viernes, 24 de marzo de 2017

Paul Auster: La música del azar

Resultado de imagen de la musica del azarIdioma original : inglés
Título original: The Music of Chance
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable


Reconozco que esta novela me ha reconciliado un poco con Auster, un escritor –en mi opinión– amante de pirotecnias argumentales que parecen apuntar a algún propósito filosófico o simbólico y suelen quedarse en mera anécdota. Tampoco he visto por su parte (reconozco que no lo he leído todo) ningún alarde estructural ni estilístico. Hasta donde sé, se limita a presentarnos a tipos ensimismados y aturdidos que se aferran a una obsesión, con todas las consecuencias que esta le puede acarrear, tanto individualmente como en su interacción con otras personas. Sí, son planteamientos con gancho: atrapan, pero al no tener más que una cáscara –si no vacía del todo con muy poco contenido –se van desinflando a medida que avanza la trama dejando un regusto a desencanto, a posibilidades echadas a perder.
En esta ocasión, no obstante, los personajes que aborda son realmente multifacéticos y llenos de aristas, tan contradictorios como fieles a sí mismos, tan imprevisibles como fáciles de reconocer en su individualidad; la intriga  –excepto en algún punto concreto algo más allá de la mitad, donde parece encallarse en los detalles– no nos da tregua: si ha sido fácil empatizar con esos seres, si seguimos sus incidencias con verdadero interés, necesitamos que el desastre no llegue a producirse o, de hacerlo, no les provoque un gran daño. Empezando por Nashe, el protagonista, bombero por más señas y uno de los individuos perdidos de Auster, de él se vale para poner en marcha otro de sus peculiares tinglados, que lo sacará indemne de su particular atolladero o bien lo envolverá cada vez más en su propia madeja. En este caso, se trata de una herencia inesperada y con ella la ocasión de lograr una vida más holgada y libre. Pero ya sabemos que previsiones como esa no aciertan casi nunca y, por si no fuera suficiente con su propia torpeza, Nashe tiene la buena –o mala– suerte de tropezar con las dos caras de su espejo: el lado perdedor, Pozzi, que vive a salto de mata fiándolo todo al azar –un azar que se acaba convirtiendo en otro personaje– y el ganador, encarnado en el tándem Flower-Stone (reforzado con un par de secundarios que cobrarán progresiva importancia) que han sido capaces de adueñarse por completo de él.
Solo con esto, podemos intuir que lo que se narra va más allá de lo aparente, reconoceremos muchas actitudes y encrucijadas vitales en la trayectoria de cada uno de ellos y, si no nos sorprende el efecto acumulativo de las constantes meteduras de pata, lo harán las demenciales circunstancias que han de atravesar los personajes. Y, sin embargo, todo ello tiene un aire familiar, porque así es la vida, así es el ser humano, no lo podemos negar. Aquí va una muestra:
“… En lugar de intentar reconstruir el castillo, vamos a convertirlo en una obra de arte. En mi opinión, no hay nada más misterioso ni bello que un muro. Ya lo estoy viendo levantándose como una enorme barrera contra el tiempo. Será un monumento conmemorativo de sí mismo, caballeros, una sinfonía de piedras resucitadas, que cada día cantará una endecha por el pasado que llevamos en nuestro interior.“ *
Encontramos un poso de superstición implícito en cada personaje, incluso en cada pieza del juego de azar que es la novela. Sin él lo que se nos cuenta no tendría ningún sentido. Es lo que permite al autor presentar toda esa gama de estados de ánimo, lo que hace posible cada forma de evolucionar y superarse, la que da lugar a las relaciones de poder y dominación –incluso a la amistad estrecha–y el origen de esa radical soledad que envuelve a cada uno de los sujetos incluso cuando están acompañados.
Pero el resultado sigue siendo bastante más plano de lo que permitiría un argumento tan sugerente. Esto es así, supongo, porque Auster abusa del razonamiento, agota las explicaciones hasta eliminar gran parte del misterio, y esto hace perder al relato esa especie de magia que involucra al lector cuando se ha recreado un ambiente que le permite hacerse sus propias preguntas.

(*) Traducción: Maribel de Juan

jueves, 23 de marzo de 2017

Simon Wroe: El chef

Idioma original: inglés
Título original: Chop Chop
Año de publicación: 2014
Traducción: Sonia Tapia
Valoración: entre recomendable y está bien


Quien esto escribe ha tenido la fortuna de no vivir ninguna guerra (y, en realidad, ni siquiera hacer la mili); eso sí, he leído unos cuantos libros ambientados en tales circunstancias y, sobre todo, he visto "hondonadas" de películas bélicas, así que creo encontrarme en condiciones para identificar unos cuantos elementos característicos del género: honor, sacrificio, compañerismo entre individuos de orígenes diversos, solidaridad ante el enemigo común, despotismo e incompetencia de los mandos, humor cuartelero, testosterona a borbotones... y violencia, claro, el elemento que aglutina y da sentido (o sinsentido) a todo lo demás.

Teniendo en cuenta estas premisas, no dudo en adscribir a tal género la novela que nos ocupa hoy. De acuerdo, no se desarrolla en la selva de Vietnam o un lugar parecido, sino en un restaurante del londinense barrio de Candem. Y sus protagonistas no son un grupo de marines ni de lanceros bengalíes, sino unos cocineros, pero todos los demás elementos están presentes, incluyendo el estrés post-traumático o "fatiga de combate"... incluso el narrador resulta ser, como en tantas historias de guerra un tipo con menos cualidades marciales que sus compañeros pero que recoge lo sucedido debido a su formación y cualidades literarias: es decir, ejercería el mismo papel que Isaak Bábel en Caballería Roja (o, para entendernos mejor, el de Bufón en La chaqueta metálica o incluso ese otro pollo que Spielberg consigue hacernos despreciar en Salvar al soldado Ryan por su conocimiento de otras lenguas y su reticencia a asesinar soldados enemigos). En este caso el protagonista -narrador es Monóculo, un licenciado en literatura que entra a trabajar como pinche en el pub-restaurante Swan y es apodado así por sus inefables compañeros: Dave el racista, el impredecible Ramilov, el dubitativo Dibden o la hermosa y distante Harmony. Todos ellos comandados por el chef Bob, un auténtico virtuoso en humillar con imaginativo sadismo a sus subordinados, acostumbrados, por otra parte, a una relación profesional basada en los insultos y las burlas crueles (algo habitual en esos ambientes, al parecer).

Hasta este punto, la historia avanza sin demasiados problemas, como una novela de humor británico más o menos costumbrista y con un toque de negrura. pero he aquí que el señor Wroe decide añadir más ingredientes a su plato: faltas, remordimientos, redención, relaciones paterno-filiales, conflictos familiares, autoindulgencia, etc... hasta elaborar una "gloriana" (habrá que leer el libro para saber qué es eso... bueno, vale: se trata de un asado compuesto por diversas aves, embutidas unas en otras como una muñeca rusa) que amenaza con reventar por las costuras. Dicho de otro modo, y por seguir con las analogías culinarias: hay demasiadas frutas diferentes en esta macedonia o demasiados tipos de pescado en la bullabesa, para poder apreciar bien los distintos sabores. Y eso que la construcción de la novela es impecable, el estilo ágil y atractivo y los personajes, incluso los más secundarios, acaban por resultar entrañables. pero, de vez en cuando, también hay que dejar esponjarse al lector, como a los bizcochos. ¡Ah, porque la novela también habla bastante de cocina, claro! ; )

miércoles, 22 de marzo de 2017

James Branch Cabell: Jurgen o la comedia de la justicia


Idioma original: Inglés
Título original: A comedy of Justice y Taboo. A legend retold from the Dirghic of Saevius Nicanor, with prolegomena, notes and a preliminary memoir
Año de publicación: 1919
Traducción: Susana Prieto Mori
Valoración: Recomendable

Reconozcámoslo: estamos ante un libro y un autor de lo más curioso.

