martes, 7 de febrero de 2017

Txani Rodríguez: Si quieres, puedes quedarte aquí

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Creo que algún día alguien hará una tesis doctoral sobre las "narrativas de la huida" o "narrativas del aislamiento" que parecen estar en boga en esta segunda década del siglo XXI: me refiero a novelas en las que los (y muy frecuentemente las) protagonistas huyen del espacio urbano para recluirse en el campo o en la costa, en lugares abandonados o aislados, intentando huir de algo o reencontrarse consigo mismos. Ejemplos de este subgénero: Alabanza de Alberto Olmos, Por si se va la luz o Piel de lobo de Lara Moreno, El límite interior de Nere Basabe... Es posible que este futuro doctorando relacione esta tendencia con la ansiedad de la hiperconectividad o algún otro palabro parecido; yo ahí lo dejo.

El caso es que Si quieres, puedes quedarte aquí encaja también en ese patrón: quien se aísla en el campo es, en este caso, Andrea, una joven filóloga de Bilbao en una complicada situación emocional con su novio Gonzalo, que busca tranquilidad en una cabaña en el monte, rodeada de ovejas y personajes extraños, como Otermin, el encargado de las cabañas y las ovejas; Rosario, una mujer que cocina para una asociación de jubiladas, o un grupo de escritores new age que hacen retiros espirituales y follan unos con otros. Entre estos personajes, Andrea encontrará complicidad, apoyo o deseo (¿amor?), pero también sospecha, violencia o envidia, hasta que se ve colocada en una situación en que debe tomar una decisión vital para él y para quienes la rodean.

Si quieres, puedes quedarte aquí es una buena novela (fue finalista del XLVII Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro): está bien escrita, aunque algunas decisiones estilísticas me parezcan cuestionables; mantiene la tensión; crea un grupo de personajes creíbles y bien ensamblados, en algunos casos algo unidimensionales pero siempre creíbles. Su lectura se hace amena y adictiva, lo que es una virtud que no tantas novelas tienen y que suele estar infravalorada entre los críticos.

El mayor problema que le veo a esta novela es, precisamente, que sigue demasiado de cerca la estela de Por si se va la luz; no digo que haya una copia, ni siquiera una influencia directa; no sé si Txani Rodríguez ha leído a Lara Moreno. Pero para quien ha leído ya una novela, la otra no aporta excesivas novedades al subgénero, aunque narrativamente, en el sentido de la construcción de la trama, creo que Si quieres puedes quedarte aquí es superior (no así en el estilo, en que Lara Moreno es más innovadora). Veremos si en los próximos años estas autoras, u otros escritores, ofrecen nuevas aportaciones a esta "narrativa del aislamiento" para nuestro futuro (hipotético) doctorando.

lunes, 6 de febrero de 2017

Natsume Sōseki: Kokoro

Idioma original: Japonés
Título original: Sensei no Isho
Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Año de publicación: 1914
Valoración: Bastante recomendable

¡Cuántas veces hemos oído hablar de la Restauración Meiji y qué lejos nos sigue quedando! Ya sea a través de libros de historia, de novelas o de películas, hemos conseguido saber que la Era Meiji (1868-1912) significó la apertura de Japón al mundo, el fin del feudalismo, la modernización del país, etc. En definitiva, un cambio trascendental cuyos efectos modificarían el país para siempre. Pero, a pesar de haber oído y leído cosas sobre esa época, me sigue dando la impresión de ser algo tremendamente lejano, no solo geográfica sino culturalmente, y que desde Occidente no somos capaces de valorar en su justa medida.

Cuento todo esto porque "Kokoro", además de situarse en el tiempo en el fin de la Era Meiji, bebe de los efectos de los choques (los eternos choques entre "lo viejo y lo nuevo", la tradición y la modernidad) que se produjeron en el Japón de finales del XIX y principios del XX.

Narrada siempre en primera persona, la novela cuenta, en su primer tercio, la relación (más espiritual que intelectual) entre el narrador, joven estudiante universitario cuyo nombre desconocemos, y Sensei, hombre de mucha más edad que el narrador y marcado por una profunda misantropía y desprecio de sí mismo. 

