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viernes, 3 de julio de 2009

J.R.R.Tolkien: El señor de los anillos

Idioma original: inglés
Título original: The Lord of the Rings
Fecha de publicación: 1954
Valoración: imprescindible

La mayoría de los que leéis este blog habreis oído hablar de este libro, o de sus películas homónimas. Peter Jackson ha popularizado lo que, dentro de su género y desde el mismo momento de su publicación, ha sido todo un fenómeno. Ya existía literatura de fantasía antes de Tolkien, pero se le considera el padre del género. Todo un universo creado a partir de lo que debía ser un cuento para sus hijos, El Hobbit, y que el editor pensó que debía tener una continuación, más adulta, y más extensa. Tolkien no se lo pensó dos veces. Decía que quería dotar a Inglaterra de su propia mitología, y eso hizo. Le dotó de un mundo completo imaginario.

Tolkien, en la universidad, formó parte de Inkligs, un grupo literario que marcó a dos escritores. C.S. Lewis compartía con Tolkien la pasión por crear mundos, y hablaban de Narnia y la Tierra Media. Al final, Lewis se decantó por Narnia, y Tolkien por la tierra de los elfos y los hombres.

En realidad, inventar, lo que se dice inventar, inventó poco. Elfos, enanos, hobbits, magia, dioses...ya existían, pero el lo aglutinó dándole una nueva forma. Ideó idiomas completos que pueden aprenderse a través de sus gramáticas, fonéticas, etc,...y también formuló un nuevo ideario religioso presidido por los ainur y los valar, a la manera germánica, y por Eru, el dios omnipotente, equivalente al dios judeo-cristiano- aunque todo este pensamiento lo desarrolla más extensamente en el Silmarillion-.

El señor de los anillos se suele dividir en tres tomos: la comunidad del anillo, las dos torres, y el retorno del rey. Introducción, nudo y desenlace. Presentación de los personajes y su misión, cómo se deciden a ejecutarla y sus obstáculos, y resolución de los problemas, completando la misión. Explicado así, resulta sencillo. Pero, a través de las meticulosas descripciones de la Tierra Media y de los seres que la habitan, no puedes evitar sumergirte de lleno en la comunidad y ser uno más de sus miembros. Descripción magnífica, sin duda. Meticulosa y completísima, formando unas imágenes muy claras en tu mente.

Todos los personajes tiene un pasado que determina sus acciones presentes, y puedes intuir algunas futuras, pero Tolkien no te lo hace tan fácil. El destino puede estar escrito, pero hay factores que lo desestabilizan. Sauron puede vencer. Frodo puede caer en la tentación de ponerse el anillo y servir al mal. La edad de los hombres puede ser la que de fin a la Tierra Media. Esta nueva raza, dotada de libre albedrío, puede desequilibrar las fuerzas de la naturaleza y destruirlo todo. Gandalf, como mensajero y adalid de fuerzas superiores no las tiene todas consigo y no puede tomar tanta parte como seguramente le gustaría.

En fin, seguramente conoceis el argumento básico de esta obra genial. Pero a pesar de que las películas, en cuanto a paisajes y lugares, me parecen perfectas, no es así con el argumento y los personajes. La primera vez que las vi, de hecho, no me gustaron. Omitían demasiadas cosas que creo que son importantes para comprender la complejidad del mundo de Tolkien. Las películas son más sencillas, más simplonas. Si de verdad quieres conocer a Frodo, debes leer el libro. Si quieres saber cuál es la enorme importancia de Faramir, debes leer el libro. Si quieres sentir a Sauron observándote, vigilándote y planeando su siguiente movimiento, debes leer el libro.

De hecho, te recomiendo los tres principales, y en este oreden: el Silmarillion-explicación de la mitología de la Tierra Media; el Hobbit, inicio de la aventura que envuelve a la familia Bolsón; y El Señor de los Anillos, que cuenta cómo da comienzo la edad de los hombres. He disfrutado muchísimo durante horas con su lectura, y relectura. Es inevitable, de vez en cuando hay que pasarse por el Pony Pisador y fumar una pipa de la hierba del viejo Tobby.

También de J. R. R. Tolkien un ULAD: El SilmarillionEl hobbit

lunes, 24 de diciembre de 2012

J.R.R. Tolkien: El hobbit

Idioma original: inglés
Título original: The Hobbit, or There and Back Again.
Año de publicación: 1937
Valoración: muy recomendable para niños; recomendable para adultos

Por una vez y sin que sirva de precedente, ULAD se sale de sus dominios habituales para mezclarse en el campo de la crítica cinematográfica; porque, sí, lo reconozco, esta reseña nace después de ver la película (primera de la trilogía) El Hobbit de Peter Jackson, y de releer El Hobbit para comprobar si mis recuerdos sobre el libro eran correctos. Así que aquí va, dos por el precio de uno.

Sobre el libro: El Hobbit es la primera obra de ficción extensa publicada por J. R. R. Tolkien, en aquel entonces profesor de literatura anglo-sajona en Oxford (buen conocedor por tanto del Beowulf, de las sagas nórdicas o de los cuentos infantiles tradicionales, como demuestra su obra). En realidad, Tolkien había escrito El Hobbit para su hijo, y parece ser que solo por casualidad llegó a manos de un editor, quien a su vez se lo dio a leer a su propio hijo antes de decidir publicarlo. El resto, como se suele decir, es historia...

A diferencia de El señor de los anillos, mucho más adulto y oscuro, más denso en mitología y de tono épico, El Hobbit es una novela infantil-juvenil con muchos de los rasgos del género del relato fantástico tradicional: un héroe torpón con el que identificarse y empatizar; un sabio mago ayudante; una aventura llena de peligros y sorpresas; objetos mágicos (¡el anillo!); antagonistas feroces pero algo estúpidos; un narrador entrometido y omnisciente, por no decir sabelotodo; y en general un tono ligero que permite divertirse con escenas que de otro modo podrían resultar terroríficas (como una manada de lobos ardiendo, o una horda de arañas gigantes dispuestas a devorar unos enanos).

Dado que fue la primera obra de ficción publicada, El Hobbit fue, para Tolkien como para muchos lectores, la puerta de entrada a la Tierra Media y a toda su mitología. De ahí que algunos aspectos aparezcan todavía solo esbozados (como la enemistad entre enanos y elfos, o la antigua guerra entre enanos y orcos) y otros apunten ya a lo que después será El señor de los anillos (escrito, por cierto, a petición del editor como secuela de El Hobbit). Hay que tener en cuenta, además, que Tolkien revisó El Hobbit en su segunda edición para hacerlo encajar mejor con su continuación, por ejemplo en cuanto a la relación entre el Anillo y Gollum, o el modo en que llega a manos de Bilbo.

En cualquier caso, e incluso después de estos cambios, El Hobbit continúa siendo una lectura muy distinta a El señor de los anillos: más ligera, más humorística, menos épica y sobre todo pensada específicamente para un público distinto. Esto no quiere decir que un adulto no pueda disfrutar leyendo esta novela; pero para hacerlo, probablemente, tendrá que reencontrarse con su niño interior.

