domingo, 31 de agosto de 2014

Colaboración: El tercer policía de Flann O´Brien


Idioma original: inglés
Título original: The Third Policeman
Año de publicación: 1967
Valoración: Imprescindible

Advierto por anticipado: no es buena idea leer este libro antes de dormir, como es costumbre de quien suscribe. Estamos ante un relato intenso y turbador y, si nos dejamos abducir por él, la pesadilla se nos puede presentar sin avisar.

La historia es en principio sencilla: un tipo sin nombre y con una pierna de madera se ve arrastrado a cometer un crimen. Cuando, tiempo después, va en busca del botín oculto, las pistas le conducen hasta una comisaría de policía en la que se investigan numerosas desapariciones de bicicletas. Hasta ahí, nada fuera de lo normal.

Pero pronto nos percatamos de que las cosas no serán tan sencillas. La relación que el protagonista mantiene con su misterioso cómplice empieza por mostrar elementos que desbordan lo acostumbrado. Los datos sobre el paradero de cierta caja negra los da alguien que no debía estar ahí, y que a su vez nos introduce en el mundo delirante que iremos descubriendo en adelante. La comisaría será un lugar donde las leyes de la naturaleza parecen no estar vigentes...

Nos encontramos en un entorno dominado por el absurdo, que lo mismo cobra tintes hilarantes (ahí la inenarrable bibliografía de de Selby) como provoca una ilimitada sensación de vértigo. Lo que sigue es por tanto una larga pesadilla que se extiende por innumerables recovecos, el viaje por un espacio torsionado donde confluyen imágenes imposibles, pensamientos errabundos y figuras grotescas, un delicioso cóctel que se mueve entre los mundos geniales y dislocados de Borges (¿conocía el argentino a O´Brien?), el arte de Moebius y las atmósferas enfermas de Faulkner.

Terminamos odiando y amando a Flann. Amándole (y por algún lado nos está esperando su ‘At swim-Two-Birds’) por haber sido capaz de crear algo de semejante potencia creativa. Y odiándole por haber recuperado para nuestra memoria consciente sensaciones propias de las fiebres de la infancia.

Con una bella estructura curvilínea, y con la gracia que a veces le confieren pequeñas imperfecciones técnicas, invito fervientemente a conocer esta extraña y fascinante novela, una joya injustamente olvidada que nadie debería perderse.

Firmado: Carlos Andia


Otras obras de Flann O'Brien reseñadas en Un Libro Al DíaLa boca pobreLa vida duraEn Nadar-Dos-Pájaros

sábado, 30 de agosto de 2014

Juan José Saer: Cicatrices

Idioma original: español
Año de publicación: 1969
Valoración: recomendable

Dicen que Juan José Saer es uno de los escritores fundamentales de la literatura argentina del siglo XX, y yo aquí sin leer nada de él, hasta hoy. Y lo primero que he leído, esta novela Cicatrices, aunque tiene muchos valores y muchas virtudes, por sí solo no justifica esta opinión. (Aunque también es verdad que se suele citar El entenado, Glosa o Nadie nunca nada como sus mejores obras, así que voy a seguir intentándolo).

Cicatrices es una novela compleja e imaginativa, aunque también algo pesada en algunos momentos. Compuesta por cuatro apartados, el hecho que sirve para relacionarlos (además de ciertos personajes comunes) es un crimen cometido por un obrero que mata a su mujer con una escopeta de caza. Sin embargo, este crimen es central solo en el cuarto apartado, muy importante en el tercero y mucho más tangencial en el primero y en el segundo. Así, no se puede decir que esta sea una novela policiaca, ni siquiera que su tema sea el crimen en sí.

¿Y de qué hablan entonces los cuatro apartados? Pues de un grupo de personajes (periodistas, jueces, abogados, escritores) perseguidos por sus propias obesiones. En la primera parte el protagonista es Ángel Leto, un aspirante a periodista con una enfermiza relación con su madre; en la segunda, Sergio Escalante, un abogado que casi no ejerce y que dedica su tiempo a dilapidar todas sus posesiones en el juego (la referencia a El jugador es inevitable y explícita); en la tercera se nos presenta a Ernesto López Garay, el juez destinado a juzgar el crimen del obrero, pero que se preocupa más por sus labores de traductor diletante; y por último en el cuarto apartado aparecen los Fiore, el matrimonio protagonista del crimen.

Como decía, algunas páginas del libro se hacen pesadas, porque Saer describe, con un detallismo obsesivo, algunas de las actividades de los personajes: las borracheras de Leto, las partidas de Escalante, los paseos del juez López Garay por la ciudad... Eso sí, algunas otras escenas son magistrales, y algunos "trucos" narrativos resultan muy interesantes; me arriesgaría a decir, por lo tanto, con la ventaja que da hablar a toro pasado, que en esta novela se pueden prever algunas de las virtudes de Saer como narrador, que sin embargo consiguió desarrollar en novelas posteriores (novelas que no he leído, pero que me propongo leer).

También de Saer en UnLibroAlDía: Nadie, nada, nuncaEl entenadoLa pesquisa

viernes, 29 de agosto de 2014

Ilf & Petrov: La América de una planta


Título original: Одноэтажная Америка
Idioma original: ruso
Año de publicación: 1937 (En España: 2009)
Valoración: Muy recomendable


“Aún no se veía la costa, pero los rascacielos neoyorquinos se alzaban de las aguas como serenas columnas de humo. (…) En medio de la polvorienta luz del sol centelleaban vagamente las facetas de acero de las ciento dos plantas del Empire State Building. (;,,) A babor surgió la pequeña y verdosa estatua de la Libertad: luego, vaya usted a saber por qué, apareció a estribor. El barco viraba y la ciudad giraba alrededor de nosotros, hasta que, por fin, se detuvo, desmesurada, retumbante, aún completamente incomprensible.”

