domingo, 31 de mayo de 2015

Franz Kain: El camino al Lago Desierto

Idioma original: alemán
Título original: Der Weg zum Ödensee
Año de publicación: 1974
Traducción: Richard Gross
Valoración: muy recomendable

Cuando alguien emplee la palabra nazi gratuitamente (por ejemplo, aludiendo a un grupo de individuos pidiendo decidir su futuro) habría que explicarle historias como las de esta escueta narración. A ver qué cara se le quedaba. Kaltenbrunner huye: a través de las montañas, entre la nieve, acompañado de gente de confianza. Huye porque el Reich se desmorona, porque la apuesta a todo o nada ha salido mal (aunque no tanto como a muchas de sus víctimas) y porque sabe que, franqueada cierta barrera, la opción de esconderse por un tiempo y renacer (Sudamérica, la España franquista) es más que posible, solamente con un poco de suerte, o con el inestimable soporte de todas las redes que los nazis urdieron para ayudarse entre ellos una vez descabalgados del poder, y seguros de que sus fechorías serían castigadas debidamente.
Y Franz Kain, escritor austríaco de escaso reconocimiento, explica esa huida, la reviste de una cierta épica alpina, pero alterna esos pasajes de montañismo con los hechos de Kaltenbrunner dentro del ejercicio de su cargo de alto rango para el Reich. Así que de héroe, nada. Simple y llanamente otra rata, ésta de gran tamaño, abandonando el barco que se hunde. Así transcurre esta breve narración, entre pasajes líricos que parecen recordarnos a Sonrisas y lágrimas y crueles pasajes de flash-back (cómo los que torturaban al protagonista de El prestamista) donde comprobamos como Kaltenbrunner aplicaba la inventiva a cuestiones como la optimización de los métodos de ejecución. No por ser un camino ya muy transitado menos efectivo. 
Parece ser que Kain estuvo dando vueltas a esta brillante pieza a lo largo de varias décadas, justo pocos años después de que se produjeran los hechos que aquí dramatiza, hasta que, casi treinta años más tarde, la versión definitiva apareció dando título a un libro de relatos que la incluía. 
Cuestión que me lleva a una reflexión final. 
El camino al Lago Desierto se nos presenta con los valiosos aderezos de un glosario por cortesía de su traductor y un post-facio que añade importante información que nos ayuda a apreciar lo trascendente de su publicación. Eso hace alcanzar al conjunto la centena de páginas, otorgándole una presencia de obra completa. Señores de Periférica, ¿tanto costaba incluir los relatos que acompañaban originalmente al relato, respetar su unidad y, quizás, conservar esta aportación inicial para recalcar el relato principal? Porque a un servidor, que intenta, ya que estamos, no solamente aconsejar buenos libros, sino conseguir que lectores potenciales puedan elevar su entusiasmo hasta valorar una eventual tenencia del objeto, no le gusta andarse con estas varas de medida. Pero estas cien paginitas tienen prácticamente el mismo precio que las 1100 largas de la edición de bolsillo (!!!) de La broma infinita de DFW. Ya sé que la literatura no se vende a peso, Ya. Pero si que hay algo llamado duración del disfrute. Y este libro, con sus cualidades, se despacha en un par de horas y, puede, espoleados por el post-facio, merezca una atenta segunda lectura. Pero ya está: editoriales independientes mega-cool cuidadosas de ediciones y rescate de autores olvidados y actualización de buenas traducciones: no caigan (hagan el favor) en esa peligrosa dinámica de ofrecer objetos caros para que solamente unos pocos escogidos accedan a los valiosos frutos de su trabajo. Que éste lo es, de valioso, pero, echen números, a qué abusivo precio.

sábado, 30 de mayo de 2015

Gabriel Rodríguez García: Maestro, extráigame la piedra

Idioma: castellano
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable

¿Qué tienen en común, por ejemplo, una prostituta del oeste americano, un cosmonauta ruso o el hijo del jefe de una tribu africana? ¿O, por seguir poniendo ejemplos, un aficionado a recrear batallas con soldaditos de plomo, un artista suicida o el mismísimo Robinson Crusoe? Pues que todos estos personajes y bastantes más, aparecen en este libro de cuentos del escritor leonés Gabriel Rodríguez García. Un libro compuesto por 22 relatos cortos (algunos, cortísimos, de apenas una página), y que tienen como común denominador un agudo sentido del humor, una sorna que en ocasiones deviene en ácida ironía y un dominio notable de los recursos del lenguaje narrativo y de los códigos de diferentes registros literarios, aunque sea para ofrecernoslos en clave de parodia.

Los temas de estos cuentos o relatos son variados. Destacan, por su número,  los dedicados a la crítica social, política o incluso económica, bastante acordes con los tiempos que vivimos: Jack, Molly, etc...Instrucciones para aburguesarse, Nosotros que nos queremos tanto, Patada hacia arribaLos revolucionarios somos así (éste último, no tan pura ficción como pueda parecer). También hay unos cuantos que hablan de los prejuicios, las ojerizas y las miserias tan habituales entre los que cultivan las artes y no digamos ya las letras, aun con escaso éxito (o, precisamente, cuando el éxito es escaso): El canonLas vanguardias, imbécil, Los de la tertulia...  Mis favoritos, sin embargo, sobre todo porque creo que son los más logrados y con una composición más redonda, son algunos en los que la frontera entre realidad y ficción se desdibuja, o aquéllos en los que el autor experimenta con otras formas narrativas, con éxito y con el mérito añadido de hacerlo en un número mínimo páginas: Vida social, Viernes y yo, Por una cabeza, Almacenes Macario... relatos protagonizados por personajes un tanto desviados de la razón o de lo que la sociedad circundante considera que es la razón. El propio y curioso título del libro, Maestro, extráigame la piedra, hace referencia a aquella piedra que en otro tiempo se pensaba que causaba la locura de los hombre y que los médicos, cuando no barberos o curanderos, trataban de extraer de la cabeza de los afectados. Una piedra que parece también alojada en la cabeza de los protagonistas de todos esos cuentos y, tal vez, en la de todos nosotros, que nunca se sabe...

En casi todos los relatos el autor echa mano de un humor que a veces gira hacia el negro cerrado, pero, no obstante, sin olvidar una mirada amable sobre sus personajes, aun a pesar de las perrerías que les reserva, en ocasiones. Una mirada, pues, benévola pero no sensiblera, despierta pero no despiadada, irónica pero no sarcástica (bueno, quizás un poco sí...). La mirada de un escritor que esperemos siga escribiendo y del que volvamos a tener noticias pronto.

viernes, 29 de mayo de 2015

2 x 1: Colaboración: Milena Busquets Tusquets: También esto pasará


Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración:  Irrelevante.

Sin temor a equivocarnos podemos señalar que este libro es breve. No sólo es breve, sino que además tiene un título evocador. Por si estos fueran pocos méritos, y no se han enterado, no sé en qué planeta viven ustedes, este libro arrasó en la feria de Frankfurt y suscitó el interés de innumerables editoriales y hasta de alguna productora, por lo que podríamos incluso verlo trasladado a la gran pantalla. Ahí es nada. Dicho esto y si nada lo evita, y parece que Antonio Gala no tiene nada en imprenta, supongo que con la promoción adecuada agotará ediciones en la próxima feria del libro. ¿ Lo reservan en su carrito de compra? Pues no sé. Yo le dediqué un par de tardes, ya les he dicho que es breve, y no hay vuelta de hoja, pero si fuera ustedes, casi me esperaría a la película. Bueno, yo les cuento y ustedes deciden.