Sobre la película: Voy a decirlo así: si no existiera la trilogía de El señor de los anillos, me parecería que El Hobbit es una película impresionante, que nos deja con la boca abierta por su capacidad visual, sus caracterizaciones, sus paisajes, su capacidad para recrear el mundo de Tolkien como si hubiera saltado directamente de las páginas o de la imaginación de su autor. El problema es que la trilogía existe, y por lo tanto ni los efectos visuales ni las caracterizaciones ni los paisajes resultan nuevos; hasta la música es la misma, o una variación de la misma.

Y voy a decirlo también así: si no existiera El Hobbit (el libro), y esta película fuese una precuela de El señor de los anillos, probablemente seguiría pareciéndome una muy buena película, un pelín lenta, dispersa y repetitiva, pero en todo caso entretenida y muy digna sucesora (o antecesora, según se mire) de las otras tres. El problema, una vez más, es que el libro existe, y como decía más arriba es un libro muy distinto a El señor de los anillos: más liviano, más juvenil, menos épico y sobre todo mucho menos oscuro. Y Peter Jackson ha obviado deliberadamente esta diferencia, añadiendo subtramas violentas y dramáticas (la de Thorin y Azog, por ejemplo) y creando aún más interrelaciones con la trilogía anterior (como la conversación entre Elrond y Gandalf sobre el renacer de Sauron).

En mi opinión, por lo tanto, Peter Jackson ha sido muy poco valiente en El Hobbit desde el punto de vista creativo: además de extender la historia todo lo posible con subtramas e interpolaciones varias, para poder hacer una trilogía donde solo había una o como mucho dos películas, ha decidido hacer más de lo mismo, repetir los trucos que sabe que le funcionan, en vez de intentar algo nuevo y mantener mínimamente el espíritu de la novela original.

Los fans de la primera trilogía probablemente estén encantados con el resultado; los fans de Tolkien, sospecho que quizás no tanto.

También de J. R. R. Tolkien un ULAD: El señor de los anillos, Silmarillion

viernes, 29 de enero de 2010

J. R. R. Tolkien: El Silmarillion

Idioma original: inglés
Título original: The Silmarillion
Fecha de publicación: 1977
Valoración: muy recomendable

Este es un libro de relatos que Tolkien intentó terminar durante años. Pero no pudo hacerlo, así que su hijo Christopher se encargó, póstumamente, de publicarlo recogiendo todos los fragmentos que había dejado su padre para el mismo, tanto los terminados como los inconclusos. Ardua tarea si tenemos en cuenta que Tolkie realizaba borradores y borradores y borradores, y cambiaba puntos cruciales de la trama en varias ocasiones. Por eso, alguno de los relatos contiene datos que se contradicen con los que podemos leer en el Hobbit o en El señor de los anillos, pero no importa. Toda información se hace escasa cuando quieres conocer la Tierra Media, y estas variaciones nos acercan un poco más a la mente de su creador.

Para muchos seguidores de Tolkien este es su libro más pesado, más denso. Y a mí me encanta. Me explico. En él se nos cuenta cómo empezó todo, como Eru, la divinidad primigenia, fue creando a los ainur con su música, y cómo después, las discordancias de Melkor dieron paso a otras creaciones. Podemos conocer los entresijos de la creación, los seres que fueron apareciendo y qué es lo que hacían. Es la mitología del mundo de Tolkien, la mitología de la Tierra Media. Cierto que la acción puede discurrir más lenta que en otras de sus obras, y se describe al detalle las características de sus personajes, pero resultan imprescindibles para poder explicar quién es quién después. ¿Quién es Gandalf? O mejor dicho, ¿qué es? En el Silmarillion lo puedes descubrir. No es una novela, se trata de un libro de leyendas. Genial.

Dicen que Tolkien, con su obra, quiso dotar a Inglaterra de una mitología propia. Y es en este libro donde la desarrolla. A través de cinco partes y numerosos relatos, nos acerca a los creadores de los Silmarils, joyas únicas y que todos codician, la división de los elfos, la creación de los enanos y los hombres, la decadencia de Melkor y la ascensión de Sauron. Todo lo referente a la creación, la Primera y la Segunda Edad de la Tierra Media.

Esta obra es un silmaril para los lectores del género de fantasía y para los buscadores de mitologías, aunque sean imaginarias.

También de J. R. R. Tolkien un ULAD: El señor de los anillosEl hobbit

miércoles, 29 de mayo de 2019

Malditas cubiertas: Cuando mil palabras sí valen más que una imagen

En anteriores entradas de Malditas cubiertas hemos aprendido, gracias a la didáctica a la par que divertida exposición -sin olvidar su encomiable minuciosidad- de nuestra compañera Beatriz que la lectura que hagamos de un libro puede estar influenciada por el diseño y cualquier ilustración que alguien haya decidido colocar en la cubierta del mismo. Así ocurría con los ejemplos que nos proporcionaba: Marianela y, sobre todo, la controvertida Lolita (controversia que, visto lo visto, quizás sea en buena medida causada por las cubiertas que se lan puesto a la novela, precisamente...).

 Ahora bien, yo pregunto. ¿os parece que es tan fácil condensar conceptualmente un libro que puede tener 500, 700 o incluso más de mil páginas en una sola imagen, en un diseño que resuma perfectamente lo que su autor nos ha pretendido contar y que además resulte atractivo y destaque en medio del proceloso y voraz océano de las mesas de novedades? Pues para nada: es un trabajo ímprobo que exige la máxima creatividad y esfuerzo por parte de los profesionales de la materia. ¿No os parece dificultoso en grado sumo encontrar conceptos originales nunca antes utilizados en el diseño gráfico y que confieran a la cubierta del libro una impronta única, inimitable, que imprima un estilo único al libro que está anticipando?




       




Una vez estrujadas las meninges para hallar un concepto original, el diseñador gráfico (bueno, o alguno de sus asistentes-becarios-estamos-pagando-por-trabajar-aquí, que los chavales tienen que foguearse) deberá dejarse los ojos revisando miles y miles de imágenes, visitando museos, consultando libros de arte y fotografía para encontrar ésa que resulte única, que represente al libro y sólo a ese libro que estamos tratando de arropar con una cubierta singular e inimitable.




¡Qué decir de aquellos creadores audaces que deciden no conformarse con las ya un poco repetidas pinturas de Jack Vettriano y apuestan por reivindicar y difundir, siquiera desde la humildad de la cubierta de un libro, la obra de artistas poco conocidos! Un aplauso desde aquí a esos valientes...


