viernes, 10 de febrero de 2017

Ryu Murakami: Azul casi transparente

Idioma original: japonés
Título original: Kagirinaku tomeini chikai buru
Año de publicación: 1976
Traducción: (del inglés) Jorge G. Berlanga
Valoración: recomendable para lectores audaces


Nos encontramos ante la primera novela de Murakami, publicada a unos tempranos 24 años y que, no obstante, le valió a su autor varios premios y un considerable éxito comercial, al menos en su país de origen. Es además, una obra, si no autobiográfica, sí que en cierto modo "testimonial", pues los protagonistas son un grupo de jóvenes de unos pocos años menos que su autor, con la adolescencia apenas cumplida. ¿Y de qué trata esta novela con un título tan cuqui? Pues de lo que debe tratar una protagonizada por jovenzuelos, claro: de sexo, droga y rock & roll.

Bueno, rock & roll tampoco hay tanto: algunas menciones a la banda sonora de fondo, con grupos de los 60 y 70 -Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin...- y música negra en general. Sexo, en cambio, sí que hay a mansalva y de qué manera; polifuncional y salvaje (nada recomendable para espíritus sensibles, en todo caso). Y drogas, para qué contar; los personajes de la novela le dan a casi todo: heroína, hachís, mescalina, ácido, nibroles (o metacualona, un sedante-hipnótico), pegamento... vaya, un auténtico despliegue de politoxicomanía. De regalo, también encontramos aquí su dosis de una violencia dura y desabrida. Y todo convenientemente aliñado con una sordidez que recorre sin compasión toda la novela, que está bien regada con vómito, sangre, semen, mugre, podredumbre e insectos espachurrados.

Sé que hasta ahora no he comentado nada sobre el argumento de la historia, pero es que tampoco hay mucho que contar; el protagonista /narrador es un joven llamado Ryu (ay, el viejo truquillo de los escritores para dotarse a sí mismos de  un aura más cool...) que vive junto a una base de las fuerzas estadounidenses y que aprovecha la visita de un grupo de amigos, tan drogotas como él, para organizar fiestas -llámalo orgías- para unos soldados afroamericanos, ir a un concierto de rock y, sobre todo, colocarse sin descanso como ávidas comadrejas (baste mencionar que el personaje del libro que parece más centrado  es la vecina-medio novia del protagonista, que es una chica de alterne heroinómana). No es de extrañar que en su momento el libro fuese todo un éxito en Japón; imagino que los padre querían escandalizarse con lo que supuestamente hacían sus hijos y los hijos, divertirse con lo que escandalizaba a sus padres (algo parecido a lo que sucedió en España con Historias del Kronen). Muchos lectores recordarán, además, ejemplos de esta "literatura del exceso"; como antecedentes, se puede citar a Burroughs, a Bukowsky, a Jean Genet... y entre los continuadores, es inevitable acordarse de Trainspotting (hay quien incluso ha llamado la novela de Murakami "la Trainspotting japonesa", obviando que se publicó 17 años antes); entiéndase, no estoy afirmando que Welsh o Mañas plagiaran en algo Azul casi transparente, pero sí que pertenecen todas a la misma familia narrativa o son hitos en un mismo hilo que recorre la literatura y la cultura contemporánea.

Otra referencia de la que se suele hablar al respecto de esta novela es la de El extrajero, de Camus. Y no es algo descabellado: en la novela de Murakami -narrada igualmente en primera persona- también prevalece un tono despegado o ausente, si se prefiere; da igual lo que haga el protagonista: inyectarse caballo, travestirse para fornicar en una orgía, asistir a una brutal paliza, llevar a un amigo suicida al hospital... todo lo vive como si le estuviese pasando a otra persona o, más exactamente, (no) le afecta como si le estuviese ocurriendo a otra persona... Resultan brillantes, en mi opinión, los pasajes en los que Ryu describe la imágenes y sensaciones que le acometen en pleno "colocón", así como los que cuentan lo que ocurre cuando llega el bajón o resaca de los efectos de las drogas. La contención estilística, así como el buen uso del tempo narrativo y la misma extensión acotada de la novela -que se circunscribe a poco más que la visita del grupo de amigos a casa de Ryu- resultan un claro acierto que consigue acrecentar y transmitir ese efecto de extrañamiento que siente el propio narrados de la historia, de forma más perturbadora de lo que hubiese sido un exceso de verborrea psicotrópica. Bien, pues, por el entonces aún joven escritor Murakami. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero ya podrían aprender otros... ; )



