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lunes, 17 de septiembre de 2012

Dante Alighieri: Divina Comedia (1ª parte: Infierno)

Título original: Divina Commedia
Idioma original: italiano
Fecha de publicación: (se calcula que en 1321, fecha de la muerte de Dante)
Valoración: Recomendable

Dante. Renacimiento. Infierno. Dantesco. Beatriz. Virgilio. Florencia. Lucifer… ¿Cuántos nombres y palabras célebres y sugerentes le vienen a uno a la cabeza cuando escucha el nombre de esta obra y, naturalmente, se sabe de lo que se está hablando?

Sin duda alguna, el libro que hoy reseño se trata de uno de esos totems de la historia de la Literatura Universal que, guste más o menos, ha sido analizado, estudiado, citado, halagado, despreciado, usado como fuente de inspiración y tratado como objeto de homenaje cientos y miles de veces, de todas las formas inimaginables. No me quiero poner pesada, que esto, al fin y al cabo, es una reseña literaria, pero sería interesante escribir algo más extenso que citara un buen puñado de obras artísticas (sobre todo cinematográficas, las que más fácilmente recuerdo) que de una forma u otra aluden o le deben mucho a la Divina Comedia. Quizás algún día me anime. Por lo pronto, reseñemos…

Dicen que Dante, poeta toscano y junto a Boccaccio y Petrarca, principal precursor del Humanismo (así me lo aprendí yo en el instituto),  comenzó a escribir su Divina Comedia en 1304 y que terminó de escribirla poco antes de morir, hacia 1321. También dicen que el adjetivo “divina” vino mucho después de la expiración del poeta, que se limitó a llamarla Comedia, y ello porque la obra, poema alegórico, narra el viaje del propio autor a los mundos sobrenaturales: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Primero de la mano de su admirado Virgilio, y después, de la de su idolatrada y amada platónica Beatriz.

Por cierto, lo del poeta con Beatriz daría para otro post. Se dice que sólo la vio dos veces en su vida y que jamás habló con ella. ¿Quién dice que el amor más puro e ideal necesita de contacto verbal y/o físico? Aquí está Dante para desmentirlo.

Sigamos…

La Divina Comedia, pura alegoría cristiana medieval, contiene cien cantos de tercetos en decasílabos, con treinta y cuatro poemas dedicados al Infierno, la parte de la obra que hoy nos ocupa ya que en mi querida biblioteca tienen dividida la obra en dos tomos (Infierno por un lado; Purgatorio y Paraíso por otro), y por ahora sólo he leído la primera.

Dante describe el Infierno como una montaña en forma de cono invertido situada en el hemisferio boreal, cerca de Jerusalén, y formada por nueve círculos. Éstos van estrechándose hasta el centro de la tierra, donde vive el mismísimo Lucifer, y como ya se ha dicho, en este primer viaje el poeta tiene como compañero de viaje y guía a Virgilio, que simboliza la lírica y la razón más puras.

En el prólogo, Dante está extraviado en una selva oscura que representa la actitud pecaminosa del ser humano, y luego, enseguida, aparece Virgilio, y  ambos poetas comienzan el alucinante viaje por las tierras del Averno…

En cada uno de los círculos del infierno se encontrarán diferentes personajes llenos de misterios y vicios varios (desde el barquero de los muertos Aqueronte, pasando por Minos, hasta Judas, que vive dentro de una de las tres cabezas de Lucifer, ahí es nada),  y “secciones” como el Limbo (sí, sí, el Limbo en el Infierno, todo es posible para el toscano) o la destinada a los que trafican con cargos públicos (¡¡y hablamos del siglo XIV, damas y caballeros!!).

En resumen: una trama alucinante en todos los sentidos que aunque nos sitúe en territorios fantásticos, al estar los mismos enriquecidos por el denso abono cristiano y mitológico que llevamos aprehendiendo desde niños (al menos por estos lares), se hace más creíble y cercana de lo que pudiera parecer. Eso sí, el lenguaje y las maneras de hace siete siglos aconsejan que su lectura se dilate lo máximo posible para poder saborearla, empaparse de ella y disfrutarla como se merece. Pero aún así no es plato para todos los gustos. Vamos, que conozco a varias personas que confiesan no poder con esta comedia divina, ya que se les hace cuesta arriba tanta lírica antiquísima e imagen alegórica. Anyway, yo la recomiendo con deleite.

Nos vemos en el Purgatorio, y después, en el Paraíso. (Divina comedia 2ª Parte)

viernes, 2 de noviembre de 2012

Dante Alighieri: Divina Comedia (2ª parte: Purgatorio y Paraíso)

Título original:
Divina Commedia                                                         
Idioma original: italiano
Fecha de publicación: (se calcula que hacia 1321, año de la muerte de Dante)
Valoración: Recomendable                                    

Bueno, pues ya está. Ya me he leído la segunda parte de la Divina Comedia, y tal y como prometí, aquí estoy para reseñarla.

En esta ocasión, más que ponerme a describir con pelos y señales lo que el lector va a encontrarse en un viaje fenomenal a realizar de la mano de Dante, Virgilio y Beatriz (en mi imaginario particular yo les veo en plan Frodo, Gandalf y Arwen, qué se le va a hacer), voy a hablar de sensaciones. De las sensaciones que me ha provocado esta obra maestra de la literatura. Y adelanto que más tarde contestaré a ese lector del blog que se mostraba algo mosqueado a raíz de que calificara su primera parte de "Recomendable" en vez de "Muy recomendable" o "Imprescindible", algo que vuelvo a hacer.

Pero ahora hablemos de sensaciones, y para ello mencionaré las palabras del bibliotecario que me cedió, como si se tratará del cáliz de la Última Cena, la primera parte del libro clavándome su mirada celeste (yo creo que estaba maravillado porque le estaban pidiendo semejante obra, entre tanto jardín olvidado y seductor sadomasoquista): "Vas a alucinar, ¡aquí sí que hay verdaderos efectos especiales! Luces deslumbrantes, círculos de fuego, seres voladores, ¡cuando yo lo leí, muy joven, me quedé maravillado! Nunca antes había leído algo semejante...".