En el segundo tercio, el joven narrador se ve obligado a dejar Tokio para regresar a la casa familiar debido a la grave enfermedad de su padre. Pese a esta vuelta, la influencia de Sensei sobre el joven es poderosa y no abandonará sus pensamientos.

El último tercio es la confesión de Sensei, una larga carta dirigida al narrador en la que hace un repaso a su vida. En ella conoceremos la relación de amistad que mantuvo en su juventud con K y el origen de la misantropía y el desprecio de sí mismo del que hablábamos.

A lo largo de la novela, los choques derivados de la Restauración Meiji son claros y sus manifestaciones evidentes. Por ejemplo, entre Tokio y el resto del país (la urbe que comienza su modernización contra las provincias ancladas en la tradición), el narrador y su familia (el joven estudiante trasladado a Tokio y su padres, criados en otra época y otro contexto sociocultural absolutamente diferente) o Sensei y K (aquel, en cierta manera, "contaminado" por el ambiente de Tokio, y este, profundamente religioso y con un halo de pureza). Estos choques desencadenarán una serie de conflictos que llevarán a los protagonistas al desengaño y a la culpa, así como a un sentimiento de soledad del que no podrán desprenderse.

Es, por tanto, Kokoro una novela psicológica que, pese a estar escrita en Japón hace más de cien años, presenta conflictos universales de una forma relativamente amena y sencilla. El problema para un lector occidental, y de ahí la valoración, es que el origen de esos conflictos quizá nos resulte, por momentos, algo difícil de comprender. Pese a todo, se trata de un libro altamente recomendable y disfrutable.

También de Natsume Soseki en ULAD: Soy un gatoEl minero

domingo, 5 de febrero de 2017

Semana de la Revolución Rusa #7: El comisario rojo, de Jaroslav Hašek

Idioma original: checo
Título original: The Red Comissar (se trata de una recopilación inglesa de relatos de Hašek)
Traducción: (del inglés) Ester Donato
Año de publicación: antes de 1923, como relatos; 1981, como recopilación
Valoración: entre recomendable y está bien

Puede que a más de un conocedor de la más famosa obra de Jaroslav Hašek, Las aventuras del buen soldado Svejk, todo un compendio de antimilitarismo, sátira y descreimiento general, le sorprenda saber que su autor participó de forma directa en la Revolución rusa y además, con no poco entusiasmo por su parte. Hašek, que pese a sus intentos de escaqueo había acabado como soldado del ejército austrohúngaro en el frente oriental, desertó y fue capturado por los rusos, e internado en un campo de prisioneros, en donde se unió a la Legión Checoslovaca primero (para combatir a su antiguo Imperio) y después a la causa bolchevique. Sorprendentemente (se ve que los revolucionarios no habían leído sus escritos), fue enviado como comisario o comandante a la región de Bugulmá, en la Rusia oriental, una zona recién liberada de los "blancos" y con el frente de guerra aún cercano. Allí es donde se desarrollan los relatos que componen la primera parte de esta recopilación y en las que el comandante -primero del pueblo y después de todo el Frente- Gashek tiene que lidiar con las autoridades locales, la Iglesia ortodoxa, las monjas -hay un hilarante episodio al respecto- y, sobre todo, con el comandante del ejército revolucionario del Tver, Yerokhinov, empeñado en arrebatarle el puesto y en fusilar a todo el que se le pusiera por delante. El comandante Gashek -no sé si es un alter ego o es que en Rusia llamaban así a Hašek- resuelve las dificultades que se le presentan con la proverbial astucia y socarronería que caracteriza al escritor checo, incluido el delicado momento en que, denunciado por un beodo Yerokhinov, se las tiene que ver con un Tribunal revolucionario del Consejo del Frente Oriental, dispuesto a condenarle y ordenar su ejecución. El corrosivo relato seguramente sí que le habría supuesto algún problema por el estilo a Hašek, de haberse quedado en Rusia unos cuantos años más.

