ese entonces?

La verdad, no sé si yo mismo seguiré tanto tiempo. La idea de publicar una reseña al día es bonita, pero ¿ya hay libros suficientes como para seguir así durante ocho años?

Pongámonos solemnes: amenazas y oportunidades de internet como única eventual herramienta futura de difusión de contenidos literarios. Y ya que estamos, ¿por qué esa sensación de que en un mundo hiperinformado e hipercomunicado la gente cada vez lee menos?

No sé si realmente la gente lee cada vez menos, a veces somos víctimas del síndrome "cualquier tiempo pasado fue mejor", y es muy fácil demonizar las nuevas tecnologías. Es verdad que vivimos en un mundo muy visual, y también que internet (los ordenadores en general) no favorecen la lectura pausada de textos largos, pero por otro lado vivimos inmersos en texto, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y la lectura por placer continúa teniendo bastante fuerza, aunque quizás menos en las generaciones más jóvenes.

Creo que la literatura (en un sentido amplio) todavía no sabe muy bien cómo adaptarse a los nuevos medios, y quiere hacer lo mismo que hacía antes, pero en un formato diferente. Solo que los formatos también provocan cambios en los géneros, los hábitos, los repertorios que manejan escritores y lectores. Todavía estamos en los primeros pasos de la relación entre el libro y el ordenador, que demasiadas veces se colocan como opuestos, aunque están condenados a entenderse. 

Escribir ficción en un blog es como dejar pasquines en el metro. ¿Cómo ha sido el proceso de transcribirlo al formato papel? ¿Algo en especial sobre el proceso de la transcripción?

Escribir un blog literario es al mismo tiempo frustrante y gratificante. Frustrante porque la capacidad para llegar a un público más o menos amplio es limitada: te leen los amigos, básicamente. (Aunque pasa lo mismo si autopublicas o si publicas en una editorial de distribución limitada). Es gratificante porque el contacto con el lector es inmediato: se te ocurre una idea, la escribes, la publicas y diez minutos después ya puedes tener alguien diciendo si le gusta o no, si le sugiere alguna idea, si le recuerda a no sé qué escritor...

En cuanto a los Imposibles impensables, el proceso de transformación del blog al libro fue sobre todo de selección (de los 150 cuentos originales se salvaron unos cien) y de reordenación del material, para intentar que quedase un libro equilibrado. Hice correcciones y modificaciones, claro, pero muchos de los cuentos se publicaron en el libro tal y como aparecieron en el blog. 

¿Por qué siempre piensas en realidades que consisten en la ya existente con alguna pequeña modificación o perversión? 

Pues no lo sé, a lo mejor es así como funciona mi imaginación. Me pasa a veces ver algo u oír una frase y pensar: ¿y si esto lo llevásemos hasta sus últimas consecuencias, hasta lo absurdo o lo grotesco? Soy bastante aficionado al género de terror, tanto libros como películas, pero no me gusta el terror que se basa en fantasmas o demonios (o vampiros o zombis), sino el que parte de la realidad y busca las rendijas macabras que hay en esa realidad. Por ejemplo, la crueldad de muchas relaciones humanas, o los miedos que nos acosan a todos.

La sombra del humor negro y la ausencia de aparatosidad en los relatos. Y una cierta argamasa distópica que los aglutina. Comentemos.

Humor negro: seguro, me gustan mucho los textos irónicos y crueles, y eso intento transmitir en los relatos.
Ausencia de aparatosidad: creo que te puedes referir a dos cosas, al estilo, que es deliberadamente llano, incluso con algunas vulgaridades, o al hecho de que no haya sorpresas espectaculares o sensacionalistas; esto segundo fue una regla que me impuse al escribir los relatos, no quería que tuviesen el típico final al estilo de El sexto sentido: "entonces comprendió que..." Se han escrito demasiados microrrelatos ya con esa estructura.
Y la argamasa distópica (que podría ser un buen título para una novela, por cierto), pues sí, leyendo los relatos la verdad es que se nota una nube bastante negra sobre el mundo. Pero creo que eso se compensa con el humor. "El mundo es una mierda, pero por lo menos es divertido contarlo", podría ser el resumen.

Algo que decir sobre influencias. Veo a Borges y a Cortázar pero también creo que asoma Lovecraft y sus secuaces.

