Idioma original: inglés
Título original: Tales of the Unease
Valoración: Recomendable
Año de publicación: como relatos sueltos, en fechas diversas entre 1883 y 1922
Valoración: recomendable
Arthur Conan Doyle es, para la mayor parte de los mortales, sinónimo de Sherlock Holmes: son los relatos sobre su detective excéntrico y brillante los que le han asegurado la fama póstuma. Sin embargo, Conan Doyle era un hombre de muchos intereses y habilidades, y su producción es amplia y variada: poesía de guerra, relatos policiacos, novelas históricas, panfletos, ensayos... Además de todo esto era también, como muchos de sus contemporáneos (incluida la propia reina Victoria de Inglaterra), aficionado al ocultismo y al espiritismo, temas a los que dedicó una buena docena de obras de mayor o menor enjundia. Así que no sorprende que también escribiera una serie de relatos de terror, publicados en diversas revistas a lo largo de casi cuarenta años, y que Penguin ha recopilado, al menos parcialmente, con el título de Tales of Unease (algo así como "cuentos que causan inquietud").
Para el lector de los relatos policiacos de Conan Doyle, y también para el lector habitual de relatos de terror, esta colección contiene algunas sorpresas agradables. Así, por ejemplo, tenemos el relato "El lote 249", que es uno de los primeros, si no el primero, en el que aparece una momia revivida como elemento terrorífico; "La mano marrón", que es un clásico cuento de fantasmas con un título un pelín racista; "El horror de las alturas", que recuerda un poco a Lovecraft aunque sin llegar a desarrollar toda su mitología, o "El terror de la sima de Blue John", que bien podría haber inspirado las películas de la serie The descent.
Algunas de estas historias recurren a trucos bien conocidos del género, como el manuscrito encontrado o el juego de espejos entre terror y locura, y no todos se leen con igual placer (algunas de estas historias, hoy, en el siglo XXI, suenan ya muy sabidas), pero en otras, como en "El fiasco de Los Amigos" hay un sentido del humor irónico que recuerda a los relatos de terror de Ambrose Bierce.
Sin embargo, mis cuentos favoritos de la colección no son precisamente los sobrenaturales, sino aquellos en los que la inquietud proviene de la propia crueldad humana: de los trucos, engaños y torturas que somos capaces de producirnos los unos a los otros por ambición, envidia, celos o avaricia. A este grupo pertenecen "La nueva catacumba" (que quizás es demasiado obvio en su final); "El gato de Brasil", con un ambiente de locura opresiva casi digna de Poe; o mi favorito, "El caso de Lady Sannox", un cuento con un final retorcido que hace que nos preguntemos qué tenía dentro de la cabeza el bueno de Conan Doyle.
En conjunto, esta colección de relatos de terror no desmerece en absoluto a otras colecciones semejantes de autores más asentados en el género. Es cierto que la relevancia mundial de Sherlock Holmes ha eclipsado el resto de la obra de Conan Doyle, y hasta cierto punto es justo, ya que consiguió crear uno de los personajes más icónicos de la literatura universal, de esos que son reconocibles solo con ver su silueta. Pero merece la pena darle una oportunidad a sus otros libros. A veces uno se lleva sorpresas agradables.
Mostrando las entradas para la consulta Conan Doyle ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Conan Doyle ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
sábado, 22 de abril de 2017
viernes, 17 de abril de 2009
La literatura policiaca
Una vez una amiga me preguntó: "¿por qué te gusta tanto la novela policiaca?". Bueno, me gusta por varias razones. En primer lugar, porque es fácil de leer, tanto en español como en inglés; no exige mucha concentración, así que es la lectura perfecta para viajes, vacaciones, ratos de descanso. Además, es un género con reglas claras y definidas, que se podrían resumir en: "hay un misterio -generalmente, un crimen-, y una persona debe desentrañarlo". A partir de este planteamiento común, es apasionante observar las variantes, modificaciones y reinvenciones del género, que sigue muy vivo en la actualidad (no hay más que mirar la amplitud de las secciones de novela policiaca en las librerías).
Este es un breve repaso a algunos de los nombres fundamentales del género:
Los clásicos:
1.- Edgar Allan Poe: Aunque se le conoce fundamentamente como autor de cuentos de terror, para muchos es también el inventor del relato policiaco en su forma moderna con "Los crímenes de la Rue Morgue", en que aparece un detective intelectualmente superdotado (Chevalier Auguste Dupin), una habitación cerrada, un cadáver y muchas preguntas sin resolver. Dupin sólo volvió a aparecer en otras dos historias de Poe, "El misterio de Marie Rogêt" y "La carta robada", pero estos tres relatos fueron suficientes para dejar sentadas las bases del género.
2.- Arthur Conan Doyle: Y si se trata de encontrar los modelos fundacionales de la novela policiaca, cómo no referirse a Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Desde su primera aparición en Estudio en escarlata hasta su desaparición en 1927 con El archivo de Sherlock Holmes (muerte y resurrección de por medio), Doyle marcó la pauta que luego seguirían muchos otros -hasta llegar a nuestro querido Dr. House. Su detective, dotado de una inteligencia sobrehumana aunque social y personalmente inestable, y su inseparable compañero, el Dr. Watson, se pasearon por 4 novelas y 56 historias cortas antes de desaparecer, dejando establecido el canon del género policiaco.
3.- Agatha Christie: El otro gran nombre del género, Agatha Christie escribió unas 80 obras del género policiaco, entre novelas y libros de relatos, y dio luz a dos detectives distintos pero igualmente memorables: el petulante y sofisticado Hércules Poirot, y la adorable pero terrible anciana Miss Marple. Las novelas de Christie suelen tener un desarrollo lento, largas presentaciones de situación y personajes, antes de que se produzca el crimen en cuestión, y suelen estar llenos de pistas falsas que hacen que el lector sospeche de todos los personajes salvo del propio detective. Algunas de las obras más conocidas de esta autora han sido llevadas al cine o al teatro, como Diez negritos, Muerte en el Nilo o Tres ratones ciegos -adaptada con el título de La ratonera-.
4.- Georges Simenon: Menos conocidos que los anteriores, pero quizás más literario que ellos en su estilo y sus intenciones, el belga Simenon es el creador del comisario Maigret, un detective parisino inteligente -pero no de una manera tan sobrehumana o abrumadora como sus predecesores- y humano, iniciando de alguna manera la tradición del "detective sufriente" que han prolongado varios escritores actuales. Las historias de Maigret suelen ser pausadas, casi estáticas, sin tantos giros sorprendentes o revelaciones cataclísmicas como las de Conan Doyle o Agatha Christie. Esto no quiere decir que sean aburridas, sino que su interés está en otra parte: en la presentación de los personajes y la sociedad que rodean al crimen.
5.- Gastón Leroux: A Leroux le corresponde, se puede decir, el honor de cerrar un subgénero que inició Poe con la Rue Morgue: el del "misterio de la habitación cerrada". El Misterio del Cuarto Amarillo está considerado por muchos como el modelo último y definitivo de este tipo de novela, en el que el crimen se ha cometido en una habitación cerrada a cal y canto, sin salidas posibles, y en la que aparentemente sólo se encontraba la víctima. Después de él se han escrito otras novelas similares -por ejemplo, El hombre vacío de John Dickson Carr-, pero no han logrado superar la complejidad o el ingenio de la de Leroux.
6.- Dashiell Hammett: Por terminar con los clásicos, citemos a Hammett, autor de novelas como Cosecha Roja o El halcón maltés, considerado como el iniciador o el maestro del subgénero del hard-boiled o "novela negra", en el que el detective no alcanza la solución del misterio necesariamente a través de la inteligencia, sino a través de la insistencia, la falta de escrúpulos y también, a veces, la violencia o la suerte. En sus novelas -como en las de Raymond Chandler, creador del detective Phillip Marlowe-, la ley y la moral no siempre van de la mano, y el resolver el crimen no siempre significa salir triunfador...
Los actuales:
1.- P.D. James: Creadora del detective-poeta Adam Dalgliesh, P.D. James podría considerarse como una continuadora de la obra de Agatha Christie, tanto por sus entornos ingleses como su detallada presentación de ambientes y personajes, aunque James quizás tenga un estilo algo más irónico que Christie, lo que hace su lectura más entretenida.
2.- Henning Mankell: El escritor sueco actual más conocido, con permiso de Stieg Larsson, es el creador de Kurt Wallander, un detective solitario, profesional pero un poco amargado. Sus novelas, generalmente muy bien escritas y planeadas (con la excepción de Firewall, que no me gustó nada), cuentan detalladamente todo el proceso policial -investigación, burocracia, interrogatorios...- desde que se produce el crimen hasta que se resuelve.
