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sábado, 8 de octubre de 2011

Iris Murdoch: El príncipe negro


Título original: The Black Prince
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1973
Valoración: Muy Recomendable

¡Como me hubiera gustado conocer a Iris Murdoch! No es que sea fetichista, es más, estoy convencida de que la personalidad de un autor nunca es idéntica a lo que parecen sugerir sus obras, pero una observadora nata, filósofa de formación y tan interesada en las cuestiones éticas como era ella, no creo que fuera a defraudarme. De su vida sólo sé lo que desvela Iris, película que vi por casualidad y me pareció tan angustiosa que casi la tengo olvidada. En ella se recrean sobre todo sus últimos años de vida, cuando el Alzheimer ya había hecho estragos. Si creemos lo que dice el guión, ni siquiera recordaba haber escrito libros. No sé lo que pensaréis vosotros, a mí me parece increíble que una mente tan lúcida pueda acabar así. Una mente que ha retratado como nadie costumbres e individuos de una sociedad, la irlandesa, sus tics, prejuicios y valores éticos, que ha construido personajes masculinos inolvidables como el Charles Arrowby de El mar, el mar y el Bradley Pearson de esta novela y que supo penetrar como pocos en los recovecos de las relaciones humanas.

Bradley Pearson es un funcionario que, con gran idealismo y más pena que gloria, ha dedicado gran parte de su vida a escribir. En el extremo opuesto encontramos a Arnold Buffin un escritor que dando al público lo que pide ha conseguido profesionalizarse y alcanzar verdadero éxito. A través de ellos, la autora analiza conductas, ambiciones, la sequía creativa y demás aspectos relacionados con el oficio de escribir y la esencia del arte en general, además de abordar la amistad, las relaciones familiares, la envidia, la decadencia personal, las falsas apariencias, la verdad y la mentira, los ocultos intereses, la utilización de unas personas por otras, la falta de escrúpulos y – ante todo y sobre todo – el amor, por medio de una serie de enredos que habrían convertido la novela en un simple folletín si la hubieran escrito otras manos.

Con un estilo conciso y sin embargo poético, una gran habilidad para insertar lo descriptivo en el relato y marcar los estados de ánimo de forma indirecta produce una obra muy reflexiva donde las especulaciones del personaje – en las que Murdoch se despacha todo lo a gusto que le es posible – resultan apasionantes por su imbricación en la trama, una obra que, sin embargo, no deja de ser muy descriptiva, incluir abundantes diálogos y donde la acción progresa a bastante buen ritmo.

La edición que yo tengo está prologada por Álvaro Pombo. Hay dos prólogos más, ficticios, el que, se supone, escribió el protagonista y el que más tarde añadiría su editor, además de los epílogos que incluyen ambos y otros cuatro a cargo de otros tantos personajes. La adición de todos estos documentos es un recurso más de la autora que, además de aportar variedad a la narración, otorga protagonismo a otras voces.

De Murdoch admiro la belleza de su prosa, la exactitud de sus construcciones narrativas y la veracidad de sus personajes, pero si tuviese que reprocharle algo diría que tarda demasiado en arrancar, que hay que volver muchas páginas hasta llegar al núcleo. Claro que, en cuanto se interna en el nudo del relato, por mí puede alargarlo todo lo que guste, ya que es una maestra de la intriga, de los diálogos, de la caracterización y el desarrollo de situaciones conflictivas, hábilmente resueltas y, sobre todo, perfectamente creíbles.

También de Iris Murdoch en ULAD: El mar, el mar

sábado, 11 de febrero de 2012

Libros para San Valentín: El mar, el mar de Iris Murdoch


Idioma original: inglés
Título original: The Sea, the Sea
Año de publicación: 1978
Valoración: Imprescindible