Pensemos, además, que una cubierta adecuada puede no sólo facilitar el reclamo y la venta de un libro entre su público potencial, sino abrir nuevos nichos de mercado, expandir el target hasta convertir el título en cuestión en un ansiado long-bestseller. De esta forma, se consiguió difundir la obra de Henry James entre el gremio de mecánicos de automoción, la de Virginia Woolf entre celebrantes del Día de San Patricio o de Stephen King entre seguidoras luso-brasileiras del estilo Lady Di:



La infancia puede ser un momento tan adecuado como cualquier otro de la vida para iniciarse en la lectura de los clásicos, más aún teniendo el cuenta la afición y destreza de los escolares en el manejo del tippex.

Mientras que, por otra parte, libros considerados siempre como infantiles se pueden disfrutar de forma más completa en la edad adulta (y de gustos algo más...ejem, complicados)




Ya sé lo que estarán pensando. que el recurso a imágenes con un toque erotizante es un truco ya muy manido, incluso cutre... Sí, es cierto, pero no desdeñemos el potencial de enseñar un poco de carn...quiero decir un bello rostro y una hermosa figura , a la hora de llegar a nuevos públicos lectores que descubran  las infinitas posibilidades de maravilla que ofrecen los libros.¿Cómo se explica, si no, el gran predicamento que tuvieron en USA las ideas ultraliberales en de Ayn Rand allá por los años 80?

¿O el éxito de la obra cuentística de Poe entre ese otro grupo tan vintage, pero a priori antiético que son los fans de Barbarella?

No descartemos tampoco que el prestigio de los autores rusos del siglo XIX venga sobre todo de la idea, quizás poco acertada, de que eran unos vivalavirgen que se pasaban el día bebiendo (como cosacos, no hace falta remarcarlo) y fornicando con bellas eslavas... Bueno, vale, en algún caso, tal vez no sea una idea tan equivocada, es cierto...


En esta utilización algo epatante de imágenes erótico-festivas (por decirlo así) destaca la constante y nunca suficientemente reconocida labor de Vexin Classics, cuyas cubiertas provocan en el lector asociaciones con el libro en cuestión que sin su ayuda quizás nunca hubiesen contribuido a enriquecer su lectura de esta manera...




No debemos descartar, pues, la utilización de este tipo de imágenes. Si gracias a ellas, se ha conseguido, por ejemplo, iluminar con nuevas interpretaciones la obra del Tolkien, proponiendo significados más sugerentes a títulos como Las dos torres o que los lectores chinos se den cuenta de que en la serie Crepúsculo el personaje de Bella Swan no era sino una excusa para disimular, ante el reprimido público occidental la verdadera relación amorosa que ocurre en la célebre saga vampiro-licantrópica... si ha sido posible esta apertura de miras, insisto, ¿por qué no ir más allá y -contentando además a los seguidores de la ultraderecha española, a los que tan atrayente resulta este tipo de parafilias- por qué no tratar de acercar, por ejemplo, a los aficionados a la zoofilia travestida? Haberlos haylos, seguro, o al menos en Noruega lo tienen claro:


En fin, como vemos, el camino ya está abierto y gracias a las cubiertas adecuadas, es posible potenciar la lectura entre colectivos en principio poco proclives a los libros o, al menos a ciertos libros. Con un diseño apropiado, se puede atraer  a cualquier tipo de lector o lectora hacia cualquier libro, por alejado que parezca de sus gustos. Ahora bien, todo editor ha de ser también cauto y no contratar a cualquier diseñador para su proyecto sin antes asegurarse de que es el idóneo para el encargo; el steampunk, por ejemplo, no tiene por qué ser lo más pertinente para una novela del siglo XIX ni el hecho de que salga un payaso con un globo significa que se trata de un libro infantil. Ni, por supuesto, que la obra esté ambientada en Escocia, que sea del mismo tipo que las de Megan Maxell o Monica McCarty... 





Vaya, que cada responsable editorial tiene que saber qué estilo es el más conveniente y propio para sus libros. Aunque las posibilidades son infinitas... ¡Todo sea por fomentar la lectura!






Bonus Extra: Para las personas interesadas en profundidar en el apasionante aunque turbador tema de las cubiertas bizarras, aquí unos cuantos enlaces que sin duda harán sus delicias: 


domingo, 12 de febrero de 2017

Reseña a cuatro manos: El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

Idioma original: Inglés
Título original: The buried giant
Traducción: Mauricio Bach
Año de publicación: 2015
Valoración: decepcionante

Hay que reconocer que Kazuo Ishiguro es un escritor valiente. Y es que tras haber escrito libros maravillosos, como Los restos del día o Nunca me abandones, podría haber caído en la autocomplacencia y en la casi irresistible tentación de escribir una y otra vez el mismo libro. Pero no. Además de torturar a su seguidores (e imagino que también a sus editores) con diez años de espera, resulta que les sorprende con una novela que no tiene absolutamente nada que ver con las anteriores.

Porque El gigante enterrado es, a primera vista, una novela de "aventuras" ambientada en la Edad Media, con sus caballeros artúricos, guerreros, dragones, venganzas, traiciones, etc (Tranquilos, Ishiguro no se ha convertido en un trasunto de George R. R. Martin o de Tolkien...). Digo a primera vista porque la novela es, o al menos lo pretende, una metáfora sobre la memoria o el olvido en el más amplio sentido de la palabra: memoria individual, memoria colectiva, memoria histórica... incluso sería una metáfora política (al menos, en España), si se le quiere dar esa lectura.

Una niebla de olvido ha cubierto el territorio en el que se desarrolla la novela, esa niebla ha contribuido decisivamente a que se haya extendido una paz casi total, a nivel individual y colectivo, pero la semilla de la venganza está plantada, solo resta que el terreno sea fértil para su crecimiento. Y así surgen las dudas y los personajes se preguntan cuestiones como:
Pero también me pregunto si lo que sentimos hoy en nuestros corazones no es semejante a esas gotas de lluvia que siguen cayendo sobre nosotros desde las hojas empapadas que tenemos encima, pese a que en el cielo ya hace rato que ha dejado de llover. Me pregunto si, sin nuestros recuerdos, lo único que le espera a nuestro amor es apagarse y morir
¿Quién sabe qué sucederá cuando hombres con facilidad de palabra relacionen antiguos agravios con un nuevo deseo de tierras y conquista?
El problema que, en nuestra opinión, tiene la novela es que el fondo está por encima de la forma (Ojo que Ishiguro  sigue escribiendo tan bien como lo hacía hace 20 años, al menos en lo que se refiere al dominio del párrafo y a la exquisitez de su prosa). Si decimos que el fondo está por encima de la forma es porque el planteamiento puede ser muy bueno (de hecho, nos parece que lo es), pero el vehículo utilizado para llevarlo a cabo no nos parece ni el más idóneo ni el mejor desarrollado. Si en otro momento imitar el estilo pulcro y hasta relamido de la prosa victoriana resultó una idea excelente, en esta novela, la pretendida sencillez de los romans medievales o incluso los cuentos tradicionales no parece acabar de casar con una novela que se va complicando, pero en ocasiones de forma algo gratuita. 