Pequeña América de oro es la traducción literal del título de este volumen de viajes y hace referencia a El becerro de oro, una de las tres novelas nacidas de la fructífera colaboración entre sus autores: Iliá Ilf y Evgeni Petrov. Ambos habían nacido en Odessa, pero fue en Moscú donde se conocieron y comenzaron su trabajo conjunto.

Alexandra Ilf, hija del primero, en prólogo titulado Stalin envía a Ilf y a Petrov al país de la Coca-Cola, señala que el tándem había producido desde 1932 folletines para Pravda, publicación para la que harían de corresponsales durante los tres meses y medio que emplearon en atravesar el país de punta a punta. También recoge detalles de la estancia, que comenzaría en octubre de 1935, tras un viaje por el océano de cinco días, así como algunas particularidades de la obra.

Durante el viaje, además de escribir, Ilf produjo una colección de más de mil fotografías (algunas de las cuales se hallan incluidas en esta edición) que la revista Ogoniok publicaría periódicamente más tarde y que acabaría convirtiéndose en un ensayo fotográfico.

Ilf fallecería poco después, en 1937, víctima de una tuberculosis contraída precisamente en América. En plena guerra mundial, mientras trabajaba como corresponsal de la contienda, Petrov sufrió un fatal accidente de aviación.

Obviamente, encerrar en un cliché un país entero, menos aún uno tan vasto y diverso como Estados Unidos, es una tarea irrealizable. Pero cuando se cuenta con un tiempo limitado, dependiendo además de la aceptación del público, es preciso simplificar. ¿Qué es América realmente? ¿En qué parte del territorio se encuentra su verdadera esencia? Milagrosamente, a los escritores les cae del cielo alguien con paciencia suficiente para ponerles en situación de contestar estas preguntas. Se llamaba mister Tron, aunque en el libro aparece como Adams, y fue quien, junto con su mujer, les asesoró y sirvió de guía durante la mayor parte del tiempo. El matrimonio Adams se convierte así en la pareja literaria de esta crónica y responsable de su aspecto más tierno, en el aglutinador de todos los relatos, el contrapunto de los autores y, en gran parte, el destinatario de la gran ironía que manifiestan.

Acompañamos a Ilf y Petrov a lo largo de quinientas páginas en su fascinación por la tecnología y la insuperable organización de un país que había conseguido ser pionero en muchos aspectos, escuchamos sus reproches ante cuestiones éticas como el racismo imperante en los estados del sur, la segregación constatada en su visita a una reserva india, el fomento de la frivolidad y el materialismo de la gente, la desigual distribución de la riqueza o la precariedad de un trabajo que además les parece agotador. Voluntariamente objetivos, expresan su deseo de que la URSS imite a Estados Unidos en unos campos y no disimulan su orgullo por los logros alcanzados en otros. A través de sus ojos, contemplamos el aspecto de las numerosas ciudades que atraviesan, la suntuosidad de sus rascacielos y puentes, la inmensidad de los precipicios, notamos la aridez de los desiertos, percibimos el bullicio atronador de las fábricas, nos convertimos en testigos de su insaciable interés por las personas desde el individuo más humilde a la personalidad más influyente –hasta asisten en la Casa Blanca a una rueda de prensa de Roosevelt–, nos divierte su fastidio ante el acoso publicitario, nos inquieta su explícita y angustiosa descripción de una corrida mejicana, comprendemos su curiosidad por los entresijos de Hollywood.

Todo ello en un estilo desenfadado que intercala reflexión con ironía, lo anecdótico con lo general, el humor con el disgusto, la sorpresa constante con el bagaje que arrastran.

De los mismos autores: Las doce sillas

jueves, 28 de agosto de 2014

Katie Kitamura: En el bosque

Idioma original: inglés
Título original: Gone to the forest
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Esta novela vino recomendada por Ainize Salaberri, la directora de Granite & Rainbow, en cuyo criterio confío casi siempre; y por eso esperaba, y quería, que este libro me gustase. Y al final, pues bueno, tengo que decir que se ha quedado en un término medio: no me parece una mala novela, para ser la segunda novela de una escritora relativamente joven; pero se ha quedado corta en relación con mis expectativas, viniendo recomendada como venía.

En el bosque se sitúa en un país colonial no identificado, en el que un padre y su hijo, que mantienen una tensa y enfermiza relación mutua, regentan una granja en un entorno no demasiado idílico. Esta granja se ve sacudida por tres hechos paralelos: la llegada de una mujer (la sensual e independiente Carine) destinada a casarse con el hijo pero más atraída por el padre; la explosión de un volcán cercano, que lo cubre todo de cenizas; y el fin del periodo colonial, con la ruptura de los viejos vínculos de esclavitud y el reparto progresivo de las tierras de los latifundios.

Así, En el bosque es una novela sobre un mundo que desaparece pero que se resiste a desaparecer, empleando en esta resistencia sus últimos recursos. Es imposible para mí no pensar en Faulkner, aunque naturalmente Kitamura sala perdiendo algo con la comparación. Por otro lado, por su tono épico (también muy faulkneriano) la novela casi parece ser un lamento por la pérdide de ese mundo, por su salvaje virilidad animal, como si ese mundo no incluyese el esclavismo, machismo, explotación, crueldad...

