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viernes, 22 de febrero de 2013

John Steinbeck: Los vagabundos de la cosecha

Idioma original: Inglés
Título original: The Harvest Gypsies
Año de publicación: 1936
Traducción: Marta Alcaraz
Valoración: imprescindible

Reconozco que esta es mi primera lectura de Steinbeck. Que el año de publicación de este libro es, casi, aquel en que deja de sentirse cómoda mi filia absoluta por los autores contemporáneos. Y que la lectura de libros como éste me hacen replantear esta inexplicable aversión. Aunque este libro no sea lo que se dice una lectura agradable, y menos hoy en día.
Los vagabundos de la cosecha es un extenso reportaje periodístico, que en la cuidada edición de Libros del Asteroide se acompaña de un largo, pero justificado prólogo y de un reportaje fotográfico con impactantes imágenes. Aunque el impacto real proviene del texto de Steinbeck, una crónica fiel e implacable que nos desliza rápidamente por las simas de la necesidad extrema. Trata del flujo de granjeros que, al perder sus cosechas y sus posesiones en los años 30, la Gran Depresión, tuvo que aventurarse hacia el estado de California, para poder subsistir como temporeros: unos 150.000 americanos alojados prácticamente en las riberas de los riachuelos y en precarias chabolas en los márgenes de las carreteras del estado. Una marea humana acuciada por la miseria y la necesidad más absoluta. Steinbeck habla de sus duras condiciones de vida, de las circunstancias que les han llevado a esas difíciles circunstancias, habla con un estilo directo y objetivo (aunque no deja de exponer bien clara su percepción de la situación) y no repara en ejemplos que, no por la frialdad de su objetiva exposición, pierden su condición de escalofriantes. Y, por supuesto, esa frialdad no excluye la denuncia: cómo los que contratan a los temporeros los hacen acudir en masa para forzar los salarios a la baja, cómo impiden que éstos se organicen en defensa de sus derechos, cómo instauran una doble moral de necesidad de esa fuerza laboral y rechazo una vez es usada. Todo un tratado preocupantemente adaptable a los tiempos que corren.
Como he dicho, ésta es mi primera lectura de Steinbeck. Me merezco ser recriminado por ello. Más adelante, seguro, caerá alguno de sus tres títulos más célebres, todos reseñados ya en Unlibroaldía. No sé si en esta crónica está la semilla de algunos de ellos. Sugiere el prólogo que sí: de hecho el prólogo se titula El fantasma de Tom Joad, en alusión al protagonista de Las uvas de la ira. Puede que en estas crónicas duras y descarnadas esté también el origen del periodismo literario de Capote o de Kapuscinski. Mucho habría que agradecerle entonces a Steinbeck. Pero nada más fiel a la descripción  de su importancia que el ejemplo de este último párrafo del libro: contundente, pero esperanzado.

Los nuevos emigrantes de la Dust Bowl han llegado a California para quedarse. Son buenos americanos, hábiles, inteligentes y, cuando se les concede una oportunidad, socialmente responsables. Condenarlos al hambre e intimidarlos hasta la desesperación no dará resultado. Pueden ser ciudadanos ejemplares, pero también pueden convertirse en un ejército espoleado por el sufrimiento y el odio que termine tomando por la fuerza aquello que necesita. De cómo los tratemos en el futuro dependerá el rumbo que se vean obligados a tomar.

También de John Steinbeck en Unlibroaldía
Al este del Edén, De ratones y hombres, Las uvas de la ira, La perla

viernes, 6 de mayo de 2011

John Steinbeck: Al este del Edén

Idioma original: inglés
Título original: East of Eden
Año de publicación: 1952
Valoración: imprescindible

Al este del Edén relata las historias de dos familias estadounidenses, los Hamilton y los Trask, a lo largo de tres generaciones. Ambientada en el Valle de Salinas en California, como muchas otras obras de Steinbeck -el escritor era natural de allí-, el título de la novela hace referencia al mito bíblico de Caín y Abel.

El gran tema que vertebra la novela es el amor, en cualquiera de sus facetas: no solo el amor filial, el fraternal, el sentimental… sino también la falta de amor -el rechazo- o la deshumanizadora incapacidad para sentirlo. El lector avanza por esta gruesa historia, densa en simbolismo, y descubre con horror cómo los personajes tropiezan con las mismas piedras que hicieron caer a sus padres. La sangre, por tanto, es también importante: Caleb -uno de los Caínes de nuestra historia- siente dentro de sí el mal heredado de su madre -que podemos relacionar fácilmente con Eva- pero lucha por derrotarlo con la ayuda de quienes le recuerdan que el ser humano ni es blanco ni es negro.

Resulta difícil hablar de esta novela sin desvelar detalles de la trama que quisiera que sorprendieran al lector cuando lea el libro, y no cuando se acerque a él a través de esta reseña. Esta fue considerada por su autor como su mejor obra, la más completa, como si todas las anteriores no hubieran sido más que una preparación para esta. Lo único que le echo en cara -y debéis perdonar que sea tan quisquillosa con estos aspectos narrativos- es la alternancia entre un narrador omnisciente y un narrador testigo que, sinceramente, no creo que aporte nada. La voz de este último aparece de vez en cuando sin motivo aparente.

John Steinbeck nos regala unos personajes supurantes de matices, en lucha constante consigo mismos, siempre alerta, y nos ofrece una redentora visión de uno de los mitos bíblicos que mejor supieron captar los entresijos de la naturaleza humana.


Curiosidad: el propio Steinbeck aparece brevemente como personaje secundario, nieto del patriarca Hamilton (y es, precisamente, este narrador testigo del que he hablado).

Versión cinematográfica, centrada en la historia de los mellizos Cal y Aron Trask y su relación con su padre, Adam -sí, esto de los nombres resulta pelín obvio-, dirigida por Elia Kazan y protagonizada por James Dean, Julie Harris y Raymond Massey. ¿Alguien la ha visto?

También de John Steinbeck en ULAD: Las uvas de la iraLa perla, De ratones y hombresLos vagabundos de la cosecha

viernes, 19 de marzo de 2010

John Steinbeck: La perla

Idioma original: inglés
Título original: The Pearl
Año de publicación: 1947
Valoración: recomendable

Para mí, volver a coger una novela de Steinbeck ha sido como volver al hogar. Uno se desliza suavemente sobre sus líneas, dejándose mecer por la humildad y honestidad que destilan, con la sensación de volver a pisar terreno conocido, inadvertidamente añorado.

La perla es una novela corta que nos cuenta cómo la vida de Kino, un buscador de perlas mejicano, cambia radicalmente cuando encuentra "la perla del mundo", la más grande y perfecta jamás vista por nadie en la región. Por su imaginación empiezan a desfilar posibilidades que hasta el momento parecían estar totalmente fuera del alcance de su raza oprimida: se casará por fin en la iglesia con su mujer, Juana; comprarán zapatos nuevos; su hijo Coyotito aprenderá a leer y a escribir y les explicará "lo que realmente dicen los libros"... Pero pronto la perla despertará las envidias de todos y se revelará como una fuente de mal más que de bienestar.