Así que la sensación que me provocó la inminente lectura de este libro fue expectación. Luego vendrían la emoción y el regocijo que me concedieron sus versos al ser consciente de que estaba degustando con deleite un texto antiguo, valioso y muy dificultoso. Y también el respeto, que me decía: "Para un poco y sigue mañana, que ya no estás leyendo bien". Esto me pasaba, sobre todo, cuando mi ritmo de lectura se aceleraba demasiado como para tener el cuidado que hay que tener para asimilar bien los continuos pies de página del libro, que ayudan a contextualizar y a entender bien los versos de Dante.

Y cuando terminé la primera parte de la Commedia, la correspondiente al Infierno, la expectación sentida antes de su lectura no hizo sino crecer porque, ¿qué me iba a encontrar yo en el Purgatorio y el Paraíso dantescos?

Pues bien, ésta su segunda parte me ha maravillado aún más, porque si Dante ya nos regalaba anteriormente una visión particularísima, detallada e irrepetible del Hades, en esta ocasión su Purgatorio y su Paraíso son más visionarios y cartesianamente laberínticos que nunca. El primero es una una montaña de cumbre plana que posee laderas escalonadas y redondas, y que es simétrica al Infierno. Cada una de sus cornisas corresponde a un pecado capital. Al principio están los más graves, y a medida que Dante va subiendo la montaña guiado por Gandalf-Virgilio, se va redimiendo de sus pecados. Ni qué decir tiene que una peculiar burocracia underworld mantiene la armonía del lugar y que Dante se encontrará por estos parajes con muchos personajes históricos y mitológicos.

Pero el colmo del alucinaje lo he encontrado en el Paraíso del señor Alighieri, donde la bella Beatriz, la única que puede acercar a Dios a su amado, es la que nos guía por una locura de no-mundo dividido en nueve círculos concéntricos. Los planetas de la Vía Láctea, con su simbología particular, presiden cada taifa divina. Y aquí Dante vuelve a meter al lector en un sinfín de deliciosas locuras en las que dioses, ángeles y no muertos cuasi canonizados cantan sobre la condición humana, siempre cargada de fechorías, debilidades, esperanza y gloriosas gestas.

En este ketamínico reino mi imaginario ha vuelto a hacer de las suyas, y no he podido evitar pensar en los Caballeros del Zodíaco sufriendo sus metamorfosis cósmicas entre hileras de escaleras de mármol y metas en forma de santuarios dirigidos por dioses zodiacales a los que temer y admirar.

Y ahora así, acabando, intentaré responder a ese lector que se mostraba molesto por mi etiqueta de "Recomendable". Pues lo que sucede, lector, damas y caballeros, es que no me atrevo a decir que la Divina Comedia es un libro que hay que recomendar apasionadamente o prácticamente obligar a leer porque creo que puede resultar muy difícil e incluso ingrato a la inmensa mayoría de las personas. Creo yo que además de ser muy paciente y lograr alcanzar el ritmo de lectura idóneo para no saturarse ni quedarse corto, hay que estar en un momento muy especial de la vida para disfrutar de su estilo y su contenido. Porque la obra magna de Dante exige soledad, serenidad, capacidad y deseo de reflexión, y mucha, muchísima curiosidad. El verlo como una tortura debería eximir automáticamente de su lectura.

Y ya está.

No abandonen toda esperanza. Se trata de un libro que se puede leer y gozar...




miércoles, 30 de junio de 2010

Jorge Luis Borges: Siete noches

Idioma original: castellano
Fecha de publicacion: 1980
Valoracion: muy recomendable

En alguna de mis reseñas borgianas ya comenté cómo Borges tuvo que convertirse, a su pesar, en conferenciante. Pese a su resistencia inicial, debida a la timidez que lo acompañó toda su vida, lo cierto es que su elegante expresión, su cuidado del ritmo y su erudición exótica le hicieron inigualable en el arte de la conferencia pública. Probablemente el aura que rodeaba su figura de poeta ciego no dejó de surtir cierto efecto creciente.

El caso es que a lo largo de su vida, y con mayor frecuencia y extensión según su fama crecía, Borges prodigó los ciclos de conferencias. En 1977 completó uno especialmente memorable en el teatro Coliseo de Buenos Aires. Este libro recoge el texto de aquellas siete conferencias. Sus temas no sorprenderán a ningún lector familiarizado con la obra de Borges, que, de hecho, encontrará muchas de sus referencias recurrentes. Sin embargo, descubrirá aquí el placer de una forma de expresión más relajada, que se permite digresiones y paréntesis impensables en el rigor de las narraciones de Borges. Hay también, quizá, una mayor tendencia a la anécdota personal, aunque de esto siempre debe desconfiarse; al fin y al cabo, muchos de sus cuentos también se presentan en la voz de un narrador en primera persona, que siembra el texto de sospechosas referencias autobiográficas.

La primera conferencia está dedicada a la Divina comedia, pero no se trata, claro, de un árido análisis crítico o similar, sino de la experiencia lectora que Borges tuvo del libro. "Nadie tiene derecho -dice Borges- a privarse de esa felicidad, la Comedia". La segunda conferencia, sobre la pesadilla, hace una brillante incursión en la etimología comparada, rastreando la presencia literaria de la "yegua de la noche" que sugiere (falsamente) el termino "nightmare". El lector encontrará además algunas de las recurrentes pesadillas del propio Borges. Los otros temas son las Mil y una noches, el budismo, la poesía, la cábala y la ceguera, es decir, sus grandes pasiones y obsesiones: todo cuanto conforma el Borges que disfrutamos y admiramos, dicho por él mismo de un modo ameno y magistral.

Impresiona mucho más el elegante decurso del texto cuando uno se percata de que está prácticamente transcrito tal cual se pronunció, en un momento -no se olvide- en que Borges ya estaba ciego y hablaba por tanto sin ayuda de notas. En Youtube pueden verse los videos de varias de estas conferencias. El primer fragmento de la que trata la ceguera lo hallaréis pinchando aquí.