De hecho, la historia resulta un tanto "tramposa", con varias vueltas de tuerca que la alargan innecesariamente, con algunas lagunas (y no la Estigia precisamente) que le restan credibilidad, con personajes que no aportan gran cosa, situaciones rocambolescas... por momentos incluso se diría que el autor ha echado mano, para crear la trama, de uno de aquellos entrañables libros de Elige tu propia aventura. Por ejemplo (y perdón si esto es un spoiler):

-Os están atacando cientos de duendes que salen del río. ¿Qué harás?

A- Luchar con ellos para salvar a una anciana que no conoces de nada (vete a la página 62)
B- Pelear para ayudar a tu adorada esposa (vete a la página 70)
C- Salir por pies y no volver la vista atrás (vete a la última página. Has ganado)

Lo mismo si te encuentras a un perro del Infierno, a unos ogros caníbales o a los soldados de un malvado Lord (y no, esto tampoco es Shrek)...

Y en éstas, Ishiguro se demora 400 páginas; ya sabemos que Ishiguro es lento, moroso y con tendencia al detalle (lo cual en otros libros ya mencionados es parte de su encanto), en una historia que, en el fondo, no deja de ser un cuento largo. Aunque eso no justifica el trote cochinero que le inflige a la narración durante buena parte de la misma, en especial en su primer tercio, ni los diálogos reiterativos, los momentos en que la acción parece enredarse en bucle sobre sí misma..Por lo menos, esta manera de narrar, pausada y un tanto errática, cuando no provoca el sopor del incauto lector le va como anillo al dedo a alguno de los mejores hallazgos de la novela, que es la aparición, de vez en cuando, de momentos de una singularidad onírica interesante, como si se tratase de la inesperada plasmación de los miedos y recuerdos de los protagonistas.... o los arquetipos del célebre "inconsciente colectivo". Pero vaya, que tampoco es que estemos leyendo el guión de una película de Bergman... más bien, en la mayoría de los casos, vamos deambulando por el reino de Ooo junto con Finn y Jake. Sólo faltan el Rey Hielo y la princesa Chicle.

Se puede hablar también, claro (se debería de hablar), del ciclo artúrico, de Steinbeck, de los mitos griegos y de muchas otras referencias que sin duda están presentes en El gigante enterrado. Pero al final de la lectura da lo mismo porque lo que queda es una sensación amarga, sobre todo sabiendo cómo puede llegar a escribir Ishiguro. Y es que este  El gigante enterrado se queda a medio camino entre un divertimento, un pastiche y el simple mareo de perdiz y lo que en otro escritor podría ser un libro aceptable resulta, en este caso, francamente decepcionante.

Fdo.: Juan G.B. y Koldo CF

También de Kazuo Ishiguro en ULAD: Un artista del mundo flotanteNunca me abandonesLos restos del díaNocturnos

miércoles, 16 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (y 3)

Disclaimer: algunos títulos han sido mínimamente modificados (artículos o número) para lograr coherencia gramatical, pero son fácilmente reconocibles. El lenguaje soez es una exigencia del guión.


Aunque a los 25 años probablemente haya más pretenciosidad que sabiduría real, un cuarto de siglo es un tiempo decente para hacer cuentas de lo crecido. Si físicamente somos lo que comemos, intelectualmente somos lo que leemos.


Lo primero que nos mueve a descubrir nuestro entorno es la fantasía, los orcos y los hobbits de El señor de los anillos (Tolkien) y los magos de Harry Potter (J. K. Rowling) me trasladaron desde pequeño a ese mundo imaginario. Pero a medida que nos enfrentamos al mundo descubrimos que la realidad está muy lejos de esa fantasía y necesitamos nuevas herramientas para interpretar esa realidad que nos abruma. Descubrimos poco a poco la incompetencia de algunos Estúpidos hombres blancos (Michael Moore) y nos preguntamos ¿Qué han hecho con mi país, tío? (ídem). Te vas dando cuenta poco a poco del Desprestige (Catalán Deus) de muchos políticos y no queda más remedio que oponer Resistencia (Rosa Aneiros) llevando siempre A estrela na palabra (X. M. Beiras). A veces es necesario posicionarse En defensa de la intolerancia (Slavoj Zizek) para combatir los sofismas que se nos presentan como Los diez mandamientos del siglo XXI (Fernando Sabater). Y así, cuando estás Bajo el culo del sapo [expresión húngara: “estar jodido”] (Tibor Fisher) te das cuenta de que rebelarse es una obligación.


Y aunque a los 25 años parece que O sol do verán (Carlos Casares) empieza a ponerse y quedan atrás los tiempos en que capeábamos con entusiasmo La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón), siempre quedará alguna Lolita (Nabokov) en el recuerdo que nos despertará una pícara sonrisa. Recordaremos con rubor las Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones (Bukowski) que todos tuvimos. Y aunque no soy una Máquina de follar (ídem) puedo decir que quise a algunas Mujeres (ídem). Hay una edad en la que todo está por descubrir, en la que solo queremos unas eternas vacaciones en Lanzarote (Houellebecq), hacer todas las locuras que queramos, y Que nos juzguen los perros, si pueden (Paul M. Marchand).


Pero la vida no es una eterna Esmorga [“juerga” en gallego] (Blanco Amor). Existen demasiadas Ciudades de la alegría (Dominique Lapierre) donde ésta solo se encuentra escondida tras la miseria. Es imprescindible escuchar esas Voces robadas (Zlata Filipovic et al.) que Cuando un árbol cae (Isabel Núñez) se quedan en silencio o, mejor dicho, silenciadas. Es necesario leer esas Postales que desde la tumba (Emir Suljagic) nos envían desesperadamente los olvidados. Lugares donde se ha producido La destrucción del alma (Janja Bec) aunque aparentemente los verdugos No matarían ni una mosca (Slavenka Drakulic). Todas esas personas que vagaron Sin destino (Imre Kertész), y cuyo objetivo en esta tierra fue Vivir para contarla (Primo Levi), que lucharon, para quién sabe si encontrar, al final de su vida, la Liberación (Sándor Márai).

Pero en El país de las últimas cosas (Auster), siempre encontraremos alguna Tentación (Janos Székely) en la que caer, algún Tokio Blues (Murakami) que nos acaricie el alma o Ciento volando de catorce (Sabina) sonetos que nos escupan sus agridulces verdades a la cara.


Y aunque probablemente queden muchas letras en el tintero, y aunque no están todos los que son, sí son todos los que están. Perdónenme los eruditos por obviar a Shakespeare o Cervantes, quien esté en desacuerdo, que venga a corregirme de Oxford, amén (Carlos Reigosa).

martes, 15 de abril de 2014

Biografías lectoras: ganadores (2)

TOC, por David Villar Cembellín

El acto de leer, a estas alturas lo tengo claro, es un trastorno obsesivo-compulsivo. Obsesivo, porque mentalmente no concibes tu existencia sin lectura o tu mente sin el sumatorio de las mismas; y compulsivo, porque recurrentemente vuelves a los libros como pulsión vital. «El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad», que dijo Picasso en la que puede ser la mejor definición sobre la función de la Literatura.