De cualquier forma, como se indica en el prólogo de esta recopilación, la imagen que da el autor checo de su experiencia revolucionaria es bastante amable e incluso bonachona, nada que ver, a pesar de desarrollarse también con el trasfondo de la Guerra civil, con la que nos transmite Bábel en Caballería Roja; quizás esta complacencia se deba, como también se señala en el prólogo, a su fuerte eslavofilia y también a que esta etapa como comandante bolchevique fue una de las más satisfactorias en la vida de Jaroslav Hašek. Y no sólo por su compromiso político, sino además porque tuvo que renunciar, en gran medida, al consumo de alcohol, cuyo abuso estaba castigado con la muerte por las autoridades revolucionarias. Además, Hašek aprovechó para casarse por segunda vez, con una mujer rusa a la que se llevó de vuelta a Praga... conviertiéndose en un célebre bígamo pues ya estaba casado en su país. Allí, por otro lado, le habían dado ya por muerto, circunstancia que él aprovechó para escribir otro jocoso cuento, Cómo conocí al autor de mi esquela, cuyo comienzo no me resisto a transcribir: 

"Durante los cinco o seis años que pasé en Rusia, fui varias veces liquidado por diversas organizaciones o individuos. Cuando volví a mi país, Checoslovaquia, me enteré de que había sido ahorcado tres veces, fusilado dos y descuartizado una por unos salvajes kirguises insurgentes, cerca del lago Kale-Yshel. Y, por último, fui muerto a puñaladas en una pelea con unos marineros borrachos, en una taberna de Odessa. En mi opinión, esto último era lo más probable."

A decir verdad, las aventuras rusas de Hašek -o Gashek- tan sólo suponen la primera parte de esta recopilación inglesa; el resto de la misma está compuesta por otros relatos del escritor checo (en todo caso, sólo un puñado de los casi 1500 que por lo visto llegó a escribir... si bien es cierto que la mayoría son bastante breves), muchos de ellos, siempre en tono mordaz,  relativos a la oportunidad de las leyes, el cumplimento de las mismas y a la convivencia organizada en la sociedad humana, en general. Por ejemplo, se especula sobre lo que sucedería en el caso de una huelga prolongada de delincuentes o la forma de mejorar las finanzas del Imperio gravando con un impuesto la muerte de sus habitantes. También hay una serie de relatos sobre la juventud del escritor, en su etapa como aprendiz de boticario, otros sobre el abuelo de Hašek, que era "alguacil de las lagunas" e incluso una apartado con los cinco primeros relatos de, cómo no, el valerosos soldado Sweijk.

Por último, un apartado -aunque no totalmente escrito por Hašek, sino que también hay una crónica de la mano de uno de sus "compinches", el también escritor František Langer- que se refiere al momento, en 1911, cuando estos y otros amigos fundaron el Partido del Progreso Moderado en el Marco de la Ley, con el que se presentaron a las elecciones al parlamento de ese año, recibiendo el apoyo válido de unos veinte votantes. Y todo para ayudar a uno de los miembros de su cuadrilla... es decir, partido, Dobrílek, a conquistar a la hija del dueño del restaurante donde se reunían. Claro que, ya de paso, esto le sirvió a nuestro autor para declamar unos discursos que debieron ser desopilantes -hay uno recogido en ele libro- y componer una parodia llena de cinismo pero también de acierto de los usos, tópicos y miserias de la actividad política de esa época y lugar. Que tampoco es que haya cambiado tanto... o por lo menos, no a mucho mejor.