Charles Arrowby, protagonista de esta novela, es uno de los personajes más odiosos que puedo recordar. Aclaro que todo lo que conocemos de él es de primera mano ya que
estamos leyendo sus palabras. Autor teatral de éxito, inmerso en la agitada vida social londinense dónde seguía brillando a sus anchas, a sus sesenta años más o menos decide retirarse a una casa solitaria, al borde mismo de la costa y a cierta distancia del pueblo más cercano, con la pretensión de escribir sus memorias, de confesarse la verdad a sí mismo. Pero el presente se va imponiendo con fuerza demostrando que ni el personaje es capaz de adaptarse a la vida retirada ni los fantasmas del pasado le permiten llevar a cabo su proyecto. El contacto con la naturaleza, el descanso, la meditación, la soledad productiva parecen ser los motivos que le han llevado a tomar esa decisión pero enseguida queda claro que, pese a las apariencias, Arrowby no puede vivir sin la gente, sin someterla y dominarla. Por eso, de la forma más caprichosa, irracional y cruel se dedica, desde allí mismo, a destrozar parejas, alimentar la ilusión de alguna dama incondicional para decepcionarla poco después, comprometer a sus amigos y molestarles todo lo posible. Consciente del enorme poder que ejerce sobre ellos y del atractivo, que aún conserva, para seducir a sus conocidas, no duda en poner en marcha toda clase de artimañas a cual más retorcida y perversa para fortalecer su ego y, de paso, burlarse de la buena fe de sus víctimas. Entre estos, el coro que le da la réplica, la mayoría muy inferiores a él en su opinión, encontramos a Lizzie y Gilbert, Perry y Pamela, pasando por el primo James, único al que Charles parece respetar realmente, hasta Hartley (su amor de juventud) y los miembros de su familia.

Haciendo de su antigua profesión su vida, ejerce de director de escena de todos ellos. Al menos hasta cierto momento, porque todo tiene un límite. La frialdad, la falta de empatía, el mecanismo mental que inspira toda clase de estratagemas es de lo más refinado y se refleja con toda precisión. Los enredos se suceden. Los disgustos de unos y la sonrisa de triunfo del otro también. Tras haber acompañado al personaje durante bastantes páginas creemos conocerle a fondo, nada le conmueve, es el correlato humano de un témpano. Entonces, cuando el lector menos se lo espera, convencido de que la novela continuará exactamente en el mismo tono, el ser desalmado que creíamos conocer a fondo se enamora como un tierno infante de una recién descubierta primera novia. La mujer, tal como la pinta Murdoch, no está en absoluto a la altura del refinamiento a que está acostumbrado Arrowby. Ni se ha cuidado ni se ha cultivado ni tiene mundo ni conoce a nadie relevante. Después de una vida dedicada al hogar, presenta el aspecto y tiene las reacciones que serían de esperar. Naturalmente, al ser Arrowby una celebridad, está al corriente de sus andanzas, pero ni se siente halagada ni tiene mayor ambición que continuar con su vida matrimonial como hasta entonces. Este desprecio es algo que la soberbia de Arrowby es incapaz de soportar. Le resulta sencillamente inaceptable que alguien – tan vulgar para colmo – no caiga rendido a sus encantos. El motor de tanto desvarío probablemente no sea amor real sino vanidad, extrema resistencia a la frustración y todo lo que conlleva la egolatría. Charles Arrowby ha de engañarse a sí mismo para mantener su autoestima íntegra, pero los vaivenes de la trama – continuas vueltas de tuerca que divierten enormemente al lector a la vez que le enfrentan con lo engañoso de las apariencias – además de mantener la tensión, dan lugar a que, olvidando la repulsión que nos provoca el protagonista, no tengamos más remedio que apiadarnos de él.

¿Cómo se resuelve este embrollo? Lo de menos es si consigue o no su objetivo. Importa, y mucho, la agonía psíquica que padece cada uno de los personajes, marionetas cuyos hilos sostiene Arrowby, el constante flujo y reflujo de sentimientos, la violencia (soterrada o evidente), la refinada maldad frente a la inocencia – a veces pura majadería – y aparente nobleza de alguno de sus antagonistas.

Ni que decir tiene que la penetración psicológica, la sutileza y la habilidad narrativa de la señora Murdoch son admirables, que se pinta sola para crear una personalidad compleja, contradictoria y llena de matices, capaz de ocupar por sí sola una novela de 730 páginas manteniendo la intriga hasta el final.

Me arriesgo a vaticinar que gustará a casi todo el mundo, en especial a los interesados en los repliegues de la mente humana y a los poco amigos de argumentos empalagosos e inverosímiles. Esto no es amor ni desamor, es todo lo contrario.