3.- Andrea Camillieri: Para muchos -entre los que me cuento-, el mejor escritor de novela policiaca contemporáneo. Basado -en el nombre y en su apetito voraz- en el inspector Carvalho de Vázquez Montalván, su inspector Salvo Montalbano, de Vigata, es un hombre inteligente, irónico, epicúreo, independiente y algo decadente, y las novelas de Camillieri están llenas de sentido del humor, de ligereza y de personajes grotescos. ¿Se casará algún día Montalbano con Livia?
4.- Michael Connelly: De los escritores actuales, y quizás por su origen estadounidense, Michael Connelly es el más cercano al género del hardboiled y a los tópicos hollywoodienses de la novela de detectives: su detective, Hieronymus 'Harry' Bosch es un tipo duro -pero con sentimientos-, enfrentado con la burocracia policial y con problemas personales y profesionales, que siempre resuelve los crímenes de una manera heroica y violenta, sin importarle las consecuencias.
5.- John Connolly: Sus obras suponen, cada vez más a medida que avanza su carrera, la mezcla de dos géneros: el policiaco y el de terror. Comenzó siendo un escritor de novela negra especialmente irónico y atrevido con Todo lo que muere, para ir dando paso a más elementos sobrenaturales. Lo mejor de sus novelas, más que el detective Charlie Parker, torturado por su pasado, son dos personajes secundarios: Angel y Louis, una pareja de asesinos gays que ayudan a Parker cuando este lo necesita. Cuando aparecen en acción, uno sabe que se lo va a pasar bien durante unas cuantas páginas.
6.- Ian Rankin: Escritor escocés, Rankin sitúa sus novelas policiacas en Edimburgo y sus alrededores. Su detective, el Inspector Rebus, se parece un poco al Harry Bosch de Michael Connelly: está al margen de las intrigas políticas de la policía, es independiente, algo violento y tiene un alto sentido de la moral y la responsabilidad. Probablemente no es el mejor de los escritores citados, pero sí es uno de los que más vende, sobre todo en Europa.
¿Me olvido de alguno? Me lo podéis recordar en los comentarios...
Este es un breve repaso a algunos de los nombres fundamentales del género:
Los clásicos:
1.- Edgar Allan Poe: Aunque se le conoce fundamentamente como autor de cuentos de terror, para muchos es también el inventor del relato policiaco en su forma moderna con "Los crímenes de la Rue Morgue", en que aparece un detective intelectualmente superdotado (Chevalier Auguste Dupin), una habitación cerrada, un cadáver y muchas preguntas sin resolver. Dupin sólo volvió a aparecer en otras dos historias de Poe, "El misterio de Marie Rogêt" y "La carta robada", pero estos tres relatos fueron suficientes para dejar sentadas las bases del género.
2.- Arthur Conan Doyle: Y si se trata de encontrar los modelos fundacionales de la novela policiaca, cómo no referirse a Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Desde su primera aparición en Estudio en escarlata hasta su desaparición en 1927 con El archivo de Sherlock Holmes (muerte y resurrección de por medio), Doyle marcó la pauta que luego seguirían muchos otros -hasta llegar a nuestro querido Dr. House. Su detective, dotado de una inteligencia sobrehumana aunque social y personalmente inestable, y su inseparable compañero, el Dr. Watson, se pasearon por 4 novelas y 56 historias cortas antes de desaparecer, dejando establecido el canon del género policiaco.
3.- Agatha Christie: El otro gran nombre del género, Agatha Christie escribió unas 80 obras del género policiaco, entre novelas y libros de relatos, y dio luz a dos detectives distintos pero igualmente memorables: el petulante y sofisticado Hércules Poirot, y la adorable pero terrible anciana Miss Marple. Las novelas de Christie suelen tener un desarrollo lento, largas presentaciones de situación y personajes, antes de que se produzca el crimen en cuestión, y suelen estar llenos de pistas falsas que hacen que el lector sospeche de todos los personajes salvo del propio detective. Algunas de las obras más conocidas de esta autora han sido llevadas al cine o al teatro, como Diez negritos, Muerte en el Nilo o Tres ratones ciegos -adaptada con el título de La ratonera-.
4.- Georges Simenon: Menos conocidos que los anteriores, pero quizás más literario que ellos en su estilo y sus intenciones, el belga Simenon es el creador del comisario Maigret, un detective parisino inteligente -pero no de una manera tan sobrehumana o abrumadora como sus predecesores- y humano, iniciando de alguna manera la tradición del "detective sufriente" que han prolongado varios escritores actuales. Las historias de Maigret suelen ser pausadas, casi estáticas, sin tantos giros sorprendentes o revelaciones cataclísmicas como las de Conan Doyle o Agatha Christie. Esto no quiere decir que sean aburridas, sino que su interés está en otra parte: en la presentación de los personajes y la sociedad que rodean al crimen.
5.- Gastón Leroux: A Leroux le corresponde, se puede decir, el honor de cerrar un subgénero que inició Poe con la Rue Morgue: el del "misterio de la habitación cerrada". El Misterio del Cuarto Amarillo está considerado por muchos como el modelo último y definitivo de este tipo de novela, en el que el crimen se ha cometido en una habitación cerrada a cal y canto, sin salidas posibles, y en la que aparentemente sólo se encontraba la víctima. Después de él se han escrito otras novelas similares -por ejemplo, El hombre vacío de John Dickson Carr-, pero no han logrado superar la complejidad o el ingenio de la de Leroux.
6.- Dashiell Hammett: Por terminar con los clásicos, citemos a Hammett, autor de novelas como Cosecha Roja o El halcón maltés, considerado como el iniciador o el maestro del subgénero del hard-boiled o "novela negra", en el que el detective no alcanza la solución del misterio necesariamente a través de la inteligencia, sino a través de la insistencia, la falta de escrúpulos y también, a veces, la violencia o la suerte. En sus novelas -como en las de Raymond Chandler, creador del detective Phillip Marlowe-, la ley y la moral no siempre van de la mano, y el resolver el crimen no siempre significa salir triunfador...
Los actuales:
1.- P.D. James: Creadora del detective-poeta Adam Dalgliesh, P.D. James podría considerarse como una continuadora de la obra de Agatha Christie, tanto por sus entornos ingleses como su detallada presentación de ambientes y personajes, aunque James quizás tenga un estilo algo más irónico que Christie, lo que hace su lectura más entretenida.
2.- Henning Mankell: El escritor sueco actual más conocido, con permiso de Stieg Larsson, es el creador de Kurt Wallander, un detective solitario, profesional pero un poco amargado. Sus novelas, generalmente muy bien escritas y planeadas (con la excepción de Firewall, que no me gustó nada), cuentan detalladamente todo el proceso policial -investigación, burocracia, interrogatorios...- desde que se produce el crimen hasta que se resuelve.
3.- Andrea Camillieri: Para muchos -entre los que me cuento-, el mejor escritor de novela policiaca contemporáneo. Basado -en el nombre y en su apetito voraz- en el inspector Carvalho de Vázquez Montalván, su inspector Salvo Montalbano, de Vigata, es un hombre inteligente, irónico, epicúreo, independiente y algo decadente, y las novelas de Camillieri están llenas de sentido del humor, de ligereza y de personajes grotescos. ¿Se casará algún día Montalbano con Livia?
4.- Michael Connelly: De los escritores actuales, y quizás por su origen estadounidense, Michael Connelly es el más cercano al género del hardboiled y a los tópicos hollywoodienses de la novela de detectives: su detective, Hieronymus 'Harry' Bosch es un tipo duro -pero con sentimientos-, enfrentado con la burocracia policial y con problemas personales y profesionales, que siempre resuelve los crímenes de una manera heroica y violenta, sin importarle las consecuencias.
5.- John Connolly: Sus obras suponen, cada vez más a medida que avanza su carrera, la mezcla de dos géneros: el policiaco y el de terror. Comenzó siendo un escritor de novela negra especialmente irónico y atrevido con Todo lo que muere, para ir dando paso a más elementos sobrenaturales. Lo mejor de sus novelas, más que el detective Charlie Parker, torturado por su pasado, son dos personajes secundarios: Angel y Louis, una pareja de asesinos gays que ayudan a Parker cuando este lo necesita. Cuando aparecen en acción, uno sabe que se lo va a pasar bien durante unas cuantas páginas.