Otras obras de Jaroslav Hašek reseñadas en Un Libro Al Día: Las aventuras del buen soldado Svejk

sábado, 4 de febrero de 2017

Semana de la Revolución rusa #6: La guardia blanca, de Mijaíl Bulgákov

Idioma original: ruso
Título original: Белая гвардия
Traducción: José Laín Entralgo
Año de publicación: 1925
Valoración: está bien


Nos encontramos finales de 1918 en Kiev. Un año después del fin de la revolución rusa la ciudad se halla en una situación compleja política y militarmente, sin ningún poder establecido de forma clara y permanente. Moscú dominada por los bolcheviques, las fuerzas alemanas presentes en el territorio y la inminente llegada del comandante militar nacionalista Petliura conforman un equilibrio altamente inestable a nivel político. La población civil de Kiev vive en medio de la desconfianza y el temor. A pesar de la creciente riqueza de la ciudad, sigue el estado de alerta a causa de los movimientos de las tropas. Además, hay grandes recelos por parte de los campesinos hacia las fuerzas alemanas contrarias a los bolcheviques por causa de sus ideas políticas que reducen la automía de sus ciudadanos. Al mismo tiempo, existe una gran desafección con el régimen bolchevique establecido en Moscú.

En este escenario postrevolución se ubica la familia Turbín, formada por tres hermanos (dos chicos y una chica) quienes simpatizan con la política zarista e intentan sobrevivir al crudo invierno y a la compleja situación civil. La novela describe los días previos a la llegada del ejército nacionalista cuando los hermanos Turbín reciben una visita de militares afines a su causa y al poder zarista. Debido a la llegada inminente de Petliura a la ciudad, se organiza la creación de un ejército formado por jóvenes e inexpertos voluntarios (la "Guardia Blanca" a la que hace referencia el título) con el objetivo de luchar contra Petliura y defender la ciudad de Kiev de su ocupación a pesar de ser conscientes de la dificultad de lograr su propósito.

El caos en el que se encuentra la familia, hallándose en medio de la ciudad al estallar la revolución, se detalla claramente en este libro donde los propios personajes se encuentran en situaciones que ni ellos mismos comprenden. Los pensamientos y sueños que tienen en episodios concretos son ejemplo de su desorientación e incredulidad, así como de su desesperación para encontrar una salida que les permita, tan solo, sobrevivir y salir de la angustiosa situación.

A partir de esta premisa y en este contexto, Bulgákov nos hace un retrato del estado anímico de la sociedad a través de la familia protagonista, de sus temores e incertidumbres. Cambios políticos, escenas militares, deserciones y motines son elementos presentes en la obra y claves para entender la situación en la que se encontraban sus habitantes en el invierno de 1918-1919. La imagen de Petliura y el temor que causa siempre está presente en la novela y, aunque sin llegar a intervenir directamente en la contienda, infunde miedo y desesperanza en la familia. 

Cabe decir que la lectura de este libro no es fácil.  Para empezar, la dificultad inicial la encontramos en situarnos en el escenario de la historia a menos que tengamos conocimientos previos de la misma. No estaría de más que el autor hubiera puesto mínimamente en contexto al lector en este aspecto para facilitarle la comprensión, desde un inicio, del relato que nos explica. Más allá de la ubicación histórica, topamos también con el escollo de encontrar múltiples personajes con varias historias que se alternan simultáneamente, viendo la guerra desde diferentes perspectivas. Estos personajes van apareciendo y desapareciendo lo que dificulta la continuidad. Posiblemente este estilo narrativo es buscado por parte de Bulgákov, emparejando el caos de la guerra a la propia narración. De esta manera, de forma parecida a la contienda en la que se encuentran, la narración es algo dispersa, siendo una sucesión de situaciones donde los protagonistas actúan de forma algo arbitraria y confusa. Asimismo, en ocasiones se intercalan poemas que quedan entrecortados en medio de la narración a la vez que se mezclan sonidos de las batallas en forma de onomatopeya lo que causa cierto desconcierto. Sí consigue el autor dominar el "tempo" mediante su técnica narrativa, con escenas detalladas en situaciones calmadas y, en contraposición, descripciones y frases breves en momentos de tensión o de guerra.