Así las cosas, recapitulemos: ¿dónde comenzó mi afición de lector? No tengo ninguna duda, el germen tuvo lugar a edad temprana con las historietas de Pulgarcito, un tebeo que devoraba semanalmente y que proporcionó infantil e infinito placer al niño que fui. Por supuesto que a esos Pulgarcitos siguieron otros tebeos: la colección entera de Tintín, de Astérix, Zipi y Zapes, Mortadelos y Filemón, Grandes Aventuras Ilustradas… mi afición lectora se cimentó sobre una sólidas raíces: los tebeos. En mi cabeza sonaban Enrique y Ana.

A posteriori —o paralelamente, no recuerdo— llegaron decenas, quizá centenares de libros infantiles que sacaba casi a diario de la Biblioteca del Colegio de La Salle de Sestao (un abrazo fuerte desde aquí para Míkel, el bibliotecario): allí fueron cayendo desde la colección de Los Cinco (que me volvió loco), hasta los infames Hollister (que nunca me terminaron de gustar, demasiado anglobuenistas), Los tres investigadores, La banda del cuatro y medio, libros de El barco de vapor, la colección entera de los inolvidables Elige tu propia aventura de tapa roja (mis favoritos, La guarida de los dragones y Te conviertes en tiburón), etc. Pero si debo rescatar un libro de mi infancia, aquel fue La historia interminable. Su extensión (400 páginas o´clock), el carácter épico de la aventura que contaba, la multitud de personajes, la tipografía a doble color… aquel ejemplar que mi madre me compró en el Círculo de Lectores fue, sin ambages, mi lectura favorita de aquella infancia tardía. Aún lo es. En la radio sonaban casetes de Duncan Dhu que regalaban con la SuperPop y recopilatorios grabados de Los 40 Prinicpales a los que bautizaba con los originales nombres de “Guay 1”, “Guay 2”, “Guay 3”…

Y en estas llegó mi pubertad, llegó la adolescencia… y digamos que estuve más preocupado/ocupado de otras cosas que de leer. Además, en términos estrictamente crematísticos fue mi adolescencia una época particularmente jodida: fumador precoz, bebedor de fin de semana y aficionado a los tebeos… muchos vicios para 300 pesetas a la semana si las notas acompañaban (que no era el caso, para más inri). Pero, oh, de repente, como maná del cielo, a últimos de mes siempre aparecían 2000 pesetas en mi mano. ¡2000 pesetas!

Son para sacarte el bono mensual para el tren, ¿eh? —especificaba nítidamente mi madre.
—Sí, mama —mentía yo.

Y esas 2000 pesetas para el bono mensual, demasiadas definitivamente para un trozo de cartulina amarilla con tu DNI escrito a boli, se convertían automáticamente en mi paga extra, en mi bolsa de resistencia, en mi fondo de reptiles, en mi salvación. A cambio solo debía ir el resto del mes de colada en el tren, ni tan mal. Así fue como el casi hasta la indigencia misérrimo adolescente de Margen Izquierda que fui —que en el fondo siempre seré— consiguió dinero para seguir comprando cómics (el Spiderman de McFarlane, la Patrulla-X de Claremont…). Mis lecturas de esa época: las Crónicas de la Dragonlance (que me encantaron), El señor de los anillos (que me pareció un tostón ultradescriptivo, aún hoy no trago a Tolkien), los mitos de Chtuluh de Lovecraft, y algún que otro libro de más empaque que iba rescatando de las abigarradas estanterías de mi casa: La ciudad de la alegría de Lapierre, La insoportable levedad del ser de Kundera, Por quién doblan las campanas de Hemingway, Misericordia de Galdós, Tartufo de Moliere, Papillón de Carriere, Réquiem por un campesino español de Sender, La buena tierra de Pearl S. Buck, etc. La verdad es que tenía en mi propio hogar un buen fondo de armario. 

Pero si he de elegir una lectura de adolescencia que me marcó, que me tocó hondo, fue El club de los poetas muertos de N. H. Kleinbaum. Probablemente será una obra menor, o tramposa, o maniquea, pero me da igual, no me avergüenza reconocerlo… en aquel momento quinceañero la leí de un tirón, me habló de mí mismo y agitó mi anterior como ninguna lectura lo había hecho hasta entonces. En mi radiocasete sonaban noche y día A night at the opera de Queen, Violator de Depeche Mode, Disintegration de The Cure y Zooropa de U2.

Y como quien no quiere la cosa, crecí, me hice legal —que no moralmente— adulto, y el cuerpo me pedía más y más. Y entre cosas que me dejaron amigos (La tregua de Benedetti, El camino de Delibes…) y cosas que iba sacando de la biblioteca de Sestao (me divertí mucho cuando descubrí a Bukowski y Fante, me maravillé con Unamuno a través de Niebla, flipé con la trilogía de Auschwitz de Primo Levi…), las lecturas crecían y crecían. Además, gracias a trabajos esporádicos comencé a gozar de cierto escaso poder adquisitivo y pude culminar los imprescindibles de cómics que había ido dejando cojos a falta de vil metal: Watchmen, V de Vendetta, The Sandman, Black Orchid... Los dos más grandes de aquella época fueron sin duda Alan Moore (de quien aún sigo comprando compulsivamente todo lo que hace, de nuevo el TOC) y Neil Gaiman. Todavía conservo los originales de aquellos cómics que editó Zinco por primera vez. En la radio sonaban Guns´n Roses y grupos grunge que nunca me acabaron de convencer del todo, mientras yo descubría a Serrat, a Sabina, a Victor Jara, y me iba de concierto hasta Barcelona para ver a U2 (año 1997, Placebo de teloneros).

Y el tiempo prosiguió. Y con él las lecturas. Y así llegaron los que considero los más grandes. Pessoa y su Libro del desasosiego. Dostoievski y sus hermanos Karamazov (y, ¡oh!, Noches blancas). Scott Fitzgerald y sus hermosos y malditos. Steinbeck y sus uvas de la ira. Céline y su viaje al fin de la noche. Kenzaburo Oé y su cuestión personal. Y los relatos y el teatro de Chejov (mención especial para las líneas finales de El tío Vania y Las tres hermanas). Y la inolvidable disertación amorosa de Carson McCullers en La balada del café triste. Y la siempre hilarante y divertida crítica social de Gogol. Y el realismo sucio y desesperanzado de Thom Jones, Kjell Askilden y Ray Pollock. Y los futuros distópicos de Zamiatin, Orwell y Huxley. Y los alegatos antibelicistas de Trumbo y Vonnegut. Y la eterna espera de Buzzati. Y la lucidez impía de Saramago. Y las historias siempre trágicas y emocionantes de Zweig. Y los justos de Camus. Y las ciudades de Calvino. Y las estrellas de Lem. Y tantos y tantos…

