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miércoles, 27 de junio de 2012

Cristina Fernández Cubas: Parientes pobres del Diablo

Idioma: español

Fecha de publicación: 2006
Valoración: Recomendable

Hacía tiempo que quería hacerme con algún libro de Cristina Fernández Cubas ya que he leído por ahí varias veces que se trata de una de las mejores cuentistas de este país, y que sus relatos, con argumentos hermanados con lo sobrenatural y lo inquietante, tienen ecos de monstruos de la talla Poe o Lovecraft, y un largo etcétera de buenas palabras… O sea, que siempre he tenido la idea de que Fernández Cubas es una mujer que no escribe precisamente sobre hipotecas basura, señoras de mediana edad atormentadas, cuernos en matrimonios cuarentones o jóvenes urbanitas asqueados de ser becarios hasta el infinito y más allá. Vamos, algo no demasiado habitual en el panorama literario de ésta nuestra Hispania.

Por todo ello, cuando me encontré el otro día en mi querida biblioteca del casco antiguo de mi ciudad con Parientes pobres del Diablo, me dije, “¡Ian, justo lo que estabas buscando, diablillo!”. Porque ante mis halagados ojos se presentaba aquel libro que era algo de una autora que quería probar desde hacía tiempo, algo más bien corto (tres nouvelles reunidas) y algo, probablemente, fácil de leer. Y el título…, oh, el título. Sugerente es decir poco. Me encantó y me intrigó sin piedad. Así que me lo llevé avec moi… Y como me imaginaba, no me decepcionó en absoluto.

Como acabo de afirmar, son tres los relatos largos que forman el libro. Y como no quiero destriparlos, mencionaré de forma sucinta sus argumentos… El primero es la “La fiebre azul”. En él, Fernández Cubas nos presenta a un hombre que se dedica a comprar e importar reliquias exóticas falsas durante su estancia en cierto lugar de África, a la espera de que llegue uno de sus contactos. Allí se aloja en un misterioso hotelucho donde todas las habitaciones tienen el número 7 y sobre el que, según rumores, pesa una maldición llamada “Heliobut” que sólo afecta a los blancos. No diré más, sólo que este tipo caerá, como no podía ser de otra forma, en las garras de ese extraño Mal llevado al lugar, al parecer, por una familia anglosajona con críos… Y que el Mal ataca más a la identidad de su víctima que a sus órganos vitales.

El segundo es el que da título al libro y el que más me ha gustado. Una mujer de mediana edad de viaje por Sudamérica se encuentra con el joven pero clónico hermano de un antiguo compañero de facultad. Y ambos inician una extraña relación (nada de romance, más de peculiar amistad) que gira en torno a la obsesión de él: afilar y enriquecer su lunática teoría de que en el mundo existe cierta logia conformada por seres infernales expulsados de su hogar y condenados a vivir pobremente entre humanos. Y me vuelvo a morder los dedos para no seguir tecleando y desentrañar las teorías del chico y dar pistas sobre el desenlace de la historia. De nuevo, volvemos a la identidad y al Mal en forma poco definida. Más Lovecraft que nunca, Fernández Cubas me ha encantado en este relato.

Y el último, el más peculiar y donde la escritora deja más claro que nunca que tiene mucho talento, es “El moscardón”. Se trata de uno de esos cuentos en los que las líneas se consumen con insistencia y cierta ansiedad, temiendo el portazo en la cara que sabemos que nos van a dar de un momento a otro. Y eso que su heroína/¿villana? es una viejecita adorable e irónica que está perdiendo la cabeza, pero no tanto como para ignorar que sus sobrinos y su cuidadora la tratan con desdén y condescendencia. Pero su curiosa acepción del término “Anticristo”, el poder que le otorga a cierto a moscardón que la visita en su bonito piso y el recuerdo de cierto romance frustrado de su juventud, hacen que la adorable viejecita haga que el lector tiemble pensando de lo que es capaz…

En fin: que me ha gustado mucho lo que he leído. Y espero volver a coger uno de los libros de esta escritora de estilo limpio e insinuante.

El Mal nunca fue tan estilísticamente higiénico y contenidamente divertido como con la señora Fernández Cubas.