Al final, a pesar de sus altibajos narrativos (especialmente en la primera parte donde entramos en la historia sin ninguna puesta en situación, de golpe), uno se queda principalmente con la sensación de haber sido testigos de la situación desoladora en la que se encontró la sociedad en la postrevolución rusa y cómo afectó en sus vidas. La incomprensión de sus habitantes sobre lo ocurrido queda perfectamente resumido en palabras del propio autor quien, a finales del libro, la sintetiza de la siguiente forma:

¿Por qué sucedió todo eso? Nadie podría decirlo. ¿Pagaría alguien la sangre vertida?
No. Nadie.
Sencillamente, se derretiría la nieve, saldría la verde hierba ucraniana, se alegraría la tierra... brotarían los trigales... temblaría la calígine sobre los campos y de la sangre no quedaría ni rastro. La sangre vertida en los campos cuesta poco y no la pagará nadie.
Nadie.

viernes, 3 de febrero de 2017

Semana de la Revolución Rusa #5: Manuel Chaves Nogales: El maestro Juan Martínez que estaba allí

Idioma original: español
Año de publicación: 1934
Valoración: imprescindible

Ahí va.
"Los bolcheviques se creyeron que lo iban a arreglar todo a su gusto, de golpe y porrazo. Querían meter las narices en todas partes y se pusieron a trabajar con tan buena fe y tanto entusiasmo que, aunque no se quisiera, se les tomaba simpatía. Trabajaban día y noche patrullando por las calles con el fusil a la espalda o en aquellas oficinas desmanteladas, en las que garrapateaban bonos, salvoconductos, órdenes de requisa, autorizaciones y prohibiciones, hasta que caían rendidos de fatiga, extenuados, con los ojos desorbitados por la fiebre y el sueño, como si fuesen ojos de cristal. Se quedaban dormidos en medio de la calle, apoyándose en el fusil con la bayoneta calada, o sobre los pupitres en que trabajaban, con la turbia cabezota rodada sobre los papelotes, los trozos de pan negro mordisqueado y los charquitos de té donde abrevaban las moscas. ¡Daba pena verlos! Pero no se podía uno enternecer demasiado. Cuando después de dar unas cabezadas los ponían en planta otra vez, tenían un malhumor y una ferocidad que espantaban a la gente pobre que había de tratar con ellos. Irritables, violentos, desesperados, le descerrajaban a uno un tiro o lo mandaban a la cárcel por menos de nada. Así, a trastazos, somnolientos, llenos de ira y miedo - muchos tenían miedo, se les notaba-, querían inútilmente poner orden en las cosas y resolver de plano los innumerables pleitos que la población hambrienta, hostil y desesperada les planteaba a cada instante. Entre ellos mismos no se entendían; lo que prohibían en un sitio lo autorizaban en otro; cada bolchevique ponía una ley, se aceptaba y se procuraba cumplirla; pero detrás de aquel bolchevique venía otro que, fusil en mano, exigía todo lo contrario. Al principio, procurábamos amoldarnos y obedecer; hacíamos escrupulosamente cuanto mandaban las patrullas que iban, casa por casa, dictando su voluntad; pero empezamos pronto a darnos cuenta de que lo más prudente era decir que sí a todo, esquivar aquellos locos que reventaban de fatiga para salirse adelante con la suya, sin saber a ciencia cierta lo que querían, y que cada cual se bandease como pudiera. No valía nada la sumisión. Era inútil ir a pordiosear a los comisarios, que no sabían por dónde andaban. Y, a fin de cuentas, lo mismo le daban a uno un tiro en la cabeza por obedecer a los bolcheviques que por no obedecerles."
Al lío: más de uno por ahí que paseaba con su madre y cosas así debería tomar este libro y aprendérselo de memoria. Recitar unos cuantos párrafos cada noche (en vez de ponerle velas a la estampa de, no sé, Felipe González) y averiguar, que su tiempo le llevaría, cómo se puede tratar temas graves y solemnes sin abandonar cierta pose de sarcasmo o de estupor o de cruel sorpresa, cómo se puede escribir tan bien sin abandonar el trato coloquial y hasta la jerga y cómo se puede ganar uno a pulso que se le pueda considerar una obra capital para comprender ciertos hechos.

