martes, 7 de marzo de 2017

Reseña a muchas manos + Entrevista. Iván Repila: Prólogo para una guerra

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: fuera de concurso

Lo siento mucho: la valoración es necesaria aquí y va a ser esa y ninguna otra. Iván fue "uno de los nuestros", y el lector de esta reseña habrá de hacer un esfuerzo (el primero de unos cuantos) para hacerse una idea.

La historia. Emil Zarco es un arquitecto de éxito que recibe un encargo profesional de los que transforman la vida de una persona. Oona, su mujer, comprometida socialmente, es seguida por un misterioso personaje llamado El Mudo, al cual acompaña un perro y Hache, otra misteriosa (esta humana) criatura de la calle. El encargo toma cuerpo en una especie de descabellado barrio invivible, un infierno en la tierra donde la gente podrá hacer cualquier cosa menos vivir.

Las lecturas posibles.

1. Dos hombres que parecen ser iguales y antagonistas a la vez, obsesionados por una misma mujer que, curiosamente, parece mantener una relación gélida con cada uno de ellos. Que podrían representar al mundo pobre y al rico, o a la vieja Europa y el nuevo paradigma, al mundo relleno de tecnología que demuestra que los humanos somos caros de mantener e ineficientes versus el mundo al que hemos condenado a hacer lo que no nos gusta o no nos apetece hacer o nos ensuciamos mucho las manos con ello. Por eso le he preguntado por esa guerra, cuál es la que ve acercarse, si la de ISIS o la de Trump o la del inexorablemente cercano momento en que todas las razas y todas las civilizaciones y (glups, todos los credos) compartan un único y apretujado escenario global.
2. ¿Qué vías nos quedan para alcanzar o recuperar nuestro derecho a la ciudad? ¿A través de un nihilismo individualista o a través de una acción colectiva? ¿Es posible o viable alguna de las dos opciones?
3. ¿Nuestros posibles caminos de redención son, como aquel poemario de Vicente Aleixandre, la destrucción o el amor?

Los personajes. Emil parece un trasunto de muchos personajes a la vez. Gobernantes, creadores, influencers, conspiradores mediáticos. Un hombre en la cumbre destinado a trascender y al que ese destino parece a ratos fascinar y a ratos abrumar. El Mudo, del que podríamos decir que, en un pasado casi remoto, vendría a ser una especie de "doppelganger" de Emil. Pero sus caminos o sus opciones vitales, en cierto momento, se separan de forma drástica.

El estilo. En algunos sitios, se acusa a los escritores españoles de una edad, pongamos entre 35 y 50 años más o menos, de escribir de forma "muy parecida". Iván no lo hace. Opta por una vía arriesgada, casi tanto como escalar la Norte del Eigger en invierno, y tremendamente personal, lo que provoca que "Prólogo para una guerra" no sea un libro fácil. Quien busque una historia "al uso", lineal, con su planteamiento, nudo y desenlace, que se olvide de "Prólogo para una guerra". Repila decide y lo hace desde la primera frase. Esto no tiene porqué ser fácil. Las metáforas y las imágenes son constantes, a veces son casi mezclas imposibles de conceptos dispares, y a veces, y él no se me va a ofender, complican la lectura, conducen a una cierta pérdida de hilo. Así que ello descarta un poco de entrada al lector curioso o no iniciado, con lo que no esperéis ver mucha gente en la playa leyendo este libro. Aunque quién sabe, falta bastante para el verano. Por eso, la parte que más me gusta es la parte central, donde la acción se desarrolla de una forma más exógena, no tanto en la cabeza de los personajes sino en los escenarios. Esos escenarios donde los personajes reflexionaban y veían cosas extrañas entonces se llenan de personas que hablan.

Por otro lado, no es menos cierto que es el estilo, precisamente, por extremo y hasta forzado que pueda parecer, con sus metáforas e imágenes bordeando el filo de lo acostumbrado en la narrativo, lo que sostiene e impulsa, lo que da empaque y vuelos a toda la novela, la ola que mantiene en lo alto la tabla de la narración, el alud que permite al practicante de snowboard lanzarse montaña abajo sin despeñarse, aunque en más de un momento parezca que va a perecer. Así es el estilo de Prólogo para una guerra; excesivo, quizá, laberíntico y abarrocado, como las prisiones de Piranesi de las que se habla en la novela, pero sumamente eficaz, porque sin tregua alguna, conduce al lector hacia donde quiere, que es siempre un paso más allá, sin morosidades innecesarias, hasta llegar a la culminación de esta historia, casi sin habernos dejado un respiro.