En fin, ¿por qué no me ha gustado más En el bosque, a pesar de que, como digo, es una buena novela, en especial para ser una segunda novela? Pues porque me da la sensación de ya haberlo leído todo antes. Creo que esta descripción del fin del mundo colonial, en la forma en la que Kitamura la hace, no es ya demasiado pertinente, y al centrarse en el conflicto familiar obvia los conflictos colectivos que, ahora mismo, me parecen mucho más interesantes. También con el estilo, efectivo pero también algo efectista, tengo algunos reparos.

No califico esta novela como "recomendable", pero tampoco la "des-recomiendo": podéis leerlo, si queréis, claro, y luego comentar si estáis más cerca de la opinión de Ainize o de la mía...

miércoles, 27 de agosto de 2014

Mohsin Hamid: El fundamentalista reticente

Idioma original: inglés
Título original: The reluctant fundamentalist
Año de publicación: 2007
Traducción: Juan de Sola Llovet
Valoración: muy recomendable

Changez, joven y brillante analista de empresas con un bien remunerado trabajo, al que ha podido acceder tras graduarse en Princeton. Estudios que su familia ha costeado con sacrificios, a diferencia de muchos de sus compañeros, hijos de familias acomodadas. Buen profesional. Con cierto sentido ético algo trasnochado según parámetros occidentales de hoy. Respetuoso con sus semejantes: amigos, familia, compañeros de trabajo. Hasta a Erica, la chica por la que se siente atraído, la trata con una veneración, una delicadeza y una contención que hoy nos parece fuera de lugar. Nada de camisetas al aire, zapatos por el suelo, y al lío.

Aunque Changez tiene sus peros. 

Es pakistaní.
Su piel es oscura.
En una estancia en su país de origen, se deja crecer la barba y vuelve con ella a su trabajo. Cosa no muy bien vista, ya que por esas épocas, las Torres Gemelas han sido destruídas.

Mohsin Hamid es pakistaní afincado en NY. Seguro que algunas de sus experiencias personales inciden en las que atraviesa Changez. Que no hace daño a una mosca en toda la novela. Que extrema su amor hacia su novia hasta el punto de comprender que la relación con él la está perjudicando y retirarse, y sólo ceder al impulso cuando ya es tarde. Que, en esta narración hacia un tercero, en Lahore, en un restaurante entre comida y té verde, no menciona una sola vez, ni una, la palabra Alá. Hamid se muestra algo más comedido que en Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente, no alcanza todo el ciclo vital sino, vamos a suponer (pues la novela apunta un final abierto a todas las sospechas e interpretaciones), sólo ese período en el que Changez pasa de la ilusión del empleo y la integración en la vida neoyorquina a las dudas y la desidia. Desidia que tiene su colofón cuando (detalle algo acomodaticio que vamos a perdonar a Hamid por su condición de escritor) desiste de aportar su sabiduría a una agresiva operación empresarial relacionada con el mundo editorial.

Sutil sin ser tibia, con un estilo dinámico, puntualmente lirico, siempre al servicio de dibujar con perfección esos rasgos de carácter del protagonista. Moderna, aunque ese núcleo en el tiempo que fue el 11-S parezca alejarse en nuestra frenética e hiperinformada existencia. Valiosa, por el poso que deja tras su lectura, no solo por su obvia crítica a la educación basada en la competitividad y el concepto del valor añadido, sino también en ese egocentrismo colectivo en el que vive sumida la sociedad estadounidense y, por extensión, todo el mundo occidental al que, bajo el espejismo de un amparo, controla y tutela. Magnífica novela.

También de Mohsin Hamid en ULAD: Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente

martes, 26 de agosto de 2014

James Sallis: Otros como yo

Idioma original: inglés
Título original: Others of My Kind
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Cuando tenía ocho años, Jenny fue secuestrada y encerrada en una caja que su captor guardaba bajo su cama. Allí pasó dos años, abandonando su prisión sólo en los momentos en los que su secuestrador quería abusar de ella. Tras conseguir escapar y sobrevivir durante un tiempo escondida y alimentándose de comida desechada en un centro comercial, es encontrada por la policía y devuelta a vivir en sociedad. 

Convertida en una mujer adulta y tras haber dejado su pasado atrás mientras trabaja para una cadena de televisión, recibe la visita de un detective que conoce su historia y le pide que ayude a otra joven que, como ella, también ha sido secuestrada y ha sufrido los más terribles abusos.

Así comienza Otros como yo, la última obra (por el momento) de James Sallis, uno de los más reputados autores de novela negra de la actualidad, quien realiza un gran trabajo construyendo a Jenny, un personaje fuerte, resolutivo y, lo más importante, absolutamente verosímil, quien sacará lo mejor de sí misma y se enfrentará (de nuevo) a sus fantasmas para ayudar a alguien que, salvando las distancias, ha sufrido tanto como ella.

Aunque en un principio la obra nos engancha (conocemos lo que le ocurrió a la protagonista y cómo ha llegado a construirse una vida), a medida que pasamos las páginas ésta va perdiendo más y más fuelle. Como si, después de un comienzo brillante, Sallis no supiera muy bien qué hacer con el material que tiene entre manos. En fin, una pena, porque la historia prometía mucho.



También de James Sallis en ULAD: Drive.

lunes, 25 de agosto de 2014

Cristina Fallarás: Las niñas perdidas

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: no sé qué decir... recomendable, supongo (?)