Hace unos días, y después de que Montuenga me aconsejara (¡gracias!) esta obra ante mis dudas sobre mi aportación a esta Semana Temática Uladiana, vi una lista en la red en que Luis Solano, editor de Libros del Asteroide, ponía en primera posición esta obra (incluso por delante del canónico Robertson Davies) entre sus favoritas del catálogo de la editorial. Diez ediciones ya. Y ya os lo digo: en cada hogar debería haber un ejemplar. Porque esta novela que parece una crónica representa algo que hoy día cuesta tanto encontrar. Humildad y sensatez. La historia del bailarín de castañuelas que, alejado de su país en compañía de Sole, su mujer, se dedica a ir de un lado a otro buscándose la vida hasta, 1917, meterse en la boca del lobo. Estaba allí. Y la sencillez con que lo cuenta, la enorme trampa en que Chaves Nogales nos mete, está al alcance de muy pocos. Su suerte va empeorando y él no se lamenta, se conforma con seguir adelante y subsistir, mantenerse a flote en ese mar que cada vez se tiñe más de rojo. Petrogrado, Kiev, Odesa. Particularmente Kiev, ciudad en la que es testigo de los diversos relevos en el poder mientras las distintas fuerzas van conquistándola y abandonándola, con el hostigamiento de una población famélica y asustada que no sabe a qué atenerse, que acaba jaleando al que primero abucheaba.

Sin juicios de valor, (Martínez reitera constantemente que no entiende de política), Chaves acaba calando en lo más hondo. Poco sospechoso de simpatizar con las derechas, la clase dominante que acaba haciéndose con el poder de la URSS no sale nada bien parada. Corrupción, robo, comportamiento oligárquico, decisiones erráticas y represión paranoica y sangrienta la que acaba sufriendo aquel pueblo al que decían estar llamados a proteger. Un totalitarismo ocupando la silla del que han despojado a otro. Las peripecias, aventuras que se suceden y que adoptan tonalidades trágicas descritas de forma a la vez humana y con un tono de auto-protección, algo distante, pues, en tiempo de guerra ha de prevalecer cierto sentido práctico; así que nada hay que siente mejor que ver que las mayores desgracias no le suceden a uno mismo. Que se va siguiendo adelante. La naturaleza humana, sus capas y sus contradicciones, su adaptación al entorno que se manifiesta en las condiciones más extremas y en las necesidades más acuciantes. La picaresca, el estraperlo, el rápido y astuto cambio de bando para garantizarse el par de días siguientes. Menudo escritor.

jueves, 2 de febrero de 2017

Semana de la Revolución Rusa #4: Las doce sillas, de Ilya Ilf y Evgueni Petrov

Idioma original: ruso
Título original: Двена́дцать сту́льев 
Año de publicación: 1928
Valoración: Está bien




Las coincidencias parecen haber unido a estos dos autores. Aunque ambos nacieron en Odessa, se conocieron ya viviendo en Moscú, ciudad a la que, cada uno por su lado, se trasladaron en 1923. Cultivaron la literatura y el periodismo, pero lo que les convirtió en colaboradores y aportó popularidad en la época fue una vena satírica común que generó varios artículos de prensa, tres novelas, unos cuantos relatos, el reportaje (traducido como La América de una planta y reseñado en este blog hace tiempo) que realizaron en Estados Unidos a lo largo de tres meses por encargo del periódico Pravda, y hasta un guión cinematográfico que nunca llegó al celuloide. La producción conjunta hubo de quedarse ahí, ya que Ilf falleció poco después de su llegada a consecuencia de una enfermedad contraída en el viaje.

Dudo de que aquella fuese la época más propicia para escribir una sátira en Rusia, fundamentalmente, porque se precisa cierta tolerancia hacia un sistema que todavía está en sus inicios. Supongo que ese es el motivo de que la novela –vista con los ojos del lector actual– les haya quedado tan blanda. No es que me esperase una crítica demoledora, pero sí más munición soterrada: en lugar de tanta saña hacia la gente, una visión de conjunto que mostrara las carencias y logros de aquel socialismo incipiente.