Borges y Cortázar, y Monterroso, que no menciono pero que es una influencia fundamental, son de mis primeras lecturas en el campo del relato, y me acompañarán siempre, creo, aunque ya me haya distanciado algo de ellos. También estoy descubriendo a Ana María Shua, que en el microrrelato es genial. El género de terror también está ahí, como decía antes: Poe, Stephen King, Lovecraft (no tanto los monstruos tentaculosos sino la atmósfera de amenaza constante). Y también los "bestiarios", los catálogos de biografías inventadas, las enciclopedias de lugares imaginarios... En general, todos los tipos de literatura más imaginativa. 

¿Qué coño es eso de comparatista?

Es un campo de estudio que se dedica a la literatura (y no solo) más allá de los límites nacionales en los que normalmente se estudian (literatura española, francesa, italiana, etc.), y también a la relación entre la literatura y otras áreas artísticas, científicas, filosóficas, etc. Yo concretamente trabajo sobre las interacciones entre las literaturas ibéricas (portuguesa y española, pero también catalana, vasca, gallega...).

¿Qué acabará antes con la literatura, las descargas, el amiguismo o la autoedición?

Las descargas nunca podrán acabar con la literatura: si la gente se descarga libros es porque quiere leerlos. Está claro que la piratería es un problema para la industria editorial, y también que los autores (y editores y traductores, etc.) tienen derecho a poder vivir de su trabajo; pero a veces se exagera interesadamente el tema de la piratería para no pensar en otros problemas del sector.
En cuanto al amiguismo y la autoedición, tampoco son nada nuevo: como si antes de internet no existieran las camarillas o los autores que se pagaban sus propias ediciones. (Y esto no es una vergüenza: Ramiro Pinilla sin ir más lejos se autoeditó gran parte de su obra).
Parece que andamos con cierta prisa por matar a la literatura. Y entendida en un sentido amplio (como el arte de contar o crear con la palabra) nunca va a morir, porque es absolutamente esencial al ser humano. Otra cosa es que determinados géneros o hábitos literarios mueran, pero eso tampoco es el fin del mundo (ni de la literatura).

El futuro más próximo que te atreves a predecir de los blogs y su papel en el entramado relacionado con lo literario, sea industria o no.

No es por tirar piedras contra nuestro propio tejado, pero creo que la edad de oro de los blogs está llegando a su final. Por lo menos, de los blogs como iniciativa individual (o de un grupo pequeño) que forma opinión. Creo que en el futuro habrá más plataformas de lectores o páginas de "meta-críticas" (tipo Goodreads o Rotten Tomatoes para el cine).
Tal y como están las cosas en este momento, creo que el poder de los blogs no debe ser subestimado, pero tampoco sobreestimado. Una buena (o mala) reseña en el Babelia sigue influyendo mucho más, creo, que la opinión de un bloguero o grupo de blogueros. Eso sí, existe cierto sector de lectores que desconfía de la crítica periodística profesional, y que busca en los blogs (más o menos) amateurs una honestidad que no cree encontrar en otro sitio.

¿Todo esto acaba siendo agradable?

¿Contestar a esta entrevista? ¿Escribir? ¿Hacer reseñas? ¿Vivir? En general, todo es bastante agradable. Hasta que deja de serlo, claro.

Y ahora, por favor, pongámonos de pie y démosle ese aplauso que lleva tanto tiempo esperando.


Otros libros se este autor en Un Libro Al Dïa: Ilustre Ruritania Ilustrada

martes, 14 de marzo de 2017

Olivier Norek: Efecto dominó

Resultado de imagen de efecto domino norekIdioma original: francés
Título original: Surtensions
Año de publicación: 2016
Valoración: Prescindible