El autor, James Branch Cabell (1879 - 1958), fue un muy prolífico escritor norteamericano que consideraba el grueso de su "producción" como una única obra: la "Biografía de la vida de Manuel", la cual sería una saga fantástica y satírica ambientada en la Edad Media, del tal Manuel, conde de Poictesme (el Yoknapathawpha o Macondo de Cabell), y de sus descendientes.

El libro, "Jurgen o la comedia de la justicia", sería una de las múltiples ramas de esa "Biografía de la vida de Manuel". Escrito en 1919, tuvo serios problemas con la censura de la época (Estados Unidos, la tierra de la libertad, etc), lo que contribuyó a aumentar su fama en años posteriores. Esta fama no duró demasiado tiempo debido a la irrupción de las nuevas corrientes en la literatura norteamericana.

En cuanto al argumento del libro, este es, aparentemente, de lo más sencillo. Jurgen, un listillo prestamista de mediana edad, consigue gracias a oscuras colaboraciones, "librarse" de su esposa. Pero como buen marido que es, decide ir en su búsqueda. Esta búsqueda le llevará a un periplo fantástico en que se visitará el Cielo y el Infierno, en el que viajará en el Tiempo, en el que será, sucesivamente, duque, príncipe, rey, emperador y Papa y se verá inmerso en múltiples aventuras de todo tipo, con mención especial a sus escarceos amorosos. Como los libros de "Elige tu propia aventura", pero sin opción de elegir (para nosotros, no para "Jurgen") y con un toque pícaro y humorístico.

Porque pese a que puede parecer simplemente una novela fantástica o de aventuras, "Jurgen" es algo más. Es una novela, fundamentalmente, satírica. Los dobles y triples sentidos están presentes en todo el libro, abundan las referencias sexuales (si Freud no leyó "Jurgen", debería haberlo hecho) y las críticas a la sociedad de su tiempo, sobre todo en lo referente a política y religión, son claras. Combina pasajes de corte claramente humorístico con otros en los que el humor es solamente un vehículo para cargar contra la realidad del momento.

Esa es, para mí, la principal virtud de "Jurgen": integrar lo real en lo fantástico, no quedarse en una mera historia de aventuras medievales. Por contra, las múltiples referencias históricas, literarias y mitológicas (sean estas reales o apócrifas) hacen, para una persona para nada versada en la materia (mea culpa), que algunos pasajes sean difíciles de comprender y que la narración se vea, por momentos, interrumpida. Pese a esto, es de agradecer el esfuerzo de la editorial en incluir una buena cantidad de notas al pie y un extenso glosario al final del libro.

En cualquier caso, se trata de una obra que hará las delicias de los seguidores del género fantástico y que los no tan aficionados al mismo, entre los que me incluyo, también encontrarán disfrutable.

P.S.: Esta edición se completa con un breve texto, "Tabú", escrito en el mismo tono que "Jurgen" y con el que Cabell rinde homenaje, por decirlo de alguna forma, a los censores de "Jurgen".

martes, 21 de marzo de 2017

Tim O' Brien: Las cosas que llevaban los hombres que lucharon

Idioma original: inglés
Título original: The things they carried
Año de publicación: 1990
Traducción: Elvio E. Gandolfo
Valoración: muy recomendable, casi imprescindible

Abrumador e indiscutible. No queda ninguna duda de que el testimonio de O'Brien está basado en su propia experiencia. A mí, ni una: veo imposible para un ajeno tanto ciertos recuerdos como la nitidez y el lujo de detalles de ciertos recuerdos. No es que O'Brien quiera negarlo, pero resulta sencillo achacar a la intención de dramatismo el añadirle cierta épica tan rentable comercialmente. Pues no le hace falta épica a O'Brien, que hizo de esta experiencia el eje de una obra que habrá que seguir revisando.
Vietnam: un desastre al que los americanos nadie les había llamado, pero al que fueron (como a algunos países de Sudamérica) con la intención de equilibrar o neutralizar la influencia del bloque soviético, en unos tiempos donde las cosas se hacían, si cabe, de forma más descarada. Preservar los intereses globales o detener el avance del comunismo. Nos gastamos un dineral, movilizamos a unos cuantos jóvenes que igualmente andarán aburridos o drogándose, qué más da, y a ver qué tal nos va. Vietnam fue un desastre y de este si que nos hemos ido enterando paulatinamente. El cine de los 70 en adelante: Cimino, Stone y, claro, Coppola. una combinación de paranoias y testimonios que nos han ilustrado con todo lujo de detalles, muchos de ellos muy escabrosos. La foto de la niña y el Napalm, la crueldad enorme de invasores e invadidos, la guerra de guerrillas. Hasta Cercas se reservó un protagonismo para el tema en su brillante La velocidad de la luz. 
Tim O'Brien construye una novela a base de interconectar episodios. En un par de párrafos iniciales ya nos habla de mucho de lo que va a pasar. Quién morirá y cómo. Algo de prever, que O'Brien zanja para que descartemos enfrentarnos a un relato de aventuras. Una estrategia acertada, no hay disfrute posible y desde el primer minuto hemos de ser conscientes. Aquí sí que trasluce el absurdo. Los soldados no saben qué narices pintan, pero pronto ven que no son bienvenidos, y reaccionan conforme a la hostilidad del entorno al que son arrojados. Como es la guerra y es una guerra sucia y fétida, todo vale. Aldeas quemadas, civiles masacrados, un terror seco y mudo que acapara a quien es presa de él. El relato introductorio que da título al libro es un preámbulo glorioso. Los objetos que acarrean los soldados actúan como masa unificadora de pasado y presente. Recuerdos, fetiches, cartas, fotos, conviven con minas Claymore. munición, raciones de campaña. armamento. equipo de comunicaciones. El aparato logístico, en su descripción, nos ayuda a hacernos a la idea. Los representantes del ejército USA empleados para la narración son ejemplos de la sociedad que allí los ha llevado (convicciones, dudas, creencias) y una vez en el frente no tienen otro remedio que adaptarse a su mutua dependencia y a su futuro común. Novias reales o no, familias, estudios, todo ha pasado a un último plano y en Vietnam se trata de seguir vivo, o de conseguir al menos una muerte digna o, si no, al menos de recuperar algo que se pueda meter en una bolsa de cadáveres para que la familia cuadre lo incomprensible.
Imposible no familiarizarse con Kiowa o con Lavender o con el propio O'Brien (impresionante el capítulo en el río Rainy donde valora la posibilidad de la deserción), no verlos como personas normales y corrientes, no empatizar con sus sensaciones tanto en el momento del combate como en el lánguido día a día de vuelta a casa, cuando quedan solos con sus recuerdos y no le encuentran sentido a nada salvo que a revolcarse en ellos.

lunes, 20 de marzo de 2017

Hakan Günday: ¡Daha!