Por seguir con la metáfora arquitectónica: como afirma la cita más conocida de Walter Gropius, "la función hace la forma". Pero a veces, como en este caso, la forma también hace la función.

El futuro. Repila se ha escorado un poco hacia ese inhóspito lugar de escritor favorito de la crítica, aunque sea a base de demostrar coherencia y riesgo. Como es amigo, he de advertirle de algo que seguramente sabe, que es que de ese lugar no se suele regresar. Me parece genial esa decisión, pero creo que aún puede hacerlo mejor. Quizás ese pasado asociado a la poesía que aflora en el último tramo o anexo del libro y que parece sea la clave que lo desentraña sea una catarsis. O un epitafio. O una premonición.

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Aquí ya no hace falta que nos andemos con demasiados pretextos ni preámbulos. Repila fue, insisto, una vez, miembro de este proyecto y, ya sabemos, la confianza da asco.


Fuera preliminares. Iván, ¿qué pretendes que piense el lector sobre tu novela?
Prefiero que le afecte, que le quite el sueño. Me gustaría que el lector se viera obligado a plantearse temas: cómo reacciona en su vida privada frente al dolor, qué lugar ocupa en el mundo, hasta qué punto es necesario intervenir o dejar de hacerlo para construir un espacio común, un mundo decente. En qué medida hemos dejado que nos llenen la vida de muros y concertinas, y cómo podríamos salvarlas. 

¿Qué guerra? ¿Mundial, civil. de guerrillas, en trincheras, en frentes, en ciudades abandonadas? Y qué conclusión hay que sacar.
Las conclusiones son subjetivas; no dependen de mí, sino del lector. La guerra que planteo, en todo caso, es entre dos cosmovisiones: una más egoísta, heredera del siglo XX, que tiende a la destrucción personal y la construcción de espacios inhabitables, y otra que intuyo propia del siglo XXI, aún por concretarse y definirse, que entiende la solidaridad como un empeño colectivo, integrador, capaz de plantear escenarios de tolerancia y convivencia. 

El proceso de creación. Discos que oías, libros que leías. Cuándo y dónde escribías. A no ser que seas de esos que se aíslan para crear, claro.
Puedo escribir con los vecinos usando el taladro o un martillo neumático (esto pasó), con la radio encendida, con un gato sobre los hombros... Me concentro con facilidad. Al principio escuché mucho el disco James Room Weird Antiqua, que tiene la oscuridad que necesitaba para determinados capítulos, pero no fue el único: desde Damian Rice hasta Calle 13, imagina todas las posibilidades. En cuanto al espacio de trabajo, me basta con un ordenador, así que pocas preferencias. Y lecturas... durante el proceso de documentación (unos seis meses) básicamente leí manuales, biografías, artículos y ensayos sobre arquitectura y arquitectos. Después, ya con los conceptos interiorizados y muchos apuntes, regresé a mis lecturas habituales: narrativa contemporánea, principalmente, y los libros que incluyo en los talleres de lectura que imparto (obras importantes del siglo XX, sobre todo). 

Las novelas apocalípticas, y eso. ¿Hacen falta tantas, o la crisis las agudiza? La novela, si empezó a concebirse hace tiempo, me recuerda los disturbios de la banlieu a mediados de los 2000, aunque parece ser que la proyección es hacia el futuro.¿Es así?
No veo "Prólogo..." como una novela apocalíptica, sino como una intuición de esta década o de las siguientes. Lo que planteo, en un sentido simbólico, es lo que hay: basta mirar a nuestro alrededor. La idea original, sencilla, de un arquitecto estéril que construye un espacio para la muerte, tiene casi dos décadas. A lo largo de los años, mientras la historia crecía en mi cabeza, los movimientos sociales, las injusticias, y las decisiones absurdas que han tomado distintas instancias de poder han calado en mí, obviamente. No soy impermeable a la crueldad que nos rodea. Quisé que la novela no tuviera unas coordenadas espaciotemporales concretas, pero sí reconocibles: una ciudad occidental contemporánea. Y sí, tienes razón: aunque es algo más sugerido que nombrado, la proyección situaría el texto en la segunda mitad de este siglo. 