Los premios literarios funcionan como una maquinaria incapaz de detenerse una vez puesta en marcha, cuente o no con materia prima que la active, igual que una olla exprés sin garbanzos o un corta-césped sin hierba. Olivier Norek, teniente en excedencia de la Policía Judicial de un distrito parisino, ha obtenido con esta, su tercera novela, el Premio de Novela Negra Europea 2016. Si no me equivoco, hasta ahora todas las novelas de Norek tienen al capitán Coste como protagonista, por tanto esta es la tercera de la serie. Afortunadamente, el personaje no está construido con los rasgos tópicos del detective de novela negra (personaje torturado, contradictorio, escéptico, con tendencias autodestructivas y alguna otra peculiaridad que pretende convertirle en único). Lo que encontramos aquí es un policía bastante corriente, con escrúpulos de conciencia y un cansancio comprensible si consideramos su recorrido profesional de los últimos años, al que se atribuye un carisma más impostado que real.
Como el título indica, el argumento no se limita a una sola investigación: el hallazgo de un motivo, o pretexto, para enlazar varios casos es lo que pone todo el mecanismo en marcha. Claro que, si finalmente estaban relacionados entre sí tendrán que averiguarlo ustedes mismos.
Lo más logrado es, como cabría esperar, el ambiente de competencia y camaradería que se establece en cualquier equipo profesional. También se agradece la escalada de venganzas que observamos, su interés por la maldad como concepto, que los agentes no sean infalibles, que introduzcan cuestionamientos éticos o que tanto recursos como forma de actuar se basen experiencias de primera mano. Aunque el entramado carcelario, que es lo que despertó mi interés –quizá por lo que tiene de negativo fotográfico de una sociedad concreta– se desinfla muy pronto y proviene exclusivamente de testimonios ajenos, según parece indicar el propio Norek.
Se trata pues, y a pesar del premio, de una trama de suspense como otras muchas, sin grandes virtudes literarias, apta para entretenerse las próximas vacaciones ocupando la mente lo menos posible, con lastres añadidos, como ambientaciones banales que no añaden gran cosa a la acción, las manidas escenas de competencia entre los cuerpos local y nacional que, no me negarán, aburren ya a las ovejas o, casi peor, la necesidad exagerada de explicarlo todo, de no permitir al lector que deduzca por su cuenta, lo que provoca un tono redundante bastante molesto. Una trama, poco o nada trepidante, que no ofrece personajes con entidad propia más allá de cuatro rasgos superpuestos, y en la que el supuesto efecto dominó resulta forzado y no se resuelve con la sorpresa espectacular que prometía.
Resumiendo: diversión sin complicaciones. Algunos pedirán más, otros no querrán más que eso. Efecto dominó está escrita para estos últimos. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Reseña + Entrevista. Álvaro Colomer: Aunque caminen por el valle de la muerte