Idioma original: Turco
Título original: Daha
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable

Momentos preocupantes y desoladores en lo tocante a la «gestión» (eufemismo de otros calificativos menos políticamente correctos) de los refugiados en Europa. Las autoridades de los países miembros siguen discutiendo sobre porcentajes de acogida, sobre repartos, sobre recursos destinados a tal efecto mientras cada día hay personas que huyen de sus países en conflicto a manos de traficantes para acabar siendo retenidas en zonas de control en condiciones lamentables. Ocurre en Turquía, ocurre en Grecia, y en tantos otros sitios. Y mientras, poco podemos hacer los ciudadanos «de a pie» más que protestar, exigir una solución y, en el caso de personas más influyentes, escribir libros. Y en este punto nos encontramos, con esta reivindicativa novela de Hakan Günday.

Así, el libro narra la vida de Gazâ, hijo de un traficante de personas en Turquía. En una pequeña localidad, ve como su padre se dedica a mercadear con inmigrantes, enviados en camiones desde Irán para que él los mantenga en sus instalaciones (un almacén destartalado sin condiciones humanitarias ni higiénicas) hasta su posterior traslado a la costa turca donde serán embarcados a Grecia. Así, con la tierna edad de nueve años, para asistir a su padre (y porque de hecho, tampoco tiene más remedio que hacerlo) se ve implicado en el comercio ilegal de personas. Sus tareas son fáciles (si obviamos el aspecto ético): ayudar a su padre en las tareas básicas de soporte, limpieza y alimentación (siendo generoso) de las personas inmigrantes. De esta manera, su vida, desde una temprana edad, se ve plenamente afectada por el negocio llevado a cabo por su padre. La lucha interna a causa de las aspectos éticos de tales tareas afecta a Gazâ en un primer momento, y juntamente con una relación difícil con su padre de quién busca el afecto pero a quién a la vez odia, le ocasiona dilemas y contradicciones emocionales que se repiten a lo largo de la novela. Pero las dudas que puede albergar, las cuestiones que le surgen acerca de lo que realiza, van ocultándose bajo un manto de practicidad y obedecimiento de las órdenes de su padre mientras pierde a la vez el sentimiento de culpabilidad. La empatía con los refugiados es algo que no puede permitirse y, al poco tiempo, deja de lado su humanidad para ejecutar aquellas tareas que se esperan de él. El espacio que deja la ética lo llena la maldad y, a pesar del odio que siente por su padre, el monstruo que alberga dentro de él asoma por las rendijas surgidas al resquebrajarse su moral, tal y como el autor narra perfectamente en un párrafo del libro:

«Cuando transportábamos gente, debíamos velar por una sola cosa: el número de personas vivas que entregábamos debía ser el mismo que el número que habíamos recibido. Saber si esa gente huía del infierno para alcanzar el paraíso no nos concernía lo más mínimo. Transportábamos carne. Solo carne. Los sueños, el pensamiento o los sentimientos no estaban incluidos en el precio».

Éste es el tema tratado hábilmente en este libro, con valentía, con osadía, sin tapujos ni eufemismos. La prosa de Günday permite una lectura ágil, no se anda por las ramas ni la nutre de excesos ni adornos. Deja que las palabras corran, entren directamente sin anestesia, con momentos cercanos a Mouawad por su crudeza (incluso aparece un personaje llamado «Motherfucker»... ¿quizá será un guiño a «Ánima»?) pero acercándose a esa zona oscura ya en la infancia (como si Gazâ fuera un hermano de «Claus y Lucas» de Agota Kristoff). Episodios desgarradores, escatológicos y crueles se entremezclan en una historia que retrata la crudeza de la humanidad y el desamparo y penurias que sufren aquellos que están obligados a escapar de su propio país por la situación bélica en la que se encuentran. El impacto es buscado y logrado con creces, la denuncia existe y es evidente. En este aspecto la novela cumple su cometido y el autor muestra su valentía al no suavizar las acciones de los ejecutores. Sí encuentro cierta falta de redondez en el relato cuando, a mediados del libro, la historia cambia de forma notoria y pierde algo de interés, recreándose en algunos desvaríos recurrentes y algo monótonos; la historia inicial se deja parcialmente de lado (no en lo que afecta a los dilemas éticos pero sí en la acción) para dar lugar a unas (demasiadas) páginas donde Gazâ se encuentra a su merced y sufre muchos episodios de análisis introspectivo y momentos algo fantasiosos. Para mí éste es su punto débil, ya que tengo la sensación que el autor sabe como empezar y como acabar pero el proceso entre inicio y final es algo forzado al dedicarse a preparar un escenario final que no acaba de convencerme en su evolución, en como se llega a allí. Aún así, las ultimas setenta páginas de análisis sociológico puede que sean las mejores al aumentar la carga de denuncia social, retomando el ritmo e interés suscitado en la parte inicial del libro con el experimento que lleva a cabo el protagonista con los refugiados y que ejemplariza como utilizar el miedo de las personas para conseguir lo propuesto.

En esta obra necesaria para comprender qué hay detrás del tráfico de personas, el autor nos hace partícipes de la crueldad del ser humano y el sufrimiento que padecen aquellos que se sienten obligados a abandonar su tierra a cualquier precio. El transporte ilegal consistente inicialmente en pagar dinero para que les transportaran mutó de forma rápida en sufragar los gastos del transporte a cambio de trabajo por parte de los propios transportados. En este momento se pasó de un tráfico ilegal de personas a algo aún más terrible: la esclavitud. Y si ya el primer concepto era lamentable, llegados a este punto sí que urge ponerle remedio. Y no podemos tardar cuando tantas vidas humanas están en riesgo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Benito Pérez Galdós: Trafalgar