También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Cosas que ya no existenLa puerta entreabierta (como Fernanda Kubbs)La habitación de Nona, El año de Gracia

lunes, 6 de julio de 2015

Cristina Fernández Cubas: La habitación de Nona

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable

Para el gran público, Cristina Fernández Cubas es prácticamente desconocida (o por lo menos eso pienso yo); es en cambio mucho más prestigiosa entre los escritores y los críticos, que la reconocen como una de las grandes cuentistas del panorama literario español actual. Quizás sea precisamente por haberse especializado en el cuento por lo que es menos conocida que otras escritoras, lo que no deja de ser injusto porque no es inferior a ninguna de ellas. Es verdad que su novela policiaco-fantástica La puerta de atrás puede considerarse un experimento relativamente fallido, pero en cambio el ensayo (o conjunto de ensayos) Cosas que ya no existen es una obra magnífica en su género, que no está muy claro cuál es.

En La habitación de Nona, Cristina Fernández Cubas vuelve a su terreno favorito: el relato, que viene cultivando desde que en 1980 publicó Mi hermana Elba. Y en concreto, el relato con tintes fantásticos, aunque no siempre pueda encajarse estrictamente en el género, si entendemos que para ello debe aparecer algún elemento sobrenatural.

El primer relato del volumen, el que le da título, es un ejemplo perfecto del estilo y las técnicas de Fernández Cubas: centrado en la relación de la narradora con su hermana Nona, una niña "especial", el relato se mueve en el terreno de la ambigüedad sobre la veracidad de lo que se nos está contando, y camina sobre la frágil frontera entre imaginación y realidad, sobre todo cuando el punto de vista es el de un niño. Por un momento parece que el relato va a terminar con una conclusión tradicional, en la que el lector recibe una respuesta que explica retrospectivamente todo el texto (al estilo de El sexto sentido) pero hábilmente Fernández Cubas rechaza esa opción, y vuelve a llevar al lector al campo de la ambigüedad y la duda. Es en este relato, en este tipo de relatos, donde la escritora explora las posibilidades del relato fantástico en el siglo XXI.

Otros relatos del volumen son en cambio más tradicionales, es decir, más "siglo XX". El segundo cuento, por ejemplo, cae dentro de la categoría de "relato con sorpresa", y lo fía casi todo a una revelación final que no es en realidad tan sorprendente. "Interno con figura" juega con la autoficción (se menciona, por ejemplo, un relato protagonizado por una niña llamada Nona), al igual que "La nueva vida"; "El final de Barbro" es una historia de tensiones familiares muy bien construida y muy bien contada, pero más tradicional que el resto, mientras que "Días entre los Wasi-Wano" mezcla esto mismo con la posibilidad de otra dimensión fantástica superpuesta, aunque nunca claramente desarrollada.

Como era esperable en su autora, La habitación de Nona es un muy buen libro de relatos: conjuga su capacidad para insinuar la presencia de mundos subterráneos e invisibles que subyacen al nuestro, con una destreza técnica y estilística admirable. Quizás sea un volumen algo irregular, en el que destacan ciertos cuentos (sobre todo el primero, o "Interno con figura"), y otros en cambio resultan más planos ("Hablar con viejas" o "El final de Barbro"). Es en todo caso una más que digna adición a la larga bibliografía de la autora, un referente indispensable del relato español contemporáneo.

También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Cosas que ya no existenLa puerta entreabierta (como Fernanda Kubbs)Parientes pobres del Diablo, El año de Gracia

viernes, 23 de noviembre de 2018

Cristina Fernández Cubas: El año de Gracia

Idioma original: Español  
Año de publicación: 1985
Valoración: Se deja leer  

¿Cómo os resumo esta novela? Es complicado hacerlo sin destripárosla un poco, de modo que en esta reseña habrá algún que otro spoiler leve. Aclarado esto, volvamos a la sinopsis de El año de Gracia: Daniel es un seminarista que, por azares del Destino, naufraga en una isla desierta. 

En realidad, esta síntesis no le hace justicia a la trama de la primera novela de Cristina Fernández Cubas. Para empezar, porque cuando Daniel naufraga ya no es seminarista. Además, porque la isla en la que se encuentra confinado no está desierta.