6.- Ian Rankin: Escritor escocés, Rankin sitúa sus novelas policiacas en Edimburgo y sus alrededores. Su detective, el Inspector Rebus, se parece un poco al Harry Bosch de Michael Connelly: está al margen de las intrigas políticas de la policía, es independiente, algo violento y tiene un alto sentido de la moral y la responsabilidad. Probablemente no es el mejor de los escritores citados, pero sí es uno de los que más vende, sobre todo en Europa.
¿Me olvido de alguno? Me lo podéis recordar en los comentarios...
viernes, 31 de agosto de 2012
Ellery Queen (y Paul W. Fairman): Estudio de terror (Sherlock Holmes contra Jack el Destripador)
Idioma original: inglés
Título original: A Study in Terror
Año de publicación: 1966
Valoracción: Se deja leer
Reconozco que este es el equivalente literario de un BidMac: comida rápida que no llena pero engaña al estómago. En este caso, no conmueve ni enseña ni cambia el mundo, pero entretiene, que es lo que se le pide.
Además, este es un libro con una historia curiosa: es, en realidad, la novelización de una película del año anterior, A Study in Terror, en la que Sherlock Holmes se enfrenta a Jack el Destripador (una historia que Conan Doyle nunca llegó a escribir, obviamente). Después de la película, Paul W. Fairman se encargó de la novelización de la trama (con algunas modificaciones), y Ellery Queen -que no es una persona, sino dos, los primos Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee- de escribir una historia-marco, en la que el detective Ellery Queen recibe el manuscrito del doctor Watson (ojo, no de Conan Doyle sino de Watson: la novela se sitúa en el mismo mundo de ficción que los relatos originales de Sherlock Holmes).
Como digo, no hay que buscar grandes profundidades a la novela: mantiene el suspense con bastante pericia, muestra el típico sentido del humor de Ellery Queen en las partes escritas por Ellery Queen, y en las novelizadas por Paul W. Fairman se imita relativamente bien el estilo y las técnicas de Conan Doyle, incluidas las casi milagrosas deducciones de Sherlock Holmes "marca de la casa", a partir de una mancha casi invisible o de un gesto imperceptible de su interlocutor. Tal vez el detective tenga en esta novela algo más de héroe acción que en los relatos originales, lo que hace pensar que es un término medio en el camino hacia las recientes películas de Sherlock Holmes made in Hollywood.
En fin, que le agradezco al señor (a los señores) Ellery Queen que me entretuvieran durante un viaje de tren de dos horas, y que muy probablemente volveré a comprar otra novela suya en el futuro. Cuando tenga otro viaje de dos horas por delante.
Ahora, vuelvo a Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla, que es la antítesis de esta novela.
Título original: A Study in Terror
Año de publicación: 1966
Valoracción: Se deja leer
Reconozco que este es el equivalente literario de un BidMac: comida rápida que no llena pero engaña al estómago. En este caso, no conmueve ni enseña ni cambia el mundo, pero entretiene, que es lo que se le pide.
Además, este es un libro con una historia curiosa: es, en realidad, la novelización de una película del año anterior, A Study in Terror, en la que Sherlock Holmes se enfrenta a Jack el Destripador (una historia que Conan Doyle nunca llegó a escribir, obviamente). Después de la película, Paul W. Fairman se encargó de la novelización de la trama (con algunas modificaciones), y Ellery Queen -que no es una persona, sino dos, los primos Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee- de escribir una historia-marco, en la que el detective Ellery Queen recibe el manuscrito del doctor Watson (ojo, no de Conan Doyle sino de Watson: la novela se sitúa en el mismo mundo de ficción que los relatos originales de Sherlock Holmes).
Como digo, no hay que buscar grandes profundidades a la novela: mantiene el suspense con bastante pericia, muestra el típico sentido del humor de Ellery Queen en las partes escritas por Ellery Queen, y en las novelizadas por Paul W. Fairman se imita relativamente bien el estilo y las técnicas de Conan Doyle, incluidas las casi milagrosas deducciones de Sherlock Holmes "marca de la casa", a partir de una mancha casi invisible o de un gesto imperceptible de su interlocutor. Tal vez el detective tenga en esta novela algo más de héroe acción que en los relatos originales, lo que hace pensar que es un término medio en el camino hacia las recientes películas de Sherlock Holmes made in Hollywood.
En fin, que le agradezco al señor (a los señores) Ellery Queen que me entretuvieran durante un viaje de tren de dos horas, y que muy probablemente volveré a comprar otra novela suya en el futuro. Cuando tenga otro viaje de dos horas por delante.
Ahora, vuelvo a Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla, que es la antítesis de esta novela.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Jamyang Norbu: Los años perdidos de Sherlock Holmes

Título original: Sherlock Holmes: The Missing Years
Idioma original: ingles
Año de publicación: 1999
Valoración: Está bien
¿Alguien recuerda a aquel famoso quijote con qué un tal Avellaneda continuó la primera parte de la obra original? Cervantes se enfadó tanto como se burló de él mientras escribía el auténtico segundo libro y desde luego el fraude sólo ha pasado a la historia como anécdota.
En este caso no se trata de un plagio sino de dos homenajes: uno explícito a Sir Arthur Conan Doyle a través de su personaje más conocido y otro implícito al propio Cervantes ya que, además repetir lo que hizo Avellaneda (con mucha más elegancia), utiliza el mismo recurso del manuscrito encontrado para introducir al lector en la acción así como en un ambiente exótico y misterioso en el que el omnipresente humor no altera en absoluto un respeto exquisito por las creencias ajenas.
Norbu aprovecha que el creador de Sherlock Holmes relató su muerte en uno de sus libros y que, cuando se vio obligado a resucitarlo por la presión de sus lectores, el detective, para rellenar una laguna de dos años, confesó a Watson que había estado viajando por el Tibet y había conocido al Gran Lama. Pero esta vez y a pesar de las apariencias (al principio, como no podía ser de otro modo, encuentran un cadáver y es Holmes quien consigue averiguar lo ocurrido) no se trata de un argumento policíaco. Lo que Norbu hace es tejer un entramado de aventuras en el que combina perfectamente el budismo, la reivindicación de la autonomía tibetana frente al dominio chino en la región, la recreación de la figura de Holmes, lo sublime, los enrevesados episodios, los personajes extraordinarios, lo maravilloso, la humilde heroicidad, las tradiciones tibetanas, la espiritualidad y el misticismo, la magia y el misterio, la exhibición de impresionantes escenarios naturales dónde los humanos se ven como figurillas insignificantes perdidas en esa grandeza, la parodia y la comicidad centradas en la figura del protagonista. Pero el tal Hurree Chunder Mookerjee - también presunto autor del manuscrito que un descendiente suyo encuentra en una caja descubierta por un terremoto y entrega diligentemente a Norbu - más que al doctor Watson se parece a Sancho Panza. El autor lo presenta como un indio grueso y bonachón que reverencia a Holmes y que está enamorado del Tibet. Su afición por la etnología constituye una defensa algo irónica del racionalismo, pero tanto la cercanía con que se describe lo sobrenatural como la evolución que finalmente experimenta Holmes – no sólo en sus convicciones sino en su misma naturaleza – emiten un mensaje que da qué pensar.
La admiración por la obra de sir Athur Conan Doyle se manifiesta: en el conocimiento que demuestra Norbu de la trayectoria general de su gran mito literario y, en particular, de varias de las obras del Canon holmesiano – que cita expresamente a pie de página –donde Mookerjee compara conductas y frases del detective con las que aparecen en títulos concretos de Conan Doyle, en la entrega incondicional de éste a su héroe y ahora compañero de fatigas, en la recreación que hace de la psicología y hábitos de Holmes, por sacar a escena al malévolo Moriarty, su eterno rival y asesino frustrado, y por haber creado un sustituto de Watson al resultar imposible que éste le acompañara pues – según sabemos por su creador – el amigo durante esos dos años le creyó muerto.