Idioma original: español
Año de publicación: 1.873
Valoración: Recomendable

Aulo Agerio: A veces me abruman un poco mis colegas del blog con su inmenso repertorio de narrativa contemporánea: DeLillo, Roth, Esquivias, Kadaré, Coetzee, Marías, Lemaitre… buf, a veces me pierdo con tanta modernez, la verdad.
Numerio Negidio:  Ya, es que, bueno… están un poquito más al día que tú. Es que tú eres muy clasicón. Y ahora vas y les cascas a Benito Pérez Galdós. Es que, tío, hasta el nombre suena viejuno. Creo que incluso los de la Generación del 98 echaban pestes de él.
AA: Pero bueno, es que algo tendrá que decir este señor si hablamos de literatura, no? Para eso escribió montones de libros, entre ellos los 46 tomos de los ‘Episodios nacionales’, que en más de una casa se tuvo como lectura familiar obligada. Quizá es que el reconocimiento popular que tuvo Benito no llegó a tenerlo ninguno de los del 98, y a lo mejor es eso lo que les fastidiaba.
NN: Puede. Pero, claro, a la gente le gustaba porque es fácil de leer y encima trata temas que molan. Fijate, lo que traes ahí es el primero de los ‘Episodios’, Historia novelada para mayor gloria de la patria. Lenguaje popular, relato fácil de masticar, y un toquecito al corazón carpetovetónico, antiinglés y, sobre todo, antigabacho. ¡La combinación perfecta!
AA: Bueno, voy a admitir que sí, que algo hay de todos esos ingredientes, que pueden parecer un producto de consumo fácil, mainstream de la época. Es una lectura sencilla, apta para casi todo tipo de lector, pero eso no implica que le falte calidad. Galdós es el rey del realismo, utiliza un lenguaje popular y su perspectiva diríamos que es la de la calle. Pero su prosa es ágil, fresca, tiene la dosis justa de humor y no satura al lector con descripciones o cultismos. Es algo bien escrito y a la gente le gusta, o le gustaba en su época ¿qué hay de malo en ello?
NN: Es un producto de su tiempo, como todos los ‘Episodios’. Son momentos históricos relativamente cercanos a cuando se publican los libros, acontecimientos que quedaron grabados en el imaginario popular y se transmitían de padres a hijos: batallas, sucesos políticos, revueltas… La gente los conoce o los recuerda, y Benito va y les larga una versión novelada, bien escrita, sí, pero directamente dirigida al sentimiento nacional. Y eso tiene trampa.
AA: Si el texto tiene valor por sí mismo, el hecho de acertar con un tema que a la gente le puede hacer tilín, no es un demérito, sino más bien habilidad para conectar con el gusto popular. Y valor literario no se le puede negar, todo lo contrario: échale un vistazo al capítulo IX, la partida de la Armada desde Cádiz, vista desde los ojos de un chavalito que embarca por primera vez. La imagen es impresionante, transmite toda la emoción del momento, y es a la vez de una gran belleza.
NN: Pues sí, pero fíjate en un detalle: ese capítulo se encuentra casi a la mitad del libro, y todo lo anterior son las andanzas del chaval y un cuadro más o menos cómico de su familia adoptiva. Así que la famosa batalla en sí se nos queda en más bien poca cosa. Bueno, no sé si es mejor o peor, porque tampoco me convence mucho el relato de las maniobras y los cañonazos . Creo que es algo confusa y se deleita demasiado en la sangre y por supuesto en el valor de los comandantes españoles.
AA: Es el problema que tiene la narración desde la perspectiva de un mozalbete. Es convincente cuando quiere deslumbrar con la parafernalia de las naves rumbo al combate o con algunas descripciones de la refriega pero, claro, se adecúa peor para contar otros hechos históricos en los que el personaje no podía estar presente. Pero de todas formas, yo creo que lo resuelve bien, con el truco de que el tal Gabriel se informó más tarde de todos los detalles, o por las noticias que recibe de otros participantes en la batalla.
NN: Lo que sí le reconozco es que tiene buena mano para dibujar los personajes: sin llegar a estar muy definidos, son reconocibles en arquetipos de la época: el marinero pata de palo, sabio y cascarrabias, la mujer mandona que no entiende el afán guerrero de su veterano marido y, sobre todo, esa historieta de fondo de la chica enamorada del joven oficial, mientras Gabrielillo rabia de envidia ante un rival invencible. Todo un folletín en un segundo plano, siempre para satisfacer el gusto popular.
AA: En todo caso, el libro se lee con agrado siglo y medio después de escrito. Ni peca de ingenuo ni se pasa de épico o patriótico. Tiene las dosis justas de grandiosidad y de literatura a ras de tierra.
NN: Bueno, y no sé si has reparado en ello pero, tratandose de un clásico nacional y de batallas navales, estoy pensando en un autor famosete que seguro que tiene el libro en un pedestal, jeje.
AA: Ya, no es difícil de adivinar. ¡Pero si incluso creo que también escribió otro libro sobre Trafalgar! En fin, que tampoco busquemos mucho la boca al personal, porque encima nadie ha reseñado aquí lo último que ha publicado.
NN: Bah, tampoco creo que le importe, seremos demasiado insignificantes para él.
AA: Seguramente. Pero, mmmmm... nunca se sabe.

Otras obras de Benito Pérez Galdós en ULAD: Fortunata y JacintaNazarín

sábado, 18 de marzo de 2017

Antonio Soler: El sueño del caimán



Idioma original: español

Año de publicación: 2006
Valoración: recomendable

Un tipo, no sabremos su nombre en todo el libro, cerca de la edad de jubilación, atiende la recepción de un hotel en Toronto. Es español y una vida difícil le ha llevado allí. Pasó nueve años en la cárcel, nueve años en una cárcel de las primeras décadas de tiranía franquista que no son moco de pavo, por participar en la planificación de un asalto a un polvorín. Un frustrado acto terrorista con el sello de la resistencia de izquierdas, una aventura que no pasa de ser una especulación que acaba en desastre absoluto.
Luis Bielsa aparece en ese hotel. El tipo le conoce. Formaba parte de ese grupo, pero en el momento de la verdad se desvaneció. Bielsa, un burgués de izquierdas, debió asustarse entonces, aunque quizás era un infiltrado desde el minuto uno, esperando el instante propicio para asestar el golpe. Y todo parece indicar que Vera, mujer del recepcionista tuvo algún tipo de affaire con Bielsa. Así que el deseo de venganza hierve: Bielsa no lo reconoce y se instala en el hotel. Y nuestro recepcionista, hombre esquivo al que todo ha girado la espalda, se debate en la duda. Si avisa a Sebastián, otro de los miembros de la banda, sabe que esa venganza se ejecutará. Los recuerdos le empujan a ello. Los de la estancia en la cárcel, los de las circunstancias de su detención, con la muerte de uno de los miembros, el recuerdo de su mujer fallecida. Soler emplea las 200 páginas en generar ese suspense, en poner en tela de juicio la veracidad del compromiso con la lucha de clases por parte de aquellos más favorecidos, en dilucidar si esa pulsación de revancha se materializa. La novela es entretenida, está bien escrita y los personajes, dentro de la homogeneidad propia del militante clandestino, están bien definidos.
Pero.
Juro que hasta llegué a consultar la extensión en páginas. Porque cierto aire de similaridad con otra novela empieza a flotar. Una infiltración, una venganza, una diáspora y un deseo que un día pudo ser visceral y que ahora cuesta materializar. El hombre maduro traidor ha dejado lugar  a un anciano frágil y olvidadizo. Como si hubiera sufrido un accidente que ha acabado con los aspectos más sórdidos de su personalidad. Todos hemos sido niños adorables e inocentes, todos seremos ancianos tiernos y venerables. Ah, la otra novela es Estrella distante de Bolaño. No es una copia, no es un plagio de trama, pero esos trazos tan notables se manifiestan, sobre todo en los esbozos que estructuran la novela, de una forma demasiado rotunda para resultar cómodo. Bien escrita, reflexiva y con el grado justo de suspense, El sueño del caimán es una novela correcta, hasta brillante por momentos. Pero el peso de la comparación es suficiente para, llegado el caso, preferir con mucho la obra, esa sí, original, tensa y magnífica, que parece estar en su génesis.

También de Antonio Soler en UnLibroAlDía: Apóstoles y asesinos

viernes, 17 de marzo de 2017

Reseña + Entrevista. William H. Gass: En el corazón del corazón del país

Idioma original: Inglés
Título original: In the heart of the heart of the country
Año de publicación: Entre 1958 y 1968
Traducción: Rebeca García Nieto
Valorración: Muy recomendable / Imprescindible

Hay libros que te marcan, que te dejan boquiabierto, que te hacen volver a creer en la (buena) literatura, libros que son como un hook al hígado, que te dejan sin aire, pero con ese punto de placer que en ocasiones trae el dolor, libros que parece mentira que hayan estado años y años olvidados.

Uno de esos libros es "En el corazón del corazón del país". Y lo es, fundamentalmente, por dos de los textos que lo componen.

El primero es "El chico de Pedersen", novela breve que abre el libro. Es un texto, por sí solo, totalmente imprescindible por estilo y por argumento. No voy a destripar nada, solo algunas pistas: novela iniciática, con nieve (mucha, más que en Fargo), violencia (mucha, aunque no necesariamente física), simbología (muchísima, sobre todo referente a la muerte y a la resurrección), ecos de Faulkner (bastantes) y un narrador / personaje principal, unos secundarios (Pa y Big Hans) y una historia de los que se quedan en la cabeza mucho tiempo.