Otros títulos de Ryu Murakami reseñados en Un Libro Al Día: Los chicos de las taquillas

jueves, 9 de febrero de 2017

Kurban Said: Alí y Nino

Idioma original: alemán (idioma de publicación), escrito en azerí
Título original: Ali und Nino
Traducción: Isabel Payno
Año de publicación: 2.012 (edición actual) / 1.937 (primera publicación)
Valoración: Recomendable

Alí es un joven azerí, musulmán de familia aristocrática; Nino es una chica, casi adolescente, georgiana y cristiana, a quien se acaba de reconocer el título de princesa. La faja del libro dice ‘El libro más importante de la literatura de Azerbaiyán’, hasta ahí nada que objetar -vamos, que no tengo ni idea. Y luego sigue: ‘Un Romeo y Julieta ambientado en Asia a principios del siglo XX’. Un Romeo y Julieta, y ¡esto lo dice ‘Libros del Asteroide’!. El fin debe estar más cerca de lo que pensaba. No, señores, no, no toda novela en la que haya una relación amorosa es un ‘Romeo y Julieta’, no seamos tan simples. 

Como fácilmente se puede deducir, las cosas no son fáciles para los protagonistas de la historia a causa de sus diferencias en nacionalidad, religión y cultura, ésta última de forma especial, aunque muy directamente relacionada con las anteriores. Desde las primeras páginas tenemos el choque, la tensión permanente entre el alma europea de la princesa georgiana y la asiática del noble musulmán, que conviven en Bakú, la capital azerí que oscila entre los dos mundos. Además, de las entrañas de la tierra han empezado a brotar inmensos chorros de petróleo, lo que aún agudizará las contradicciones entre tradición y modernidad. 

El panorama es bastante complejo, por no decir diabólico. Al sur del Cáucaso, azeríes y georgianos conviven más o menos en paz con los armenios, y todos ellos se encuentran bajo la dominación rusa. Estalla la I Guerra Mundial y muchos dudan por qué bando decantarse; pero la cosa aún se complica más cuando Turquía entra en la guerra porque se trata de un Estado musulmán, pero tampoco está tan claro, porque los azeríes son chiíes y los turcos suníes, de modo que son enemigos irreconciliables. 

Vamos, un paisaje entretenido, que se va poniendo de manifiesto con suma eficacia y sencillez a lo largo del relato. Así que nada de ‘Romeo y Julieta’: Alí y Nino son desde luego los personajes fundamentales, y su relación se ve zarandeada por las convulsas y cambiantes circunstancias en que se ven envueltos. Pero su historia de amor no es más que el esqueleto que sustenta lo que el autor realmente está contando, esa dualidad imposible en que vive el pequeño país al borde del Caspio. Este es el auténtico protagonista de la novela, una región que ha conocido invasiones y vecinos diferentes durante milenos, hasta constituir una complicada ensalada de culturas, religiones y lenguas. Esta frágil construcción se mantiene en un equilibrio precario, fundado en la tolerancia, hasta que las circunstancias se desatan, y esa sociedad plural parece resultar inviable.

Todo ello, como decía antes, lo define con acierto Kurban Said, con ecuanimidad y sin cargar las tintas. Pero otra cosa es el plano narrativo. La pareja de enamorados tiene cierta entidad en tanto que personajes, pero no así el resto, que sirven apenas de decorado, sin perfiles muy definidos. El propio relato queda en bastante poco al margen del escenario histórico que se presenta. Más que un argumento sólido o un relato estructurado lo que tenemos en una sucesión de episodios que parecen meros instrumentos para ir dibujando el mosaico que constituye el verdadero tronco de la novela: el mundo contradictorio de Bakú, la sociedad rural del Daguestán, los joviales y efusivos georgianos, la Persia hierática y decadente, obsesionada con sus protocolos.

De forma que, si nos atenemos exclusivamente a su valor como ficción literaria, el libro quizá se quedaría en un ‘Está bien’; pero como aporta un escenario histórico-político muy interesante y bastante infrecuente, descrito además con talento y habilidad, pasa por lo menos a ‘Recomendable’.