Los personajes que usan su proyección profesional como vía a la trascendencia. Pienso en el protagonista de Satin Island, de Tom McCarthy, (que me parece una novela de la que se va a hablar mucho), en los extraños protagonistas de Pynchon o Lethem. Puede que te hayas dado cuenta o no, pero, ¿te parecen unas compañías agradables o recomendables?
Es fácil sentirse más o menos trascendente cuando tienes una profesión artística, como Emil. Piensa en Larrea, por ejemplo, a quien admiro mucho, que consideraba al poeta poco menos que un visionario. Pero creo que es una idea antigua, impropia de estos tiempos. Como escritor yo no siento que vaya a redimirme de nada, ni alcanzar un estado de sabiduría nuevo. Como mucho voy a proponer reflexiones, trazar una línea de pensamiento, enfrentar ideas. Los personajes, en este sentido, son herramientas orgánicas, útiles, que me ayudan a ordenar aquellas ideas. Los tres ejemplos que pones se mueven en paradigmas parecidos, y por lo tanto sí, me interesan (aunque a Pynchon lo entiendo la mitad de las veces, debo reconocerlo). 

Teoría irrefutable sobre escritores de hoy en día: están los que llegan a las grandes cuestiones desde la sencillez, están los que las alcanzan desde la ambición. Tú has estado en los dos extremos, en cuál de los dos te sientes más cómodo.
Te olvidas de la extensa gama de grises que existe entre esos dos polos. Cada libro solicita una tensión, un registro, una estructura diferente. En lo que a mí respecta, me siento cómodo escribiendo, no me planteo el proceso en términos absolutos. Escribir es algo vivo, y todo es posible. 

Teoría irrefutable sobre escritores de hoy en día: están los que interpretan el pasado para comprender el mundo, están los que lo explican a través del futuro que proyectan.
Y están, también, los que miran directamente el presente. Creo que es lo más difícil, y tal vez explique por qué están proliferando ficciones híbridas, a medio camino entre el ensayo y el artefacto, autoficciones audaces, libros inclasificables. 

Teoría irrefutable sobre escritores vascos de hoy en día: están los que han leído Patria y los que no. 
Estamos en ello. 

Los nombres de los personajes: Zarco era el nombre del quinqui de Cercas en "Las leyes de la frontera", Oona el nombre de la novia de Salinger que Chaplin le levantó, y había un mudo en "El corazón es un cazador solitario" de Carson McCullers. ¿Casualidades?
Totalmente. Ha habido otros mudos famosos (Harpo, sin duda, el más). Y en cuanto a Emil Zarco, tardé tiempo en encontrar su nombre, que surgió de la combinación de varios nombres de arquitectos. Me sorprendió algo que me dijo Winston Manrique en una entrevista: que "Emil" significa, etimológicamente, "ansioso". Encaja mucho con el personaje, y era algo que yo desconocía. 

¿Eres consciente de que esta novela no va a contribuir a que la brecha entre literatura "artística" y literatura "comercial" se empequeñezca?
Cada libro tiene su público. De mi primera novela se dijo que no era literatura, sino un chiste de casi 400 páginas. Creo que hay una literatura que necesita de un lector activo, porque lo que está en el texto no es todo lo que hay, y una literatura donde lo que está en el texto es todo lo que hay, y le basta, por tanto, con un lector pasivo. Yo leo mucho, desde ficción muy literaria (por usar la denominación actual) hasta best-seller de consumo rápido: la primera me obliga a una lectura más pausada, más atenta, y el segundo no. Creo que esa brecha es la misma que existe entre Silvio Rodríguez y Skrillex. Y me gustan los dos. 