Continúa el libro con "La señora ruin", más breve e inferior a "El chico de Pedersen". Narrado también en primera persona, en él un narrador / voyeur contempla la vida de un vecindario muy "clase media". A diferencia de "El chico de Pedersen", encontramos algo de humor (negro, eso sí) y un final con tintes surrealistas que deja al lector algo descolocado.

El tercer relato, "Carámbanos", se centra en la vida de Fender, un americano medio empleado en una inmobiliaria. Obsesionado con los carámbanos que dan título al relato y con una mente un tanto difusa, asistimos a su progresivo retraimiento, soledad y aislamiento.

El cuarto, "El orden de los insectos", lo situaría prácticamente al nivel de "El chico de Pedersen". Apenas una docena de páginas, en forma de monólogo aparentemente deslavazado, plagadas también de simbología (la muerte está siempre ahí, al acecho), para contarnos el paso del terror o el miedo a la simple curiosidad y de esta a la pura obsesión de un ama de casa por los cadáveres de los insectos que, misteriosamente, aparecen en su salón. Un relato terriblemente perturbador.

Termina el libro con "En el corazón del corazón del país", una especie de cuaderno de bitácora de un poeta retirado en una ciudad anónima y gris del Medio Oeste. Similar a "La señora Ruin" en lo que se refiere a un personaje / narrador / voyeur que observa lo que le rodea, pero completamente diferente en su estructura y desarrollo. Y es que, en este caso, la observación exterior conduce a una observación interior, al corazón del corazón del país.

En pocas palabras: un verdadero descubrimiento. Por un lado, por esos personajes al borde de la locura, ya sea por exceso de lucidez o por problemas "psíquicos", solitarios, individualistas, grotescos, grises, sórdidos, obsesionados con la muerte, etc son de los que dejan huella. Y por otro por ese estilo, que por momentos recuerda a Faulkner y por momentos a Joyce. difícil, exigente con el lector por experimental, por tremendamente personal y por la abundancia de símbolos. 

Sé que habrá más Gass en el futuro y espero que también haya más libros de La Navaja Suiza, editorial que debuta con esta obra.

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Aprovechando la ocasión, nos lanzamos a charlar con La Navaja Suiza. Aquí están nuestras preguntas y sus jugosas respuestas

España, 2017, bajos índices de lectura, libros electrónicos, descargas ilegales, etc. ¿Cómo se os ocurre lanzaros a una aventura como esta?

El paisaje parece desolador, sí, pero somos gente algo insensata y, sobre todo, no hemos perdido la confianza en el valor de la lectura. Hay mucha gente dispuesta aún a seguir disfrutando con un buen libro, lo que no es obstáculo para que no se pueda disfrutar de muchas otras alternativas disponibles, diferentes a la lectura. Pero si hay algo que nos defina a los editores de La Navaja Suiza es que somos lectores, y como tales nos gustaría compartir con los demás los libros con los que hemos disfrutado. Durante tres años lo hicimos con nuestra web Libros Instrucciones de Uso, y ahora hemos dado el salto a la editorial. La Navaja Suiza es, de algún modo, la forma materializada de una conversación de barra de bar en la que le recomiendas a alguien un libro. Proponemos esos libros que ya no estaban disponibles o que son nuevos y que creemos que aúnan ciertas características que los hacen valiosos: ofrecen una propuesta estética diferente, invitan a sumarse a reflexiones que nos parecen necesarias, proponen una determinada visión de la realidad social, ya sea contemporánea o de un tiempo pasado pero que pueda hablarnos del presente… El conjunto de estas cuestiones es lo que nos ha lanzado a la edición.

Hablando de esos datos de lectura y demás, ¿creéis que España se lee poco y mal o sois algo más optimistas?

Desde luego, si no fuésemos optimistas nunca nos hubiésemos lanzado a esta locura. No creemos que ahora se lea poco. De hecho, es posible que se lea más que nunca, o así lo dicen al menos los índices de lectura. Otra cosa es que lo que se lea sea literatura, pues hay muchos otros tipos de lectura. Por otro lado, tenemos que ser conscientes de que en España los índices de lectura nunca han sido buenos, y esa visión, que parece actual, de que ya nadie lee, a nosotros nos parece más un mantra que se ha repetido desde hace un siglo. Hay textos de Larra, por ejemplo, denunciando el poco interés de la gente de su tiempo por la lectura. Por tanto, somos más bien realistas y sabemos que aunque la lectura de literatura no es mayoritaria, la gente interesada por ella es muy fiel y agradecida. Es a esas personas a las que nos dirigimos sobre todo, aunque por supuesto, uno siempre sueña con crear nuevos lectores.

El amado/odiado (me inclino por lo segundo) libro digital: ¿amenaza u oportunidad para editoriales independientes?

Nosotros somos ante todo herederos de lecturas en papel. Sin embargo, alguno de nosotros apenas ha tocado un libro digital en su vida mientras que a otro no le importa demasiado saltar de un formato a otro. En principio, el libro digital no tiene por qué ser una amenaza. La amenaza está más bien en ciertas asunciones que se hacen con respecto al libro digital, como la del precio, que tiene que ser sensiblemente menor que el del papel, y en la entrada en el mundo editorial de ciertos agentes encargados de venderlos y cuyo único interés es el rédito económico, y si con ello arrastran a la bancarrota a las editoriales no les importará lo más mínimo. Aparte de eso, el digital no deja de ser otro formato de lectura, como en su día lo fueron las tablillas o los papiros, por lo que si mañana el formato digital es el mayoritario, habrá que adaptarse a ello. De hecho, pensamos que al papel le queda todavía bastante vida por delante. A pesar de los augurios que se lanzaron hace no demasiado de que para 2020 ya estaríamos todos leyendo prácticamente todos los libros en formato digital, lo cierto es que no es así. Si charlas con editores que publican en ambos formatos la mayoría te dirá que las ventas en digital aún son residuales con respecto a las ventas en formato papel. Esto no quita, sin embargo, para que las editoriales pequeñas pensemos en fórmulas para adaptarnos al cambio y que no nos coja a contrapié. Nosotros estamos barajando la salida en digital pero antes queremos estudiar bien cómo lanzarlos para que resulten atractivos y no una mera oferta más de un producto que a veces se ofrece de forma descuidada y como la alternativa «fea» del libro en papel.

Momento "primera referencia de la editorial". Elección del autor. ¿Qué os lleva a elegir a Gass, un autor semidesconocido y no precisamente fácil?

Ante todo las ganas de recuperar a un autor, como bien dices, poco conocido pero valiosísimo para el devenir de la literatura estadounidense, ya que sirvió de puente entre el modernismo y el posmodernismo en ese país. Aunque a él lo relacionan habitualmente con otros autores algo más conocidos en España de su generación y enmarcados en el posmodernismo como Gaddis, Barth o Coover en realidad Gass tiene una forma de narrar más clásica que ellos y sobre todo se centra en sacar todo el partido posible al lenguaje. En su literatura está claramente Faulkner pero también puede uno ver a Joyce, a Gertrude Stein o incluso a Rilke. Sabíamos que se trata de un autor al que hay que leer con todas las expectativas abiertas, sin ningún tipo de prejuicios sobre qué es o no es difícil, y precisamente por el carácter de los relatos que componen En el corazón del corazón del país, en los que hay una clara vocación estética pero también reflexiva nos llevó a pensar que esa era el título idóneo para empezar con la editorial, algo así como una declaración de principios de lo que queremos publicar.

Momento "primera referencia de la editorial". Elección de diseño del libro, traducción, corrección, etc. Me da la impresión de que las editoriales independientes, en general, estáis haciendo un gran esfuerzo en estos temas de cara a ofrecer un "producto" (palabra odiada, por cierto) identificable y de calidad. ¿Hasta qué punto es importante de cara a vosotros?

