Idioma original: japonésTítulo original: Kagirinaku tomeini chikai buru
Año de publicación: 1976
Traducción: (del inglés) Jorge G. Berlanga
Valoración: recomendable para lectores audaces
Nos encontramos ante la primera novela de Murakami, publicada a unos tempranos 24 años y que, no obstante, le valió a su autor varios premios y un considerable éxito comercial, al menos en su país de origen. Es además, una obra, si no autobiográfica, sí que en cierto modo "testimonial", pues los protagonistas son un grupo de jóvenes de unos pocos años menos que su autor, con la adolescencia apenas cumplida. ¿Y de qué trata esta novela con un título tan cuqui? Pues de lo que debe tratar una protagonizada por jovenzuelos, claro: de sexo, droga y rock & roll.
Bueno, rock & roll tampoco hay tanto: algunas menciones a la banda sonora de fondo, con grupos de los 60 y 70 -Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin...- y música negra en general. Sexo, en cambio, sí que hay a mansalva y de qué manera; polifuncional y salvaje (nada recomendable para espíritus sensibles, en todo caso). Y drogas, para qué contar; los personajes de la novela le dan a casi todo: heroína, hachís, mescalina, ácido, nibroles (o metacualona, un sedante-hipnótico), pegamento... vaya, un auténtico despliegue de politoxicomanía. De regalo, también encontramos aquí su dosis de una violencia dura y desabrida. Y todo convenientemente aliñado con una sordidez que recorre sin compasión toda la novela, que está bien regada con vómito, sangre, semen, mugre, podredumbre e insectos espachurrados.
Sé que hasta ahora no he comentado nada sobre el argumento de la historia, pero es que tampoco hay mucho que contar; el protagonista /narrador es un joven llamado Ryu (ay, el viejo truquillo de los escritores para dotarse a sí mismos de un aura más cool...) que vive junto a una base de las fuerzas estadounidenses y que aprovecha la visita de un grupo de amigos, tan drogotas como él, para organizar fiestas -llámalo orgías- para unos soldados afroamericanos, ir a un concierto de rock y, sobre todo, colocarse sin descanso como ávidas comadrejas (baste mencionar que el personaje del libro que parece más centrado es la vecina-medio novia del protagonista, que es una chica de alterne heroinómana). No es de extrañar que en su momento el libro fuese todo un éxito en Japón; imagino que los padre querían escandalizarse con lo que supuestamente hacían sus hijos y los hijos, divertirse con lo que escandalizaba a sus padres (algo parecido a lo que sucedió en España con Historias del Kronen). Muchos lectores recordarán, además, ejemplos de esta "literatura del exceso"; como antecedentes, se puede citar a Burroughs, a Bukowsky, a Jean Genet... y entre los continuadores, es inevitable acordarse de Trainspotting (hay quien incluso ha llamado la novela de Murakami "la Trainspotting japonesa", obviando que se publicó 17 años antes); entiéndase, no estoy afirmando que Welsh o Mañas plagiaran en algo Azul casi transparente, pero sí que pertenecen todas a la misma familia narrativa o son hitos en un mismo hilo que recorre la literatura y la cultura contemporánea.