Blanca, alter ego de la autora, tiene la enorme fortuna de veranear en Cadaqués. Cuando está allí le gusta salir a navegar, cenar con sus amigos, hacerles carantoñas a sus retoños si se cruzan en su camino, observar con detenimiento los mohines del perro de la casa y ligar, o al menos intentarlo, con algún veraneante, si se tercia y su amante casado no está a tiro. De vez en cuando, va intercalando recuerdos de sus veranos en la casa familiar, y aquí y allá nos habla puntualmente de su madre muerta, en este caso, la escritora y editora Esther Tusquets. Al parecer, la Tusquets era una mujer moderna y de carácter difícil a la que le gustaba vivir su vida y hacer lo que se le antojara. 

Parece, y digo parece porque no queda muy claro el motivo, que las relaciones madre-hija no eran muy estrechas, pero Blanca, es decir Milena, echa mucho de menos a su madre y no consigue superar su ausencia. Blanca está desorientada y su vida sentimental es bastante caótica. En este sentido, la autora no consigue encontrar el adecuado tono elegíaco que emocione al lector y le haga comprender el motivo último de tanto pesar. Pesar que se supone que es el hilo central sobre el que se debería sustentar el libro. No seré yo el que pida un relato lacrimógeno cargado de reproches hacia la madre muerta, ni una oda sobre sus innumerables virtudes personales y profesionales, pero al adoptar la escritora ese distanciamiento respecto a lo que nos cuenta sobre la madre, sólo nos queda el relato de las vivencias de la protagonista y éstas son tan livianas e irrelevantes, salvo para ella misma, que resulta difícil empatizar con sus correrías por Cadaqués. Por lo que nos cuenta y cómo nos lo cuenta parece que estuviéramos reviviendo un verano de gente bien jugando a ser progres que, desgraciadamente para ella, hace mucho tiempo que acabó. Efectivamente tal como le reprocha una amiga a nuestra protagonista, la idea central que sobrevuela el texto es la de estar leyendo el diario de las vacaciones de “una niña pija que vive de la renta…en un mundo de fantasía absolutamente inventado que tiene muy poco que ver con la realidad”. 

No puedo, ni quiero, alargarme más. Permítanme un consejo, bueno, dos. En primer lugar, si tienen ocasión, hojeen distraídamente el libro en cualquier gran superficie y marchen directos al epílogo. Concentradas en esas breves páginas encontraran una tensión emocional y un pulso narrativo de los que, desgraciadamente, carece el resto del texto. Finalmente, y si lo hacen no digan que no se lo he advertido, por nada del mundo pasen por el blog de la autora.

En resumen, también este libro pasará.

Firmado: José Miguel Martínez Camino

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Cadaqués, escenario de la novela: También aquí se puede sufrir
Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: ventajista

Aclaro. Primero, estaba la otra reseña. Que ya empezaba sesgadilla, oigan; mencionar el segundo y redundante apellido de la autora ejercía de declaración de principios. Porque la Tusquets, Esther, madre fallecida de la novelista, era editora de Lumen, amiga de Beatriz de Moura, la de la editorial, ejem, Tusquets y amiga de Jorge Herralde, factótum de Anagrama, a la sazón, editorial de este libro. O sea: ya estamos casi todos. La propia Milena Busquets procede, no solamente por vínculos familiares, del mundo editorial de raigambre barcelonesa y de vocación independiente. Ella mismo fue editora. Y esto es una enorme ventaja. Disponer de contactos, conocer los resortes, atesorar experiencia de textos y textos como para saber, al menos, que ciertos botones tienen más garantías de funcionar, una vez pulsados.
Imposible, para mí, abstraerse de estos hechos, no consultar algunas opiniones, coincidir en aspectos del agudo análisis de Mónica Basterrechea, o, por ejemplo, y cosa de la que fui advertido, visitar el blog de la autora. Demasiadas tentaciones en las que caer.
Pero se trata de intentar ser objetivo. Desde el gusto propio, desde la experiencia, desde la comprensión de que no hay porque renunciar a los orígenes y tratar de aparentar ser diferente de lo que se es. Y esto va por la autora.
Milena Busquets llama Blanca al personaje que usa para conducir una narración de marcado carácter autobiográfico. No le veo sentido a ese amago de anonimato, porque Blanca empieza el libro en el entierro de su madre, y Blanca oscila entre dos polos de atracción: tono melancólico ligeramente marcado por la particular personalidad de la madre (a la que se muestra como una persona de fuerte carácter que, encima, ha martirizado a todo quisqui en el último tramo de la enfermedad degenerativa que ha acabado con su vida) y tono frívolo, cuando, en un movimiento pendular, pasa a relatar sus relaciones con los hombres. Esas oscilaciones podrían ser un atractivo si no fueran tan previsibles y, en último extremo, acabaran por no llevarnos a ninguna parte. Cuando se acerca a un territorio proclive a lo lacrimógeno, la chica se nos va a la cama. Pero (hablamos de una señora de sociedad benestant barcelonesa) no se va a recrear en los detalles. La falta de carnalidad aquí es algo exasperante. Todo es pulido y clínico y calculado.
Peor aún me resulta la irregularidad en lo escrito: Milena Busquets es capaz de obtener puntuales y pequeños logros, de trazar con dos o tres frases cierta calidez, alejada de lo plañidero, para, a continuación, precipitarse por las simas en párrafos que, siendo benévolos, parecen extraídos de material de relleno para el Cosmopolitan. Frases cuajadas de tópicos insertadas en diálogos que deniegan, una vez y otra, la pretendida profundidad, el pretendido testimonio generacional que algunos insisten en atribuir a esta novela. Volveré a parafrasear a Mónica Basterrechea. También esto pasará, que va a ser traducida a un montón de idiomas, acaba no superando esos lastres, resultando una especie de Diario de Bridget Jones más cuidadosa con las formas, un dietario personal, con amagos catárticos pero donde se impone una ligereza de señora bien de barrio elegante (pululan por ahí ex-maridos, amantes reales, ocasionales, imaginarios, y un extenso catálogo de personal de servicio- Busquets es de esa clase de gente que se lleva a los canguros de vacaciones) u, horror, un Sex and the City de familias monoparentales con exclusivas segundas residencias en plena Costa Brava. Con una dejadez burguesa, una despreocupación sonrojante por los aspectos materiales, y una falta de trascendencia que, visto el revuelo que parece causar este libro, casi me abruma. Porque intuyo, entre líneas, que quizás Milena Busquets sería, por su bagaje, capaz de sacar partido a algún tema, o mejor partido al propio de esta novela. Pero, claro, a ella, no le ha hecho falta, para nada.