Esta trágica y durísima parábola trata temas sencillos pero complicados como la avaricia, la ambición desmedida, la autosuperación, la familia o el racismo, todo esto en el marco de una pequeña comunidad vecinal. El lenguaje de Steinbeck es, consecuentemente, sencillo pero sugerente: es el lenguaje de Kino y de Juana, su incondicional esposa, el lenguaje que uno "no suele encontrar en los libros".

Lo mejor de Steinbeck y de La perla, los personajes femeninos: parecen estar siempre en la sombra, subyugadas a los maridos, pero nada más lejos de la realidad. Juana es comprensiva, dura y firme -estoica casi-, y el valor de Kino se nutre de su fortaleza.

También de John Steinbeck en ULAD: Las uvas de la ira, De ratones y hombresAl este del EdénLos vagabundos de la cosecha

jueves, 15 de octubre de 2009

John Steinbeck: De ratones y hombres

Idioma original: inglés
Título original: Of mice and men
Año de publicación: 1937
Valoración: Muy recomendable

1.- Crítica unlibroaldiense
De ratones y hombres es una de las obras más conocidas de John Steinbeck, junto con Las uvas de la ira o La perla. Es también una de las mejores, en mi opinión. De argumento sencillo y estructura teatral, cuenta la historia de George Milton y Lennie Small, dos jornaleros que van de rancho en rancho en la California de la Gran Depresión buscando trabajo. George es inteligente y suspicaz; Lennie es fuerte y bonachón, pero sin un gramo de inteligencia. Ambos sueñan con comprarse un terreno y montar una granja de conejos; pero hay un aire de tragedia en toda la novela que presagia lo inevitable. Contada con trazos rápidos y sin rodeos (excepto por algunas descripciones prescindibles), es una novela conmovedora y sutil, de técnica tan admirable como invisible.

2.- Crítica feminista
De ratones y hombres es sólo un ejemplo más de la mentalidad masculina hacia la sexualidad femenina, no sólo en los puritanos Estados Unidos de entreguerras, sino en cualquier país, en cualquier momento. El sistema social de los hombres se presenta como un paraíso cerrado, violento pero sostenible, que sólo se ve trágicamente alterado cuando se interpone la figura sensual, y por lo tanto pecaminosa y amenazante, de una mujer. De esta manera, Steinbeck -portavoz del patriarcado más radical- retoma el viejo motivo bíblico de la perdición de lo masculino por lo femenino: el Edén (mito muy steinbeckiano) en el que Eva, la serpiente y la manzana son una misma cosa. Realmente repugnante.

3.- Crítica marxista
Admirable crítica, en una lectura superficial, del estado de alienación y deshumanización al que llegan los hombres a causa de la opresión de un sistema capitalista en crisis (y cuándo no lo está) como el estadounidense de los años 30, De ratones y hombres ofrece además una posible lectura suplementaria e igualmente interesante: Lennie, el auténtico protagonista trágico de la novela, representa al proletariado adormecido y desorientado por la superestructura, que posee la fuerza necesaria para escapar del yugo del capital, pero no hace uso de ella, sino de manera puntual y descaminada. El desenlace de la novela, además, nos recuerda que en demasiadas ocasiones no es la clase dominante la que descabeza la revolución, sino las propias clases obreras las que se autofagocitan atrapados en los ingenuos sueños de propiedad infundidos por la superestructura.

4.- Crítica queer
No es de extrañar que, con la excusa del lenguaje obsceno o impropio, De ratones y hombres se haya convertido en uno de los libros más censurados del siglo XX. Pero la razón hay que buscarla en otro lugar, y de hecho es una razón bastante evidente: en realidad, lo que De ratones y hombres narra es la historia de una relación homosexual encubierta -puesto que no habría sido aceptable una sociedad machista como la de los ranchos californianos- entre sus dos protagonistas. Los signos de esta lectura son abundantes en la novela: el misterio con el que ambos hombres envuelven su origen y el motivo por el que están juntos; sus sueños de un futuro compartido; su rechazo de las propuestas sexuales del personaje femenino... El desenlace de la novela se llena así de un nuevo significado; la carga mítica de la novela se agranda, y el poder de su ascendencia trágica resulta aún más conmovedor.

5.- Crítica afroamericanaEn De ratones y hombres sólo hay un personaje negro. Trabaja en el establo, tiene la espalda tan destrozada que no puede ni mantenerse erguido, y nadie le hace ni puñetero caso. No creo que haga falta decir más...


También de John Steinbeck en ULAD: Las uvas de la iraLa perla, Al este del EdénLos vagabundos de la cosecha

jueves, 31 de marzo de 2011

John Steinbeck: Las uvas de la ira

Idioma original: inglés
Título original: The Grapes of Wrath
Año de publicación: 1939
Valoración: imprescindible

Las uvas de la ira es, simple y llanamente, una de mis novelas favoritas. Ambientada en la época de la Gran Depresión americana, asistimos a los arduos esfuerzos de una familia granjera de Oklahoma que emprende un viaje a California en busca de un porvenir que parece eludirles continuamente.

Con los capítulos que nos hablan de los diferentes miembros de esta familia se van alternando otros que narran historias anónimas y generales. De esta manera, entendemos que las tribulaciones de la familia Joad no fueron circunstanciales ni se dieron de manera aislada: el hambre, la falta de empleo y la desesperante imposibilidad de encontrarlo fueron desgracias comunes a la vida de millones de americanos tras el Crack del 29. Esta conjugación de lo particular y de lo general dota de consistencia a la novela y es, en mi opinión, uno de los mayores aciertos narrativos de Steinbeck.

Además, el autor se las ingenia para dar vida a algunos personajes memorables. Por ejemplo, Ma Toad, la matriarca, cuyo nombre jamás conoce el lector, quien se erige en guía y bastón de la familia de manera espontánea y enternecedora.

Por triste que resulte, las tribulaciones de esta familia de "Okies" recuerdan demasiado a la situación que viven muchas familias hoy en día. Su lucha infatigable, su tesón y su afán de supervivencia son, deberían ser, un ejemplo para todos.

También de John Steinbeck en ULAD: La perla, De ratones y hombresAl este del EdénLos vagabundos de la cosecha

sábado, 21 de septiembre de 2019

Yasunari Kawabata: Una grulla en la taza de té

Idioma original: Japonés
Título original: Senbazuru 
Traductor: Luis Salvador
Año de publicación: 1952
Valoración: Recomendable

Senbazuru (千羽鶴) es la quinta novela de Yasunari Kawabata. Reúne todos los elementos que caracterizan el buen hacer del Premio Nobel de Literatura japonés: prosa delicada, un uso exquisito del lenguaje, atención al detalle, un tono poético que lo empapa todo, descripciones atmosféricas y personajes dibujados con una densidad psicológica considerable. Así pues, pese a su brevedad, esta obra es literatura de alto voltaje.