La lista a estas alturas no es interminable, pero sí extensa. Menos de lo que me gustaría, no obstante. También han ido evolucionando mis gustos en cómics, creo, hacia terrenos más europeos e independientes, y en estos años he leído unos cuantos excelentes: Blankets de Craig Thompson, El arte de volar de Altarriba y Kim, la serie de Paul de Rabagliati, el Paracuellos de Carlos Giménez, el siempre seguro de calidad Luis Durán, y muchos más que no tendría tiempo aquí de reseñar. Además, con el tiempo he dado cabida a la poesía, a la que tenía semiolvidada, y he disfrutado como un loco de poetas tan grandes como Pessoa, Alejandra Pizarnik, Marina Tsvetaieva, Kavafis, Karmelo Iribarren, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Altolaguirre, Kirmen Uribe, y tantos otros que se me estaban escapando —que todavía se me escapan— por pura ignorancia (internet ha sido un cauce muy útil, por cierto, para estos hallazgos). En mi reproductor de mp3 ahora suenan mucho los Smiths y Nacho Vegas, señal tal vez de que a estas alturas me he vuelto un ser más triste, o quizá tan sólo más lastimero.

Pero a lo que vamos: con el carácter ecléctico de siempre, sigo leyendo. Sin un orden, sin un patrón, solo por el placer de leer, y lo seguiré haciendo. Pero sirvan estas líneas, este corolario a esta biografía lectora, como agradecimiento a todos aquellos que lo hicieron posible y sentaron las bases del lector en que me he convertido. Así, quede dicho:

¡GRACIAS A MI FAMILA POR AQUELLOS PRIMEROS “PULGARCITOS”!
¡GRACIAS A MIKEL Y SU BIBLIOTECA DEL COLEGIO DE LA SALLE DE SESTAO POR EXISTIR!
¡GRACIAS A MI MADRE POR EL EXCELENTE FONDO DE ARMARIO LITERARIO QUE TENÍA EN CASA!
¡GRACIAS A LOS AMIGOS, NOVIAS, COMPAÑEROS DE TRABAJO… QUE COMPARTIERON CONMIGO SUS LECTURAS FAVORITAS!
¡GRACIAS A LOS LIBREROS QUE SUPIERON DESCUBRIRME AUTORES QUE DESCONOCÍA Y A AQUELLOS QUE SUPIERON ENCONTRAR MIS EXIGENCIAS MÁS BIZARRAS! (un abrazo especial para aquel dependiente rastafari de la FNAC-Zaragoza que se equivocó conmigo y se pensó algo que no era cuando le pedí el Maurice de Forster) ;P
¡GRACIAS A LA GUAPA BIBLIOTECARIA DE MUSKIZ QUE NUNCA SE ENFADA CUANDO LE LLEVO CON MUUUUUCHO RETRASO TODOS LOS LIBROS QUE ME LLEVO!
¡GRACIAS A LOS PEQUEÑOS EDITORES QUE ARRIESGAN Y RESCATAN DEL OLVIDO OBRAS QUE VALEN MUCHO LA PENA!
¡GRACIAS A INTERNET, Y SUS DESCONOCIDOS, Y SUS CRÍTICAS, Y SUS BLOGS, Y SUS PÁRRAFOS ESCOGIDOS… QUE SIRVEN DE BRÚJULA PARA TODOS ESOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS!

Gracias a todos, de verdad. Mi trastorno obsesivo-compulsivo está en deuda con vosotros. Pero eternamente agradecido por el mismo, en serio.

jueves, 5 de julio de 2012

E. L. James: Cincuenta sombras de Grey (I)

Título original: Fifty Shades of Grey
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2011
Valoración: Repugnante

Al final, tras mucho pensarlo, me he decidido a reseñar estas Cincuenta sombras de Grima, digo…, de Grey, a pesar de que no me apetecía mucho hacerlo por pereza, por miedo a ser injusta, por preferir reseñar libros que sí que me han gustado, por evitar trolls avinagrados, y por unos cuantos motivos más… Pero bueno, me he dicho “¿Y por qué no?”, y aquí estamos.

Ahora, a ver por dónde empezamos, porque lo que pienso de este libro daría para muchos post como éste, y no es plan de aburrir al personal.

Vamos allá…

Lo primero de todo, decir que la autora, un ama de casa londinense madre de dos niños y ex trabajadora del mundo de la TV, engendró esta novela (la primera de una trilogía) a raíz de escribir un texto fanfiction (dícese de lo que escriben libremente los fans de célebres libros utilizando a los personajes de sus obras preferidas) derivado de la saga Crepúsculo muy erótico-festivo. La cosa es que su fanfic gustó mucho en la Red, mucho, hasta el punto de que una editorial se lo acabó comprando. Y cambiando de nombre a los personajes de Stephenie Meyer con los que había creado su pieza (Bella Swan por Anastasia Steele y Edward Cullen por Christian Grima, digo…, Grey), y con un poco de chapa y pintura y muchas más líneas, voilà!, E. L. James armó la nueva saga de la que todos hablan (en este caso, más bien “todas”…).

Por cierto, ¿soy la única que piensa que la ensalada de argumentos y géneros en las sagas que de un tiempo a esta parte se han convertido en fenómenos mundiales es algo digno de análisis? Porque, calidades literarias aparte, fijémonos en qué historias tan variopintas son las que contienen las sagas literarias de moda de los últimos años: niño mago enfrentando a un villano de película de Sam Raimi; niña rara que duda entre un vampiro y un hombre lobo; guerra de tronos en un reino imaginario lleno de épica, sexo, violencia y ecos de Tolkien; niña pobre y hambrienta atrapada en una Battle Royale versión Disney, y por último, esto, la fogosa historia entre un joven y rico y guapísimo empresario aficionado a controvertidas prácticas sexuales, y una virginal universitaria atraída por él hasta la médula. Una confesa vuelca de tuerca subidita de tono de la segunda saga mencionada, además. “Porno para mamás” lo han llamado, atroz etiqueta anti-lujuria en mi humilde opinión.

Y ahora debería meterme de lleno en la historia de Cincuenta sombras de Grey, pero casi sin querer acabo de hacer ya una breve sinopsis. Y es que tampoco hay mucho que añadir… Que eso: que Anastasia (Ana para los amigos a partir de ahora) Steele es pálida, morena, virgen, tímida, amante de los libros y que se cree muy poca cosa,  y que un día, por hacerle un favor a su mega guapa mejor amiga Kate, acude a una intimidante empresa para entrevistar para el periódico de la uni a su jefe, un multimillonario de 27 años llamado Christian Grima, digo..., Grey, por el que se siente, al instante, irresistiblemente atraída. Y éste, increíblemente, padece la misma atracción fatal por ella, y la busca, y primero le dice que mejor que se aleje de él, pero ni él ni ella quieren eso, y deciden liarse, sí, y con tal objetivo él la lleva a su mansión de Drácula metrosexual en su helicóptero privado (es que es muy muy rico y muy muy fantasma). Pero cuál es la sorpresa de la pobre muchacha cuando el tipo le dice que lo único que puede darle es una relación basada en el sexo, y sexo de lo más oscuro y salvaje, encima: quiere que Ana se convierta en su sumisa (como sus 15 ex parejas) y que firme un tétrico contrato para comprometerse a jugar con él a base de bondage, fustas, látigos, pinzas, etc.