La cuestión de la gente que te ha "ayudado" en la elaboración del texto. ¿Te está permitido ser más específico?
Soy bastante específico en los agradecimientos. Hubo personas del mundo de la arquitectura que me ayudaron durante el proceso de escritura del primer borrador. Luego, en una segunda fase, amigos cercanos que lo revisaron y me hicieron críticas y sugerencias, gracias a las cuales terminé el manuscrito definitivo. Por último, en un proceso largo, trabajé ese texto con los editores de Seix Barral, puliendo y afinando capítulos o escenas, lo que suele llamarse el "editing". Es un ejercicio maravilloso, debo decir. Lo viví, en el pasado, con Libros del Silencio, y también lo disfruté. Creo que con varios ojos encima, con varias mentes trabajando en ellos, los libros mejoran y mucho. Hay que tener ganas y dejar el ego a un lado, desde luego. Por mi experiencia, los editores son gente que sabe lo que hace, y lo razona con argumentos. 

¿Qué se va a cargar antes la literatura: las descargas, el amiguismo, o la auto-edición?
No te refieres a la literatura, entonces, sino al negocio que hay detrás. Por suerte, y quizá pecando de un optimismo ingenuo, creo que siempre habrá lectores.


Otros libros de Iván Repila reseñados en Un Libro Al Día: Una comedia canallaEl niño que robó el caballo de Atila

lunes, 6 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: La puerta de Magda Szabó

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación. 

Idioma original: húngaro
Título original: Az ajtó
Año de publicación: 1987
Valoración: Muy recomendable

Hacía tiempo que no me impresionaba tanto un libro.

Su autora, la húngara Magda Szabó, ha sido poco traducida al español pero es una escritora prolífica y muy reconocida en su país e internacionalmente. Con esta obra, publicada en 1987, recibió el premio francés Prix Fémina a la mejor novela extranjera, en 2003.

La voz narrativa de la novela (un alter ego de la propia Szabó) va describiendo su relación con Emerenc, la mujer que limpia su casa. Este personaje, aparentemente vulgar, se nos va mostrando cada vez más denso, complejo, fascinante y difícil de comprender. Nos sorprenden la severidad y la ternura que le aparecen repentinamente; que se niegue tan misteriosamente a que atraviesen la puerta de su cuarto; su orgulloso sentido de la dignidad; su fortaleza para transitar y superar situaciones adversas; cómo conviven en ella el rencor y la generosidad…

Algo muy interesante de esta narración es que, mientras vamos conociendo la vida de Emerenc, vamos descubriendo también fragmentos de la historia de Hungría, en algunos de sus períodos más crudos.

Es clara la transformación que, gracias a su relación, va generándose en los dos personajes protagonistas; principalmente, en Magda, una escritora burguesa, acomodada, brillante pero, en cierto modo, desconectada de la realidad. Su vínculo con Emerenc inicia, por su parte, con una superficialidad curiosa y termina, a la muerte de su compañera, con una profundidad consciente, llena de culpa y de admiración. 

Pienso que la habilidad de Magda Szabó en esta novela reside en su sensibilidad para percibir y describir los matices de una personalidad compleja, así como en la aparente sencillez con que construye una narración muy precisa.

Esa puerta que no se abre para nadie parece simbolizar a la propia Emerenc. Y, en un sentido más amplio, a ese espacio personal que todos los seres humanos ponemos a resguardo de los otros, a veces inconsciente incluso para nosotros mismos, y tan lleno de grandeza como de vulgaridad.



Firmado: Esti

También de Magda Szabó: El corzo

domingo, 5 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: Olive Kitteridge de Elizabeth Strout

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación.  

Idioma original: inglés
Traductora: Rosa Pérez Pérez
Fecha de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Oliver Kitteridge es una novela compuesta por trece relatos, de entre veinte y treinta páginas cada uno. Todos ellos son autónomos y autoconclusivos y vienen encabezados por un subtítulo independiente. No se trata, por tanto, de una novela coral, sino de un ciclo o secuencia de relatos.

