jueves, 31 de marzo de 2016

Colaboración: Tracking de Gonzalo Frías

Idioma original: español
Título completo: Tracking. Una historia sobre mi familia y mis películas
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Había mirado con desgano la aparición de este libro. A decir verdad, en primera instancia no le presté mucha atención. Su lectura final fue desde sus inicios pura y simple contingencia: pasé por afuera de una librería y en una decisión impulsiva compré el libro. Me pareció en ese momento que podría ser bueno. Decisión acertadísima. Lo cierto es que Tracking, escrito por Gonzalo Frías, se transformó en algo estrictamente personal. Detrás de una prosa cuidada y certera, además de no tener una fórmula definida (lo cual se agradece), el autor cumple con ese esfuerzo creativo literario: tensionar la escritura e inventar un nuevo lenguaje. Hecho que cumple con creces.

Aludiendo al concepto de tracking, aquel botón del control terremoto que permitía ajustar y alinear una serie de impulsos que sincronizaban la velocidad en la cinta de reproducción de VHS, Frías toma su significado y lo transforma en uno de los ejercicios literarios más interesantes de este último tiempo: convertir su vida y su relato en una especie de moderno videoclub. Un recorrido sumamente estético, en donde el cine y la vida cotidiana, en que las escenas fílmicas y recuerdos familiares se unen, advirtiéndose en ello una compleja y muy bien resulta composición.

En Tracking su protagonista es el mismo autor. En el relato, su vida es dispersa y brutalmente cambiante. En la historia de su madre, “Lois Lane”, el cáncer que le arrebató la vida dan la partida inicial. Con descripciones puntuales y precisas, aplica esa máxima formulada por Cortázar: el knockout, detrás de un telón fondo en las que imágenes de Superman o Bambi son proyectadas. A este esquema familiar se suman “Mi papá ve siempre la misma película”, atardeceres costeros en tardes de VHS; “Los Gruñis”, fantasías infantiles de un abuelo; “Dura de Matar”, literalmente la vida de su abuela y “Mi Villano Favorito”, el entrañable amor y odio entre padre e hijo. Este recorrido se complementa con historias como “Mi Amigo Extraterrestre”, imposible no recordarnos acerca del significado de la amistad en nuestra primera infancia, y “Zapateros a tus películas”, mediante las infinitas colecciones (u obsesiones) de un videoclub llamado Casa Amarilla y su dueño don Anselmo.

Detrás de estos relatos, Tracking narra con honestidad, ironía, desgarro y melancolía las relaciones personales, sin victimizaciones. Esto es lo que lo hace tan atractivo. Detrás de historias opacadas por lo trivial y empeñadas por encontrar lugares comunes que son resueltos, Frías muestra sin vacilaciones las sutiles y dolorosas huellas que marcan el crecimiento de padres, hijos, abuelos y hermanos, y en la que como lectores se nos hace imposible no sentirnos reflejados.

Firmado: Felipe Martínez

miércoles, 30 de marzo de 2016

Max Aub: Juego de cartas

Idioma original: español
Año de publicación: 1964
Valoración: Imprescindible para coleccionistas; muy recomendable para lectores.

Ya hemos hablado en ULAD de narrativas no lineales: de aquellas en las que no hay un principio, un medio o un final, sino varios caminos posibles que el lector elige con mayor o menor libertad. Hablamos de Afternoon, a story, un clásico de la narrativa hipertextual para ordenador, pero también de sus antecedentes en papel, como el Diccionario jázaro de Pavic o Rayuela de Julio Cortázar, que es quizás la más conocida aunque no necesariamente la mejor. Bueno, pues Juego de cartas de Max Aub es un experimento formal todavía más audaz que estas otras, y mucho más divertido para el lector (aunque no llegue a alcanzar tampoco el nivel de lirismo o creatividad de determinados capítulos sueltos de Rayuela).

Juego de cartas está formado, como su nombre indica, por cartas, en dos sentidos: es un conjunto de naipes (dos barajas enteras, con cuatro palos de trece cartas cada una, más cuatro comodines; 108 naipes en total), que a su vez contienen en el dorso el texto de 108 cartas que diferentes personajes, generalmente identificados solo con un nombre propio, intercambian en relación con la muerte del misterioso Máximo Ballesteros. Como bonus, los dibujos de los naipes están atribuidos a Jusep Torres Campalans, el heterónimo pintor de Max Aub (sobre el cual escribió una biografía, y con cuyas obras organizó exposiciones).

Creo que en esta reseña, un par de imágenes resultan imprescindibles:


Frente de los naipes, con dibujos de Torres Campalans


Reverso de los naipes, con las cartas de los personajes sobre Máximo Ballesteros

Juego de cartas es efectivamente un juego, o por lo menos eso indica la caja en la que vienen las cartas, con unas instrucciones que no creo que haya que tomarse muy en serio; pero Juego de cartas es sobre todo una novela, una narración en la que efectivamente, a diferencia de Rayuela, el autor cede al azar la disposición de los textos y el orden en el que el lector se enfrenta a ellos. Cada carta es un texto independiente, muy pocas cartas se relacionan unas con otras y -hasta donde he podido indagar- no hay un sistema de correlación entre los números o los palos del naipe y lo que se cuenta en su reverso, salvo por los comodines, que son los textos más breves y más misteriosos ("Valía por todos", "No había nadie", "Fue por casualidad", "No teníamos otra cosa que hacer"...).

Desde cierto punto de vista, hasta se podría decir que esta es una novela policiaca. El protagonista, Máximo Ballesteros ha muerto, y al menos tres teorías intentan explicar su muerte: ataque al corazón, suicidio, o asesinato a manos de su esposa Carmen. Las cartas que componen la baraja (muchas de ellas escritas por sus amantes, ex-amantes, mujeres seducidas y/o abandonadas; algunas por su mujer; otras por su dentista, su maestro de escuela, su hermana...) nos presentan las tres posibilidades, y quizás la respuesta se encuentre en algún lugar del texto (como sucedía en Afternoon, a story) o quizás no.

Pero Juegos de cartas, en una lectura algo más profunda, es, creo yo, una novela sobre la identidad, sobre la imposibilidad de llegar a conocer a nadie, o sobre las múltiples facetas que presentamos en la vida pública y privada. Máximo Ballesteros es para algunos personajes un diablo, un egoísta, un imbécil; para otros, un hombre astuto, trabajador, honesto. En definitiva, se está poniendo en práctica ese tema tan posmoderno que es la disolución del yo (aunque esta obra, conviene recordarlo, fue publicada originalmente en 1964). Son muchas las barajas que plantean esta cuestión; aquí van solo algunos ejemplos:
  • "Los hombres son un 'puzzle', un juego difícil de componer -y más de recomponer-, porque siempre nos los entregan hechos polvo -para los ídem- a ver qué y quién sale".
  • "Uno es como es y nadie sabe cómo".
  • "¿Cómo era? ¿Quién lo sabe? ¿Tú? Pues atente a ello, cada quien con su verdad".
  • "Uno es como es para sí, no como parece para los demás".
  • "¿Cómo era Máximo? De una sola manera: como creías que era. ¿Que los lunes lo veías azul y los martes verde? Confórmate, por mucho que te digan los demás, por mucho que añadas y amontones, por mil dudas que hagan surgir para ti: era azul los lunes y verde los martes"
Hacía tiempo que tenía ganas de echarle el guante a esta novela-juego; desde que supe de su existencia hace ya (da miedo hacer cuentas) veinte años. Ahora he conseguido por fin tenerla, gracias a una edición cuidada, bonita, elegante, de Cuadernos del Vigía. No es una obra barata (unos 50€ cuesta), lo que la convierte más en un objeto de coleccionista de rarezas, que en un simple libro para el disfrute lector; pero eso sí, quien se decida a entrar en el juego pasará unas cuantas horas entretenidas intentando adivinar, como dicen las intrucciones, "quién fue Máximo Ballesteros".

Otros libros de Max Aub en ULAD: Las buenas intenciones

martes, 29 de marzo de 2016

Colin Barrett: Glanbeigh

Idioma original: inglés
Título original: Glanbeigh
Año de publicación: 2015
Traducción: Celia Filippetto
Valoración: muy recomendable

