Título original: The Harvest Gypsies
Año de publicación: 1936
Traducción: Marta Alcaraz
Valoración: imprescindible
Reconozco que esta es mi primera lectura de Steinbeck. Que el año de publicación de este libro es, casi, aquel en que deja de sentirse cómoda mi filia absoluta por los autores contemporáneos. Y que la lectura de libros como éste me hacen replantear esta inexplicable aversión. Aunque este libro no sea lo que se dice una lectura agradable, y menos hoy en día.
Los vagabundos de la cosecha es un extenso reportaje periodístico, que en la cuidada edición de Libros del Asteroide se acompaña de un largo, pero justificado prólogo y de un reportaje fotográfico con impactantes imágenes. Aunque el impacto real proviene del texto de Steinbeck, una crónica fiel e implacable que nos desliza rápidamente por las simas de la necesidad extrema. Trata del flujo de granjeros que, al perder sus cosechas y sus posesiones en los años 30, la Gran Depresión, tuvo que aventurarse hacia el estado de California, para poder subsistir como temporeros: unos 150.000 americanos alojados prácticamente en las riberas de los riachuelos y en precarias chabolas en los márgenes de las carreteras del estado. Una marea humana acuciada por la miseria y la necesidad más absoluta. Steinbeck habla de sus duras condiciones de vida, de las circunstancias que les han llevado a esas difíciles circunstancias, habla con un estilo directo y objetivo (aunque no deja de exponer bien clara su percepción de la situación) y no repara en ejemplos que, no por la frialdad de su objetiva exposición, pierden su condición de escalofriantes. Y, por supuesto, esa frialdad no excluye la denuncia: cómo los que contratan a los temporeros los hacen acudir en masa para forzar los salarios a la baja, cómo impiden que éstos se organicen en defensa de sus derechos, cómo instauran una doble moral de necesidad de esa fuerza laboral y rechazo una vez es usada. Todo un tratado preocupantemente adaptable a los tiempos que corren.
Como he dicho, ésta es mi primera lectura de Steinbeck. Me merezco ser recriminado por ello. Más adelante, seguro, caerá alguno de sus tres títulos más célebres, todos reseñados ya en Unlibroaldía. No sé si en esta crónica está la semilla de algunos de ellos. Sugiere el prólogo que sí: de hecho el prólogo se titula El fantasma de Tom Joad, en alusión al protagonista de Las uvas de la ira. Puede que en estas crónicas duras y descarnadas esté también el origen del periodismo literario de Capote o de Kapuscinski. Mucho habría que agradecerle entonces a Steinbeck. Pero nada más fiel a la descripción de su importancia que el ejemplo de este último párrafo del libro: contundente, pero esperanzado.
Los nuevos emigrantes de la Dust Bowl han llegado a California para quedarse. Son buenos americanos, hábiles, inteligentes y, cuando se les concede una oportunidad, socialmente responsables. Condenarlos al hambre e intimidarlos hasta la desesperación no dará resultado. Pueden ser ciudadanos ejemplares, pero también pueden convertirse en un ejército espoleado por el sufrimiento y el odio que termine tomando por la fuerza aquello que necesita. De cómo los tratemos en el futuro dependerá el rumbo que se vean obligados a tomar.
También de John Steinbeck en Unlibroaldía:
Al este del Edén, De ratones y hombres, Las uvas de la ira, La perla
Como he dicho, ésta es mi primera lectura de Steinbeck. Me merezco ser recriminado por ello. Más adelante, seguro, caerá alguno de sus tres títulos más célebres, todos reseñados ya en Unlibroaldía. No sé si en esta crónica está la semilla de algunos de ellos. Sugiere el prólogo que sí: de hecho el prólogo se titula El fantasma de Tom Joad, en alusión al protagonista de Las uvas de la ira. Puede que en estas crónicas duras y descarnadas esté también el origen del periodismo literario de Capote o de Kapuscinski. Mucho habría que agradecerle entonces a Steinbeck. Pero nada más fiel a la descripción de su importancia que el ejemplo de este último párrafo del libro: contundente, pero esperanzado.
Los nuevos emigrantes de la Dust Bowl han llegado a California para quedarse. Son buenos americanos, hábiles, inteligentes y, cuando se les concede una oportunidad, socialmente responsables. Condenarlos al hambre e intimidarlos hasta la desesperación no dará resultado. Pueden ser ciudadanos ejemplares, pero también pueden convertirse en un ejército espoleado por el sufrimiento y el odio que termine tomando por la fuerza aquello que necesita. De cómo los tratemos en el futuro dependerá el rumbo que se vean obligados a tomar.
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