El argumento, como reconoce el prólogo de la edición que he manejado, no tiene nada de original, pero el aval de una larga tradición constituye un buen punto de partida para construir un armazón sólido. Aquí, la novela de aventuras, la picaresca y el tópico de la búsqueda del tesoro se alían para crear esta sátira costumbrista protagonizada por dos personajes contrapuestos que, con el tiempo y como suele suceder, irán acortando las distancias.

El juego de doce sillas formaba parte del mobiliario que, con el triunfo de la revolución, le fue confiscado a Hipólito Matvéevich, antiguo empleado del Registro Civil y yerno de la otrora acaudalada Claudia Ivánovna. La trama arranca cuando la mujer, en su lecho de muerte, decide confesar, tanto al viudo de su hija como al cura que le administra los sacramentos, dónde escondió las joyas de la familia. Pero el buen padre Fedor resulta ser un pícaro de cuidado cuya obsesión por triunfar en los negocios le ha impulsado a emprender las más disparatadas aventuras financieras. Matvéevich, en cambio, aunque sin alma de pícaro, no tarda en encontrar un mentor, Bender, estafador sin escrúpulos y un genio en el arte de sacar tajada de cualquier oportunidad que se presente.

Imaginamos lo que sigue, una alocada sucesión de episodios en los que el apocamiento de uno y la sinvergonzonería del otro se alían para emprender una búsqueda frenética que les llevará de unas regiones a otras. Sin embargo, y a pesar de que visitamos viviendas particulares, edificios estatales e inmuebles diversos, no sacamos mucho en limpio acerca de costumbres, problemática y mentalidad del pueblo ruso de la época, a excepción de una generalizada y desmedida codicia. Tampoco se nos muestra, más allá de los bienes confiscados que ponen en marcha el argumento, cómo ha cambiado la vida de la gente con la llegada de la revolución, ni encontramos el más mínimo esbozo de la nueva organización social. Cuando Bender y el antiguo funcionario emprenden un amplio recorrido siguiendo a una compañía teatral, lo que Ilf y Petrov ofrecen  es tan superficial que parece más un catálogo turístico que la sátira de un momento histórico. Ni rastro de la Rusia auténtica y sus peculiaridades regionales. Y es que, en realidad, no estamos ante un retrato del país y la sátira se centra exclusivamente en los de a pie, representados por unos cuantos arquetipos bastante previsibles.

Concretando, no esperen encontrar algo tan divertido y cáustico como El maestro y Margarita de Bulgakov, por poner un ejemplo. Presenciamos escenas que podrían calificarse de simpáticas, ocurrentes a veces, pero que, a mí en particular, no han logrado arrancarme una sonrisa.

La novela tiene una segunda parte, El Becerro de Oro que, deduzco, es una especie de secuela con recursos muy similares y un personaje común. En ella se ha inspirado repetidamente el cine: he contado más de media docena de películas, de varias nacionalidades, que narran las vicisitudes de las sillas famosas.

De los mismos autores: La América de una planta

miércoles, 1 de febrero de 2017

Semana de la Revolución rusa #3 El marxismo y la insurrección, de V.I. Lenin

Idioma original: ruso
Año de publicación: Diversas ediciones (escrito en 1.917)
Valoración: Está bien (diríamos de interés puramente histórico)


Desde que Karl Marx escribió 'El manifiesto comunista'   en  1.848, la influencia de su pensamiento político fue enorme. Proliferaron por todo el mundo –en especial, en Europa- cientos de partidos que reclamaban su herencia, los derechos sociales se fueron abriendo paso en las Constituciones más progresistas, y algunos de sus seguidores alcanzaron el poder en las jornadas de hace un siglo, cuyo aniversario conmemoramos en esta semana uladiana. Esta especie de nuevo imperio –con sus peculiaridades, sus personalismos y su interpretación/prostitución de los postulados originales- se mantuvo durante más de 70 años. Pero a principios de los años 90 del siglo pasado, el gigantesco Estado soviético colapsó, cayó el muro de Berlín, y en tiempo récord el mundo pasó página. Toda esa pléyade de partidos izquierdistas protagonizó una desbandada para ver quién se borraba antes los estigmas, y hoy día hasta los más airados han cambiado a Marx por Laclau, hay que ver.