Cristina Fallarás, además de periodista y hoy en día tertuliana en varios medios (ese peculiar oficio, no sé si sólo typical spanish), es novelista, y con esta novela, precisamente, ganó en el 2011 un par de premios del género negro. el L'H Confidencial (L'H por L'Hospitalet, aclaro) y el Dashiell Hammett. y no sé si alguno más. Lo comento para que el lector que se enfrente a esta novela tenga en cuenta que no está solo: al menos los miembros de los jurados de estos premios también la leyeron (es de suponer). ¡Valor y al toro!

Las niñas perdidas es una novela tensa, dura, excesiva. Sin dar más datos, digamos que se abre con el asesinato sádico, horripilante, de una niña pequeña y continúa con la búsqueda de otra... Quien la busca es Victoria González, una detective embarazada (ay, esa policía de Fargo...), antigua periodista, que tiene una oficina en el Raval barcelonés y la asistencia de un simpático ayudante bastante lumpen (ay, esos Carvalho y Biscuter...). Su indagación la llevará a subir a los barrios más bajos de Barcelona y bajar a los más altos, o viceversa. La referencia a las novelas de Carvalho no es gratuita: también Fallarás, igual que Vázquez Montalbán, aprovecha para mostrarnos retratos, a veces algo acartonados, de personajes más o menos pintorescos y/o arquetípicos de la clase social y el ambiente al que pertenecen. Para ser justos, diré que tampoco la preñez de la protagonista es gratuita: tiene su razón de ser en el relato, quizás incluso de manera demasiado evidente, aunque pertinente, eso sí.

Todo esto sin que nos borremos ni por un instante de la cabeza el horror del crimen que da pie a la historia. Ya en el primer capítulo, Las niñas perdidas te suelta un derechazo directo a la mandíbula, buscando el K.O. Y luego, durante toda la novela, te va castigando en hígado, repartiendo jabs, uppercuts, ganchos al plexo solar, incluso cabezazos... de forma que hasta el púgil más endurecido, quiero decir lector, acaba exhausto de tanto mamporro. Porque en ningún momento te deja olvidar la causa de la investigación, el agujero negro que se ha tragado a las víctimas y del que surge la trama. Sí, ya sé lo que me dirá alguno (que la haya leído, claro): que no hay que esconder la cabeza ante la brutalidad del mundo, que cosas como éstas pasan todos los días, pero que sólo nos afecta cuando se trata de personajes de ficción o de casos que ocurren cerca de nosotros... y ya sé que pasan, basta con leer los periódicos para encontrar las trazas de sucesos igual de tremendos o quizá algo menos, pero más constantes, más soterrados y por eso no menos terribles. Lo sé. Pero el caso es que esta novela sí que es un artefacto de ficción y por tanto debe respetar algunas reglas... O saltárselas, si lo prefiere, pero al menos dejar algo de aire para que respire el lector. También es cierto que la propia autora puede haberse visto obligada a mantener ese aire asfixiante durante toda la novela, para que no desentone con el comienzo.

Y no es que Cristina Fallarás sea mala escritora: al contrario, es buena e incluso en algún momento, más que buena. Tal vez su prosa sea demasiado vehemente y enfática, pero es cierto que el estilo le va a la historia que cuenta (se agradece, en todo caso, que los capítulos sean bastante cortos). También es verdad que en otros momentos los recursos literarios que utiliza me parecen un pelín forzados, o quizás sea consecuencia  de cierto aire "umbraliano" que despiden (lo que puede ser considerado por algunos como una virtud. No por mí, pero eso es cosa mía...). Además, la "tremendez" de la novela (no me atrevo a calificarla de "tremendista") contribuye no poco a esa deriva hacia el exageramiento literario; pero, en fin, no pasa nada... el resultado, aunque algo desigual, al menos es coherente: eso hay que reconocerlo. Por otro lado, no deja de haber una reflexión, bastante cruda, aunque certera,  sobre la maternidad y sus responsabilidades, el tema de fondo de toda esta historia. Y sobre la responsabilidad que tenemos sobre nuestras propias vidas, también.

A pesar del efecto algo vitriólico que me ha producido su lectura, la recomendaré, al fin y al cabo; por lo menos, a los aficionados al género negro más correoso les puede interesar. En todo caso, lo que nunca puede ser, de ninguna manera, Las niñas perdidas, es un libro para leer tranquilamente en la playa, mientras los chiquillos juegan con la arena en la orilla del mar. Eso sí que no es recomendable, en ningún caso.

domingo, 24 de agosto de 2014

Colaboración: El hombre del salto de Don DeLillo

Idioma original: Inglés
Título original: Falling Man
Año de publicación: 2007
Valoración: está bien

El reto al que se enfrentan las novelas que pivotan alrededor de un acto terrorista es doble. Existe, por supuesto, la dificultad de representar mediante palabras una explosión y lo que ocurre posteriormente. Pero el problema axial, el que determina la contribución del autor al archivo cultural que versa sobre el acontecimiento la histórico, está en si el autor concibe el acto terrorista como una exageración estética -inasumible e incomprensible en su magnitud- o en si el autor muestra cierta voluntad continuista en la narración y sitúa el acto en una narrativa histórica (1). En El hombre del salto DeLillo apuesta por la segunda opción.

