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sábado, 17 de octubre de 2009

Vasili Grossman: Vida y destino

Idioma original: ruso
Título original:
Жизнь и судьба
Año de redacción: 1959
Valoración: está bien > recomendable > muy recomendable

Escrita en 1959, pero nunca publicada en vida del autor (que murió en 1964), Vida y destino sufrió el destino de tantas obras prohibidas por motivos políticos durante el siglo XX: el manuscrito fue confiscado, al igual que las copias mecanografiadas existentes, y su autor fue igualmente reducido al ostracismo -aunque no detenido ni juzgado-. En 1980 se publicó una primera edición de la obra en ruso, fuera de la Unión Soviética; en 1988 la obra por fin pudo publicarse en Rusia. En español, existen dos traducciones: una realizada a partir del francés, publicada en 1985, y otra más reciente, de 2007, traducida esta vez desde el ruso y publicada por el Círculo de Lectores, con una notable acogida de crítica y público. Desde sus primeras ediciones, se ha convertido en un tópico comparar Vida y Destino con Guerra y Paz (Martin Amis por ejemplo llama a Grossman "el Tolstoi de la URSS" en La casa de los encuentros).

Vida y destino narra -entre muchísimas otras cosas- los destinos de los distintos miembros de la Sháposhnikov, con la Batalla de Stalingrado como trasfondo épico (aunque el autor se encarga de desbaratar toda posible épica de la guerra). Un problema con el que se encuentra el lector cuando empieza la novela -algo que pasa en muchísimas novelas rusas- es que hay demasiados personajes -a los que encima se refieren con nombres distintos: nombre, apellidos, apelativo cariñoso... Hay tantos personajes, y el foco cambia tan rápidamente de una ubicación a otra (un campo de trabajo en Rusia; el frente de Stalingrado; la retaguardia; un campo de concentración nazi...) que resulta imposible seguirles la pista a todos, y para la página 100 uno tiene que aceptar la idea de no saber quiénes son exactamente esas personas a las que les pasan cosas. Durante las siguientes 200 o 300 páginas, la confusión se mantiene. Después, a base de repeticiones, algunos nombres comienzan a fijarse en la memoria, y las historias familiares (las del comunista Krimov, el coronel Novikov, el científico Shtrum) adquieren claridad y fuerza.

Por este motivo, entre otros, Vida y destino es una novela que mejora a medida que avanzan las páginas. Implacable con su retrato de la bajeza moral de los mandamases soviéticos (no extraña que la novela fuera secuestrada por la KGB) y de la brutalidad de toda guerra, la narración gana patetismo a medida que avanza, y las historias de represión, injusticia, abuso de poder, hipocresía y fanatismo van haciéndose cada vez más opresivas y densas. Cuando se vuelve la última de las 1100 páginas del libro, se tiene la clara impresión de haber asistido a algo muy grande (y no me refiero sólo al tamaño).

También de Vasili Grossman en ULAD: Todo fluye

viernes, 11 de enero de 2019

Tara Westover: Una educación

Idioma original: inglés
Título original: Educated. A memoir
Traducción: Antonia Martín (ed. castellana) / Salvador Company Gimeno y Anna Torcal Garcia (ed. catalana)
Año de publicación: 2018
Valoración: recomendable

Bien es sabido que, últimamente, existe cierto interés en el sector editorial en buscar historias personales que conmuevan al lector, que causen impacto, que dejen huella y, quién sabe si también, tengan una salida para una adaptación a las pantallas porque en el fondo, en la mayoría de casos, se busca rentabilizar un producto. Y se vuelcan en la promoción. Hay veces que sí, que el bombo que se le da está justificado, pero hay veces en las que no está tan claro y, en este caso, no sé si el hype que se le está dando a este libro está al nivel de la obra. Pero veamos mejor el por qué.

Este libro, autobiográfico, narra la vida de la autora, Tara Westover, nacida en un Clifton, Idaho, un pueblo pequeño que, por aquél entonces, tendría unos doscientos habitantes. Por si esas condiciones no causaran poco hermetismo, ella nació en una familia mormona fundamentalista, en un entorno donde el padre ejercía una disciplina férrea y autoritaria bajo el pretexto de seguir los dictámenes de Dios. Así, nacida y criada con reglas muy estrictas y una excesiva aversión a la evolución, los hijos nunca tuvieron la posibilidad de ir al colegio (a excepción de los hermanos mayores, que pudieron ir antes de que el padre radicalizara su discurso) y toda formación debía ser autodidacta, para evitar caer en manos de los Iluminados (tal como su padre denomina a los profesores). El recelo a las instituciones, no únicamente era respecto a las escuelas, sino también a los demás entes estatales, incluyendo un rechazo completo a médicos (pues la vida está a merced de lo que dictamine Dios) u otros organismos. En este ambiente cerrado, hermético y claustrofóbico, la idea de su padre era que ellos debían saber hacer todo lo necesario para salir adelante (tareas del hogar, crianza, construcción, o ejerciendo de curandera y partera en el caso de su madre, aún y haciéndolo sin estar titulada para ello). La familia debía estar preparada para cuando llegaran los «Días de la Abominación»; debían estar listos para ello y ser autosuficientes.

En este ambiente se desenvuelve la historia, narrando la vida de la autora en estas condiciones extremas, exigentes y despiadadas. Y la consecuencia de ello es inmediata, pues la culpa y los remordimientos aparecen en la joven Tara cuando decide tomar alguna decisión en contra de la voluntad del padre. Se siente mala hija, siente que le ha decepcionado, por mucho que a ojos ajenos o del que lo lee desde la distancia pueda parecerle inconcebible. Es el resultado de años de presión, de represión, de censura, de hacerla sentir culpable por aquello en lo que difiere de la creencia familiar. La culpa y la vergüenza por no aceptar que ciertas decisiones recaigan a manos de los designios divinos, sino que deben recaer en uno mismo.

Estructuralmente, la novela se divide en tres grandes partes (infancia, juventud y madurez), donde se relata la trayectoria vital de la autora. A pesar de que la historia está bien hilvanada, sin grandes saltos temporales ni idas y venidas en el tiempo, el resultado de las diferentes partes es bastante desigual. Cabe decir que el libro empieza fuerte, pues la autora nos traslada de golpe en ese ambiente opresivo, estricto, duro, agresivo y despiadado, donde el maltrato físico y psicológico es constante. Ese principio es muy bueno, pues nos introduce de lleno en la historia de manera directa. Pero, una vez superado el impacto, y habiendo conocido por la durísima situación que tuvo que pasar la autora en su infancia, la reiteración de escenas, el exceso de situaciones conflictivas, y el abuso de experiencias traumáticas bastante similares lastran el ritmo narrativo. Esta primera parte ocupa unas doscientas páginas, y me atrevería a decir que sobran la mitad de ellas. Afortunadamente, superada la mitad del libro, el ritmo aumenta, vemos cambios en la vida de la autora, vemos una ventana al sol, una puerta de salida, un despertar. Ahí sí, la narración atrapa y te lleva a animar a la autora en su lucha, su fuga, su escape. Y con ese ímpetu in crescendo, llegamos a una parte final, donde la autora toma consciencia de gran parte de los traumas ocasionados por su padre (principalmente) durante esa terrible infancia, pero, lamentablemente, en esa parte más reflexiva y consciente, la autora parece que no acaba de encontrar el tono narrativo; es algo justificable, pues son memorias relativamente recientes, y puede que, al ser así, la autora no tenga claro qué enfoque quiere darle y en esa duda pierde el tono y la estructura, quedándose un poco a medio camino, en un final algo atropellado y no muy bien resuelto.

En una época en que cada vez estamos más acostumbrados a libros escritos en base experiencias personales (la famosa narración del yo), cuesta ya sorprender al lector o atraparle en el relato; cuando un libro autobiográfico se sustenta principalmente en la historia narrada, pero no ofrece una calidad narrativa de muy alto nivel y además tiene partes tan irregulares, es difícil que la historia aguante las casi quinientas páginas del libro. Bien es cierto que hay párrafos interesantes y fragmentos que te hacen reflexionar, pero la reiteración de algunas escenas y situaciones causan cierto cansancio lector. Aun así, a pesar de ello, es un libro recomendable si tenemos en cuenta el escenario que nos plantea, la valentía y la denuncia  de la autora hacia su propia familia, y los estragos que sobre la sociedad causa una creencia extrema, sesgada y malinterpretada de la religión, pues, cuando se cae en extremismos, uno pierde el sentido de la realidad y con ello, deja decisiones vitales en manos de una creencia, una religión o una interpretación personal de la misma que deja que la vida y el futuro de uno quede en manos ajenas, eliminando así cualquier responsabilidad sobre lo que ocurre ni capacidad de influir en el propio futuro.

Por todo ello, y a pesar de los aspectos menos logrados, el libro es interesante por el retrato sociológico que hace de una parte de la sociedad que interpreta de manera extrema la religión y hace de ello su modus vivendi; en este aspecto la autora ya aclara de entrada que su propósito no es criticar al mormonismo per se. De hecho, se desmarca en gran parte de este análisis estrictamente teológico, porque más que una crítica a la religión, el libro trata sobre lo que ocurre cuando se junta una interpretación extrema de la misma con la dureza y rigidez de un padre, de férrea disciplina y creencias y la educación e ideas que transmite a sus hijos, de manera continua, dura, cruel y autoritaria, menoscabando su libertad de pensamiento y acción, limitando su capacidad de decidir, hasta el punto de acabar auto infringiéndose su propio castigo.