Nada más lejos del Dublín del año 2005, del de los espectaculares beneficios fiscales para que multinacionales de todas partes establecieran servicios centrales, domicilios sociales, centros contables y back-offices sembrando Irlanda de billetes y puestos de trabajo. Glanbeigh está a unos 200 km. o así (difícil situar un pueblo imaginario), pero la distancia, en 2014, es estratosférica. Y esa distancia parece que sea cuesta abajo. Difícil, no rememorar la hondonada de Ray Pollock, pero lejos de los bosques de hoja caduca de Ohio, la verdor del condado de Mayo no parece presagiar nada mucho mejor.
Así que vayan saliendo por la puerta aquellos que esperen aquí glamour y sofisticación, porque, afortunadamente, no los van a encontrar aquí. Los personajes que nos presenta Colin Barrett son un grupo bastante heterogéneo en cierto aspecto. Su distancia del desastre más absoluto y la velocidad con la que se precipitan hacia él. Leo por ahí, "pasan demasiado tiempo en el pub". La existencia no parece muy excitante ahí y qué otro remedio que matar el día trasegando cerveza pagada con alguno de los subsidios de los que van malviviendo. 
Y esa mortecina abulia tiene más efectos colaterales, no se vayan a creer. Los clásicos cuando la gente ha de buscarse la vida en un mundo que, a unas horas en coche o a unos clicks tiene una mala digestión de consumismo y exceso de endeudamiento. Trapicheos, pequeña delincuencia, embarazos no deseados, infidelidades, reyertas, crímenes casi sin querer, ajustes de cuentas, todo un desastre que es modesto y cutre hasta en su desarrollo. Uno se teme que esos tipos ni siquiera pueden hacer tropelías a lo grande. Que sus gestas merecerán, como mucho, cuatro líneas atropelladamente escritas en un periódico local. Como si todo fuera de poca monta. Criminales y víctimas, carne de cañón de esa Eurozona que iba a ser la panacea y no resiste una crisis que amenaza con resquebrajarla. Qué Unión Europea ni qué narices. Para lo que sirve, Para que Glanbeigh pueda ser cualquier pueblo europeo de esos que son escrupulosamente eludidos por las guías de viajes y las rutas de los autobuses turísticos, Uno de esos agujeros sucios y deprimentes que uno contempla desde el cielo, justo cuando tu avión empieza a aproximarse al aeropuerto de destino. Unos cuantos relatos con algunos personajes ligeramente coincidentes, todos ellos ya perdedores o futuros perdedores. Si Tom Waits fuera irlandés, pondría alguno de ellos en la portada de sus discos. 
Pocas veces narrar las consecuencias del aburrimiento ha resultado tan estimulante. 

lunes, 28 de marzo de 2016

Ignacio Vidal-Folch: Turistas del ideal


Idioma: español
Año de publicación: 2005
Valoración: recomendable

Sin intención de polemizar, permítanme una pregunta que me parece interesante: ¿El sentido del humor tiene alguna ideología? ¿Existe un humor, digamos, de derechas y otro -digamos también- de izquierdas? Y, más aún: ¿nos haría gracia un humor que políticamente fuese de un signo diferente al de nuestras opiniones? A esta última pregunta puedo responder, al menos por la parte que me toca: algunas de las novelas que más me han hecho reír, como Pantaleón y las visitadoras o La tía Julia y el escribidor son obra de un autor con cuyas opiniones extraliterarias no siempre coincido (claro que cuando las escribió, don Mario cargaba ideológicamente hacia otro lado, creo). Otro ejemplo resulta ser esta estupenda y divertidísima novela, Turistas del ideal, título que inmediatamente me vino a la cabeza cuando pensé en el tema; la he repasado, y aunque ya la había leído un par de veces, hace años, me he vuelto a partir de risa.

En esta ocasión el también periodista, además de escritor, Vidal-Folch, que ya había arremetido contra el filisteo -y tópico- papanatismo del mundo del arte en La cabeza de plástico, dirigió los dardos de su sátira contra tanto trasnochados progres, intelectualoides, demagogos y buenistas que, según parece denunciar el autor, se han apalancado en la izquierda occidental en general y española en particular. La narración se articula en torno, aunque no sólo, al acto multitudinario que la guerrilla del centroamericano y convulso país de Tierras Calientes efectúa en la capital, con su líder, el enigmático y romántico Capitán como estrella principal, y al que acuden, como moscas a la miel, izquierdistas de todo el mundo y de todo pelaje, esos "turistas del ideal" que tratan de vivir sus utopías revolucionarias... por persona interpuesta.

Lo más divertido de la novela, claro, es poder identificar a sus personajes con personas reales... a veces no demasiado disimuladas. Así tenemos, en papeles principales:

-Vigil: novelista de origen proletario, que ha conseguido el éxito gracias a su serie de libros del detective Cóndor, un tipo duro como el pedernal y rojo como una amapola del trigal de un koljós soviético.
-Matilde: su poderosa e imaginativa agente (de la agencia MAL). Asistida por un misterioso lector que le proporciona despiadados pero desternillantes informes.
-Augusto: veterano y plúmbeo escritor portugués, ganador del prestigioso premio internacional Toisón de Oro, pero que sigue fiel a sus ideales progresistas.
-Colores: rockero drogota y acanallado, tendente a todo tipo de excesos y a componer exitosos ripios en forma de canción.
Y además toda una colección de peculiares personajes -el cantautor Fortún, el alto funcionario de la ONU Mermel, el cocinero Tronchon- que coadyuvan a una acerada sátira de lo que hace diez o quince años suponían los movimientos revolucionarios, antiglobalización o ecologistas... o incluso la "gauche caviar 2.0 " y a los que el autor da leña sin miramiento alguno y con gran maestría.

Cierto es que ahí está el mayor problema de la novela: aunque su trama y desarrollo sigan guardando momentos desopilantes, la sátira resulta más eficaz en la medida en que reconocemos a los protagonistas. Y me temo que muchos miembros de la "desnortada progresía" actual, sobre todo los jóvenes "perroflautas" -dicho sea con ánimo jocoso- puede que no sepan bien de quienes se ríe exactamente la novela. Aunque también es cierto que, puesto que varios de sus personajes -me refiero a los reales- ya no están entre nosotros, hoy se puede leer con el aliciente de cierto placer culpable...

Tampoco pasa nada: de todos modos hoy en día tal vez no podría publicarse esta novela; no en vano, algunos de sus momentos más -y muy- descacharrantes tienen como actores a miembros de ETA, auténticos o figurados, así como de otras organizaciones del mismo pelo: GRAPO, IRA... Sin duda, don Ignacio se arriesgaría -y tal vez se arriesgue aún- a acabar en el trullo por enaltecimiento del terrorismo. Aunque la libertad de opinión y de denuncia bien valen el riesgo, qué caramba... Y sin duda, la judicatura española sabría tenerlo en cuenta.


Otras obras de Ignacio Vidal-Folch en Un Libro Al DíaLa cabeza de plástico

domingo, 27 de marzo de 2016

Colaboración: El Elefante Desaparece de Haruki Murakami

Idioma original: japonés
Título original: 象の消滅 (Zō no shōmetsu)
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Después de que el año pasado nos llegara la colección Hombres sin Mujeres, este marzo hemos podido disfrutar de El Elefante desaparece, antología de 17 relatos publicada originariamente en el 2005, pero que ha tardado 11 años en ver la luz en nuestro país, como siempre, de la mano de Tusquets Editores.

Haruki Murakami es ya un autor sobradamente reconocido, y parece que en los últimos años está experimentando una especie de renovada fama, pues cada vez que publica es más fácil verlo en las listas de más vendidos y no es nada complicado encontrar artículos y reseñas sobre sus obras en sitios webs especializados, en los medios y en las redes sociales. Por todo ello se ha colado entre las lecturas favoritas de este mes de marzo, apareciendo en gran cantidad de listas de páginas que recomiendan los mejores lanzamientos, rivalizando así, por ejemplo, con Cinco Esquinas de Mario Vargas Llosa, algo envidiable.

En esta colección, cuyo título proviene del relato que cierra el conjunto, Murakami nos hace disfrutar de nuevo de su maestría a la hora de jugar con la prosa poética que tantas alabanzas le ha valido, para sumirnos en diecisiete historias que provocarán en nosotros un sinfín de emociones. Algunas lógicas, naturales, otras caóticas, directamente imposibles. El autor juga constantemente, a través de sus personajes, que son quienes nos cuentan sus historias, con nuestra cabeza, hasta el punto de hacernos creer que lo que estamos leyendo es algo tan posible como la cotidianidad que todos vivimos y conocemos, cuando en realidad está narrándonos los más disparatados y oníricos sucesos imaginables –quizá solo escritores de su talla tengan la capacidad de hacerlo–.

Una pareja que, movida por un hambre voraz y totalmente irracional, decide atracar un McDonald’s al contar el hombre que una vez hizo lo mismo con una panadería; un enano bailarín, manipulador y oscuro que encandila a todo aquel que lo observa realizar su arte; un abogado en paro que se interna en un misterioso jardín para hallar al gato perdido al que adora su esposa, y que encuentra una conversación fuera de toda lógica... Son algunos de los ejemplos que nos dejarán descolocados. Todo ello, como de costumbre, narrado con un Japón de fondo que se nos presentará como si fuera nuestra propia ciudad, algo que ayuda enormemente a que el lector se identifique con paisajes y protagonistas, viéndolos cercanos, casi palpables.
 
Quizá la unidad de este volumen se presente en el tono, en las capacidades de sus personajes para asimilar como normal aquello imposible, directamente sacado de un sueño; situaciones descabelladas y en ocasiones, hilarantes. En más de una ocasión notaremos un halo de oscuridad rodeando a las personas que viven esas historias y a los sucesos mismos, y esto tal vez pueda entenderse como una especie de metáfora que todos nosotros podemos vivir, pues al igual que esos personajes, muchas veces nos quedamos esperando algo, una aparición, un milagro, cualquier suceso que dé un giro a algún acontecimiento y que, sin embargo, parece no llegar nunca, quedando solo la tenebrosidad o la melancolía que acompañan a una espera que se prolonga durante demasiado tiempo, o que nos hace encontrarnos de bruces con un final inesperado.

La lectura de cada uno de los relatos transcurre con una fluidez y una naturalidad pasmosa, pues Murakami nos ha acostumbrado con su prosa sencilla y bella al mismo tiempo a que nos sumerjamos sin darnos cuenta en sus líneas y párrafos, y con el surrealismo y los elementos oníricos que hábilmente introduce en esta obra, logrará que ese efecto se potencie. No nos enganchará una trama larga, profunda y compleja, pero sí nos hechizarán las pequeñas piezas que componen esta colección, llevándonos cada una a un mundo y una realidad distinta, cada una con sus matices, sus detalles, y todas ellas unidas por el hilo conductor que, cual portal interdimensional, nos hace posible un viaje ligero y sin dificultades.