Sirviéndose de Keith, un oficinista en una de las torres del World Trade Center que después del desastre vuelve a casa de Lianne, su ex-mujer, para retomar la convivencia con ella, Delillo nos introduce en un nivel personal del trauma histórico. La madre de Lianne, enferma de alzhéimer y novia de un antiguo militante de la RAF reconvertido a marchante de arte, o Justin, hijo de Keith y Lianne, que escruta los cielos en busca de más aviones y conspira con sus amigos sobre un tal Bill Lawton (que es cómo los niños pronuncian Bin Laden) completan el cuadro familiar. Por último, el autor incluye a Hamad, un integrante del comando que derriba las torres.

El entramado teórico que se esconde tras El hombre del salto es digno de alabanza. La narración integra en su análisis elementos como la representación artística del falling man (un artista que en sus happening se cuelga de edificios imitando a aquellos que se lanzaban al vacío desde las torres en llamas) evidenciando hasta qué punto nuestra interpretación del terrorismo depende de ficciones, de narrativas o de mitos (2). El retrato humanizado del sujeto "otro", de Hamad, representa una voluntad del autor de terminar con el clásico discurso de la otredad con la cual ningún entendimiento es posible. También es destacable la voluntad de DeLillo de ofrecer al lector una breve -aunque insuficiente- mirada hacia las estructuras del orden político global al relacionarlas con los sucesos del 9 de septiembre de 2001 y con las vidas de los personajes arriba mencionados.

Con todo, El hombre del salto falla en lo esencial: en dar una unidad y en proveer un revestimiento narrativo a la altura de dichas ideas. La narración, probablemente en un intento de representar la parálisis post-traumática, peca de excesiva frialdad. Incluso la trama, tal vez queriendo representar el giro narcisista de los personajes, se desdibuja según avanza la narración convirtiendo el final en poco más que anti-climático.

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(1) Literature and Terrorism. Comparative Perspectives. Editado por Michael C. Frank y Eva Gruber (2012).
(2) Como explican Joseba Zulaika y William Douglas en Terror and taboo (1996).


Firmado: Paulo Kortazar

También de Don deLillo en ULAD: Aquí

sábado, 23 de agosto de 2014

Fernando Vallejo: Mi hermano el alcalde

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: muy recomendable

Tiempo de ismos? Bueno, con Vallejo tenemos algunos de esos. Cinismo y lirismo asegurados. Pesimismo y escepticismo, prácticamente. Y la duda, como siempre la duda que me asaltó con El desbarrancadero. Hasta qué punto cierto, hasta qué punto su creación. Seamos pragmáticos: si en el fondo nos da igual. Mientras Vallejo regale pasajes como el inicial del libro, estamos para poner pegas. Vean otros escritores la de páginas que necesitan para rozar tan siquiera las orillas del océano en el que Vallejo se baña y se rebaña en apenas un par de párrafos. Y es que el colombiano dispone a raudales de la virtud casi inconsciente de cautivar con cada frase, por mucho que a veces nos parece que lo que cuenta no es de gran importancia para el desarrollo de la trama, su enorme abanico de recursos siempre cala en el lector. Y no es que la trama no importe: también allí tenemos preparados puñetazos certeros en los riñones bajo apariencia de frases llenas de poder lírico.
Carlos, supuesto hermano de Vallejo, se convierte en alcalde de Támesis, población de curioso nombre en la que, se dice, todo el mundo desea ser feliz. Se convierte en alcalde porque lo decide en un episodio de delirio y tira adelante con la idea hasta que es elegido. Ha prometido cosas y sus votantes le exigen el cumplimiento de esas promesas.
Mi hermano el alcalde es una sátira sobre el poder en la que Vallejo no escatima ni uno de los recursos que le han hecho ser uno de los otros grandes escritores colombianos, o, como muy bien se le define en la solapa, una especie de Céline que arremete contra muchas cosas, un personaje que ni está cómodo ni es cómodo. Esta es una novela contada casi como si el escritor se encontrara ante nosotros sin más compañía que una taza de café, usando un lenguaje vivaz y florido, de un lirismo soez y algo acre que puede llevarnos a engaño si menospreciamos su intención. Pues ampliar la imagen, como ya sugiere Vallejo en algún momento, nos acercará a su verdadera dimensión: la toma aleatoria de la imagen de una sociedad que contrapone vitalismo a una realidad corrupta y violenta. Y así nos suministra Vallejo su abrumadura versión: como las madres que cuelan a los bebés la cucharada imitando un avión, nos da una lección de crítica, dignidad, y sabiduría.

También de Fernando Vallejo en UnLibroAlDía: Entre fantasmasLa virgen de los sicarios, El desbarrancadero

viernes, 22 de agosto de 2014

Ignacio Vidal-Folch: La cabeza de plástico

Idioma original: español

Año de publicación: 1999

Valoración: Muy recomendable




A pesar de las voces que, periódicamente, anuncian el carácter obsoleto de la novela como testigo de su época y síntoma de un estado de cosas, las cuestiones que interesan a la gente siguen constituyendo su argumentario y esto es un hecho innegable, acreditado por todas esas obras que se publican cada año y que van más allá del mero entretenimiento.

Uno de esos asuntos que preocupan a los autores del mismo modo que a la sociedad de la que forman parte es el estado actual de la producción artística. Y cuando hablo de actualidad me refiero a un estado de cosas que viene durando muchas décadas. También Houellebecq abordó este asunto años más tarde en El mapa y el territorio con recursos distintos y una perspectiva similar.