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

La guerra de Irak, y una cita bíblica tomada prestada para el título. Si eso no es apostar fuerte y seguro. Porque se está hablando mucho, y muy bien, de este libro. Y no es que Colomer vaya a inaugurar un género, pero sí que se le ve decidido a insuflarle algo de vida a eso que podríamos llamar novela bélica.
Desde luego a ese declive habrá ayudado que los escenarios de los nuevos conflictos (Kuwait, Irak, Siria) hayan obligado a reformular muchas cuestiones. La guerra moderna tiene otra épica; se libra en países que parecen enormes pabellones donde algunos contendientes acuden  como si fueran futbolistas convocados a un campeonato. Y con público involuntario y, no olvidemos, frágil. El elemento débil que Kapuscinki siempre veía salir derrotado.
Nada más lejos de mi intención que banalizar esto. Uno de los dilemas morales más presentes aquí es el de los daños colaterales. O sea, los civiles en sus casas o por la calle haciendo sus vidas. Los internos en los hospitales donde se han apostado los francotiradores. Todo el atrezzo presente de forma involuntaria mientras los actores se lían a tiros y a cuchillazos y a cañonazos. Las tropas presentes se inclinan a un lado o al otro de esta cruel balanza. La de la integridad moral de evitar los daños y la de la integridad profesional de pagar el precio que sea para ganarse el jornal. Es una de las cuestiones que Colomer saca a la palestra en esta fascinante novela basada en hechos reales. Que a Irak los americanos no han ido a abrazar niños y entregar paquetes de arroz. Que las fuerzas de la Coalición (aquí, soldados españoles, estadounidenses y salvadoreños) han de actuar bajo una maraña de pautas de distintos orígenes. Órdenes de gobiernos en proceso de cambio, gobernantes temerosos de que una foto, un enfoque ambiguo en un artículo, unas declaraciones malinterpretadas, echen al traste todo el artefacto propagandístico (el de las armas de destrucción masiva y la foto de las Azores) que ha aportado coartada para sus duras decisiones. Ese equilibrio justifica otro de los dilemas planteados. Si una vez en el campo de batalla, en ese escenario donde todo va muy en serio, esas cuestiones deben dejarse atrás en aras de lo realmente importante. Derrotar al enemigo y hacerlo con el mínimo de bajas.
Hay planteamientos no tan diáfanos. Porque Colomer no se muestra abiertamente anti-belicista y eso no suele sentar muy bien a según quién. Como el hecho de que sea un escritor barcelonés sugiriendo en algún momento que la fuerza armada española (su conjunto: gobierno, mandos, tropa) no tuviera un comportamiento a la altura de lo que una situación así requiere. Terreno delicado hoy en día que está a mucha distancia del centro de esta novela. Que tiene muchas lecturas, incluso, para horror de algunos, el puro elemento escapista. Colomer lleva muy bien todo el elemento relacionado con la acción, y esa sensación presente desde 1990, la de la guerra que es un video-juego de carne y hueso. Esa fusión de tecnología y realidad se refleja constantemente en el texto y le aporta un dinamismo nada desdeñable. Claro que está la reflexión, la del soldado que echa de menos a su familia y que se siente más llamado a solventar sus batallas domésticas, está aquí y tiene sus páginas. Pero para horror de ciertos puristas Aunque caminen por el valle de la muerte también (también) tiene esa opción. La de la novela bélica de aventuras donde los rincones donde guarecerse, las balas, los cañonazos (¡esas onomatopeyas constantes!), los cuchillos seccionando cuellos, parecen estar ahí ante nosotros.
Ah, sí. La trama. Tres batallones conviven en un cuartel en Najaf: salvadoreños, españoles y norteamericanos, algunos de estos mercenarios de BlackWater (contratistas), cuando se produce un ataque a consecuencia de la detención de uno de los líderes de la insurgencia local. Los milicianos empiezan un intento de asalto. El cuartel es acosado y lo que parecía ir a ser una situación controlada se convierte en una batalla en toda regla. Hecho que fue silenciado en su momento (abril de 2004) con los atentados del 11-M recientes y con un gobierno cuyo relevo suponía un cambio de actitud hacia el conflicto. Porque siempre se dijo que no había intervención directa en combate. Que los muertos lo eran en accidentes, atentados, escaramuzas, incidentes aislados.
Colomer ha empleado en la confección de este libro una nutrida base de entrevistas y testimonios sobre un hecho silenciado. Lo ha hecho a pesar de oscuros intereses empeñados en que los hechos descritos no salieran a la luz pública, incluso a pesar del tiempo transcurrido. Parece ser que ha incordiado al poder establecido, al de entonces o al de hoy, qué más da. Y solo por eso ya he decir que cuenta con muchos puntos a favor. De los míos, casi todos. Porque esto es un librazo.

Y, además, su autor es otro que se apunta a la moda de responder nuestras impertinentes cuestiones.

¿Y si cogiéramos todos esos testimonios que Vd. ha recogido y los publicáramos "a la Aleksiévich", surgiría algo muy distinto de lo que surge tras leer su novela?
-Sin duda. Al principio, cuando estaba haciendo la investigación, mi intención era escribir una no-ficción al más puro estilo Aleksiévich o, más concretamente, Jon Lee Anderson. Quería narrar mi propio viaje, mi propia investigación, mis propias impresiones. Porque 'Aunque caminen por el valle de la muerte' tiene una no-ficción oculta: lo vivido durante tres años de viajes a bases militares, a Irak, a casas particulares de mercenarios, a los cuarteles españoles... Realmente, las vicisitudes de esta investigación daban para un libro. Pero al final me incliné por una novela porque llegué a la conclusión de que, cuando tienes una historia realmente buena, una historia que todo el mundo debe conocer, has de acudir  al género más popular de todos: la novela. La batalla de Najaf es un hecho histórico de una importancia capital para la historia contemporánea española y, cuando ya hube realizado las historias, entendí que mi misión tenía que ser conseguir que la conociera el mayor número de lectores posibles. En ese sentido, la novela sigue estando por encima de la no-ficción.