También de Iris Murdoch en ULAD: El príncipe negro

lunes, 5 de septiembre de 2016

Stuart Murdoch: El café celestial

Título original: Inglés
Idioma original: The celestial cafe
Traducción: Felipe Cabrerizo
Año de publicación: 2010
Valoración: Muy recomendable para fans

Belle & Sebastian cumplen veinte años en este 2016. ¡Veinte años! Sí, Gardel decía que "veinte años no es nada", pero para un grupo de pop parece una eternidad. Y, no sé si será casualidad o no, en este vigésimo aniversario de los escoceses la joven editorial donostiarra "Expediciones Polares" publica el diario de su cantante y compositor principal: Stuart Murdoch.

No esperéis encontrar en el diario nada del célebre "sexo, drogas y rock & roll". Stuart no es una "estrella" al uso (dudo que al propio Stuart le guste el término "estrella", por cierto). El es un tipo relativamente normal, muy majete en apariencia, y esta normalidad aparece reflejada en este diario, escrito entre 2002 y 2006, que nos habla de sus paseos por Glasgow, sus partidos de fútbol o sus colaboraciones con la iglesia local. También iremos con Stuart y la banda de gira, estaremos en las sesiones de grabación de "Dear Catastrophe Waitress" y nos hablará de sus gustos literarios, musicales o cinematográficos. Mención de honor para la lista de sus películas favoritas.

El libro, personalmente, me recuerda mucho a sus primeros discos (que no se entre nadie, pero los dos últimos me parecen más bien flojetes). Se trata de un texto agradable y simpático, pero con un punto agridulce en ciertos momentos, que casa muy bien con aquellos discos llenos de preciosas y saltarinas (a veces) melodías acompañadas de letras que hablan de personajes inadaptados o freakys, como el propio Stuart.  

Creo sinceramente que el libro encantará a los fans de esa primera etapa de la banda, de discos maravillosos como el "Tigermilk" o el "If you're feeling sinister". Discos atemporales, en mi opinión.

Los no fans de la banda, en cambio, se quedarán más bien fríos ante el libro, pero es cierto que no son su público objetivo.

No importa. Si te gustaba Belle & Sebastian cuando aún eras "un poco más joven", el libro te traerá buenos recuerdos de aquella época en la que escuchabas en tu walkman "Viaje a los sueños polares" en los 40 o "Disco Grande" o "Flor de pasión" en Radio 3. Y quizá hasta recuperes esos discos que por H o por B, o por Peppa Pig o la Patrulla Canina a todas horas en ClanTV, llevan algún tiempo en barbecho.

Con eso es más que suficiente.

jueves, 6 de febrero de 2020

Escritores de película (resopón de la Semana del Cine)

Cine y literatura siempre han tenido una relación estrechísima, no sólo porque muchos autores se han dedicado también a escribir guiones (y guionistas, libros) o porque muchísimas películas, antes del aluvión actual de adaptaciones de videojuegos o series de televisión, están basadas en novelas o relatos; también porque la figura del escritor o escritora ha sido siempre muy atractiva para la cinematografía, puede que incluso más que la de los propios cineastas, y desde luego , mucho más que profesiones como fontanero, tallador de fruta o quiromántico (aunque mucho menos que soldados, policías, gángsters, bibliotecarias de Texas o cualquiera que vaya por la vida con un arma en la mano).

Revirando, pues, el sabio aserto que aconseja no leer libro protagonizados por escritores -misión imposible- ni ver películas sobre cineastas, hago notar que existen un montón de films que tienen a escritores de protagonistas, ya sean como personajes reales o de ficción (mejor dicho: más o menos de ficción). la variante más obvia de este tipo de películas son las llamadas "biopics", es decir, películas biográficas que retratan toda o una parte sustancial de la vida de algún personaje conocido; aunque, ciertamente, en ocasiones resulta difícil saber de antemano quién es la figura biografiada: Capote, Wilde, Tolkien, Dovlatov, Yesenin, Mary Shelley, La joven Jane Austen, Las hermanas Brontë, Mishima, una vida en cuatro capítulos... Se lo han currado a tope, ¿eh? Incluso Miss Potter, encarnada por la simpática Renée Zellweger, resulta fácil de identificar para el público anglófono como la madre de Harry... perdón, de Peter Rabbit. Hay que fijarse un poco más, eso sí, cuando el título de la película es tan sólo un nombre de pila: Iris (Murdoch), Enid (Blyton), Colette... bueno, éste no tanto. Resulta más sugerente -aunque el contenido no tiene por qué ser más interesante- cuando el título es menos obvio: Antes que anochezca, sobre Reinaldo Arenas haciendo de Javier Bardem, Tierras de penumbra, sobre C. S. Lewis o la inefable Ábrete de orejas, acerca del malogrado dramaturgo Joe Orton. Rebelde en el centeno, ni os digo sobre quién trata...

