jueves, 31 de julio de 2014

Mo Hayder: El muñeco

Idioma original: inglés
Título original: Poppet
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Los que conozcan un poco la obra de Mo Hayder sabrán que esta escritora británica ha publicado ya una decena de novelas, siete de ellas protagonizadas por el inspector de policía Jack Caffery. El muñeco es la penúltima (hasta la fecha) y se abre con los terribles sucesos que en un corto periodo de tiempo han tenido lugar en el manicomio de Beechway, donde una serie de cortes del suministro eléctrico ha causado varias muertes.

Los internos creen que el responsable de las muertes es un espíritu, una especie de muñeco vudú al que llaman The Maude, y es tal el grado de histeria que se desata en el lugar (que no es precisamente el sitio más idóneo para que eso ocurra, debido a la naturaleza de las personas que viven allí), que incluso los enfermeros empiezan a ausentarse y fingir estar enfermos cuando les toca el turno de noche. AJ LeGrande es el único que mantiene la mente un poco fría y sospecha que no sólo no existe tal espíritu, sino que una persona de carne y hueso es la responsable de las bizarras muertes que han tenido lugar hasta la fecha. Por eso, y a pesar de saber que se está jugando el puesto, acude a la policía para comunicar sus sospechas.

Caffery, que está más hecho polvo (si cabe) que en las novelas anteriores y cuya vida y carrera parecen avanzar hacia un lugar tan oscuro como los casos con los que trabaja, será el encargado de investigar estos sucesos, al mismo tiempo que intenta (haciendo todo lo contrario de lo que se supone que debe hacer un inspector de policía) ayudar a una compañera cuya vida y carrera también están en la cuerda floja, aunque por razones muy diferentes.

... Y hasta aquí puedo leer. A partir de aquí se puede decir que El muñeco es un thriller al uso, con su abanico de personajes secundarios que rara vez son lo que parecen, con sus giros argumentales que hacen pensar al lector "¡Oh, Dios mío, eso lo me lo esperaba!", con un estilo cuidado que engancha desde la primera página y con algunas escenas dignas de admiración (la primera aparición de la Madre Monstruo es magistral).

En fin, se puede decir que Hayder aún sabe sacar partido de Caffery, aunque también sabe dosificar su historia al milímetro, de manera que no interfiera demasiado con el caso principal de la novela y que el lector se quede con las ganas de saber más sobre este inspector. Aunque para eso, claro, habrá que hacerse con el siguiente volumen.


También de Mo Hayder: El tratamiento.

miércoles, 30 de julio de 2014

Liz Murray: Quemar la noche

Idioma original: inglés
Título original: Breaking night
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Se deja leer

Vamos a ver... Tenemos entre manos un asunto un poco chungo, o quizás bastante chungo. De verdad.

La cosa es que he leído un libro de esos que contienen historias de superación escritas por sus propios héroes y que acaban siendo adaptadas al cine o a la televisión y despertando "¡Oooohs!" de admiración por doquier. Hay veces, incluso, que sus escritores se convierten en personajes más o menos famosetes que dan charlas en convenciones de coach y demás materias molonas del nuevo milenio, creadas para ayudar a los seres humanos del mundo civilizado a ser más felices, aunque nunca puedan escapar de patronos viles y círculos sociales ruines.

Pero venga, que me pierdo...

La cosa, retomemos el hilo, es que he leído un libro que cuenta una flipante historia de superación personal (la de Liz Murray, una chica norteamericana hija de padres drogadictos que pasó de la cuasi-mendicidad a graduarse o licenciarse o como se diga, en Harvard), y me va a costar hacer una crítica decente de la obra porque me cuesta ordenar mis ideas. A ver, es que, por un lado, creo que literariamente el libro vale más bien poquito (prosa simplona; narración lineal y cronológica pero saltándose o apenas hablando de momentos que yo considero importantes para entender la historia entera; descripción a conciencia de ciertos personajes descuidando o dejando desdibujados a otros, etc...) y que la historia puede caer en lo que vulgarmente se conoce como una "americanada" (y no una "americanada" de las de Bruce Willis, sino de las que le van a la actriz que hacía de Laura Engels, que vive de sufrir como una Magdalena en telefilmes de la hora de la siesta).