¿La literatura bélica está en desuso o es que no vemos clara la guerra que discurre ante nuestras narices?
-Los españoles no queremos ver las cosas que no nos gustan. Esta novela es una denuncia hacia una realidad evidente: después de las manifestaciones contra la guerra, cuando quedó claro que José María Aznar mandaría a las tropas dijéramos nosotros lo que dijéramos, la gente guardó las cacerolas y se desentendió del tema. De alguna manera, la población dijo: No voy a prestar atención a esta guerra porque estoy en desacuerdo con ella. Desde mi punto de vista, es un error enorme. Si uno es realmente pacifista, debe prestar mucha atención a lo que pasa en las guerras. Quedarse tumbado en el sofá no es ser pacifista; el auténtico pacifista se informa sobre la guerra para después saber contra qué está luchando. En ese sentido, creo que la sociedad española es hipócrita.

Un escritor catalán poniendo en tela de juicio la eficacia del ejército español, o supeditándola al artificio de una maquinaria burocrática superior. ¿No teme que le venga el tertuliano de turno a buscarle los tres pies al gato?
-Ya ha venido. Se han escrito algunos artículos que no dan una visión veraz sobre el contenido de mi novela y que han provocado aludes de e-mails en mi correo electrónico. Estoy comprobando que cada uno lee mi novela como quiere y opina en relación a sus propios pensamientos, no a los que la novela desprende. Quiero decir que algunos periodistas han escrito artículos en los que decían que yo acusaba al ejército español de cobardía, cuando en verdad mi novela es absolutamente política, apunta hacia el Ministerio de Defensa. Sin embargo, las malas interpretaciones que se hacen sobre mi novela hacen que los soldados o los altos mandos me escriban e-mails insultándome. Si leyeran mi novela no me insultarían, pero, como sólo leen los artículos sobre ella, pues se enojan. Es el problema clásico de este país, que se resume con la famosa cita de Stanislaw Lem: 'Nadie lee nada, y los que leen no comprenden lo que leen, y los que lo comprenden lo olvidan fácilmente'.

Si este país tuviera una mejor tradición lectora su libro debería levantar polvareda. ¿Y si los nombres de los personajes fueran los reales?
-Los nombres de los personajes no pueden ser reales porque todos los personajes tienen elementos de varias personas reales. Nadie puede decir: 'Yo soy este personaje'. En cuanto a la polvareda, estoy de acuerdo. Lo que narro en la novela tendría que alarmar y preocupar a toda la población. Y, de hecho, parece que lo está haciendo, porque ya hemos entrado en segunda edición y no hace ni un mes que la novela salió publicada.

Cita a Chaves Nogales y entre esas líneas he creído ver el reflejo de un libro relativamente desapercibido, Nuevo destino de Phil Klay ¿Influencias?
-Phil Klay fue un autor importantísimo para mí, pero en España salió publicado cuando yo tenía la novela ya muy avanzada. En ese sentido, creo que, en el universo anglosajón, me influyó mucho más Tim O'Brien ('Las cosas que llevaron los hombres que lucharon') o Oakley Hall (sobre todo 'Warlock', una novela sobre el Lejano Oeste que, sin embargo, me fue de gran utilidad para entender cómo se comportan los hombres en una situación armada). En cuanto a la tradición española, señalaré principalmente a Ramón J. Sender y Manuel Chaves Nogales.

En este mundo sobresaturado en lo audiovisual, todos parecemos haber estado ya en los frentes de las guerras recientes. Pero la batalla de Najaf parece estar bastante lejos de los militares aburridos de Generation Kill. ¿Reconoceremos un género en unas décadas y encontraremos nuestro John Wayne, o estas guerras ya son anónimas?
-La batalla de Najaf tendría que ser llevada al cine sin ningún género de dudas. En otros países ya habrían rodado varias películas tipo 'Black Hawk Derribado', de Ridley Scott. En España no hay mucha tradición de cine bélico, así que no sé si alguien se atreverá a rodarla. Quién sabe.

(Inciso: esta semana se ha estrenado, curiosamente, una película española llamada Zona hostil sobre un episodio de la guerra de Afganistán).

Me sorprende que en  un momento dado las nacionalidades definen más a los personajes que ellos mismos. Salvadoreños: resueltos y con un líder claro. Estadounidenses: individuales y obsesionados por sus valores de referencia, sean familia o dinero. Y los españoles, pendientes de una autoridad superior a la que temen desobedecer ¿esta es su visión?
-Totalmente. Además, cada país tiene un estilo bélico. Los americanos están acostumbrados a ganar guerras y, por tanto, se comportan como si fueran los amos del mundo. Los salvadoreños todavía tienen fresca su guerra civil, probablemente la más salvaje de toda Latinoamérica, y siguen recordando cómo se gana una batalla, algo que se reflejó en Irak. Los españoles no hemos pegado un tiro en casi cincuenta años, así que no somos capaces de reaccionar sin que nos llegue la orden de arriba. Esto es algo que me dijeron los salvadoreños: 'El auténtico soldado sabe cuándo hay que saltarse las normas'. Está todo dicho.