Olive Kitteridge, profesora de matemáticas en el colegio de un pueblecito de Maine, Nueva Inglaterra, está presente en todos los relatos, ya sea de manera protagónica, secundaria o incluso tangencial (una pequeña mención, un breve intercambio de palabras…). Gracias a esa miríada de perspectivas —incluida la de la propia Olive, que va evolucionando a medida que avanzan los relatos—, nos familiarizamos con la personalidad compleja y contradictoria de un personaje que genera sentimientos encontrados en el lector. Hacia el final del libro (que coincide con el final de su vida), Olive se siente atormentada por sus errores y lamenta cada una de sus pérdidas, pero encuentra la forma de reconciliarse con su dolor.

El estilo de Elizabeth Strout es pausado y elegante. Aunque las historias están narradas en tercera persona, la autora se adentra en la mente de cada uno de los personajes y nos describe el mundo a través de sus ojos. Un ejemplo de «La pianista»: «Sonrió mirando al árbol de Navidad. Las luces de colores eran demasiado brillantes y, por un momento, la desconcertó pensar que la gente hiciera eso a los árboles, decorarlos con tanto brillo. Había quien se pasaba todo el año deseando que llegara aquel momento. La asaltó otro sofoco al pensar que dentro de apenas unas semanas desnudarían al árbol y lo llevarían a rastras hasta la acera, todavía con restos de espumillón; pensó en el aspecto tan desmañado que tendría aquel árbol, ladeado sobre la nieve, con el tronco cortado sobresaliendo oblicuo en el aire» (traducción propia y apresurada).

Elizabeth Strout teje la compleja red de las relaciones que se forjan en una comunidad pequeña en la que todo el mundo se conoce —aunque sea de vista—, y las historias se desarrollan con pocos sobresaltos (no hay giros de la trama espectaculares, a excepción del secuestro de un hospital). Sin embargo, la novela consigue atrapar con su forma particular de intriga, porque en Olive Kitteridge somos testigos de un descubrimiento, el de quién es la propia protagonista, y, más aún, participamos de su proceso epifánico de autoconocimiento.


Firmado: Paula


Otros libros de Elizabeth Strout reseñados en Un Libro Al Día:  Me llamo Lucy Barton

sábado, 4 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: El reino y la gloria de Giorgio Agamben

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación.  

Idioma original: italiano
Título original: Il Regno e la Gloria Año de publicación: 2007
Valoración: Muy recomendable

Siendo honestos, la valoración de este libro debería recurrir a su subtítulo para ser más precisa: “muy recomendable… para quienes estén interesados en una genealogía teológica de la economía y del gobierno”. Pero eso habría llevado a la mayoría a no leer siquiera estas primeras líneas (gracias a los tres que habéis seguido tras el cierre de comillas). Y, lo que es mucho peor, habría supuesto una nueva e injustificable afrenta al Sistema Unificado de Etiquetas, por cuya salutífera vigencia temo, ay, cada noche desde que dejé de colaborar activamente en el blog.

Esta es la cosa: a mí sí que me interesa la genealogía teológica de la economía y del gobierno. En este libro Agamben logra mostrar con rigor y elegancia que buena parte de los conceptos que rigen actualmente en la esfera de los intercambios económicos y del poder político tienen su origen en el discurso teológico cristiano. El concepto mismo de “economía” es al que dedica mayor atención. Acostumbrados a que este término tenga su referencia en índices bursátiles, cotizaciones de divisa y demás misterios numéricos, casi nadie recuerda hoy que durante varios siglos la “economía” cifraba un misterio aún más incomprensible: el de la unidad y trinidad simultáneas del Dios cristiano.

En efecto, desde los primeros Padres de la Iglesia se definió que las relaciones entre Padre, Hijo y Espíritu Santo eran de naturaleza económica. No quiere decirse con esto que se emitan facturas mutuamente por los servicios prestados, sino, sobre todo, que sus relaciones no son políticas (en sentido griego), ya que no se trata de tres individuos al uso, sino de tres personas distintas y una misma naturaleza divina. Agamben llama la atención sobre el hecho de que el vocabulario que usa Pablo, por ejemplo, para referirse a la naciente comunidad cristiana está extraído siempre del ámbito económico y no del político: o sea, tiene que ver con la gestión de la casa (oikos) y no de la ciudad (polis). Así, por ejemplo, él mismo se llama doulos (“esclavo”), los responsables de cada comunidad son diáconos (“servidores”), mientras que Cristo es “señor”, en sentido doméstico (kyrios) y no político (archon).