Pero por otro lado, la historia, real-real-real, me ha dejado alucinado. Porque aunque suelo ser bastante desconfiado (y ojo, algunas cosas del libro me despiertan muchas sospechas), me la he creído.

Ya me impresionó cuando la conocí un poco por encima (fue accidentalmente, curioseando en Internet), y ahora que he leído el libro testimonial de Liz Murray, me alegro de haber indagado en ella, porque es una especie de El indomable Will Hunting pero un poco más heavy y más sucia.

Eso sí, en Quemar la noche, Murray utiliza una voz que parece anclada en la infancia/pubertad y describe episodios muy escabrosos con un tono tan naïf que, mira tú por dónde, pueden llegar a dar más morbo y dentera que si hubieran sido escritos con mayor crudeza.

La vida que llevó la pequeña Liz fue de traca. Hasta el final de su primera infancia vivió junto con su hermana mayor y sus dos padres drogadictos en una Nueva York en las antípodas de la gran ciudad de aires europeos que nos venden por todas partes. La familia vivía de ayudas sociales, pasaban días enteros sin comer (los chutes diarios eran lo primero para los progenitores), los piojos devoraban las cabezas de las crías, la marginación escolar era inevitable, no tenían apenas parientes y sus amigos eran desastres similares, etc... Murray narra todo esto con mucha serenidad y sin juzgar a nadie (¡si casi justifica a sus padres!), y menciona también ocasionales episodios de prostitución de la señora Murray y constantes robos y picarescas para poder comer. Luego llegarían la enfermedad de su madre (SIDA), un padrastro desagradable, el ingreso de su padre en un centro para balas perdidas y, por fin, la huida de casa de la ya adolescente Liz y su deambular por las calles y por casas de amigos algo mejor situados que ella, con los que formó una especie de familia postiza.

Vamos, que en Quemar la noche, Murray cuenta cómo se puede vivir en una gran ciudad siendo una marginada menor de edad, pensando sólo en el día a día, en qué comer y dónde dormir cada jornada, y buscando protectores y amigos/hermanos con sumo cuidado. Pero en este caso, algo hacía especial a nuestra Oliver Twist americana, una milagrosa obsesión que no se podía quitar de encima mientras sobrevivía así: estudiar. Porque Liz (cuyo padre era un hombre muy culto que incluso había estudiado un par de años en la universidad antes de darse a la mala vida) era una cría lista a la que sus circunstancias le habían negado una vida escolar normal. Pero algo dentro de ella le hizo buscar ayuda y medios para demostrarse a sí misma de lo que era capaz. Y buscó y encontró un centro especial (con un método de enseñanza un poco peculiar) en el que lograría recuperar sus años de instituto echados a perder, y más tarde, Padre nuestro que estás en los Cielos, gracias a una brillante redacción sobre su vida, una jugosa beca que la llevaría a Harvard.

En fin, algo para quedarse de piedra, ¿verdad?

Pero insisto, hay detalles de la historia de Liz Murray que se me hacen un poquito difíciles de creer, y seamos sinceros: el aroma a cuento de hadas urbano y  ejemplarizante no desaparece en ningún momento.






martes, 29 de julio de 2014

Colaboración: El hombre que soñaba demasiado de Gonzalo Suárez

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Es este el típico libro que se lee por casualidad. Se lo encuentra uno en casa y, "¿qué coño es esto?", "¿quién lo ha comprado?" Y cuando fortuitamente nos encontramos con un hueco porque la siguiente lectura prevista la hemos descartado por algún motivo, pues venga, vamonos con el Suárez este, que me suena como director de cine o algo así.