Además de por su evidente calidad narrativa, al lector occidental puede interesarle este libro en tanto que puerta de acceso a las costumbres niponas. Sin ir más lejos, indaga en las complejas sutilezas de uno de los ritos más misteriosos del país del sol naciente, la ceremonia del té.

Y, ya que hablamos de la ceremonia del té, destaquemos la importancia que ésta tiene a lo largo de Senbazuru. Kawabata se sirve de ella como paralelismo de la vida. Igual que los objetos empleados en este rito pasan de generación en generación, también lo hacen el amor, el deseo y la culpa de las personas. Fatalismo en estado puro, sí señor.

En resumidas cuentas, esta historia me ha fascinado. Creo que tiene, eso sí, algunos problemillas:

  • Quizás el apartado más débil de la novela sean los personajes femeninos. Kawabata retrata a las mujeres que la pueblan desde una perspectiva bastante misógina; a veces las infantiliza usando diminutivos, otras las objetiviza convirtiéndolas en un arquetipo llano. Evidentemente, comprendo que el lugar y la época en que fue escrita Senbazuru influyó en este aspecto, pero debo advertir que, en este sentido, el libro no ha envejecido muy bien. 
  • Tampoco me acaba de convencer Chikako. Cuando Kawabata nos la presenta, resulta fascinante. Es una suerte de antagonista ambigua, que me recuerda a la temible Cathy Ames de Al este del Edén. Desgraciadamente, Kawabata, igual que le sucediera a John Steinbeck con su hija ficticia favorita, es incapaz de cerrar el arco de este personaje como se merece.  
  • El final de Senbazuru se estanca. Aunque su clímax es muy potente, las páginas que llevan a él se me hicieron demasiado lentas y carentes de acción. A esto súmale que, como ya he dicho, el autor no logra encontrar una forma digna de cerrar el conflicto de Chikako. 

En fin. Senbazuru es una novela con una innegable vocación estética y una bellísima muestra de la sensibilidad oriental. Quizás el énfasis que he puesto en el carácter marcadamente nipón de esta obra ahuyente a algunos lectores potenciales. Sin embargo, sabed que este libro presenta una historia de tintes universalistas, a los que ninguna barrera cultural puede opacar. De modo que la recomiendo a todo aquel al que no se le atragante la narrativa pausada sin ningún género de dudas.

Por último, dejad que hable de esta edición de Círculo de Lectores que he leído. Fue publicada en 1969 y se titula Una grulla en la taza de té. Tiene errores ortográficos, fallos de puntuación y emplea una deficiente traducción de Luis Salvador que, sospecho, no fue directa del japonés. A la labor de Salvador puede reprochársele una predilección por las oraciones interminables y el uso de un léxico arcaizante. Actualmente, esta novela se reedita bajo su título original, Mil grullas. Según tengo entendido, esta nueva edición es más aconsejable.


También de Yasunari Kawabata en Unlibroaldía: La casa de las bellas durmientesLo bello y lo tristeLa bailarina de Izu

martes, 23 de abril de 2019

Tochoweek III #2. Thomas Malory: La muerte de Arturo

Idioma original: inglés
Título original: Morte d´Arthur
Traducción: Francisco Torres Oliver
Año de publicación: 1485
Valoración: Entre Recomendable y Está bien


Supongo que queda poca gente en este mundo a la que no le suene el rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, la reina Ginebra, Lanzarote, Tristán o Perceval, Morgana y, por supuesto, Merlín. Bien, pues todos estos personajes –y muchos, pero muchos más- son los protagonistas de este gran tocho escrito por sir Thomas Malory, recopilando, traduciendo y dando forma a diversos cuentos de origen francés, trasladados al norte del Canal por algún proceso que desconocemos. La huella francesa es permanente en el relato, aunque en conjunto la historia de Arturo ha quedado como una muestra de literatura épica indisolublemente asociada con el mundo británico.

Es obvio que el libro es muy largo, y no siempre coherente, de forma que vamos transitando por distintos estadios según vamos avanzando:

Bloque I. 
Principia la historia del rey Arturo justo donde empezó, de cómo fue concebido y luego educado, hasta convertirse en rey y alcanzar gran gloria

Por intercesión de la magia de Merlín, el rey Uther Pendragon yace con su amada Igraine y engendra en ella a Arturo, que será de inmediato entregado al mago. Todavía mancebo, es coronado rey al ser el único capaz de extraer la espada Excalibur de una roca. Tras duras batallas, conseguirá reducir a sus oponentes y doblegará al emperador Lucius conquistando la mismísima Roma (aunque esto lo cuenta Malory con bastante poquita convicción). Casi todo esto es sobradamente conocido y por tanto resulta entretenido refrescar, en su fuente original, los recuerdos de películas y algún que otro libro ya vistos o leídos.

Bloque II. 
Cómo van apareciendo diversos (y muy numerosos) caballeros, y de sus grandes hechos de armas, y cómo rescataron doncellas y repararon agravios o provocaron otros.

Arturo y su corte pasan a un segundo plano, y la escena se llena de caballeros que deambulan en busca de aventuras: hijos de reyes asesinados que buscan venganza, caballeros que se apostan en puentes y caminos buscando pelea, damas secuestradas y liberadas, cabezas que ruedan, y muchas, muchísimas justas a base de lanzazo y lucha de espadas. Conocemos al vengativo Gawain, al valeroso Lamorak, al tornadizo Palomides, o al traicionero y rencoroso rey Marco, por citar algunos. 

Lanzarote y Tristán protagonizan varios de los Libros, aunque de forma intermitente. El primero de ellos –una especie de Supermán medieval- es, curiosamente, objeto de varias de las pocas escenas con sesgo cómico, y Tristán aglutina la subtrama más sólida de esta parte del texto. La prosa de Malory es escueta y ágil, carece de adornos, lo que le da ritmo a la narración. Pero aún así se hace bastante pesado digerir tantísimos personajes, la mayoría de los cuales no tiene recorrido, al tratarse en realidad de relatos independientes que han sido ensamblados con mayor o menor fortuna.

Bloque III. 
De cómo partieron los caballeros en la demanda del Santo Grial, y de las aventuras que acontecieron, y cómo encontraron hombres buenos que les guiaron. 