Francesc Bon

jueves, 28 de mayo de 2015

Javier Pérez Andújar. Paseos con mi madre

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Muy difícil, para uno, valorar un libro algo extraño como este. Ni siquiera sé si la palabra extraño lo define. No debería encajar con algo, en el fondo, bastante clásico, como un relato de experiencias propias, de vivencias basadas en algo tan mundano como es el paseo. El ir y venir, en este caso, por las zonas menos favorecidas, menos mostradas a los turistas, de una gran ciudad como Barcelona y de algunas de las poblaciones que la rodean, eso tan ochentero llamadas ciudades satélite o ciudades dormitorio o, ya no tan delicado, suburbios o cinturones industriales. Barrios de L'Hospitalet de Llobregat, Sant Adrià de Besòs (ciudad natal del autor), Badalona o Cornellà. Poco a poco, todos son mencionados, sus rincones nombrados y su situación más o menos detallada. Respondiendo a un patrón común, barriadas crecidas en los años 60 y 70 para acoger las oleadas migratorias que, procedentes de Andalucía o Extremadura, la entonces pujante industria fabril catalana requería como mano de obra.
Pérez Andújar lo hace bien. No pierde ninguno de los detalles habituales de las crónicas de extrarradio. Los problemas con las toxicomanías, la austeridad, el desempleo, las tiendas de barrio ahora sustituidas tanto por grandes superficies como por comercios regentados por nuevas oleadas migratorias (esta vez más de lugares más ignotos). El día a día de quien se pasa en la calle porque su casa, pequeña, austera. le angustia y le agobia. Pero hay dos cosas que no acaban de encajarme en esta narración. Posiblemente el lector paciente y voluntarioso pueda disculparlas.
Primera: el uso de Andújar del tiempo futuro mantiene todo el libro en una especie de suspense que no se acaba de resolver. Como un tamborileo al que le falta el platillazo. Una y otra vez, Andújar se desdobla y explica qué pasará a continuación, cómo cada una de sus experiencias de niño son precedente y causa de su existencia adulta. Pero no hay más repercusión: voy por aquí, luego me interesaré en el futuro, por colaborar con cierta publicación, Me relaciono con este círculo, luego yo andaré y veré a esas personas, el deterioro que causa el tiempo en ellas mientras yo, escritor y articulista para algún medio mayoritario, iré tirando y contemplaré el barrio con cierta nostalgia teñida de condescendencia.
Segunda: la cosa esta que de vez en cuando saco de la intención. Mención aparte de que Pérez Andújar parece tener una vida convencional y rutinaria como la de cualquiera, y que no hay experiencia alguna a temas más físicos, salvo la innegable pulsión inherente a todo escritor de interesar, no veo sentido a este ejercicio. Enumerar barrios, situaciones, calles, incorporar pequeñas anécdotas relacionadas con esos escenarios, todo eso puede resultar completamente justificado para aquel que, como Andújar, quiere emplear un texto más o menos extenso para homenajear sus orígenes. Pero no acabo de verle el sentido a su publicación, a ponernos a todos (bueno, a los que nos decidimos a leerlo) en su conocimiento. Cosa que sí aprecié, por ejemplo, en Solsticio, de José Carlos Llop. Una lectura agradable, ligera, quizás (la cercanía de cada uno al autor ya lo determinará) hasta entrañable. Pero de escasa perdurabilidad.

miércoles, 27 de mayo de 2015

China Miéville: Un Lun Dun

Idioma original: inglés
Título original: Un Lun Dun
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Este es uno de esos libros (no muchos, que conste), enviados por la editorial para ver si tenemos a bien reseñarlo, y no ponerlo a caldo. Y no, pueden quedarse tranquilos los amigos editores: no lo voy a poner a caldo.... Lo primero que me llevó a pedir el libro a la editorial fue sobre todo el autor, China Miéville, del que hace tiempo leí otro libro que me encantó, la novela policiaco-fantástico-weird La ciudad y la ciudad. Y también el título y el resumen, que prometían un viaje a una versión alucinada y deformada de Londres a través de la peculiar imaginación del escritor británico. Y aunque se trata de una obra del género juvenil, y no suelo leer muchas obras de este tipo (las últimas que leí creo que fueron las de la serie de Harry Potter), me decidí a leerlo. Y ahora, a reseñarlo.

Un Lun Dun (un título que en el original juega con el nombre de UnLondon, la contrapartida fantástica de Londres en la que transcurre la mayor parte de la acción) cuenta las aventuras de dos niñas, Deeba y Zanna, que de pronto se ven convertidas en protagonistas de la guerra que los habitantes de Alondres mantienen contra el Esmog, un malvado monstruo hecho de humo, contaminación y basura. Allí encontrarán toda una galería de personajes extraños, como el mediofantasma Hemi, el costurero Obaday Fing que lleva los alfileres clavados en la cabeza, o el conductor Jones, un conductor de autobús de Londres que ahora ejerce en Alondres en un clásico autobús de dos pisos.

Naturalmente, siendo este un libro de género juvenil, así que ya suponía que el mundo inventado no iba a ser tan oscuro ni tan violento como el de La ciudad y la ciudad; lo que hay es un derroche de imaginación, por momentos apabullante, que se manifiesta en la creación de personajes, de criaturas y de espacios urbanos grotescos. Alondres, esa ab-urbe a la que llegan todas las cosas que ya no sirven en la ciudad de Londres, es sin duda lo mejor de la novela. En la nota final se agradece, entre otros, a Lewis Carroll o a Neil Gainman la inspiración y los antecedentes; personalmente me sorprende que no aparezca en esa lista el recientemente fallecido Terry Pratchett, ya que este Alondres me ha recordado por momentos al Ankh-Morpork del Mundodisco (aunque sea mucho más contemporánea, claro).

La mayor crítica que le hago al libro es que, sobre todo a partir de la mitad, abandone algunos de los elementos originales de la trama (la dinámica entre las dos chicas protagonistas funcionaba muy bien, por ejemplo) y se encaje demasiado perfectamente en el viejo esquema épico del héroe (heroína) que tiene que superar una serie de pruebas, encontrar un objeto mágico y derrotar al villano para reinstaurar el orden. Es algo que le pasa también a Terry Pratchett, por cierto: es muy original en el planteamiento de sus tramas, y muy tradicional en la forma de resolverlas. Esa segunda mitad, sinceramente, se me ha hecho un poco larga.

Pero en conjunto, Un Lun Dun es un buen entretenimiento y una buena recomendación para jóvenes lectores, en el que Miéville muestra una vez más su prodigiosa imaginación para crear mundos alterantivos. En el original, por lo que leo, la obra incluía unas ilustraciones del autor que en la edición española no se incluyen, lo que es una pena. En todo caso, no quería terminar la reseña sin hacer mención a la traducción de Gema Facal Lozano y Joan Eloi Roca: en una obra que juega tanto con el lenguaje, y en el que muchos de los nombres de personajes y lugares tienen un doble sentido, creo que han hecho una labor excelente que el lector agradece.

Traducción

También de China Miéville en ULAD: Un Lun Dun

martes, 26 de mayo de 2015

Robert Louis Stevenson: Ensayos literarios

Idioma original: inglés
Año de publicación: antes de 1894
Traducción: Beatriz Canals y Juan Ignacio de Laigleisa
Valoración: entre recomendable y está bien

Cuenta Javier Marías en su Vidas escritas que Henry James admiraba enormemente a su amigo Robert Louis Stevenson -y viceversa- hasta el punto de considerarlo "uno de sus escasos interlocutores en el campo de la teoría" literaria, pero que hoy en día "casi nadie se molesta en leer los ensayos de Stevenson, que se cuentan entre los más penetrantes y vivos del pasado siglo" (se refiere al XIX, claro, porque le libro de Marías se publicó en 1992). El caso es que, intrigado por esta aseveración, yo sí me he "molestado" en leerlos, cuando he tenido la oportunidad. y he de decir que no ha sido ninguna pérdida de tiempo, aunque como no soy un estudioso de la teoría literaria, y menos aún de la del siglo XIX, carezco de los conocimientos y el criterio necesarios para ratificar lo que afirmaba Marías.

Ahora bien, sí puedo decir que R.L. Stevenson, además del magnífico narrador que todos conocemos (y al que tanto debemos muchos de los ahora inoculados con el veneno de los libros), era un apasionado lector y amante de la literatura en todos los pormenores del oficio. Así lo atestiguan algunos de estos ensayos, como los que dedica  a aleccionar a quien se quiera lanzar a la azarosa actividad de escribir: Carta a un joven que se propone abrazar la carrera del arte ( "...la maldición de las ocupaciones destinadas a deleitar es el fracaso."); el muy divertido Acerca de la elección de profesión ("...Probablemente  no importe mucho aquello por lo que te decidas; pues, a la larga, la mayoría de los hombres se hunden en el grado de estupor necesario para sentirse satisfechos de sus distintas posesiones...");  o también La moral de la profesión de las letras.