Más allá de una interesante y gran historia de autosuperación, valentía, y despertar vital, la autora expone en este libro, a través de su historia personal, una crítica a los religiosos extremos, a aquellos que ligan completamente su vida y su destino a un Dios (o a la interpretación que dan a la religión) que rige y destina cada uno de sus actos. Ubicando la religión y Dios como centro de todas las decisiones, no únicamente se pone el destino en sus manos, sino que se aparta la responsabilidad de uno mismo para con su propia vida. Y si no somos dueños y responsables de lo que nos ocurre, aún y aceptando que el azar existe, si no elegimos, participamos y nos cuestionamos sobre nosotros mismos y nuestro entorno, ¿podremos realmente conocer quiénes somos? Hacerlo sí sería una toma de consciencia, un aprendizaje, una verdadera y provechosa educación.

jueves, 1 de junio de 2017

Karl Ove Knausgård: Tiene que llover

Idioma original: Noruego
Título original: Min kamp. Femte bok.
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Año de publicación: 2010
Valoración: imprescindible

El quinto volumen de «Mi lucha» nos narra catorce años de la vida del autor, empezando con un joven Knausgård a la edad de diecinueve años, en los días previos a su entrada en la Academia de Escritura. A pesar de la euforia por iniciar sus primeros pasos como escritor, la soledad con la que se encuentra a su llegada a Bergen le causa cierta sensación de desasosiego. En una localidad desconocida, se encuentra perdido en medio de la ciudad y las dudas azotan la aún adolescente personalidad de Karl Ove. Son momentos de desolación, de inquietudes y de incertidumbres. Es la edad de la postadolescencia, esa época donde nos tomamos cada acto, cada decisión, como si fuera la más importante de nuestra vida; como si aquello que elegimos no tuviera vuelta atrás y cada suceso signifique algo irreversible y trascendente. El autor nos lleva a esa época donde las inseguridades afloran en cada elección que escogemos, y tememos que la vida que deseamos se nos escape por no haber tomado las decisiones adecuadas. Una edad donde uno no encuentra su lugar en el mundo y se siente algo perdido pero, a la vez, una edad donde uno se siente capaz de todo a pesar de que las circunstancias te venzan día sí, día también. Son días de flirteo con las mujeres, la música y el alcohol, en una vorágine de euforia hasta que la realidad se encarga de provocar un aterrizaje no siempre deseado.

Superados esos primeros años, el autor sigue su evolución: empieza a leer clásicos, a interesarse en la filosofía y la historia; ya no lee para distraerse sino para descubrir, para enriquecer esa inquietud que ha despertado en su interior en forma de necesidad de conocimiento. Hay mucha literatura en este volumen; nos habla de Hamsun, Proust, Joyce como referencias, pero también menciona Thomas Mann o Stieg Larsson. El autor se empapa de ella para buscar su propio estilo, encontrar el camino hacia una habilidad que sabe que posee pero que no se manifiesta por más que lo intente. Es la edad crítica donde su don tiene que surgir, y el autor no duda en volcarse con ello, a pesar de tener un carácter que no siempre le va a favor. Así, somos testigos de su nacimiento y evolución como escritor, y de las grandes frustraciones evidenciadas tras múltiples rechazos.

Como es habitual, Knausgård sabe cómo describir la cotidianeidad y lo hace de forma que te rodea, te cerca, te sitúa en el centro de la historia y te arrastra hacia dónde quiere, como una espiral con la realidad como destino final. Su narración es envolvente hasta tal punto que te ubica en el centro y te detalla cómo siente, cómo ve, cómo oye para que tú veas su vida con sus propios ojos. Y así, en un acto reflejo,  te implica hasta tal punto que provoca que tú te enfrentes también a tus propias decisiones y revises tu pasado, juzgándote a ti mismo a través de sus experiencias. El autor llena los espacios con tantas partículas de realidad que cuando uno se da cuenta se ve rodeado de ellos y los absorbe, los asimila, los hace propios hasta que forman parte de uno mismo; compartiendo contigo su vida construye un puente sentimental que reduce la distancia entre escritor y lector, haciendo reflotar ciertas partes de uno mismo que, por vergüenza o por olvido, yacen adormecidas en nuestro interior. Enfrentándote a tu propio yo, consigue entrar en tu vida, porque con esa lucha que transmite pone un espejo delante de ti para que tú libres tu propia batalla.

En el que probablemente sea el volumen más duro de los publicados hasta ahora, Knausgård se abre al lector y nos muestra sus inseguridades como persona pero especialmente como escritor. Nos sitúa en su mundo y nos fuerza a que tomemos partido, casi a que lo sometamos a juicio, aún y sabiendo que es probable que no compartamos sus decisiones ni comportamientos. Es honesto en su intención, es valiente en su enfoque y es transparente como el agua de la lluvia del título al exponer su vida en diminutas gotas de realidad que, en pequeñas y constantes dosis, va llenando nuestro subconsciente hasta que consigue formar parte de nuestro propio mundo interior.

En este volumen somos testigos del Knausgård probablemente más descarnado, más crudo, evidenciando más aún la ausencia de florituras o adornos. Hay mucho exceso en este volumen, pero no en detalle sino en impulsividad. Cuando Knausgård lee, arrasa con todo. Cuando bebe, es incontrolable. Cuando ama, le hierve la sangre y se siente fuerte y vulnerable a la vez, con la idea del suicidio asomando tras los pasos en falso. Hay mucha soledad, mucho dolor, mucha agonía y desespero, mucha frustración en su incapacidad para conseguir escribir al nivel que él mismo se exige. Knausgard es exigente e incluso agresivo hacia sí mismo; no se permite los errores, aunque tampoco hace mucho por evitarlos. En una lucha constante contra él mismo, su autoestima muere y renace, de igual forma que su carácter frío se vuelve abierto y desinhibido con el alcohol mientras se hunde al poco tiempo en una resaca de desmoronamiento.

Así, asistimos al volumen que probablemente otorgue más sentido al título de esta magnífica obra: «Mi lucha». Una lucha constante contra él mismo, contra su personalidad, contra su carácter inestable, contra sus flaquezas y debilidades, contra su capacidad narrativa. La lucha del que sabe lo que hay que hacer pero que es imposible que lo consiga sin vencer el propio obstáculo que supone él mismo. La solución y el problema en uno mismo, el principio y el fin de su propio mundo. Y esa soledad, tan buscada por él mismo en múltiples escapadas. Una soledad que le enfronte con su propia obra.

Solo alguien con la destreza de Knausgård puede ser capaz de escribir más tres mil páginas sobre su vida y no únicamente hacer que disfrutes, sino que aún te quedes con ganas de más. Queda ya únicamente un volumen para completar la hexología. Cuando eso ocurra, cuando su obra termine, nos dejará un profundo abismo al que nos asomaremos de vez en cuando, quien sabe si para ver en el fondo la sombra de nosotros mismos.

También de Karl Ove Knausgård en ULAD: La muerte del padre (y su contrareseña aquí), Un hombre enamorado, Fin


martes, 2 de octubre de 2018

Colaboración. Leonardo Padura: Aquello estaba deseando ocurrir

Idioma original: español.
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable

Antología de cuentos escritos desde la década de los 80 hasta algunos más recientes como “La muerte feliz de Alborada Almanza” escrito en 2009.

En esta selección se hace un recorrido por temáticas como el despertar adolescente con el descubrimiento de la vida sexual y amorosa, como “Nueve noches con Violeta del Río” (2001), en la que se mezclan la idealización del amor y la ausencia del mismo, o el cuento “Mirando al sol” (1995), donde la adolescencia se manifiesta con su crudeza amparada por el grupo y las actuaciones y descontrol tanto con las drogas y el alcohol y la violencia que puede llegar hasta el asesinato y la muerte de los protagonistas.

La distancia y el recuerdo es casi una constante en los cuentos: En “La puerta de Alcalá” (1991), el protagonista va a cumplir los dos años de “misiones” casi forzadas por el régimen del PCC en Angola. Ese tiempo de destierro donde muchos dejan sus vidas en Cuba y matan el tiempo ya sea con alcohol y en la búsqueda de cariño y sexo, pero siempre con la necesidad de volver a su Cuba en donde han dejado amigos, esposas, a veces hijos. A veces una obsesión en la que se mezcla el destino y el azar da rienda suelta al desarrollo de la narración. En Los “Limites del amor” es la misma secuencia de despedida y reencuentro. Como la lejanía hace a los seres humanos más necesitados y en búsqueda constante de afecto (y sexo).

El paso del tiempo, los personajes ya viejos, algunos vencidos por la edad y otros activos en sus profesiones, pero siempre con un pasado que permanece y que recuerdan: “Sonatina para Rafaela” (1988) o la protagonista de “La muerte feliz de Alborada Almanza” (2009), que no sabe si está viva o muerta, o si bien muerta puede realizar alguna de sus deseos en vida. Esta mezcla de ficción y realidad a veces se entrecruza en los cuentos de Padura, aunque el escenario siempre es real y dentro de un momento político y social de la Cuba de los años revolucionarios con el desencanto, pobreza, hambre y desilusión de sus protagonistas. En otras ocasiones incluye momentos de ilusión en situaciones concretas como en el Taller de literatura en "Adelaida y el poeta" (1988), donde se mezcla la realidad del poeta, coordinador y profesor del Taller con las ilusiones actualizadas pero con sabor a pasado en personas ya jubiladas y que desean ser escritores: La vida y el deseo se mezclan de nuevo.

El sexo es un elemento central  en los cuentos de Padura: en “Nochebuena con nieve” (1999) la descripción de una relación entre el protagonista y su ex-cuñada, aplazado a lo largo de muchos años, deseada por ambos que se convierte en una ceremonia de despedida cuando ella le invita a tener una relación soñada e imaginada durante años en el momento que desde ya marcharse y dejar su vida en Cuba y alejarse en busca de una vida de libertad, casi siempre en Miami, una constante también en sus narraciones. En “El cazador” (1990), describe las dificultades que tiene una persona gay en la sociedad cubana. Sexo  prohibido, pero presente y real, siempre clandestino y muchas veces castigado.

Y los cuentos donde la sensibilidad del autor está por encima de todo: en “La pared” (1989), el protagonista vive su propia infancia a través de un niño que juega en la plaza que él puede ver desde la ventana de su trabajo: se confunde protagonista y el niño, ambos peloteros, con sueños, el presente y el pasado se funde de forma dura y presente en el relato.

A veces los encuentros furtivos, espontáneos, pueden ser plenos. En “El destino: Milano-Venezia (vía Verona) (1996). De nuevo el azar y el encuentro puede darse en su plenitud, aunque la sean breves y siempre llenos de melancolía como casi todos los protagonistas de Padura.