Otras obras de Jorge Luis Borges en ULAD: Aquí

miércoles, 26 de mayo de 2010

Balzac: Eugenia Grandet


Título original: Eugénie Grandet
Idioma original: francés
Fecha de publicación: 1833
Valoración: muy recomendable

Cuando lees un clásico te envuelve una atmósfera especial. Puedes estar en tu lugar preferido del sofá, con tu mantita- da igual el calor que haga, es una costumbre que tengo de esas que no pierdes truene o haga calor-, tu gato dormidito al lado, tu pareja viendo una película de esas que no te llaman nada y de las que puedes abstraerte hasta tal punto que ni oyes lo que dicen, y a pesar de todos estos ritos de lectura, te trasladas inmediatamente dos siglos atrás. Son ese lenguaje y esa forma de expresarse lo que te retrotrae atrás en el tiempo.

La historia será similar a las que se escriben hoy día, pero la atención especial a ciertos detalles, la manera de describir los lugares, el aire viciado de casas antiguas con mujeres de la alta sociedad recluidas y viviendo una existencia “ de salón”...todo nos lleva a ese siglo XIX, y a un autor francés, inscrito dentro de la novela realista. Pero al igual que sumamente prolífico, quiso escribir una obra enorme, la Comedia humana, donde pudiésemos encontrar una descripción y un análisis de la sociedad que le rodeaba. Si la Divina Comedia trataba sobre lo divino y el Más Allá, la de Balzac tiene al ser humano como punto de referencia. Y la forma de explicar los acontecimientos cambia.

Balzac tuvo una vida peculiar y conoció de primera mano, por parte de su madre primero, y de sus jefes y compañeros de trabajo después, lo que son la codicia y la avaricia. Ya aparecen en Dante y son el tema central de uno de los círculos. Aquí, también Balzac escribirá sobre ellas,y principalmente en esta novela. Eugenia, que personifica el amor puro y la bondad, como su equivalente Beatriz de Dante, se ve atrapada en un mundo que no es el suyo, donde la enorme avaricia de su padre, sus pretendientes y su amado, deberían condenarla a la venganza y el rencor. Sin embargo, esa pureza y esa fe incuestionable, la hacen reaccionar de otra manera. Pues siempre hay otra manera y Balzac quiere mostrarla a sus contemporáneos.

Muy bien escrita, con moraleja y descripciones de la sociedad francesa del XIX, se convierte en una lectura muy recomendable.

Otras obras de Honoré de Balzac en ULAD: El elixir de la larga vidaEl arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo

martes, 22 de mayo de 2018

Friedrich Nietzsche: Así habló Zaratustra. El manga

Idioma original: japonés
tulo original: Manga de dokuhu, Zaratustra kaku katahiri
Año de publicación: 2008
Traducción: Maite Madinabeitia 
Valoración: delirante

¿Cómo? ¿Nietzsche? ¿Manga? Pues sí, amigos: el manga. Porque resulta que hay una colección, "la otra h", de la editorial Herder (Herder, nada menos...), dedicada a publicar versiones manga de grandes obras de la literatura y, sobre todo, de la filosofía occidental, desde La Divina Comedia a Los hermanos Karamazov, de Homero a Kafka, de Rousseau a Marx y Engels (pasando, cómo no, por...ejem,  En busca del tiempo perdido ). La idea inicial, supongo, era interesar a los jóvenes japoneses -aunque hoy en día, también del resto del mundo-, en las grandes obras obras del pensamiento a través de un medio que les resultara familiar y atractivo. Perfecto, claro, nada que objetar.

Ahora bien, cuando se trata de obras filosóficas, debido a su propia naturaleza especulativa, se ve que la opción ha sido novelizarlas de alguna forma, para hacer más digeribles los conceptos -en este caso, toda esa mandanga del superhombre y el eterno retorno-; este manga nos traslada, pues, a una ciudad alemana del siglo XIX, donde un pastor protestante tiene dos hijos: Zaratustra, un cabroncete bastante macarrilla y Álex, buen chaval, manso y obediente, pero que vive angustiado por la sospecha de ser adoptado, además de por el bullying constante al que le somete el puñetero de su hermano. Como personajes femeninos, nos encontramos, por un  lado, a la santa y paciente madre  de ambos y por otro, también a una misteriosa y bella mujer, Salomé, que aparece en momentos clave de la historia para burlarse de Zara y deduzco que, de paso, provocar ese punto de acicate erótico para la muchachada otaku que todo manga shōnen debe tener... (wikipedia, amigos, si no, de qué carajo voy a saber yo qué es todo eso).


No voy a extenderme con detalle sobre la trama de la historia -poco que ver con el Zaratustra original, aviso-, pero diré que a lo largo de sus páginas esta nave se va escorando hacia el puro delirio: comienza como una especie de anime de la Nippon Animation (Heidi y todo eso), pasa por un culebrón de época de las sobremesas de TVE, vira hacia La naranja mecánica o una peli de Haneke, para acabar encallando en un refrito de Paulo Coelho pasado por Borges... Y por Nietszche, lógicamente, que era de lo que se trataba. De hecho, qué queréis que os diga (y pido perdón  a quienes nos lean desde allende los mares si no entienden de qué hablo): leyendo este manga no he podido dejar de pensar en Joaquín Reyes disfrazado del filósofo alemán, bigotón en ristre, y sentenciando con su acento albaceteño: "¡Así habló Zaratustra! ¡Zaratuuustraaa!" Pues esa imagen es menos delirante que este manga, creedme (aunque aún peor es la obra original del amigo Federico; eso sí que no se lo puede leer ni Dios... menos mal que para entonces ya había muerto, el pobre).

Bueno, ahora, a por El capital, que también promete...