Tal vez esto tenga relación con lo que preguntabas antes acerca del libro digital. Si se quiere hacer atractivo el libro de papel, tiene que ser a partir de un diseño atractivo, que lo convierta en un objeto que uno desea tener, frente a la naturaleza líquida del libro digital. Es algo que hemos tratado de hacer cuidando el diseño de las cubiertas e incluyendo un retrato del autor en el interior al modo de las antologías clásicas. Aunque lo fundamental, y en eso hacemos mucho hincapié, es el cuidado del texto: que las traducciones sean buenas, que el libro no tenga erratas, que la lectura sea cómoda, placentera para quien se gasta el dinero en él. Como te comentábamos antes, somos ante todo lectores, y, aunque suene a tópico de editor, tratamos de hacer los libros que a nosotros nos gustaría leer y tener.

Pero aparte de esta visión romántica no olvidamos que aunque el libro es un producto cultural también es un producto de consumo y que se establece una lucha entre esas dos naturalezas de la que es imposible abstraerse. Es obvio que cuanto más cuide uno su producto, más atractivo será para el comprador y eso nos ayudará a seguir publicando libros e incluso a mejorarlos con el tiempo. Del próximo libro que publiquemos vamos, por ejemplo, a numerar los 250 primeros ejemplares, para que aquel que lo compre tenga la sensación de que se trata de un objeto único.


De cara a próximos lanzamientos, ¿nos podéis adelantar algo? ¿Seguiréis rescatando clásicos semiolvidados o habrá también autores "actuales"? ¿Españoles, extranjeros o una sabia combinación de ambas?

Haremos honor a nuestro nombre y trataremos de configurar un catálogo heterogéneo pero que con el tiempo se verá que obedece a una idea unificadora. Los tres editores tenemos gustos literarios diversos pero coincidimos en algunos aspectos esenciales y eso se irá viendo a medida que publiquemos más títulos. Sacaremos recuperaciones pero también autores inéditos, no necesariamente contemporáneos, aunque también habrá algunos de estos últimos en nuestro catálogo.
Sí podemos avanzar que el próximo título, que saldrá a finales de este mes o comienzos de abril es "La casa grande", del colombiano Álvaro Cepeda Samudio, publicado originalmente en 1964, una novela que su gran amigo García Márquez calificó como un experimento arriesgado y que cumple con muchas de las características que tenían los libros del famoso boom latinoamericano, en las que prima la búsqueda de nuevas formas y también una necesidad casi irremediable de narrar la realidad de su país. "La casa grande" fue la gran obra de Cepeda Samudio –que por desgracia murió pronto aunque muchos consideraban que era el autor más prometedor de esa generación–, una novela en la que se mezclan, de forma fragmentaria, diferentes estilos y que narra la llamada Masacre de las Bananeras, en la que el Estado colombiano ajustició a los recolectores del banano, que se habían declarado en huelga en contra de las condiciones de trabajo que había impuesto la United Fruit Company estadounidense. Para nosotros es un libro imprescindible de esa época y estamos asombrados de que nunca haya tenido en España el reconocimiento que merece.


Por último, si os dejaran editar solo un libro, cualquier libro, ¿cual elegiríais?

Una de las aspiraciones que tenemos y que no ocultamos es convertir a William Gass en el autor insignia de la editorial porque estamos enamorados de su literatura. Por eso, un libro que nos gustaría mucho publicar es "The Tunnel", por el que recibió el National Book Award y cuya escritura le llevó veinticinco años, una obra maestra. Publicarlo, desde luego, sería darnos un gustazo.

jueves, 16 de marzo de 2017

Sam Selvon: Solos en Londres

Idioma original: inglés (más o menos)
Título original: The Lonely Londoners
Año de publicación: 1956
Traducción: Enrique Maldonado Roldán
Valoración: recomendable

Escrita hace más de sesenta años por el triniteño de origen indio Sam Selvon, esta novelita no sólo mantiene toda su frescura, que es mucha, sino también, en cierto modo, toda su actualidad. La razón es que cuenta las vicisitudes de un grupo de inmigrantes caribeños de raza negra -de Trinidad, pero también de Jamaica o Barbados- en el Londres de los años 50, cuando, tras la guerra, hubo una primera oleada hacia el Reino Unido de mano de obra procedente de sus colonias del Caribe. Sus vivencias, pues, son muy específicas de ese momento y lugar, pero también universales: se podrían extrapolar a las de mexicanos o centroamericanos en EEUU, chinos en Japón o magrebíes en Holanda... (puesto que las dinámicas migratorias y su "problemática" son siempre parecidas, ya se trate de italianos en la Francia de hace 100 años, españoles o griegos en la Alemania de hace 50 o ecuatorianos en la España de hace 10).

La novela, no obstante, está escrita con bastante buen humor y, de hecho, en gran medida la componen los retratos de una serie de "chicos" -así se llamaban entre ellos- elaborados a base de anécdotas que llegan a ser tiernas y divertidas; así, conocemos a Moisés, el veterano del grupo y protagonista, en cierta manera, del libro; a sus compatriotas triniteños Galahad, Bart y Gran Ciudad; asimismo a  jamaicanos como el elegante Harris  y Tolroy, con su extensa familia; incluso aparece un nigeriano, el inefable y caradura Capitán... todos forman una pequeño grupo dentro de la comunidad afroantillana que por entonces se había establecido en lo que hoy son cotizados barrios londinenses: Bayswater, Notting Hill, Harrow Road...

Ahora bien, que el humor y la simpatía estén muy presentes, no significa que la novela no trate sobre los aspectos más espinosos a los que debían enfrentarse aquellos inmigrantes en la gran ciudad: el frío e incluso el hambre que padecían; la necesidad de pelear por cada libra en los trabajos más duros y peor pagados y eso, cuando encontraban trabajo y se les dejaba acceder al mismo. Porque aunque no sea el tema central -o mejor dicho, explícito- de la novela, el racismo también está siempre presente, dado el color de la piel de estos personajes (todos negros a pesar de que, como ya he comentado, Selvon pertenecía a la comunidad india): a la hora de buscar trabajo, pero también de encontrar alojamiento o de relacionarse con los nativos ingleses... por otro lado, son abundantes las menciones a relaciones sexuales con mujeres blancas -que, al parecer, encontraban irresistibles a los caribeños-: hay incluso todo un brillante exordio de Moisés al respecto. Y, por supuesto, también está aquí lo que luego se ha dado en llamar el "síndrome de Ulises", la nostalgia del emigrante por su tierra de origen, al tiempo que siente un cariño ambivalente por el país que le acoge como inmigrante, por lo que la sensación de desarraigo se acentúa. Subyacen además en toda la novela, claro, la soledad, la melancolía y el miedo.

Mención aparte merece la traducción hecha por Enrique Maldonado: como él mismo explica en el prólogo (por una vez, recomiendo leerlo antes de la novela) su trabajo ha ido en paralelo al estilo empleado por Selvon en la versión original, que no está escrita en el inglés estándar ni tampoco en algún dialecto caribeño, sino en una tercera modalidad, creada por el autor, que fuese comprensible para el público británico, al tiempo que conservaba las reminiscencias y el "color" del habla de las Antillas. Ése ha sido también el camino seguido por Maldonado en la traducción (de forma brillante, a mi entender) que ha compuesto un castellano dislocado e imperfecto, pero de lo más adecuado, entendible y ágil (quien no pueda reprimir una sonrisa ante la manera de hablar de los "chicos", que piense en cómo sonará a oídos anglófonos la segunda lengua más extendida en España: el "inglés nivel medio"): buen trabajo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Reseña + Entrevista. Santi Pérez Isasi: Imposibles impensables

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: fuera de concurso

Empecemos por impartir justicia. Si estás leyendo esto, es por culpa del autor de este libro. Obvio, claro. Pero lo que leíste ayer era también por su culpa, y lo que leerás mañana. Y esperamos que lo que leas en 2, 8, 10 años. Porque Santi, autor de este libro, es nuestro Santi. fundador de este blog que se acerca a un montón de cifras nosotros que somos de letras, 30.000 seguidores en Twitter, 3.000 reseñas (dicen algunos, ¿pero hay 3.000 buenos libros en el mundo?) y los ya ampliamente superados 10 millones de visitas que hacen que cada vez veamos menos justificada nuestra sempiterna modestia.
Y Santi escribe libros, también, cómo no. Escribió la Ilustre Ruritania Ilustrada, (siempre digo que tengo una edad), y hace unos meses este Imposibles impensables, cuya génesis está en una serie de relatos cortos que, a un ritmo frenético, publicó en su blog personal. Más de 100, de manera que, a los que solemos escribir de vez en cuando, nos parece casi inhumano encontrar cada día un motivo sobre el que extenderse más o menos y conseguir eso, publicar y ser leído. Esas entradas han sido recopiladas aquí con algún pequeño cambio y conforman un texto unitario, cohesionado por encima de los lógicos altibajos cuando hablamos de tal nivel de creatividad y tal disciplina en cumplir con la cita.
Resulta curiosa la escrupulosa elusión de la primera persona en la gran mayoría de los fragmentos. Y el chocante rol secundario que se le otorga a las personas, aventajadas por los animales y hasta por los colectivos. El tono fantástico de muchos relatos nos remite a especies animales especuladas, a países inventados, a las ciudades invisibles de Calvino, a retoques leves de la realidad que nos muestran un autor observador, respetuoso con el idioma, minucioso en la elección de los términos y los tonos (no se aprecia repetición, milagrosamente). En los 125 relatos (+un bis) encontramos humor negro (mucho), humor "blanco" (algo menos), terrores y miedos cotidianos pero casi imperceptibles y detalles escabrosos, incluso atisbos de sensualidad que de repente se coarta.
Los que hemos podido leer este "Imposibles impensables" estamos de acuerdo en que hubiéramos disfrutado algo más si algún relato hubiera ahondado en su potencial aspecto gamberro o si hubiera tenido una dosis extra de mala uva. Creemos que Santi se ha mostrado a veces algo comedido, con ese respeto que le es tan propio por el lector, esa sana intención por evitar ofensa o confrontación. Ignoramos si el traslado del entorno libertino de un blog a la solemnidad del papel escrito ha incidido en ello. Suponemos, esperamos, que todo sea un preámbulo para algo más ambicioso, más agresivo y quizás con más ganas de saltar al terreno de juego a competir a todas. Él puede y quienes le seguimos, insisto, lo esperamos y lo merecemos.

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Santi: ¿habrá puesta de largo en un futuro? ¿Novela, ensayo?

Bueno, ya he hecho algún intento con géneros más largos, pero por ahora sin éxito. Quiero decir que no he conseguido publicarlos. Ahora mismo ando intentando escribir relatos más largos, y tengo algún proyecto para alguna novela; veremos en qué acaban. En todo caso, no me gustaría que se entendiera que el microrrelato es algo así como un "género borrador", que uno escribe antes de decidirse a escribir cosas más largas. Cada género tiene sus propias normas y su propia poética, y el microrrelato tiene su lugar, como todos. 

Situémonos en ese remoto 1 de Marzo de 2009. Responda a las siguientes preguntas.

¿Cree que seguirán en funcionamiento de aquí a ocho años?

¿Ocho años? No lo sé, como diría el Cholo Simeone [algunos años más tarde del 2009], vamos partido a partido, publicamos una reseña cada día y a ver hasta dónde aguantamos con la misma ilusión y la misma regularidad. 

¿Para cuándo espera la visita 10 millones?

Pues a ver, teniendo en cuenta que tenemos unas trescientas visitas mensuales, calculo que llegaremos a los diez millones de visitas dentro de unos 2700 años, más o menos... Vale, déjalo en 2000, si conseguimos crecer un poco...

¿Cree que Vd. sea el único que siga del equipo original para ese entonces?

La verdad, no sé si yo mismo seguiré tanto tiempo. La idea de publicar una reseña al día es bonita, pero ¿ya hay libros suficientes como para seguir así durante ocho años?

Pongámonos solemnes: amenazas y oportunidades de internet como única eventual herramienta futura de difusión de contenidos literarios. Y ya que estamos, ¿por qué esa sensación de que en un mundo hiperinformado e hipercomunicado la gente cada vez lee menos?

No sé si realmente la gente lee cada vez menos, a veces somos víctimas del síndrome "cualquier tiempo pasado fue mejor", y es muy fácil demonizar las nuevas tecnologías. Es verdad que vivimos en un mundo muy visual, y también que internet (los ordenadores en general) no favorecen la lectura pausada de textos largos, pero por otro lado vivimos inmersos en texto, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y la lectura por placer continúa teniendo bastante fuerza, aunque quizás menos en las generaciones más jóvenes.

Creo que la literatura (en un sentido amplio) todavía no sabe muy bien cómo adaptarse a los nuevos medios, y quiere hacer lo mismo que hacía antes, pero en un formato diferente. Solo que los formatos también provocan cambios en los géneros, los hábitos, los repertorios que manejan escritores y lectores. Todavía estamos en los primeros pasos de la relación entre el libro y el ordenador, que demasiadas veces se colocan como opuestos, aunque están condenados a entenderse. 

Escribir ficción en un blog es como dejar pasquines en el metro. ¿Cómo ha sido el proceso de transcribirlo al formato papel? ¿Algo en especial sobre el proceso de la transcripción?

Escribir un blog literario es al mismo tiempo frustrante y gratificante. Frustrante porque la capacidad para llegar a un público más o menos amplio es limitada: te leen los amigos, básicamente. (Aunque pasa lo mismo si autopublicas o si publicas en una editorial de distribución limitada). Es gratificante porque el contacto con el lector es inmediato: se te ocurre una idea, la escribes, la publicas y diez minutos después ya puedes tener alguien diciendo si le gusta o no, si le sugiere alguna idea, si le recuerda a no sé qué escritor...

En cuanto a los Imposibles impensables, el proceso de transformación del blog al libro fue sobre todo de selección (de los 150 cuentos originales se salvaron unos cien) y de reordenación del material, para intentar que quedase un libro equilibrado. Hice correcciones y modificaciones, claro, pero muchos de los cuentos se publicaron en el libro tal y como aparecieron en el blog. 

¿Por qué siempre piensas en realidades que consisten en la ya existente con alguna pequeña modificación o perversión? 

Pues no lo sé, a lo mejor es así como funciona mi imaginación. Me pasa a veces ver algo u oír una frase y pensar: ¿y si esto lo llevásemos hasta sus últimas consecuencias, hasta lo absurdo o lo grotesco? Soy bastante aficionado al género de terror, tanto libros como películas, pero no me gusta el terror que se basa en fantasmas o demonios (o vampiros o zombis), sino el que parte de la realidad y busca las rendijas macabras que hay en esa realidad. Por ejemplo, la crueldad de muchas relaciones humanas, o los miedos que nos acosan a todos.

La sombra del humor negro y la ausencia de aparatosidad en los relatos. Y una cierta argamasa distópica que los aglutina. Comentemos.

Humor negro: seguro, me gustan mucho los textos irónicos y crueles, y eso intento transmitir en los relatos.
Ausencia de aparatosidad: creo que te puedes referir a dos cosas, al estilo, que es deliberadamente llano, incluso con algunas vulgaridades, o al hecho de que no haya sorpresas espectaculares o sensacionalistas; esto segundo fue una regla que me impuse al escribir los relatos, no quería que tuviesen el típico final al estilo de El sexto sentido: "entonces comprendió que..." Se han escrito demasiados microrrelatos ya con esa estructura.
Y la argamasa distópica (que podría ser un buen título para una novela, por cierto), pues sí, leyendo los relatos la verdad es que se nota una nube bastante negra sobre el mundo. Pero creo que eso se compensa con el humor. "El mundo es una mierda, pero por lo menos es divertido contarlo", podría ser el resumen.

Algo que decir sobre influencias. Veo a Borges y a Cortázar pero también creo que asoma Lovecraft y sus secuaces.

Borges y Cortázar, y Monterroso, que no menciono pero que es una influencia fundamental, son de mis primeras lecturas en el campo del relato, y me acompañarán siempre, creo, aunque ya me haya distanciado algo de ellos. También estoy descubriendo a Ana María Shua, que en el microrrelato es genial. El género de terror también está ahí, como decía antes: Poe, Stephen King, Lovecraft (no tanto los monstruos tentaculosos sino la atmósfera de amenaza constante). Y también los "bestiarios", los catálogos de biografías inventadas, las enciclopedias de lugares imaginarios... En general, todos los tipos de literatura más imaginativa. 

¿Qué coño es eso de comparatista?

Es un campo de estudio que se dedica a la literatura (y no solo) más allá de los límites nacionales en los que normalmente se estudian (literatura española, francesa, italiana, etc.), y también a la relación entre la literatura y otras áreas artísticas, científicas, filosóficas, etc. Yo concretamente trabajo sobre las interacciones entre las literaturas ibéricas (portuguesa y española, pero también catalana, vasca, gallega...).

¿Qué acabará antes con la literatura, las descargas, el amiguismo o la autoedición?

Las descargas nunca podrán acabar con la literatura: si la gente se descarga libros es porque quiere leerlos. Está claro que la piratería es un problema para la industria editorial, y también que los autores (y editores y traductores, etc.) tienen derecho a poder vivir de su trabajo; pero a veces se exagera interesadamente el tema de la piratería para no pensar en otros problemas del sector.
En cuanto al amiguismo y la autoedición, tampoco son nada nuevo: como si antes de internet no existieran las camarillas o los autores que se pagaban sus propias ediciones. (Y esto no es una vergüenza: Ramiro Pinilla sin ir más lejos se autoeditó gran parte de su obra).
Parece que andamos con cierta prisa por matar a la literatura. Y entendida en un sentido amplio (como el arte de contar o crear con la palabra) nunca va a morir, porque es absolutamente esencial al ser humano. Otra cosa es que determinados géneros o hábitos literarios mueran, pero eso tampoco es el fin del mundo (ni de la literatura).

El futuro más próximo que te atreves a predecir de los blogs y su papel en el entramado relacionado con lo literario, sea industria o no.

No es por tirar piedras contra nuestro propio tejado, pero creo que la edad de oro de los blogs está llegando a su final. Por lo menos, de los blogs como iniciativa individual (o de un grupo pequeño) que forma opinión. Creo que en el futuro habrá más plataformas de lectores o páginas de "meta-críticas" (tipo Goodreads o Rotten Tomatoes para el cine).
Tal y como están las cosas en este momento, creo que el poder de los blogs no debe ser subestimado, pero tampoco sobreestimado. Una buena (o mala) reseña en el Babelia sigue influyendo mucho más, creo, que la opinión de un bloguero o grupo de blogueros. Eso sí, existe cierto sector de lectores que desconfía de la crítica periodística profesional, y que busca en los blogs (más o menos) amateurs una honestidad que no cree encontrar en otro sitio.

¿Todo esto acaba siendo agradable?

¿Contestar a esta entrevista? ¿Escribir? ¿Hacer reseñas? ¿Vivir? En general, todo es bastante agradable. Hasta que deja de serlo, claro.

Y ahora, por favor, pongámonos de pie y démosle ese aplauso que lleva tanto tiempo esperando.


Otros libros se este autor en Un Libro Al Dïa: Ilustre Ruritania Ilustrada

martes, 14 de marzo de 2017

Olivier Norek: Efecto dominó

Resultado de imagen de efecto domino norekIdioma original: francés
Título original: Surtensions
Año de publicación: 2016
Valoración: Prescindible


Los premios literarios funcionan como una maquinaria incapaz de detenerse una vez puesta en marcha, cuente o no con materia prima que la active, igual que una olla exprés sin garbanzos o un corta-césped sin hierba. Olivier Norek, teniente en excedencia de la Policía Judicial de un distrito parisino, ha obtenido con esta, su tercera novela, el Premio de Novela Negra Europea 2016. Si no me equivoco, hasta ahora todas las novelas de Norek tienen al capitán Coste como protagonista, por tanto esta es la tercera de la serie. Afortunadamente, el personaje no está construido con los rasgos tópicos del detective de novela negra (personaje torturado, contradictorio, escéptico, con tendencias autodestructivas y alguna otra peculiaridad que pretende convertirle en único). Lo que encontramos aquí es un policía bastante corriente, con escrúpulos de conciencia y un cansancio comprensible si consideramos su recorrido profesional de los últimos años, al que se atribuye un carisma más impostado que real.
Como el título indica, el argumento no se limita a una sola investigación: el hallazgo de un motivo, o pretexto, para enlazar varios casos es lo que pone todo el mecanismo en marcha. Claro que, si finalmente estaban relacionados entre sí tendrán que averiguarlo ustedes mismos.
Lo más logrado es, como cabría esperar, el ambiente de competencia y camaradería que se establece en cualquier equipo profesional. También se agradece la escalada de venganzas que observamos, su interés por la maldad como concepto, que los agentes no sean infalibles, que introduzcan cuestionamientos éticos o que tanto recursos como forma de actuar se basen experiencias de primera mano. Aunque el entramado carcelario, que es lo que despertó mi interés –quizá por lo que tiene de negativo fotográfico de una sociedad concreta– se desinfla muy pronto y proviene exclusivamente de testimonios ajenos, según parece indicar el propio Norek.
Se trata pues, y a pesar del premio, de una trama de suspense como otras muchas, sin grandes virtudes literarias, apta para entretenerse las próximas vacaciones ocupando la mente lo menos posible, con lastres añadidos, como ambientaciones banales que no añaden gran cosa a la acción, las manidas escenas de competencia entre los cuerpos local y nacional que, no me negarán, aburren ya a las ovejas o, casi peor, la necesidad exagerada de explicarlo todo, de no permitir al lector que deduzca por su cuenta, lo que provoca un tono redundante bastante molesto. Una trama, poco o nada trepidante, que no ofrece personajes con entidad propia más allá de cuatro rasgos superpuestos, y en la que el supuesto efecto dominó resulta forzado y no se resuelve con la sorpresa espectacular que prometía.
Resumiendo: diversión sin complicaciones. Algunos pedirán más, otros no querrán más que eso. Efecto dominó está escrita para estos últimos.