Padura a través de sus cuentos realza y condensa el paso del tiempo de las gentes de su querida Cuba, que tan bien ha ido dibujando en las series de novelas sobre el detective Mario Conde paradigma de las dificultades de todos aquellos que permanecen en Cuba (y los que se exilian) y lo difícil que es vivir y permanecer en una Cuba que parece anclada en el tiempo.
Autor: Juan Díaz 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Entrevista: Paulo Coelho, ULAD rectifica.

Un día ya algo lejano decidimos de forma arbitraria que daríamos 
la espalda a la obra de Paulo Coelho. Lo hicimos sin mediar 
acuerdo ni someterlo a más causa que la sensación, que creíamos definitiva, de que su obra no suscitaba interés ni lejanamente comulgaba con lo que pensábamos debía ser el perfil general que entendíamos ideal en nuestro blog.
No solemos rectificar a menudo. Pero, en determinados casos, no 
toda decisión es definitiva y hemos de aceptar que obramos bajo el arrebato de purismo que creíamos justificaba una 
decisión firme y dura. Hace poco hemos sido contactados por el 
área de prensa y asesoría de Coelho, que ha detectado, a raíz de nuestra reciente explosión de visitas, que tanta y tan contundente crítica negativa está haciendo mella en sus ventas y, aunque Coelho se manifiesta (y le creemos) ajeno a las cuestiones materiales, sí que quiere que medios como el nuestro no pongan en tela de juicio su calidad como escritor, su torrente inspirador para la Humanidad y su prestigio artístico. Nos ofrecieron una entrevista y decidimos aceptar. Porque todo el mundo merece una segunda oportunidad.


Saludando a todos los hasta hoy desorientados Uladianos

A solas con Coelho


¿De verdad le parecía tan importante ser ignorado por nuestro blog? 
Esperar es doloroso. Olvidar es doloroso. Pero no saber qué hacer es el peor tipo de sufrimiento.

Y ahora que nos tiene ante sus palabras, ¿cómo se siente?Cuando una persona desea realmente algo, todo el universo conspira para ayudar a esa persona a realizar su sueño. La vida siempre fue un problema de esperar el momento correcto para actuar.

¿Profeta, salvador de la humanidad, predicador, literato?Mi Maestro decidió darme lecciones de Alquimia. Descubrí que el lenguaje simbólico, que tanto me irritaba y desorientaba, era la única manera de alcanzar el Alma del Mundo.

¿De dónde la viene esa vocación mística?En algunos momentos las personas son incapaces de entender la felicidad.

¿Se considera un elegido? ¿De Dios? ¿De la Fortuna? ¿Del Destino? ¿Del Cósmos?Ya he dicho que cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.

¿Qué le pide a la vida? 
Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena. La vida no está hecha de deseos y sí de los actos de cada uno.
¿Se han cumplido sus expectativas hasta ahora?Siempre hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cerrando ciclos, cerrando puertas, terminando capítulos; no importa el nombre que le demos, lo que importa es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya se han acabado.

¿Se considera un escritor profundo?Existe un lenguaje que va más allá de las palabras. Las cosas simples son las más extraordinarias pero solo los sabios consiguen verlas.

Sr. Coelho ¿usted se gusta?No intentes nunca gustar a todo el mundo o perderás el respeto de todos. A pesar de eso, sí que me gusto.

¿Cree que lo que hace se puede llamar literatura?Cuando escribo un libro, lo hago para mí mismo; la reacción depende del lector. No es asunto mío si a la gente le gusta o le disgusta.

¿Qué pretende conseguir cuando escribe?No soy ni un genio ni un sabio, en todo caso un “guerrero de la luz”, como todos los escritores lo son. Alguien que busca pensar, cuestionarse y reflejar su tiempo.

¿Cuál es su rutina al escribir?Coraje. Comenzando la jornada con esta palabra, y siguiendo con la fe en dios, llegarás hasta donde necesitas. Cada día escojo la verdad con la que pretendo vivir.

¿Alguna vez, puede que en sus inicios, se planteó dejar de dedicarse a escribir? En caso afirmativo, ¿qué le hizo cambiar de opinión?Todo hombre tiene derecho a dudar de su tarea y a abandonarla de vez en cuando; lo único que no puede hacer es olvidarla.. La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante. Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él. Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar. Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente.

¿El dinero es importante para usted?No fui animado a seguir la carrera de escritor porque mis padres pensaban que iba a morir de hambre. Pensaron que nadie puede ganarse la vida como escritor en Brasil. No estaban equivocados.

Se rumorea que usted publica una y otra vez el mismo libro, ¿cree que es verdad?Podemos creer que todo lo que la vida nos ofrecerá mañana es repetir lo que hicimos ayer y hoy. Pero, si prestamos atención, percibiremos que ningún día es igual a otro.

¿Cuáles son sus lecturas favoritas?Trato de rendir homenaje a grandes escritores que lograron alcanzar el Lenguaje Universal: Hemingway, Blake, Borges, Malba Tahan, entre otros.

¿Vive usted con los pies en el suelo? ¿Y sus lectores?No soy un escritor de autoayuda. Soy un escritor de resolución de problemas propios. Cuando la gente lee mis libros, provoco cosas. No puedo justificar mi trabajo. Hago mi trabajo; depende de ellos clasificarlo y juzgarlo.

¿Le preocupan las desigualdades sociales, la libertad de expresión, el cambio climático?Lo que me interesa en la vida es la curiosidad, los desafíos, las buenas luchas con sus victorias y derrotas. Pero reconozco que no existe amor en en paz: siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

¿Qué le sugieren los conceptos feminismo, racismo, homofobia?Todo está permitido menos interrumpir una manifestación de amor. Esto es la libertad: sentir lo que el corazón desea, independientemente de la opinión de otros.

Dígame una cosa: sinceramente ¿cómo andamos de autocrítica?Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan. Afronta tu camino con coraje, no tengas miedo de las críticas de los demás. Y, sobre todo, no te dejes paralizar por tus propias críticas. Los errores son una manera de reaccionar. Podemos cometer muchos errores en nuestras vidas, menos uno: aquel que nos destruye. A veces insistimos en ver la paja en el ojo ajeno y no vemos las montañas, los campos y los olivares.

¿Cuáles considera usted que son los pilares principales de la vida?El sexo, el dolor y el amor son experiencias límite del hombre. Y solamente aquel que conoce esas fronteras conoce la vida; el resto es simplemente pasar el tiempo, repetir una misma tarea, envejecer y morir sin saber realmente lo que se estaba haciendo aquí.

Usted escribe sobre temas trascendentales, ¿se debe a que teme usted a la muerte?Morir mañana es tan bueno como morir cualquier otro día.

¿Algún deseo para el año que está a punto de empezar?Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos.
¿Nada más que añadir?Nunca me cansaré de repetirlo: cuando una persona desea realmente algo, todo el universo conspira para ayudar a esa persona a realizar su sueño. El barco está más seguro cuando está en el puerto, pero no es para eso que se construyeron los barcos.

¿Puede dedicarnos algunas palabras finales? 
Corred el riesgo de ser diferentes, pero aprended a hacerlo sin llamar la atención. Todo el mundo tiene un potencial creativo y desde el momento en que puedes expresar ese potencial creativo, puedes comenzar a cambiar el mundo.

sábado, 29 de agosto de 2009

Imre Kertesz: Diario de la galera

Idioma original: húngaro
Título original: Gályanapló
Año de publicación: 1992
Valoración: Imprescindible

La primera vez que intenté leer "Diario de la galera" me costó, me pareció no entender nada, lo abandoné. Y aún así, conservé la intuición de que tarde o temprano regresaría a sus páginas.

Tiempo después, al retomarlo, sentí que este libro me estaba "salvando". Sé que es una expresión confusa pero creo que es la que mejor define lo que sentí.

Como casi todas las obras de Kertesz, esta especie de diario, de cuaderno de notas, es muy complejo, hondo, lleno de profundas reflexiones.

A partir de sus lecturas, literarias o filosóficas, y de sus vivencias, la voz narrativa nos pone unas gafas de lucidez con las que nos atrevemos a ver el mundo, la vida, la muerte... incluso eso que llamamos "sentido".

Es complicado (por no decir imposible) resumir en unas líneas "de qué trata este libro". Reproducir algunas de sus frases tampoco será suficiente para mostrar su densidad, pero es lo único que se me ocurre para contagiarles mi entusiasmo.

"(...) la realidad del hombre funcional es una pseudorrealidad, una vida que sustituye la vida, la función que lo sustituye a él. (...) nadie vive su propia realidad, sino solamente su función; nadie vive existencialmente su vida, esto es, su propio destino, que podría suponerle un objeto para trabajar en sí mismo. (...) puedes ocuparte de todos los problemas de la vida, salvo de la vida en sí como problema. La vida es, por así decirlo, un mandato. Su cuestionamiento está terminantemente prohibido por la censura."

"En la vida de un ser humano se produce un instante en que de pronto toma conciencia de sí mismo, y sus energías se liberan; a partir de ese momento podemos contar nuestro tiempo, en ese momento nacemos. La simiente del genio está en todas las personas. Pero no toda persona es capaz de convertir su vida en su propia vida, La verdadera genialidad es la genialidad existencial. Me atrevería a calificar de inútil casi todo el saber que no fuera un saber directo sobre nosotros mismos."

"Toda vida es una vida dirigida a alguien y en este aspecto -sólo en éste- tiene sentido, aunque el sentido de la vida en sí esté, por lo demás, envuelto en niebla."

"(...) la libertad es realmente un misterio, pero no el llamado libre albedrío, sino la independencia respecto a nosotros mismos, la posibilidad de distanciarnos, la posibilidad de librarnos y ser libres de nosotros mismos."

"Dios es Auschwitz, pero también aquel que me sacó de de Auschwitz. Y que me obliga y hasta me fuerza a dar cuenta de todo, puesto que quiere oír y saber lo que hizo."