Dado que no se especifica quiénes son los perpetradores finales de este manga, aquí están otras obras del amigo Friedrich Nietzsche reseñadas en Un Libro Al Día: El Anticristo

jueves, 22 de septiembre de 2016

Rubem Fonseca: El seminarista

Idioma original: portugués (de Brasil)
Título original: O seminarista
Año de publicación: 2009
Valoración: divertido

Sí, somos todos muy cultos, hemos leído el Ulises en el inglés original y nos hemos tragado los siete tomos de En busca del tiempo perdido, tenemos la Divina comedia en la mesilla de cabecera y La montaña mágica en el baño... pero ¡qué bueno cuando un libro, aunque no sea "Alta Literatura", nos agarra y nos engancha y nos hace perder la noción del tiempo, y no podemos dejar de leerlo hasta que lo hemos terminado! ¡Qué placer tan simple y tan poderoso! ¡Y qué pocas veces pasa!

Bueno, pues eso es lo que me pasó con El seminarista de Rubem Fonseca: lo empecé en un viaje en tren entre Oporto y Lisboa, me metí en la historia, con los personajes y sobre todo con el lenguaje, y para cuando quise darme cuenta estaba en la estación de Lisboa Oriente y casi tres horas de mi vida que podían haber sido espantosamente aburridas se convirtieron en tres horas de diversión.

El seminarista, como buena parte de la obra de Rubem Fonseca, es una novela policiaca, o mejor, como ahora está de moda decir, una novela criminal, muy próxima del género del hardboiled americano. El protagonista es José (Zé), un ex-seminarista transformado en asesino a sueldo, que un buen día decide retirarse. Pero cualquiera que haya leído unas pocas novelas policiacas sabe que retirarse de un negocio así tiene consecuencias: el Seminarista sabe demasiado (o ciertas personas poderosas creen que sabe demasiado) como para dejar que se vaya a su casa sin más consecuencias.

En realidad, la trama policiaca, entendida como misterio que hay que resolver, no tiene demasiada importancia en la novela. El Seminarista es acosado, no sabemos bien por qué, y la mayor duda es si conseguirá escapar a este acoso o terminará sucumbiendo. La resolución puede resultar satisfactoria, en el sentido de que ata todos los hilos sueltos, pero también es un poco ex machina, y por eso mismo un poco decepcionante. Tampoco la subtrama amorosa, bastante estereotípica, es lo que consigue atrapar al lector y mantenerlo pegado al libro.

Pero hay dos rasgos que hacen que esta lectura sea divertida, independientemente del suspense de la trama. El primero es el humor. Los primeros capítulos de la novela, en los que el Seminarista cuenta algunos de sus "trabajos" de una forma despreocupada y amable contribuyen a que el lector se enganche con la lectura, y también a que sienta simpatía por un asesino que tiene sus límites (no mata animales ni niños, y muy raramente mata mujeres) y que es capaz de reírse de sus superiores, de sus colegas y de sí mismo. La violencia es brutal (asesinatos, palizas, torturas, traiciones) pero se cuenta con una gracia "tarantiniana" que parece hacerla menos dolorosa.

El otro elemento que destaca y que hace la lectura ligera y divertida es la lengua. A lo mejor sorprende que haya colocado en el encabezamiento que está escrito en portugués de Brasil: normalmente no decimos "español de Argentina" o "inglés de Estados Unidos". Pero es que en este caso el portugués de Brasil, coloquial, creativo e irreverente, combinado con un uso irónico del latín (el protagonista estudió temporalmente en un seminario, recuerdo) contribuye a que la lectura sea rápida y divertida, cargada de ironía y de autoconsciencia. De hecho, hay unos pocos momentos en los que Rubem Fonseca utiliza ese estilo coloquial, vulgar a veces, para tratar temas "elevados" (un pasaje sobre la batalla de Alcazarquivir es antológico) con resultados magníficos. Qué pena que lo haga pocas veces a lo largo de la novela.

No sé hasta qué punto habrá conseguido el traductor mantener este lenguaje fresco del original sin que suene a pastiche (yo lo he leído en portugués, que para algo vivo en Lisboa), pero incluso si se ha traducido en español más o menos estándar, la novela es lo suficientemente divertida como para merecer la pena. Afortunadamente hay varias obras de Fonseca traducidas al español además de esta, así que podemos disfrutar de un escritor de novela criminal al estilo de Hammett o Chandler, pero adaptado al Brasil actual.


Del mismo autor: Bufo y Spallanzani, El gran arte, Vastas emociones y pensamientos imperfectos

jueves, 15 de octubre de 2015

Colaboración: Bajo el volcán de Malcolm Lowry

Idioma original: inglés
Título original: Under the Volcano
Año de publicación: 1947
Valoración: imprescindible

Por fin decidí pelearme con el cónsul. Leí por primera vez Bajo el volcán de Malcolm Lowry hace ya casi diez años y quedé fascinado. Luego siguieron otras tres lecturas, siempre del tirón, de un libro que si algo tiene es densidad y espesura, casi la misma que la sustancia alcohólica que marca la vida de su protagonista. Bajo el volcán es una de las plasmaciones literarias más perfectas de una borrachera que conozco. El libro cuenta la historia de Geoffrey Firmin, cónsul inglés en México. Varado en Quauhnahuac, trasunto de Cuernavaca, en un paisaje dominado por dos volcanes, el Popocatepetl y el Iztaccihuatl, Firmin ha perdido la ilusión en la vida, y ahora se tambalea sin esperanza por tabernas de mala muerte, obsesionado por recuerdos de su mujer Ivonne, quien abandonó al Cónsul, o mejor dicho fue expulsada de su lado (más adelante sabremos más detalles escabrosos de esa historia).

Las doce horas del Día de los Muertos de 1938 que constituyen el trascurso temporal de la novela narran los intentos de recuperación de ambos personajes y su fracaso. La noria que aparece al inicio del libro, y que representa la rueda de la vida, ya anuncia lo inevitable de la tragedia. Lo que hace que Bajo el volcán merezca varias relecturas es la mezcla de lucidez, compasión, miseria y rabia que marca cada intento de recuperación y cada recaída presente en la pesadilla que viven los personajes. La novela tiene una base simbólica y numerológica fuerte, que constituye un armazón que va integrando los diferentes ritmos de cada uno de los doce capítulos. Sin embargo, si prescindimos de esa estructura, tendremos un relato de pasiones básicas y de personas que no consiguen salir de sus peores vicios, restándoles sólo momentos de trascendencia. 