En algún sitio he leído que se trata de un pastiche, pero esta palabra tiene una connotación despectiva; cuando una mezcla está bien elaborada podemos llamarla engranaje. Yo lo catalogaría como un entretenido libro de acción que no elimina el pensamiento, en el que se exalta tanto lo racional como lo espiritual, los valores orientales y los occidentales. Nada excluye nada es la idea que queda flotando cuando hemos acabado de leerlo.
lunes, 2 de junio de 2014
Julian Barnes: Arthur & George
Título original: Arthur & GeorgeIdioma original: inglés
Traductor: Jaime Zulaika
Año de publicación: 2005
Valoración: Imprescindible
Arthur es un hombre ya en la madurez, deportista, que ha alcanzado un éxito social como no llegó a imaginar en sus años de juventud. George es un joven tímido, educado y metódico, que vive en un pueblo de la campiña inglesa, donde su padre es vicario. Arthur es médico de carrera y ha ejercido como oftalmólogo, aunque la profesión que le ha procurado fama y fortuna es otra muy distinta. George estudia derecho en Birmingham y después trabaja de pasante de un abogado. Arthur está casado, pero enamorado de otra mujer que le corresponde, pero a la que, sin embargo, es incapaz de tocar ni un pelo, por respeto a su esposa. George es soltero y no se le conoce relación con mujer alguna, aunque le gustaría, aunque de una manera un tanto confusa. Arthur fue educado en el catolicismo, pero con el tiempo se interesó en las prácticas espiritistas, en las que ha acabado creyendo firmemente. George es anglicano, la fe en la que su padre el vicario le educó. Arthur es escocés, de familia irlandesa, aunque su figura se ha convertido en el epitome del caballero inglés, o, al menos, británico. George sí que es inglés, de las Midlands, y el no se siente otra cosa; pero muchos de sus vecinos no lo ven así, porque su padre, además de vicario anglicano, es parsi.
Arthur escribe historias: cuentos de terror, relatos de aventuras y, sobre todo, de misterio. Incluso es el creador del detective literario por antonomasia, el arquetipo que definirá todo el género durante años. George ha escrito un libro sobre legislación ferroviaria. Al volver del trabajo, acostumbra a dar solitarios paseos por el campo, al anochecer. Sospechoso de de unos hechos extraños que ocurren en su comarca, es investigado y acusado de cometerlos: acaba dando con sus huesos en prisión. George solicita la ayuda de Arthur y Arthur, cuya nobleza de espíritu e integridad se toman como ejemplo para toda la nación, acepta ayudarle. Arthur, por supuesto, es Arthur Conan Doyle, y George es George Edalji, un joven mestizo que proclamaba su inocencia, sin ser escuchado.
Y Arthur & George es una novela sobre los diferentes caminos que se pueden seguir para ser hombre; sobre la propia identidad y la integración en el mundo que nos ha tocado en suerte. Una novela sobre el extrañamiento que puede producirte ese mundo y sobre lo extraño que le puedes resultar tu a él. Una novela sobre la medida que uno mismo es capaz de dar y sobre la que los demás piensan que eres capaz de dar. Sobre una amistad basada en el reconocimiento del otro, en el respeto y la confianza mutua, más que en el afecto. Una novela sobre Sir Arthur Conan Doyle y sobre George Edalji, el hombre que le pidió ayuda a él y no a Holmes, su criatura, el hijo casi más aborrecido que amado.
Arthur & George es una novela llena de sensibilidad, sutileza e inteligencia, escrita por un Julian Barnes en estado de gracia.
Sencillamente, es una maravilla.
Otros libros de Julian Barnes en Un Libro al Día:Aquí
sábado, 30 de julio de 2016
Semana del best-seller #6: Las aventuras de Sherlock Holmes, de ArthurConan Doyle
Título original: The Adventures of Sherlock Holmes
Año de publicación: 1891-92
Valoración: Muy recomendable
Sir Arthur es uno de esos profesionales de la pluma al
que te imaginas inclinado sobre la mesa absorto en su labor, debía ser un tipo meticuloso que disfrutaba lo suyo escribiendo. Siempre que leo algo de Holmes –y
ya hacía años que no le hincaba el diente– se me aparece la imagen de su
creador con una media sonrisa intentando plasmar de la mejor forma posible su
última ocurrencia. Supongo que se consideraba atrevido y seguro que en su época
lo era. Ahora nos hacen gracia sus remilgos y lo consideramos autor para todos
los públicos. Y cuando digo "todos" no me estoy refiriendo solo a los más
jóvenes, el gran mérito de Conan Doyle es haber creado un ser asequible y
disfrutable, en todas las edades y épocas, para cualquier estrato cultural, social,
ideológico y geográfico. De alguien como Holmes, personaje leído y comentado
hasta la saciedad –para decirlo todo, más comentado que leído pues la
iconografía, la televisión y el cine lo han convertido en el mito que es hoy– está
todo dicho y explicado, me limitaré, pues, a recordarlo aquí, como el
best-seller indiscutible que sigue siendo después de más de doce décadas y a
anotar algo de lo que iba pensando mientras leía Las aventuras. Uno más de la serie y van...
Después de tanto tiempo siguiendo al personaje, empiezo a
mezclar los argumentos, a no tener muy claro los libros que he leído ya y los
que me faltan. Pero su personalidad, perfectamente definida sin dejar de
sorprender de vez en cuando, está impresa en la memoria de todos; no tanto en
la de los lectores de entonces, para los que el autor realiza una breve
semblanza en la primera página de Escándalo
en Bohemia, el relato que abre el volumen:
“Su inteligencia fría, llena de precisión, pero admirablemente equilibrada, era en extremo opuesta a cualquier clase de emociones. Yo le considero como la máquina de razonar y de observar más perfecta que ha conocido el mundo…”
Aún así resulta entrañable. Nos encanta esa actitud displicente
que manifiesta ante el mismísimo rey de Bohemia asegurando, mientras bosteza,
que tres días son demasiados para resolver su encargo y tendrá que dedicarlos a
asuntos “de verdadera importancia”. Esa vanidad no exenta de valentía junto a
otros rasgos peculiares que el autor va sembrando relato tras relato consiguen
convertirlo en persona.
Pero, aún siendo tan humano, también tiene algo de robot.
Los archivos privados y misteriosos que consulta en muchas de estas piezas para
averiguar las circunstancias personales de sospechosos y clientes son, en
cierto modo, los precursores de internet. Holmes es a la vez el símbolo
caricaturizado de nuestra propia curiosidad y el mecanismo que la satisface.
Esa confianza absoluta en la ciencia como remedio de
todos los males representa la mentalidad de la época. En Las cinco semillas de naranja –uno de los pocos donde se alude, si
bien de pasada, a cuestiones sociales– Watson enumera las especialidades de su
amigo:
“En filosofía, astronomía y política le puse a usted cero, lo recuerdo. En botánica, irregular, en geología, profundo (…) en química, excéntrico, en anatomía, asistemático, en literatura, sensacionalista, y en historia de crímenes, único, y además, violinista, boxeador, esgrimista, abogado…”
En definitiva, una sabiduría muy práctica. Hasta a la
amistad, alabada a menudo, se la valora por motivos utilitarios, Watson es su
amigo porque le ayuda en sus investigaciones. Esa es la razón de que resulte
tan verosímil: apenas se idealiza, hasta la proverbial infalibilidad de Holmes
puede fallar a veces. En las dos historias mencionadas, en Un caso de identidad y en El
dedo pulgar del ingeniero se desvela el misterio pero no es él quien resuelve
el caso sino otra persona o las circunstancias.
Tampoco podía faltar lo metaliterario. En algunos relatos
se mencionan personajes o hechos de otros y el libro entero es una muñeca rusa repleta
de ficciones que se contienen a sí mismas. Incluso, en El misterio de Cooper Beeches, el propio Holmes se convierte en
crítico literario de los supuestas crónicas de Watson.
Sherlock Holmes constituye una mínima parte de la
extensísima obra de Doyle. No me cabe duda de que tanto éxito se debe, en
parte, a la gran sinceridad que transmite: aun no siendo lo más valorado por su
autor, esta serie manifiesta su auténtica visión del mundo. Y eso los lectores
lo notan.
El
famoso investigador interpretado por otros autores: Los años perdidos de Sherlock Holmes
domingo, 2 de diciembre de 2018
Bradford Morrow: Los falsificadores
Traducción: Julia Osuna Aguilar
Valoración: Está bien
El comienzo de esta novela resulta muy potente, incluso para tratarse, como parece, de un noir: un hombre ha sido salvajemente atacado en su casa de la playa, en el extremo de Long Island, y sus manos, amputadas, no aparecen por ningún lado. Lo de las manos comienza a explicarse cuando nos enteramos que tanto la víctima -Adam Diehl-, como el novio de su hermana y narrador de la historia -del quien soló se menciona el nombre de Will, en una ocasión- han estado metidos en la escurridiza actividad de la falsificación caligráfica: dedicatorias en primeras ediciones de libros, cartas manuscritas de escritores célebres... en fin, si alguien suele ver el programa El precio de la Historia (Pawn Stars), sabrá a los que me refiero.
En principio, nos encontramos, pues, ante una novela de crímenes que transcurre en el hermético y sugerente mundo de las falsificaciones, pero también, más en general, del comercio y coleccionismo de libros valiosos. Pues no del todo; porque, me temo, la investigación criminal no avanza aquí sino de forma intermitente -aunque hay ciertas razones para ello.y además, lo que puede tener la trama de original ya está más visto que el tebeo... Como novela negra, de hecho, ésta se encuentra más cerca de la "novela psicológica" (aunque ni hablar de comparaciones con la gran Highsmith, por supuesto) que del hardboiled o, en el otro extremo, el llamado whodunit o novela-problema.