En otros ensayos se dedica ya a analizar elementos mucho más técnicos del estilo literario, como, por ejemplo, los efectos de ciertas aliteraciones (aunque sólo se puedan apreciar en el texto original en inglés) o la importancia de la trama con respecto a la elección de la palabras y viceversa. También trata el fenómeno de los autores populares, de la llamada "prensa de un penique" o las "bibliotecas circulantes". Autores "grandes del polvo" que él contrapone a los "escritores de clase alta" -como James, precisamente- y aunque muy leídos en su época, hoy en día supongo que no le sonarán a casi nadie. Hayward, Bracebridge Hemming, Pierce Egan, Edward Viles, Malcolm Errym... No obstante, en la sección llamada Críticas literarias sí que encontramos escritores cuya fama y, sobre todo, cuyos libros, nos han llegado incólumes e incluso se han convertido ya en verdaderos clásicos: Julio Verne, Poe, Dumas (padre) o el para mí desconocido Bunyan, pero cuyo El progreso del peregrino resulta ser uno de los libros favoritos de Stevenson. Muy interesante resulta leer cómo Stevenson juzga a escritores que ahora vemos como parte de la Historia de la literatura, desde una perspectiva contemporánea, o casi... e incluso, en el caso de Verne, como a un escritor emergente, aún por "confirmar".

Además, encontramos también una charla sobre la novela, en la que teoriza sobre los tipos de ésta que se cultivaban en su tiempo y la respuesta a ciertas declaraciones sobre el tema expresadas por Walter Besant y...Henry James, precisamente, con los que polemiza amablemente al respecto, sobre lo que debe o no concernir a la ficción en prosa y sus condicionantes de lo que consideramos como novela ( "La vida es monstruosa, ilimitada, absurda, profunda y áspera; en comparación con ella, la obra de arte es ordenada, precisa, independiente, racional, fluida y mutilada"-"Toda novela, primero y cada género de novela, después, existe por y para sí misma").

En suma, una serie de apuntes -también encontramos unos "Bocetos" literarios- y reflexiones de un gran escritor sobre la ocupación que absorbió buena parte de su existencia, y que nos brindó obras y personajes especialmente perdurables y queridos para todo amante de la lectura. Una obra desde luego interesante y sin duda muy recomendable para los seguidores de Stevenson, que además, nos brinda alguna que otra frase definitoria del espíritu que anima sus otros libros y que animó, sin duda, su demasiado corta vida:

" La ficción es al adulto lo que el juego al niño; en ella cambia la atmósfera y el curso de nuestra vida; y cuando el juego armoniza con la fantasía de tal modo que se participa en él de todo corazón, cuando cada nuevo giro satisface, cuando gusta evocarlo y demorarse en su recuerdo con auténtico placer, entonces la ficción se llama novela ".


Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoroEl Club de los Suicidas

lunes, 25 de mayo de 2015

Eladi Romero García: 1914 El asesinato de Sarajevo

Resultado de imagen de el asesinato de sarajevo novelaIdioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: se deja leer



Una novela nunca es una simple sucesión de acontecimientos sino un trozo de vida que se desarrolla ante nuestros ojos y del que, incluso, podemos formar parte si nos sentimos mínimamente implicados. Es preciso oler, tocar, escuchar, ver, incluso saborear en ocasiones, el trozo de realidad que el autor ha forjado para que, de alguna manera, forme parte de nuestra vida durante un periodo limitado, el que tardamos en llegar a la última página. Esto, que parece una obviedad, no es tan fácil de conseguir, por eso las obras que cumplen estos requisitos se pueden contar con los dedos.

El subgénero histórico no puede ser una excepción, ni conformarse con hilvanar unos cuantos sucesos extraídos de las crónicas añadiendo un fondo ambiental más o menos definido, algunas suposiciones traídas por los pelos y un puñado de diálogos no demasiado creíbles.

Como la novelización es casi inexistente, historia es lo único que encontramos aquí. El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria –futuro heredero del trono austrohúngaro– y su mujer, la condesa Sofía, fallecieron en atentado cometido por un grupo de siete jóvenes procedentes de un grupo nacionalista serbio conocido como la Mano Negra, estableciendo así las condiciones para que la Primera Guerra Mundial estallase solo un mes más tarde. Esto se deja claro, sí, pero poco más. No se profundiza demasiado, ni en la situación política del momento, ni en el clima social, ni en la postura y reacciones de los agentes en juego, tampoco se aportan muchos datos del entorno, de forma que quedan en el aire una gran cantidad de preguntas. Si Eladi Romero hubiera presentado los antecedentes con claridad, si hubiese analizado las causas teniendo en cuenta todas las fuerzas políticas y sociales en juego, además de desentrañar en lo posible los auténticos motivos de los personajes y dibujar un retrato creíble de ellos, es decir, si hubiese recreado debidamente los hechos descubriendo al lector el comportamiento de cada individuo así como la relación entre ellos, en lugar de limitarse a exponerlo sin más, hubiésemos podido disfrutar de la lectura y, de paso, entender un poco mejor un significativo episodio de la historia europea del siglo XX.

En cambio, conocemos el nombre y  la edad de los participantes en el atentado, el desarrollo escueto de los preparativos, la declaración, quizá literal, de alguno de ellos. También se nos informa de las condenas. Datos, datos y más datos. Tan fríos y dispersos como los de cualquier texto escolar. Aburridos incluso. Una pena, porque las posibilidades del argumento eran infinitas a priori. Y hubiesen dado verdadero juego desde todos los puntos de vista si el autor se hubiese molestado en analizar con profundidad cada faceta y aportar un mínimo de vitalidad narrativa al conjunto.

domingo, 24 de mayo de 2015

Varlam Shalámov: Relatos de Kolimá, Volumen I

Idioma original: ruso
Título original: Колымские рассказы
Año de publicación: 1973
Traducción: Ricardo San Vicente
Valoración: muy recomendable

Cosas del mundo multimedia: a la vez que leía los Relatos de Kolimá he estado siguiendo una excelente cuenta en Twitter: @deportado4443 me ha estado llevando durante unos días por los acontecimientos del día a día de un preso español en los campos nazis de Gusen y Mauthausen. Curiosa coincidencia, y habría quien diría aquello de que los extremos se tocan, o lo del rasero común de los totalitarismos, pero a mí (hoy) no me apetece meterme en cuestiones políticas. Diría que ciertas desviadas mentes humanas encuentran rápido la salida más cercana a su obsesión por la crueldad. Hitler o Stalin, qué más da. La eliminación del disidente, la psicosis por la depuración de quien no piensa igual. Todo, como un mecanismo abyecto más de perpetuación en el poder. El pretexto, ya se buscará. Dictadores de diferentes índoles, criminales de la misma calaña.
Valga el ejemplo. A Varlam Shalámov se le obligó, políticamente, a renunciar a lo escrito en los seis volúmenes de los Relatos de Kolimá, como condición para una especie de rehabilitación. Tiempos difíciles, los 70: guerra fría, el KGB, Vietnam, Corea, inestabilidad en Asia, en América del Sur, en África. Solo faltaban escritores como Shalámov o Solzhenitsyin aplicando el rasero igualitario, mostrando al mundo la enorme profesionalidad del régimen soviético en lo de someter a la gente.
El frío, los parásitos, el hambre, el esfuerzo del trabajo forzado, las malas compañías, la violencia generada por las extremas condiciones de subsistencia. Contra todo eso han de luchar los personajes que habitan los relatos contenidos en este primer volumen (siguieron otros cinco). y el calado de sus experiencias en el lector es, por atribuirle un calificativo, desazonador. Se trata de presos internos en campos de Kolimá, la célebre taiga siberiana, de presos hacinados en naves heladas, expuestos a agotadoras jornadas de dieciséis horas sin descanso, en condiciones de temperatura que hacen que 30 bajo cero se considere un respiro, con estrictas normas en lo referente a los objetivos de producción de su trabajo, pero, por encima de todo, y merced al sistema de depuración implantado, víctimas de un meticuloso proceso de deshumanización, de un espantoso (por lo cruel, por lo planificado) tránsito de aquello que han dejado atrás en su lejano (lejano se percibe ya en el momento de su llegada a los centros de internamiento) pasado. Pueden ser estudios superiores, profesiones, dedicación a la política, al desarrollo de alguna actividad intelectual, o delictiva. El internamiento en Kolimá, cuya causa y duración de condena es obligada a describir a cada preso cuando se presenta, neutraliza el pasado y solo una combinación de resistencia y fortuna aleja a unos pocos del peor destino.
Shalámov combina relatos cortos, prácticamente situaciones, con algunos más prolongados y reflexivos. El ámbito temporal de este primer grupo, de 1955 a 1960 corresponde a uno de varios internamientos que sufrió. Es una escritura dura, resignada, con referencias que se cruzan entre algunos relatos, y con una tristeza subyacente que pueden ahogar a algún lector. No hablamos aquí de crueldad y sadismo. Hablamos de muchos seres en una carrera no exenta de picaresca, por conseguir algún exiguo y patético triunfo que los libre de la incerteza del día siguiente y, como en muchos casos, con profusión de detalles tal que, la sensación de realidad, de verosimilitud, de testimonio en primera persona, no puede definirse de otro modo que como estremecedora.

