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sábado, 12 de enero de 2019

Walter Mosley: Traición

Idioma original: inglés
Título original: Down the River Unto the Sea
Año de publicación: 2018
Traducción: Eduardo Iriarte
Valoración: está bien


La competencia e incluso excelencia como narrador de Walter Mosley  resulta bien conocida para cualquiera que haya frecuentado su serie de novelas del peculiar investigador afroamericano Easy Rawlins o haya leído algún otro libro suyo como la desoladora El blues de los sueños rotos. En los últimos tiempos, este autor ha vuelto a ser publicado en España, con esta novela protagonizada por el detective, ex-presidiario y ex-policía de Nueva York Joe King Oliver, y por la que ha recibido un sustanc... perdón, prestigioso premio del género negro (más aún en este caso), policíaco o como-se-quiera-decir.

Las comparaciones son odiosas, incluso entre libros y personajes del mismo autor, pero cabe decir que este neoyorquino Oliver del siglo XXI es bastante deudor del Rawlins de los años 50 en Los Ángeles; ambos son buenos tipos que se ven obligados, a veces, a bordear e incluso transgredir la ley. Los dos cuentan con la ayuda de un compañero que no sólo la transgrede, sino que incluso puede considerarse un verdadero psicópata: su viejo amigo Mouse, en el caso de Easy R.,  el diabólico y elegante atracador-relojero Melmorth Frost, en éste que nos ocupa. Los dos, en el transcurso de sus investigaciones, suben a los más altos palacios y descienden a las más bajas cabañas, por decirlo así... Y los dos (no sé si es algo intencionado o un tic inevitable del escritor) tienen cierta fijación por los colores, tanto -y sobre todo, aunque no sólo- por la piel de sus interlocutores como en general.

Dicho esto, hay que admitir que si bien Mosley no ha perdido su eficacia narrativa, como ya he mencionado, quizá sí su "ángel" o "duende", ese punto que convertía sus novelas en originales y diferentes. En esta Traición sabe combinar dos tramas detectivescas -la del propio caso que llevó a la cárcel y a la expulsión del cuerpo de policía a Oliver, y la investigación que trata de exonerar del corredor de la muerte a un activista político-, que se van trenzando a lo largo de todala historia; ahora bien, he de confesar que en algún momento he tenido que volver atrás para recordar si tal o cual personaje que se mencionan pertenecían a una o a la otra... Tampoco me convenció, en un primer momento, la presentación tanto de los protagonistas como de los casos que los ocupan; me parecía estar leyendo el guión de alguna serie televisiva de detectives con todos los tópicos del género (de hecho, creo que se está preparando una adaptación para la tele); ahora bien, cuando la novela toma cuerpo y, sobre todo, vira por fin hacia el hardboiled la cosa mejora bastante...

También he de reconocer, siendo honesto, que seguramente mi impresión de esta novela se encuentra condicionada por el magnífico recuerdo de anteriores libros de este escritor. Quien no haya leído ninguno puede pasar con este un rato, si no agradable -se describen escenas poco edificantes-, desde luego suficientemente entretenido.


Otros títulos de Walter Mosley reseñados en Un Libro Al Día: El demonio vestido de azul

miércoles, 11 de marzo de 2020

Juan Díaz Canales & Juanjo Guarnido: Blacksad integral




Idioma original: francés
Título original: Blacksad, l'intégrale
Año de publicación: 2000-2013, como historias independientes; 2014, reunidas en este volumen
Traducción: supongo que los propios autores
Valoración: recomendable

Si hay algún personaje típico y tópico en literatura, en este caso de cierto gérnero, és el del consabido detective privado de la novela negra (o noir, como se dice últimamente, porque suena más guay).Por ma´s que después hayan aparecido decenas o , yo qué sé, cientos de variantes del mismo, el modelo del private-eye sigue siendo el que trazaron hace muchos años Hammett y Chandler: un tipo duro y desencantado, pero no exento de cierta integridad, de un código ético propio al que es fiel, y que sin más protección que su gabardina y su perspicacia algo cínica, se mueve entre los malotes, tanto de los bajos fondos como de las altas esferas, confiando por igual en su inteligencia como en sus puños para resolver el misterio que le han encargado investigar. Un modelo digamos opuesto (quizá no tanto o no siempre) al detectyive puramente cerebral que representan Sherlock Holmes o Hercules Poirot.