De hecho, el tono de la novela va cambiando a medida que la tragedia se hace más presente. Los límites entre realidad y imaginación se pierden, la angustia, el resentimiento y la decepción van minando a todos los personajes, el Cónsul sigue bebiendo. En realidad Bajo el volcán es la historia de dos avatares de Lowry, o mejor dicho, de dos momentos o estados de ánimo. Porque el hermano del Cónsul, Hugh Firmin, es también en gran medida el escritor, en este caso su parte positiva, seductora y eufórica. Como no podría ser de otro modo, la relación entre “los dos Lowrys” no será fácil: Hugh, el “héroe” militante, el escritor prolífico, el amante de éxito, luchará por recomponer varias veces al Cónsul a lo largo del día en que transcurre la novela. El Cónsul, a su vez, reprochará a Hugh la insensatez y el romanticismo, así como otras cuestiones sentimentales más concretas. En última instancia, el fracaso de Hugh en su intento de “enderezar” al Cónsul revelará que el heroísmo edulcorado, la brillantez y la militancia del primero no se encuentran tan lejos del sopor alcohólico y violento del Cónsul, y esconden a un personaje consentido, que prolonga su adolescencia mimada soñando con una izquierda imaginaria (¿Alguien ha visto Fight Club?).

Bajo el volcán es una novela triste, pesimista, que cuenta un fracaso sentimental en el que resuenan otras tragedias políticas e históricas. Las tinieblas aparecen en Bajo el volcán de varias formas, que suelen suponer premoniciones o símbolos trágicos del desastre final: un cartel de la película Las Manos de Orlac de Peter Lorre; la Divina Comedia; la Andalucía de preguerra; el Ulises de Joyce; el Tarot; la ejecución de Maximiliano; la Batalla del Ebro; o la debacle de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española. Todo eso está presente, más o menos oculto, en cada uno de los movimientos de Bajo el volcán. Sin embargo, por encima de todos los referentes se encuentra la Muerte, la cultura de la Muerte y su relación traumática con la voluntad de reforma y de transformación social de la Revolución.

Bajo el volcán no es sólo una novela alegórica —muchos la sitúan dentro del ámbito de la música, y hablan de ella como de una sinfonía o una ópera—: si algo me llamó siempre la atención, es el tono desgarrado, personal, con que Lowry construye a sus tres personajes. Resulta interesante, aunque en verdad poco innovador, pensar que el mismo tono del Cónsul, esa voluntad por destrozarse la vida, es lo que llevó a Lowry a tardar diez años en dar forma a Bajo el volcán y a apenas escribir un par de novelas más en sus menos de cincuenta años alcoholizados de vida. Más interesante, creo, es enfrentarse a Bajo el volcán sin miedo, dejarse llevar por el drama de sus personajes, y participar de la que es sin duda una de las mayores tragedias, y una de las mejores borracheras, que he leído nunca.

Firmado: Carlos Garrido

viernes, 14 de agosto de 2015

Óscar Esquivias: Inquietud en el Paraíso

Idioma: castellano
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable... como poco

El tópico dice que la literatura -y aún más el cine- española está saturada de obras que tratan sobre la Guerra Civil y sus consecuencias. No sé lo que tiene eso de cierto, pero de lo que sí estoy seguro es de que entre toda esa supuesta abundancia de novelas, pocas o ninguna habrá que se parezca a la trilogía escrita por el burgalés Óscar Esquivias. Por otro lado, esta trilogía, bastante sui géneris, no sólo trata del tema de la guerra: también está inspirada en la Divina Comedia de Dante Alighieri; para empezar, esta primera entrega (denominarla como simple "parte" de la trilogía no sería correcto, pues se trata de tres novelas en casi todo autónomas unas de otras) se dedica al Paraíso, o a lo que podría considerarse como un ambiente paradisíaco -entiéndase en un sentido irónico-, desde el punto de vista de la nostalgia provinciana española: el de la situación justamente anterior a la sublevación militar de Julio del 36, que dio comienzo a la guerra.

La novela nos relata el transcurrir de aquellos primeros días de verano, en la ciudad de Burgos, en los que los burgueses -y burgaleses- paseaban, los proletarios recelaban y los militares conspiraban para subvertir el orden constitucional establecido (resulta significativa la elección de esta ciudad castellana como escenario de la novela, puesto que, aunque la razón principal se debe, sin duda, a que se trata de la localidad natal del autor, no olvidemos que también fue la elegida por Franco para establecer su Estado Mayor y por tanto,resulta de lo más emblemática). en esa capital soñolienta por la modorra veraniega se cruzan personajes de ficción, como el seminarista Rodrigo Gorostiza, el relojero socialista Julián Bayona o el comandante Paisán, con otros reales como fueron los generales Mola y Dávila, inteligencias grises de la sublevación militar o el músico Antonio José, asesinado tras producirse la misma. Entre todos ellos, también un visionario, el penitenciario de la Catedral, don Cosme Herrera, que tiene la extravagante idea de que el Purgatorio escrito por Dante no es, a diferencia del Infierno y el Paraíso, ni literatura ni teología, sino un detallado libro de viajes, crónica del que realizó el propio Dante a tal ilocalizado lugar. y lo que es más, que existe una puerta o vórtice para acceder a él dentro de la catedral de Burgos, junto a la tumba del arcediano Villegas, por lo que él mismo pretende viajar a esa dimensión a través de ella, liderando una expedición cívico-militar.

Irónica, nostálgica, alternativa, incisiva... No se trata, desde luego, de lo que se conoce en modo estricto, como una "novela histórica". Tampoco, claro está, de una de fantasía. En realidad es una novela que trasciende cualquier género y en gran medida eso se debe a lo estupendamente que está escrita: la prosa, trabajada con maestría, resulta de una exquisita claridad y contribuye no poco a que la lectura de esta novela -que ya digo va más allá de la ortodoxia de la novela histórica al uso- sea una delicia. Posiblemente nos encontremos ante una muestra de la mejor ficción que se ha escrito en España en lo que va de siglo XXI. Mucho más que recomendable para todo el mundo.