Y cuidado que el título (que suena a tostón hollywoodiense candidato a Oscar) es de verdad disuasorio, y qué decir de la horrenda portada; pero entre tanta calamidad y tan adversas señales, héteme aquí, señoras y señores, que hemos encontrado un muy buen libro.

La cosa arranca como una peculiar autobiografía, rápida, a base de cuatro fogonazos lanzados con el estilo cortante, abrupto y oscuramente irónico que no nos abandonará en todo el libro. Y en seguida, tomando pie en un sueño, se adentra en un terreno fascinante donde ‘como en un recodo del río confluyen los sueños, los recuerdos y los hechos’.

Así, el relato, atrayente y poderoso, que en ocasiones adquiere caracteres góticos, es un continuo entrar y salir entre la realidad y el sueño, un deambular en el filo de dos mundos que interfieren y se condicionan, formando con el paso de las páginas una extraña red, a veces tenebrosa, a veces vivificante, que constituye al mismo tiempo una pesadilla y un retrato de lo vivido.

Suárez maneja formidablemente esa ambivalencia de los materiales, y los va retorciendo una y otra vez sobre sí mismos, hasta dar la sensación de perder él mismo la percepción de hasta dónde llega lo real y lo ficticio, lo que nos va conduciendo a un túnel cada vez más angustioso.

Ciertamente, del túnel sale uno de golpe y porrazo en cuanto se encuentra con un rótulo que pone ‘Segunda parte’. Da la impresión de que el autor se ha cansado de toda esta locura, o se la han acabado las pilas, no sé, y volvemos por un tiempo a un relato autobiográfico más o menos convencional. Pero irremediablemente, como si fuesemos el objeto de una fatalidad eterna, los cielos vuelven a teñirse de sombras...

Naturalmente, no sigo para no espoilear. Pero tampoco puedo terminar sin reiterar que estamos ante un libro que rompe esquemas, sorprendente y subyugante, que le deja a uno tan descolocado como enredado sin remedio en la atmósfera oscura de una realidad soñada.

Firmado: Carlos Andia

lunes, 28 de julio de 2014

Angel Wagenstein: El Pentateuco de Isaac

Idioma original: búlgaro
Título original: Петокнижие Исааково

Año de publicación: 1998
Traducción: Liliana Tabákova
Valoración: muy recomendable

Que uno de los rasgos fundamentales de un libro que trata, entre otros, el tema del Holocausto, sea un humor ácido y crítico, al borde de la carcajada en ciertos momentos, nos deja bien claro que no estamos ante un autor cualquiera. Perteneciente a una trilogía de obras de parecida temática, El Pentateuco de Isaac sigue la vida de Isaac Jakob Blumenfeld, judío residente en Galitzia (antiguo imperio Austrohúngaro). Personaje característico que contempla su vida con sorna mientras ve como su nacionalidad va cambiando en función de los avatares de los diversos conflictos que atraviesa la revuelta Europa de la primera mitad del siglo XX.
Wagenstein publicó esta novela con setenta años cumplidos. Algo de su propia experiencia personal trasluce aquí. Por lo que se deduce de su biografía. Pero la historia de Blumenfeld es un recorrido por una Europa gris y turbia, una especie de espiral descendente a la que las fechas nos abocan: sabemos que llegará 1939, esperamos que llegue 1945. Las andanzas de Blumenfeld y su amigo y familiar el rabino Bendavid nos fascinan paulatinamente. Como muchos seres en esas épocas, no hicieron nada más que existir y estar en lugares equivocados (expuestos a los azares de todas las injusticias posibles, desde todos los lados posibles).
Entonces, alguien podría pensar que aquí no hay nada de nuevo. Que esta es más literatura del Holocausto y vamos a encontrar más descripciones de la infinita crueldad del Tercer Reich. No. Wagenstein usa muy a menudo el recurso del humor, de la ironía, del chiste o la anécdota que muestra la capacidad de relativizarlo todo, o, en definitiva, cómo contempla un ser humano las desgracias que se le suceden a su entorno, a su familia, cuando estas siempre parecen, falsamente, incapaces de empeorar. Y Wagenstein echa mano de un lirismo sobrio y eficaz: no hay recreo aquí en la desgracia, no hay saña, hay una ilusión teñida de tristeza y hay una curiosa resignación hacia esas horribles muecas del destino. Y, por supuesto, en medio de todo ello, una feroz crítica al totalitarismo, al imperialismo del tipo que sea, a la obsesión por las grandes naciones. No feroz por ser directa: feroz por esa magnífica capilaridad de la cual el autor es capaz. Y si toda la novela es magnífica, he de decir que la aceleración de su parte final, de esos últimos dos libros que constituyen el Pentateuco, son ejemplares. Allí vemos a Blumenfeld, tras sus cambios de nombres, de nacionalidades, superviviente a su pesar, agarrado a los restos de dignidad que han dejado de él, contemplando lo que ha dejado tras de sí, y pensando si no tiene derecho a ejercer alguna drástica decisión libre. Una figura que recordará todo aquel que lea este libro.
Otra demostración del espectacular promedio de la gente de Libros del Asteroide, a la que nunca se podrá acusar de falta de osadía en la selección de su catálogo. Siempre apostando por lo desconocido aquí. No os canséis nunca, chavales.

