lunes, 11 de junio de 2018

Kent Haruf: La canción de la llanura

Idioma original: inglés
Título original: Plainsong
Año de publicación: 1999
Traducción: Agustín Vergara (edición en castellano), Marta Pera Cucurell (edición en catalán)
Valoración: recomendable

En su obra póstuma «Nosotros en la noche», ya pudimos observar el estilo de Kent Haruf, un estilo en el que destaca la sobriedad, el ritmo narrativo pausado, en el que la calma y la placidez del relato son sus puntos fuertes. El libro objeto de esta reseña, finalista al National Book Award en el año de su publicación, fue su obra más conocida y se convirtió en bestseller; posteriormente se publicarían «Eventide» (Plainsong, #2) y «Benediction» (Plainsong, #3), conformando la denominada Trilogía de Holt.

Ubicando la historia en Holt, pequeño pueblo en Colorado, el autor centra la narración en la vida de algunos de sus habitantes, unas vidas marcadamente comunes, sin excesivas sorpresas, sin destacar especialmente en nada; vidas corrientes, con las que se empatiza fácilmente, pues podrían ser nuestros vecinos; son los habitantes de una tierra donde nunca ocurre nada fuera de lo normal, donde las vidas transcurren al ritmo pausado de las largas noches de verano, donde todos se conocen (aunque quizá incluso demasiado).

De esta manera, el entorno, un elemento más de la novela, sirve de escenario para tejer una historia coral sobre vidas comunes, vidas que podrían ser la de cualquiera de nosotros. Así, los personajes, más que lo que sucede con ellos, son los protagonistas absolutos de la novela, y el autor es hábil al caracterizarlos, introduciendo detalles a medida que nos adentramos en la lectura. La presentación de los mismos se hace de manera gradual y progresiva y con capítulos cortos que facilitan el avance en la lectura, con el ritmo pausado que la historia demanda, un ritmo que se mece a lo largo de las páginas mientras acompaña las pequeñas historias y las tiñe de sentimientos, un ritmo pausado que invita a la reflexión, a aposentar las pequeñas historias que confirman toda la vida de los habitantes. Casi se puede sentir el olor a tierra, a polvo, y escuchar el silencio de las calles tranquilas del pueblo, en contraposición a las agitadas vidas de sus habitantes por los problemas que asoman tras sus problemas cotidianos. Y así, con cuentagotas, y casi sin quererlo, el autor va nutriendo de vida a los personajes, mientras interconecta las historias y refuerza los vínculos entre ellos, entretejiendo las necesidades de unos con los ofrecimientos de buena voluntad de otros, combinando un paisaje revoltoso y de frágil equilibrio interior con el tranquilo y calmado que sugiere la llanura.

La habilidad del autor se pone de manifiesto en una narración con ausencia de alardes, desplegando humildad y falta de pretensiones, con una perfecta adecuación entre lo que narra y lo que pretende. El autor es hábil porque la historia cuenta justamente lo que pretende contar y, aunque parezca algo obvio, no es algo tan sencillo de lograr. Sabe tomar el pulso a la narración, sin evitar que pierda interés ni tenga grandes altibajos en el ritmo. Tampoco pretende ser más de lo que es, un libro con claras intenciones de creer en la bondad del ser humano a pesar de todo, y una férrea voluntad de seguir adelante con la solidaridad ofrecida por cada uno.

Este libro ofrece una suave y lenta mirada al entorno, para encontrar en aquellas pequeñas historias cotidianas la belleza de lo simple. Es por ello que satisfará a quienes busquen justamente esto, aunque quienes esperen algo más de crítica o reflexión los dejará algo tibios. Pero en esos últimos casos la culpa no debería ser atribuible al autor, pues el libro no engaña en ningún momento, ofrece lo que pretende, y a veces eso ya de por sí es un gran éxito, en un universo literario donde a veces se opta por publicar obras con un exceso de pretensiones. Eso sí, para que no nos traten de "buenistas": a pesar de sus méritos, sí hay algún aspecto mejorable: la ausencia de una historia de peso que arrastre el conjunto de la narración, más allá de las pequeñas historias que cuenta; asimismo, hay cierta desigualdad entre las diferentes historias contadas que, aunque entrelazadas hábilmente en los diferentes capítulos, no suscitan el mismo interés y en ciertas ocasiones la trama argumental que las une es algo forzada. Es una lástima que así sea, aunque el conjunto funciona, destacando en positivo un inicio altamente prometedor y el personaje de Victoria (no en vano, sirve como elemento de enganche para el segundo libro). Aun así, el conjunto funciona perfectamente y uno se va enganchando a las historias a medida que se avanza en la lectura.