Otros libros de Óscar Esquivias en Un Libro al Día: Jerjes conquista el marAndarás perdido por el mundoViene la nocheLa ciudad del Gran Rey

martes, 17 de junio de 2014

Rafael Argullol: Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable







Malos tiempos para escribir libros como este. Sin embargo ahí está la producción completa de Rafael Argullol, publicada por una editorial prestigiosa y cautivando con facilidad a todo el que, como yo, buscan –más allá de lo trillado– aprender de los actuales pensadores, sumergirse en reflexiones algo más enjundiosas de lo habitual aunque sin el marchamo de lo académico, conocer lo que producen esas mentes que ante todo necesitan expresarse sin atender a componendas comerciales ni guiarse por sensatas cifras de ventas. Por mi parte, y tras disfrutar lo indecible con este volumen de artículos conectados entre sí por el análisis de la intransferible experiencia del hecho artístico, me he propuesto conocer más a fondo a este veterano escritor, cuya extensa lista de ensayos, poemarios, novelas y trabajos de difícil clasificación difícilmente puede llegar al gran público.

Veintidós artículos cuyo recorrido no es apresurado pero sí esquemático, sin esta capacidad de síntesis sería imposible condensar tanto contenido en un puñado de artículos de alrededor de una decena de páginas. Su pretensión es integradora, simbiótica. Amparado en los polifacéticos modelos renacentistas, las influencias de toda índole se acumulan para precipitarse luego, a modo de cascada, en un intento de abordar organizadamente el cosmopolitismo actual. Es verdad que, en ocasiones, desearíamos que se demorase más, pero recrearse, puntualizar o ampliar las explicaciones significaría modificar por completo un formato tan eficaz como este.

Guiado por un bagaje cultural tan profundo como extenso, Argullol sabe arrojar una luz nueva sobre la cultura occidental, revelar la cara oculta o indagar en lo más hondo del hecho creativo. Resulta de lo más gratificante ir recorriendo sinuosamente sus diversos focos de atención, de Lucrecio a Balzac o Tomas Mann pasando por Goethe o Miguel Angel, de Nietzsche a los aspectos menos perceptibles del continente americano, todo ello puesto bajo la lente de su particular microscopio. Sin excluir cuestiones más prácticas ni renunciar a la crítica, como muestra en el capítulo que dedica al denostado siglo anterior:
Después de las grandes tempestades del siglo XX se propagó la bonanza de un supuesto modelo único de progreso. Sin embargo, como ha acontecido tantas veces, cuando la casa se supone más sólida es cuando se desatiende el trabajo de las termitas.”
Los temas que aborda son los que han interesado a los pensadores de todas las épocas, y que le sirven de apoyo a través de sus producciones. De El Gatopardo, La montaña mágica, El jugador, la Ilíada, La Divina Comedia, De rerum natura, El anillo del nibelungo, Fausto, entre otras, así como de muchas pinturas y esculturas, aunque aportando un enfoque más actualizado y personal. La radical separación entre hombre y naturaleza, la eterna disyuntiva entre destino y libertad, el influjo de  adicciones y debilidades en la obra de los grandes genios; la oposición entre el héroe de la literatura clásica y sus epígonos y el antihéroe de la moderna; la concepción de la lectura como viaje, -que puede parecer estático cuando se dirige al interior de uno mismo–; el carácter espectral del arte moderno, la circularidad de los asuntos líricos, como si la poesía atravesase épocas y continentes utilizando a los poetas para cumplir su misión y no al contrario; el sacrificio que el arte exige a los que se consagran a él, la magia del retrato en un espacio: el taller, y un tiempo concretos, en el que tiene lugar el secreto diálogo entre modelo, lienzo y artista; el sacrificio que el arte exige a los consagrados a ejecutarlo.

Estos no son más que botones de muestra que nos informan de lo que vamos a encontrar si decidimos embarcarnos en una aventura cuyo mayor mérito podría ser su capacidad para estimular la curiosidad, para concienciarnos de todo lo que ignoramos, para despertar la ambición por acumular conocimientos.

Otras obras de Rafael Argullol en ULAD: La razón del mal

martes, 12 de febrero de 2013

Sobre / Contra la invisibilidad del traductor

En ULAD ya hemos tratado antes el tema de la traducción y la invisibilidad del traductor, en especial en esta metaentrada de Paula sobre la lectura de textos traducidos. Sin embargo, el tema volvió a plantearse, y de forma muy acalorada, después de que una lectora muy amablemente nos sugiriera que mencionáramos el nombre de los traductores de los libros que reseñamos. En la última semana hemos debatido bastante sobre el asunto, aunque me temo que no hemos llegado a una conclusión definitiva al respecto.

Conviene decir, para evitar dudas, que todos, absolutamente todos los que escribimos en ULAD reconocemos la labor de los traductores, su importancia como transmisores culturales, el carácter creativo y complejo de su trabajo y la escasa compensación que demasiadas veces obtienen por él, tanto a nivel económico como en forma de prestigio social o reconocimiento crítico. Varias de las personas que forman parte del equipo fijo de ULAD ejercen, han ejercido o aspiran a ejercer como traductores, de forma que estamos plenamente sensibilizados al respecto.

Sabemos también, a pesar de lo que decíamos en una de nuestras entradas iniciales ("¿Qué reseñamos?") que no existe eso que allí llamábamos "la obra en sí"; ninguno de nosotros es tan radicalmente platónico como para creer que existe un Hamlet perfecto, del que las ediciones y traducciones existentes son solo una pobre copia. Por eso, sabemos también, perfectamente, que la experiencia lectora puede ser muy diferente dependiendo de la traducción manejada (uno de nosotros recordaba, por ejemplo, una traducción de Rimbaud que rimaba "castillos" con "defectillos", y hasta donde sabemos el traductor no fue encarcelado).