domingo, 27 de julio de 2014

Fernando Luis Chivite: Insomnio

Idioma original: español 
Año de publicación: 2006
Valoración: Está bien                  







Una obra que, como la mayoría de los productos híbridos, postmodernos, y por tanto esencialmente ambiguos, a medio terminar, elaborados con la técnica del puzle, al navegar más bien a la deriva, empieza a mejorar más allá de sus dos terceras partes. Esto se debe, creo yo, a que entonces el escritor cuenta ya con  recorrido suficiente para haber tomado conciencia de lo que está contando.

El probable alter-ego de Chivite muestra sus pensamientos sin necesidad de revestirlos de ficción y por tanto vengan o no a cuento, en un estado de reflexión permanente, una especie de euforia mental debido, al parecer, a que no duerme nunca. Pero tanta afirmación tajante, frase lapidaria, tanto sentido oculto, tanto hermetismo deliberado o profundidad filosófica aparente resultan más superficiales e intrascendentes de lo que se quiere dar a entender.

En el centro de ese universo, algo acartonado, el protagonista-narrador observa y narra de forma un tanto deslavazada y eso, dentro de un formato como este, elaborado a base de fragmentos, desorienta bastante al lector. Se nos explica que dicho personaje principal está casado, pero su mujer bien podría ser una compañera de trabajo o la esposa de un amigo porque dentro de la novela, y al margen de explicaciones, no se vive esta relación. Lo mismo ocurre con el resto de personajes. Cuando aparecen de nuevo no conseguimos recordarlos porque, por una parte son todos prácticamente idénticos y, por otra, no han conseguido dejar huella ninguna. Sin contar con que no llegamos a conocerlos por sus actos pues se les adjetiva en lugar de dejarlos actuar y porque su relación con el autor o su carácter se expresan mediante definiciones y tenemos que conformarnos con una enumeración de antecedentes. No existe, pues, un verdadero argumento.

Por supuesto algo así puede hacerse, la ficción admite todo tipo de procedimientos, pero hace falta saber manejarlos. Para ello, quizá deberían haberse inventado otros recursos, como poner relatos, ideas o caracterizaciones en boca de algún otro personaje, siempre de acuerdo con el carácter que se le ha atribuido, o bien inventar un artefacto tan mágico como los de Rayuela, Cien años de soledad o Los detectives salvajes, en cuyos contextos las alteraciones de la norma han conseguido convertirse en virtudes literarias.