sábado, 23 de mayo de 2015

Lawrence Block: Cuchillada en la oscuridad

Idioma original: inglés
Título original: A stab in the dark
Año de publicación: 1981
Valoración: está bien

Hace poco discutía con una compañera de la universidad sobre la (in)existencia de los géneros, hablando específicamente de la distinción clásica entre novela policiaca (Conan Doyle, Agatha Christie...) y la novela negra (Dashiell Hammett, Raymond Chandler...). Creo que está claro que si pensamos en los géneros como definiciones taxonómicas científicas, objetivas e inmutables, nos encontraremos con muchos problemas, porque habrá obras que escapen a esas clasificaciones, que jueguen con ellas o que las subviertan voluntariamente. En cambio, creo que la idea de género tiene validez si se considera que es un conjunto de códigos (mejor que "reglas") que comparten los autores y los lectores ("y los editores", me recordaba mi colega), y que son susceptibles de evolucionar en el tiempo, e incluso de desaparecer (caso, por ejemplo, del poema épico, la novela pastoril o la picaresca).

Esto viene a cuento de Lawrence Block, un escritor que sin duda es de segunda fila en el mundo de la novela policiaca (perdón, novela negra) pero que ha recibido numerosos honores por sus novelas protagonizadas por el detective Matthew Scudder, o por el ladrón Bernie Rhodenbarr.  

Cuchillada en la oscuridad, cuarta novela de la serie de Scudder, es una novela de género en cuanto que se adapta perfectamente a los códigos establecidos por sus predecesores: un detective ex-policía, que flirtea con el alcoholismo y que ha fracasado en su vida personal (aunque no ha perdido su atractivo de "tío duro"); un ambiente urbano degradado (concretamente, Nueva York); un crimen violento (del que casi no hay pistas, porque fue cometido hace nueve años); una investigación que consiste más en remover el avispero que en propiamente hacer deducciones lógicas; y una resolución satisfactoria para el lector, aunque no exactamente para el personaje.

El placer de las novelas que se insertan cómodamente en un género consiste precisamente en la repetición: sabemos lo que vamos a encontrar y lo encontramos, con ciertas variantes, claro, porque si no estaríamos leyendo siempre la misma novela. Es significativo que las obras de la serie de Scudder sean mutuamente intercambiables: a diferencia de lo que sucede con otras sagas detectivescas (pienso en las novelas de Mankell, en las de Camilleri o incluso en las de Michael Connelly), no hay una evolución biográfica del personaje, que siempre está en un estado depresivo y alcoholizado (o luchando por desalcoholizarse).

Hay por lo tanto un placer en leer novelas así: el placer de lo conocido, de la variación sobre un mismo tema. Y hay también arte en saber adaptarse a los códigos de un género, y conseguir crear obras que atrapen al lector - que se deja atrapar, porque es para entrar en ese juego para lo que ha cogido esa novela.

viernes, 22 de mayo de 2015

Gianluca Morozzi: Blackout

Idioma original: italiano
Título original: Blackout
Año de publicación: 2004
Traducción: Pilar González Rodríguez
Valoración: entre recomendable y está bien

Coincidiremos en que subir al ascensor con algún desconocido suele ser una situación bastante embarazosa, por más que cotidiana (por suerte, existe el socorrido recurso de hablar del tiempo, aunque deja de funcionar a partir de un determinado piso...). Más incómodo aún resulta subir con dos desconocidos, que además tampoco se conocen entre ellos. Y lo que ya es agobiante es si el ascensor sufre una avería, deteniéndose, y os veis obligados a compartir ese exiguo espacio , aunque sólo sea por unos minutos de angustia... ¿me equivoco? Pues bien, ahora imaginemos que la avería se prolonga por un tiempo indeterminado, en medio de un calor agobiante y sin agua ni casi ventilación, y que uno de esos desconocidos resulta ser un asesino sádico y sociópata. Una fiesta, ¿verdad?

Pues este es el planteamiento de esta novela de Morozzi, que, como bien se puede cualquiera imaginar, se mueve entre el género del thriller y, directamente , del puro terror. Tres personas que no se conocen se quedan atrapados, por culpa de un apagón, en un ascensor de una torre de apartamentos, en las afueras de Bolonia, en un caluroso día del ferragosto italiano, con la ciudad -y el edificio- más desiertas que el propio Sáhara. La idea, en principio, no puede ser más simple y exitosa: se mete en un espacio reducido a tres ratones de laboratorio -de tres lagartijas, habla la novela-, uno de ellos de una agresividad fuera de lo común, y esperamos a ver que resulta del experimento; quizá no resulte un relato agradable, pero sí de lo más entretenido (no contaré quién es el asesino sociópata para que no se me acuse de "espoilear", pero aviso que el propio autor lo revela nada más comenzar la novela). He de decir que Morozzi lidia con este argumento bastante simple y, hasta cierto punto, previsible con gran habilidad y utilizando toda una serie de recursos narrativos sin ningún tipo de complejo; en este aspecto, es un escritor de los más competente, que sabe jugar con el suspense y el inevitable crescendo de la tensión, hasta llegar al clímax de la historia. Completa la narración con una buena dosis de casquería, de costumbrismo italiano y de un montón de referencias a la cultura popular contemporánea -cómic, cine, música-, relacionadas, con seguridad, con el hecho de que Morozzi, además de escribir, es músico de rock y crítico musical. Y también una acerada crítica a la sociedad contemporánea, italiana en particular, pero que podemos aplicar, en mayor o menor grado, a todo el mundo occidental y, a estas alturas, me temo que también al no tan occidental.

En eso reside, en mi opinión, el punto más débil de toda la novela: en el giro hacia esa crítica social que efectúa la historia en la última parte. No porque resulte poco coherente o inverosímil (tampoco resulta muy probable, por suerte, que te quedes atrapado en un ascensor con una suerte de Hannibal Lecter transalpino), sino porque resulta ya algo manido, a estas alturas, ya visto en diferentes películas, libros y cómics (no daré los títulos para no ofrecer pistas sobre ese giro final, pero a cualquier lector de este libro le vendrán a la cabeza a de inmediato). Por lo demás, una novela muy bien escrita, que hará disfrutar, sin duda, a los amantes de estos géneros -terror, suspense- en particular y tal vez hacer pasar un rato entretenido -ya que no agradable- a cualquier otro... Siempre que no le haga demasiados ascos a la casquería, aviso. Aunque sea fina. 




jueves, 21 de mayo de 2015

Maylis de Kerangal: Reparar a los vivos

Idioma original: francés
Título original: Réparer les vivants
Año de publicación: 2014
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: recomendable (tirando a justito)