Ahora bien, como novela ambientada en unos universos tan particulares como el de los falsificadores -incluso el protagonista-narrador nos ilustra con ciertas consideraciones casi "filosóficas" al respecto- y el del coleccionismo de libros, sí que funciona bien, sin duda porque el autor de la misma conoce bien al menos esta última actividad, dado que, al parecer, ha sido librero y coleccionista durante muchos años. No obstante, quizás este mismo conocimiento detallado del que hace gala el libro contribuya un poco a ralentizar su ritmo, creo yo, al igual que el estilo en el que está escrito: siendo correctísimo y nada afectado, recuerda un poco, sin embargo, a aquellos relatos que hacían de sus cuitas los clientes de Sherloch Holmes, para exponer sus casos ante éste (me pregunto, además, si será un efecto buscado, ya que Conan Doyle es el autor favorito del protagonista); es decir, un estilo con el que muy bien se podría haber escrito una novela de detectives hace más de cien años.
Pero tampoco quiero dejar la impresión de que Los falsificadores es una novela anticuada, aburrida o torpe. Tal vez, en todo caso y para el que esto escribe, un poco decepcionante, teniendo en cuenta el magnífico material del que el autor disponía, pero es más que probable que a otros lectores sí que les satisfaga e incluso la consideren digna del mayor aprecio. Vamos, que no está mal... lo que en este caso significa que está bien.
jueves, 1 de noviembre de 2018
BIblio-Necrophiliac Quest 2018:

¡Feliz día de Todos los Santos y, mañana, día de los Fieles Difuntos a todo el mundo! Sabemos que muchos de nuestros lectores son unos empedernidos necrófi... bibliófilos y, sin duda, más de uno aprovecha sus vacaciones para visitar el Pére Lachaise, la abadía de Westminster o, aunque sea, el cementerio de La Almudena (vale, o La Recoleta), en busca de las tumbas de sus autores favoritos. Bueno, tampoco hace falta ser tan friki: en los suplementos literarios y en los blogs abundan, y más en estas fechas, los reportajes sobre los sepulcros de muchos escritores y escritoras que han honrado a nuestra especie con su presencia y obra (incluso el escritor holandés Cees Nooteboom escribió el libro Tumbas de poetas y pensadores). ¡Veamos si tanta información nos ha aprovechado realizando este rápido y divertido test, nuestro Biblio-Necrophiliac Quiz, sobre las últimas moradas de algunos/as muy insignes literatos/as!
Quien acierte todas las respuestas podrá participar en el sorteo de una fabulosa, aunque escalofriante, velada espiritista a cargo del Profesor Eggbá, sacerdote de la religión yoruba, reconocido sanador de todo tipo de enfermedades, incluidos el SIDA, el ébola, la alopecia y las hemorroides, experto en hechizos de amor, salud y trabajo, y célebre médium, intermediario en la comunicación con los muertos, a voluntad y bajo pedido... (ya sé que tal currículum resulta asombroso, pero si no te fías de un folleto que te dejan en el limpiaparabrisas del coche, ¿de qué te vas a fiar?).
Pues en palabras del, en cambio, inmortal Peter Pan: Here we go! Prohibido, eso sí, consultar la wikipedia o similares; no seáis tramposillos. Ni tramposillas... ; )
1- Venga, una facilita para empezar: ¿En que hermosa localidad mallorquina (perdón por la redundancia) se halla la tumba del escritor Robert Graves (perdón por otra redundancia)?
A/ Palma
B/ Calviá
C/ Deiá
D/ Magaluf
2- ¿Qué dejan sus muchos admiradores, según marca la tradición, en el sepulcro parisino de Oscar Wilde?
A/ Cartas de amor
B/ Besos
C/ Lazos de cintas arco iris
D/ Cajas de ansiolíticos
3- ¿Y sobre la tumba de qué famosa escritora lo que se deja son corazones formados con piedrecitas?
A/ Marguerite Duras
B/ Colette
C/ Barbara Cartland
D/ Patricia Highsmith
4- Ya puestos: ¿junto a la tumba de qué escritor, un pelín dipsómano, una figura misteriosa dejó durante muchos años una botella de coñac, en cada aniversario de su nacimiento?
A/ Edgar Allan Poe
B/ Malcolm Lowry
C/ Charles Bukowski
D/ Ernest Hemingway
5- ¿En la lápida de qué otro exitoso escritor podemos ver grabado un drakkar o barco vikingo?
A/ Stieg Larsson
B/ Michael Crichton
C/ Edison Tesla Marshall
D/ Jorge Luis Borges
6- ¿Qué famoso/a escritor o escritora está enterrado/a en plena naturaleza, al pie de un haya centenaria?
A/ Virginia Woolf
B/ Lev Tólstoi
C/ Isak Dinesen
D/ Bruce Chatwin
7- ¿De qué eximio autor, gloria de las letras de su patria, no estamos por completo seguros de dónde yacen sus restos (o al menos todos sus restos)?
A/ Miguel de Cervantes
B/ Fernando Pessoa
C/ William Shakespeare
D/ Todos ellos
8- ¿Y, en cambio, qué otro poeta, no menos insigne, dispone para su descanso eterno de dos sepulcros, dos (aunque sólo repose en uno de ellos, como es lógico)?
A/ Dante Aligheri
B/ Walt Whitman
C/ Reiner Maria Rilke
D/ Pablo Neruda
9- ¿En la tumba de qué gran escritor del género fantástico podemos contemplar una escultura que representa, precisamente, a ese autor saliendo de su propia tumba, cual walking dead ansioso por merendarse nuestros cerebros?
A/ Jules Verne
B/ H. P. Lovecraft
C/ Bram Stoker
D/ Richard Matheson
10- ¿Junto a la tumba de qué conocido/a autor /a de novelas detectivescas, situada en el no menos célebre Poet's Corner de Westminster, sus seguidores tienen permiso, por su cumpleaños y siempre que vayan vestidos como los personajes de sus novelas, a tomar el té con sandwiches de pepino?
A/ Arthur Conan Doyle
B/ Agatha Christie
C/ Michael Innes
D/ Esto es un INVENT como el Big Ben de grande, porque yo estuve en Londres de viaje con el insti y no recuerdo que ninguno de ésos estuviese enterrado allí...
Y para los obse... eruditos del tema, bonus extra, ya para nota:
11- ¿El cantante de qué mítica banda de heavy-metal intervino recientemente en la inauguración de una nueva lápida en la tumba del poeta, pintor y visionario William Blake, de quien es devoto admirador?
A/ Ozzy Osbourne, de Black Sabbath
B/ Bruce Dickinson, de Iron Maiden
C/ James Hetfield, de Metallica
D/ Jon Bon Jovi, de... vale, olvidémoslo
Las respuestas correctas, después de la preceptiva visita al tío Marcel:
Respuestas lúgubre y aproximadamente correctas:
1-C/ 2-B/ 3-A/ 4-A/ 5-D/ 6- C/ 7-D/ 8-A/ 9-A/ 10-D/ 11-B/
Valoración de los resultados:
De 1 a 3 aciertos: Reconoced que habéis seguido el mismo método que os sirvió para aprobar (a la cuarta vez) el examen teórico del carnet de conducir: poner las respuestas a boleo. Hala, venga, idos a comer huesos de santo o panellets, que os van a aprovechar más...
De 4 a 7 aciertos: Pscháa... podría estar mejor, sinceramente. Tiene un pase, pero pensad que con un cuatro, ni siquiera aprobaríais una asignatura de la ESO. Ahora bien, sí que podríais liderar un partido político español, así que no todo está perdido.
De 8 a 10 aciertos: ¡Enhorabuena: sois unos auténticos biblionecrófilos/as! Cuando hacéis un viaje lo primero que vais a visitar son las librerías y los cementerios; os gusta disfrutar de la paz de los camposantos leyendo y paseando entre sus tumbas... Vale, tenéis pocos amigos y además os llaman cada vez menos, pero cuando llegue el apocalipsis zombi ya veremos si logran rehuiros, ya... (a no ser que os toque ser zombis de ésos que van despacico, que entonces sí. Sorry).