En resumen, una obra diferente, muy amena y que ofrece distintos y variados matices que la convierten en una lectura más que interesante. 

Firmado: Salva Alberola

sábado, 26 de marzo de 2016

Simon Garfield: En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto

Idioma original: inglés
Título original: On the Map. Why the World looks the way it does
Traducción: Belén Urrutia
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Los mapas tienen algo que nos fascina. Podemos utilizarlos con un fin únicamente prácticos: saber dónde estamos, adónde vamos, por dónde tenemos que ir o cuánto tardaremos en llegar. Pero también podemos observarlos con ojos curiosos, o como objetos estéticos: nos muestran países lejanos y desconocidos, ciudades que no hemos visitado o que quizás ni siquiera existen, nos ayudan a comprender el mundo y la forma en la que nos relacionamos con él. Desde hace unos años, además, los mapas están de moda; todo se cartografía, los mapas se sitúan en el centro de la investigación en Humanidades y Ciencias Sociales, y gracias a Google Maps y al GPS los mapas forman parte de nuestra vida más inmediata.

En el mapa es un libro que explora y explota esta fascinación que provocan los mapas. Con un objetivo claramente divulgativo (su autor es un periodista que ha escrito también sobre sellos, sobre tipografía, sobre cartas, sobre coches...) se presenta una historia abreviada y entretenida de la cartografía, desde sus orígenes en Grecia o Mesopotamia, hasta sus actuales aplicaciones informáticas. El libro se compone en capítulos, en los que se reconstruye esta historia, y "mapas de bolsillo", que son capítulos algo más breves en los que se analiza un mapa concreto, o un aspecto marginal del arte o la ciencia cartográfica.

La mejor parte del libro, me ha parecido, es precisamente la reconstrucción histórica del modo en el que el mundo fue "adquiriendo su aspecto": los primeros mapas griegos, sorprendentemente metódicos y, dentro de sus posibilidades, exhaustivos; los mapas medievales, moralizantes, religiosos, alegóricos; la edad de oro de los descubrimientos en Asia y América; la colonización de África y las exploraciones australes; hasta llegar a las guías turísticas del siglo XIX, los Murray y los Baedecker. Esta es una historia realmente apasionante, en la que sobresalen hermosas rarezas como el mapa de Hereford, el mapamundi de Fra Mauro o el misterioso mapa de Vinlandia, cuya autenticidad todavía provoca dudas (sin excluir, naturalmente, el influyente mapa de Mercator o sus alternativas, en particular la de Gall-Peters).

Curiosamente, cuando la historia llega al siglo XX, el autor parece perder el hilo, y empieza a tocar diversos temas, todos interesantes, pero sin llegar a profundizar realmente en ninguno de ellos: los mapas y el cine, los mapas y el cerebro, los mapas y las diferencais de género, los mapas y el diseño... Tampoco el apartado dedicado a los mapas y los ordenadores parece excesivamente completo, ya que no menciona ni los GIS (sistemas de información geográfica) ni el "mapeado colaborativo", que son dos de los avances más interesantes e innovadores de la cartografía del siglo XXI a mi entender.

Como decía antes, esta es una obra de divulgación, así que uno de sus objetivos es resultar amena. En general lo consigue: la apuesta por las curiosidades, el tono despreocupado con el que está escrito el libro y, por supuesto, la inclusión de abundantes mapas hace que las páginas pasen volando. Menos comprensible me parecen aquellos capítulos en los que el periodista se convierte en personaje, y nos cuenta cómo conoció al párroco de Hereford, cómo entrevistó al mayor tratante de mapas de los Estados Unidos, o cómo visitó las instalaciones de la compañía Tom Tom. Estos capítulos, que se concentran sobre todo en la segunda parte, no añaden demasiado a alguien que quiera saber "cómo el mundo adquirió su aspecto", en realidad.

Desde el punto del contenido, se le podrían hacer también algunos reproches a Simon Garfield: como suele pasar en estos casos, su historia, en especial en su segunda mitad, termina siendo muy anglo-céntrica, con casi todos los ejemplos tomados de la cartografía inglesa o estadounidense y unas pocas, poquísimas, referencias a mapas orientales o árabes. Por otro lado, aunque su historia no ahorra críticas al colonialismo ni al belicismo de determinadas épocas, quizás podría haber insistido más en la relación entre cartografía, poder y control: que los centros cartográficos coincidan con centros de comercio (Venecia, Flandes) o con sedes de poder imperial (desde la Alejandría antigua al Londres victoriano) deberían proyectar cierto escepticismo sobre la inocencia y el altruísmo de los mapas - como sobre la de cualquier otra forma de conocimiento, claro.

Pero en fin, una obra como En el mapa tiene claramente dos objetivos: informar y entretener. Y en este caso los dos objetivos se cumplen de un modo bastante razonable. Es por eso una obra recomendable, que quizás lleve a quienes la lean a interesarse más profundamente por la cartografía y su historia. Así pues, bienvenida sea.

viernes, 25 de marzo de 2016

Semana de la autobiografía, Re-Reprise. Thomas Bernhard: El sótano

Idioma original: alemán
Título original: Der Keller. Eine Entziehung.
Año de publicación: 1976
Traducción: Miguel Sáenz
Valoración: muy recomendable,casi imprescindible

Ya sé que hace unas semanas de ésto de las autobiografías. Pero qué oportuno hubiera sido haber leído a Bernhard por aquel entonces. Qué soberbia coartada hubiera brindado y cuánto juego, oh, cuánto juego.
Porque El sótano es solo la segunda parte de una pentalogía, apenas recoge más de unos meses en la vida del escritor y, como muchos se preguntarían, a ver qué hace cualquiera que ose pensar que al mundo le interesa su vida.
Y oh, cuántas respuestas hay aquí. A esas y a otras muchas preguntas. Bernhard no necesita mucho más que estas 140 páginas para eso. Demostrando, además, que es un ejemplo perfecto de escritor puro. Sí, la cursiva es mía. O no es pureza ese estilo hostil, hosco, seco y enemigo a muerte del lectorcete de best-sellers. No es pureza el insistir hasta el hostigamiento en conceptos como la presión social, la coacción del sistema educativo, el clasismo, para que estos calen hasta el tuétano y uno piense que lo que está leyendo le cambia como lector, casi de forma irreversible. Sin que a uno se lo hayan pedido, Bernhard sacude en un punto intermedio de referencias tan dispares como la Jelinek más concreta (la que se resigna a ser leída) o el Vallejo más agrio (el que vapulea al lector incauto), allí tenemos al escritor nacido en Holanda y criado en un Salzburgo asolado por la guerra, que es el escenario donde nos encontramos al Bernhard adolescente, apenas unos meses finiquitado el III Reich, decidiendo abandonar el instituto donde está siendo inútil. Decidiendo tomar no cualquier camino sino el camino opuesto. Por lo que acude a una oficina de ocupación (al parecer las de Austria de la postguerra más inmediata sí servían para algo) y, tras desestimar mejores opciones, acaba trabajando como aprendiz en una tienda de alimentación en el poblado de Scherzhauserfeld, un suburbio de Salzburgo, tienda regentada por un curioso personaje, el señor Podlaha, músico frustrado con el que pronto simpatiza. Allí acude la gente de ese deprimido barrio a proveerse de alimentos. Tras la guerra, las provisiones escasean, pero el sótano, la tienda del señor Podlaha donde el joven Bernhard trabaja de aprendiz, es un sitio concurrido, una pequeña vía de escape para quienes acuden allí. 
El mérito de Bernhard es extraordinario. Ni una frase fuera de sitio, ni una floritura que no cumpla su función en el conjunto. Que es relatar esa etapa de su vida pero situarla en su contexto en cuatro pinceladas que solo un escritor de precisión majestuosa puede permitirse. En 140 páginas caben esos meses, pero cabe la tensión culpable del hundimiento del III Reich, la presencia de las tropas americanas, el enorme clasismo de la sociedad del Salzburgo de la época, las desgracias acaecidas en el conflicto y sus consecuencias que están por doquier (el propio Bernhard, conviviendo con su madre y su tutor, en una vivienda donde se hacinan nueve personas y dónde solo el tutor obtiene ingresos). Cabe tanto en tan pocas páginas, uno se pregunta por qué y la respuesta solo puede ser una. Jodidos genios.

También de Thomas Bernhard en ULAD: El origen


jueves, 24 de marzo de 2016

2 x 1: María Gallardo & Miguel Gallardo : María y yo - María cumple 20 años

Idioma: castellano
Año de publicación: 2007 y 2015
Valoración: recomendable

Miguel Gallardo fue en su momento uno de los progenitores del irredento y añorado Makoki, un icono de los procelosos 80. Desde entonces, Gallardo se ha dedicado a proseguir su carrera de dibujante de cómics e ilustrador en general y además, a ejercer de padre, pero en este caso de una persona de carne y hueso, su hija María. Que cuando se publicó el primero de los libros hoy reseñados, tenía once años. ¡Ah, y padecía autismo, antes de que se me olvide!