A partir de ahí, Agamben continúa la evolución del término “economía” y otros afines a lo largo del pensamiento teológico medieval, haciendo ver cómo sus transformaciones, en ese contexto discursivo, acabarán explicando buena parte de su uso actual. Es un ensayo de enorme erudición y que aporta una sorpresa en cada capítulo… pero, claro, digamos que tiene que interesarte de entrada. Creo que reseñándolo me he ganado que no vuelvan a invitarme al blog por un buen rato.

Firmado: Jaime

viernes, 3 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: El paseo de Robert Walser

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación.  

Idioma original: Alemán
Título original: Der Spaziergang
Año de publicación: 1917
Traducción: Carlos Fortea
Valoración: Imprescindible

Se ha comentado muchas veces en este blog. A menudo llegamos a ciertos escritores gracias a otros escritores que, normalmente para bien, los mencionan en sus libros, artículos o entrevistas. Yo llegué a Robert Walser (Biel, Suiza, 1878- Herisau, Suiza, 1956) a través de Enrique Vila-Matas. El autor catalán lo citaba muchas veces en una novela suya de cuya lectura disfruté mucho.
 
De esta primera toma de contacto con Walser hace ya mucho, pero de mi inmersión en la obra del escritor suizo no demasiado. Pesó mucho el pasar una temporada en Suiza y toparme varias veces con su nombre. La primera fue durante mi visita a Berna, ciudad donde el escritor pasó más de diez años. Era la mañana de un día laborable, nevaba sin parar y apenas había gente por la calle. Tanta nieve y la falta de transeúntes dotaban a aquel lugar de un encanto muy especial, y de repente, en mi deambular desorientado por los fríos soportales de la céntrica Marktgasse, pasado el intrigante Reloj Astronómico, me topé con un pulcro letrero que indicaba que allí se encontraba el Centro Robert Walser. Entonces, automáticamente, me entró una gran y extraña alegría: sentí que me reencontraba con cierto nombre del pasado, sumamente importante y admirable pero al que hasta entonces yo no había sabido apreciar como se merecía. Ni que decir tiene que lo solucioné al de poco.

¿Pero quién fue Robert Walser?

A Robert Walser tuvo una vida cuanto menos peculiar y cambiante, mostrándose siempre reacio a entregarse a cualquier tipo de rutina mundana a largo plazo y poco amigo de los bienes materiales. Hijo de una familia numerosa, desde la adolescencia Robert Walser trabajó en diversos oficios. No tenía domicilio fijo, económicamente vivía en un constante vaivén, y sus textos literarios, inspirados por sus experiencias y donatarios de un estilo en apariencia sencillo pero colmado de reflexiones irónicas y amargas, le hicieron ser moderadamente reconocido y admirado (se dice que influyó notablemente en Robert Musil, Elias Canetti o Frank Kafka). Víctima de una querencia insana por la soledad y de carácter depresivo, Walser acabó residiendo en dos instituciones mentales. Y no a la fuerza. En la última, la de Herisau, Walser viviría nada más ni nada menos que veintitrés años. En sus inmediaciones fue donde lo encontraron muerto un día de Navidad, postrado sobre una densa capa de nieve y tan bien vestido como siempre. La Parca le congeló el corazón durante uno de sus largos paseos.

Precisamente en el libro que he escogido para mi retorno fugaz a ULAD Walser relata lo que se le pasa por la cabeza durante uno de sus paseos. Y qué decir de El paseo sin destriparlo, sin desentrañar su encanto y las múltiples, si no todas, líneas que he llegado a anotar para degustarlas de vez en cuando. Digamos, para resumir y no estropear, que cierta mañana Robert Walser, como buen flâneur, sale a pasear por la ciudad y va relatando todo lo que ve y siente con un bucolismo aparente que en el fondo encierra desolación y amargura ante una realidad caracterizada por la avaricia, la mediocridad, la estupidez y otros vicios morales de los individuos que la pueblan, aunque su ruta también contenga ciertos momentos de belleza y sosiego. Adelantaré encuentros del narrador con un perro y unas golondrinas; con un panadero con ganas de aumentar la clientela, un librero, un mezquino empleado de banca y otro no menos patán de Hacienda; con un mendigo y la Belleza encarnada en muchacha de voz angelical, y hasta con unas hermosas flores salvajes que dudará si aprehender o no. Pero, al menos para quien termina ya esta reseña, la parte más lograda del libro es la carta censuradora que el protagonista decide enviarle a cierto abyecto individuo, un tipo de persona que, por lo visto, se repite en todas las épocas. Solo por ella merece leer el libro.         