PD: No puedo evitar la atracción por las autorías oscuras, misteriosas o controvertidas. En este caso, parece ser que ‘Kurban Said’ es un seudónimo que no se sabe bien a qué autor corresponde. Las opciones se reparten entre Yusif Vazir Chamanzaminli y Lev Nussimbaum, más conocido (bueno, algo conocido) como Essad Bey, de origen judío. Parece que el primero pudo ser el autor de la mayor parte del libro, mientras el segundo lo plagió, incorporando pasajes también fusilados de un tercer escritor, éste georgiano. Por su parte, una baronesa alemana registró el seudónimo y lo publicó por primera vez en Viena, en alemán. Vamos, como para escribir otra novela sobre el propio libro y sus peripecias. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Teju Cole: Cada día es del ladrón

Idioma original: inglés
Título original: Every Day is for the Thief
Año de publicación: 2007
Traducción: Marcelo Cohen
Valoración: muy recomendable

El mundo editorial tiene sus misterios inentrañables. Sorprende que Cada día es del ladrón no se publicara aquí antes que Ciudad abierta, una notable colección de relatos basados en los paseos de Cole por Nueva York. Curiosamente, el que me ocupa me ha parecido algo superior, aún contando con una estructura similar. Quizás más fresco, quizás sus escenarios menos familiares con los de las viejas ciudades del mundo occidental. Porque esta vez Cole sitúa sus paseos en Lagos, Nigeria, ciudad natal a la que vuelve tras más de una década en USA, tiempo más que suficiente para que su presencia y su acento le delaten: ya parece un extranjero en su propio país. Hasta el extremo de que sus familiares le den valiosos consejos, como evitar un transporte público deficiente e inseguro, esquivar miradas de extraños, no responder a provocaciones. Pues, a pesar de las esperanzas puestas, la Nigeria a la que Cole vuelve es un país todavía inseguro. La corrupción a que hace mención de forma sutil el título acecha por todos lados. Cole se frustra con ello, pero prácticamente a cada paso que da halla una demostración más de que eso es así.
Nigeria es un caos y Lagos el paradigma de este caos. Una ciudad enorme, que ha multiplicado por 90 su población en apenas 60 años, que ha crecido en horizontal sin orden ni concierto. Afectada por ese caos que se filtra en el día a dia de su gente. Colapsos circulatorios constantes, apagones diarios, miseria, violencia, desigualdad social entre los que se han aprovechado desde el principio de sus privilegios y los que a duras penas recogen las migajas.
Mientras Cole visita lugares de su pasado o se encuentra con familiares y amigos, va constatando, para su desesperación, como el equilibrio entre raíces y presente va decantándose a favor de este último. Malos sueldos, existencias precarias, país en crecimiento que da la espalda a educación y cultura. Pocas expectativas aparte de la picaresca del día a día, necesaria para garantizar el siguiente ágape, y Cole tratado como si el mero hecho de ganarse la vida en Estados Unidos lo convirtiera en un potentado en su país cuando se trata de una mera visita que solo hace que confirmar que su futuro ya no está donde están sus raíces. Cole representa (junto a Junot Díaz o Jhumpa Lahiri) a esa cada día más nutrida comunidad de escritores estadounidenses de adopción. Un fenómeno que no es nuevo pero sí se hace cada vez más relevante, escritores de mediana edad que ya han incorporado el inglés como primera lengua de sus obras, que conservan, sin que el primer leit-motiv sea la nostalgia, vínculos con sus culturas de origen, pero en cuya prosa trasluce algún sentimiento de agradecimiento por la acogida. No hablo de aduladores. Hablo de talentos que en sus lugares de origen no hubieran dispuesto de oportunidades para desarrollarse o darse a conocer. Por los motivos que sea: necesidad, falta de industria, lo que sea. Dicen, y no les falta a veces razón, que el panorama literario estadounidense suele colocarnos una y otra vez lo mismo bajo distintos pretextos. Imposible un juicio definitivo, y seguramente injusto. Aquí Cole es un cronista de como el regreso puntual al país de origen queda filtrado por el cambio (irreversible) de perspectiva. Lo hace muy bien, hace que nos interese, y su lectura hace que conozcamos más sobre esa situación. No creo que pueda exigirse más.