También somos conscientes, como decía, de que nosotros mismos en el blog hemos contribuido o continuado esta invisibilidad del traductor de que hablaba antes, no mencionándolo en nuestras reseñas, tratando los textos como si los hubiéramos leído en el idioma original (lo que sucede a veces, pero no mayoritariamente, sospecho) y por lo tanto "naturalizando" esos textos traducidos como si hubieran sido escritos directamente en español; como si Kafka hubiera escrito La metamorfosis y no Die Verwandlung).

Ahora bien, una vez establecidas estas bases y entonado este mea culpa, nuestro debate es sobre todo de índole práctica. Porque este blog, efectivamente, y así lo dijimos en la metaentrada que mencionamos dos párrafos más arriba, no reseña una edición concreta o una traducción concreta, aunque obviamente el reseñista de turno casi siempre habrá leído una única versión del texto. Más bien, en este blog seguimos el uso común que consiste en referirse a los libros en abstracto, al margen de sus accidentes editoriales o traductológicos.

(Por ejemplo, podemos decir: "He leído Ana Karenina" o "No me gusta La Divina Comedia" sin necesidad de aclarar qué edición o traducción hemos manejado, y de hecho podremos discutir sobre Madame Bovary con personas que hayan leído una edición distinta a la nuestra, o que incluso hayan leído el original francés).

En definitiva, nos enfrentamos al siguiente dilema: cómo dar a los traductores el reconocimiento que creemos, que sabemos, que merecen, sin al mismo tiempo traicionar nuestra concepción y nuestra particularidad como blog. Y como decía al comienzo, no hemos llegado a ninguna conclusión. Más bien, como pasa en las cumbres internacionales sobre el clima, nos hemos tenido que contentar con una declaración de buenas intenciones.

Dicho en otras palabras: a partir de ahora intentaremos ser más cuidadosos en mencionar a los traductores de las obras que reseñamos, aunque la forma de hacerlo quedará a discreción del reseñista. En particular, cuando citemos frases o párrafos tomados de una traducción, nos comprometemos a hacer mención explícita de la traducción empleada. Esperamos contribuir así, aunque sea mínimamente, a la tan merecida y tan deseada visibilización del traductor.

domingo, 28 de octubre de 2012

Zoom: Un brindis por Ava Gardner, de Robert Graves

Título original: A toast to Ava Gardner
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1958
Valoración: Recomendable

Hacía mucho que no escribía un "Zoom", es decir, una reseña sobre alguna pieza corta en vez de un señor libro o ensayo, pero el de hoy creo que merece la pena.

Un brindis por Ava Gardner forma parte del libro de relatos del británico Robert Graves (el célebre autor de Yo, Claudio), y que estoy alternando con novelas densas que requieren más concentración que otro tipo de lecturas (tengo a punto de caramelo la segunda parte de la Divina Comedia, hum, hum...).

El relato me ha gustado especialmente porque además de atesorar una indudable calidad literaria, narra un hecho real en el que dos de los protagonistas, el propio escritor y la actriz estadounidense Ava Gardner, son o fueron, más bien, celebridades en sus respectivos ámbitos que se hicieron (de forma improbable) amigas.

A Robert Graves, más allá de su obvia belleza y su sensualidad, le atraian de la Gardner su gran inteligencia (que no tenía por qué exhibir en su trabajo), su espíritu rebelde y algo salvaje, y su oculto lado sensible.

El relato narra una historia que sucedió durante la breve temporada que la actriz pasó con Graves y su esposa en la isla de Mallorca, pero aparte de los consabidos apuntes de gente pesada pidiéndole a la mujer todo el rato autógrafos y algunas menciones a escapadas más o menos osadas de la actriz y a su vida privada, lo que más me ha seducido del mismo ha sido cómo enlaza la relación de las dos celebrities del tinglado con una peculiar bronca entre dos socios mallorquines de una fábrica de madera. Sin quererlo, Ava Gardner ayudará a poner las cosas en su sitio entre estos dos hombres, y también habrá de por medio cierto tenderete interior que pone el punto cómico, surrealista incluso, al relato...

Sigo leyendo con interés el libro y prometo reseñar algún relato más del compendio si me deja tan buen sabor de boca como éste, que me ha recordado mucho a uno que escribió Truman Capote y en el que el divo sureño comparte protagonismo con una más terrenal e imperfecta que nunca Marilyn Monroe...

sábado, 28 de enero de 2012

Mempo Giardinelli: Luna caliente

Idioma original: español
Año de publicación: 1983
Valoración: Muy recomendable

Esta es una de esas novelas que no recuerdo cómo llegaron a mis manos: la encontré la semana pasada en mis baldas, y ni siquiera recordaba si la había leído o no. A lo mejor la compré en su momento porque me llamó la atención el nombre sonorísimo del autor (Mempo. Giardinelli. Mempo Giardinelli), o su título, Luna caliente, que anuncia de forma muy adecuada una trama al estilo de Fuego en el cuerpo; o porque es una novelita corta, de unas 150 págians con letra grande y muchos espacios... No creo que fuera por la portada kitsch de la edición de Alianza, en unos tonos grises y rosas que no hacen justicia en absoluto a la crudeza del texto.

En fin, que la compré por lo que fuera; me la encontré en la balda la semana pasada y decidí leérmela. Y chico, qué gustazo. Luna caliente es, efectivamente, una novela negra "con ribetes eróticos", como se suele decir, situada en un tórrido verano en el Chaco argentino. El protagonista, el joven Ramiro Bernárdez, se ve arrastrado a la pasión y al crimen por la irresistible lolita / femme fatale de turno, la niña Araceli (¡trece años!), en el ambiente corrupto y opresivo de la dictadura. Las primeras cincuenta páginas de la novela son apabullantes, precisas, agobiantes. La historia tiene un aire de inevitabilidad casi demoniaca; el estilo es preciso y concentrado, sin desfallecimientos; casi podemos sentir el calor, la sensualidad animal que invade a los personajes. Nos parece, sí, estar viendo una película clásica del mejor cine negro americano. La trama incluso contiene algunas sorpresas y personajes memorables, como el inspector Almirón o la propia Araceli, incomprensible y casi sobrenatural.