«Sé que no es de esperar respeto de mí de usted y de los que son como usted; porque usted, y los que son como usted, tienen una desmedida opinión de sí mismos que les impide comportarse con inteligencia y consideración. Sé con certeza que usted forma parte de esas gentes que se creen grandes por ser irrespetuosas y descorteses, que se creen poderosas porque disfrutan de protección, y que se creen sabias porque se les ocurre la palabrita "sabio". La gente como usted se atreve a ser dura, descarada y grosera y violenta frente a la pobreza y frente a la desprotección. La gente como usted posee la extraordinaria sabiduría de creer que es necesario estar en lo más alto de todo, poseer un gran peso en todas las partes y triunfar a todas las horas del día. La gente como usted no se da cuenta de que es necio, de que ni entra dentro de lo posible ni puede ser deseable. La gente como usted es jactanciosa y está dispuesta en todo momento a servir celosamente a la brutalidad. La gente como usted es muy valiente para evitar con cuidado todo verdadero valor; porque sabe que todo verdadero valor promete perjuicios, y es muy valiente para presentarse siempre como buena y hermosa, testimoniando enorme placer y enorme celo. La gente como usted no respeta ni la edad ni el merito, ni sin duda el trabajo. La gente como usted respeta el dinero, y el respeto al dinero le impide respetar cualquier cosa».
Y me despido ya. 

 Un placer esta visita. Y recuerdos de Ian Grecco. Últimamente anda por la Bucovina.  
   
Firmado: Yemila

jueves, 2 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: Lo que olvidamos de Paloma Díaz-Mas

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación. 

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable


Últimamente parece que mis lecturas se dirigen involuntariamente hacia libros que tratan, ya sea como tema central o como secundario, la relación entre la protagonista y su madre. Ha sido así en También esto pasará, de Milena Busquets, con su novela que parte precisamente de la muerte de la madre, y con la obra autobiográfica de Esther Tusquets, madre de la anterior, en la que constantemente aparece la complicada relación con su propia progenitora. En el libro que nos ocupa, Paloma Díaz-Mas aborda la relación madre-hija en un momento crítico de la vida: cuando la madre comienza a desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

Lo que olvidamos es una novela sobre la desmemoria analizada desde tres planos diferentes. El primordial: el que sufre la madre, el más doloroso. Porque la novela es, ante todo, un relato desgarrador sobre el proceso de desmemoria que desarrolla, paso a paso, una madre, ante los ojos de su hija. Un relato detallado, paso a paso, desde los primeros síntomas, desde los olvidos nimios, hasta el enfrentamiento directo con la enfermedad y con ese cuerpo que, aparentemente sigue siendo el del ser querido, pero que al mismo tiempo parece estar hueco, sin pasado, sin recuerdos compartidos. Un relato desolador en el que Paloma Díaz-Mas no nos ahorra ni un ápice del sufrimiento –de la madre y el propio-, pero sin caer en sentimentalismos facilones. La narración es dura porque la situación es desoladora.

El segundo plano, desarrollado solo en pinceladas esporádicas, es el de la desmemoria personal, no causada por una enfermedad sino por la propia vida. No recordamos todo lo vivido, solo algunas cosas. Otras nadie las recuerda o las recuerdan otros por nosotros. Y cuando estos las olvidan, esas partes de nuestras vidas se pierden para siempre. Un nuevo desgarro.