Otra referencia de la que se suele hablar al respecto de esta novela es la de El extrajero, de Camus. Y no es algo descabellado: en la novela de Murakami -narrada igualmente en primera persona- también prevalece un tono despegado o ausente, si se prefiere; da igual lo que haga el protagonista: inyectarse caballo, travestirse para fornicar en una orgía, asistir a una brutal paliza, llevar a un amigo suicida al hospital... todo lo vive como si le estuviese pasando a otra persona o, más exactamente, (no) le afecta como si le estuviese ocurriendo a otra persona... Resultan brillantes, en mi opinión, los pasajes en los que Ryu describe la imágenes y sensaciones que le acometen en pleno "colocón", así como los que cuentan lo que ocurre cuando llega el bajón o resaca de los efectos de las drogas. La contención estilística, así como el buen uso del tempo narrativo y la misma extensión acotada de la novela -que se circunscribe a poco más que la visita del grupo de amigos a casa de Ryu- resultan un claro acierto que consigue acrecentar y transmitir ese efecto de extrañamiento que siente el propio narrados de la historia, de forma más perturbadora de lo que hubiese sido un exceso de verborrea psicotrópica. Bien, pues, por el entonces aún joven escritor Murakami. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero ya podrían aprender otros... ; )
Otros títulos de Ryu Murakami reseñados en Un Libro Al Día: Los chicos de las taquillas
Bueno, rock & roll tampoco hay tanto: algunas menciones a la banda sonora de fondo, con grupos de los 60 y 70 -Rolling Stones, The Doors, Led Zeppelin...- y música negra en general. Sexo, en cambio, sí que hay a mansalva y de qué manera; polifuncional y salvaje (nada recomendable para espíritus sensibles, en todo caso). Y drogas, para qué contar; los personajes de la novela le dan a casi todo: heroína, hachís, mescalina, ácido, nibroles (o metacualona, un sedante-hipnótico), pegamento... vaya, un auténtico despliegue de politoxicomanía. De regalo, también encontramos aquí su dosis de una violencia dura y desabrida. Y todo convenientemente aliñado con una sordidez que recorre sin compasión toda la novela, que está bien regada con vómito, sangre, semen, mugre, podredumbre e insectos espachurrados.
Sé que hasta ahora no he comentado nada sobre el argumento de la historia, pero es que tampoco hay mucho que contar; el protagonista /narrador es un joven llamado Ryu (ay, el viejo truquillo de los escritores para dotarse a sí mismos de un aura más cool...) que vive junto a una base de las fuerzas estadounidenses y que aprovecha la visita de un grupo de amigos, tan drogotas como él, para organizar fiestas -llámalo orgías- para unos soldados afroamericanos, ir a un concierto de rock y, sobre todo, colocarse sin descanso como ávidas comadrejas (baste mencionar que el personaje del libro que parece más centrado es la vecina-medio novia del protagonista, que es una chica de alterne heroinómana). No es de extrañar que en su momento el libro fuese todo un éxito en Japón; imagino que los padre querían escandalizarse con lo que supuestamente hacían sus hijos y los hijos, divertirse con lo que escandalizaba a sus padres (algo parecido a lo que sucedió en España con Historias del Kronen). Muchos lectores recordarán, además, ejemplos de esta "literatura del exceso"; como antecedentes, se puede citar a Burroughs, a Bukowsky, a Jean Genet... y entre los continuadores, es inevitable acordarse de Trainspotting (hay quien incluso ha llamado la novela de Murakami "la Trainspotting japonesa", obviando que se publicó 17 años antes); entiéndase, no estoy afirmando que Welsh o Mañas plagiaran en algo Azul casi transparente, pero sí que pertenecen todas a la misma familia narrativa o son hitos en un mismo hilo que recorre la literatura y la cultura contemporánea.
Otra referencia de la que se suele hablar al respecto de esta novela es la de El extrajero, de Camus. Y no es algo descabellado: en la novela de Murakami -narrada igualmente en primera persona- también prevalece un tono despegado o ausente, si se prefiere; da igual lo que haga el protagonista: inyectarse caballo, travestirse para fornicar en una orgía, asistir a una brutal paliza, llevar a un amigo suicida al hospital... todo lo vive como si le estuviese pasando a otra persona o, más exactamente, (no) le afecta como si le estuviese ocurriendo a otra persona... Resultan brillantes, en mi opinión, los pasajes en los que Ryu describe la imágenes y sensaciones que le acometen en pleno "colocón", así como los que cuentan lo que ocurre cuando llega el bajón o resaca de los efectos de las drogas. La contención estilística, así como el buen uso del tempo narrativo y la misma extensión acotada de la novela -que se circunscribe a poco más que la visita del grupo de amigos a casa de Ryu- resultan un claro acierto que consigue acrecentar y transmitir ese efecto de extrañamiento que siente el propio narrados de la historia, de forma más perturbadora de lo que hubiese sido un exceso de verborrea psicotrópica. Bien, pues, por el entonces aún joven escritor Murakami. Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero ya podrían aprender otros... ; )
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