"Piensa mal del arte quien considera que transmite sentimientos. El arte transmite vivencia, la (...) de vivir el mundo y sus consecuencias éticas. El arte transmite existencia a la existencia. (...) No vale conformarse con menos (...)"

En mi opinión, pocos escritores consiguen, como éste, "ensancharnos" por dentro... y, de entre sus obras, ésta es una de las más brillantes.

Otros libros de Kertész reseñados en este blog: Dossier KLiquidaciónSin destino

viernes, 31 de julio de 2015

Pär Lagerkvist: El verdugo

Idioma original: sueco
Título original: Bödeln
Año de publicación: 1933
Valoración: Muy recomendable

Pär Lagerkvist es uno de esos Premios Nobel de Literatura menos conocidos, pero muy recuperables para la causa. Para la causa de la buena literatura, quiero decir. A estas alturas preguntarse si este escritor merecía el Nobel o no es una entelequia, con la cantidad de grandes escritores que nunca lo ganaron, y la cantidad de premiados que no pasan de escritores mediocres; pero el par de obras que hemos reseñado por aquí (El enano hace ya bastante tiempo, y ahora este) dan desde luego ganas de seguir leyéndole, en especial la que está considerada como su obra maestra, Barrabás.

El verdugo (que personalmente he leído en una edición de Emecé con traducción de Fausto de Tezanos Pinto) es una novela corta en la que apenas sucede nada: en una taberna de una localidad que no sabemos cuál es, un verdugo vestido de rojo observa a los parroquianos, y todos lo observan a él. Es el apestado del pueblo, la persona con la que nadie quiere relacionarse; cuentan historias sobre él, historias sobre ajusticiamientos pasados y sobre aquellos que los sobrevivieron; discuten sobre política, sobre la vida y la muerte, sobre la existencia de fantasmas y maldiciones. El verdugo los observa, y solo al final dará su opinión sobre ese teatro que es, al fin y al cabo, la vida humana.

Esta novela (novelita, más bien) no intenta pasar por realista ni por verosímil: es, más bien, una leyenda o una parábola sobre el fanatismo, la exclusión, la violencia, la superstición, el odio... Temas que, por lo que parece, son muy queridos a su autor. La estructura del relato, que no parece tener un hilo central más allá de la inquietante presencia del verdugo, resulta sorprendente y desconcertante, aunque no por eso decae el interés del texto, fragmentado en pequeñas historias o conatos de historias.

En mi edición, "El verdugo" está acompañado por otro relato larto, "La terna sonrisa" (una melancólica reflexión sobre la vida y la muerte a través de un paseo por el más allá), y por una colección de relatos más breves, "Historias tristes", donde tienen cabida el relato fantástico, el cuento realista, la parábola (seudo)religiosa... Son relatos de una página, de dos, de cinco, de diez, muy diferentes entre sí, pero que transitan por temas semejantes a los de los relatos más extensos: la vida y la muerte, la culpa, el destino, el amor, la violencia, el poder... Y son, precisamente, lo que más me ha gustado del volumen.

Quizás El verdugo no sea lo mejor de Pär Lagerkvist; pero sí que me ha dejado con ganas de leer más, para conocer mejor el resto de su obra. Habrá que buscar El enano y Barrabás, para formarse una opinión...

También de Lagerqvist en ULAD: El enano

martes, 24 de abril de 2018

Reseña a seis manos. Vivian Gornick: Apegos feroces

Idioma original: inglés
Título original: Fierce attachments. A memoir
Traducción: Daniel Ramos Sánchez
Año de publicación: 1987
Valoración: (por estricto orden de redactado de reseña) F.B. casi imprescindible
K.C. (o algo menos)
M.P. muy recomendable


Pues si somos tres los que vamos a hablar del libro voy a tener que darlo todo en un par de párrafos. Vamos a por ello. Feminista. Pero qué necesidad hay de marcar con un término a este libro cuando cualquier término a veces implica que alguien prejuzgue o sienta rechazo o levante la ceja. Injusto del todo. Estas memorias de una escritora que no escribe ficción son merecedoras de que nadie renuncie a disfrutarlas por el caprichoso rechazo que una definición pueda generar. Gornick escribe con una contundencia y un uso de las metáforas físicas para describir sensaciones que resulta ejemplar. Muestra todas las facetas de una relación difícil con su madre y no solamente hablamos de la brecha generacional. Hablamos de un cierto bagaje humano y social, del peso no siempre fácil de llevar de las mujeres, de las mujeres judías que viven solas, sin hombres porque el destino lo quiso así, del curioso hogar compartido que pueden representar ciertos vecindarios, de los pesados vuelcos del destino (el de Nettie, personaje secundario de fuerte peso, epítome trágico del cruel camino a recorrer por culpa de una sociedad que empujaba a la renuncia a favor de una finalidad predeterminada).
Y Gornick vuelve al paseo y a esas conversaciones cíclicas pero originales, vuelve a lanzar y a recibir miradas esquivas o resignadas ante las diatribas no siempre consideradas de quien se supone que debe ser su firme apoyo en este valle de lágrimas. Dinamita cualquier sensación de moqueo sentimental y muestra las relaciones en lo complicado de su sencillez o viceversa. En algún momento he pensado si Junot Díaz o hasta Teju Cole impregnaron de aires parecidos los escenarios de sus personajes. Pero sobre todo he pensado en Lucia Berlin y ese desparpajo compartido en lidiar con la existencia mientras se piensa en cómo vivir la vida. Sensación que aún perdura. Ese es el nivel.

¡Hala! ¡Te has pasado tres pueblos! ¡Casi imprescindible! Yo lo dejaría en un recomendable alto. Vaya por delante que el libro me ha gustado; Gornick transmite verdad en su escritura y la complejidad de la vida y las relaciones en sus historias, sin caer en poses absurdas, nostalgia mal entendida o autocompasión alguna. El problema, en mi opinión, es que el libro podría haber sido otra cosa o, mejor dicho, me habría gustado más si hubiese sido otra cosa. Porque creo que el libro se puede dividir en dos partes; la primera sería la visión de la Gornick niña del mundo hoy en día desaparecido que la rodea, la segunda sería la parte de la Gornick adulta (sus relaciones amorosas, trabajo, etc).
La primera parte, esa en la que el mundo se abre a los ojos de Gornick, me parece soberbia. La certera mirada, mezcla de descubrimiento y extrañeza, de Gornick, el estilo a medio camino entre la novela de formación y el relato breve (alguna de las historias que aparece es buenísima), y el tono entre triste, melancólico y levemente humorístico del texto hacen que las páginas vuelen.
Con el cambio de perspectiva quien pasa a narrar es una Gornick adulta. El centro de la historia pasa a estar más en ella que en el exterior y la historia pierde fuelle e interés. Partiendo del hilo de su etapa de formación (porque fuimos, somos), Gornick pasa a relatar su vida, con especial hincapié en sus relaciones amorosas y la influencia que lo vivido en sus primeros años tiene sobre todo ello. Pero no me acaba de llegar, me despierta menos curiosidad y me da la impresión de leer algo ya leído. De todas formas, ya sabéis la particular relación que tengo con la "literatura del yo".
Aun así, me quedo con esa primera parte y con la impresión general de haber leído un buen libro.

¿Cómo? ¿Que tengo solo dos párrafos para mi parte? A ver como lo hago... Creo que iré al grano.
La calidad literaria de la autora es evidente; uno se da cuenta de ello leyéndola a través de las páginas, acompañándola en sus paseos con su madre, en esa sucesión de recuerdos cual álbum de fotografías, donde se percibe casi el olor de las calles de Nueva York. Y coincido, hay dos partes claramente diferenciadas, y dispares en interés. Me quedo sin lugar a dudas con la primera, una inmensa primera parte donde la autora habla de las mujeres de su vida, con su madre como figura central pero también con todas aquellas mujeres que, con sus vidas particulares, establecieron una manera de vivir que marcaron a la autora y, por encima de ellas, la ciudad, ejerciendo cual diorama, con las mujeres como actrices principales, como protagonistas, actuando como un elemento único con diferentes caras, pero con la sororidad como elemento vinculante y puente de vidas dispares. Y la relación con su madre, siempre difícil, con sus disputas constantes, sus puntos de vista en claro contraste formados a partir de múltiples pequeñas batallas cotidianas; estas disputas se convierten en elementos esenciales para entender la manera de vivir en las diferentes épocas y las situaciones que establecieron las vidas de aquellas generaciones. En este ambiente familiar, la autora se siente encerrada en su casa al ser consciente que la vida es aquello que ocurre fuera, y siente el deseo inexorable de poder exteriorizar y liberar los sentimientos, agarrándose a aquellas vías de escape que las mujeres (sobresaliendo clarísimamente Nettie) le ofrecen como grietas por donde observar la luz exterior. Una primera parte más que recomendable, casi imprescindible. 
La segunda parte es, a mi parecer, más floja; la autora nos habla de los hombres de su vida, tras varias relaciones amorosas en una búsqueda infinita de una pareja que complete su territorio sentimental, luchando por encajar en una relación que ofrezca algo más que el sexo o la comprensión. Esta parte del libro pierde algo de interés, pues entra en cierta monotonía, aunque sigue siendo recomendable.
En resumen, un buen libro con una primera parte rayando lo sublime.

También de Vivian Gornick en ULAD: Escribir narrativa personal, La mujer singular y la ciudad

viernes, 4 de octubre de 2013

Bertrand Russell: La conquista de la felicidad

Idioma original: inglés
Título original: The conquest of happiness
Año de publicación: 1930
Valoración: Está bien

“Cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de felicidad tendrá, y menos expuesto estará a los caprichos del destino, ya que si falla una de las cosas siempre puede recurrir a la otra”
“Una de las fuentes de infelicidad (…) es la incapacidad para interesarse  por cosas que no tengan importancia práctica en la vida de uno”
En una época como esta, cuando todas las grandes librerías mantienen enormes secciones de autoayuda, es bueno encontrar una obra serena, sencilla, que no da recetas mágicas pero está repleta de sentido común, escrita por una de las mentes privilegiadas que produjo el pasado siglo. Nos hemos acostumbrado a considerar la felicidad como un derecho, pero el autor, desde el mismo título, hace hincapié en que realmente depende de nosotros, de nuestra propia actitud y, por tanto, requiere un esfuerzo. Es obvio, aunque hoy día no esté de moda reconocerlo, que la felicidad hay que conquistarla. Para ello es preciso, en primer lugar, “ver la vida como un todo” y no como “una serie de accidentes inconexos” y, en segundo, actuar con constancia.