Otras películas también se encuadran dentro del biopic, pero circunscribiéndose a un periodo concreto de la vida de los biografiados (a menudo la época en la que estaban escribiendo una determinada obra):

-Shakespeare in love: El joven William se enamora, escribe Romeo y Julieta, afronta con gallardía contratiempos y peligros -como una reina Isabel que bien podría ganar el certamen de drags de Tenerife- para al final encontrarse con que su amada se ha ido con el multimillonario Richard Stark, que además es un superhéroe y mola mil.

-Historia de un crimen: James Bond cae en una trampa de Spectra y es encerrado en una cárcel de Kansas, adonde el MI6 envía a sus agentes Ruiseñor y Gorrión -a.k.a. Harper Lee y Truman Capote- para liberarlo. No lo consiguen y Bond es ejecutado, con lo que ahora se encuentran en el brete de tener que elegir a un nuevo 007.

-The End of the Tour: Precuela de Bienvenidos a Zombieland en la que David Foster Wallace con  sempiterna bandana en la cabeza y un (aún más) imberbe Columbus tratan de sobrevivir juntos al estallido del apocalipsis zombie. Sólo uno lo consigue.

-Remando al viento: Cómo hubiera sido Cuatro bodas y un funeral a principios del siglo XIX en una villa a orillas de un lago suizo, cuando la gente se aburre porque se acaba el bebercio y no disponen aún de Netflix.

-Las horas: Virginia Woolf mete mano en la caja de la editorial Hogarth Press para amueblar a su gusto su habitación, pero cuando le miente al respecto a su socio y marido, le crece la nariz de forma insospechada.



Bueno, vale, lo dejo ya; no hace falta que sigáis enviando más anónimos amenanzantes... Tan sólo dejadme mencionar La importancia de llamarse Oscar Wilde, sobre los últimos días de este escritor; Gringo viejo, sobre la desaparición en México de Ambrose Bierce; Descubriendo Nunca Jamás , con Johnny Depp (con un peinado normal, aunque ya había difrutado lo suyo como Hunter S. Thompson en Miedo y asco en las Vegas) haciendo de J. M. Barrie, el autor de Peter Pan o Carrington, acerca del enamoramiento (fallido) de esta artista hacia el escritor Lytton Strachey. Si se me permite, mi película favorita de esta categoría es una acerca de un escritor mucho menos conocido: La gran estafa (The Hoax), sobre el intento de vender unas falsas memorias de Howard Hugues que hizo Clifford Irving.

Por último, una modalidad igualmente interesante (o más) es la de la ficción con escritores inventados y aasumiendo todo tipo de roles: desde villanos de diferente pelaje -El resplandor, La mitad oscura, Balas sobre Broadway, Insomnio- a víctimas en mayor o menor grado -Misery, Barton Fink, Basada en hechos reales...- pasando por, como no podía ser de otra manera, el papel de testigo de los hechos o de su realidad circundante: La gran belleza, Medianoche en el jardín del bien y del mal... o incluso una mezcla de todo lo anterior, como ocurre en esa película , basada en una novela de Robert Harris y protagonizada por la curiosa figura del escritor "negro o "fantasma": El escritor. Tenemos también al escritor "señor Miyagi" en Descubriendo a Forrester, al aquejado de una curiosa forma de bloqueo consistente en no poder dejar de escribir de Jóvenes prodigiosos y, por fin, al escritor que ha llegado al que se supone es el culmen de su profesión, como Paul Newman en la deliciosa El premio (quizás mi película favorita sobre escritores, NEVER EVER).