Vamos, una etapa de transición perfecta para una chica sin experiencia sexual hasta entonces.

Pero Ana le desea taaanto, y sueña taaan esperanzadoramente con salvarle de sí mismo (la joven se huele que hay algún trauma infantil flotando en el aura de Christian), que acepta, y tras ciertas exigencias y cambios en algunas cláusulas (porque E. L. quiere vendernos que, en el fondo, esta sosias de Bella Swan es una tía con mucha personalidad), firma ese contrato de sumisión que no le promete precisamente un novio de esos que regalan cajas rojas de Nestlé y bonos de Spa.

¡Vaya! Acabo de darme cuenta de que me estoy pasando un montón con el espacio… ¿Seguimos otro día? Venga, que sí.

Laters, baby…

Segunda parte del libro: Aquí

jueves, 8 de marzo de 2012

Respuestas al Quiz

Con motivo del tercer cumpleaños del blog el pasado 1 de marzo, preparamos este quiz literario para que vosotros, fieles lectores para los que publicamos una reseña al día, pudierais comprobar cuánto habéis aprendido sobre libros, sobre el propio blog y sobre los autores del blog en estos tres años (¡¿TRES AÑOS!?)... o el tiempo que llevéis siguiéndonos.

Como lo prometido es deuda, a continuación encontraréis las respuestas a las preguntas y un baremo uladiense con el que medir el éxito de vuestra participación en el concurso (sí, al más puro estilo Super Pop o Bravo).


RESPUESTAS:

1. ¿En qué obra de teatro isabelina se la lía parda el Correos de la época a una pareja de jóvenes amantes? Romeo y Julieta, de William Shakespeare.

2. ¿Con qué colección de ¿poemas? nos muestra su lado más pícaro un autor que normalmente escribía fábulas sobre cigarras y hormigas? El jardín de Venus, de Félix María Samaniego.

3. ¿Para qué distopía bibliófoba nos vendría bien ir entrenando la memoria, por si las moscas? Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

4. ¿En qué obra de teatro resulta de vital importancia el nombre del protagonista? La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde.

5. ¿Qué libro canónico, poblado de seres verdes y morados y catalogado como "repugnante", confesamos haber reseñado sin leerlo? El Libro de Urantia.

6. ¿Qué novela resulta, debido a la inapropiada -o, ejem, ilegal- relación entre sus protagonistas, repulsiva a la par que deliciosa? Lolita, de Vladimir Nabokov.

7. ¿Qué novela corta, ambientada en una travesía de barco, se articula en torno al ajedrez? Novela de ajedrez, de Stefan Zweig.

8. ¿En qué novela se nos va por las ramas el aristocrático protagonista? El barón rampante, de Italo Calvino.

9. ¿Y en qué novela el autoculpabilizado personaje principal no sale de debajo de las ramas? La higuera, de Ramiro Pinilla.

10. ¿Qué autor es reseñado asiduamente por Jaime, como parte de un taimado plan para dominar el mundo? Jorge Luis Borges.

11. ¿Cuál es el género cuya principal reseñadora es Izas? Cómic / novela gráfica.

12. ¿Qué novela de García Márquez amenaza con provocar un duelo a florete entre Jaime y Santi? El otoño del patriarca.

13. ¿Qué autor portugués usa el nombre de un animal acuático (pero no un pez) para hacer una metáfora del Portugal salazarista? Cardoso Pires (El delfín).

14. ¿Con qué reseña empezamos el blog hace tres años yparecequefueayercómopasaeltiempo? La tregua, de Mario Benedetti.

15. ¿Cuál fue el título español de la novela húngara cuyo título original significa "Las velas ardieron hasta el final"? El último encuentro, de Sandor Márai.

16. ¿En qué afamada y tochácea novela algunos de sus protagonistas llegan al monte de su destino? El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien.

17. Y, puestos a hablar de montes, ¿en qué otra novela el protagonista dice haber llegado "a la cumbre de su buena fortuna"? El Lazarillo de Tormes.

18. ¿Cuál es la novela en la que una roca es la que se encarga de contarnos la historia? Sueño en el pabellón rojo (también llamado Memorias de una roca), de Cao Xueqin y Gao E.

19. ¿Qué gran amor hindú resulta frustrado a causa de la división social en castas? El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy.

20. ¿En qué novela valenciana cuyo asunto es la corrupción inmobiliaria se inspira una serie de TV? Crematorio, de Rafael Chirbes.

21. ¿Cómo se llama la adolescente que, por sacar conclusiones precipitadas, cambió el rumbo vital de toda una familia y el suyo propio, y tuvo por ello que expiar su culpa? Briony en Expiación, de Ian McEwan.

22. ¿Qué autor imaginó lo que hubiese ocurrido si EEUU no hubiese participado en la Segunda Guerra Mundial? Philip Roth en La conjura contra América.

23. ¿Qué ensayo, reseñado en este blog con cierto distanciamiento, se considera la "biblia" de los activistas del 15 M? ¡Indignaos!, de Stephan Hessel.

24. ¿En qué serie de libros el invierno parece uno de los protagonistas? Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin.

25. ¿Cuál es la obra en la que el veneno vertido en un oído provoca toda la trama? Hamlet, de Shakespeare.


BAREMO DE SABIDURÍA ULADIENSE:

  • 21-25 respuestas acertadas: "¡SOY EL QUE MÁS SABE DE ULAD DEL MUNDO!".
  • 16-20 respuestas acertadas: "Mi nivel de frikismo uladiense ha llegado a límites inconfesables".
  • 11-15 respuestas acertadas: "Si ULAD fuera El Señor de los Anillos, yo sería Sam. Pero quiero llegar a ser Frodo. O Gandalf. ¡O Sauron!"
  • 6-10 respuestas acertadas: "Que no cunda el pánico: aún soy joven -si no de cuerpo, de mente- y tengo mucho tiempo para ponerme al día con el blog".
  • 1-5 respuestas acertadas: "Bueno, no está mal: sé lo que es un libro. Ahora tengo que averiguar qué son esos bichitos negros que hay en todas las páginas"
  • 0 respuestas acertadas: "Estoy haciendo algo mal con mi vida: debería dejar el trabajo, abandonar a mi pareja, dar en adopción a mis hijos y a mis mascotas y encerrarme en una biblioteca pública hasta el fin de mis días. O hasta que acierte al menos cinco respuestas en el próximo quiz ULAD".