Esta insistencia en el esfuerzo puede confundir, por eso Russell se apresura a aclarar que en un mundo tan competitivo como el de entonces –sí, ya lo era, pero aún tiene más sentido en la época actual– el éxito no está al alcance de todos y, en estos casos, sería beneficioso para algunos reconocerlo primero y, si hace falta, resignarse. Ante todo, se debe priorizar, no gastar energías en batallas perdidas de antemano, guardarlas para objetivos, por su condición de alcanzables, mucho más dignos de tener en cuenta. También adquirir cierta tolerancia a la frustración, no merece la pena angustiarse por cada pequeño contratiempo, hay que reservar esa energía para lo que verdaderamente importa.

Pero el hombre feliz es, sin discusión, el que mira hacia fuera, se interesa por el mundo, se entusiasma con muchas cosas, el que tiene intereses diversos y no se encierra en su concha por sistema, el que tiende a evitar actitudes tan egocéntricas como miedo, envidia, autocompasión y autoadmiración que, además de ser nocivas, son aburridísimas (pg. 229), y esto tampoco contribuye a hacer feliz nadie.
“… en cuanto sentimos auténtico interés por personas o cosas distintas de nosotros mismos (…) uno se llega a sentir parte del río de la vida, no una entidad dura y aparte…”
¿Cuáles son las causas de la infelicidad? Para los afectados no será sencillo descubrirlas pero, una vez identificadas, la solución está al alcance de la mano. En primer lugar, la angustia vital, que el filósofo llama infelicidad byroniana, parece afectar solo a unos cuantos elegidos, pero se parte de una idea errónea: poseer una inteligencia superior, afirma, no hace necesariamente infeliz a nadie, todos, sin excepción pueden encontrar motivos para aferrarse a la vida, solo hay que buscarlos. En cambio, otras personas encuentran que su papel en este mundo consiste en una lucha constante, pero el esfuerzo que realizan no es para sobrevivir sino para alcanzar el éxito, en realidad son privilegiados y la causa de sus afanes se llama competencia. No obstante, hacen de su trabajo el eje alrededor del cual gira toda su vida y no pueden disfrutar de nada más, para ellos no existe el ocio, todo cuanto se les ofrece (personas, cosas y alicientes de toda clase) se vuelve transparente a sus ojos, son incapaces de verlo. Dice más:
“El prodigioso éxito de estos modernos dinosaurios que, como sus prototipos históricos, prefieren el poder a la inteligencia, está dando lugar a que todos los imiten: se han convertido en el modelo del hombre blanco en todas partes, y lo más probable es que esto se siga acentuando durante los próximos cien años. Sin embargo, (…) a la larga, los dinosaurios no triunfaron; se exterminaron unos a otros…”
La envidia provoca insatisfacción en uno mismo y deseos de hacer daño al sujeto que involuntariamente la provoca. La solución es abandonar el hábito de compararse con los otros, disfrutar de lo que tenemos sin mirar a nuestro alrededor. Pero si, a pesar de todo, está comparación se produce, sustituirla por admiración, que es una actitud mucho más saludable.

El talante, algo desfasado y hasta ingenuo, que ha mostrado el autor hasta ahora, se incrementa en el capítulo del pecado. Las generaciones actuales no están ya cohibidas por esa conciencia de culpa omnipresente, que se inculcó en los primeros años y que, no obstante, se ve sospechosamente acrecentada con la posibilidad de que se descubra el hecho o que el grupo excluya al infractor. Russell apela a la noción psicoanalítica de inconsciente, que entonces no estaba tan arraigada como ahora en el tejido social, recomienda prescindir de la falaz conciencia religiosa y apelar al, más fiable, raciocinio.  

Otra causa de infelicidad sería el miedo a la opinión pública. Para el filósofo, si este se debe a que se forma parte de una sociedad excesivamente homogénea y, por tanto, poco interesante, la mejor actitud es la indiferencia, volverse inmune a las críticas y dejarse llevar por las inclinaciones espontáneas. Incluso afirma algo que adquiere más sentido en estos tiempos. “En un mundo moderno, debido a la rapidez de la locomoción, (…) cada vez es más posible elegir nuestras compañías en función de la afinidad, y no en función de la mera proximidad. La felicidad es más fácil si uno se relaciona personas de gustos y opiniones similares.”

Igual que muchas de sus afirmaciones, como cuando se refiere a  la mecanización del trabajo o a los dinosaurios, esta resulta profética. Se diría que está hablando de internet.

lunes, 9 de agosto de 2010

Vasili Grossman: Todo fluye

Idioma original: ruso
Título original: Vsio techiot
Año de publicación: 1964
Valoración: recomendable

Si no sonase quizás excesivamente frívolo, se podría decir que existe todo un subgénero de novelas dedicadas a narrar las atrocidades cometidas por los totalitarismos europeos de mediados del siglo XX: el nazismo, los fascismos, el stalinismo. Serían, en cierto modo, los parientes europeos de las novelas de dictador latinoamericanas, y ahora estaríamos asistiendo a la aparición de una segunda generación de este tipo de novelas (y no solo novelas): las compuestas por personas que no vivieron esos horrores pero que se acercan a ellos con una mezcla de fascinación y horror. Si las novelas de la primera generación tienen casi siempre la legitimidad del relato (aunque ficcionalizado) vivido en primera persona, estas segundas son a veces literaria y hasta éticamente cuestionables (pienso, por ejemplo, en El niño con el pijama de rayas, de la que ya hemos hablado en este blog).

Esta divagación sirve para situar Todo fluye, la última novela de Vasili Grossman, que será recordado, probablemente, como el gran narrador de la batalla de Stalingrado en su memorable Vida y destino. Todo fluye es, no cabe ninguna duda, una obra menor en comparación con aquella, y no solo por su tamaño: como novela, es irregular -un planteamiento cautivador, un desarrollo confuso, un desenlace decepcionante-, y tiene cierto aspecto de collage: al esqueleto narrativo básico (la vuelta a casa de Iván Grigórievich, después de pasar décadas en un campo de trabajos forzados) se le superponen crónicas de otras atrocidades individuales o colectivas, reflexiones en voz alta sobre el sentido de la culpa y la humanidad en medio de la barbarie, y páginas de consideraciones sobre la historia de Rusia en las que es imposible no pensar que quien habla no es realmente el personaje, sino el propio Grossman.

Y pese a estas limitaciones narrativas, Todo fluye sigue siendo una lectura interesante, necesaria y recomendable, porque contiene pasajes tremendos. La gama de reacciones que provoca la vuelta de Iván Griegórevich en quienes se "salvaron" (demasiadas veces, a costa de sus semejantes) demuestra una comprensión brutal de la naturaleza humana; las páginas dedicadas a narrar la hambruna de Ucrania (de la que también hablaba Kapuscinski en El Imperio), aunque desde el punto de la estructura de la novela sean cuestionables, como crónica son impresionantes y merecerían publicarse como folleto y repartirse en las escuelas, en los mercados, en los estadios de fútbol; por último, las reflexiones -del autor o de los personajes- sobre la culpa individual y colectiva de una sociedad que permite inhumanidades como ésa están, creo que no exagero, a la altura de las de Kertész o Kundera. Así, aunque Todo fluye pueda decepcionar como novela, el lector seguro que encontrará en ella páginas conmovedoras, intrigantes o simplemente bellas, y que lo obliguen a plantearse algunas de las cuestiones más acuciantes que nos dejó ese terrible siglo XX.

También de Vasili Grossman en ULAD: Vida y destino

viernes, 2 de septiembre de 2016

Colaboración: Zorba el Griego de Nikos Kazantzakis

Idioma original: griego
Título original: Βίος και πολιτεία του Αλέξη Ζορμπά
Año de publicación: 1946
Traducción: Selma Ancira
Valoración: muy recomendable

Pese a que la figura del escritor griego Nikos Kazantzakis no había tenido apenas presencia y atención en España, en los últimos tres años este vacío se está corrigiendo gracias a la recuperación de buena parte de sus novelas con traducciones y ediciones rigurosas y atractivas. Por un lado, la editorial Cátedra nos ha rescatado El capitán Mijalis, Informe al Greco y La última tentación. Por otro, Acantilado hizo lo propio con Lirio y Serpiente y ahora con Zorba el Griego (Vida y andanzas de Alexis Zorba), quizás la historia que más popularidad deparó a Kazantzakis debido a la versión cinematográfica que el chipriota Mihalis Kakogiannis realizó en 1964 y que se hizo su sitio en el imaginario occidental por la interpretación de Anthony Quinn como Zorba y la melodía del sirtaki compuesta por Mikis Theodorakis.

Para desmentir la máxima de que cine y literatura son lenguajes imposibles o malos de casar, conviene decirlo rápido: si Zorba es una buena y (bastante) fiel película, la novela es aún mejor. En Zorba está por supuesto la gran obsesión de Nikos Kazantzakis, el asunto que soba, muñe, acaricia y amasa una y otra vez: la lucha inagotable del hombre con Dios, la pelea encarnizada de los minúsculos seres humanos por la libertad y el perfeccionamiento personal sin temor, ni esperanza, ni afán de reconocimiento. De esa obsesión moral, metafísica, surge la tenacidad literaria de Kazantzakis, “la tenacidad de la pequeña Chispa que trata de penetrar y vencer la inmensa Noche eterna” en sus propias palabras. Y en este escenario es donde Kazantzakis juega con la amistad, el deseo, el valor, las derrotas –dolorosas y memorables-, las creencias y el relato de las andanzas de Alexis Zorba se nos encarna lúcido y entrañable.