Empezaré por sincerarme: soy muy de Anagrama. Me ha aportado muchos momentos de éxtasis. Tres de mis cinco escritores favoritos son enseñas de la casa. Los lomos amarillos y grises son auténticos faros en los que mi vista se para cuando repaso una estantería. Puede que, a mi edad, esto no cambie jamás. Y sigo pensando que muchas editoriales han tomado como referencia esa apuesta estética característica, e intentan, cada una a su manera, que sus libros sean reconocibles, así, a simple vista. ¿O no sabemos, ya unos cuantos, cómo son los lomos de Acantilado, o de Asteroide? Por eso, y sin que nadie se asuste, porque a Anagrama le perdono hasta que me torture con la entrega anual de Amélie Nothomb, no acabo de comprender, aunque de todo tiene que haber en la viña del señor, cómo encaja en su catálogo un libro como el que hoy me ocupa. Que, cosa que no era prioritaria en la Anagrama pre-Feltrinelli, se enfatiza en la contratapa, ha ganado unos cuantos premios en Francia, y ha sido un considerable éxito de ventas. A Herralde, hace unos años, esto se la sudaba. Así: como la frente de un churrero. Pero, parece, las cosas van evolucionando, y me pregunto hacia dónde. Nada grave, pero, sabéis, esas señales de que algo ya no es como era.
Reparar a los vivos, por ejemplo, no es para nada una mala novela. Parte de una premisa de esas de las que generan debate: la donación de órganos. El dilema ético, las convicciones, bla bla, bla bla. Simon, joven surfista de regreso con dos amigos de una de esas experiencias costeras, metidos en una van, sufre un terrible accidente del cual es el peor parado. Lesiones irreversibles, muerte cerebral, se acabó, pero, voilá, su lozano cuerpo alberga un montón de órganos juveniles en buen estado que pueden, ejem, reparar algunos vivos. Los papás, Marianne y Sean, cuya relación no acaba de quedar muy clara, que son consultados por uno de esos médicos encargados de coordinar trasplantes: un tipo de esos que está pendiente de siete móviles y cuatro buscas, un paradigma del héroe tan anónimo como profesional. El personal que le rodea y le ayuda. Los que esperan esos órganos. Toda una historia a la que sacarle partido.
Pero es que Maylis de Kerangal (creo que no seré capaz de retener jamás ese apellido), consciente de que el punto de partida es bueno, se pasa con el relleno. La cosa va así: cada personaje, por central o periférico a la acción que sea, va acompañado de una especie de letanía de condiciones, situaciones, características y circunstancias que la autora empaqueta, como ávida de acumular información, de añadir sabor, de marcar un poco de músculo, estilo, eh, chicos, mirad qué capaz soy de generar tramas paralelas, de interesar y de dibujar un perfil. El problema es que esa información rara vez lleva a ninguna parte. Lejos de eso, ese afán de ser completo y original y lírico acaba distrayendo al lector de la espina dorsal. Hacia mitad del libro parece que nos libramos, pero, falsa alarma, pues pronto volvemos a las andadas y cada personaje es descrito, sintetizado, en decenas de frases, ametralladas sin respiro, una vez se le menciona, con una sensación final que es la divagación, casi el aturdimiento porque qué nos importa que el tipo se gaste 3.000 euros en un jilguero o que la enfermera de nombre raro tenga unos gustos sexuales un pelo turbios. Claro: a quienes se contentan con un best-seller de un tema polémico (sin ir más lejos, hoy leía sobre un indigente al que le han pegado una paliza porque se hizo atrás en una operación que le iba a reportar 6.000 euros por donar un riñón), les parecerá que el relleno que le endilga Maylis es literatura de alto copete: pues no. Es lucimiento forzado, irregular, desorienta, lastra, y por tanto, la gran mayoría, simplemente, sobra.
Por lo demás, una correcta novela de uno de esos temas que nunca falla. Pero (y no me voy muy lejos: Houellebecq) una relativa decepción escondida tras un lomo amarillo. Para bien o para mal, los libros de Anagrama solían contener algo especial. Este, no.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Nicolás Maquiavelo: El Príncipe

Idioma original: italiano
Título original: Il Principe
Año de publicación: 1534
Traducción: Helena Puigdoménech
Valoración: Imprescindible

Vale, lo sé: todo el mundo ha leído ya a Maquiavelo...O, al menos, sabe de qué va El Príncipe... o, al menos, ha utilizado alguna vez el adjetivo "maquiavélico" como sinónimo de retorcido, intrigante, maquinador... Más de uno pensará incluso que éste no es un título demasiado novedoso como para ser reseñado en un blog literario tan puntero como es éste. Y no, novedoso no es, ciertamente: se escribió exactamente hace 500 años, cinco siglos del ala (bueno, 502, en realidad: en 1513, mientras el bueno de Nicolás se encontraba en las mazmorras de los Médici, para trata de congraciarse con éstos. Aunque no sería publicado hasta 1534). Pero eso no le resta un ápice de actualidad; muy al contrario: podría haberse escrito ayer mismo , en lugar de utilizar ejemplos de la Antigüedad Clásica o de la Italia renacentista, hablarnos de Irak, de Siria o de Gaza, y el texto no sufriría modificaciones sustanciales. Y seguiría siendo válido.

Más aún. si por algo merece la pena leer este libro es para que los gobernados podamos discernir más fácilmente -aún, quiero decir- las estrategias, artimañas y despropósitos que nos infligen nuestros gobernantes, más allá de las apariencias (si es que alguien se deja engañar por ellos, a estas alturas... aunque me temo que va a ser que sí). Porque son las mismas que utilizaban hace cinco siglos, y hace veinte, también...

El Príncipe es un tratado teórico sobre cómo obtener el poder y conservarlo, dando por supuesto que el poder no tiene un origen divino e indiscutible, sino humano y bastante fácil de perder. En sus 26 capítulos, establece toda una categorización de los diferentes principados (lo de las repúblicas lo deja para otro momento), de cómo sus dirigentes obtuvieron el poder, ya sea de forma hereditaria  por las armas (o incluso por medios menos lícitos aún). También le da especial importancia a los tipos de ejércitos con los que puede contar un príncipe, ya sean tropas mercenarias o milicias autóctonas -de las que es más partidario Maquiavelo, que deseaba liberar a las ciudades italianas de las manos extranjeras, hasta el punto de ser considerado incluso una suerte de protonacionalista italiano-. Y sobre todo, habla de los medios que debe utilizar el Príncipe ideal para gobernar a sus súbditos, de cómo administrar la crueldad y la benevolencia, de si es preferible ser amado u odiado; del cuidado que se ha de poner acerca de  quienes te rodean y te ayudan a ejercer el gobierno o simplemente te adulan...

Como ejemplos a seguir por el príncipe ideal pone, como se señala a menudo,  al Duque Valentino, César Borgia -aunque, sobre todo, como ejemplo de alguien que hizo siempre lo más adecuado para obtener el poder y, sin embargo, no pudo conservarlo-, pero, sobre todo, a Fernando de Aragón, del que considera que "no puede haber ejemplo más admirable y maravilloso"... Cierto es que esas admirables y grandes empresas de Fernando el Católico fueron sobre todo hacer la guerra a unos vecinos que estaban en paz con él, perseguir y expulsar a los "marranos" y manipular a los nobles, al pueblo e incluso a la Iglesia para que sirvieran a sus intereses. Actos que en el siglo XXI podemos considerar poco éticos y hasta reprobables -al menos, si miramos para otro lado sobre mucho de lo que ocurre en el mundo-, pero que Maquiavelo, pragmático y hasta utilitarista por excelencia, juzga según el resultado obtenido, no acerca de los medios para obtenerlo. Ahora bien, A este autor se le podrá considerar cínico, pero no hipócrita: en ningún momento justifica sus propuestas en base a la moralidad o a valores como la compasión y la justicia. (es más, afirma que el gobierno del Estado obliga a obrar "...contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión...". Aunque también es verdad que considera que "...no hay nada que sea más necesario aparentar que el practicar la religión..."). De hecho, ni siquiera su opinión sobre los gobernados es mejor que la de los gobernantes: 

"Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos (...), pero cuando la necesidad se presenta se rebelan..."