El relato recupera por un momento el epicentro de la Tabla Redonda, para pasar a su inmediata dispersión, una vez que Galahad ha ocupado la Silla Peligrosa. Con la aparición de este nuevo elegido, la narración adquiere una tonalidad moralista y se llena de referencias cristianas, imágenes oníricas y metáforas que contrastan con el realismo anterior. Las anteriores aventuras mundanas, con sus dosis de honor, barbarie y cierto sentido humorístico, ceden ante episodios de cariz piadoso y una insólita fijación con la virginidad, todo lo cual nos sumerge en una etapa de confusión y, por qué no decirlo, de cierto sopor.  

Bloque IV. 
De la disolución de la Tabla Redonda, la partida de sir Lanzarote, y de muchas terribles aventuras que ocurrieron hasta el final del reinado de Arturo.

La conocida relación entre Lanzarote y la reina Ginebra termina por desencadenar la catástrofe, y aquí se recupera plenamente el pulso del relato, que durante muchas páginas se ha visto enfangado por aventuras de poco interés y el extraño cambio de tono del bloque anterior.  La narración recobra el vigor que sólo tuvo al principio, y se abre al dramático colapso del reinado y la extinción de casi todos sus héroes.

Epílogo. 
De lo mucho que nos hemos aburrido durante cientos de páginas, y de cómo, no obstante, es un libro que conviene conocer.

En principio, llama la atención cómo de un texto de alrededor de mil páginas casi todo el mundo conoce justo el principio y el final, es decir, la llegada de Arturo al trono y su muerte por traición –con algunas dosis de infidelidades e incestos por el camino. Pero leyendo el tocho completo se entiende bien: como he intentado explicar, esos dos pequeños fragmentos componen la única parte de la historia con un recorrido lineal, y efectivamente es un relato vistoso y atractivo. El resto, la gran mayoría del texto, es un inmenso ladrillo de justas y torneos, todos iguales, que sería muy interesante para la época (aunque propiamente los libros de caballerías son anteriores al de Malory), pero actualmente entiendo que aburren a las ovejas. 

Sí, podríamos hablar sobre el enfoque de conceptos como el honor, la verdad o la lealtad, cabría profundizar un tanto sobre la personalidad de algunos personajes (no tan idénticos como en principio parecen), o ponderar alguna trama secundaria con algo de peso. Pero en todo caso sí se debería destacar el estilo directo y eficaz de Malory que, salvo en un par de pinceladas, desiste voluntariamente del papel de autor y se limita a trasladar sin florituras viejas historias, lo que hace bastante digerible el libro dentro de lo que cabe. Tarea la del autor que tampoco era sencilla, como demuestra lo que en mi opinión es el fracaso de todo un Steinbeck cuando se decidió a reescribirlo.

En todo caso, un libro irregular, con algunas luces y bastantes sombras, que sin embargo considero recomendable conocer. Aunque sea como fondo de armario.  

lunes, 17 de diciembre de 2018

LO MEJOR DEL 2018, SEGÚN ULAD, MODESTIA APARTE

Juan G. B. dice: 

Oriol Vigil dice:

Koldo CF dice:
Ha sido, para mi, el año de los autores latinoamericanos. Aquí la lista:

Francesc Bon opina:
No ha sido un buen año. Mis preferencias siguen inamovibles y nadie les hace sombra y alguno ya debería. Y un desastre solo recordar leer autores españoles o estadounidenses. 
  • Mi mejor lectura del año: El viaje vertical, de Vila-Matas 
  • Novedades que salvo, y mucho: Las posesiones, de Llucia Ramis 
  • Te gustará si votaste o piensas votar a Vox: Ordesa de Manuel Vilas. (Esto es una broma muy del momento, ni siquiera comprendería que le gustara a alguien, y los que votan a Vox ni leen libros ni leen blogs literarios, seguro) 
  • Hartito de darles más oportunidades: Trueba, Amat, y otros involucrados en el socavón que se abre bajo lo que fue antes Anagrama. 
  • Propósitos de año nuevo que caerán seguro: Barth, Gaddis, Vollmann. Y ya que otros toman gustosos el relevo de la actualidad, re-lecturas a manta. 

Carlos Andia sentencia:
  • Lo mejor del año: las relecturas de Lorca (Bodas de Sangre / Yerma) y Carpentier (El siglo de las luces)
  • Narrativa: quizá Lectura insólita de 'El capital', de Raúl Guerra Garrido, porque el nivel, la verdad, no ha sido muy espectacular 
  • Descubrimientos: Antonio Di Benedetto (Zama), y la faceta literaria de Henri Michaux (Un bárbaro en Asia)
  • Reconciliación con, y por lo tanto reapertura de puertas a: Michel Houellebecq (gracias a El mapa y el territorio)
  • Ensayo: entre bastante igualdad, finalmente me decanto por Jean-Yves Jouannais (El uso de las ruinas, reseña dentro de poco) 
  • Clásico: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne 
  • Experimento: Me acuerdo, de Georges Perec (reseña también en unos días) 
  • Decepciones: varias, moderadas, quizá la más fastidiosa, por los elogios que arrastraba, Velocidad de los jardines, de Eloy Tizón 
  • Intenciones: un hipertocho que llegará pronto, volver a Di Benedetto, quizá a Sabato, cosas interesantes... y, sí Koldo, Cartarescu también. 

Montuenga contribuye: 

Marc Peig opina:

Carlos Ciprés añade:
Y que en los próximos meses Ustedes gocen de sus lecturas. 

Beatriz Garza estima:
  • Autor descubrimiento del año: Margaret Atwood 
  • Novela(ZA) descubrimiento del año injustamente olvidada: Primera sangre de David Morrell 
  • Clásico del año: Marianela de Benito Pérez Galdós 
  • Novela (que como no podía ser de otra manera, supera a la película) del año: Tomates Verdes Fritos de Fannie Flagg 
  • Relectura provechosa del año: Las hermanas Grimes de Richard Yates 
  • Lectura LGTBI del año: La chica danesa de David Eberhoff 
  • Objetivos cumplidos del año: Lectura y reseña de novela gráfica 
  • Conceptos aprendidos del año: La diferencia entre "literatura" y "producto literario". El género del ciclo cuentístico
  • Objetivos para el año que viene: me abstengo, que luego me siento fatal. 

Santi concluye:

sábado, 18 de agosto de 2018

Ana Paula Maia: De ganados y de hombres

Idioma original: Portugués
Título original: De gados e homens
Traducción: Cristian de Nápoli
Año de publicación: 2015
Valoración: Bastante recomendable

“De ganados y de hombres” es un libro breve pero intenso. En sus escasas 120 páginas hay sangre, violencia y muerte. La acción se sitúa en un matadero y su protagonista principal es Edgar Wilson, quien trabaja como aturdidor en el mismo. Es decir, que Edgar Wilson es quien aturde a las vacas (mazazo en la cocorota mediante) para que los pobres bovinos no sufran en el siguiente paso de la cadena. Eso sí, antes de arrearles el mazazo las mira, las acaricia y sufre por ellas, hasta el punto de que uno no llega a tener claro si estamos ante un sádico, un tarado o un ser extremadamente compasivo.