Nikos Kazantzakis conoció a Georges (no Alexis) Zorba en 1917 en Proastio, un villorrio en la costa de Mani (la singular comarca en el sur del Peloponeso donde hizo su morada y nos dejó su memoria en libros Patrick Leigh Fermor) y mantuvieron la amistad de por vida. Escribió la novela en 1944, en la isla de Egina, cerca del puerto del Pireo, frente a Salamina, en plena II Guerra Mundial y con Grecia ocupada por la Alemania nazi, y la ambientó en su Creta natal; la novela desprende, pues, aroma de salvia, menta, romero y ajedrea. La peripecia está fabulada, los personajes y el contexto son reales: “dentro del barco estaban los astutos griegos, las miradas rapaces, las mentes cicateras, la politiquería, un piano desafinado, honradas marujas de lenguas viperinas, la insidiosa y monótona mezquindad provinciana” (pág. 31)

Zorba es minero, buscavidas, curtido en mil batallas y tajos, veterano y vital: “la vida es un lío –siguió Zorba-, la muerte no lo es. Estar vivo, ¿sabes lo que quiere decir? Aflojarte la faja y buscar pelea”. (pág. 135) El coprotagonista, el propio narrador, tiene el perfil contrapuesto; escritor, reflexivo, cerebral, idealista, pusilánime, prefiere pasar la noche con un buen libro de amor antes que buscando el amor; “Nadie puede saberlo con certeza, pensaba: el viejo mundo es tangible, sólido, lo vivimos y lo combatimos en todo momento, existe: el futuro no ha nacido todavía, es inaprensible, huidizo, está hecho del material con el que se forjan los sueños, es una nube expuesta a fuertes vientos –el amor, la fantasía, la suerte, Dios- se dispersa, se compacta, se transforma…” (pág. 87)

Del pulso entre ambas personalidades, de su profundo y visceral desacuerdo, de la disparidad de sus orígenes y anhelos pero también de la fascinación mutua, recíproca y de su capacidad por acompasar sus pasos para perseguir juntos una quimera -¿acaso no son así las amistades, bellas, inasibles, perennes?-, de esa sustancia humana, mágica y fascinante, es de lo que está empastada la trama de Zorba. Por eso, cuando los proyectos ya se han venido abajo, el fracaso se ha impuesto rotundo y la realidad golpea acerba e irrefutable, uno le puede pedir a su amigo que le enseñe a bailar: “Alargó un pie, rozó ligeramente el suelo, alargó el otro, los pasos se entrelazaron salvajes, alegres, la tierra retumbó.” (pág. 350)

Podría ser que en algún lance, Kazantzakis nos quede un pelín grandilocuente, espiritual, misógino. Pero Zorba envuelve, atrapa y arrastra y nos ofrece una visión de la vida, del comportamiento humano y del destino con la que discrepar o coincidir pero que al menos se antoja genuina y ambiciosa, lo que no es poco como experiencia lectora para los desabridos tiempos que corren. El cretense Nikos Kazantzakis, al igual que el siciliano Leonardo Sciascia o la sarda Grazia Deledda, forman parte desde luego de una estirpe de escritores que con un firme anclaje en sus roquedales insulares mediterráneos fueron capaces de contarnos historias sugestivas y universales. Nikos Kazantzakis nunca abandonó su fe cristiana, pese a haber sido excomulgado de la Iglesia Ortodoxa Griega por sus popes; hoy sus restos yacen con hermosa modestia en el Bastión de Martinengo, uno de los más altivos de la muralla que todavía protege Heraklion, capital de Creta, con una vista magnífica sobre el mar Mediterráneo, la vieja ciudad y su puerto y las afiladas montañas que la rodean. Junto a una humilde cruz de madera, su sucinto epitafio: “¡Nada espero, nada temo, soy libre!”

Firmado: Carlos Ciprés

jueves, 30 de marzo de 2017

Carles Pradas: La séptima vida de Kaspar Schwarz

Idioma original: Catalán
Título original: La setena vida de Kaspar Schwarz
Traducción: Carmen Gómez Aragón
Año de publicación: 2014
Valoración: Bastante recomendable

Cuatro referencias, dos cinematográficas y dos literarias, me vienen a la cabeza tras haber leído "La séptima vida de Kaspar Schwarz". La primera es "Zelig", aquella película de Woody Allen en que su protagonista, con el fin de ser aceptado, es capaz de transformarse físicamente en las personas que lo rodean, ya sea un músico de jazz o un indio cherokee. La segunda es "El enigma de Kaspar Hauser", película de Werner Herzog protagonizada por un joven que, tras haber estado aislado toda su vida, llega a la "civilización" y termina convirtiéndose casi en una atracción de feria. La tercera, ya literaria, son los heterónimos de Pessoa. Y la cuarta y última es Stefan Zweig, como paradigma de los escritores (artistas, científicos...) centroeuropeos del período de entreguerras que hubieron de adaptarse, consiguiéndolo o no, al derrumbe de su mundo. 


Digo todo esto porque "La séptima vida de Kaspar Schwarz" es un falso documental sobre un hombre que se supone que nació en 1895 y falleció (¿o no?) en algún momento mediado el siglo XX y que llegó a ser, gracias a su capacidad de adaptación y a su facilidad para el engaño, los siguientes personajes: Gaston Leclercq, el barón Jean Louis Foucault, Alexander Kosinski, Hugo von Hauser, Gerald S. Miller y, cómo no, el propio Kaspar Schwarz. De origen centroeuropeo, el "destino" le llevará a adoptar estas múltiples personalidades, a vivir, directamente o indirectamente, acontecimientos clave del siglo XX (Primera y Segunda Guerra Mundial, crac del 29, revolución rusa) y a vagar por Estados Unidos, Francia, Unión Soviética o Alemania. Eso sí, siempre en una permanente huida hacia delante tratando de escapar de un mundo en descomposición y de una soledad, fruto de un desgraciado primer amor, que le persigue a lo largo de todas sus vidas.

Con el fin de dar mayores visos de veracidad al documental, el texto va unido (no acompañado, unido) de fotografías, documentos y fragmentos del diario personal del Kaspar Schwarz. Estos documentos hace que el libro tenga "dos capas". Por un lado, tenemos un narrador clásico, casi detective, que nos va aportando la poca información de la que dispone. Por otro, el propio Kaspar Schwarz nos amplía esa información, sobre todo, a través de su críptico diario personal. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

En este punto, merece la pena destacar la edición del libro, cuidada hasta el extremo, con mención especial para la portada y contraportada, la integración de los documentos, en especial la sugerentes fotografías, de la vida de Kaspar Schwarz en el texto y la tipografía.
 
En definitiva, un libro sumamente curioso, original y divertido, que, pese a su aparente ligereza, plantea cuestiones que podríamos calificar como trascendentales, tales como cuántas personas o personalidades llevamos en nuestro interior, quiénes o qué somos realmente para las personas que nos rodean, quiénes o qué son los demás realmente para nosotros, la posibilidad de vivir otras vidas o el propio sentido de misma. Que cada cual las responda a su gusto.

Por último, no puedo acabar la reseña sin ponerle dos "peros" al libro. Uno es que me habría gustado que alguna de las situaciones o de las vidas en las que se ve inmerso Kaspar Schwarz tuviera mayor desarrollo. El otro es que se me ha hecho terriblemente corto. Me he quedado con ganas de más Kaspar. Pero igual, con un poco de suerte, reaparece bajo una nueva identidad y pronto volvemos a tener noticias suyas. ¿Quién sabe?

P.S.: Por si a alguien le interesa, hay una playlist en Spotify con lo que vendría a ser la BSO del libro. Os dejo en enlace porque merece (mucho) la pena https://play.spotify.com/user/astroreybooks/playlist/7InQfPtG6hdrdLOLfZWIS4

viernes, 12 de septiembre de 2014

Jorge Semprún: Viviré con su nombre, morirá con el mío

Idioma original: francés
Título original: Le mort qu'il faut
Año de publicación: 2001
Valoración: Muy recomendable

Creo que voy a tener que repetir algunas de las ideas de mi reseña de La escritura y la vida, del mismo autor, porque en realidad son libros semejantes, pertenecientes a la misma serie, con una intención semejante: recordar las experiencias de Semprún durante su estancia en el campo de concentración de Buchenwald, pero también, casi con idéntica importancia, reflexionar sobre los propios mecanismos de la memoria, el testimonio y la creación literaria.

La anécdota que da origen al texto parece ser verídica (aunque esto importe poco, en realidad): al campo de Buchenwald llega una carta en la que la Gestapo se interesa por el destino y la situación actual del preso Jorge Semprún, lo que no parece ser, en principio, un buen indicio. Para salvarlo de un probable fusilamiento, algunos de sus compañeros de campo idean un plan kafkiano: cambiar su nombre por el de otro preso de características parecidas que está a punto de morir en la enfermería del campo.

De esta anécdota, por llamarla de alguna forma, nace el título de la novela (el original francés, más sucinto, Le mort qu'il faut, y también el español, más extenso y explícito pero menos sugerente), aunque no tanto el argumento. Porque en realidad el texto discurre (como sucedía en La escritura o la vida) con la irregularidad y las bifurcaciones propias del recuerdo, con sus asociaciones de ideas, sus vacíos, sus (auto)correcciones progresivas y, en general, su carácter de construcción a posteriori en la que es difícil distinguir la verdad, si es que ese concepto tiene aún validez.

Viviré con su nombre... es, por lo tanto, una continuación de las memorias de Semprún en Buchenwald: sobre la vida cotidiana, las complejas relaciones sociales y políticas del campo, la lucha por la supervivencia o su negación... Aunque no tengo tan fresca la lectura de La escritura o la vida, creo apreciar ciertas repeticiones, ciertas historias ya contadas, algunos aspectos que se superponen. Pero esto no quita interés a este nuevo capítulo en la narración del horror, que va más allá del puro testominio, y que ofrece una reflexión muy autoconsciente de sus propias condiciones y limitaciones, como memoria y como expresión lingüística y literaria de esa memoria.