Vale, era broma: claro está que no se me iba a olvidar. Los dos libros giran, en principio, en torno a esta "peculiaridad" de María, a cómo se relaciona la niña con el resto del mundo y, sobre todo, con su padre. Ambos se refieren a épocas de vacaciones que pasan juntos, puesto que, habitualmente, él vive en Barcelona y su hija en Canarias. En María y yo el destino vacacional es, precisamente, un resort en el sur de Gran Canaria ("The Dorado Beach"), repleto de alemanes colorados como gambas y adictos al buffet libre. Días de playa -a María le encanta jugar con la arena-, piscina, actividades juntos... y tratar de establecer una comunicación entre padre e hija que no siempre resulta fácil -es decir, más allá de lo fácil o difícil que resulta la comunicación habitual entre un padre y una hija o hijo- y en la que tienen un papel inusitado los pellizcos de María, los gritos y las preguntas en bucle... También, no seamos negativos, los muy útiles pictogramas, las imprescindibles rutinas, las recurrentes listas de amigos y familia... y desde luego, el amor, la ternura y la complicidad, las herramientas más eficaces de todas.

Unos años más tarde, con película documental por medio (y muy recomendable; para interesados: aquí), la chiquilla ha crecido, claro, y ya ha pasado hasta la adolescencia, turbulenta como todas, hemos de suponer. María ya tiene 20 años y sigue pasando las vacaciones con su padre, en esta ocasión entre Barcelona y un pueblo de la Costa Brava, pues ya se han cansado de los resorts para guiris con todo incluido. las dinámicas entre padre e hija , y de ésta con el resto del mundo, han cambiado algo, pero no mucho. Siguen los gritos, los temibles pellizcos -no necesariamente a quien no le gusta-, los bucles sin fin... pero también un par de elementos que les ayudan a relacionarse entre sí y, en el caso de María, con sigo misma y sus intereses, más adultos: la música, ecléctica pero siempre absorbente y el dibujo, una actividad nueva para ella , que comparte con Miguel y crea un lazo, un hilo de unión entre ellos que parece mucho más fuerte de lo que podría pensarse a simple vista.

También están los problemas claro. las inevitables miradas de la gente, las dificultades de comunicación en algunos momentos, la eterna preocupación sobre el futuro de María... Pero la impresión que dejan los dos ¿cómics? (no son cómics, en realidad, ni historieta ni novela gráfica. Son... libros ilustrados, supongo. Libros con pocas palabras, sin embargo) es de un optimismo trabajado a conciencia, una voluntad férrea, por parte de ambos, padre e hija, de ser felices. Quizás el secreto esté, para ellos y para todos -sobre todo para los aquejados de esa otra incurable dolencia que es la paternidad, pues al fin y al cabo de eso tratan estos dos libros: del escurridizo arte de ser padre o madre e hija o hijo- radique en las palabras de la camiseta que viste María, las de un sabio chino de ignoto nombre: "Be water, my friend". Pues eso, a ser agua. Que buena falta nos hace...

miércoles, 23 de marzo de 2016

Colaboración: Breviario mediterráneo, de Predrag Matvejevic

Idioma original: Croata
Título original: Mediteranski brevijar 
Año publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable

Esta reseña iba a ser completamente diferente de lo que al final es.

Y es que muchos días, desgraciadamente demasiados días en los últimos tiempos, la realidad supera a la ficción. Por si fuera poco con la desesperada situación de los refugiados a los que, tras huir de fanatismos, intolerancia, guerras y pobreza, la Unión Europea (sí, esa que fue premiada con el Nobel de la Paz) confina en campamentos insalubres o devuelve a sus lugares de origen, hoy 22 de marzo nos despertamos con la noticia de los salvajes atentados, valga la redundancia, que en nombre de ese fanatismo se han perpetrado en Bruselas.

Víctimas inocentes por todas partes.

Y es que pudiendo hablar largo y tendido de una obra que no es ni novela, ni ensayo, ni libro de viajes, ni guía de viajes, sino todo eso mezclado, escrita con una prosa elegante y amena, casi en forma de micro-relato, por un respetado profesor de la Sorbona como el croata Predrag Matvejevic, y acompañada de la reproducción de mapas, grabados y cuadros antiquísimos, como los planos de Marsella o Nápoles del Civitates Orbis Terrarum publicado entre los siglos XVI y XVII, o el Peutingeriana romano publicado entre los siglos III y IV, una obra maravillosa e inclasificable, con múltiples facetas y que abarca con un enfoque personal y original todo el ámbito mediterráneo, solamente tengo ganas de pedir a todo el mundo que lea esta obra, y que, tal y como hace el autor, sepa comprender que más allá de las diferencias históricas, culturales o religiosas entre el Oriente y el Occidente mediterráneo, hay un espacio común (mediterráneo, en este caso, pero extensible a cualquier lugar) que todos compartimos, en que la convivencia pacífica, queramos o no, es posible, es necesaria y es urgente.

Me duele que la reseña no haga prácticamente referencia a las cualidades del libro, que son muchas. En cualquier caso, quedémonos con que es un libro muy recomendable. Pero el cuerpo y la mente hoy no dan para más.

Ojala la reseña hubiera sido la inicialmente prevista, de verdad.

Lo siento.

Firmado: Kim Jong Nam

martes, 22 de marzo de 2016

James Joyce: Exiliados

Idioma original: inglés
Título original: Exiles
Traducción: Fernando Toda
Año de publicación: 1.915
Valoración: Está bien 


Entre el repertorio de muy conocidas obras de James Joyce (bueno, conocidas al menos en el título), pasa generalmente desapercibida su única incursión en el mundo del teatro que, como astutamente habrá adivinado el lector, es justo este Exiliados que voy a intentar comentar. Porque, oiga, para eso también está ULAD, para divulgar entre sus parroquianos libros extraños, desconocidos, improbables…, libros que hemos tenido ocasión de conocer y disfrutar (o sufrir, que de todo hay).

El genial irlandés escribió Exiliados al poco de concluir Retrato del artista adolescente y cuando empezaba a construir los cimientos del Ulises. Por lo visto, James era admirador de Ibsen, hasta el punto de que (dicen) aprendió noruego sólo para leer sus obras sin traductor de por medio (o sea, como se cuenta de Unamuno con Kierkegaard). Así que me imagino al Sr. Joyce entre dos fuerzas divergentes igualmente poderosas: por un lado, el hechizo de Ibsen, que quizá le empujaba hacia un modelo dramático más o menos convencional; y por otro, el tsunami creativo que estaba tomando forma en su cabeza, para estallar poco después en sus obras más vanguardistas. 

O puede ser que simplemente utilizó este breve contacto en el teatro para ajustar ciertas cuentas con su vida doméstica, o intentar poner orden en sus ideas. Porque Exiliados tiene un importante componente autobiográfico, como pasamos a contar ahora.

La obra se basa en un triángulo amoroso, lo cual no puede decirse que sea muy original, al menos en principio: el escritor Richard Rowan, que acaba de volver a Irlanda tras varios años en el continente europeo, su pareja Bertha (pareja, que no esposa, lo cual hoy parece irrelevante, pero no lo era en la católica Irlanda de hace un siglo), y Robert Hand, antiguo amigo íntimo del primero, y compañero de correrías juveniles. Vamos, una situación calcada de la del propio Joyce, sobre cuya relación con su compañera Nora se extendieron –quizá interesadamente- rumores de infidelidad con un supuesto amigo común.

Pero este punto de partida –como digo, nada novedoso- se utiliza para explorar en terrenos menos habituales. Para no desvelar más de lo debido, diré que los papeles de engañador y engañado van trasladándose de un personaje a otro, no en forma de simple enredo, sino en un nivel intelectual, que constituye el auténtico eje de la obra: la tesis consiste en que no son la fidelidad o la confianza los pilares sobre los que se sostiene la pareja, sino justamente la duda, el mantenimiento (o incluso la creación artificial) de cierto grado de incertidumbre. Se estimula así el poder de un vínculo espiritual, que no obstante tampoco queda claro si domina al carnal, lo presupone o simplemente es ajeno a él. 

Ese es el estrés en que se sumergen los personajes, unos de forma voluntaria, otros convertidos en mero instrumento de ese mecanismo, tal vez algo perverso. Y el resultado es que reclaman del lector ser escrutados en cada frase y cada gesto, y se muestran llenos de matices, mientras vamos recorriendo sentimientos y conceptos que flotan alrededor de la relación de pareja y la condicionan/definen/delimitan: la amistad, la posesión, la culpa, la admiración, la libertad. Y también la inacción, porque en Richard se dibuja un peculiar tipo de héroe cuyo valor reside precisamente en no hacer nada, para desconcierto de los demás.

Se diría en definitiva que Joyce parte de sus asuntillos particulares, les da forma (no sé si realista o voluntarista) y, ya puestos, se dedica a sondear en diferentes perspectivas de la relación amorosa, puede que buscando respuestas para sí mismo. El libro no es desde luego lo que uno espera encontrarse cuando tiene entre manos algo de Joyce, sobre todo en el aspecto formal. Es tal vez una obra menor, un material atípico y quizá prescindible, pero elaborado con inteligencia y que no deja de tener su interés.