"...se debe señalar que el odio se gana tanto con las buenas acciones como por las perversas, por cuyo motivo (...), un príncipe que quiera conservar el poder es a menudo obligado a no ser bueno..."

Lo que nos hizo Maquiavelo, hace cinco siglos, fue un regalo: el conocimiento exacto de cómo podemos ser manipulados, forzados y engañados por nuestros queridos gobernantes. Un conocimiento involuntario y, por tanto, sincero, puesto que no estaba pensado para ser divulgado entre el público, sino para el aprovechamiento por parte de una élite. Por ello, todos los que aspiramos a que no nos engañen, manipulen y exploten -o lo menos posible, si puede ser- deberíamos conocer y estudiar esta obra , mucho más provechosa que cualquier novela de ficción o serie de televisión que trate sobre las luchas de poder (ya sabemos a lo que me refiero...): una herramienta para preservar nuestra independencia de criterio como ciudadanos libres, que nos es brindada por el acervo cultural de este viejo Occidente, cuyos dirigentes -nuestros dirigentes- tal vez confían en que no nos demos cuenta de su vigencia y oportunidad, en que lo consideremos un libraco viejo más o un nombre a memorizar en el colegio... y no lo que es, en realidad: un arma arrebatada al enemigo.

Para quien no lo vea así, un par de perlas más: 

"Al apoderarse del  un Estado, todo usurpador debe reflexionar sobre los crímenes que le es preciso cometer y ejecutarlos todos a la vez, para que no tenga que renovarlos día a día..."

" Por lo cual es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno y a practicarlo o no, de acuerdo con la necesidad..."



martes, 19 de mayo de 2015

Thomas Wolfe: Especulación

Idioma original: inglés
Título original: Boom Town
Año de publicación: 1938
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Valoración: se deja leer

No voy a negar que la labor de ciertas editoriales independientes en lo concerniente a la recuperación de autores algo postergados me ha proporcionado grandes hallazgos. Como John Willians o Lewis Wallant. Pero a veces cuesta acertar, o simplemente hay autores, o estilos, o temáticas, con los que no acabo de sintonizar.
Y es lo que me pasa con Thomas Wolfe. De hecho, probaré una tercera vez por aquello del refrán y para otorgarle derecho de tanteo, aunque sea, a las leyes de las probabilidad. No puede ser que yo me haya topado con sus obras menos seductoras. Ya me llevé una decepción con El niño perdido, que me pareció cursi, pero esperaba algo diferente, ni que fuera de la temática descrita en la sinopsis de Especulación

Primero: esa traducción tan sui-géneris de lo que es La ciudad del Boom. Después, esa especie de historia en segundo plano pero ahora en primero, la de John, que regresa a lo que era un pueblo de mediano tamaño y contempla lo que el estallido de urbanización y, mmm, especulación, está causando. Enriquecimiento rápido, cambio de manos de propiedades, grúas por doquier, intereses turbios. La gente se queja hasta de la ubicación de un cementerio, pues interfiere con intereses particulares. O los barrios en los que habita la población negra. Pero el lector no acaba de ver el texto decantarse hacia ningún lado. La historia de la familia de John es endeble, la escena en que destapan un ataúd para ver un cadaver completamente inconsecuente dentro de la historia. Las transacciones, propias de juego de mesa, y el tono general, lo siento, escasamente estimulante.

Ni tres cuartos de hora para despachar esta lectura. Que no profundiza como intenta hacernos convencer la sinopsis. Que no deja grandes conclusiones, desde luego ninguna de ellas nueva: la especulación conduce a un agudizamiento de los desequilibrios. Ya está. La historia de la familia, incrustada, no aporta. Y para darle prestancia, haber optado por un tono más periodístico, menos lírico, Que si los paisajes y los montes y todos los emplazamientos idílicos de la juventud ahora transformados en terreno asfaltado. Muy bien, sí, muy ejemplar y a tono con los desastres que marcan nuestra época. Bien contado, sin carencias técnicas. Pero en conjunto, descompensado, disperso, y sin una finalidad definida. Otra decepción más: este Wolfe no acaba de gustarme.

También de Thomas Wolfe en UnLibroAlDía: Una puerta que nunca encontréEl niño perdidoHermana Muerte

lunes, 18 de mayo de 2015

Elena Ferrante: La amiga estupenda

Idioma original: italiano
Tïtulo original: L'Amica Geniale
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable

Elena Ferrante es un fenómeno curioso: una autora de la cual no se sabe casi nada (salvo que no se llama Elena Ferrante) y que se ha convertido en un fenómeno internacional con una decena de novelas, dos de las cuales han sido llevadas al cine. Esta que reseño hoy, La amiga estupenda (que, la verdad, me habría gustado más que mantuvieran el original, "la amiga genial", por su ambigüedad) es la primera parte de una tetralogía completada por Storia del nuovo cognome, Storia di chi fugge e di chi resta y Storia della bambina perduta, que están siendo publicadas por Lumen con títulos cada vez más alejados de los originales (Un mal nombre y Las deudas del cuerpo).

Las protagonistas de la saga son dos chicas napolitanas, Elena (la narradora) y Lila, que comparten una amistad compleja, cargada de competitividad, cariño, recelo, complicidad. Elena es la hija de un portero del ayuntamiento de Nápoles; Lila es hija de un zapatero. Las dos son inteligentes; Lila lo es todavía más, aunque es mucho menos aplicada que Elena, y tiene, también, muchos menos medios y apoyos para seguir estudiando. Con el paso de los años, las niñas dejan de ser niñas y dejan de jugar con muñecas para vivir rodeadas de hombres y preocuparse por cosas de adulto. El entorno de pasiones y violencia que los rodea, incomprensible cuando eran niñas, comienza a cobrar nuevos significados y a exigir nuevas decisiones.

La escritura de Elena Ferrante es densa, de una densidad que solo se me ocurre comparar con la de las novelas de Philip Roth, cuando Philip Roth está en su momento más inspirado. No solo me refiero al universo de personajes que crea alrededor de las dos protagonistas (sus familias, sus amigos, sus profesores, el resto de habitantes del barrio, con sus odios y sus rencillas que se remontan a tiempos de la guerra o incluso antes); sino también a la profundidad psicológica de que los dota, haciéndolos tridimensionales y humanos. Es, sobre todo, el caso de Elena y de Lila, a las que vemos pasar por evoluciones a veces paralelas y a veces contrarias, influyéndose mutuamente a través de la amistad, de la rivalidad, de la envidia.

Confieso que durante el segundo capítulo, dedicado a la adolescencia de las protagonistas, la lectura se me ha hecho larga, quizás también por estar leyendo la novela en portugués y no en español (ni en italiano, claro). Confieso también que el final, que no es conclusivo -porque como decía esta es solo la primera parte de una tetralogía- me ha dejado algo insatisfecho. Pero al mismo tiempo es innegable que en Elena Ferrante hay una narradora descomunal, digna de la fama que ha conseguido y que por ahroa ha despreciado. Quizás lea, con tiempo, los restantes volúmenes de la tetralogía; lo que haré seguro será buscar alguna de sus novelas independientes, como Los días del abandono o El amor molesto, a ver qué tal. Y, claro, #HabráReseña.

domingo, 17 de mayo de 2015

Colaboración: Mitología. Todos los mitos y leyendas del mundo de VV. AA.

Idioma original: inglés
Título original: Mythology. Myths, Legends and FantasiesAño de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer

Empezaremos por decir que éste no es un libro de lectura propiamente dicho, es más bien uno de esos volúmenes de gran formato y tapas duras que se ponen para hacer bonito en la estantería del salón. Si tratan de perros o plantas quedan bien, pero si encima se trata de mitología, nos proporciona un toque culto que mola aún más.