¿Entrevistó a alguno de esos "soldados de fortuna" que parecen héroes de video-juego?
-Los entrevisté y estuve durmiendo en sus casas. Sé que la gente quiere verlos como asesinos sanguinarios y enloquecidos, pero lo cierto es que, en sus hogares, son personas normalísimas. Creo que la novela deja clara una de mis tesis: no hay gente buena o mala. Sólo hay comportamientos puntuales. Los mercenarios que estuvieron en Najaf apretaron el gatillo con demasiada facilidad. Pero no creo que eso se deba a que son más sanguinarios que otras personas. Creo que eso se debe a que no tienen normas a las que ceñirse. Si las tuvieran, hubieran sido más precisos y cuidadosos. Es por este motivo que no hay que llevar a mercenarios a las guerras. Porque no tienen normas.

¿Qué hay que cambiar en el mundo para que el pacifismo no solo tenga sentido, sino que tenga futuro? ¿Cree que reflejar esas realidades en la literatura va a aportar su granito de arena?
-Los antiguos asirios creían que el mundo había sido creado durante una guerra entre dioses y, en consecuencia, creían que la guerra era el estado normal de los seres humanos, ya que éramos hijos de la sangre. No estoy del todo de acuerdo en la idea de que seamos belicosos por naturaleza, pero tampoco creo en el buenismo de Rousseau. Dicho de otra forma: no creo que los seres humanos podamos ser pacíficos nunca. No, no lo creo en absoluto. Por otro lado, la literatura bélica sirve para reflejar una realidad que, en el siglo XXI, está ya apartada de nosotros. Los ejército están formados por voluntarios, lo que hace que el resto de civiles no veamos la guerra en primera persona (al menos en Occidente). Esto nos distancia tanto de la realidad, nos mete tanto en nuestra burbuja, que es necesario que los escritores cuenten esas historias. Sólo así la gente recordará que la guerra es un acontecimiento de naturaleza cruel, y no un espectáculo para rellenar minutos de telediario. 

domingo, 12 de marzo de 2017

Stefan Zweig: Montaigne

Idioma original: alemán
Título original: Montaigne
Año de publicación: 1942
Valoración: muy recomendable


En momentos complejos como en los que nos encontramos actualmente, en una época donde según algunos políticos se ha superado (ejem) la crisis mientras la población pasa por situaciones de pobreza, donde las ideologías extremas (y extremistas) van aumentando su papel en un ya de por sí deshumanizado mundo, donde cada día somos testigos de las injusticias sociales que nos rodean, hay que buscar respuesta y consejo en los clásicos. Y ya puestos, ¿por qué no hacerlo leyendo a Zweig hablando sobre Montaigne?

En este ensayo póstumo e inconcluso debido al suicidio del autor, confluyen dos personajes ilustres de nuestra cultura; la escritura siempre precisa, hábil y rica de Zweig nos sirve de vehículo para aproximarnos a la vida de Montaigne. Tras unos primeros capítulos de puesta al día de la filosofía del humanista francés y su aplicación a la sociedad contemporánea a Zweig, éste nos detalla la vida de Montaigne y la intención de su padre aristócrata en apartarlo de los excesos y de la vida cómoda para hacer de él una persona con grandes conocimientos sobre la cultura a la vez que con grandes dosis de humildad y austeridad. Estos inicios fomentaron el interés por la educación y la cultura, que sería ampliados y enriquecidos a lo largo de su vida para acabar siendo una persona altamente influyente en la sociedad. Con críticas a la férrea disciplina educativa del momento, Zweig afirma que «trabajamos únicamente para llenar la memoria y dejamos el entendimiento y la consciencia vacías. ¿De qué nos sirve tener el estómago lleno si no lo digerimos, si no se transforma en nosotros, si no nos hace crecer y fortalecernos?». Sin duda, estas reflexiones son vigentes hoy en día con un sistema educativo en proceso de revisión y transformación, siendo cuestionado por seguir el método tradicional de enseñanza y no haber sido capaz de adaptarse completamente a los tiempos actuales. Más allá de la reflexión sobre el sistema educativo, la admiración de Montaigne por la cultura y los libros es tan grande que a sus 38 años se retiró a su torre para vivir únicamente rodeado de libros y así poder ampliar su conocimiento. Esta veneración hacia los libros queda perfectamente expuesta cuando indica: «sabiendo que puedo disfrutarlos cuando quiera, estoy contento solo por el hecho de tenerlos» o «no molestan cuando uno guarda silencio, solo hablan cuando se les pregunta».