Quizás se algo inferior a La escritura o la vida en profundidad y aliento, pero sigue siendo una obra que merece ser leída.

También de Jorge Semprún en ULADLa escritura o la vida

martes, 18 de junio de 2019

Irene Solà: Canto yo y la montaña baila

Idioma original: catalán
Título original: Canto jo i la muntanya balla
Traducción: Concha Cardeñoso
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable

De un tiempo a esta parte, ha ido aumentando el recelo sobre los premios literarios, pues en ocasiones la calidad de la obra premiada no parece merecedora de tal reconocimiento. No sería el caso del libro que nos ocupa, pues «Canto yo y la montaña baila» atesora la calidad suficiente para haber ganado el “Premi Llibres Anagrama 2019” y es un reconocimiento justo a una autora que, pese a su juventud, tiene un talento narrativo innegable. Y sí, sorprende la juventud de esta autora si nos fijamos en la calidad literaria y la manera en enfocar la obra, pues su alta complejidad narrativa y variedad de estilos son propias de alguien que sabe perfectamente en qué consiste el arte de narrar e Irene Solà, a sus veintiocho años, lo demuestra en cada párrafo.

En esta novela coral, que trata sobre la vida, la naturaleza y el pasado, testigo de historias y fábulas, cuentos y leyendas, la voz que trasciende no es la voz únicamente de una persona, de una sola narradora, es la voz de la tierra, de los elementos, de los animales y de las personas, también; una voz terrenal y por ello, auténtica, genuina, pues repartiendo la narración entre los distintos elementos que conforman un mundo rural, térreo, la autora describe las sensaciones de una manera pura, natural y con una espontaneidad que no la aleja ni un instante de una calidad estilística excepcional. Se nota su experiencia literaria tras su paso por la poesía, se percibe en cada palabra elegida de manera precisa, pero sin forzar el lenguaje, sin tensar demasiado el vocabulario, encontrando el punto justo para dotar la narración de una alta calidad sin mostrar impostura o exceso.

Para cubrir toda esta amalgama de temas, y hacerlo sorteando un riesgo evidente de caer por el precipicio de la desmesura, la autora vuela por la narración con un ritmo narrativo alegre y atrevido, evidenciando que se divierte con las palabras y con los personajes, disfrutando con un juego literario que transmite de manera coherente y perfectamente hilvanada, desplegando un diorama de elementos que conforman una escritura muy completa. Así, la narración salta de un personaje a otro, y asistimos a un baile de voces que relatan una historia plural con la montaña como elemento nuclear. Arriesgando en cada párrafo, Irene Solà no da un paso en falso, en cada salto de personaje para cambiar la voz, siempre acierta y pisa tierra firme, una tierra que rezuma la historia de un pasado aún latente y abarca toda la narración, dotándola de una coherencia perfectamente armonizada. Bien es cierto que existe algún capítulo algo irregular en interés por la propia la historia narrada, pero no afecta al conjunto de una obra que tiene una primera mitad del libro realmente excepcional, de una calidad y exquisitez remarcables, y también un tramo final bellísimo, con esa mirada sensible y delicada, que acerca nuestros pensamientos a la tierra, al paisaje, donde pertenecen, donde serán recordados.

De esta manera, la autora utiliza cada una de esas voces, ya tenga forma de persona, de animal, de elemento meteorológico o de la propia naturaleza, para narrar una historia que nos habla de las personas en un entorno rural, en esos limitados espacios de los pequeños pueblos que, con sus historias, reales o ficticias, sus cuentos y fábulas, sus mitos y leyendas, conviven con la propia montaña y sus elementos. Y con todo ello, teje una historia redonda, perfectamente estructurada, entrelazando un conjunto de relatos relacionados entre sí, sobre historias de personas vinculadas al entorno, relatos con alta dosis de realidad, pero también envueltos de fantasía, mitológicos, de un pasado que la tierra recuerda y arrastra a través del tiempo a través de sus animales y sus paisajes, que todo lo ven y todo lo recuerdan. Recuerdos como el de la Guerra Civil, y el paso de los republicanos hacia Francia buscando el exilio, con sus muertos desaparecidos en las tierras que los acogen, como acogen también las armas y metralla que quedan repartidas por esas montañas, como esperando a ser descubiertas para recordar las personas que ya no están; y los animales que lo observan, y el cielo omnipresente con los truenos que apuntan y marcan el destino de algunas familias que siguen ahí, y ahí seguirán. Porque hay dolor en la historia, el dolor por la muerte que irrumpe de golpe, de imprevisto, y cambia la vida de sus allegados, unas vidas pequeñas en apariencia, sin grandes aspiraciones; una muerte que llega y fuerza a mantener la vida, o a sobrevivir y luchar por los que siguen, por los vivos. Y está también el dolor de la añoranza, al recordar los sueños de juventud, que el amor ciega y oculta al paso del tiempo, cambiando la cara por una más tierna, más dulce, pero menos radiante, en tiempos difíciles y matrimonios jóvenes que no han visto el mundo con los ojos de la experiencia, y maduran de manera inexorable mirando a lo lejos qué fueron de esos deseos que quedaron atrás en la mente de los jóvenes.

A pesar de ese dolor que existe y se recuerda, la novela no es triste, sino al contrario. El tono que la autora transmite en la narración es alegre, jovial en algún caso y totalmente desenfadado, libre de ataduras, ambicioso y de trasfondo dulce y vivo. De estilo delicado, preciso y bello, la prosa de la autora fluye perfectamente entre escenas rurales que tratan de la vida y del entorno, un entorno que observa las peculiaridades de sus habitantes e influye imponiéndose a veces en sus humildes vidas. Un relato donde la fantasía también está presente, en los recuerdos, en la naturaleza, en los paisajes. De esta manera, mezclando historias y leyendas, nos habla de la tierra, de la tierra que recuerda, de las historias que han ido sucediendo en ella, porque la tierra nunca olvida, nunca muere, siempre estará, porque no tiene principio ni final.

La novela que ha escrito Irene Solà es el retrato de un paisaje donde los elementos naturales abrazan y acogen las vidas de sus habitantes, vidas dispares y en ocasiones desafortunadas, pero que la narración de la autora las protege y envuelve de una belleza que hace que no podamos evitar contemplarlas con detalle y aplaudirla por este homenaje que ha hecho a los cuentos, a las rondallas, a la magia que envuelve a las historias que se transmiten de generación en generación, a la mitología y a la fantasía. En definitiva, a la literatura en sus diferentes vertientes que, de una forma u otra, se transmite con el paso del tiempo. Un auténtico regalo a quienes creemos en la pervivencia de las historias, un regalo a todos nosotros.

viernes, 15 de junio de 2018

Patti Smith: M Train

Idioma original: inglés
Título original: M Train
Año de publicación: 2015
Traducción: Aurora Echevarría
Valoración: muy recomendable

Pues no: ni es domingo ni en Un disco a la semana os vais a encontrar reseñado Horses o Radio Ethiopia. De hecho, debo confesar que Patti Smith nunca ha sido una artista que haya venerado en exceso. De hecho siempre recuerdo que su canción más célebre (Because the night) ni siquiera era su composición, sino la de Bruce Springsteen.
Pero insisto: tampoco busquéis una etiqueta de esas que suelo poner para horror de muchos. Libros sobre música. No. Tampoco. De hecho, las palabras canción y disco y guitarra y concierto ni siquiera aparecen en momentos memorables de este libro. Uno sabe que la autora es una artista conocida y una musa del rock'n'roll porque es algo que todos sabemos y porque existen las radios y porque en un párrafo del libro habla de un par de cheques de royalties como contenido del buzón que un día mira y quizás porque tenga curiosidad por saber cómo una persona que viaja tanto por el mundo se gana la vida. Sí, esa es la eximia mención que Patti Smith se permite a la profesión o forma de vida que la ha hecho famosa. Puedes preguntarte si sin ese sustento y esa celebridad Patti Smith hubiera publicado sus libros o no y si el discurrir de su existencia, de haber sido otra, una oficinista o una enfermera o una abogada, hubiera dado para generar estos textos.
Puedes preguntarte eso y responderte con cualquier cosa.
Pero que no te haga ignorar este texto. Porque Patti Smith hace buena una frase que he leído hace apenas unas horas, y que creo (pero no voy a buscar ese Tweet) que ha pronunciado Javier Cercas (al que admiro tanto como a veces disiento): Nadie lee tantos libros si no piensa escribir uno. Touché. Patti Smith es, entonces, se yergue en función de lo que aquí he experimentado, tan escritora como músico. Como mínimo, y teniendo en cuenta que también hay que contar con las letras de sus canciones y eso haría decantar la balanza (un poquito: tampoco le darán el Nobel como a Dylan, aunque ahora yo prefiero los Novel).
Entonces eso: Patti Smith escribe y este libro es un fragmento de sus memorias y aquí ya he tenido estos días alguna polémica más o menos encendida sobre el tema de la literatura del yo, cuando resulta que yo sí me esperaba un libro sobre música y sí tenía en mente (de hecho, llevo unos días escuchando Horses) emparentar libro y disco Y NO.
¿Por qué no? Pues, mal que me pese, porque ello sería limitarlo. Los valores de la Smith (ya no Patti) como escritora tienen bastante sustento, por sí solos. Ni idea de si lo suficiente para convencer a un editor sin el background que la avala, porque esto de los editores ya he renunciado a entenderlo del todo. Pero que como lector he disfrutado. Pues sí. No le hace falta demasiado ruido para ello. Aquí no hay lamentaciones ni nostalgia ni literatura del yo-rica (perdón, es que yo sin chistes malos es que no puedo), ni panegíricos de miles de palabras sobre lo bueno que era este o el otro y yo traidora de mí sigo en este mundo. Lo que hay son dos o tres hechos u objetos inconexos que son el armazón de una narración muy solvente y muy honesta. Un café ('Ino) en NY que cierra y al que acude cada día a escribir en una especie de mesa arrinconada que acaba considerando suya (tan suya que acaban regalándosela). Una casa desvencijada en una población costera que decide adquirir como una suerte de guiño del destino. Un viejo abrigo que ha recibido de un amigo.
Y el telón de fondo: una mujer que toma todas esas decisiones y lleva a cabo todos esos actos en medio de una soledad cómoda, nada impostada. Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los MC5 y marido de la escritora, fallecido en 1994 y presencia tenue en la narración, como un espíritu agradable y hasta tierno que guía a su esposa, que sigue por aquí, que viaja a muchos lugares empujada por los mundos que los libros que lee le evocan. Punto fundamental de este estupendo libro. Smith es una lectora contumaz y entusiasta, peor (mejor) aún, una relectora en profundidad, la clase de persona que se sumerge de tal manera en los autores que necesita visitar los entornos que han creado en sus obras, los entornos en los que los han creado, como a la búsqueda de eso que queda en el aire y un fanático necesita respirar. Es una lectora contumaz desde antes de ser una cantante de éxito y lo ha seguido siendo, y es de esa estirpe freak que tan bien comprendemos por aquí: necesita ver el escritorio y la silla y los paisajes que sus escritores favoritos veían. Una de las principales temáticas de M Train es esa: Smith fascinada por Bolaño y por Murakami y por Sebald y por Jean Genet y visitando hasta sus tumbas y encargándose de ellas. Una veneración sincera y razonada, y mientras tanto nos cuenta su vida y sus andanzas y todo eso está tan bien escrito y suena tan veraz y poco aparatoso que ya paro: la lista de advenedizos que habrían de palidecer al leer estas páginas se haría demasiado extensa.