11 aciertos: ¿Once? ¿En serio? Ejem... ¿No sois un poco raritos/as, eh? Y mirad que de raritos en este blog sabemos bastante. Por favor, dejad de leernos, no sigáis Un Libro Al Día... y si tratáis de contactar con nosotros os denunciaremos por ciberacoso. Hacedle un favor a la sociedad y acudid a un psiquiatra, o a un exorcista o lo que sea. O mejor no salgáis nunca de casa... aquí tenéis una página web para que os vayáis entreteniendo; os prometo horas y horas de diversión:
https://www.findagrave.com/
viernes, 23 de junio de 2017
Ernest William Hornung: La cámara diabólica
Idioma original: InglésTítulo original: The camera fiend
Traducición: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1911
Valoración: Está bien
Ernest William Hornung fue un prolífico escritor inglés conocido, fundamentalmente, por dos de sus personajes, A.J. Rafflles y Bunny Manders, ligeramente inspirados en los celebérrimos Sherlock Holmes y Watson. Da la casualidad, además, de que Hornung estaba casado con una hermana de Arthur Conan Doyle. Pero tampoco vamos a hablar más de sir Arthur, ni de Watson y Holmes. Bastante tendría el pobre Hornung con aguantarle a su cuñado en los eventos familiares, ¿no?
Mejor hablemos de "La cámara diabólica", una novela negra con ligeros toques de ciencia-ficción. En ella, un informal y optimista, aunque algo despistado, Tony "Pocket" Upton se ve obligado a pasar la noche en las peligrosas calles de Londres. Para su desgracia, se ve involucrado en un asesinato del que todo parece indicar que es culpable.
A partir de ese momento, la novela se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, un extraño doctor, gran aficionado a la fotografía y a las ciencias ocultas, "salva" a Upton y le oculta en su casa. Por otro, la familia de Upton, con la colaboración de un detective de extrañas maneras, emprende su búsqueda.
Tenemos, por tanto, un joven un tanto alocado, extraños doctores con bizarras pretensiones, hermosas jóvenes, detectives de métodos dudosos y una familia bien que trata de encontrar a su descarriado vástago.
Todo ello conforma un puzzle que Hornung consigue formar poco a poco, encajando las piezas con precisión y ofreciendo un libro tan británico como el Big Ben o el Palacio de Buckingham. Además, la novela tiene ritmo, se nota el oficio del autor y el desarrollo de la trama es coherente con el desenlace. En cambio, y de ahí en parte la valoración, me da la impresión de que los más de 100 años transcurridos desde su publicación no juegan precisamente a su favor. Pese a todo, creo que se trata de una buena opción para estos días de calor que se avecinan (en algunos sitios ya los sufrimos desde hace días), en los que lecturas ligeras como esta pueden ser interesantes.
jueves, 24 de diciembre de 2015
Robert Louis Stevenson: El Club de los Suicidas
Idioma original: inglésTítulo original: The Suicide Club
Año de publicación: 1877-80 (por entregas) /1882 (en libro)
Valoración: está bien
El Club de los Suicidas: estupendo y sorprendente título para una novela que, en realidad, no es tal, sino la reunión de tres episodios diferentes, aunque relacionados entre sí: Historia del joven de los pasteles de crema, Historia del médico y el baúl de Saratoga y La aventura de los coches de punto, que forman parte de una serie aún más amplia, publicada por entregas en revistas entre 1877 y 1880, titulada , genéricamente Cuentos de los últimos días de las mil y una noches o Las nuevas mil y una noches (de ahí las referencias ocasionales a un narrador árabe, que pueden extrañar al lector).
Esta serie de historias reunidas como una novela independiente comienzan con una idea muy atractiva: una noche el príncipe Florizel de Bohemia y su asistente el coronel Geraldine, de incógnito en una taberna de Londres, conocen a un curioso joven que les introduce en un extraño y exclusivo club: el de los Suicidas, en el que cada noche el azar decide quién debe morir y quien debe ser el ejecutor de esta muerte... A partir de aquí, se desarrollan una serie de aventuras, entre Londres y parís, hasta llegar al desenlace de la historia. Sin embargo, hay que decir que, pese a que cada uno de los capítulos que componen esta serie comienzan de una manera interesante, por insólita o chocante, decaen bastante cuando se acercan a su final, quizás porque Stevenson -y sus lectores de la época-sabían que tendría continuidad en la entrega siguiente.
Aunque ésta es la mayor pega que se le puede poner a unos relatos entretenidos y originales. No es lo mejor que escribió R. L. Stevenson, desde luego; no están ni de lejos a la altura de La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jeckill y el señor Hyde, pero gozan del encanto de cierta literatura de otro tiempo, más ingenua pero también más lúdica que las lecturas que vendrían después: Verne, Poe, Conan Doyle... y el propio Stevenson, claro, un autor capaz de crear la felicidad de cualquier lector con sus libros; incluso con éste.
Quizá sea esta época navideña, precisamente, la más adecuada para recuperar y dar a conocer a todos estos autores... ¡Olentzero, Papá Noel, Reyes: menos videoconsolas, menos drones y móviles de chichinabo y más Stevenson, por favor! Tal vez no hoy, ni mañana, pero os aseguro que los niños de ahora os lo agradecerán en el futuro, porque gracias a sus libros, nunca dejarán de ser niños...
Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoro, Ensayos literarios, El diablo en la botella, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde
Aunque ésta es la mayor pega que se le puede poner a unos relatos entretenidos y originales. No es lo mejor que escribió R. L. Stevenson, desde luego; no están ni de lejos a la altura de La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jeckill y el señor Hyde, pero gozan del encanto de cierta literatura de otro tiempo, más ingenua pero también más lúdica que las lecturas que vendrían después: Verne, Poe, Conan Doyle... y el propio Stevenson, claro, un autor capaz de crear la felicidad de cualquier lector con sus libros; incluso con éste.
Quizá sea esta época navideña, precisamente, la más adecuada para recuperar y dar a conocer a todos estos autores... ¡Olentzero, Papá Noel, Reyes: menos videoconsolas, menos drones y móviles de chichinabo y más Stevenson, por favor! Tal vez no hoy, ni mañana, pero os aseguro que los niños de ahora os lo agradecerán en el futuro, porque gracias a sus libros, nunca dejarán de ser niños...
Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoro, Ensayos literarios, El diablo en la botella, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde
lunes, 10 de agosto de 2015
Fernando Pessoa: Quaresma, descifrador. Relatos policiacos
Idioma original: portugués
Título original: Quaresma, descifrador. As novelas policiárias
Traductor: Roser Vilagrassa
Año de publicación: 2014
Valoración: interesante, no sé si recomendable
De Pessoa (si ya he dicho esto alguna otra vez en una reseña, pido perdón por adelantado), de Pessoa, digo, tenemos una visión algo limitada o deformada: nos hemos quedado con "el poeta es un fingidor" y nos hemos olvidado de casi todo lo demás. Y sin embargo Pessoa es un autor mucho más plural de lo que imaginamos, y no solo plural en el sentido de "ser una antología", sino desde el punto de vista de los géneros, los estilos y los temas que trató. Su obra incluye prosa y poesía, heterónimos y ortónimos (obras firmadas con el nombre de Fernando Pessoa); ensayos políticos, literarios, estéticos; es el autor de ese libro magnífico e inclasificable que es el Libro del desasosiego; fue un vanguardista furibundo como Álvaro de Campos, y un clasicista irredento como Ricardo Reis... Y sí, también escribió novelas policiacas.
O mejor dicho, habría que decir, intentó escribirlas. Porque de los trece relatos que componen el volumen, ninguno está terminado, y algunos no pasan de ser un boceto muy breve y algunas escenas sueltas. De ahí que la lectura de este Quaresma, descifrador resulte por momentos algo frustrante, sobre todo para quien se había hecho a la idea de leer novelas policiacas completas del maestro Pessoa.
Lo que sí que queda claro es cuál era la intención general de Pessoa con la creación de Abílio Quaresma, el descifrador: llevar al extremo el racionalismo de los detectives de estirpe británica, creando un personaje que ni siquiera necesita ver el lugar del crimen o recoger pruebas, porque con la sola fuerza de su raciocionio consigue resolver crímenes que al resto de los mortales les parecen no solo indescifrables, sino incomprensibles. Es, por decirlo así, un Sherlock Holmes destilado e depurado de cualquier rastro de empirismo.
(La referencia a Sherlock Holmes no es casual, y no solo porque Pessoa fuese un autor bilingüe, en inglés y portugués, sino porque el propio Pessoa lo menciona como una de sus lecturas de cabecera, y en el texto de Quaresma, descifrador pueden de hecho encontrarse algunas pruebas de ello, como la famosa cita que empieza "si eliminamos lo imposible", o el que uno de los casos se resuelva porque "los perros no ladraron", como en "Estrella de plata" de Conan Doyle).
Y sin embargo, tener un detective tan "puramente racional" es también un problema (y quizás por eso Pessoa no terminó nunca sus novelas). Veamos el primer relato, el más extenso y el más acabado del volumen -pero no el más interesante, advierto-: un hombre, Vargas, aparece muerto, aparentemente suicidado, en un callejón de Lisboa; tenía en su poder unos planos de un prototipo de submarino, que entre tanto han desaparecido. La policía no consigue descubrir si ha sido un suicidio o un asesinato; entonces entra en escena Quaresma, que tras un discurso de sesenta páginas (tal cual: sesenta páginas) sobre el método de razonamiento empleado, termina por anunciar quién es el asesino.
El resto de las novelas siguen un esquema semejante, aunque mucho menos exagerado; por eso, las que más me han gustado han sido las que aparecen a continuación en el volumen ("El pergamino robado", "La muerte de don João", "La carta mágica"), que están relativamente completos, y en las que Quaresma se muestra igual de perspicaz pero mucho menos prolijo. Claro, algunas de las soluciones son absolutamente inverosímiles, porque los problemas planteados son de lo más rebuscados, pero aun así no dejan de tener cierta originalidad e interés. Los últimos relatos del libro están tan incompletos, que casi resultan incompresibles.
En el encabezamiento digo que no sé si es un libro recomendable o no: es más bien una curiosidad, tanto para los amantes de Pessoa, como para los amantes de la novela policiaca. Para un lector común, puede resultar frustrante, como decía, por la exageración de la capacidad razonadora del personaje principal, y porque, textualmente, al lector se le escamotean fragmentos a veces muy importantes del relato. La editora, Ana María Freitas, ha hecho sin duda un trabajo ejemplar de reconstrucción a partir de originales a veces muy dispersos, pero lo que realmente haría falta sería un nuevo Pessoa que llenase los huecos y completase por lo menos una de las novelas del volumen.
Otros títulos de Fernando Pessoa en Un Libro Al Día: Libro del desasosiego, El banquero anarquista
Título original: Quaresma, descifrador. As novelas policiárias
Traductor: Roser Vilagrassa
Año de publicación: 2014
Valoración: interesante, no sé si recomendable
De Pessoa (si ya he dicho esto alguna otra vez en una reseña, pido perdón por adelantado), de Pessoa, digo, tenemos una visión algo limitada o deformada: nos hemos quedado con "el poeta es un fingidor" y nos hemos olvidado de casi todo lo demás. Y sin embargo Pessoa es un autor mucho más plural de lo que imaginamos, y no solo plural en el sentido de "ser una antología", sino desde el punto de vista de los géneros, los estilos y los temas que trató. Su obra incluye prosa y poesía, heterónimos y ortónimos (obras firmadas con el nombre de Fernando Pessoa); ensayos políticos, literarios, estéticos; es el autor de ese libro magnífico e inclasificable que es el Libro del desasosiego; fue un vanguardista furibundo como Álvaro de Campos, y un clasicista irredento como Ricardo Reis... Y sí, también escribió novelas policiacas.
O mejor dicho, habría que decir, intentó escribirlas. Porque de los trece relatos que componen el volumen, ninguno está terminado, y algunos no pasan de ser un boceto muy breve y algunas escenas sueltas. De ahí que la lectura de este Quaresma, descifrador resulte por momentos algo frustrante, sobre todo para quien se había hecho a la idea de leer novelas policiacas completas del maestro Pessoa.
Lo que sí que queda claro es cuál era la intención general de Pessoa con la creación de Abílio Quaresma, el descifrador: llevar al extremo el racionalismo de los detectives de estirpe británica, creando un personaje que ni siquiera necesita ver el lugar del crimen o recoger pruebas, porque con la sola fuerza de su raciocionio consigue resolver crímenes que al resto de los mortales les parecen no solo indescifrables, sino incomprensibles. Es, por decirlo así, un Sherlock Holmes destilado e depurado de cualquier rastro de empirismo.
(La referencia a Sherlock Holmes no es casual, y no solo porque Pessoa fuese un autor bilingüe, en inglés y portugués, sino porque el propio Pessoa lo menciona como una de sus lecturas de cabecera, y en el texto de Quaresma, descifrador pueden de hecho encontrarse algunas pruebas de ello, como la famosa cita que empieza "si eliminamos lo imposible", o el que uno de los casos se resuelva porque "los perros no ladraron", como en "Estrella de plata" de Conan Doyle).
Y sin embargo, tener un detective tan "puramente racional" es también un problema (y quizás por eso Pessoa no terminó nunca sus novelas). Veamos el primer relato, el más extenso y el más acabado del volumen -pero no el más interesante, advierto-: un hombre, Vargas, aparece muerto, aparentemente suicidado, en un callejón de Lisboa; tenía en su poder unos planos de un prototipo de submarino, que entre tanto han desaparecido. La policía no consigue descubrir si ha sido un suicidio o un asesinato; entonces entra en escena Quaresma, que tras un discurso de sesenta páginas (tal cual: sesenta páginas) sobre el método de razonamiento empleado, termina por anunciar quién es el asesino.
El resto de las novelas siguen un esquema semejante, aunque mucho menos exagerado; por eso, las que más me han gustado han sido las que aparecen a continuación en el volumen ("El pergamino robado", "La muerte de don João", "La carta mágica"), que están relativamente completos, y en las que Quaresma se muestra igual de perspicaz pero mucho menos prolijo. Claro, algunas de las soluciones son absolutamente inverosímiles, porque los problemas planteados son de lo más rebuscados, pero aun así no dejan de tener cierta originalidad e interés. Los últimos relatos del libro están tan incompletos, que casi resultan incompresibles.
En el encabezamiento digo que no sé si es un libro recomendable o no: es más bien una curiosidad, tanto para los amantes de Pessoa, como para los amantes de la novela policiaca. Para un lector común, puede resultar frustrante, como decía, por la exageración de la capacidad razonadora del personaje principal, y porque, textualmente, al lector se le escamotean fragmentos a veces muy importantes del relato. La editora, Ana María Freitas, ha hecho sin duda un trabajo ejemplar de reconstrucción a partir de originales a veces muy dispersos, pero lo que realmente haría falta sería un nuevo Pessoa que llenase los huecos y completase por lo menos una de las novelas del volumen.
Otros títulos de Fernando Pessoa en Un Libro Al Día: Libro del desasosiego, El banquero anarquista
Etiquetas:
escritores portugueses,
interesante,
libros en portugués,
literatura policiaca,
novela,
recomendable (o no),
siglo XX,
siglo XXI
sábado, 23 de mayo de 2015
Lawrence Block: Cuchillada en la oscuridad
Idioma original: inglés
Título original: A stab in the dark
Año de publicación: 1981
Valoración: está bien
Hace poco discutía con una compañera de la universidad sobre la (in)existencia de los géneros, hablando específicamente de la distinción clásica entre novela policiaca (Conan Doyle, Agatha Christie...) y la novela negra (Dashiell Hammett, Raymond Chandler...). Creo que está claro que si pensamos en los géneros como definiciones taxonómicas científicas, objetivas e inmutables, nos encontraremos con muchos problemas, porque habrá obras que escapen a esas clasificaciones, que jueguen con ellas o que las subviertan voluntariamente. En cambio, creo que la idea de género tiene validez si se considera que es un conjunto de códigos (mejor que "reglas") que comparten los autores y los lectores ("y los editores", me recordaba mi colega), y que son susceptibles de evolucionar en el tiempo, e incluso de desaparecer (caso, por ejemplo, del poema épico, la novela pastoril o la picaresca).
Esto viene a cuento de Lawrence Block, un escritor que sin duda es de segunda fila en el mundo de la novela policiaca (perdón, novela negra) pero que ha recibido numerosos honores por sus novelas protagonizadas por el detective Matthew Scudder, o por el ladrón Bernie Rhodenbarr.
Cuchillada en la oscuridad, cuarta novela de la serie de Scudder, es una novela de género en cuanto que se adapta perfectamente a los códigos establecidos por sus predecesores: un detective ex-policía, que flirtea con el alcoholismo y que ha fracasado en su vida personal (aunque no ha perdido su atractivo de "tío duro"); un ambiente urbano degradado (concretamente, Nueva York); un crimen violento (del que casi no hay pistas, porque fue cometido hace nueve años); una investigación que consiste más en remover el avispero que en propiamente hacer deducciones lógicas; y una resolución satisfactoria para el lector, aunque no exactamente para el personaje.