Las tesis de Montaigne tienen cabida siempre, pero más aún en esta época de pérdida de valores y tendencia al narcisismo. El culto a la imagen, el deseo y necesidad de reconocimiento popular ampliado por los altavoces digitales de las redes sociales, se expande a medida que la humanidad tiene más herramientas para su difusión. La imagen exterior le come terreno a lo que albergamos en el interior y la superficialidad brilla y deslumbra, cubriendo con un manto de opacidad nuestro interior, nuestra humanidad. Montaigne luchó contra los excesos, contra la riqueza externa, contra aquello que nos aparta de quienes somos realmente. Para ejemplarizar la actitud comedida del humanista, retomo una de las frases incluidas en el libro: «¿Cómo defenderme para no ir en mis palabras y acciones más allá de donde mi yo más íntimo quiere llegar?» o también «me gustaría no saber cuánto tengo, para disgustarme menos en el caso pérdida».

Estudiando las tesis de Montaigne, Zweig hace una analogía de la época en la que vivió para analizar su propia vida y la de una Europa con grandes carencias humanitarias y de identidad. Y visto el estado en el que se halla Europa en nuestros días, parece que seguimos cayendo en los mismos vicios del pasado. La filosofía de Montaigne y su análisis retoma vigencia y permite cuestionar, no únicamente la sociedad y sus valores, sino también aquello que la componen: los valores individuales que cultivamos y albergamos cada uno de nosotros. Y entre todas las aseveraciones de Montaigne, me quedo, por la profundidad y la responsabilidad individual que debemos tener ante las injusticias, con la siguiente: 


sábado, 11 de marzo de 2017

Jiro Taniguchi & Masayuki Kusumi: El gourmet solitario

Idioma original: japonés
Título original: Kodoku no gurume
Año de publicación: 1997
Traducción: Alberto Sakai
Valoración: recomendable


Fallecido recientemente, Jiro Taniguchi fue uno de los más destacados autores de manga -entendiendo el término en su sentido más amplio: cómic o incluso, como en este caso, lo que llamamos novela gráfica-; dotado de un estilo de dibujo elegante y detallado en grado sumo, muchas son sus obras destacadas, pero quizás llame la atención, por su originalidad y su argumento en principio sencillo, hasta el punto de poder parecer extravagante, El gourmet solitario, realizado junto con el guionista Masayuki Kusumi.

El argumento, ya digo, resulta en apariencia de lo más simple, y además redundante: este manga consta de 18 capítulos que tienen como único protagonista al señor Inokashira, un comerciante autónomo de piezas decorativas de importación que trabaja solo y por ello visita también solo a sus clientes o hace otro tipo de gestiones, por diferentes lugares de Tokio y de Japón. Cuando le aprieta la gusa, come allá donde esté y en los establecimientos que tiene a su disposición. en algunos casos son restaurantes, en otros, puestos callejeros, snack-bars o incluso, una noche que está trabajando a su oficina, baja a un súper 24 horas  a comprar víveres... el resultado es que se pone tibio, el amigo Inokashira. Porque el hombre es un verdadero gourmet: se pega sus buenas panzadas y es de lo más tiquismiquis a la hora de combinar esto con lo otro, según los parámetros de la gastronomía japonesa (más allá del sushi y los fideos yakisoba, que también, encontramos mamekan dulce de judías, yuba fresco al estilo de Kioto, donburi de anguila, shumai chinas, takoyaki de pulpo, gyoza o empanadillas... y muchas delicias más que hacen la boca agua a cualquier incauto lector de este manga *). Por lo general, hay que decir que queda bastante satisfecho de cada comida.