... ¿Y bien? ¿Qué tal os ha ido? ¿Qué respuestas habéis acertado y de cuáles no teníais ni repajolera idea? ¿Os pareció demasiado fácil o difícil el quiz? ¡Contádnoslo en los comentarios!

viernes, 8 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios en el archivo ULAD

Durante esta semana hemos hablado de algunos grandes villanos literarios de hoy y de siempre (Satán, Daniel Quilp, Heathcliff, Briony), pero sería injusto no hacer mención a otros, a los que no hemos dedicado una entrada por el simple hecho de que ya hemos hablado de los libros en los que aparecen. Estos son algunos de nuestros "malos favoritos":

-El Capitán Garfio, en Peter Pan, de James Barrie. Uno de esos villanos a los que es imposible odiar. Torturado por Peter Pan y sus Niños Perdidos, perseguido por el cocodrilo y su reloj, el Capitán Garfio es un malvado carismático que despierta nuestra simpatía y nuestra comprensión; sobre todo por contraposición con el niño-eterno, que es sencillamente insoportable.

-Jean-Baptiste Grenouille, en El Perfume de Patrick Süskind. Con su nariz todopoderosa, su espíritu de supervivencia y su absoluta falta de escrúpulos, este perfumista/asesino es uno de los personajes más originales e inquietantes de la narrativa del siglo XX.

-Domingo, en El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton. Pero ¿es Domingo verdaderamente un villano? ¿Es un héroe? ¿Es un diablo? ¿Es un semidiós? Es necesario leer la novela para poder contestar a esa pregunta. E incluso, después de leerla...

-Eso en It, de Stephen King. No sabemos qué es, cómo nació, de qué está hecho. Lo conocemos sencillamente como "eso", o, en su encarnación de payaso, como "Pennywise". Lo que sí sabemos es que nos da miedo. Mucho miedo. Ah, y que aquí todos flotamos.

-Annie Wilkes, en Misery, por seguir con Stephen King. Una voraz lectora de ideas fijas e higiene difusa: alguien que no quisiéramos tener como vecina. La gran pantalla ha hecho célebres algunos de sus peculiares métodos de enfermería.

-Dorian Gray, en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. El perfecto dandy inglés seducido por la tentación de la eterna juventud, cuya degeneración moral y física se van reflejando en su retrato y no en su cuerpo, es ya un mito moderno de la literatura universal. Y además, con el incomparable estilo de Wilde.

-Dexter Morgan, en El oscuro pasajero (y los demás de la serie), de Jeff Lindsay. Porque antes de ser una serie de éxito, Dexter fue un personaje literario.

-El Coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Otro de esos villanos enigmáticos, complejos, hipnóticos, capaz de dominar una novela en la que solo aparece en el último tercio, y de despedirse con una de esas frases memorables y mil veces repetidas y parodiadas: "¡El horror! ¡El horror!".

-Sauron, en El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Como no necesita presentación, pasemos al siguiente.

-El padre de Kafka, en Cartas al padre, o lo que es lo mismo, esa forma inaprensible y opresiva del poder que torturó al pobre Franz toda su vida, y sin la cual nunca habríamos tenido obras maestras como La metamorfosis, El castillo o El proceso. (Vale, igual es un poco excesivo llamar villano al pobre hombre, pero ya se entiende...)

-Voldemort en la heptalogía de Harry Potter, de J. K. Rowling. El reverso tenebroso del héroe, el lado oscuro de la magia, el-que-no-debe-ser-nombrado, que fue adquiriendo relevancia (y poder) a medida que los libros avanzaban y la serie iba volviéndose más adulta y más oscura. Hasta el gran enfrentamiento final...

Seguro que nos hemos olvidado de muchos otros, pero así os dejamos opción a vosotros, los lectores, para que nos habléis de vuestros "villanos de cabecera". Así que adelante, los comentarios son vuestros: ¿quiénes son vuestros malos favoritos?

viernes, 6 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (I)

Para conmemorar que hemos llegado a las 250 entradas de blog -sin fallar un solo día-, los que hacemos Un libro al día nos hemos propuesto hacer nuestro propio "canon" de los mejores libros escritos en los últimos 250 años. Cada uno de los autores del blog votamos por los libros que quisimos (10 en algunos casos, 25 en otros), y después unificamos las listas.

Como la lista de "nominados" y "premiados" es muy larga, la dividimos en dos partes: publicamos hoy la lista de libros que obtuvieron un solo voto, de alguno de nosotros (los "nominados"). Mañana publicaremos la lista de los 14 libros que obtuvieron más de un voto y que, por lo tanto, se puede decir, son "los 14 mejores libros escritos en los últimos 250 años según Un libro al día". Como veréis, en la lista -la de hoy y la de mañana- hay un poco de todo: mucha literatura consagrada (no es un canon excesivamente rompedor en ese sentido); casi todo novela, con algunas incorporaciones de novela gráfica, ciencia-ficción o novela fantástica; bastante literatura en español (con predominio de Hispanoamérica) y sobre todo una aplastante mayoría de obras del siglo XX.

Esta es, en fin, la lista de nominados:


  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
  • Antología poética, Miguel Hernández
  • Canto a mí mismo, Walt Whitman
  • Cantos de Maldoror, Isidore Ducasse
  • Capitanes de la arena, Jorge Amado
  • De ratones y hombres, John Steinbeck
  • Dune, Frank Herbert
  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • El barón rampante, Ítalo Calvino
  • El candor del padre Brown, G. K. Chesterton
  • El color de la magia, Terry Pratchett
  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
  • El lobo estepario, Herman Hesse
  • El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima
  • El proceso, de Kafka
  • El profeta, Khalil Gibran
  • El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
  • El rey se muere, Eugene Ionesco
  • El ruido y la furia, William Faulkner
  • El señor de los anillos, J.R.R Tolkien
  • El tragaluz, Antonio Buero Vallejo
  • El último encuentro, Sandor Marai
  • Esperando a los bárbaros, Coetzee
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe
  • From Hell, Alan Moore
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Inventario Uno, Mario Benedetti
  • Jane Eyre, Emily Bronte
  • Juego de tronos, George R.R Martin
  • La casa de citas, Alain Robbe-Grillet
  • La ciénaga definitiva, Giorgio Manganelli
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • La naúsea, Jean Paul Sartre
  • La tierra baldía, T. S. Eliot
  • Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
  • Libro del desasosiego, Fernando Pessoa
  • Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata:
  • Luces de Bohemia, Valle Inclán
  • Me casé con un comunista, Philip Roth
  • Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
  • Mrs. Dalloway, Virginia Woolf
  • Narraciones extraordinarias, Poe
  • Nieve, Ohran Pamuk
  • Orgullo y prejuicio, Jane Austen
  • Poeta en Nueva York, Lorca
  • Rayuela, Julio Cortázar
  • Relatos, Julio Cortázar
  • Residencia en la tierra, Pablo Neruda
  • Rimas, Becquer
  • Sin destino, Imre Kertesz
  • Todo Mafalda, Quino
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
  • Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud