Año de publicación: 2019
Valoración: imprescindible para fans
Este es uno de los libros de mi vida. Lo compré apenas salió y lo he leído mil veces. Me lo sé de memoria, lo he admirado, luego peleado con algunas cosas y vuelto a admirar, y, si alguien me nombrara una pregunta a lo largo de las casi novecientas páginas, podría citar casi con exacta precisión la respuesta del Indio. Para que vean por dónde va la mano.
El Indio Solari es una figura gigantesca en Argentina. Su muerte, acontecida el 5 de julio de este año, se convirtió en un shock para al menos la mitad del país, y es probable que su funeral haya sido uno de los más convocantes de la historia. Es complicado, desde el puro desapego, analizar este libro y, sobre todo, a este ser humano de características únicas y que, en la balanza del bien y el mal, ha prácticamente cambiado la vida de muchas personas. Por eso este libro es la mejor forma de descubrir su personalidad y su música, tanto con la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota como su carrera solista.
Es también un libro de cultura general, no solo la (auto)biografía de un rockero y letrista excepcional (esto último equiparable a Spinetta, Cohen y Dylan y muy pocos más), por lo que se convierte en uno de los mejores libros sobre un músico y su vida que me he encontrado, en donde el rock funge como un mapa que linkea a vastos territorios. Por lo general la biografía consiste en un paneo de sus inicios, sus influencias y de un capítulo por cada álbum grabado más algunas polémicas seleccionadas de antemano y todos contentos. Algo de eso se encuentra acá, con la diferencia de que, en realidad, son puras entrevistas (o más bien una larga charla), y, lo mejor de todo, no hay apenas intervención del entrevistador (Marcelo Figueras, un escritor de vasta trayectoria y amigo personal del entrevistado, y del cual no puede evitar robarle varias frases y hasta actitudes), ya que las respuestas del Indio (seguramente con mucha edición) son verdaderas cátedras de cómo tener un discurso y pensamiento articulado. No es filosofía hegeliana o wittgensteiniana, pero la mayoría de sus respuestas encierran un nivel de sabiduría y experiencias de la vida, de influencias variopintas totalmente asimiladas, de reflexiones sobre hechos más o menos actuales, tanto de la política argentina (de la cual se sigue aplicando como si fuera ayer) como de lo ocurrido en la historia universal, de expresiones graciosas que uno termina apropiándose, de inevitables patinadas respecto a sus contradicciones, que uno, siendo ya fan del músico, termina enamorado de la persona, más allá de lo que se le pueda creer o descreer con respecto a Los Redondos, por ejemplo. Probablemente, y con esto no espero lograr ni un ápice de objetividad, es quien más se adecúa a mi propio pensamiento artístico, por su practicidad a la hora de desenvolverse en el mundo como por el idealismo (sosteniendo esa contradicción) en el que lo sustentaba o, al menos, esperaba insuflar en la sociedad, en el oyente.
Entonces, a través de un recorrido cronológico, vemos su infancia, su adolescencia, sus años de madurez en Brasil pintando y vendiendo cuadros y sintiéndose perdido en general. Luego la vuelta, la veta cinematográfica a desarrollar y cómo la necesidad de musicalizar las pelis termina derivando en el "caldo prebiótico" de lo que vendrían a ser Los Redondos, una especie de happening con monólogos, sucesos bizarros y, como un simple agregado, la música, que es la que terminará convocando a la multitud. De ahí, la historia de la banda, su separación, las conjeturas, los reproches, los silencios, las persecuciones políticas a su nombre, su carrera solista, sus recitales definitorios, el último de ellos, el de Olavarría, donde murieron dos personas (estuve ahí, y la marea de quinientas mil personas no se puede explicar en palabras) y quedó en el aire la sospecha de una opereta para ensuciarlo.
El Indio no se quita responsabilidades sobre lo correcto o incorrecto de sus actos. Hasta diría que Figueras lo quiere ensalzar varias veces y él se ocupa de bajarle de un hondazo la intención. Pero tampoco niega la necesidad de seguir su camino artístico por encima de todo, lo agradecido que está con su público, lo que le debe a su esposa e hijo, el amor por la pintura y la música, entre otras cosas. Cada tema deja sentado un mapa de referencias, del que podemos extraer nombres tan disímiles como Cohen, Alfred Jarry, Mailer, Steinbeck, Billie Holiday, etcétera, a la vez que profundiza en lo que vendrá luego de su vida, en esa terra incognita que es la muerte y de la cual esperaba llegar a ella como un jugador de póker con una buena mano. Más que detallar el libro, para quienes conozcan al personaje, aunque sea por arriba, insisto en esta lectura. Si uno entiende el poder del arte, de la cultura, entiende también cómo, de muchas maneras, este cantante tocó la vida de millones y la transformó en algo mejor.
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Me encanto la reseña, voy a leer el libro. Gracias
ResponderEliminarEspero que te guste tanto como a mí. Gracias por el comentario.
EliminarEste libro, para mi, fue una enorme desilusión. Por la envergadura del Indio y el talento como escritor de Figueras (recomiendo vivamente "La batalla del calentamiento") esperaba mucho más. Se me hizo muy repetitivo y sin sorpresas, un ladrillo grueso y pesado.
ResponderEliminarHola, Gabriel. Es una pena que no te haya gustado. Para mí es un gran ejemplo de cómo se debe hacer un libro de estas características, aunque es cierto que el discurso del Indio conlleva a la repetición, en cuanto persona que siempre tiene, por así decirlo, la guardia alta y un ramo de justificaciones.
EliminarSobre lo de Figueras, tenés toda la razón; el libro que mencionás lo leí cuando era chico y me encantó (para mí es su mejor libro, aunque El Rey de los espinos es bueno también). Si encuentro tiempo, habrá reseña.
Gracias por el comentario.