Os estoy liando; mejor pasemos a otro asunto. La prosa, por ejemplo. A Cubas, cultivadora habitual de la narración breve, se le atraganta un poco El año de Gracia, que es, como he adelantado antes, su primera aproximación al formato largo. La autora despliega un léxico rico y variado en todos sus textos, vale, pero aquí, al no tener una extensión limitada, se excede. Abusa de los adjetivos (si bien a mí el regusto barroco que deja El año de Gracia no me disgusta en lo más mínimo), y, sobre todo, de los sinónimos. Como muestra de esto último, dejad que os cite las rebuscadas palabras que emplea para designar a unas ovejas durante dos páginas seguidas: «rumiantes» (nueva noticia de que esto existe), «pécoras» (¿comour?) o «cuadrúpedos» (va, visto lo visto, esta te la acepto). 

Otro de los problemas de la prosa con que Cubas teje El año de Gracia se debe al protagonista, que es quien narra la historia. Daniel apela a un hipotético lector, al que desea «inteligente e instruido». Es por ello que algunos pasajes de su relato adolecen de florituras innecesarias («recabar su permiso»), cuando no inexcusables. Por otro lado, emplear a un hombre culto como narrador tiene sus aciertos. Y es que es una auténtica delicia ver cómo este texto está trufado de referencias religiosas y literarias. Aunque quizás, eso sí, esta citación constante de referentes convierte a la historia en algo forzadamente metaliterario; es decir, en algo artificial. 

Pero tampoco es que la historia fuera muy verosímil en un principio; ni siquiera pretendía serlo. Tras arrancar de forma bastante creíble, empieza a tirar por derroteros descaradamente novelescos. Responsable de esto es un viaje en barco, así como las supuestas maquinaciones que la tripulación del navío parece pergeñar en contra de Daniel. Estas maquinaciones acaban quedando en nada después del naufragio, por lo que me pregunto qué sentido tenía incluirlas en primer lugar. Ciertamente, le dan al asunto este toque novelesco que decía. Y, a su manera, ya va bien que así sea, porque una vez Daniel se encuentra en la isla, el libro opta por el misterio, más que por la aventura. De modo que los sucesos que ocurren en el barco (o, más bien dicho, los que hubieran ocurrido de no aparecer una fuerte tormenta) dotan al relato de ese punto novelesco que la trama promete.

Y, ya puestos a hablar de la trama de la novela, remarquemos lo evidente: el final es demasiado conveniente. Encima, El año de Gracia no termina donde debería, donde se nos había hecho creer, donde la historia se cerraría con fuerza. Termina, más bien, aterrizando en lo fácil y, hasta cierto punto, positivo, cosa que una narración impregnada en su mayor parte por la desesperación y el desasosiego no debería consentir. Porque una cosa es engañar al lector con las fluctuaciones del género en que se inscribe El año de Gracia (novela de aventuras, novela de misterio...), pero otra bien distinta es frustrar las expectativas de dicho lector eligiendo un final que, por inesperado, no es mejor al previsible.

No voy a mentir: El año de Gracia me ha parecido una novela la mar de entretenida. Se lee con agilidad pese a su prosa algo beligerante; narra eventos bastante interesantes, por más que en conjunto no acaben de funcionar; y, a través de ella, su autora nos regala fogonazos metaliterarios aquí y allá. No obstante, no creo que tarde demasiado en olvidar este libro. Además, dudo que algún día opte por releerlo. Carece de ese toque hipnótico y fascinante que caracteriza a la Cubas querida, a la Cubas del formato breve. Y por nada del mundo es el giro de tuerca de clásicos como Robinson Crusoe, como he oído decir a algunos. Mas tiene ovejas asesinas, y la parte en que Daniel está en la isla es, en general, muy buena, de modo que tampoco es que no os lo recomiende.


También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: La puerta entreabierta (como Fernanda Kubbs), Parientes pobres del diablo, La habitación de Nona, Cosas que ya no existen

viernes, 18 de octubre de 2013

Fernanda Kubbs (Cristina Fernández Cubas): La puerta entreabierta

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Este libro tiene cosas raras raras raras ya desde su portada: la autora que aparece es Fernanda Kubbs, un seudónimo bastante transparente (y ni la autora ni la editorial han hecho nada por volverlo más opaco) de la escritora Cristina Fernández Cubas, una narradora de la que ya hemos reseñado un par de libros por aquí. ¿Por qué, me pregunto, se inventa alguien un seudónimo si inmediatamente va a desvelar que es un seudónimo y quién se oculta detrás de el?