viernes, 3 de agosto de 2018

George Saunders: Lincoln en el bardo

Idioma original: inglés
Título original: Lincoln in the Bardo
Traducción: Yannick Garcia (edición en catalán), Javier Calvo Perales (edición en castellano)
Año de publicación: 2017
Valoración: muy recomendable

Leí, hace muchos años, «Pastoralia», de George Saunders, y aunque me pareció en ocasiones divertida, nunca me han atraído en exceso los libros que contengan altas dosis de humor; de ahí que postergara la lectura de algún otro libro del autor. Hasta ahora. Porque claro, aquí no se trata de un libro de relatos con personajes estrambóticos, aquí estamos hablando de la Guerra de Secesión de EE.UU. y en formato novela, algo totalmente nuevo en Saunders. La curiosidad pedía a gritos una lectura. Y el autor cumple, a pesar de una apuesta muy arriesgada. Allá vamos.

Febrero de 1862, en plena Guerra de Sucesión de los EE.UU. La población empieza a sufrir los estragos de la guerra, una guerra sin un rumbo muy claro. Y en esas, William, el tercer hijo del presidente Lincoln, contrae una grave enfermedad que le acarrearía la muerte en pocos días. El presidente Lincoln abatido, desolado, sumido en una profunda tristeza, visita en varias ocasiones la cripta donde descansa el cuerpo de su fallecido hijo.

A partir de estos hechos históricos, Saunders se embarca en un viaje al pasado, trasladando la historia a esos días críticos en la vida de Lincoln, para realizar un trabajo inmenso, no únicamente de documentación, sino también de complejidad estilística. Con un potente arranque, ya de entrada el autor despliega su potencial narrativo situándonos en la Casa Blanca, en medio de una recepción donde asiste la más variopinta multitud, animada por músicos que amenizan la velada de los asistentes al acto, obsequiados a su vez por suculentos manjares. Pero esta es la parte que ven los invitados, la de la celebración, porque en el piso de arriba el tercer hijo de los Lincoln se encuentra en su habitación, aquejado de la grave enfermedad que acabaría con su vida.

Este es el inicio del libro, donde ya de entrada Saunders da muestra de su valentía con un enfoque desestructurado, mezclando diálogos con frases que parecen flotar libres de cualquier atadura al texto. El autor arriesga más aun, sirviéndose de cortas citas de otros libros para describir las situaciones y los personajes; este hecho sorprende, pero no desagrada en absoluto, a pesar que supone un ligero esfuerzo entrar en la historia por su estructura algo caótica y casi rota, pero su potente narrativa elimina cualquier tentación de abandonar la lectura. Estamos delante de un librazo, altamente arriesgado, sí, pero un librazo, pues el trabajo de Saunders es mayúsculo: no únicamente por los múltiples personajes que nutren la historia de diferentes puntos de vista y contrapuestas voces, sino por el trabajo de documentación necesario para entremezclar diálogos con descripciones o frases sacadas de otros libros. Ahí se evidencia la gran labor de investigación del escritor y se pone de manifiesto que estamos delante un reto estilístico imponente.

Estilo aparte, el argumento se sustenta en los hechos históricos, pues hay constancia que Lincoln fue varias veces a la cripta donde yacía el cuerpo de su hijo para visitarlo, tal era la pena y desolación tras su muerte. Y Saunders utiliza este hecho histórico para arrancar su tour de force, porque es a partir de ahí, en el bardo, donde el autor libra su batalla. Es en el bardo, lugar situado entre la muerte y la reencarnación según la religión tibetana, donde el hijo recién fallecido espera la visita de su padre, quien, desconsolado, va a verle para despedirse por última vez, en cada una de las veces, pues el dolor de la pérdida le impide terminar de despedirse de él. Y el hijo espera, que vuelva, que le acaricie, que lo abrace. Pero el joven William no se encuentra solo en el bardo, pues en él habitan muchas más almas que esperan también su momento. Y es en este punto donde la novela aumenta en riqueza, en complejidad narrativa, pero también en riesgo, pues a veces no es fácil seguir la historia cuando el hilo argumental adelgaza hasta casi romperse. Pero no acaba de hacerlo, porque el autor siempre acaba nutriendo el relato de elementos que enlazan de nuevo los alocados diálogos a la historia narrada y en ellos encontramos las voces de los fantasmas o espíritus que habitan en el bardo; entre ellas destacan las de roger beviins iii y hans vollman como principales personajes conductores de la historia y también el pastor everly thomas, quienes ejercen de anfitriones de tan estrafalario mundo y suponen el nexo de unión con el resto de personajes, algunos tristes y abatidos, otros alcoholizados e histriónicos, otros perdidos y asustados. Porque nadie se encuentra a gusto en el bardo, por miedo a lo que ha dejado, o por la negación de haberlo hecho; y en medio de ellos el pobre Willy por quienes todos esperan de él que les dé ese contacto físico que han perdido para siempre en el irreversible trayecto de la vida a la muerte.

Con toques algo surrealistas y grotescos, uno ve en esos diálogos a Dogberry, Verges y Oatcake (los caballeros histriónicos de «Mucho ruido y pocas nueces» de Shakespeare), o personajes que perfectamente podrían encajar en una película de Tim Burton. Con un relato plagado de múltiples situaciones estrambóticas (divertidas en apariencia, tristes en realidad), Saunders despliega una complejidad narrativa rica en matices, donde sus personajes, perfectamente definidos, muestran sus características diferenciándose entre sí a través de su diferente ritmo narrativo y el lenguaje utilizado, rico y erudito en algunos de ellos, mal hablado y con faltas en otros.

La novela que ha escrito Saunders es de una tristeza extrema, que los variopintos y alocados personajes con sus diálogos que parecen sacados de un cuento fantasmagórico no logran ocultar la tragedia que se abalanza sobre Lincoln. Y en medio del desfile de personajes, el niño que se resiste a abandonar el bardo, a la espera de que venga de nuevo su padre a encontrarse con él. Quedarse en el bardo eternamente no sería aconsejable, pues en él habitan las almas perdidas. Y tienen una misión; esperan que, en una de las visitas de Lincoln a su hijo, su alma entre en contacto con la de él y pueda finalmente despedirse, pues en el bardo solo agrandará su tristeza y desolación.

Así, entre tonos sarcásticos, cómicos y cierto exceso estilístico donde el autor se gusta en la desmesura, el libro trata sobre la pérdida y la culpabilidad, sobre el sentimiento arraigado de no querer aceptar la muerte de alguien querido, de no querer dejar ir esa congoja que permanece dentro, que persiste, que perdura, que no permite un abandono final, que se agarra al sentimiento más profundo evitando que se vaya, de una vez por todas, allí donde ya quede lejos de cualquier atisbo de poder atarlo a un presente que se escapa, se difumina y se desvanece entre llantos y una tristeza insoportable. El bardo como espacio físico imaginario, pero también como espacio temporal, un lugar en el cual permanecen las almas que se niegan a aceptar la realidad que inunda su presente, un espacio en el cual poder despedirse del ser amado antes de que definitivamente pase a mejor vida, y finalmente toque aceptarlo y convivir con ello. Un lugar en el que permanecen las almas que no han aceptado aún su destino, y en el que habitan, en un estado de confusión y abatimiento, hasta que finalmente decidan dar el paso definitivo y alejarse de su extrañado mundo y sus seres más queridos. Un lugar donde despedirse de aquellos seres queridos, donde compartir el espacio en el que se encuentran los sentimientos del fallecido y los del que lo sobrevive, para poder dar finalmente el cálido abrazo que requiere esa última despedida.

A pesar de que no es un libro perfecto, pues particularmente echo de menos más situaciones con el presidente Lincoln y/o su hijo y me sobran algunos personajes (pues contiene unos ciento cincuenta), no cabe duda que estamos delante de un libro diferente, valiente, y con varias capas de profundidad, pues más allá de la historia de Lincoln, es probable que la intención del autor fuera engrandar la historia hacia el amplio espectro de personajes, como metáfora o ejemplo de las dudas y temores de la sociedad en medio del periodo de guerra, aunque pueda resultar excesivo; y es que, para mí, las mejores partes del libro son su inicio, su final, y esas situaciones más desoladoras y trágicas que inundan los diferentes personajes que deambulan por el bardo, desde los altos cargos hasta la clase más baja de la sociedad, negros y blancos, ricos y pobres, todos compartiendo un mismo lugar de desconcierto y desánimo, mientras aguardan a que un hombre simple, abatido y triste, consiga finalmente despedirse de su hijo y recobre el ánimo para erigirse, en medio de una nación rota y en guerra, en el padre de todos ellos.