Otras obras de James Joyce en Un Libro Al Día: DublinesesUlises

lunes, 21 de marzo de 2016

Javier Calvo: El fantasma en el libro + Bonus: algunas respuestas del autor

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: imprescindible para interesados, muy recomendable para público en general

La carrera como autor de ficción de Javier Calvo siempre me ha interesado. Ha retratado a Barcelona en las tres novelas que he leído, y siempre lo ha hecho de forma perspicaz e inteligente, sin abandonar un estilo que mezcla contemporaneidad y pleitesía por clásicos de culto. Ha retratado una ciudad gótica y pestilente, soleada y corrupta, gris y secretista, pero sus novelas siempre han mostrado un autor inquieto y permeable a su descomunal conocimiento de la cultura de los últimos doscientos años. De lo que cabe responsabilizar algo, seguramente bastante, a su brillante faceta como traductor del inglés. Tan reputado y tan ubicuo que yo mismo he acabado identificándole "aquí" gracias a ciertos aspectos distintivos de su trabajo.  Me ha sorprendido que para este, primer ensayo (y que dedica al mundo de la traducción), haya elegido un registro neutro, lejos de sus relativos excesos en narración, y que este registro resulte tan adecuado y convincente. Porque creo que lo primero que Javier Calvo espera de este ensayo es reivindicar respeto por su profesión, y cree que esta es una premisa que no admite frivolidades, y ello empieza por emplear el tono adecuado. Cercano, directo, alejado de dogmatismos y poco dado a aquello que aburriría a los profanos. Nada de discutir de semiología o semántica o sintaxis o de aburrirnos con juegos de palabras e insustanciales errores que malograron textos. Pocos ejemplos, pero claros y concisos.
Cinco capítulos en apenas 200 páginas que yo hubiese celebrado gozoso que fueran el doble. Porque uno de los disfrutes de este libro es su mera lectura, donde notamos que Calvo también ha asimilado y hecho propias virtudes narrativas de sus traducidos y va al grano. El siguiente es su comprensión, pues nos empapamos de la evolución de su profesión, y comprendemos que esta ha sido pareja a la evolución social y tecnológica. Difusión de la cultura y sus cortapisas pasadas, presentes y futuras. Pasaremos por la traducción de los textos religiosos, de las primeras obras literarias con repercusión global, nos hablará de la censura en la España del tardofranquismo, con las traducciones de autores afines al régimen, y las luchas por filtrar obras más comprometidas. Y claro, el futuro que se cierne con el implacable avance de cacharros como el Google Translate, útiles pero perversos instrumentos que permiten que uno pueda hacerse una idea aproximada de cualquier texto de la red con el único requisito del corta y pega, lo cual no debería ser, en un principio, una amenaza para la traducción literaria, pero a saber, tal como andan los tiempos. 
Ameno, interesante, aclaratorio, y muy dinámico en su lectura y en su estructura. Qué más vamos a pedirle. Y, en fin, una justa reivindicación de esa, definen, profesión invisible, que permite, a los que no dominamos lo suficiente otros idiomas como para apreciarlos en su riqueza literaria, acceder a mucha literatura. Porque dejen que añada algo de mi cosecha. Todo traductor ha de ser, encima, un gran lector, tan capaz de vislumbrar los árboles que son las palabras, como el bosque que es el libro y la sombra del bosque que es la intención que todo gran escritor suele proyectar Y Javier Calvo lo ha conseguido muy a menudo. Si no es para estar agradecido.

También de Javier Calvo en ULAD: El jardín colganteCorona de flores

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Acabada esta reseña, la amable gente de Seix Barral que me facilitó un ejemplar del libro, me ofreció la posibilidad de entrevistar a Javier Calvo, de vuelta por Barcelona (se mudó a Brooklyn hace unos meses, su mujer, también traductora, es estadounidense) para cuestiones promocionales. Incapaz de cuadrar horarios para hacerla in situ, accedió con generosidad a contestar un cuestionario desordenado y caótico que le hice llegar por e-mail, en el que a los cinco minutos me arrepentía de no haber puesto ciertas preguntas en vez de ciertas otras. Considerando que no hay vuelta atrás, y que, por ejemplo, me voy a quedar sin saber si en el mundo de la traducción hay tantos estómagos agradecidos como en el de la edición, intento poner un poco de orden (el mío) en las respuestas que me envió.

Lo siento, el libro me ha parecido algo breve, ¿se han quedado cosas en el tintero?

Sí, por supuesto. Era parte del plan. Escribir un librito pequeño y accesible. Podría haber escrito fácilmente uno el doble de largo, pero mi gran desafío –y mi prioridad– era venderlo a una editorial grande y hacer un libro asumible por un público que no estuviera particularmente interesado en la traducción literaria como fenómeno. Para eso, siempre quise hacer un libro ligero. Lo que también pienso es que por mucho que el libro hubiera sido el doble de grande, habría tenido exactamente el mismo tema (la industrialización de la traducción literaria) y la misma tesis (el hecho de que el traductor necesita más espacio para desarrollar su actividad de formas más creativas).

¿De qué va a ir su siguiente obra en ficción? ¿Piensa trasladar a USA los escenarios de sus novelas? 

No lo sé. El siguiente libro en el que empecé a trabajar es otro ensayo literario como éste. Aunque eso no quiere decir que vaya a ser el siguiente que acabe. La verdad es que después de unos años que pasé escribiendo mucho, ahora escribo poquísimo.

Desde la lejanía, ¿también se percibe que la literatura española está deprimida y es endogámica? 

No sé. Yo no tengo realmente una perspectiva de cómo está la literatura española. Para empezar, no tengo tiempo de leer lo que se publica. Luego además, no creo en esa clase de diagnósticos horizontales. Me interesan los autores y autoras individuales y siempre ha sido así. En este sentido, hay una docena de autores y autores españoles vivos que sigo, muchos de ellos de mi generación. Y una docena me parece bastante, la verdad. ¿Cuánto talento tenemos que esperar que se dé simultáneamente en un momento dado de la Historia? Yo creo que una docena está muy bien. Luego, claro, le preguntas al de al lado y te hará una selección y un diagnóstico completamente distintos.

La literatura americana parece en ebullición. Escritores afincados en USA procedentes de otros países. Recuperación de autores de culto. Constante surgimiento de nuevas propuestas, repercusión de sus premios. ¿Es esto real, o es una ganancia de la traducción? ¿Qué nos estamos perdiendo? 

La literatura americana actual sí que me parece deprimente. Cada vez más uniforme, cada vez más plana, dominada por la poética de la experiencia, lo memorial, el drama familiar y la corrección política. La repercusión de la literatura norteamericana en el resto del mundo es una simple imposición del sistema, una prueba del poder sin límites que tienen los agentes americanos y de su capacidad de vendernos una y otra vez lo que les da la real gana.


¿Dónde se va a meter si gana Trump? 

En realidad mis planes (de momento) no dependen de la victoria de Trump. Gane quien gane esas elecciones, todos perderemos. Trump es terrible, pero también lo son los Cruz, Rubio, Clinton, etc.

¿Volverá el domingo al Mercat de Sant Antoni? (Mercado barcelonés de libros, revistas y muchas cosas más de segunda mano que abre los domingos, y sitio del que Javier Calvo dijo ser el único que echaría de menos al dejar Barcelona)

De hecho, no he vuelto. Aunque me habría encantado.

¿Alcanza un traductor de prestigio como Vd. el status de ser selectivo con los encargos?

En realidad, no. Lo que sucede es que a partir de alcanzar cierto estatus como traductor literario, uno puede sugerir títulos a traducir y encontrar a editores y editoras que le hagan caso. Es lo que pasó con Colin Wilson o con Iain Sinclair, cuya publicación en España durante los últimos años es puramente resultado de mi cabezonería. Cada vez más, mi carrera se va dividiendo en dos ramas. Por un lado, los libros que traduzco por una cuestión “comercial”, por así llamarlos, que me dan de comer, y que generalmente son para editoriales grandes y autores importantes. Por otro lado, libros más extraños, minoritarios o subterráneos, que traduzco para editoriales pequeñas de amigos y en un ámbito donde hay mucha más libertad en todos los sentidos.

¿Algún otro idioma del que le gustaría traducir, y un motivo que no le resulte comprometedor?

En realidad me encantaría traducir de cualquier otro idioma. Quizás tengo cierta preferencia por las lenguas europeas,  pero únicamente porque de ellas se traduce mucho más y sería más factible desarrollar una segunda carrera.

No conozco traducciones suyas del español al inglés, ¿lo considera un paso evolutivo natural? 

Yo no diría “natural”, aunque es cierto que he empezado a hacerlo un poco.  Pero con franqueza, he tardado muchos años en desarrollar una competencia suficiente para traducir al inglés. Yo empecé a escribir en inglés muy tarde en la vida, y nunca me he sentido 100% cómodo.

¿Cuál es la palabra más rara que ha usado como traducción de "fuck"?

Jaja, no lo sé. En ocasiones he traducido “fuck” como interjección por “hostia”. Muchos editores odian esta traducción y me la quitan, pero por alguna razón, en mi cerebro las dos palabras están conectadas, y su asociación materializa esa quimera de la traducción: la sinonimia perfecta.

Pues eso; la sinonimia perfecta.

domingo, 20 de marzo de 2016

Frantz Delplanque: Elvis o la virtud

Idioma: francés
Título original: Elvis et la vertu
Año de publicación: 2013
Traducción: Juan Carlos Durán Romero
Valoración: entre recomendable y está bien

Pregunta innecesaria: ¿a quién no le gustaría ser un escritor de éxito, con millones de seguidores, más dinero que el tío Gilito y montones de groupies de ambos sexos dispuestos/as a satisfacer nuestros más íntimos... -en fin, dejémoslo-?  A todo el mundo, claro, que no somos tontos. Pues la forma más rápida y efectiva de conseguirlo es por medio de una serie de novelas policíacas, con un protagonista con gancho, que mantenga el interés de los lectores a cada nueva entrega de la serie, mientras ríos de su dinero van a parar a nuestros bolsillos... ¿suena bien, a qué sí?
_ Sí, claro. Pero eso es muy fácil de decir pero muy difícil de conseguir.
¡Ahí es donde se equivoca, amable lector y aspirante a escritor! Siguiendo una serie de sencillos pasos, todo el mundo puede ser capaz de crear un detective con tirón y unos casos que  atrapen la atención de todos esa gente que vemos absorta en sus libros y e-books , en playas, piscinas y diversos transportes públicos.