También hay que subrayar que el libro lo regalaba una entidad bancaria hará cinco o seis años. Sí, no he desayunado nada raro: ‘entidad bancaria’ es el sujeto y ‘regalaba’ el verbo, ambos en la misma oración.

Así que, tratandose de una obra de vocación claramente ornamental, el contenido sigue la misma línea: se exponen de forma sucinta mitos y leyendas de cuatro continentes sin afán científico, relatando con sencillez las líneas básicas de las creencias más populares o llamativas.

Hay sitio para todo, desde las civilizaciones americanas precolombinas hasta las sagas escandinavas, pasando por los relatos védicos hindúes, por ejemplo. Precisamente, me parece que es este el principal valor que el libro tiene como obra divulgativa, la voluntad de no limitar el punto de mira a las culturas más recurrentes. Como es lógico, el nivel no alcanza por ejemplo el del estimable clásico de Guirand, pero presenta un abanico interesante. Así, se incorporan mitos y tradiciones que, como los africanos, inuits o indios norteamericanos, quedan habitualmente fuera de este tipo de trabajos.

Y aquí viene justamente lo que más llama la atención del libro: cuando a Uds. les hablan de mitos, ¿qué es lo primero que se les viene a la cabeza? ¿Zeus, Prometeo, el Minotauro, Ulises, Pandora? Pues oiga, ni rastro de todos ellos. Primero pensé que han hecho desaparecer del mapa a los griegos hasta que no terminen de pagar el rescate o acepten un nuevo Gobierno técnico, pero los derechos originales del libro datan de 2003, o sea, que no puede ser. También podría ser que como el elenco de mitos griegos es muy amplio, simplemente no les cabían, pero tampoco creo que sea eso.

Así que no se entiende que queden fuera justo aquellos relatos o creencias más difundidos, y que han dejado huella en toda la cultura universal, a no ser que exista alguna razón relacionada con el copyright. Los mitos, que por definición pertenecen al imaginario colectivo y son lo más opuesto a una creación individual ¿también tienen copyright? ¿Los habrá registrado Robert Graves cuando escribió sus dos pesadísimos y aburridísimos tomos de mitología griega? Pues vaya Ud. a saber, que ya casi nada nos sorprende.

En otro orden de cosas, como corresponde al carácter decorativo del libro, la presentación es excelente, con papel de calidad y profusión de ilustraciones. De forma que, aunque su contenido sea de perfil bajo y más bien de mero entretenimiento, sirve perfecto para impresionar a las visitas. Y además, cuando vean el logo del Banco patrocinador, se pensarán que somos un cliente VIP.

Por cierto, que en eBay se vende a 10 euritos, jeje.

Firmado: Carlos Andia

sábado, 16 de mayo de 2015

Eduardo Mendoza: Una comedia ligera

Idioma: español
Año de publicación: 1996
Valoración: imprescindible

Resulta curioso constatar, de vez en cuando, que, a pesar de su exitosa carrera, de sus indudables dotes literarias y de su comprobada bonhomía, la figura del escritor Eduardo Mendoza y sus libros  provocan cierta controversia entre los lectores, al menos en España: hay quien lo idolatra como a un verdadero maestro de las letras, quizás el más grande autor español vivo; otros, en cambio, sólo ven en él a un escritor humorístico y que además no siempre acierta con la nota cómica (incluso a quien sólo le divierte Sin noticias de Gurb ). También está quien considera que Mendoza tuvo un brillante debut literario, con La verdad sobre el caso Savolta , pero que luego dilapidó su éxito y talento escribiendo tontadas... hasta encontramos quien no le reconoce -o apenas- esa misma calidad a La ciudad de los prodigios , su novela más célebre y quizás también celebrada... En fin, tal vez esta controversia se deba a la dualidad, reconocida y explicada por él mismo, que ha marcado la trayectoria literaria de Mendoza: por un lado, encontramos novelas más "serias" (hasta cierto punto, claro, pues este escritor no puede evitar que trasluzca su mirada humorística sobre todo lo que escribe) o con más enjundia, para entendernos... por otro lado, se ha dedicado a obras más ligeras, literatura abiertamente de humor, para "desengrasar" de la escritura de las anteriores (o para mejorar la economía del autor... y no lo digo como una crítica negativa, en absoluto). El problema puede aparecer cuando quien esta comicidad, se encuentra con novelas más contundentes, mientras que quien prefiere literatura de más "altura", puede caer en uno de estos libros de humor -y  no son todos igual de buenos, es cierto-, para renegar de ahí en adelante de este autor.

Aún llama más mi atención que, cuando se comenta cuáles son los mejores libros de Mendoza (por lo general, se considera de forma unánime como tales La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios, aunque Sin noticias de Gurb El misterio de la cripta embrujada también tienen muchos adeptos), rara vez se menciona la novela que ocupa esta reseña... en realidad, me resulta hasta asombroso, pues en mi opinión no sólo está a la altura de cualquier otro título de este escritor, sino que en determinados aspectos, incluso los supera y supone, hasta ahora, el culmen de su creación literaria. Me explico: puede que La verdad... haga gala de una mayor complejidad narrativa y sin duda, supuso un revulsivo en el panorama de las letras españolas de los 70. Y en cuanto a La ciudad de los prodigios, es indiscutible su ambición totalizadora y, la espectacular creación -más que mera recreación- de un tiempo histórico , de toda una ciudad y aun de todo un país. Pero creo que Una comedia ligera despliega una mayor madurez narrativa, más sutileza y, sobre todo, el autor dedica una mirada más profunda, más comprensiva, a los personajes y al tiempo en el que se desarrolla la historia. Una historia que, en apariencia, no pasa de ser una intriga bastante superflua, a pesar del asesinato incluido, con un protagonista no menos banal: Carlos Prullàs, un exitoso autor de comedias teatrales que vive en la Barcelona de posguerra; convenientemente casado con una heredera de la burguesía catalana, tampoco desdeña la ocasión de aprovechar su tirón con las mujeres, a pesar de haber entrado ya en la mediana edad (o quizá por eso mismo)... en suma, lleva una vida placentera repleta de vermús con sus colegas de la farándula, recepciones sociales y veraneos en el Masnou; de enredos entre bambalinas con actrices jóvenes y tonteos con amigas de su mujer.

Su feliz existencia comienza a transcurrir por caminos algo más escabrosos al trabar conocimiento con una actriz guapa y ambiciosa, Lilí Villalba, y con su adinerado protector, el empresario Vallsigorri; a partir de ahí, el afortunado Prullàs acaba por verse atrapado en la inexorable maquinaria que regía el tiempo y el país en los que le ha tocado vivir, la de una dictadura desalmada y poco amiga de frivolidades, pese a los aires de "normalidad", de "extraodinaria placidez" (como dijo cierto político español de malhadado recuerdo) que pretende fingir en esos años en los que trata de hace olvidar a sus amigos más recientes quienes habían sido sus otros amigos, en tiempos no muy lejanos. Un régimen que no se andaba con bromas ni al que le gustaban las bromas de los demás, y mucho menos con comedias, como comprueba Prullàs en su propia persona, en un aprendizaje duro, más por humillante que por  dificultoso, por lo que supone de reconocer la inconsciencia con la que había estado transitando por el mundo hasta entonces y también el precio a pagar por adquirir la madurez. Y la lucidez.

Una novela escrita con la elegancia, el buen oficio y ese cierto desenfado con que acostumbra hacerlo el mejor Mendoza. Pero además, con el poso de conocimiento del mundo, de las personas y de las leyes de la ficción -un conocimiento que es más epidérmico y tal vez por eso más profundo que lo que solemos llamar "sabiduría"-  que otorga el paso del tiempo cuando se es un creador tan inacabable al tiempo que tan sereno como lo es Eduardo Mendoza.