Hablando de virtudes, destaco la corrección y fluidez de la prosa, la originalidad de su estructura, la exactitud de los términos usados, la incuestionable particularidad de sus recursos y el interés de algunos pensamientos:

“Somos criaturas pusilánimes: nos asusta la soledad, nos asusta el futuro, nos asusta todo. Y buscamos garantías. De modo que a partir de cierta edad preferimos el sensato matrimonio al loco amor. Eso nos otorga quizás un aire interesado y vagamente escéptico, pero nos protege del viento gélido del abismo. Además hay que tener mucho cuidado con lo que uno espera después de los cuarenta…"

sábado, 26 de julio de 2014

Rachel Joyce: Perfecto

Título original: Perfect
Idioma original: inglés
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

En 1972, Byron tiene once años y es uno de los pocos niños de su escuela que puede presumir de tener una madre perfecta: es guapa, amable, lista, buena cocinera, tiene la casa siempre limpia y ordenada, su jardín es la envidia de los vecinos y siempre cuida de que sus hijos y su marido acudan tan perfectos como ella al colegio y al trabajo, respectivamente. Pero toda esa perfección empieza a desmoronarse cuando, de camino al colegio, su madre atropella accidentalmente a una niña. Será entonces Byron, con ayuda de su amigo James, quien idee un plan para salvarla de la crisis a la que irremediablemente parece estar abocada.

En la actualidad, Jim acaba de ser contratado en una cafetería para limpiar mesas. Es uno de los pocos trabajos que puede desempeñar, a pesar de que es un hombre adulto, porque ha pasado la mayor parte de su vida recibiendo tratamiento en varias instituciones mentales. Aunque parece que su vida empieza a ponerse en orden gracias a la rutina laboral, aún tiene que vencer los rituales que siempre han gobernado su vida y que aún hoy llenan sus noches.

Así comienza Perfect, la segunda novela de la escritora inglesa Rachel Joyce, quien ya se ganó el favor de la crítica y el público con El insólito peregrinaje de Harold Fry. En esta ocasión y de la mano de Byron y Jim, la autora nos ofrece una historia más oscura y ambiciosa que la del buen Harold de su debut, en la que sus personajes tienen que intentar salir adelante en un mundo que, debido a un pequeño error, parece haber cambiado de forma irremediable y ya no los acepta.

Como ya ocurría en su primera novela, Joyce regala al lector momentos humorísticos que aligeran la tensión que parece no desaparecer nunca y que en esta ocasión resultan más que agradecidos, debido al ambiente trágico imperante. Perfect es, también, una historia más verosímil que su antecesora (y que conste que esto no lo digo como una crítica) y por ello menos amable y más implacable con sus personajes, algo que Joyce aprovecha para, además, hacer una sutil pero efectiva crítica social.Una recomendable lectura, en resumen, que no decepciona y que mantiene vivo nuestro interés de la primera a la última página.



También de Rachel Joyce: El insólito peregrinaje de Harold Fry.

viernes, 25 de julio de 2014

David Torres: Punto de fisión

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Esta novela de David Torres fue galardonada con un premio literario en el 2011. Lo comento antes que nada porque, si bien
un premio no es garantía de la calidad de un libro (como supongo que todo el mundo sabe a estas alturas), tampoco lo es de todo lo contrario. Y, en este caso, se trata de una novela que, sin que resulte ser memorable, sí que es notable y muy entretenida, por lo que nadie debería dejar de leerla por prejuicios contra los libros "premiados". Ni leerla por todo lo contrario, por supuesto.