El placer de las novelas que se insertan cómodamente en un género consiste precisamente en la repetición: sabemos lo que vamos a encontrar y lo encontramos, con ciertas variantes, claro, porque si no estaríamos leyendo siempre la misma novela. Es significativo que las obras de la serie de Scudder sean mutuamente intercambiables: a diferencia de lo que sucede con otras sagas detectivescas (pienso en las novelas de Mankell, en las de Camilleri o incluso en las de Michael Connelly), no hay una evolución biográfica del personaje, que siempre está en un estado depresivo y alcoholizado (o luchando por desalcoholizarse).
Hay por lo tanto un placer en leer novelas así: el placer de lo conocido, de la variación sobre un mismo tema. Y hay también arte en saber adaptarse a los códigos de un género, y conseguir crear obras que atrapen al lector - que se deja atrapar, porque es para entrar en ese juego para lo que ha cogido esa novela.
Título original: A stab in the dark
Año de publicación: 1981
Valoración: está bien
Hace poco discutía con una compañera de la universidad sobre la (in)existencia de los géneros, hablando específicamente de la distinción clásica entre novela policiaca (Conan Doyle, Agatha Christie...) y la novela negra (Dashiell Hammett, Raymond Chandler...). Creo que está claro que si pensamos en los géneros como definiciones taxonómicas científicas, objetivas e inmutables, nos encontraremos con muchos problemas, porque habrá obras que escapen a esas clasificaciones, que jueguen con ellas o que las subviertan voluntariamente. En cambio, creo que la idea de género tiene validez si se considera que es un conjunto de códigos (mejor que "reglas") que comparten los autores y los lectores ("y los editores", me recordaba mi colega), y que son susceptibles de evolucionar en el tiempo, e incluso de desaparecer (caso, por ejemplo, del poema épico, la novela pastoril o la picaresca).
Esto viene a cuento de Lawrence Block, un escritor que sin duda es de segunda fila en el mundo de la novela policiaca (perdón, novela negra) pero que ha recibido numerosos honores por sus novelas protagonizadas por el detective Matthew Scudder, o por el ladrón Bernie Rhodenbarr.
Cuchillada en la oscuridad, cuarta novela de la serie de Scudder, es una novela de género en cuanto que se adapta perfectamente a los códigos establecidos por sus predecesores: un detective ex-policía, que flirtea con el alcoholismo y que ha fracasado en su vida personal (aunque no ha perdido su atractivo de "tío duro"); un ambiente urbano degradado (concretamente, Nueva York); un crimen violento (del que casi no hay pistas, porque fue cometido hace nueve años); una investigación que consiste más en remover el avispero que en propiamente hacer deducciones lógicas; y una resolución satisfactoria para el lector, aunque no exactamente para el personaje.
El placer de las novelas que se insertan cómodamente en un género consiste precisamente en la repetición: sabemos lo que vamos a encontrar y lo encontramos, con ciertas variantes, claro, porque si no estaríamos leyendo siempre la misma novela. Es significativo que las obras de la serie de Scudder sean mutuamente intercambiables: a diferencia de lo que sucede con otras sagas detectivescas (pienso en las novelas de Mankell, en las de Camilleri o incluso en las de Michael Connelly), no hay una evolución biográfica del personaje, que siempre está en un estado depresivo y alcoholizado (o luchando por desalcoholizarse).
Hay por lo tanto un placer en leer novelas así: el placer de lo conocido, de la variación sobre un mismo tema. Y hay también arte en saber adaptarse a los códigos de un género, y conseguir crear obras que atrapen al lector - que se deja atrapar, porque es para entrar en ese juego para lo que ha cogido esa novela.
domingo, 5 de abril de 2015
Javier Marías: Vidas escritas
Idioma: español
Año de publicación: 1992
Valoración: muy recomendable
Año de publicación: 1992
Valoración: muy recomendable
No soy demasiado devoto del santoral literario y, aún mucho menos, de la prosa de Javier Marías. No obstante, he de reconocer que este libro suyo en particular me encanta y suelo releer a menudo alguno de sus capítulos. Porque este Vidas escritas está compuesto a base de semblanzas de un buen puñado de escritores, la mayoría célebres representantes del universo de las letras, así como una serie de observaciones hechas a partir de retratos fotográficos, en un apartado llamado "Artistas perfectos". Se trata de artículos que fueron apareciendo, antes de 1992, en las revistas Claves de la Razón Práctica y El Paseante. El libro cuenta además con otro apartado titulado "Mujeres fugitivas", semblanzas de unas cuantas escritoras -algunas no demasiado conocidas, al menos para mí-, que aparecieron en 1993 en la revista Woman.
Estos retratos que hace Marías no tiene mucho que ver con las biografías al uso y menos aún con lo que podemos encontrar en la wikipedia -ay, qué tiempos aquéllos en los que ni siquiera existía internet...-; sí que relata brevemente las circunstancias familiares y natalicias de los retratados y algo de sus carreras literarias, pero, sobre todo, se centra en sus costumbres y manías, algunas anécdotas -ciertas o no- que se cuentan de ellos y ellas y sus enfermedades, así como las circunstancias de su muerte. Son semblanzas amablemente irónicas, en la mayoría de los casos (sólo hay tres retratados por los que el autor, según reconoce en el prólogo, sentía poca simpatía), que nos desvela el lado cotidiano y doméstico, casi banal (aunque es en éstos detalles "banales" en los que a veces reside la clave para entender a las personas) de grandes figuras literarias de las que a menudo no conocemos sino su nombre escrito en la portada de sus libros.
Para quien pueda interesar, la lista de ilustres retratados es la siguiente: Faulkner, Conrad, Isak Dinesen, Joyce, Lampedusa, Henry James, Conan Doyle, Stevenson, Turgueniev, Thomas Mann, Nabokov, Rilke, Lowry, Madame du Deffand, Kipling, Rimbaud, Djuna Barnes, Wilde, Mishima, Laurence Sterne, Lady Stanhope, Vernon Lee, Adah Isaacs Menken, Violet Hunt, Julie de Lespinasse y Emily Brönte.
(Esto, sin tener en cuenta los fotografiados en el capítulo "Artistas perfectos", que van desde Dickens a Poe, pasando por la falsa máscara mortuoria de William Blake).
Mis retratos favoritos, quizás por simpatía, son los dedicados a Malcolm Lowry, Sterne y Lampedusa. Aunque también el que dedica a Yukio Mishima, como ejemplo fehaciente de hasta dónde se puede llegar haciendo el tontaina, a pesar de la brillantez demostrada en el ámbito literario.
Por último, mencionar que Marías volvió a repetir este ejercicio -o parecido- en una recopilación publicada como Miramientos en 1997, en donde retrataba a una serie de autores en lengua española -entre ellos él mismo, me temo- a partir de unas cuantas fotos de cada uno de ellos. El resultado creo que no fue tan brillante, y, en todo caso, menos divertido.
Otros libros de Javier Marías reseñados en Un Libro Al Día: Los enamoramientos, Mientras ellas duermen, Los dominios del lobo, Todas las almas, Corazón tan blanco
jueves, 6 de marzo de 2014
Biografías lectoras: La lista de la compra
- Chuches, chocolatinas y pipas Facundo:
Todo Mortadelo (y todo Bruguera), el gran Guillermo el Travieso, auténtico rey de Inglaterra; Los tres
investigadores, Verne, Stevenson, Conan Doyle, Las minas del rey
Salomón... la felicidad, según Borges.
- Salsa de tomate y ketchup:
Agatha Christie (sobre todo Miss Marple, la abuelita que nadie quisiera tener), El misterio del cuarto amarillo de Gaston Leroux, Los crímenes de la Rue Morgue de Poe, Chacal de Frederick Forsyth...
- Carne y pescado:
Vázquez
Figueroa (el favorito en las bibliotecas de las cárceles, también), Stanislaw Lem, La ciudad de los prodigios (un prodigio, en sí misma), Cien años de soledad, claro... y Un día en la vida de Iván
Denisovich (no pregunten por qué)...
- Fruta y verdura:
El diablo sobre las colinas de Pavese, que me pilló en el momento tonto. Qué hago yo aquí de Chatwin, que me
abrió los ojos al mundo; Ficciones, de Borges, que me abrió los ojos a los
libros; Los tíos de Sicilia de Leonardo Sciascia, que me enseñó que la
literatura podía tratar no sólo de lo literario; El barón rampante de Italo Calvino, que me enseñó que una novela podía ser perfecta, en fondo, en forma e
intención. Y divertida y maravillosa…
- Vino y licores:
A partir de aquí y hasta la fecha, barra libre. Y que
dure.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