El último proceso de desmemoria que aparece en la novela es la memoria colectiva, en concreto, la que afecta a nuestra historia reciente: la Transición. Aprovechando que algunos personajes relevantes de este momento histórico han sufrido la misma enfermedad de la madre de la protagonista, Paloma Díaz-Mas se aproxima a esta etapa como a un Alzheimer colectivo, que parte de su experiencia personal, al darse cuenta de que ha olvidado mucho sobre aquellos años. Y todo gracias a un anciano de la residencia en la que transcurren buena parte de los hechos, un anciano en quien la narradora descubre a un protagonista de aquellos años completamente anónimo hoy en día.

Lo que olvidamos es una novela sobre la enfermedad del olvido, relatada sin escatimar detalles, sin ocultar desgarros. Con un lenguaje sencillo y directo, llamando a cada cosa por su nombre. Un duro retrato que logra transmitir toda la amargura que siente la protagonista y que obliga al lector a reflexionar sobre su propia vida y lo que recuerda de ella. Una reflexión que se queda corta en uno de los planos de la novela: el de la desmemoria colectiva sobre la transición. Confieso que me ha costado mucho conectar con este argumento. En ocasiones, he sentido que le faltaba un mayor desarrollo o una mayor hilazón con el resto del libro, aunque su planteamiento, de primeras, me parecía interesante.

En definitiva, Lo que olvidamos es una gran novela sobre la desmemoria, que gana enteros siempre que no se aleja del relato más íntimo y personal acerca del olvido. Un olvido que es imposible que deje indiferente al lector y que no lo desgarre un poquito por dentro.

Firmado: Guillermo

miércoles, 1 de marzo de 2017

Semana del ULADiano pródigo: Amatka de Karin Tidbeck

Nota explicativa: para conmemorar los ocho años de existencia del blog, hemos invitado a los antiguos miembros del equipo a colaborar de nuevo con nosotros con una reseña. Esta semana publicamos las contribuciones de los que han aceptado nuestra invitación.  
 
Idioma original: inglés
Título original: Amatka
Traducción: Marian Womack
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

Amatka es uno de los pocos lugares seguros que existen. Es una de las cuatro colonias del «nuevo mundo», donde los pioneros que la habitan sobreviven a base de cumplir una serie de estrictas reglas que logran que todo se mantenga en su sitio (y no sólo hablando en sentido metafórico, pues todo lo que contiene Amatka es fungible y debe mantenerse en todo momento bajo control para que no se venga abajo), y adonde es enviada Vanja por motivos de trabajo.

A pesar del constreñimiento para cumplir las reglas que recibe de la sociedad de Amatka, Vanja no tardará en formular ciertas preguntas prohibidas y, aún peor, en intentar encontrarles respuesta, mientras se salta las normas y se da cuenta de que ciertos acontecimientos pasados y aparentemente olvidados poseen la clave que le permitirá, si no se lo impiden antes, descubrir qué ocurre a su alrededor: por qué es obligatorio marcar los objetos a diario, qué le ocurre a la gente que actúa de manera diferente, a qué se debe ese pánico generalizado al cambio, qué sucedió con la quinta colonia o dónde se encuentra Amatka en realidad.

Avalada por el buen recibimiento de crítica y público que recibió su anterior obra, Jagannath (un estupendo libro de relatos que no debería faltar en ninguna biblioteca), Karin Tidbeck nos presenta en esta ocasión una novela que muestra una realidad distópica (y que claramente recuerda a la Rusia soviética) que pone sobre la mesa el siempre presente y aparentemente olvidado conflicto entre la sociedad y el individuo, el conformismo y la rebelión o la libertad y el bien común. Para ello confía en el culto a la palabra y la concepción de la poesía como motor de cambio (en mi opinión, uno de los grandes aciertos de la novela), y elabora una narración cuyo estilo es tan desnudo y conciso como el mundo que retrata, consiguiendo que el lector empatice con Vanja desde la primera página y que los problemas e intrigas a los que se enfrenta la joven pasen a ser también los suyos.

A pesar de que, en ocasiones, las altas expectativas creadas por un primer libro pueden ensombrecer la recepción del segundo, Amatka no decepciona y no sólo nos ofrece una novela interesante, integrante y muy bien escrita, sino que también se presenta como un motivo más para esperar con ganas el siguiente libro que publique su autora.

Firmado: Izas