En realidad, no es solo una novela, sino cuatro, porque son cuatro las historias que van desenrollando su ovillo en el libro, al principio de manera independiente unas de otras, para luego irse enredando, inevitablemente, hasta la traca final. La premisa en común de todas las historias (excepto en una, quizás) es la del humor: así, nos encontramos con una banda de chiquillos ucranianos que se cuelan en el área afectada por la radiación de Chernobyl, para recuperar los recuerdos de los evacuados; con un editor hipocondríaco, llamado Matas, que pierde su potencia sexual al tiempo que su salud, su trabajo y su casa, de forma que se ve obligado a buscar refugio junto a un amigo suyo, tullido y crítico de películas pornográficas; con el joven Leonardo Zubiri, que a partir de sufrir el impacto de un rayo, se dedica a la literatura, perpetrando relatos híbridos (entre Franco y Frankenstein, por ejemplo), publicados con gran éxito por una editorial fantasma; y con el inspector Rodríguez, un policía aficionado a la poesía, que persigue a un grupo de terroristas madrileños, el PICHY (Partido Independentista Chulapo, ¿Y?), ocultos tras caretas de Lenin. Y en medio de todo el quilombo, la búsqueda del  manuscrito de una novela, titulada, precisamente, Punto de Fisión. La mayor parte de la acción tiene lugar, por tanto, en un Madrid contemporáneo, pero ligeramente dislocado, que recuerda un poco (excepto en el toque naútico), al de Todo está perdonado, de Rafael Reig.

Las diferentes subtramas van enredándose unas con otras con precisión de relojería, demostrando el buen oficio de David Torres; más aún cuanto que introduce, sin estridencias ni forzamiento alguno, elementos que podríamos llamar "metaliterarios", que se integran perfectamente en la trama general. La única pega que se le puede poner es que, para tratarse de una novela con vocación humorística ya desde el primer momento, resulta que la historia que se acerca más a la excelencia literaria es, precisamente, la menos humorística de todas, mientras que la que tiene un toque más paródico e incluso una tendencia al esperpento, como es la del grupo terrorista cheli, resulta ser a la postre la que peor funciona, hasta el punto de que incluso lastra en algo el resultado final.

Aún así, ésta es una novela estupenda y divertida, que no creo decepcione a nadie que se entregue a su lectura. A no ser claro, que sea un lector de ésos que se toman muy en serio las cosas que leen. Y eso que, como dijo Lenin (?) y nos recuerda David Torres: "El humor es una cosa muy seria". Y tanto que lo es.

jueves, 24 de julio de 2014

Roberto Saviano: CeroCeroCero

Idioma original: italiano
Título original: ZeroZeroZero
Año de publicación: 2014
Traducción: Mario Costa García
Valoración: recomendable

Al igual que le pasó a Salman Rushdie, la condición de escritor perseguido de Roberto Saviano predispone inevitablemente sobre su obra. Sobre la presión y las circunstancias en que la escribe y sobre su actitud hacia los temas que elige. De perdidos al río, supongo, si se es perseguido por lo de Gomorra, qué más da añadir al negocio en masa del tráfico de cocaína. ¿Es Saviano un mártir vocacional, es como esos serial-killers que, en el fondo, desean ser detenidos? Veis, esta ya es una reflexión implanteable en otros escritores. Producto del trato por el que Feltrinelli va a hacerse con las riendas de Anagrama, es la prestigiosa editorial independiente quien se encarga de publicar la traducción al español de estas 500 páginas de ensayo ante las que el lector salivará. Cómo no. Si novelas como El poder del perro fantasean con el poder del narcotráfico con excitantes resultados, qué nos deparará Saviano, de vuelta de todo y que ya reconoce que su vida es un infierno y que seguramente escribir y escribir y escribir sea su única válvula de escape. Seguramente la parte más brillante de este libro es ese último capítulo en el que Saviano se sincera en lo referente a su situación personal, reflexiona sobre el laberinto sin salida en el que se encuentra y se autoinmola: "Me he convertido en un monstruo."
El tema aquí es la cocaína y cómo las organizaciones criminales (o abiertamente criminales: el libro arroja muchas dudas sobre el comportamiento del poder frente a un negocio tan jugoso y rentable) gestionan todos los aspectos de su proceso de comercialización: desde las devastadas economías agrícolas que usan la hoja de coca como único cultivo que garantiza la subsistencia hasta el entramado financiero que permite que sus pingües beneficios acaben integrándose en el flujo económico convencional. Con varios centros geográficos delimitados: México, Colombia, Italia, Rusia, y con un abrumador volumen de información, mucha de la cual nos hace acudir a la red. Sí, existió Kiki Camarena, sí, existe Natalia París. Eso sí, echo de menos algo más de remojón con nombres de la actualidad, algo más de valentía para afrontar todas esas leyendas que vinculan altos mandatarios politicos y empresariales con el crimen organizado. Pues la denuncia es constante pero es una denuncia que no acaba de concretarse, es una mano levantada constantemente sin llegar a desplomarse. Es un poco una bravata. Por bien contado y bien estructurado que esté, lo que esperamos aquí no acaba de producirse, y mucha de esa información ya la conocemos o la intuimos. Lo que hace Saviano en CeroCeroCero es recopilarla, ordenarla, darle un sentido, y dejar algunos cabos sueltos, por eso. Quizás ya tenga suficientes enemigos.
Ocurre con Saviano que sus libros pueden acabar convirtiéndose en una especie de subgénero. Como el cine de Michael Moore, por ejemplo. Que se conviertan, cosa que ya empieza a ocurrir en CeroCeroCero, en frías secuencias, en relaciones de hechos delictivos, de vínculos, de crímenes, de métodos de tortura. En resumen, de torrentes de información que cumplen su cometido, sí, el de concienciarnos a todos del arraigo y el peligro de las organizaciones criminales, y de su presencia en el día a día de nuestras sociedades. Pero lo hacen, ya, con el piloto automático puesto. Consciente de ejercer esa función por la que ha acabado sacrificando tanto en lo personal, lo cual puede fascinarnos y hasta estimular nuestra imaginación (cómo debe ser la vida de este hombre, que debe hasta ocultar los nombres de sus colaboradores, con tal de evitar que sus poderosos enemigos den con él y le apliquen el castigo ejemplar), pero que en lo literario ha empezado, ya, a transitar un poco por el camino de la reiteración.