MÉTODO PATENTADO ULAD PARA ESCRIBIR UNA BUENA SERIE DE NOVELAS DE DETECTIVES: 

-PASO 1: Lo primero y principal, aunque parezca otra cosa, es encontrar un buen escenario, original y poco transitado, para ambientar las historias (espabilemos, ya van quedando pocos lugares en el mundo). Debe de ser lo suficientemente peculiar para despertar el interés de los posibles lectores, pero quizá no tanto como para que lo sientan demasiado ajeno. Sin complejos: si Venecia, París o Tomelloso (recordemos al jefe de policía Plinio, de García Pavón, pionero del polar hispano) merecen su propio investigador, también, por ejemplo, el Sudoeste francés: la costa labortana, las montañas bearnesas o los bosques de las Landas pueden ser un escenario excelente para todo tipo de crímenes.

-PASO 2: Naturalmente, crear un investigador lo suficientemente original para llamar la atención de editores, crítica y público. No es necesario que se trate de un profesional del tema: detectives privados, policías, periodistas y jueces ya están más vistos que el TBO... De hecho, cuanto más "friki" sea nuestro protagonista, casi mejor. ¿Qué tal , se me ocurre, un viejo vasco, asesino jubilado -nada de veleidades políticas o psicopáticas, eso sí: asesino a sueldo, como Dios manda-, rockero impenitente y sentimental, a su manera. Le podemos llamar Jon algo...hummm ¿Nieve?  ¡No, ya está: Ayaramandi! Jon Ayaramandi.

-PASO 3: Encontrar unos secundarios adecuados, una "familia" que arrope a nuestro protagonista y a los que también los lectores puedan coger cariño. No importa, claro está, que no sean su familia verdadera; de hecho, resulta más conveniente que nuestro investigador sea un tipo -o tipa- solitario, cínico y de vuelta de todo, pero también con espacio para la ternura en su corazoncito... Ideas para unos secundarios adecuados: una vecina madre soltera con su hija de cinco años; el dueño de bar situado en un búnker alemán de la II G.M.; el patriarca de un clan de gitanos nómadas; una hermosa peluquera, con, digamos amplias miras en materia sexual... ejem.

-PASO 4: Ahora hay que buscar un caso suficientemente original y llamativo. Por ejemplo, que del cielo empiecen a caer hermosas muchachas negras desnudas. O que se vea amenazada la banda de rock del antiguo chófer de nuestro héroe -ex-asesino a sueldo, recordemos-, ahora estrella de la música. Además, la investigación tiene que llevarnos a situaciones extremas y singulares, como bailar Paquito el Chocolatero en las fiestas de Bayona o atravesar el departamento de Pirineos Atlánticos en un Lamborghini Murciélago, pilotado por una vidente alemana. Cosas así, sin cortarse. ¡Ah, y violencia a cascoporro, eso que no falte. Con cierta truculencia, si puede ser...

-PASO 5: Una vez escrita la primera entrega de la serie -la "novela-piloto", por así decirlo- se trata de vendérsela a editores y agentes. Tranquilos si la trama y los personajes parecen un cúmulo de despropósitos; en realidad, cuanto más absurdo parezca todo, más posibilidades hay de triunfo. Y si la primera novela tiene éxito, ¡bingo! ahora sólo se trata de repetir la fórmula, ad nauseam, incluso utilizando el mismo esquema, a modo de plantilla. Más sencillo que pintar un cuadro por números.

-PASO 6: Éste no ha llegado aún al género negro, pero llegará, dado el overbooking de novelas y personajes que estamos empezando a padecer. El concepto es ya muy conocido: SINERGIA. Es decir, se acerca el día en que varios autores -al menos de ámbitos geográficos colindantes- tendrán que aunar esfuerzos para escribir novelas y no saturar el mercado. Por seguir con nuestro ejemplo: podría suceder un crimen en la Isla de los Faisanes o la cima del monte Larrún, justo por donde pasa la frontera entre los dos estados, Francia y España, en el que se viera implicado nuestro Jon Ayaramandi y la investigación la llevaran a cabo la inspectora Amaia Salazar y la jueza de Pamplona Lola MacHor. Ya de paso, y puesto que la vigilancia de las fronteras siguen siendo competencia de la Guardia Civil, creo, también el benemérito Bevilacqua. O podría dejarse caer por allí el comisario Adamsberg, que después de todo es bearnés... a un tiro de piedra, como quien dice.

Nota aclaratoria: quizás se infiera de esta especie de reseña que no me ha gustado Elvis o la virtud -¿a qué viene el cambio de conjunción en el título? No lo entiendo-; pues todo lo contrario: me lo he pasado pipa con las aventuras de Jon y sus amigos, a pesar de ser, como ya he comentado, un despropósito, por no decir un disparate... o precisamente por eso. Lo recomiendo sin dudar, aunque quizás no para todos los paladares... conviene, en este sentido, tener pocos prejuicios y cierto gusto por el humor negro. Otro consejo para quien esté interesado en las andanzas de Jon Ayaramandi: conviene empezar por la primera novela, Un gramo de odio; como me suele suceder (no a propósito), yo lo he hecho por la segunda. En fin, ya se sabe: de donde no hay...


sábado, 19 de marzo de 2016

Colaboración: La vida ante sí de Émile Ajar

Idioma original: Francés
Título original: La vie devant soi
Traducción: Ana Mª de la Fuente
Año de publicación: 1975
Valoración: Recomendable


Émile Ajar es el heterónimo que usó Romain Gary/Roman Kacew (1914-1980), judío lituano, nacionalizado francés, hombre polifacético y con una vida muy intensa: piloto durante la segunda guerra mundial, diplomático, guionista de cine, además de escritor. Estuvo casado con la actriz Jean Seberg (À bout de souffle, de Godard), y se suicidó en París en 1980 poco tiempo después de que ella también se quitara la vida. Para los interesados en la historia de Gary hay una biografía de Myriam Anissimov, de 2004: Romain Gary, le caméleon).

Con La vida ante sí Ajar/Gary ganó por segunda vez el Premio Goncourt, cosa que legalmente impiden las bases del premio. La autoría no se desveló hasta después de su muerte y sirvió al autor para tomar distancia de esos críticos que lo habían rechazado como Gary pero que se mostraban entusiasmados por el nuevo descubrimiento literario.

Momo (Mohamed), un niño musulmán, que cree tener diez años (en realidad, 14), y que apenas conoció a sus padres, vive con Madame Rosa, una anciana judía, superviviente de Auschwitz, en un sexto piso sin ascensor del barrio de Belleville en París. Lo comparte con otros niños, Banania, Moïse, hijos de prostitutas que pagaban a la señora Rosa para que los mantuviera. Con el único calor de Arthur, un muñeco-fetiche que se fabrica con un paraguas, y el de la señora Rosa, Momo se va a volcar en el cuidado de la madame cuando ésta empieza a deteriorarse con la vejez, y la acompañará hasta su muerte. Junto a él otros vecinos del barrio: Monsieur Hamil, un árabe ciego apasionado por Víctor Hugo y el Corán, Madame Lola, un travesti senegalés, Monsieur N'Da Amédée, proxeneta de Nigeria...mostrarán su solidaridad con Rosa y la ayudarán no solo económicamente. Solo Nadine, y su familia, dedicada al mundo del cine, y que acogen finalmente a Momo, no pertenecen a ese mundo.

En la novela se plantean dos temas fundamentales: la mirada desde -y hacia- la marginalidad, que conlleva necesariamente una crítica social, y la relación de cariño entre el niño y la anciana: generaciones y culturas distintas. También se tratan otros subtemas como el de la vejez, la enfermedad y la eutanasia, la convivencia entre distintas culturas y religiones, el concepto de familia, la solidaridad...

Está contada por un narrador en primera persona, Momo, con un lenguaje sencillo, con coloquialismos y algunas construcciones incorrectas, que tratan de reflejar la forma de hablar del niño (quizás no se aprecia igual en la traducción).

 La obra es interesante por esa mirada que presenta, a la vez ingenua y políticamente incorrecta, sobre el mundo que nos rodea, con un protagonista provocador y rebelde:
"Cuando tenga mayoría de edad legal es posible que me haga terrorista para el secuestro de aviones con rehenes como en la tele..." -"Mientras corría entre los coches para meterles miedo, porque a nadie le gusta atropellar a un niño...me sentía importante al pensar que podía darles miedo"
pero, a la vez, capaz de darlo todo por esa anciana, "gorda y fea", que lo había cuidado desde pequeño:
-"Creo que tenía razón el señor Hamil cuando todavía tenía toda su cabeza y decía que no se puede vivir sin alguien a quien querer, pero no les prometo nada. Ya veremos. Yo quería a la señora Rosa..."

El autor se centra en ese París de la marginalidad, desconocido para la mayoría, y que en los años 70 se situaba en Belleville, reconvertido actualmente en un barrio popular, con muchos restaurantes y población asiática, y con presencia cada vez más de la clase media, siendo ahora  Saint-Denis o Clichy sous bois, en la periferia ("banlieue") de París, los que concentran una población más desarraigada y marginal.