De Teju Cole ya reseñamos en ULAD: Ciudad abierta

martes, 7 de febrero de 2017

Txani Rodríguez: Si quieres, puedes quedarte aquí

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Creo que algún día alguien hará una tesis doctoral sobre las "narrativas de la huida" o "narrativas del aislamiento" que parecen estar en boga en esta segunda década del siglo XXI: me refiero a novelas en las que los (y muy frecuentemente las) protagonistas huyen del espacio urbano para recluirse en el campo o en la costa, en lugares abandonados o aislados, intentando huir de algo o reencontrarse consigo mismos. Ejemplos de este subgénero: Alabanza de Alberto Olmos, Por si se va la luz o Piel de lobo de Lara Moreno, El límite interior de Nere Basabe... Es posible que este futuro doctorando relacione esta tendencia con la ansiedad de la hiperconectividad o algún otro palabro parecido; yo ahí lo dejo.

El caso es que Si quieres, puedes quedarte aquí encaja también en ese patrón: quien se aísla en el campo es, en este caso, Andrea, una joven filóloga de Bilbao en una complicada situación emocional con su novio Gonzalo, que busca tranquilidad en una cabaña en el monte, rodeada de ovejas y personajes extraños, como Otermin, el encargado de las cabañas y las ovejas; Rosario, una mujer que cocina para una asociación de jubiladas, o un grupo de escritores new age que hacen retiros espirituales y follan unos con otros. Entre estos personajes, Andrea encontrará complicidad, apoyo o deseo (¿amor?), pero también sospecha, violencia o envidia, hasta que se ve colocada en una situación en que debe tomar una decisión vital para él y para quienes la rodean.

Si quieres, puedes quedarte aquí es una buena novela (fue finalista del XLVII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro): está bien escrita, aunque algunas decisiones estilísticas me parezcan cuestionables; mantiene la tensión; crea un grupo de personajes creíbles y bien ensamblados, en algunos casos algo unidimensionales pero siempre creíbles. Su lectura se hace amena y adictiva, lo que es una virtud que no tantas novelas tienen y que suele estar infravalorada entre los críticos.

El mayor problema que le veo a esta novela es, precisamente, que sigue demasiado de cerca la estela de Por si se va la luz; no digo que haya una copia, ni siquiera una influencia directa; no sé si Txani Rodríguez ha leído a Lara Moreno. Pero para quien ha leído ya una novela, la otra no aporta excesivas novedades al subgénero, aunque narrativamente, en el sentido de la construcción de la trama, creo que Si quieres puedes quedarte aquí es superior (no así en el estilo, en que Lara Moreno es más innovadora). Veremos si en los próximos años estas autoras, u otros escritores, ofrecen nuevas aportaciones a esta "narrativa del aislamiento" para nuestro futuro (hipotético) doctorando.

lunes, 6 de febrero de 2017

Natsume Sōseki: Kokoro

Idioma original: Japonés
Título original: Sensei no Isho
Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Año de publicación: 1914
Valoración: Bastante recomendable

¡Cuántas veces hemos oído hablar de la Restauración Meiji y qué lejos nos sigue quedando! Ya sea a través de libros de historia, de novelas o de películas, hemos conseguido saber que la Era Meiji (1868-1912) significó la apertura de Japón al mundo, el fin del feudalismo, la modernización del país, etc. En definitiva, un cambio trascendental cuyos efectos modificarían el país para siempre. Pero, a pesar de haber oído y leído cosas sobre esa época, me sigue dando la impresión de ser algo tremendamente lejano, no solo geográfica sino culturalmente, y que desde Occidente no somos capaces de valorar en su justa medida.

Cuento todo esto porque "Kokoro", además de situarse en el tiempo en el fin de la Era Meiji, bebe de los efectos de los choques (los eternos choques entre "lo viejo y lo nuevo", la tradición y la modernidad) que se produjeron en el Japón de finales del XIX y principios del XX.

Narrada siempre en primera persona, la novela cuenta, en su primer tercio, la relación (más espiritual que intelectual) entre el narrador, joven estudiante universitario cuyo nombre desconocemos, y Sensei, hombre de mucha más edad que el narrador y marcado por una profunda misantropía y desprecio de sí mismo. 