En la presente, Vidal Folch coloca una vez más sobre el tablero las incongruencias y niveles de absurdo a que ha acabado llegando esa falta de criterio disfrazada de capacidad visionaria; inaudita permisividad provocada por la omnipotencia absoluta de un mercado cuya estrategia ha consistido en manipular a su antojo el alza de las cotizaciones. Y lo hace sin irse por las ramas, confesando el carácter meramente lucrativo de las transacciones (“…la única manera fiable de manifestar interés por algo, en nuestro mundo de incesante mercadeo, es pagar por ello, pagar, pagar; pagar buen dinero de curso legal; el dinero del que estás dispuesto a desprenderte...”) y conduciendo al lector sin tregua y con extrema pericia a las últimas consecuencias de un planteamiento inicial que no tiene nada de extraordinario.

El celebérrimo y todopoderoso director del Stedelijk Museum de Amsterdam se siente súbitamente humillado por una instalación recién expuesta que, con la exclusiva intención de desacreditarle, ha elaborado un resentido aspirante a artista. A partir de ahí, y con el cinismo propio del cambio de siglo, se pasa revista a otro cinismo, el de los personajes, así como a su hastío y su codicia, mostrando sin la menor complacencia la fisonomía de iconos y popes del momento.

“… recordaba a una fotógrafa de aspecto delicado cuyo proyecto artístico consistía en explicar la conmoción que sintió a los ocho años, cuando fue internada en un colegio inglés; (…) el “impacto” de asimilar los verbos irregulares y el “brutal descubrimiento” de que las cosas no tienen nombre fijo y determinado para siempre sino que se llaman de cien, mil maneras: casi podría decirse que de cualquier manera (…) en consecuencia tituló la foto de su cama “Armario”, y “Calle” el bidet de su cuarto de baño, y su autorretrato, “Tijeras”. Y a mí aquello me pareció interesante, hasta la incluí en una colectiva de Nuevas Tendencias. ¿Año 91, 92? No se ha vuelto a saber nada de la fotógrafa”.

Sarcástico ¿no? El resto de los ejemplos tampoco tiene desperdicio. Para alguien como Cees Wagner –acostumbrado a hacer y deshacer, a avalar cuando le conviene un estado de cosas absurdo, desenmascarando, no obstante, toda farsa cuyo mantenimiento percibe como peligroso, ya que, según confiesa él mismo, el gusto artístico del público se manipula tan fácilmente como la adhesión religiosa, deportiva, política o patriótica– despojarle de su endeble peana logra hacer que se tambalee tan rápidamente y hasta un punto tal que nadie podría haber imaginado hasta entonces y menos que nadie él mismo.

La intriga está servida, de vez en cuando se caza al vuelo alguna frase premonitoria. Vidal Folch aborda con pulso firme esta novela de poco más de cien páginas, que avanza cada vez más velozmente hacia el desenlace final. Debido a sus sólidos cimientos, eso constituye un acierto indudable, pero el lector se implica tan fuertemente en lo que se narra que –a pesar de sus reveladores diálogos: con la comisaria de otro museo, con los aspirantes a exponer, con una chica que se revela como otra víctima de su contrincante, pero sobre todo con su único amigo, tan desencantado y atrapado como él en ese mundo de locos– de vez en cuando echa de menos una mayor insistencia en algún personaje o episodio.

Otras obras de Ignacio Vidal-Folch en Un Libro Al Día: Turistas del ideal

jueves, 21 de agosto de 2014

2000: Se dice pronto

Cartel oficial de las fiestas de ULAD.
Presupuesto: 15.000.000.000€


Se hace saber al respetable público lector de Un Libro Al Día que, con motivo de la celebración de la entrada número 2000, el consejo rector de ULAD ha aprobado el siguiente programa de festejos:
 
9:00 - Diana a cargo de la charanga eslava de los Hermanos Karamazov. ¡Diversión y alegría desde primera hora de la mañana!

10:00 - Pregón de fiestas leído in spiritum por Franz Kafka, para que la fiesta no pare. Txupinazo, seguido de la aparición de los bomberos para apagar las consecuencias del txupinazo.

10:00-14:00 - Chiquipark para los más peques con hinchables Stilton. Torneo infantil de quidditch con escobas voladoras (según las reglas de Hogwarts). Alternativamente, campeonato de caza de gamusinos en la era del pueblo.

10.30 - Conexión en directo con Japón, desde donde Haruki Murakami nos hablará de su nueva novela en la que un hombre sensible y solitario se encuentra envuelto en una compleja trama dezzzzzzzzzzzz...

11:00 - Parada militar con trajes de época,  organizada por la Asociación Pérez-Reverte de Recreación Histórica Castrense. En sentido contrario avanzará el pasacalles alienígena de la empresa Gurb de Barcelona (disfraces de churro y de Marta Sánchez disponibles para quien los solicite), hasta producirse la confluencia de ambos eventos con resultados imprevisibles.

11:30 - Exhibición de herri kirolak: los harrijasotzailes Arretxe, Zaldua y Uribe (entre otros) se desafiarán a levantar la literatura vasca sin ayuda de poleas ni artificios mecánicos. Después,  la colla castellera Monzó, Pamiès i Piñol tratará de conseguir un quatre de nou. En caso de no conseguirlo, nuevo intento el día 11 de septiembre.

12:00 - Vaquillas y concurso de recortes, con la presencia del ministro Wert.

12.30 - Concurso de imitadores de Vila-Matas. Se espera la presencia del señor Vila-Matas, que se imitará a sí mismo hasta que el resto de competidores desista por agotamiento.

13:00 - Cucañas, carreras de sacos y captura de libro engrasado. En esta ocasión se engrasará el Ulises de James Joyce. El ganador recibirá de premio un libro de Corín Tellado y un diccionario de inglés irish. Acto seguido, lanzamiento de libros de bolsillo (con tres categorías: Posteguillo, Tom Sharpe y Echenoz).