A pesar de todo, el mensaje que transmite el autor no es de desesperanza, pues nos muestra un mundo solidario en dos niveles: el que representan los vecinos y amigos de Madame Rosa, a pesar de las diferencias culturales y religiosas, y el de Nadine y su familia, con la acogida de Momo.

Cuarenta años después de la publicación de la novela, y con la experiencia de nuestra historia reciente, podríamos plantearnos si no es, desgraciadamente, ¿una visión ingenua? de la condición humana la que nos plantea La vida ante sí.


Firmado:  Wincell

Del mismo autor: Lady L.

viernes, 18 de marzo de 2016

Jon Bilbao: Estrómboli

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable, rozando el imprescindible

En un artículo reciente, Alberto Olmos decía que en España hay dos escritores reconocibles como tales: Jon Bilbao y Óscar Esquivias. Si lo dice Alberto Olmos, quién soy yo para llevarle la contraria. Lo que yo puedo decir es que hace tiempo que no recuerdo haber leído un libro de relatos tan bueno como Estrómboli; y no digo "un libro de relatos español", no, digo un libro de relatos en general. Claro, Técnicas de iluminación por ejemplo me gustó, pero es otra cosa: Eloy Tizón es sobre todo un maestro del estilo y de la imagen; Jon Bilbao es un narrador puro, un contador de historias, sin que eso suponga un descuido del estilo ni mucho menos.

Jon Bilbao escribe de desencuentros trágicos, de malentendidos dolorosos, de conflictos profundos y muchas veces insolubles; escribe historias violentas, o historias que contienen violencia. En muchos casos se trata de tensiones reprimidas o inconscientes, que esperan una grieta en la realidad para salir a la superficie; "Estrómboli", el relato que da título al volumen y lo cierra, termina con una imagen muy representativa del modo como estas tensiones psicológicas e interpersonales se acumulan y se liberan cuando la presión se vuelve insostenible:
...el magma ascendía por la chimenea volcánica hasta el cráter [...]. Al subir por la chimenea, la parte superior del magma se enfriaba y solidificaba, formando un tapón. El magma de más abajo liberaba el vapor de agua y los productos gaseosos albergados en su interior. Los gases y el vapor generaban una burbuja que crecía hasta reventar el tapón. Esto sucedía cada veinte minutos.
En "Crónica distanciada de mi último verano", la violencia es la que se crea entre el narrador y un grupo de moteros que lo acosa, pero también entre la propia pareja protagonista. "El peso de tu hijo en oro" gira en torno a un accidente brutal e imprevisible que destroza la vida de sus protagonistas; en "Siempre hay algo peor" es un San Francisco corrupto y mafioso el que condiciona las vidas (y las muerte) de los personajes. "Avicularia avicularia" es un cuento grotesco, casi tremendista, sobre los límites a los que podemos llegar por nuestra familia; "El castigo más deseado", que tiene algunos paralelismos con "El peso de tu hijo en oro", hay corrientes subterráneas (o submarinas) de odio que solo se desvelan en las últimas páginas.


Los relatos de Estrómboli, como los de otros libros de Jon Bilbao, son decididamente cosmopolitas: Reno, San Francisco, Nueva Zelanda, Estrómboli... (Para compensar, también hay relatos situados en el País Vasco, en Tarragona, en los Picos de Europa....) Creo que este cosmopolitismo no es una simple búsqueda de variedad de paisajes: es también un indicativo de que Jon Bilbao se inscribe, conscientemente, en una tradición que va más allá de la española; una tradición que incluye muy particularmente la narrativa americana (Hemingway, McCarthy, Carver, Salter...). El estilo conciso, poco adornado pero muy efectivo, o el realismo crudo que impregna los relatos, también me parece heredero de esta tradición americana.

Jon Bilbao es, como dice Alberto Olmos, un escritor. No hace falta ni siquiera ponerle adjetivos. Es un pedazo de escritor. Despliega una escritura clásica, maciza, poco dado a experimentaciones formales, pero en la que también es muy difícil encontrar grietas. Es verdad que algunos finales de algunos cuentos me han dejado con ganas de más, con ganas de que se los relatos se hubieran cerrado de forma más contundente, o con ganas de que se hubieran resuelto de otra forma. Pero para eso haría falta que los cuentos los hubiera escrito yo, y no, los ha escrito Jon Bilbao; y con ellos ha construido uno de los mejores libros de relato que se han publicado en España en los últimos años.

También de Jon Bilbao en ULAD: Shakespeare y la ballenaComo una historia de terrorFísica familiar

jueves, 17 de marzo de 2016

Tarashea Nesbit: Las esposas de Los Álamos

Idioma original: inglés
Título original: The Wives of Los Alamos
Año de publicación: 2014
Traducción: Ismael Attrache
Valoración: muy recomendable

Preciosa portada para un libro que ha pasado injustamente desapercibido, cosa injusta a la que vamos acostumbrándonos peligrosamente. No negaré nuestra parte de culpa en enfocar aquí y no allá. En, inconscientes, tender a entregar nuestra atención (nuestro tiempo) a propuestas que resuenan con más fuerza. Los clásicos, las polémicas, los autores de renombre, el fragor mediático que absorbe y anula, perdón por la plasta poética, el murmullo de tantos y tantos cauces que fluyen. No solamente se trata de nuevas editoriales que apuestan fuerte por imágenes distintivas, presentaciones cuidadas. Hay que revolver estanterías y hay que consultar referencias y hay, claro, que dejarse llevar por la intuición o por los consejos de los allegados y de los afines, ni que sea para, alguna vez, por tozudez o esencia de la contradicción, encontrarse con algo que nos demuestre que, a pesar de lo muy jodido que está todo, a pesar de que el panorama cultural parezca ser un continuo remar contra la corriente del pensamiento único, las sorpresas y los descubrimientos son, aún, posibles, aunque escasos.
Lo primero que llama la atención de Las esposas de Los Álamos es cómo Tarashea Nesbit renuncia a lo fácil. Que hubiera sido centrar su acción en una esposa en concreto, en una familia y su devenir, alrededor del cual hubiera podido, con todas las licencias creativas a su favor, construir una historia épica que se hubiera ganado al lector mayoritario. En vez de eso, osada, concibe esta narración como una historia coral (en el sentido estricto: todas las voces son a la vez y no hay forma de distinguir un solista), por lo que la novela no pierde en ningún momento el nosotras, esa primera persona femenina del plural, a la que hay que acostumbrarse. Hay que interpretar esta condición como una toma de postura de la autora. Porque Las esposas de los Álamos es la historia de un colectivo afectado por una curiosa historia poco conocida. Allá por 1944, en plena fase final de la II Guerra Mundial, el Proyecto Manhattan fue un movimiento estratégico del gobierno americano, una reacción ante los rumores de que el III Reich había puesto en marcha su propia iniciativa para lograr crear armas de aniquilación masiva. Consistió en la movilización de miles de científicos cuya misión, casi a contrarreloj, era conseguir tomar la delantera en esa carrera. Para ello, y junto a sus familias, con la intención (que tuvo un éxito pasmoso) de preservar la discreción y el secretismo del Proyecto, se les trasladó a comunidades, se les apartó de lo que había sido su vida hasta ese momento, y sus esposas formaron parte de ese micromundo destajista donde los maridos eludían las palabras o cualquier información que comprometiera el proyecto. Y trabajaban. Y del resultado final de su trabajo ya se ha hablado y se ha escrito mucho.
Las esposas de Los Álamos narra, eludiendo enfatizar heroismo o patriotismo, apelando al sentido práctico de quien se adapta a aquellos cambios contra los que poco puede hacer, toma testimonio de cómo reaccionan, qué diferentes y variadas son sus actitudes, cómo tienen hijos, cuidan de ellos, los educan en las circunstancias que les rodean, se organizan y acaban generando una sociedad dentro de ese colectivo, sociedad que incluso dispone de sus héroes y sus villanos. Nesbit no solo nos relata detalles de un episodio histórico. También, en ese abnegado tono, ejecuta un sentido homenaje a la figura injustamente secundaria que tenían las mujeres de la época.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Colaboración: A la sombra de las muchachas en flor, de Marcel Proust (En busca del tiempo perdido II)

Idioma original: Francés
Título original: À l'ombre des jeunes filles en fleurs 
 Año publicación: 1919
Valoración: Imprescindible

¡Basado en hechos casi casi reales!

—Oye, ¿cuándo piensas apagar la luz?

—En cuanto acabe éste capítulo, te lo prometo.

—¡Trae a ver cuánto te queda...! Pero… ¡Si esto no tiene capítulos ni separación entre los párrafos! ¡Y pesa como un ladrillo!. ¿A la sombra de las muchachas en flor? ¿Pero qué es esto?

—Un respeto por Don Marcel Proust y su obra. Estoy casi terminando el segundo tomo de su heptalogía (toma palabro) En busca del tiempo perdido y…

—¿Segundo tomo? ¿De siete? Ni que fueran los libros de Juego de tronos. ¿Te piensas leer siete libros así?

—Siete no. ¡Setenta veces siete!

—Anda. Déjate de rollos y dime, al menos, de qué trata.

—¡Fácil me lo pones! Pues mira. Realmente, para tener casi 700 páginas no trata de casi nada. Y trata de todo, por otra parte.

—¿Algo más concreto?