En el segundo tercio, el joven narrador se ve obligado a dejar Tokio para regresar a la casa familiar debido a la grave enfermedad de su padre. Pese a esta vuelta, la influencia de Sensei sobre el joven es poderosa y no abandonará sus pensamientos.

El último tercio es la confesión de Sensei, una larga carta dirigida al narrador en la que hace un repaso a su vida. En ella conoceremos la relación de amistad que mantuvo en su juventud con K y el origen de la misantropía y el desprecio de sí mismo del que hablábamos.

A lo largo de la novela, los choques derivados de la Restauración Meiji son claros y sus manifestaciones evidentes. Por ejemplo, entre Tokio y el resto del país (la urbe que comienza su modernización contra las provincias ancladas en la tradición), el narrador y su familia (el joven estudiante trasladado a Tokio y su padres, criados en otra época y otro contexto sociocultural absolutamente diferente) o Sensei y K (aquel, en cierta manera, "contaminado" por el ambiente de Tokio, y este, profundamente religioso y con un halo de pureza). Estos choques desencadenarán una serie de conflictos que llevarán a los protagonistas al desengaño y a la culpa, así como a un sentimiento de soledad del que no podrán desprenderse.

Es, por tanto, Kokoro una novela psicológica que, pese a estar escrita en Japón hace más de cien años, presenta conflictos universales de una forma relativamente amena y sencilla. El problema para un lector occidental, y de ahí la valoración, es que el origen de esos conflictos quizá nos resulte, por momentos, algo difícil de comprender. Pese a todo, se trata de un libro altamente recomendable y disfrutable.

También de Natsume Soseki en ULAD: Soy un gatoEl minero

domingo, 5 de febrero de 2017

Semana de la Revolución Rusa #7: El comisario rojo, de Jaroslav Hašek

Idioma original: checo
Título original: The Red Comissar (se trata de una recopilación inglesa de relatos de Hašek)
Traducción: (del inglés) Ester Donato
Año de publicación: antes de 1923, como relatos; 1981, como recopilación
Valoración: entre recomendable y está bien

Puede que a más de un conocedor de la más famosa obra de Jaroslav Hašek, Las aventuras del buen soldado Svejk, todo un compendio de antimilitarismo, sátira y descreimiento general, le sorprenda saber que su autor participó de forma directa en la Revolución rusa y además, con no poco entusiasmo por su parte. Hašek, que pese a sus intentos de escaqueo había acabado como soldado del ejército austrohúngaro en el frente oriental, desertó y fue capturado por los rusos, e internado en un campo de prisioneros, en donde se unió a la Legión Checoslovaca primero (para combatir a su antiguo Imperio) y después a la causa bolchevique. Sorprendentemente (se ve que los revolucionarios no habían leído sus escritos), fue enviado como comisario o comandante a la región de Bugulmá, en la Rusia oriental, una zona recién liberada de los "blancos" y con el frente de guerra aún cercano. Allí es donde se desarrollan los relatos que componen la primera parte de esta recopilación y en las que el comandante -primero del pueblo y después de todo el Frente- Gashek tiene que lidiar con las autoridades locales, la Iglesia ortodoxa, las monjas -hay un hilarante episodio al respecto- y, sobre todo, con el comandante del ejército revolucionario del Tver, Yerokhinov, empeñado en arrebatarle el puesto y en fusilar a todo el que se le pusiera por delante. El comandante Gashek -no sé si es un alter ego o es que en Rusia llamaban así a Hašek- resuelve las dificultades que se le presentan con la proverbial astucia y socarronería que caracteriza al escritor checo, incluido el delicado momento en que, denunciado por un beodo Yerokhinov, se las tiene que ver con un Tribunal revolucionario del Consejo del Frente Oriental, dispuesto a condenarle y ordenar su ejecución. El corrosivo relato seguramente sí que le habría supuesto algún problema por el estilo a Hašek, de haberse quedado en Rusia unos cuantos años más.