Pues en este caso, pienso después de leer el libro (y después de haber leído otro par de ellos de su autora) parece tener que ver con la voluntad de volver a escribir como al principio, con la valentía y la inocencia y la insolencia y el descontrol de un autor novel. De ahí que esta novela sea, y no sea, una novela de Cristina Fernández Cubas: comparte algunos de sus rasgos definitorios, pero con un aire de despreocupación bromista que no suele dominar en sus relatos.

La trama principal de la obra ya es psicodélica: una periodista a la que han encargado un reportaje sobre adivinos y pitonisas, se queda como por arte de magia (y nunca mejor dicho) atrapada en la bola de cristal de una bruja de tres al cuarto; después, como objeto de entretenimiento o de admiración, pasa de mano en mano hasta la extraña tienda de objetos (el Baúl de Doble Fondo), donde será protegida por el dueño, Baltus, y las dos hermanas Luz y Paz. Pero por si esta historia no es lo bastante loca, a ella se unen, recosidos, fragmentos sobre espiritismo, hadas, torturas romanas o místicos poetas dueños de "la Palabra".

Por momentos, salvando las distancias, La puerta entreabierta recuerda las técnicas de un Pynchon o un Robbe-Grillet (el de La casa de citas, no tanto el de La celosía), con sus mezclas constantes de planos y de textos, de realidades y de niveles de lectura. Claro que, en este caso, sin ninguna pretensión (o al menos esa impresión da) de trascendencia. Solo en las últimas treinta o cuarenta páginas Cristina Fernández Cubas parece cogerle la pluma a Fernanda Kubbs, para darle a la obra su toque personal y reconocible: realidades que no son lo que parecen, preguntas que quedan sin respuesta, amenazas ocultas, un cuestionamiento sobre el poder explicativo de la narración y la literatura...

Personalmente, me gusta más Cristina Fernández Cubas que Fernanda Kubbs, aunque comprendo los motivos que pueden haberle llevado a crear este alter-ego. Espero impaciente, por lo tanto, su siguiente novela: la de cualquiera de las dos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cristina Fernández Cubas: Cosas que ya no existen

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable

Me resulta difícil de comprender que Cristina Fernández Cubas no sea tan conocida como otras escritoras españolas actuales (por ejemplo, Maruja Torres o Almudena Grandes); por calidad literaria no puede ser, porque todo lo que esta autora ha escrito -todo lo que yo le he leído, por lo menos- es excelente. A lo mejor es porque no se ha movido en los círculos literarios de la Corte, o porque ha decidido tener una trayectoria creativa propia (con más relatos que novelas, y al margen de modas y tendencias), o porque no se ha prodigado en los medios... Sea por lo que sea, creo que se trata de una escritora que merece un reconocimiento mayor del que ha recibido por ahora, por mucho que en los círculos críticos especializados esté muy bien considerada.

Cosas que ya no existen es un libro peculiar en su bibliografía, pero como casi todos los demás, es un gran libro. Es un conjunto de relatos "basados en hechos reales": algunos son autobiográficos (¿autoficcionales?); otros son historias que alguien le contó a la escritora. Van desde la infancia de la escritora, hasta el final del siglo XX; transitan por medio mundo (España, Argentina, Brasil, Egipto); pasan de lo minúsculo (un salón lleno de libros) a lo planetario (la muerte de Evita Perón); siempre muestran aristas nuevas de la realidad, que se convierte en relato. La anécdota titulada "La guerra", que la propia autora no sabe si es real o ficción, podría ser un cuento independiente en cualquier volumen de cuentos sin pretensión de realidad.