14:00 - Paella popular y arroz negro al estilo escandinavo (valencianos abstenerse, por su bien).  Bollus preñaus y chorizos a la sidra para quien acredite su asistencia a la Semana Negra de Gijón.

15:00 - Resopón y sobremesa amenizada con la lectura consecutiva de seis novelas de Amèlie Nothomb

15:30 - Debate con comentarios de sus mejores momentos

15.30 - Siesta de pijama, pero solo media horita que si no hace mal.

16:00 - Cuentacuentos a cargo de Fernando Sánchez-Dragó. Prohibida la asistencia a menores de edad. Prohibida la entrada a mayores de edad. Prohibida la entrada a Fernando Sánchez-Dragó.

17:00 - Campeonato de vuelo acrobático de palíndromos. Lucha leonesa de metáforas y metonimias. Carreras de sinécdoques. Exhibición de litotes. Concurso de camisetas mojadas sin nadie dentro.

17:30 - Degustación solidaria de chocolate con churros a beneficio de Letraheridos Anónimos. (Con lo recaudado se patrocinará la publicación de un autor inédito. En Kindle. Y baratita).

18:00 - Corrida de toros: En la plaza del pueblo se soltarán ejemplares de La broma infinita, 2666, Libertad, El jilguero y Las benevolentes, para que lidie con ellos quien buenamente pueda.

19:30 - Desfile de alta costura con diseños de la modista María Dueñas.

20:00 - Tangos y milongas con don Jorge, el bandoneonista ciego y el combo porteño Los Rayuelos, seguidos de fados pessoanos y loboantuneros. Después, suicidio colectivo de los asistentes.

21:00 - Cena ligerita servida por el restaurante hi-tech À la Pynchon.

Plato combinado único: Sopa espesa de Arco Iris 
Lote de 49 postres
Vino de las bodegas de Vineland.

21:55 - Atención médica a indigestiones, mareos y desorientaciones.

22:00 - Bailables con la orquesta andina Los Litumas y el afamado cantante de boleros Mario Vargas (o sea, la fiesta del chivo).

23:00 - Fuegos artificiales de la conocida pirotecnia Alt Lit. Este acto puede cancelarse según las inclemencias meteorológicas y la volubilidad de los señores pirotécnicos.

24:00 - Entierro de la Sardina,  hasta la entrada 3000.

miércoles, 20 de agosto de 2014

James Franco: Palo alto

Idioma original: inglés
Título original: Palo Alto
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

Palo Alto es una ciudad situada en el condado de Santa Clara (California). También es la ciudad en la que nació y se crió James Franco (actor, guionista, director y productor de cine, pintor, músico y escritor; ahí es nada) y el lugar en el que ha decidido ambientar su segundo libro (el primero fue una novela titulada Actors Anonymous).

Palo Alto es, en teoría, una colección de relatos, pero también se podría considerar una novela, pues todas las narraciones comparten los mismos personajes y el conjunto resultante es algo más complejo y completo que un simple grupo de historias reunidas en torno a un tema común.

Los protagonistas de esta obra son un grupo de adolescentes que, básicamente, están tan alienados y tan aburridos de sus vidas que el único escape que encuentran a su rutina diaria es emborracharse, drogarse y practicar sexo (o intentarlo) con todo lo que se mueva. Lo que Franco nos ofrece, así, en este libro, es un retrato descarnado y terriblemente triste de la juventud contemporánea, para la que valores e intereses brillan por su ausencia.

A pesar de los prejuicios que pueda despertar la figura de Franco como escritor (sí, yo también tenía mis reparos cuando me hice con el libro, lo reconozco), Palo Alto es una obra más que correcta, bien escrita e interesante, cuyo tono insensible y anestesiado refleja a la perfección las personalidades de sus protagonistas y el mensaje que el autor quiere enviar.

La única pega que le encuentro es que, en ocasiones, las voces de los personajes son tan parecidas que se confunden. Como los relatos están escritos en primera persona, a veces el lector no sabe cuál de los personajes está contando cada historia en cuestión hasta que no dice su nombre o cierto detalle que lo caracterice. Por lo demás, éste es un libro que bien merece la pena ser leído, aunque después de hacerlo nos llevemos las manos a la cabeza y nos preguntemos en qué manos vamos a dejar este mundo. Porque si son los protagonistas de Palo Alto los que tienen que sacarnos adelante, vamos mal. Muy mal.

martes, 19 de agosto de 2014

Leonardo Sciascia: Una historia sencilla

Idioma original: italiano
Título original: Una storia semplice
Traductor: Carlos Manzano
Valoración: Muy recomendable

Ésta es la última novela (y el último libro) que escribió uno de los grandes de la literatura italiana, Leonardo Sciascia, precisamente entre sus sesiones médicas, cuando ya la enfermedad que padecía le conducía hacia un final inevitable. Se publicó justo antes de su muerte, en 1989.