Lo que sí que queda claro es que Edgar, al igual que los animales que pasan por el matadero, es únicamente un paso más en la “cadena de montaje”. Edgar, además, es perfectamente consciente de su trabajo y de su función en el proceso, pero no por eso deja de realizarlo. Es, en el fondo, el reflejo de lo que no queremos ver.

Esa es una de las posibles lecturas del libro: la del matadero como metáfora del mundo. Es el matadero un mundo (microcosmos queda más guay, no?) cerrado y opresivo, un mundo plagado de una violencia institucionalizada e interiorizada que la sociedad aparentemente rechaza y califica como nociva “per se”, pero que no deja de utilizar en su propio beneficio. Es el matadero un lugar lleno de polvo, sangre, sudor y vísceras, un lugar que acaba corrompiendo no solo a hombres y animales, sino también al entorno que lo rodea.

Para revestir esta interpretación del libro, Ana Paula Maia teje una pequeña intriga en la que el núcleo central son las extrañas pautas de comportamiento que comienzan a adoptar los animales, hasta punto de mostrar actitudes humanas. Esta intriga da pie a otra de las posibles interpretaciones de la novela, muy ligada a la anterior: la de la animalización de los humanos y la humanización de los animales. Toda la brutalidad, toda la violencia acaba influyendo, ¡cómo no!, en los que la ejercen y en los que la sufren y nos deja una serie de potentes imágenes que nos harán pensar muy mucho el comer según qué cosas.

Ya podéis imaginar que este “De ganados y de hombres” (inevitable pensar en el “De ratones y hombres” de Steinbeck) es un libro duro. Los personajes son llevados a situaciones límites en una exploración acerca de los límites de las grandezas y miserias de la condición humana, todo ello a través de una escritura tremendamente sobria, sin florituras, adornos ni moralina barata, cosa que es sumamente de agradecer.

En resumen, todo un descubrimiento de una autora de apenas 40 años de la que ya estoy esperando encontrar algo por ahí. A ver si hay suerte!   

viernes, 10 de noviembre de 2017

Nuestros autores olvidados #5: Gaspar de la nuit, de Aloysius Bertrand


Idioma original: Francés 
Título original: Gaspard de la nuit  
Traductora: Emma Calatayud 
Año de publicación: 1836. Bruguera hace la recopilación el 1983
Valoración: Muy recomendable 

 Descubrí esta joya en un mercadillo de segunda mano hará siete años. Había una oferta que te permitía llevarte cuatro libros (a extraer de un abarrotada caja) por un euro. La mayoría de esos libros no valían ni la mitad, evidentemente, pero si escarbabas bien podías encontrar alguno más que decente: una recopilación de relatos de Poe, aunque de esas ediciones tan poco atractivas que sacan a veces los periódicos; La perla, de Steinbeck; El mecanoscrito del segundo origen, de Manuel de Pedrolo; incluso algún bestseller ya olvidado cuya historia no es memorable, pero sí entretenida. Y entre todos esos libros estaba Gaspar de la nuit. Escrito por Aloysius (Louis) Bertrand. Yo no sabía quién era este hombre, pero, según aseguraba la contracubierta, Baudelaire y André Breton sí. Con esas referencias me bastó para decidirme a darle una oportunidad. Ahora celebro esa decisión. 

 Este es, de lejos, el libro que más veces he leído. La asiduidad con que lo disfruto (podría decir, incluso, con que lo consulto) se debe a que su contenido me encanta, pero también a otros aspectos. Para empezar, no es muy extenso, por lo que me puedo permitir esas repetitivas incursiones sin sacrificar otras lecturas. Y, por si fuera poco, me permite desintoxicarme de la cada vez más frecuente sobredosis de literatura que encadena a la imaginación, pues su estilo, lírico y sugerente, convierte al lector en coartífice de la obra, en el responsable de decorar las ambigüedades con su propia imaginación. 

 Gaspar de la nuit abre su magistral contenido con diversas misivas. Dichas cartas aportan un marco general en el que encuadrar a Aloysius Bertrand, detallan aspectos biográficos del miserable poeta. Primero le tenemos haciendo todo lo que se atribuye a los artistas: estar enfermo, pedir dinero, entregado (según sus propias palabras) a la vida contemplativa. Sé que el inicio puede sonar algo caricaturesco, sobre todo teniendo en cuenta el barroco y extravagante lenguaje que en él se usa. Pero creedme cuando os digo que no es así. El pobre está muriendo, llamando desde su lecho de muerte a un amigo que no le oye. Y vaya si nos conmueve. Cuando ya está enterrado toma el relevo el amigo, David d’Angers. Llegó a pasar la víspera de la muerte de Bertrand con él. Le escuchó hablar confusamente sobre Gaspar de la Nuit, que por entonces estaba pendiente de publicación. Al día siguiente, d’Angers va al hospital, donde le es anunciada la defunción del joven. Sus palabras al rememorar todas estas situaciones están cargadas de sentimiento.

 Tras este prolegómeno empieza el inclasificable Gaspard de la Nuit, con una introducción del autor, un prefacio y una dedicación a Victor Hugo, partes todas ellas tan cuidadas como el resto del libro. Gaspard de la Nuit, está subdividido en seis capítulos. Algunos están más encaminados al retrato costumbrista, otros a la especulación sobre lo exótico; asimismo, los hay que coquetean con la nostalgia histórica. El "Libro tercero" es el que más me gusta. Se titula "La noche y sus prestigios" y las once narraciones breves que recopila son las más oníricas y fantasiosas de todo el recopilatorio. Solamente por este exquisito pasaje la lectura del mismo ya valdría la pena. Aprovecharé para citar otros dos capítulos que también me gustan mucho: "La escuela flamenca" y "Las crónicas".  

 En resumen: no es extraño encontrar este tipo de material en una obra seguidora de la estela romántica. Pero esas características comunes con el movimiento no convierten a Gaspard de la nuit en un libro más de todos los que se encuadran en ese estilo. Prueba de ello es cómo reaccionan ciertas personas ante élBaudelaire, por ejemplo. A Baudelaire le sorprende gratamente algo: que exista prosa-lírica de este tipo, antes del advenimiento de la poesía moderna. Y Bretón también alucina al encontrarse con un surrealista siglos antes de que el movimiento se hubiera formado siquiera. Es triste ver a Bertrand condenado a manuales de literatura, sin interacción real con el público, teniendo en cuenta lo vasta que ha sido su influencia. Mi pregunta es: una vez reivindicada su figura, ¿quién más y cómo va a reaccionar a ella?

domingo, 12 de febrero de 2017

Reseña a cuatro manos: El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

Idioma original: Inglés
Título original: The buried giant
Traducción: Mauricio Bach
Año de publicación: 2015
Valoración: decepcionante

Hay que reconocer que Kazuo Ishiguro es un escritor valiente. Y es que tras haber escrito libros maravillosos, como Los restos del día o Nunca me abandones, podría haber caído en la autocomplacencia y en la casi irresistible tentación de escribir una y otra vez el mismo libro. Pero no. Además de torturar a su seguidores (e imagino que también a sus editores) con diez años de espera, resulta que les sorprende con una novela que no tiene absolutamente nada que ver con las anteriores.