Claro, que nuestro protagonista no sólo come: también observa y mucho: los ambientes, las personas que se encuentra, los cambios que ha experimentado el lugar en el que se encuentra, recuerda momentos de su vida -de la que apenas se nos dan datos, en un principio-; además, se mete en situaciones comprometidas o simplemente embarazosas (también es cierto que para un japonés este adjetivo abarca un abanico muy amplio), disfruta en determinados ambientes y se tensa en otros... en definitiva, nos ofrece un panorama bastante completo de los pensamientos y sensaciones que puede llegar a experimentar un individuo viviendo momentos tan normales como pasear por un barrio o ciudad desconocida y comer fuera de su casa. Situaciones nada extraordinarias pero que, al encontrarnos solos, en cierta forma nos obligan a recolocarnos en el mundo, a tomar partido por una opción vital u otra, aunque sea tan sólo las de entrar a comer  en este o el otro local, atrevernos con un menú al que no estamos acostumbrados o entablar conversación con las personas con las que compartimos la barra del bar. Puede parecer una sarta de banalidades y quizás lo sean, pero el caso es que la maestría de Taniguchi y Kusumi logran que al finalizar el libro, tengamos la sensación de haber leído una obra llena de sentido y profundidad, una auténtica novela, que, como todas las buenas obras literarias, nos enriquece y hacer reflexionar sobre nosotros mismos, sobre el mundo, sobre la vida.

Hay una segunda parte, de los mismos autores: Paseos de un gourmet solitario. Ambas tiene también una evidente relación con otra obra de Taniguchi: El caminante.

* Para quien esté más interesado en el aspecto gastronómico del libro, dejo este enlace (aquí) de un revista que publicó una cena gastro-cómic-emotiva realizada en un restaurante japonés y basada en esta obra, claro.



viernes, 10 de marzo de 2017

Ricardo Martínez Llorca: Luz en las grietas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable

Este libro ha sido recientemente galardonado con el Premio Desnivel, que en 2016 cumplió su mayoría de edad. Y pese a que tradicionalmente este premio recaía en obras que podríamos englobar en la categoría (sí, maldita manía esa de categorizar personas, objetos y demás) de "literatura de viajes" o "literatura de montaña", en esta ocasión ha recaído sobre esta obra en la que las montañas y los viajes están presentes y son importantes pero ocupan un lugar secundario.

Porque esta vez el viaje que propone Ricardo Martínez Llorca es, fundamentalmente, interior. Y el motivo de este viaje está en la enfermedad (o un amplio catálogo de enfermedades), que acecha al autor y que motiva que este haga un repaso de su trayectoria vital. Ante la cercanía de la muerte, se impone una revisión de la vida, pasada, presente y futura.

Este revisión nos lleva, en primer lugar, a las etapas de formación por antonomasia: infancia y adolescencia. Ambas etapas se verán marcadas por un corazón "deforme", que influye de manera decisiva en la personalidad del autor.

Esta personalidad en formación llevará al autor a descubrir el mundo de la montaña. Primeras excursiones, primeras escaladas, primeros amigos que serán inseparables, etc, pero también primeros desengaños debidos a ese corazón y a esa maltrecha salud.

Llegarán después, ya en la juventud, nuevas expediciones, nuevos viajes, las primeras pérdidas en la montaña, absolutamente cruciales en la vida del autor (y en el libro), nuevas enfermedades, nuevas afecciones, pero siempre nuevos intentos de aferrarse a la vida, a través de la montaña, del deporte, de la literatura y, sobre todo, de la amistad.

Y así continuamos luchando, "siempre en derrota, nunca en doma". Porque la vida es lo único que tenemos, lo único que nos queda.

La principal virtud de este libro radica en la capacidad del autor para hurgar en su pasado y en su interior con sinceridad, sin caer en la autocomplacencia ni en la sensiblería barata, peligros que siempre acechan a esta clase de libros. También son destacables la capacidad de encontrar la belleza en la sencillez y el catálogo de sus lecturas de cabecera, siempre inspiradoras.

En definitiva, un relato duro y sincero, aunque optimista en el fondo. Sin florituras ni técnicas experimentales ni ejercicios de estilo ni nada similar. Ni falta que hace.

También de Ricardo Martínez Llorca en ULAD: Después de la nieve y Eva en los mundos