Luego, la novela tiene algunos pocos descarrilamientos que hacen que me decida a no ponerle el "Imprescindible"; quiero decir que si Mempo Giardinelli hubiera sido mi amigo y me hubiera dejado leer la novela antes de publicarla, le habría dicho: "Esta es una obra magnífica, impresionante, eres un grande; pero, por favor, quita esos cuatro o cinco párrafos de erudición libresca que no vienen a cuento". Porque, sí, Ramiro Benítez es un hombre educado en París y por lo tanto culto y leído, pero no tiene sentido que en plena fiebre sexual y criminal se ponga a pensar que "Primero fue De Quincey [...] y luego Dostoievski, los que señalaron que los humanos, en alarde de cinismo o de ociosidad, gozamos con el crimen"; o que acosado por el remordimiento, el miedo y la culpa se ponga a pensar en la Divina Comedia, a metaforizar con Paolo y Francesca y a hacer juegos de crítica literaria. Ahí, en esos pasajes, amigo Mempo, te has dejado llevar por tu orgullo de escritor y has puesto una pequeña mancha en la novela.

Pero vamos, es una mancha pequeña, casi mínima. Luna caliente sigue siendo una novela excepcional, magnífica por su ambientación y por su tensión casi constante; por su retrato de un individuo corrupto en una sociedad corrupta; y por su estilo concentrado y riguroso (descarrilamientos aparte) que nos llevan de la mano a un mundo sucio en el que no nos gustaría vivir, pero que resulta de lo más seductor.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Zoom: "La migala", de Juan José Arreola

Idioma original: español
Año de publicación: 1952
Valoración: Imprescindible

"La migala", que forma parte del libro Confabulario de Juan José Arreola, tiene la rara virtud de aunar un estilo implacablemente preciso, con una trama implacablemente precisa, y todo ello en apenas cincuenta líneas. No puede llamársele estrictamente historia de terror, ni cuento romántico, ni relato de suspense, aunque tiene un poco de todas esas cosas. El narrador, torturado por el abandono de su amada Beatriz (esto no se dice, solo se insinúa), decide comprar una migala (una espantosa araña venenosa) en un mercado cercano, y soltarla en su propia casa.

Lo que sigue, escrito con un estilo solo ligeramente barroco, pero absolutamente eficaz, es la descripción del infierno (voluntario) en el que vive el narrador desde entonces: la espera de la muerte o del sueño; la incertidumbre; el recuerdo del amor perdido. Parece increíble que en tan poco espacio pueda caber tanta tensión (vital, narrativa, lingüística). Resulta difícil no pensar en Borges, y recordar que la amada del narrador de "El Aleph" también se llamaba Beatriz (podría ser una casualidad, porque las dos tienen un antecedente común: la Beatriz de Dante y La Divina Comedia).

Arreola tiene otros cuentos magníficos, no cabe duda (aunque Bestiario, en general, me decepcionó). Pero el día que escribió "La migala" está claro que le visitó una inspiración distinta: una musa oscura, retorcida y poderosa. Habré leído este cuento decenas de veces, pero me sigue impresionando la destreza con la que está escrito, la capacidad que tiene para, sin contar prácticamente nada, introducirnos en un mundo angustioso y desolador.

sábado, 2 de julio de 2011

Jean Genet: Ella

Idioma original: francés
Título original: Elle
Año de redacción: 1955 (representada y editada en 1989)
Valoración: Recomendable

Jean Genet, otro personaje fascinante de la literatura del siglo XX (como se puede ver en su Diario del ladrón): hijo de una prostituta y de padre desconocido, abandonado luego y adoptado por una familia de carpinteros; ladrón, convicto, "prostituto"... pero también genio brillante, renovador teatral, activista... Varias vidas, fundidas en una sola. Su obra, cargada de crítica a la hipocresía y a la corrupción de la sociedad, están escritas con un estilo en el que lo poético y lo metafísico alterna con lo sórdido, lo escatológico, lo pornográfico.

Ella es en cierto modo reflejo de esto último, aunque no sea tan ácidamente destructiva como El balcón o Las criadas. El personaje a quien hace alusión el título, Ella, es en realidad "Su Santidad", o sea, el Papa. Pero no esperéis encontrar en esta obra una feroz crítica de la Iglesia, ni como dogma ni como institución. Aunque hay algunas escenas que a algunos creyentes (los más "papistas") les puedan parecer insultantes -como ésa en la que Su Santidad propone que le fotografíen cagando- lo cierto es que esta es más una obra metafísica que social; en vez del Papa, podríamos haber estado hablando del Rey (cualquier rey) o del Emperador (cualquier emperador) y el resultado habría sido similar.

Porque el tema fundamental en Ella es la separación entre realidad e imagen; entre materia y símbolo. "Ella", Su Santidad, el Papa, quiere ser fotografiado para que su benéfica influencia se reparta por el mundo en forma de octavillas; pero al mismo tiempo, él, y su camarlengo, son conscientes de que su verdadera esencial "divina" es inapreensible: cuando "Ella" no está presente, es posible creer en ella; cuando se lo tiene delante, se desvanece. Es posible ver al ser humano; es imposible ver al símbolo. Por eso, el Vaticano (de Genet) ha declarado al azucarillo como la encarnación perfecta del Papa: existe, pero se desvanece. "¿Un Papa? ¿Dos Papas?", pregunta el ayudante de cámara al fotógrafo delante de su taza de café.

Ella es una obra menor (una comedia en un acto, casi una nadería) frente a otras de Genet más punzantes y más perturbadoras. Pero aun así contiene descubrimientos lingüísticos y teatrales que merecen la pena y justifican su publicación y su representación. Hasta donde yo sé, ninguna de las dos cosas se han hecho en España.

También de Jean Genet en ULAD: Diario del ladrón