Porque curiosamente (y tranquis, que ya acabo) es en el género de comedia donde encontramos gran catidad de películas con escritor incorporado: autores de best-sellers en La selva esmeralda, Mi testigo preferido o Mejor imposible -recordemos al impagable personaje interpretado por Jack Nicholson-; patosos remedadores de Extraños en un tren: Tira a mamá del tren, con Danny de Vito y un Billy Cristal como escritor aquejado, también él , de bloqueo (esta circunstancia aparece mucho en el cine) o enredados en curiosas tramas metaliterarias: Desmontando a Harry o Más extraño que la ficción (en este caso y aunque el escritor sea un guionista, no puedo dejar de mencionar  Adaptation (El ladrón de orquídeas), de Spike Jonze, con un Nicholas Cage que por fin sacó partido a su cara de acelga). Y no puedo dejar de mencionar aquí al auténtico Rey de la Comedia, al escritor/actor que más risas nos ha heho pasar en el cine y que seguro que aún nos deparará monmentos deliciosos: Michel Houellebecq, estrella absoluta -con permiso de Depardieu- de El secuestro de Michel Houellebecq y Thalasso.


Amigos para siempre, lailo-lailo-lailo-lá...


Nota: los títulos de las películas son los que han tenido en su estreno en España, por lo que pueden diferir con respecto a los de otros países y, desde luego, respecto a los originales... Así, por ejemplo, Historia de un crimen es, en realidad, Infamous, y The Happy Prince se tradujo como La importancia de llamarse Oscar Wilde, para sonrojo de todos o al menos del que suscribe.

lunes, 19 de diciembre de 2016

ULAD: Lo mejor del 2016

Francesc Bon:
  • Libro del año: Pues para mí el libro del año ha sido Breve historia de siete asesinatos de Marlon James. No sé decir exactamente el motivo, pero al final me recuerdo acarreándolo, con su presencia imponente y su lomo amarillo, siguiendo andanzas de rastafaris y es una sensación demasiado imborrable. Quizás sea un libro cautivo de su componente visual, pero desde cuándo va a ser malo que una novela contemporánea te recuerde a una nueva temporada de The Wire. Con dos muy dignos contendientes: Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y Satin Island de Tom McCarthy, cuya importancia aún no soy capaz de calibrar.
  • Sorpresón postrero: el festín de Xavi Ayén en La vuelta al mundo en 80 autores.
  • Porquerías: En un año globalmente positivo: el incomprensible apoyo a algo tan vacuo como Érase una vez el fin, de Pablo Rivero, o la esperada constatación del timo de La chica del tren 
  • Caerá en 2017: Cualquier Saer que se ponga en medio.
  • No tocar ni con un palo: Zanón, Pérez Andújar, y todos aquellos que quieren apropiarse de la literatura de barrio. Por mediocres y por cansinos.
  • Los comentarios me han hecho salivar para el 2017: Vollmann y, dicen, el Ray Pollock que viene.

Juan G. B.:

Carlos Andia:
  • Volumen imponente del añoEl capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty -algunas claves que deberíamos conocer.
  • La relectura del añoCoronación, de José Donoso -buenas sensaciones después de muchos años
  • Libro de Historia del añoContinente salvaje, de Keith Lowe -una etapa muy especial de la Historia de Europa
  • Una joya a la que tenía muchas ganasLocus Solus, de Raymond Roussel -atrévase usted.
  • Clásico rescatadoReivindicación del conde don Julián, de Juan Goytisolo -imprescindible con mayúsculas.
  • Obra de teatro del año: Calígula, de Albert Camus -todo intensidad
Y, si se me permite, porque obviamente es algo muy poco uladiano, pero muy especial para mi: 'Análisis de los fenómenos monetarios en España', de Florencio Salcedo -¡qué tío!


Koldo CF

Montuenga:
Santi:

Marc Peig:
  • Libro del año: El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer
  • Autobiografía del año: Instrumental, de James Rhodes
  • Tocholibrohistórico del año: Las benévolas, de Jonathan Littell
  • Tochonovela del año: La broma infinita, de David Foster Wallace
  • Ensayo del año: Esto es agua, de David Foster Wallace
  • Clásico que debería haber leído antes: La piedad peligrosa o La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  • Libro del que no debería ni haber pasado de la portada: En manos de las furias, de Lauren Groff
  • Decepción del año: Sueños de trenes, de Denis Johnson
  • No pasará un año más sin leer: La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe
  • Autor que debo recuperar porque lleva tiempo olvidado (injustamente): Haruki Murakami
  • Caerán más libros de: Stefan Zweig
  • Ganas de que llegue el 2017 para lo nuevo de: Siri Hustvedt, Paul Auster y  Karl Ove Knausgaard


domingo, 11 de octubre de 2015

Owen Jones: El Establishment

Idioma original: inglés
Titulo original: The Establishment. And how they get away with it.
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2015
Valoración: terrorífico