—Lo intento. En términos muy generales, la heptalogía son los recuerdos novelados del propio Proust (de ahí el título). Claro ejemplo es el primer tomo (Por el camino de Swann), formado fundamentalmente por sus recuerdos de infancia en Combray y por su primer amor casi de pre-adolescente: Gilberta Swann.

—¡Te preguntaba por A la sombra de las muchachas en flor! Por cierto, vaya título, por favor. ¡Abrevia!

—Vale. Mira, se divide en dos partes. La primera parte comienza donde terminó el primer tomo. Continúan los inocentes juegos en los Campos Elíseos con Gilberta, consigue que los Swann le inviten a su casa, donde puede estar más tiempo aún cerca de Gilberta y donde conoce al escritor Bergotte, lo que aprovecha para introducir multitud de reflexiones sobre el arte y los artistas. Todo esto hasta que Gilberta se cansa de su presencia constante y, como decía una famosa folclórica, a ésta “se le rompe el amor de tanto usarlo”. A pesar de eso (o por eso), el protagonista seguirá visitando a Odette de Crecy, madre de Gilberta.

—Muy gracioso eso de “se le rompe el amor de tanto usarlo”. ¿Y la segunda parte?

—Personalmente, esta segunda parte es la que más me ha gustado. En ella, después del fracaso con Gilberta y dado que el muchacho tiene una salud de lo más “delicada”, se va con su abuela y una criada a la ciudad balneario de Balbec a tomar baños de mar. Esto le implica separarse de su madre, lo que para él es todo un trauma.

—¡Guau! Toda una aventura!

—¡Fina ironía la tuya! Espera. Allí, entre visitas de cortesía, paseos, baños, más paseos, desayunos, comidas, meriendas y cenas, conoce a varios personajes que para él serán muy importantes: la marquesa de Villeparisis, el barón de Charlus, Robert de Saint-Loup (vinculados al ducado de Guermantes, que está presente en toda la obra) y, sobre todo, el pintor Elstir, que será clave en la formación estética del narrador. Y, por supuesto, el grupo de “las muchachas en flor”, con Albertine a la cabeza. Una Albertine, que vendrá a ocupar el lugar de Gilberta. Y, al igual que pasó con Gilberta, el amor por Albertine estará abocado al fracaso.

—¡Pobrecico! De todas formas, sigo sin entender el motivo de tanto Proust por aquí y Proust por allá.

—Es un poco difícil de explicar. Tiene un estilo muy personal. Mucho. Te diría que es el escritor del detalle y de la memoria por excelencia. Pero requiere cierto esfuerzo por parte del lector. Hay frases que son párrafos que son páginas enteras en las que además no pasa nada. Por ejemplo, es capaz de tirarse veinte páginas para describirte cómo incide sobre los diferentes objetos de una habitación un rayo de luz que se filtra por una rendija. Por otra parte, tiene la tremenda habilidad de hacer que esas situaciones aparentemente anodinas y triviales nos parezcan toda una odisea. Y tiene una capacidad de análisis brutal. En el caso de A la sombra de las muchachas en flor, al tratarse de la adolescencia y primera juventud del narrador, se centra en un triple descubrimiento: el del amor, el de la amistad y el del arte. Y analiza y reflexiona sobre estos tres temas de una forma magistral. Además de la disección que hace de las relaciones entre la gente de la “jet set” de la época. Por no hablar de las descripciones del paisaje, sus evocaciones, etc. Sé que no parece el libro más divertido del mundo, y no lo es. Pero una vez que “le has cogido el punto” no puedes dejar de leerlo. Es una sensación extraña. Como decía un “gran” cantante de cuyo nombre no quiero acordarme “Es casi una experiencia religiosa…”

A estas alturas, del otro lado de la cama vienen unos ronquidos capaces de despertar al mismísimo Marcel Proust. ¡Casi mejor! Es momento de aprovechar para levantarse, irse al sofá y terminar A la sombra de las muchachas en flor. Y, de paso, ir echándole un vistazo a El mundo de Guermantes, para irse mentalizando. Porque caerá. Tras un pequeño descanso, pero caerá.

P.D.: En los comentarios a la reseña de “Por el camino de Swann” se hablaba de las traducciones de la obra. Yo estoy leyendo la edición de Alianza, en la que los dos primeros tomos están traducidos por el poeta Pedro Salinas. He de decir, aun siendo un mero aficionado, que me parece una traducción excelente.

martes, 15 de marzo de 2016

Joxemari Iturralde: Golpes de gracia

Idioma original: euskera
Título original: Perlak, kolpeak, musuak, traizioak
Año de publicación: 2015
Traducción: el propio autor
Valoración: recomendable

El tolosarra Joxemari Iturralde, veterano de las letras vascas y miembro, allá por los 70, de la llamada Banda Pott (famosa sobre todo por los célebres recorridos posteriores de varios de sus miembros) aborda en este su último trabajo las vidas de otros dos eximios guipuzcoanos, los boxeadores Paulino Uzcudun e Isidoro Gaztañaga, ambos naturales de pequeñas localidades cercanas a Tolosa, precisamente. Dos historias que se van entrecruzando a lo largo de los años 20 y 30 del pasado siglo... O mejor dicho, avanzan paralelas -de hecho, Gaztañaga se metió en el boxeo a imitación de su ídolo Uzcudun-, pero que nunca se encuentran, al menos sobre un ring.

La novela, escrita con el estilo poco florido, más bien sobrio y eficiente, de un púgil con la guardia bien colocada, avanza pues por dos líneas narrativas, o en realidad por tres, porque el contrapunto a las trayectoria de los dos púgiles lo ponen las opiniones de los miembros del tolosano club GU, que apadrinan en un principio a ambos. Aparte de a estos miembros de la burguesía industrial vasca, nos encontramos en la novela toda una pléyade de personajes variopintos, desde estrellas de cine, vedettes y cantantes de ópera a prostitutas, estafadores, fascistas y campesinos vascos. Los escenarios de la novela no son menos variados: desde caseríos a bistrots parisinos, desde fiestas -y alcobas- hollywoodienses a burdeles colombianos; grandes hoteles, trasatlánticos, restaurantes neoyorquinos, salas de fiestas habaneras, fondas donostiarras, ranchos y cortijos... y, por supuesto, rings de boxeo a lo largo de medio mundo, montados en velódromos, plazas de toro, frontones, pero también en el mítico Madison Square Garden, donde Uzcudun, por ejemplo, perdió ante el no menos legendario Joe Louis, "el Bombardero de Detroit".

Una novela, por tanto, que nos brinda una panorámica de lo más interesante sobre el apasionante período de entreguerras, sin olvidar, claro, el tema político, aunque éste no hace su aparición en la narración hasta que se produce el estallido de la Guerra Civil española, pero a partir de entonces lo ocupa todo. la razón es que Uzcudun, uno de los deportistas vascos más célebres y exitosos de todos los tiempos fue además un falangista convencido y como tal no sólo participó en acciones de guerra alistado en el bando "nacional" -incluyendo el frustrado intento de rescate de su líder José Antonio-, sino, al parecer, también en la represión contra los prisioneros republicanos y además se desentendió del destino de personas que le habían ayudado en el pasado, represaliados por sus ideas políticas... Un tema espinoso, parece, durante muchos años en la comarca de la que eran todos oriundos y sobre la que Iturralde habla sin ambages pero sin tampoco ensañarse (de hecho, tengo entendido que también hubo miembros de GU vinculados al falangismo, lo que explicaría un episodio un tanto enigmático que aparece en el libro y sobre el que el autor no da mayores explicaciones). Gaztañaga, por su parte, se encontraba en América al estallar a guerra y, aunque leal a la República, prefirió quedarse allí hasta ver que pasaba. siguiendo un criterio que no podemos censurar... Se cerró así la posibilidad de que ambos púgiles se enfrentaran en un combate, algo que nunca habían hecho ni llegarían a hacer, pese a que la idea se barajó durante años.

Porque ésa es otra: tras una amistad durante años, los dos boxeadores se enemistaron a raiz de una cena en el "Zeru Txiki" de Brooklyn... cabe suponer que cuando Uzcudun había llegado a su cénit pugilístico, mientras que Isidoro Gaztañaga se encontraba aún en ascenso -de hecho, se dice que éste tenía unas condiciones inigualables para el boxeo y que sólo su desidia e inconstancia entrenándose ponían freno a sus posibilidades-y podría haber ganado el título mundial que su paisano no consiguió conquistar. El final de ambos también resulta de lo más dispar y, desde luego, significativo de sus diferentes caracteres. Lo que sí tenían en común, aunque parece que Uzcudun era más formal que el muy golfo Gaztañaga, era su afición por las mujeres; a partir de su éxito en los rings, en el caso de Paulino, bastante anterior a ella en el de Isidoro -conocido en Estados Unidos como "el bello Izzy"- y que articula incluso toda la novela: todos los capítulos  llevan por título un nombre de mujer (aunque es cierto que no en todos los casos se trata de queridas o amantes ocasionales; también madres, esposas, hermanas...).

En suma, una novela interesante y fácil de leer que aporta una visión diferente y tal vez complementaria de parte de la Historia no sólo vasca o española sino de toda una época en la que el mundo se dirigía. entre risas de fiestas y tragedias, hacia su autodestrucción.

(Una última nota, quizás anecdótica pero significativa: en la anterior novela que reseñé en es te blog, El intocable, los personajes, que eran británicos, bebían como cosacos; en ésta, en la que muchos personajes son vascos, más bien comen como lobos hambrientos... ¿Cuestión de idiosincrasia o tópicos?)