Porque El gigante enterrado es, a primera vista, una novela de "aventuras" ambientada en la Edad Media, con sus caballeros artúricos, guerreros, dragones, venganzas, traiciones, etc (Tranquilos, Ishiguro no se ha convertido en un trasunto de George R. R. Martin o de Tolkien...). Digo a primera vista porque la novela es, o al menos lo pretende, una metáfora sobre la memoria o el olvido en el más amplio sentido de la palabra: memoria individual, memoria colectiva, memoria histórica... incluso sería una metáfora política (al menos, en España), si se le quiere dar esa lectura.

Una niebla de olvido ha cubierto el territorio en el que se desarrolla la novela, esa niebla ha contribuido decisivamente a que se haya extendido una paz casi total, a nivel individual y colectivo, pero la semilla de la venganza está plantada, solo resta que el terreno sea fértil para su crecimiento. Y así surgen las dudas y los personajes se preguntan cuestiones como:
Pero también me pregunto si lo que sentimos hoy en nuestros corazones no es semejante a esas gotas de lluvia que siguen cayendo sobre nosotros desde las hojas empapadas que tenemos encima, pese a que en el cielo ya hace rato que ha dejado de llover. Me pregunto si, sin nuestros recuerdos, lo único que le espera a nuestro amor es apagarse y morir
¿Quién sabe qué sucederá cuando hombres con facilidad de palabra relacionen antiguos agravios con un nuevo deseo de tierras y conquista?
El problema que, en nuestra opinión, tiene la novela es que el fondo está por encima de la forma (Ojo que Ishiguro  sigue escribiendo tan bien como lo hacía hace 20 años, al menos en lo que se refiere al dominio del párrafo y a la exquisitez de su prosa). Si decimos que el fondo está por encima de la forma es porque el planteamiento puede ser muy bueno (de hecho, nos parece que lo es), pero el vehículo utilizado para llevarlo a cabo no nos parece ni el más idóneo ni el mejor desarrollado. Si en otro momento imitar el estilo pulcro y hasta relamido de la prosa victoriana resultó una idea excelente, en esta novela, la pretendida sencillez de los romans medievales o incluso los cuentos tradicionales no parece acabar de casar con una novela que se va complicando, pero en ocasiones de forma algo gratuita. 

De hecho, la historia resulta un tanto "tramposa", con varias vueltas de tuerca que la alargan innecesariamente, con algunas lagunas (y no la Estigia precisamente) que le restan credibilidad, con personajes que no aportan gran cosa, situaciones rocambolescas... por momentos incluso se diría que el autor ha echado mano, para crear la trama, de uno de aquellos entrañables libros de Elige tu propia aventura. Por ejemplo (y perdón si esto es un spoiler):

-Os están atacando cientos de duendes que salen del río. ¿Qué harás?

A- Luchar con ellos para salvar a una anciana que no conoces de nada (vete a la página 62)
B- Pelear para ayudar a tu adorada esposa (vete a la página 70)
C- Salir por pies y no volver la vista atrás (vete a la última página. Has ganado)

Lo mismo si te encuentras a un perro del Infierno, a unos ogros caníbales o a los soldados de un malvado Lord (y no, esto tampoco es Shrek)...

Y en éstas, Ishiguro se demora 400 páginas; ya sabemos que Ishiguro es lento, moroso y con tendencia al detalle (lo cual en otros libros ya mencionados es parte de su encanto), en una historia que, en el fondo, no deja de ser un cuento largo. Aunque eso no justifica el trote cochinero que le inflige a la narración durante buena parte de la misma, en especial en su primer tercio, ni los diálogos reiterativos, los momentos en que la acción parece enredarse en bucle sobre sí misma..Por lo menos, esta manera de narrar, pausada y un tanto errática, cuando no provoca el sopor del incauto lector le va como anillo al dedo a alguno de los mejores hallazgos de la novela, que es la aparición, de vez en cuando, de momentos de una singularidad onírica interesante, como si se tratase de la inesperada plasmación de los miedos y recuerdos de los protagonistas.... o los arquetipos del célebre "inconsciente colectivo". Pero vaya, que tampoco es que estemos leyendo el guión de una película de Bergman... más bien, en la mayoría de los casos, vamos deambulando por el reino de Ooo junto con Finn y Jake. Sólo faltan el Rey Hielo y la princesa Chicle.

Se puede hablar también, claro (se debería de hablar), del ciclo artúrico, de Steinbeck, de los mitos griegos y de muchas otras referencias que sin duda están presentes en El gigante enterrado. Pero al final de la lectura da lo mismo porque lo que queda es una sensación amarga, sobre todo sabiendo cómo puede llegar a escribir Ishiguro. Y es que este  El gigante enterrado se queda a medio camino entre un divertimento, un pastiche y el simple mareo de perdiz y lo que en otro escritor podría ser un libro aceptable resulta, en este caso, francamente decepcionante.

Fdo.: Juan G.B. y Koldo CF

También de Kazuo Ishiguro en ULAD: Un artista del mundo flotanteNunca me abandonesLos restos del díaNocturnos

domingo, 7 de febrero de 2016

César Rendueles: Capitalismo canalla

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable, incluso para discrepantes ideológicos (o no)

Desde que estalló la crisis económica en 2008 y, sobre todo, desde las protestas de mayo de 2011, han proliferado en España los libros que tratan de explicar dicha crisis y sus consecuencias; y más aún, cuestionar el sistema socioeconómico que la ha sustentado, el turbocapitalismo de la sociedad de libre mercado (que algunos de estos libros sean editados por grandes corporaciones editoriales, incluso transnacionales, no deja de resultar curioso... pero supongo que sólo supondrá cierta incoherencia para quien quiera verlo como tal).          