Se trata de un modelo, ya digo, firmemente asentado en el imaginario popular, pero que a veces cuenta con curiosas variantes; por ejemplo, en el caso de este cómic, el detective John Blacksad  es un gato -casi- negro. Mejor dicho. es un tiarrón con cabeza de gato, de igual forma que sus partenaires erótico-afectivas también son esculturales chicas con rasgos felinos, etc. En fin, que todos los personajes son zoomorfos y ahí reside, en buena parte, la gracia de estas historietas (lo escribo en plural porque el libro es una recopilación de las aventuras de este personaje, que ya fueron editándose como álbumes independientes o como parte de otras publicaciones). Los personajes, por tanto, tienen anatomía humana pero cabezas, o al menos rasgos, de animales. Aunque éstos tampoco han sido repartidos al azar, sino siguiendo criteerios basados en las supuestas "cualidades" o "defectos" que la tradición otorga a los bichos en cuestión, o las actividades a las que les hacemos dedicarse; así, los policías son perros; los matones, gorilas o rinocerontes , asesinosy sicarios, reptiles; los sabios, búhos, etc... Esta humanización de los animales (o animalización de los humanos, según se mire) no es en absoluto una novedad en el cómic y la novela gráfica: recordemos, sin ir mñás lejos, la albadísima Maus o El gato Fritz, de Robert Crumb. Aunque o que nos viene a todos a la mente, supongo,  son tantos personajes de Disney... justamente la compañía para la que ha dibujado durante años Juanjo Guarnido, así que hemos de convenir que sabe lo que hace...

Por lo demás, las aventuras que nos cuentan en este volumen integral -cinco historias largas más dos cortitas, de tan sólo un par de páginas- son bastante típicas del género negro: resolver el asesinato de una antigua amante, el secuestro de una niña, encontrar a un músico desaparecido, etc., pero se van enredando e implicando a poderes superiores o secretos ocultos del pasado. Los casos se desarrollan en los años 50, en diferentes lugares de los EEUU -Nueva York, Nueva Orleans, Texas...- y aparecen personajes más o menos característicos de esa época: beatniks, músicos de jazz, estrellas de cine, científicos y supuestos espías comunistas... En uno de los mejores capítulos, quizá por resultar más actual, Nación Ártica, encontramos un grupo racista así llamado, trasunto del KKK y enfrentado a los Black Claws, formado por animales de pelaje negro. Esta referrencia distintos colores y gamaas cromáticas es una constante ua desde el título de casi todas las historias -Un lugar entre las sombras, Arctic-Nation, Alma Roja, Amarillo- y recuerdan un poco a los títulos -también al contenido, aunque aquí es más light, de las novelas de la serie de Easy Rawlins, de Walter Mosley.

De todas formas, lo más destascable de las historietas protagonizadas por el detective Blacksad, además de los estupendos guiones de Díaz Canales, sin duda son las prolijas ilustraciones de Juanjo Guarnizo dotadas de un trazo sumamente elegante sin perder dinamismo, una composición narrativa perfecta y un color administrado con gusto exquisito; no se puede sino otorgarle un 10, en todos los aspectos. Por ceirto, que el propio Guarnizo ha asegurado en alguna ocasión que, tras la publicación de su último y receinte álbum, El Buscón en las Indias, volverían las aventuras de este gatuno detective. A ver si tenemos suerte y cumple su palabra...

Un último apunte, sobre el idioma original de este cómic: siendo sus dos autores españoles, cabe suponer que los guiones fueron escritos, en principio, en castellano, pero se publicaron antes en Francia, por Dargaud, por lo que el fracés es la lengua que consta como original, aunque con una traducción, imagino, de ida y vuelta.



lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

John D. MacDonald: Pesadilla en rosa

Idioma original: Inglés 
Títulos originales: Nightmare in pink
Traductor: Mauricio Bach 
Año de publicación: 2016 
Valoración: Está bien 

 Pesadilla en rosa es una novela policíaca protagonizada por la gallinita de los huevos de oro de John D. MacDonald, el detective Travis McGee; la segunda de las veintiuna que hay en total. La trama presenta un misterio bastante intrigante, pero que se desarrolla con excesiva lentitud. No es hasta las últimas cincuenta páginas que la historia gana fuelle, y que las tres cuartas partes del libro que precedieron a este adrenalínico pasaje se focalicen en muchos temas no ligados directamente con el conflicto no ayuda a que nos inquietemos por lo que en ellas ocurre. 