La historia, de corte policial, en realidad no tiene nada de sencilla, como ya podíamos imaginar: un ex-diplomático siciliano, residente en el extranjero, vuelve un día  a la casa de campo familiar y encuentra algo que no debería estar allí, un famoso cuadro robado años atrás (Sciascia se inspiró en el caso real de una famosa tela de Caravaggio desaparecida en 1969 de un oratorio de Palermo). El hombre llama a la policía, pero cuando un sargento acude al día siguiente, lo que halla en la casa es el cadáver del ex-diplomático, aparentemente suicidado. A partir de la pista que le da un profesor, viejo amigo del finado, el sargento de policía sigue investigando una trama que se va complicando por momentos, a medida que transcurre la novela (y eso que el libro consta de poco más que 70 páginas), hasta llegar al sorprendente final. o quizás sea el final, precisamente, lo que tiene poco de sorprendente, menos aún en un lugar y una época (la Sicilia de los años 80) en donde cualquier cosa parecía posible, incluyendo las actividades criminales de personas poco sospechosas de ellas. 

La sencillez de es ta historia viene marcada, eso sí, por la limpieza y concisión del estilo, admirables. Lo que no impide que el autor demuestre en cada momento su erudición y la distinción característica de su prosa, como sabrá cualquiera que haya leído sus libros. En esta novela, en todo caso, hay alguna diferencia con respecto a otras que escribió en los 60, como El día de la lechuza y A cada cual lo suyo: si en éstas su función principal era la denuncia, aunque fuese una denuncia amarga e incluso desesperanzada, en Una historia sencilla, bajo el evidente escepticismo queda lugar para la esperanza, al menos la que supone la figura del sargento Lagandara. Una esperanza que también, en ese momento y lugar, en Sicilia, era absolutamente necesaria,  por más que recibiese duros golpes no mucho después (uno de ellos, sin duda,  la desaparición del propio Sciascia). 

En suma, una novelita concentrada y deliciosa, magníficamente escrita. Y un buen modo, para quien no lo conozca, de comenzara frecuentar a un autor imprescindible. Y para quien no guste demasiado de las historias de mafiosos y demás, tranquilos: la palabra Mafia no aparece ni una sola vez en todo el libro. No hace falta.

También de Leonardo Sciascia en Un Libro Al Día: El archivo de EgiptoMuerte del InquisidorPuertas abiertasActas relativas a la muerte de Raymond RoussellEl caballero y la muerteLos apuñaladores

lunes, 18 de agosto de 2014

Colaboración: Diez negritos de Agatha Christie


Idioma original: Inglés.
Título original: Ten Little Niggers
Año de publicación: 1939
Valoración: Está bien (mis disculpas a los adictos).

Ocho personas desconocidas entre sí son invitadas a pasar unos días en una minúscula isla privada, en la que hay un bonito caserón, dos sirvientes (que completan la decena de negritos) y una enorme roca que semeja la cabeza de un gigantesco indígena africano. Después de la cena, la voz procedente de una grabación los va culpando uno a uno de haber cometido un crimen que en el pasado quedó sin castigo. A renglón seguido, los invitados asisten atónitos a la muerte inexplicable del primero de los acusados. ¿Hay alguna novela que pueda sobrevivir a este poderoso inicio?

Les confesaré mi problema fundamental con Diez negritos, la narración de misterio más leída de la historia: ese principio tan avasallador, magistralmente planteado, incluyendo la exposición sucinta de cada personaje, integrándolo a la acción (la forma de presentarlos, todos ellos en movimiento hacia su destino, es un truco maestro para capturar la atención) debería tener mucho más recorrido que el de un problema aritmético, por muy ingeniosa que sea la solución. Agatha Christie mueve con elogiable carpintería narrativa los tipos y las situaciones, pero en definitiva –con algún matiz importante- confecciona un crucigrama de misterio, uno más, siendo así que en ese arranque se escondía el germen de una historia de terror puro.

De los libros de Dame Agatha que he leído, éste es el más arriesgado, el menos pudoroso…, y sin embargo sigue siendo demasiado pudoroso, literariamente hablando. Pónganse en el lugar de los invitados, que ven desaparecer a sus compañeros de mesa al compás de una macabra canción de cuna. ¿Ustedes se preocuparían por organizar el desayuno a falta de los criados? ¿Se retirarían a descansar a sus habitaciones individuales al final de un día cuyo balance se eleva a tres fiambres? ¿Prepararían el té? Y, como cuestión mayor, ¿pasarían el tiempo divagando sobre quién o qué provoca tal pandemia mortuoria en vez de concentrarse en, simplemente, salvar el pellejo? Comprendo lo que todo esto tiene de juego, y aún así, echo de menos una buena dosis de transgresión. El lector debería removerse en su sofá no por la inquietud que provoca el desafío algorítmico en los invitados, sino por lo que éstos –y el mismo lector- puedan descubrir acerca de sí mismos.

Esa es la razón por la que lo mejor de Diez negritos –al margen del formidable arranque- está en la parte final, cuando la autora se ha deshecho con precisión criminal de los personajes que le sobraban y puede concentrarse en los que le interesan. Aquí, el pudor se abandona felizmente para rozar y casi alcanzar la línea del horror.

La traducción de Orestes Llorens parece ser la única en español. A pesar de que en la prosa de Agatha Christie no suelen aparecer escollos semánticos, encuentro desconcertante toparme –aunque sea muy ocasionalmente- con términos como “chinchorrerías” o “cuchufletas”. En cambio “anfractuosidades” me pareció muy hermoso, pero confieso que tuve que consultar su significado en el diccionario. A pesar de todo, la versión posee ese aire anticuado propio para leer a Agatha Christie, imprescindible para escandalizarse porque unos educados huéspedes condenados a muerte se vean en la atroz obligación de comer su almuerzo directamente de la lata.

También de Agatha Christie en ULAD: Asesinato en el Orient ExpressNoche eternaMisterio en el Caribe,

Firmado: Talibán