Capitalismo canalla, como puede suponer cualquiera, ya tan sólo a partir del título, es uno de estos libros que critica sin ambages el sistema económico imperante y su avance triunfante a lo largo de los últimos 500 años, hasta su hegemonía actual. Según Rendueles, este sistema de organización económica y, sobre todo, de división del trabajo, corresponde a una etapa transitoria en la Historia de la humanidad; los propios orígenes del comercio serían éticamente dudosos (ligados a la piratería y el pillaje) y el capitalismo naciente usó el esclavismo como banco de pruebas para el imperialismo colonialista del XIX, mientras que la utilización de ingentes cantidades de mano de obra barata en los países industrializados se basaba en la privación de sus modos de vida tradicionales. El hiperconsumismo y la ofensiva neoliberal de los 80 acabaron con la solidaridad entre la clase trabajadora y el contrato social que regulaba la economía, consecuente del New Deal y la II Guerra Mundial, hasta derivar en la actual mercantilización extrema no sólo de las actividades económicas, sino las de todo tipo realizadas por los humanos, cuya única premisa parece ser el individualismo egoísta y vacío. Las condiciones de trabajo -que parece ser el verdadero asunto del que trata el libro-, en consecuencia, han ido degradándose hacia la precariedad, la alienación y la frustración, incluso en los países más desarrollados. La solución a esta dislocación económica y laboral pasa, por lo que sugiere el autor del libro, por recuperar el espíritu de la organización del trabajo de las economías preindustriales y fomentar la solidaridad entre trabajadores a partir de la reivindicación de actividades que hasta ahora se han tenido menos en cuenta, e incluso desdeñado, como es la del cuidado entre personas.

Bien, uno podrá estar de acuerdo o discrepar de las ideas de Rendueles, pero no se puede negar que las defiende de forma elocuente y sorprendentemente amena. Y -lo que más nos puede interesar a los librópatas- para hacerlo echa mano de una enorme cantidad de referentes literarios, que utiliza a modo de ejemplos, pero también como proposiciones del hilo argumental que trata de explicar (menos efectivas, en cambio, resultan las anécdotas y ejemplos sacadas de su propia experiencia vital... rozando el sonrojo del lector, en algún caso). No se trata de una lista exhaustiva sacada de algún canon literario; como reza el subtítulo del libro, éste pretende ser Una historia personal del capitalismo a través de la literatura, así que el autor ha echado mano de las lecturas que le han influido a lo largo de su vida. Aún así, la relación de escritores y obras citadas es apabullante; mencionando solamente a los más conocidos (por un servidor), nos encontramos con: Georges Perec, Daniel Defoe, Bern Traven, Melville, Tomás Moro, Roald Dahl, Antonio Gamoneda, Jim Thompson, Steinbeck, el Lazarillo de Tormes, Dickens, Wordsworth, Von Kleist, Carlo Levi, Olbracht, Rimbaud, Bertold Brecht, Platónov, Leopardi, Dostoievski, Coetzee, George Elliot, Hesíodo, Julio Llamazares, Delibes, William Blake, Lod Byron, Percy y Mary Shelley, Kipling, Joseph Conrad, Céline, Yeats, Auden, Stephan Zweig, Jünger, Horace McCoy, Kerouac, Anthony Burgess, Primo Levi, Pasolini, Chimamanda Ngozi Adichie, Sue Townsend, Brett Easton Ellis, John Cheever, Borges, Zizek, George Saunders, Goethe, Doris Lessing, Isaac Rosa, Erri de Luca, San Juan de la Cruz, Agustín García Calvo y Gloria Fuertes. Y, por supuesto Marx y Engels (y aún hay más que no menciono).

Como bien puede suponer cualquier lector, el autor del libro ofrece una visión propia y no convencional -desde el punto de vista de la hegemonía político-económica actual- de las relaciones económicas y laborales, sino también de muchas de estad obras literarias. Por poner un ejemplo: para Rendueles, Moby Dick sería "básicamente la historia de un emprendedor enloquecido, el capitán Ahab, que construye una mitología nihilista en torno a un proyecto de exportaciones extractivas y arrastra en su caída a una a una plantilla de trabajadores migrantes precarios"... (aunque, si no recuerdo mal, los tripulantes del Pequod eran más bien socios del capitán, pues se llevaban una parte de las ganancias). O en el caso de En el camino, la interpretación habitual -una novela sobre el ansia la libertad, la contracultura, la experiencia interior...- estaría ocultando su verdadero significado, que es el de un "reduccionismo psicológico profundamente anticipador", cuya radicalidad "es un síntoma de la progresiva normalización de los procesos de ruptura social" tras la II G. M. Una novela en la que "Kerouac consigue convertir en una sensación privada de intensificación subjetiva lo que, en realidad, es una derrota política colectiva en toda regla"...

En fin, "la verdad os hará libres", dice el Evangelio. Yo no sé si eso es cierto, ni dónde está esa verdad (ni mucho menos propugno que sea este en este libro). Pero lo que sí pienso es que buscarla y, sobre todo, reflexionar sobre lo que encontremos, puede parecerse mucho a esa anhelada libertad. A ello, pues...

miércoles, 25 de marzo de 2015

Erskine Caldwell: El camino del tabaco

Idioma original: inglés
Título original: Tobacco road
Año de publicación: 1932
Traducción: Horacio Vázquez-Rial
Valoración: muy recomendable

Dijo Osvaldo Soriano (pronto reseñaremos algo de Osvaldo Soriano aquí, por cierto) que Caldwell había enseñado a los escritores a escribir diálogos. Leo, en el prólogo, que eran la aportación más relevante, la marca de fábrica de Erskine Caldwell. Como una especie de signo de distinción de este escritor, integrante de ese movimiento denominado gótico sureño, pero eclipsado por la inmensa sombra proyectada por Faulkner o Steinbeck.
Lo cual es algo injusto. Porque, sí, puede que sean los diálogos de Caldwell los que nos permiten comprender todo lo que está pasando, casi ver lo que nos ocultan las capas de mugre, miseria, precariedad, pero todo lo demás no se queda atrás, para nada.

El camino del tabaco es la historia de Jeeter Lester, campesino del algodón y padre de una extensa familia, diecisiete hijos tenidos con su mujer Ada, a la que dedica estas caballerosas frases:

" Ojala Ada hubiese sido así de bonita, pero hasta cuando era chica, Ada era más fea que un pecado. Nunca he visto una mujer más fea en todos estos sitios, fuera de esa condenada predicadora, Bessie. Esos dos agujeros sucios que tiene en la cara le descomponen a uno."

La Bessie a la que le suelta tan amable referencia es una viuda que se presenta en la casa (mejor digamos choza o chamizo) y que seduce a Dude, muchacho de pocas luces, para que se case con él. Dude es, junto a Ellie May (afectada de labio leporino), uno de los dos hijos que aún conviven con el matrimonio. De todos los otros, salvo Pearl (desposada a los doce años con Lov, fugaz protagonista, junto a un mísero saco de nabos, de la primera escena), poco más se sabe. Andan por ahí, buscándose la vida. Ah. También la abuela está en la casa. 

Semejante estampa se enmarca en medio de devastadas praderas del estado de Georgia, en tiempos donde la parte central de la nación estadounidense era azotada por el desastre conocido como Dust Bowl, que agravaba el ya deprimente panorama de la Gran Depresión de 1929.