De cualquier forma, como se indica en el prólogo de esta recopilación, la imagen que da el autor checo de su experiencia revolucionaria es bastante amable e incluso bonachona, nada que ver, a pesar de desarrollarse también con el trasfondo de la Guerra civil, con la que nos transmite Bábel en Caballería Roja; quizás esta complacencia se deba, como también se señala en el prólogo, a su fuerte eslavofilia y también a que esta etapa como comandante bolchevique fue una de las más satisfactorias en la vida de Jaroslav Hašek. Y no sólo por su compromiso político, sino además porque tuvo que renunciar, en gran medida, al consumo de alcohol, cuyo abuso estaba castigado con la muerte por las autoridades revolucionarias. Además, Hašek aprovechó para casarse por segunda vez, con una mujer rusa a la que se llevó de vuelta a Praga... conviertiéndose en un célebre bígamo pues ya estaba casado en su país. Allí, por otro lado, le habían dado ya por muerto, circunstancia que él aprovechó para escribir otro jocoso cuento, Cómo conocí al autor de mi esquela, cuyo comienzo no me resisto a transcribir: 

"Durante los cinco o seis años que pasé en Rusia, fui varias veces liquidado por diversas organizaciones o individuos. Cuando volví a mi país, Checoslovaquia, me enteré de que había sido ahorcado tres veces, fusilado dos y descuartizado una por unos salvajes kirguises insurgentes, cerca del lago Kale-Yshel. Y, por último, fui muerto a puñaladas en una pelea con unos marineros borrachos, en una taberna de Odessa. En mi opinión, esto último era lo más probable."

A decir verdad, las aventuras rusas de Hašek -o Gashek- tan sólo suponen la primera parte de esta recopilación inglesa; el resto de la misma está compuesta por otros relatos del escritor checo (en todo caso, sólo un puñado de los casi 1500 que por lo visto llegó a escribir... si bien es cierto que la mayoría son bastante breves), muchos de ellos, siempre en tono mordaz,  relativos a la oportunidad de las leyes, el cumplimento de las mismas y a la convivencia organizada en la sociedad humana, en general. Por ejemplo, se especula sobre lo que sucedería en el caso de una huelga prolongada de delincuentes o la forma de mejorar las finanzas del Imperio gravando con un impuesto la muerte de sus habitantes. También hay una serie de relatos sobre la juventud del escritor, en su etapa como aprendiz de boticario, otros sobre el abuelo de Hašek, que era "alguacil de las lagunas" e incluso una apartado con los cinco primeros relatos de, cómo no, el valerosos soldado Sweijk.

Por último, un apartado -aunque no totalmente escrito por Hašek, sino que también hay una crónica de la mano de uno de sus "compinches", el también escritor František Langer- que se refiere al momento, en 1911, cuando estos y otros amigos fundaron el Partido del Progreso Moderado en el Marco de la Ley, con el que se presentaron a las elecciones al parlamento de ese año, recibiendo el apoyo válido de unos veinte votantes. Y todo para ayudar a uno de los miembros de su cuadrilla... es decir, partido, Dobrílek, a conquistar a la hija del dueño del restaurante donde se reunían. Claro que, ya de paso, esto le sirvió a nuestro autor para declamar unos discursos que debieron ser desopilantes -hay uno recogido en ele libro- y componer una parodia llena de cinismo pero también de acierto de los usos, tópicos y miserias de la actividad política de esa época y lugar. Que tampoco es que haya cambiado tanto... o por lo menos, no a mucho mejor.



Otras obras de Jaroslav Hašek reseñadas en Un Libro Al Día: Las aventuras del buen soldado Svejk

sábado, 4 de febrero de 2017

Semana de la Revolución rusa #6: La guardia blanca, de Mijaíl Bulgákov

Idioma original: ruso
Título original: Белая гвардия
Traducción: José Laín Entralgo
Año de publicación: 1925
Valoración: está bien


Nos encontramos finales de 1918 en Kiev. Un año después del fin de la revolución rusa la ciudad se halla en una situación compleja política y militarmente, sin ningún poder establecido de forma clara y permanente. Moscú dominada por los bolcheviques, las fuerzas alemanas presentes en el territorio y la inminente llegada del comandante militar nacionalista Petliura conforman un equilibrio altamente inestable a nivel político. La población civil de Kiev vive en medio de la desconfianza y el temor. A pesar de la creciente riqueza de la ciudad, sigue el estado de alerta a causa de los movimientos de las tropas. Además, hay grandes recelos por parte de los campesinos hacia las fuerzas alemanas contrarias a los bolcheviques por causa de sus ideas políticas que reducen la automía de sus ciudadanos. Al mismo tiempo, existe una gran desafección con el régimen bolchevique establecido en Moscú.