Porque la lección más importante que puede aprenderse de este libro es, precisamente, que nuestros recuerdos también son una historia, una narración; que nunca, por muy fieles que intentemos ser a la realidad, pueden ser la realidad misma. Siempre hay selección, alteración, narrativización, textualización, ficcionalización. La escritora es plenamente consciente de ello, y por eso acepta alegremente que sus recuerdos se transformen en cuentos (y, como dice en el prólogo, que sean premiados como tales); no quiere decir que esté engañando al lector, sino que está asumiendo como inevitable algo que demasiadas veces pasa desapercibido: que nuestro pasado ya no existe, solo existen las narraciones que construimos sobre nuestro pasado.

También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: La puerta entreabierta (como Fernanda Kubbs)Parientes pobres del diabloLa habitación de Nona, El año de Gracia

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      sábado, 1 de junio de 2013

      Rafael Reig: Todo está perdonado

      Idioma original: español
      Año de publicación: 2011
      Valoración: Muy recomendable

      Una novela sorprendente, esta Todo está perdonado, de Rafael Reig. Empieza amagando con ser una novela policiaca, alrededor del asesinato de Laura Gamazo, hija de una poderosa y opulenta familia madrileña, con el trasfondo futbolístico de la Eurocopa del 2008 de Suiza y Austria; pero muy pronto demuestra ser otra cosa: una reconstrucción cargada de humor y mala leche de los últimos 80 años de historia de España, desde la Guerra Civil hasta la Inmaculada Transición y la II Restauración Borbónica.

      En realidad, a partir de la excusa policiaca (alguien está envenenando obleas u hostias empaquetadas y ya ha provocado cinco víctimas), lo que se hace, como honestamente dice el narrador al comienzo, es reconstruir desordenadamente la historia de la familia Gamazo (abuelo, padres, hijos) como representantes de esas "doscientas familias que controlan España", que en el 39 ganaron la guerra, y en el 75 ganaron la paz. Se hace así un recuento, nada respetuoso con la "historia oficial", de las miserias privadas y públicas del Franquismo, la transición y los primeros años de la democracia. Como indica el título, y como repiten varios personajes a lo largo del texto (con insistencia algo machacona), esta es una evolución histórica basada en el olvido, en un perdón superficial y anestésico, y en la máxima gatopardiana: cambiarlo todo para que nada cambie.

      Pero es que además Rafael Reig añade unos cuantos elementos que hacen la lectura más sorprendente, más entretenida y más exigente de lo que puede dar a entender el resumen anterior.

      El primero de estos elementos es el contexto futbolístico (para el que le guste el fútbol, claro): Rafael Reig recurre al fútbol como representación de la identidad patria (casi siempre gesticulante, monolítica, centralista) en diversos momentos históricos: 1956, 1964, 1984, 2008... La selección española (ahora La Roja) sirve a los políticos de partidos y regímenes distintos para manipular al pueblo, exaltar los bajos instintos nacionales o controlar cualquier conato de lucha de clases.

      Otro elemento, este fantasioso aunque poco explotado (y habría podido dar para mucho) es el de imaginar un mundo en el que el petróleo se agotó en los años 70, y Madrid se ha convertido en una ciudad navegable, con un gran Canal de la Castellana, un Puerto Atocha y una dársena en Delicias. La aparición fantasmal de un buque cargado de cadáveres añade un toque surrealista más al escenario y a las peripecias de los personajes.

      Y el último elemento que hay que mencionar, y sin el cual no se entendería esta novela, es el sentido del humor (también llamado "mala leche") de Rafael Reig, que ya se podía ver en su Manual de literatura para caníbales y que puede relacionarse unas veces con el humor absurdo de Eduardo Mendoza, y otras con el humor escatológico de Antonio Orejudo (con alguna salida de madre, para mi gusto, en los dos casos).

      Añádase a este cóctel que esta es una novela cargada de referencias culturales y literarias, como si Rafael Reig se propusiera demostrar que puede ser vulgar cuando quiere, pero que ha leído a Derrida y a Proust y a San Agustín.

      Todo está perdonado no es la novela que esperaba leer (una novela policiaca al uso, aunque ambientada en Madrid): es mucho más, y probablemente mucho mejor que eso. Así que acabo de incluir a Rafael Reig en mi lista mental de "escritores españoles que se salvan de la quema", junto a Vila-Matas, Cercas, Orejudo, Cristina Fernández Cubas y pocos más.

      También de Rafael Reig en ULAD: Manual de literatura para caníbales