La existencia de Lester gravita en torno a sus escasas oportunidades de sacar algún provecho a las tierras que tiene arrendadas, lo mínimo para subsistir al día siguiente, calculando siempre meticulosamente cuál será el paso necesario para la obtención de los siguientes centavos, y siempre especulando con la deseada combinación (guano, semillas de algodón y el préstamo de una mula) que le permitirá, aunque sea de un modo precario y transitorio, superar ese mal momento que se alarga, ya, demasiado.
Mientras, piensa en cómo echarle algo a la olla del día siguiente: algo más que pellejo de tocino y granos de maíz. Su alternativa es abordar a tipos como Lov (a la sazón su yerno) y robarle un saco de nabos, para darse un oportuno y egoísta atracón. El hambre flota en todas las estancias de su destartalada casa.
El camino del tabaco no es una historia de idas y venidas de un puñado de gente miserable. Es un poderoso estímulo a indagar no solamente sobre otras novelas de Caldwell, sino sobre la propia situación que abocó a personas reales a la imagen de sus protagonistas. Su simbolismo es poderoso. No es, acaso, el flamante coche en que Bessie invierte los 800 dólares de herencia de su difunto esposo, una analogía de la fugaz riqueza previa al crash bursátil del Lunes Negro. Un vehículo que apenas tarda dos días en pasar de rutilante novedad a destartalado cacharro lleno de golpes, roturas y abolladuras, con asientos rotos y pintura descascarillada. Con Dude conduciéndolo mientras toca la bocina con insistencia y atropella (sin incidente ni remordimiento ni consecuencia alguna) a un negro que se cruza en su camino. Y con Bessie gobernando el coche con orgullo, siempre pensando que, mientras funcione y avance, todo es solventable.

A años luz de cualquier conato de frivolidad o glamour, solamente ese constante sentido del humor negro deja resquicio a la mínima e inútil esperanza. Caldwell quería alejarse con su prosa de cualquier sentido del romanticismo: sus personajes son seres gobernados (como ellos mismos reconocen) por los bajos instintos: el deseo, el hambre y la desesperación son de mal llevarse con la mesura y la contención. Ahí sembraba Caldwell sus semillas, y ojalá todos los frutos sean tan magníficos como esta novela.

También de Erskine Caldwell en ULAD: La parcela de DiosTierra trágica

lunes, 20 de octubre de 2014

Robert E. Howard: Las extrañas aventuras de Solomon Kane


Idioma original: inglés
Título original: Solomon Kane
Año de publicación: a partir de 1928 (en la revista Weird Tales)
Traductor: León Arsenal
Valoración: muy recomendable para los amantes del género. Para
los demás, está bien

Supongo que estaremos todos de acuerdo en que, en principio, hay que juzgar toda obra literaria por sus características y méritos intrínsecos, independientemente de las circunstancias en las que vio la luz o de la vida y milagros de su autor o autora. Sin embargo, también es cierto que en no pocas ocasiones resulta ser un valor añadido el que esa obra suponga un reflejo o testimonio de esas circunstancias biográficas particulares o de otras más generales, como son su época histórica, ambiente social que la dio lugar, pertenencia a una determinada cultura o subcultura, etc...

O, como en el caso que nos ocupa, el interés puede provenir de que las características de la obra, por un lado, y las de las circunstancias de la vida del autor sean tan diametralmente opuestas: Robert Ervin Howard nació en Texas en 1906 y vivió siempre en pequeñas ciudades de ese Estado hasta su muerte (por suicidio) en 1936. Al parecer, llevó siempre una vida bastante solitaria, con pocos amigos, y dedicándose al estudio de la Historia y a escribir relatos que fué publicando, en principio, en la revista Weird Tales. Con semejante escenario biográfico, bien podía haber salido un escritor tipo Jim Thompson (que se crió en la misma época y en las mismas latitudes) o incluso un Steinbeck... Pero lo que Howard escribía era bien distinto: se trataba de relatos pulp de tipo policíaco, sí, del Oeste o incluso erótico... aunque, sobre todo de corte fantástico, porque a Howard se le considera uno de los padres del género "Espada y brujería". Suyos son los personajes de Conan de Cimeria, Kull, Sonya la Roja o el protagonista del libro que aquí se reseña, Solomon Kane.

En este caso, el protagonista es una suerte de caballero andante que vaga por el mundo desfaciendo entuertos y vengando a doncellas ultrajadas. Sólo que en vez de un caballero de brillante armadura, nos encontramos con un puritano inglés de la época isabelina, de ropas austeras y fulgor fanático en la mirada. Invencible espadachín, resulta ser casi una especie de superhombre que se enfrenta a villanos de lo más florido: no sólo a piratas, esclavistas árabes o tribus salvajes, sino también (y aquí encontramos el toque fantástico diferenciador), a criaturas sobrenaturales, vampiros y espectros, provenientes del mismo Averno o creadas por la magia más negra. Un mundo literario  peculiar, en el que se advierten ecos de Lovecraft (que mantenía con Howard una amistad epistolar, hasta el punto de llamarle, suponemos que con cariño, "Bob Dos Pistolas"... ejem) o Edgard Allan Poe... e incluso, de manera no menos evidente, la sombra de las historias de Stevenson o Las minas del Rey Salomón, de Rider Haggard. Todo ello bien aliñado con dosis de suspense, acción, duelos a muerte y hasta un toque de erotismo algo vintage (jóvenes nativas semidesnudas que corren a refugiarse a los pies de nuestro héroe, o rubias doncellas inglesas encadenadas a merced de maléficas reinas africanas... aún más desnudas. Ese tipo de cosas).

Cierto es que estos relatos no pueden calificarse como "alta literatura" (sea lo que sea ésta). Y no por su carácter fantástico: después de todo, qué más fantasioso que el hecho de que alguien, al despertar por la mañana, se encuentre convertido en un insecto monstruoso, por ejemplo... Lo que confina a estas aventuras al glorioso ámbito de la literatura "popular" es más bien el estilo en el que está escrito: enfático, incluso ampuloso; con profusión de hipérboles, exageradas adjetivaciones y de truculentas metáforas... por no hablar de la estructura de casi todos los relatos, repetitiva y previsible, aunque eso sí, tan divertida como puedan serlo las historias de los cómics de superhéroes o incluso de las más clásicas novelas de aventuras. Porque eso sí, si alguna cualidad tiene este libro es retrotraer a cualquier lector adulto a aquella época gozosa en que los libros no eran sino  puro entretenimiento y las hojas se devoraban sin descanso, tirados en el sofá después de tomar la merienda o alumbrados por una linterna, bajo las sábanas. Supongo que todo escritor y todo lector, lo que buscan en realidad sólo es eso: volver a maravillarse y a disfrutar con las páginas de un libro, igual que la primera vez que lo hicieron. O la segunda, o la tercera....

También de Robert E. Howard en ULAD: Los gusanos de la tierra y otros relatos de horror sobrenatural