¿Cómo? ¿Alguien aquí no sabe qué es eso del establishment? Va, hombre. ¿Cómo tienes ese libro, ese pequeño tocho de más de 450 páginas en tus manos, sin saber lo que eso significa? ¿No te ayuda la ilustración de la portada? Hombre, es bastante obvia. Aún así, ¿te queda lo bastante claro como para pasar por caja o para llevarte el libro prestado de la biblioteca? ¿Necesitas un empujoncito más? ¡Ya lo tengo! Subtitulemos con La casta al desnudo. Qué más da que el título sea diferente. Que en realidad diga "El Establishment. Y cómo se salen con la suya". Uh, no sé si Javier Calvo tuvo que ver en ese cambio. Supe que era él quien lo traducía cuando leí la palabra "cotarro". Por lo demás, qué más da que eso de la casta sea tan de aquí y lo del Establishment sea un término tan foráneo. Si Owen Jones ya es famoso por Chavs, no hará falta mucha más información. Pero con lo de apelar a la casta no fallamos. Es decir la palabreja y ver al señor de la coleta y la pinta casual sentado en el lado izquierdo de una tertulia replicando con sorna, educación y astucia a cualquier gilipollas en traje y corbata que le mira con aires de prepotencia. Uh. Eso tiene tirón.

Curioso que sea Seix Barral quien se haya hecho con la publicación de este libro. En vez de la aguerrida y entusiasta Capitán Swing, que, perdonen, sería más adecuado. Curioso, porque uno de los hechos en que más se incide es en la manipulación de los medios de información y en su puesta al servicio de los viles intereses del Establishment. Con todo el feo asunto que terminó con el cierre de News of The World, con Rupert Murdoch por medio de todo un tema de siniestros sucesos. Y va, y quien publica El Establishment es una subsidiaria de Planeta, grupo al que pertenece Antena3, La Sexta o La Razón. Medios, todos ellos, libres de toda sospecha.

Donde Chavs era bastante cómodo y adaptable al entorno más cercano (en un país donde Telecinco es la cadena de TV más sintonizada) El Establishment acaba siendo, para los desconocedores de los entresijos de la política y el poder en el Reino Unido, un ejercicio que se hace un poco ajeno y algo largo. Imposible de leer en diagonal, me ha llevado diez días largos acabar con él. No por denso, más bien por jugoso. No niego lo oportuno y lo extrapolable de sus planteamientos, pero quizás me hubiera parecido algo más acertada una especie de edición comparativa donde percibiéramos más las similitudes con el establishment propio del estado español, donde los nombres nos sonaran o tuvieran su equivalencia, cosa que suena extraña, pero que permitiría ejercicios de comparación que resultarían algo desasosegantes.

Estructurado de forma parecida a las temporadas de The Wire, este extenso ensayo va prestando atención a cada uno de los factores determinantes y necesarios para que el Establishment impere en el Reino Unido. Sociedad, políticos, fuerzas de seguridad, think tanks, medios de comunicación, la City. Cómo consiguen generar una realidad en la que su poder prevalezca y cualquier alternativa que se vislumbre se desplome por utópica o ingenua. Todos contribuyen a ese objetivo común: la definición y fijación de un statu quo que beneficia a una élite reducida, y la concienciación casi unánime de que ese statu quo no tiene alternativas razonables, o éstas entrañan el caos y el apocalipsis. Todos conchavados y con medios de lo más abyectos, con tal de mantener y monopolizar el dominio absoluto de todos los resortes que les permiten perpetuarse. Lo espeluznante es cómo Owen Jones demuestra esa situación. Porque testimonios y casos reales desfilan aquí y alejan cualquier duda, cualquier lógico recelo que el lector pueda albergar. Jones no oculta su condición: es un periodista que denuncia situaciones y la literatura de denuncia es tanto más necesaria cuanto más haya que denunciar y mayores las presiones para silenciar o ridiculizar esa denuncia.