En este escenario postrevolución se ubica la familia Turbín, formada por tres hermanos (dos chicos y una chica) quienes simpatizan con la política zarista e intentan sobrevivir al crudo invierno y a la compleja situación civil. La novela describe los días previos a la llegada del ejército nacionalista cuando los hermanos Turbín reciben una visita de militares afines a su causa y al poder zarista. Debido a la llegada inminente de Petliura a la ciudad, se organiza la creación de un ejército formado por jóvenes e inexpertos voluntarios (la "Guardia Blanca" a la que hace referencia el título) con el objetivo de luchar contra Petliura y defender la ciudad de Kiev de su ocupación a pesar de ser conscientes de la dificultad de lograr su propósito.

El caos en el que se encuentra la familia, hallándose en medio de la ciudad al estallar la revolución, se detalla claramente en este libro donde los propios personajes se encuentran en situaciones que ni ellos mismos comprenden. Los pensamientos y sueños que tienen en episodios concretos son ejemplo de su desorientación e incredulidad, así como de su desesperación para encontrar una salida que les permita, tan solo, sobrevivir y salir de la angustiosa situación.

A partir de esta premisa y en este contexto, Bulgákov nos hace un retrato del estado anímico de la sociedad a través de la familia protagonista, de sus temores e incertidumbres. Cambios políticos, escenas militares, deserciones y motines son elementos presentes en la obra y claves para entender la situación en la que se encontraban sus habitantes en el invierno de 1918-1919. La imagen de Petliura y el temor que causa siempre está presente en la novela y, aunque sin llegar a intervenir directamente en la contienda, infunde miedo y desesperanza en la familia. 

Cabe decir que la lectura de este libro no es fácil.  Para empezar, la dificultad inicial la encontramos en situarnos en el escenario de la historia a menos que tengamos conocimientos previos de la misma. No estaría de más que el autor hubiera puesto mínimamente en contexto al lector en este aspecto para facilitarle la comprensión, desde un inicio, del relato que nos explica. Más allá de la ubicación histórica, topamos también con el escollo de encontrar múltiples personajes con varias historias que se alternan simultáneamente, viendo la guerra desde diferentes perspectivas. Estos personajes van apareciendo y desapareciendo lo que dificulta la continuidad. Posiblemente este estilo narrativo es buscado por parte de Bulgákov, emparejando el caos de la guerra a la propia narración. De esta manera, de forma parecida a la contienda en la que se encuentran, la narración es algo dispersa, siendo una sucesión de situaciones donde los protagonistas actúan de forma algo arbitraria y confusa. Asimismo, en ocasiones se intercalan poemas que quedan entrecortados en medio de la narración a la vez que se mezclan sonidos de las batallas en forma de onomatopeya lo que causa cierto desconcierto. Sí consigue el autor dominar el "tempo" mediante su técnica narrativa, con escenas detalladas en situaciones calmadas y, en contraposición, descripciones y frases breves en momentos de tensión o de guerra.

Al final, a pesar de sus altibajos narrativos (especialmente en la primera parte donde entramos en la historia sin ninguna puesta en situación, de golpe), uno se queda principalmente con la sensación de haber sido testigos de la situación desoladora en la que se encontró la sociedad en la postrevolución rusa y cómo afectó en sus vidas. La incomprensión de sus habitantes sobre lo ocurrido queda perfectamente resumido en palabras del propio autor quien, a finales del libro, la sintetiza de la siguiente forma:

¿Por qué sucedió todo eso? Nadie podría decirlo. ¿Pagaría alguien la sangre vertida?
No. Nadie.
Sencillamente, se derretiría la nieve, saldría la verde hierba ucraniana, se alegraría la tierra... brotarían los trigales... temblaría la calígine sobre los campos y de la sangre no quedaría ni rastro. La sangre vertida en los campos cuesta poco y no la pagará nadie.
Nadie.