Si queremos tener una aproximación histórico-política a la Revolución rusa, creo que no habrá nada más apropiado que ‘El marxismo y la insurrección’ que, no obstante el tono teórico del título, no fue concebido como un libro, sino que se trata de una compilación de textos del camarada Lenin, escritos apenas unos días o semanas antes del estallido definitivo. Son en unos casos artículos publicados en prensa, y en otros, documentos enviados a la dirección del Partido bolchevique (POSR), pero todos tienen en común la inmediatez y hasta la urgencia del momento histórico. Lenin ve claro que la revolución es inminente, que es ahora o nunca, y se dedica por entero a dar instrucciones, agitar las conciencias, corregir errores, exhortar a la acción.

Tratándose de textos con esa intencionalidad, es obvio que tocan muchos aspectos definitorios del momento político, que en principio pueden parecernos particularismos de escaso interés, pero que en realidad forman la combinación perfecta para el éxito de la Revolución: Rusia las está pasando canutas en la I Guerra mundial, se ha constituido un Gobierno de centro-izquierda encabezado por Kerenski sobre un entramado institucional semidemocrático, y acaba de fracasar un golpe blando de corte derechista. Personalmente, la situación me recuerda mucho a algunos momentos de la II República española. Lenin da estopa sin medida a esa izquierda moderada a la que podríamos definir como ‘contemporizadora’ y reclama dar el paso sin complejos a la Revolución, entregando todo el poder a los soviets –órgano representativo de obreros y soldados en el que los bolcheviques aún no tienen la mayoría. En este sentido, desarrolla en el plano práctico la mayor parte de los principios expresados en las famosas ‘Tesis de abril’. De forma que la cuestión ‘participación democrática-posibilismo-izquierda reformista’ vs. ‘intransigencia-ruptura-revolución’ cobra valor intemporal. La dicotomía se ha planteado dentro de la izquierda siempre que se han dado las condiciones de un cambio histórico.

Pero tampoco olvidemos que Lenin era el gran estratega, quien mejor definió las condiciones concretas para la materialización del marxismo teórico. O, al menos, quien estableció esos parámetros para su implantación real, aunque desde luego bajo una óptica que seguramente tampoco era la única posible. Así que en las cartas y documentos que integran en libro podemos encontrar un auténtico manual de cómo acometer una revolución socialista. Vladímir Ilich intuye que las condiciones son ya las idóneas en las primeras semanas de octubre de 1.917 y, ya de vuelta del ‘exilio’ finlandés, requiere con gran vehemencia el fin de cualquier colaboración con los demás partidos de izquierda y llama a tomar el poder de forma inmediata. No sólo eso: marca objetivos concretos (medios de prensa, telégrafos, cuarteles), dibuja la táctica de golpear simultáneamente en Petrogrado y Moscú y define las primeras medidas del nuevo Gobierno revolucionario.

El tono de los textos oscila ligeramente según los medios a los que va destinado. Los artículos periodísticos son los clásicos de este tipo de literatura hasta bien entrado el siglo XX: larguísimas exposiciones sobre detalles del momento político, actitudes y declaraciones de diversas figuras del panorama de la época. Por su parte, los destinados a los órganos del Partido son llamamientos imperativos a sus dirigentes para no aplazar la decisión y ponerse de inmediato a la tarea revolucionaria. Y entre ellos, quizá destacaría la extensa carta del 9 de noviembre en la que Lenin se empeña en despejar las dudas sobre la capacidad de los bolcheviques para asumir la tarea de gobierno. La insurrección está ya pasando de la teoría a la práctica, y se requiere convicción absoluta para sostenerla. En su afán motivador, la arenga adquiere algunos tonos épicos, de esos que tiñen las imágenes de la propaganda. 

No es obviamente una lectura para disfrutar, sino un documento histórico de primerísima mano para entender ese instante inmediatamente anterior a una Revolución que seguramente no cambió el mundo como sus protagonistas esperaban, pero sí marcó la Historia de ese mundo durante décadas.