Esto no es conspiranoico, entonces. Las situaciones existen y los nombres son casi siempre (porque hay testimonios que han pedido preservar su anonimato) los reales. Como conclusión, basada en 470 páginas que no admiten discusión: el horror, el horror. La democracia occidental, de la que tanto alardeamos y que tanto nos gusta imponer en todos lados, resulta ser una pantomima, una escenificación esperpéntica cuatrienal de perpetuación de la clase dominante. Digan si eso no da miedo.

También de Owen Jones en ULAD: Chavs, la demonización de la clase obrera

viernes, 8 de mayo de 2015

Evelyn Waugh: ¡Noticia bomba!

Idioma original: inglés
Título original: Scoop
Año de publicación: 1938
Traducción: Antonio Mauri
Valoración: recomendable

Que Evelyn Waugh fue un caballero con gran sentido del humor lo señala el hecho de que su primera esposa también se llamaba Evelyn (cabe suponer, que, de hecho, esta jocosa coincidencia y las hilarantes situaciones que conllevó  tuvieron bastante que ver con la celebración de tal matrimonio, pues éste tuvo una duración de poco más de un año...quizás hasta que el chiste dejó de tener gracia). Pero además, como escritor nos dejó un buen puñado de libros que atestiguan, por si hubiera dudas, este encomiable rasgo de su personalidad (aunque también escribió otros de carácter más serio, como la celebérrima novela Retorno a Brideshead). Una de ellas es esta ¡Noticia Bomba!, subtitulada en su primera edición en inglés y en la traducción al castellano Novela de periodistas.

En esta novela, Waugh aprovechó su experiencia como corresponsal en Abisinia para crear un ácida sátira -aunque no exenta de cierto cariño, quizá nostálgico- sobre las prácticas y miserias del llamado "Cuarto Poder", pero también sobre las realidades de la política internacional y, más concretamente, sobre las relaciones exteriores de su propia nación. La historia en sí ya parte de un divertido malentendido: el periódico Daily Beast, del grupo Megalopolitan (propiedad de Lord Copper, una especie de Randolph Hearst británico o de Murdoch de entreguerras) envía a la supuesta guerra civil que se está produciendo en el africano estado de Ismailía -una mezcla, según el propio Evelyn Waugh, de la guerra de Abisinia y la de España, en curso en ese momento- al reportero más improbable, William Boot, un joven que hasta entonces escribía una columna quincenal sobre la vida campestre en la contraportada del diario. Como es de suponer, Boot lo ignora todo sobre el oficio periodístico y sobre la política internacional, circunstancias que aprovecha el autor para criticar si piedad alguna este oficio y sus costumbres (invención de noticias, ignorancia del tema del que se ocupa, jugarretas entre colegas, borracheras constantes...), pero también de las ideologías extremas (el fascismo de los "Camisas Blancas" ismailíes y el supuesto comunismo prosoviético de sus rivales), la injerencia interesada de los poderes económicos, el cinismo de la diplomacia británica... De hecho, aprovecha para disparar a todo lo que se mueve -persona, cosa o animal- y no dejar títere con cabeza. Incluso si a algún lector -o lectora, claro- más puntilloso percibe un tono demasiado displicente hacia los indígenas de este supuesto y pintoresco país (una suerte de Ruritania africana que bien hubiera podio merecer la mirada de Santi), enseguida se dará cuenta de que Waugh es aún más inclemente hacia los blancos, y no digamos ya hacia sus paisanos, nativos de la exótica Inglaterra: de sus dardos no se libran ni los miembros más influyentes de la clase alta, ni la gentry -la familia del bueno de Boot es todo un caso...o varios, de excentricidad british-, ni las clases populares... 

Ahora bien, si la sátira de Evelyn Waugh no perdona a nadie, no por ello es desdeñosa o ajena a lo que cuenta; en todo momento el autor parece ser consciente de que él mismo forma parte, en mayor o menor mediada, del chiflado mundo que nos describe y de que tan sólo a partir de esa premisa podemos tratar de encauzar sus sinsentidos hacia una realidad algo más razonable.

Claro que, como diría Mr. Salter, el jefe de Boot, hasta cierto punto...



Otros libros de Evelyn Waugh reseñados en Un Libro Al Día: Merienda de negrosRetorno a Brideshead

domingo, 9 de noviembre de 2014

Julian Barnes: Inglaterra, Inglaterra


Idioma original: inglés
Título original: England, England
Año de publicación: 1998
Traductor: Jaime Zulaika
Valoración: Muy recomendable

Supongo que muchos de nuestros lectores estarán familiarizados con esos conceptos, vagos pero muy precisos a un tiempo, que se expresan a través de fórmulas como lo "vasco-vasco", "catalán-catalán", "gallego-gallego", etc... (curiosamente, lo de "español-español" no se utiliza, creo... Invito a quien quiera a hacer sobre el tema una reflexión que yo, con permiso, me ahorraré a mí mismo). Pero en todas partes, al parecer, cuecen las habas identitarias, y en el caso del Reino (re-)Unido -perdón por el chiste-, no sólo entre los sedicentes escoceses. También en la Merrie England , pese a la desenvoltura que cabría suponerle a su hegemonía en el Reino, el patriotismo pasa por la adhesión no sólo a determinados símbolos e instituciones, sino también a ciertos acontecimientos y figuras de su pasado, convenientemente escogidos, expulgados y mitificados, eso sí. Como en todas partes, cabría añadir...

Pues bien, éste es el material que Julian Barnes, inglés-inglés (aunque con una confesa y sospechosa francofilia) de Leicester, para más señas, utiliza para componer una sátira con la que fumiga algo más que los excesos patrióticos (patrioteros, más bien). El argumento ya parte de una idea jocosa: un megamagnate post-moderno, tipo Murdoch, Sir Jack Pitman, decide crear en la isla de Wight, como obra magna que le sucederá en la posteridad, una réplica "perfeccionada" de la Inglaterra a la que tanto dice amar, pero que juzga como incómoda, decadente e imperfecta. El proyecto va más allá de un parque temático para turistas ricos, que es el proyecto original, al conseguir la independencia de la isla y que la propia familia real británica se traslade a ella, conviviendo con ilustres personajes -o leyendas- de la Historia inglesa como Robin Hood, la reina Victoria o el doctor Johnson (la aparición de este último no parece en absoluto aleatoria, desde luego). La configución y éxito de esta nueva entidad político-lúdico-comercial no sólo crea una dinámica interna propia, sino que también afecta a la llamada "Vieja Inglaterra", que acaba pareciendo menos real que su copia... Para mayor ironía -a modo de boomerang, si se quiere-, hay que decir que lo que a finales del siglo XX parecía ser una entelequia puramente satírica, a día de hoy se ha convertido casi en una realidad superpuesta a la Inglaterra "auténtica", como puede atestiguar cualquiera que se dé una vuelta por el Londres más turístico.

Bien es cierto que en la novela no sólo se satiriza sobre los parámetros -no pocas veces oportunistas- del patriotismo para determinar quién o qué merece formar parte y representar al acervo colectivo de una nación. También nos dibuja una imagen bastante convincente de cómo sería un Estado sin Estado propiamente dicho, el sueño del ultra-liberalismo, donde el gobierno se viera reemplazado por la dirección ejecutiva de una corporación y las leyes, por los términos contractuales entre empleador y empleado. Y más allá, sobre toda la novela sobrevuela la filosofía de Guy Debord, plasmada en su obra, La sociedad del espectáculo (de hecho, Barnes se cura en salud haciendo una velada alusión a este autor ya en las primeras páginas del libro), que ya señalaba: 

“Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación.”

Pero Barnes no sería el magnífico escritor que es si no nos ofreciera algo más. La novela, además de una divertida sátira, propone una reflexión sobre los elementos que escogemos -o nos escogen- para conformar nuestra memoria personal, no sólo colectiva, y que en buena medida son los que moldean nuestra personalidad... ¿o quizá no lo son y ésa es sólo una premisa más que aceptamos, como los propios recuerdos o los mitos que alimentan el fervor patriótico? Es una duda que la protagonista femenina, Marta Cochrane (contratada por Sir Jack para hacer de "cínica oficial" del Proyecto), tarda toda una vida en resolver, como un puzzle al que le hubieran hurtado una pieza. Un puzzle que representaba su Inglaterra particular. Que cada cual escoja la suya.

Otras obras de Julian Barnes en Un Libro Al Día:  Aquí