 Me considero un lector paciente. Si el escritor me convence de que vale la pena esperar, no tengo ningún reparo en concederle mi tiempo. Disfruto de las reflexiones que los autores de novela negra cuelan constantemente en sus historias: me gusta entrever, en ellas, como en las de cualquier otro género, crítica social, disgresiones morales, párrafos dedicados a lecciones de vida, retazos metaliterarios, etc... Sin embargo, cuando se me lleva de un lado a otro sin justificación alguna, no me lo tomo demasiado bien. 

 El ritmo de Pesadilla en rosa se ve entorpecido por las constantes incidencias del autor. No es como la sutil y pertinente intromisión de Walter Mosley ridiculizando el racismo. No es como el desvío intencional hacia la cotidianidad de Patricia Higsmith para dotar a los momentos extremos de mayor contraste. En este libro, John D. MacDonald se pierde hablando de las relaciones, del amor, sobre todo del amor, de las diferencias entre clases sociales, del hombre o mujer de negocios como depredador... Y así todo el tiempo. 

 O al menos eso parece. Porque si uno no lee este libro como una novela negra (menos todavía como una al uso), si uno se deja seducir por esos aparentes desvaríos que acaban siendo el eje central de la novela, si se ve a la investigación como un mero pretexto que los propicia y no un argumento que debería haber sido más tangible, Pesadilla en rosa es muy disfrutable. 

 Sobre todo, porque explora al personaje de McGee abiertamente, sin restricciones; se enfoca en su visión del amor, del sexo, de las mujeres. Y, ya de paso, disecciona (aunque muy por encima) a una sociedad y un contexto histórico, poniendo a parir a los grandes magnates y sus cuestionables métodos en pos del beneficio. Y de qué manera. 

sábado, 23 de enero de 2016

Colaboración: El demonio vestido de azul de Walter Mosley

Idioma original: Inglés
Título original: Demon in a blue dress 
Traductora: Rosa Corgatelli
Año de publicación: 1990
Valoración: Está bien


Subestimé este libro. Hay ciertos aspectos que invitan a hacerlo, sobre todo si la lectura que se hace de él es superficial. En primer lugar, la trama. No está cargada de los vertiginosos giros argumentales que tanto abundan en las buenas historias de novela negra. En segundo lugar, el autor de El demonio vestido de azul reincide en varios tópicos del género, y eso que la novela solamente tiene 255 páginas.

Sin embargo, igual que las grandes obras literarias (aunque ésta no se pueda tildar como tal), El demonio vestido de azul transpira algo más que la mera narración de un argumento. Es un testimonio de época. Aborda un contexto histórico concreto: los EE.UU. en 1948, tras el loco periodo de la Ley Seca. ¡Y desde la perspectiva de un hombre de color! Nos muestra la descarnada realidad de la gente negra, todavía víctimas de la resaca racial y del absurdo sentimiento de superioridad de sus coetáneos blancos. En este paisaje histórico, la belleza del jazz convive con la oscura suciedad de los garitos ilegales en los que se toca. El amor y la tolerancia son tan presentes como la injusticia y la brutalidad policial.

DeWitt Albright contrata a Easy Rawlins, el protagonista, para encontrar a Daphne Monet. A pesar de que DeWitt Albright causa una mala impresión a Easy (el tío parece la clase de hombre que coquetea asiduamente con el crimen), nuestro protagonista se encuentra sin trabajo y tiene una hipoteca que pagar. Además, al principio, su misión parece fácil, una forma de ganar dinero sin hacer grandes esfuerzos. Pero Easy no tarda en comprender que está metido hasta el fondo en algo sumamente peligroso. Algunos asesinatos empiezan a enturbiar Los Angeles, y parecen estar relacionados de algún modo con la misteriosa mujer a la que persigue.

Para redondear esta reseña diré que he leído algunos libros más del ciclo de novelas policíacas que el autor ha dedicado a Easy Rawlins. Hasta donde yo he llegado, cada nueva entrega va "in crescendo". No dudaría en valorar, al resto de libros protagonizados por Easy, de recomendables. En ellos, los personajes, que al principio confundí con meros arquetipos, se matizan y adquieren un relieve de lo más interesante. Las historias aumentan gratamente en complejidad. Y la cobertura histórica deja de focalizar un único año (el 1948 de El demonio vestido de azul) para abarcar el período de las décadas de los cincuenta y sesenta vividas por la comunidad negra de Los Ángeles.

Firmado: Oriol Vigil