Con manifiesta habilidad, el autor sabe potenciar sus virtudes estilísticas y, de manera casi imperceptible, consigue que el lector vaya tomando cariño a los personajes, entrando en la historia a medida que avanzan sus vidas, y casi uno llega a pensar que forma parte de ellas, o ellas forman parte de uno. Y de esta manera, y casi sin darse cuenta, uno termina el libro y se queda con las ganas de seguir compartiendo con ellos sus vidas, quiere continuar queriendo saber qué les ocurre y, al terminar la última página, uno casi no puede esperar a seguir la evolución de los personajes con «Eventide», segunda parte de la trilogía y que pasará a formar parte algún día de la vida de este reseñista y del blog.

En definitiva, nos encontramos un libro que, sin grandes alardes ni excesivas pretensiones, consigue aquello que pretende: ofrecernos una lectura plácida y sosegada, cándida y bondadosa, de la que tendríamos que poder disfrutar sentados en la mecedora de un porche, en una solitaria noche de verano con las estrellas iluminando la plana mientras nos resguardamos de los males de la humanidad bajo el abrigo de esta obra.

También de Kent Haruf en ULAD: Nosotros en la noche

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena reseña!

Marc Peig dijo...

Muchas gracias, Anónimo. Celebro que te haya gustado.
Saludos
Marc

Juliana dijo...

¡Que buena reseña! Me muero de ganas por leer el libro. Creo que es de las mejores narrativas, la que cuenta justo lo que el lector necesita. Y la sobriedad del relato me intriga aún más.

¿Es este el estilo de Kent Haruf en todos sus escritos? ¿Qué otro tipo de libros me recomendarías?

Marc Peig dijo...

Hola, Juliana. Muchas gracias por tus palabras. Hay poca obra traducida del autor, pero los dos libros que he leído coinciden en un estilo calmado, una narrativa pausada, y ambos son libros que tratan sobre las circunstancias de gente común; son libros que se disfrutan leyéndolos tranquilamente, sin esperar más que el de disfrutar de una buena lectura.
Saludos, y gracias por comentar.
Marc

Lupita dijo...

Hola:
Permitidme que me ponga en plan pelota, pero da gusto leer las reseñas y los comentarios. Casi siempre dan mucho que pensar. Hace años leía clásicos y literatura "sería" principalmente y ahora me he quitado muchos prejuicios. Me gusta tanto un libro sobrio y tranquilo como la literatura decimonónica de descripciones interminables. Si hay calidad, depende del momento.

Marc, sólo he leído " Nosotros en la noche" que fue un bombazo, y es justo eso, un libro de mecedora y porche que deja sensación de sosiego.
Gracias!!!

Marc Peig dijo...

hola, Lupita. Gracias por el elogio. Comparto totalmente contigo tu valoración acerca de los comentarios que recibimos con cada una de nuestras reseñas. La verdad es que es un lujo poder contrastar opiniones, compartir sugerencias, y abrir nuestras mentes a otras apreciaciones (no siempre coincidentes) sobre las lecturas. Para mí, escribir una reseña es algo que me gusta, pero siempre espero los comentarios posteriores porque es donde el libro "continua". Y los lectores siempre estáis ahí para hacerlo posible.
Y sí, también coincido contigo en que pueden gustar libros de estilos totalmente diferentes, a veces en función del momento de cada uno, o a veces simplemente para cambiar de estilo. Si te gustó "Nosotros en la noche", creo que este te gustará aún más.
Saludos, y gracias por tus habituales comentarios.
Marc