También de Roberto Saviano en ULAD: La belleza y el infiernoLo contrario de la muerteGomorra (además, se le menciona aquí)

miércoles, 23 de julio de 2014

Toti Martínez de Lezea: La flor de la argoma

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2008
Valoración: está bien

La vitoriana Toti Martínez de Lezea ha cultivado con especial dedicación la narrativa histórica, con un buen puñado de novelas ambientadas en el País Vasco en diversos momentos de su Historia. En esta ocasión, la trama se desarrolla durante la tercera guerra carlista, en un barrio de la villa guipuzcoana de Oñati, y gira en torno a la rivalidad entre los dos hermanos Urrondo (en realidad, los hermanos son cuatro, pero los dos pequeños son poco más que comparsas o elementos para hacer avanzar la narración), que se quedan huérfanos a temprana edad y se hacen cargo del caserío familiar, aunque, conforme a la tradición foral vasca, el heredero y propietario es solamente el mayor, Bittor, mientras que el segundo, Eladio, acaba reclutado y haciendo carrera en el ejército liberal (después llamado "alfonsino"). Como contrapunto a esta dualidad de los personajes masculinos, también hay otra pareja femenina, las hermanas (solo de padre) Iturralde, una de las cuales, además, también es huérfana y es tutelada por un abogado de la Villa. 

Tanto huérfano, amén de niños robados, avaricia campesina y amores imposibles (y algo retorcidos, pues se realizan por persona interpuesta), remiten al ambiente de ciertas novelas decimonónicas, casi a un "dickensianismo a la vasca". Aunque, por supuesto, hay otra novela que se viene a la mente, de manera inevitable, pues comparte con ésta época y ambientación. me refiero a la maravillosa Zalacaín el aventurero, donde aparece un arquetipo de un joven aventurero y carismático difícilmente superable. Pienso que doña Toti, consciente de ello, no ha tratado de superar al Martín Zalacaín de Baroja y con inteligencia ha asumido parte de sus características para modelar a los hermanos Urrondo, desdoblando al personaje barojiano: el individualista feroz y huraño que es Bittor (que también recuerda al viejo Tellagorri), y el más sociable y extrovertido, pero no menos individualista, Eladio. Tal vez ésta sea también una manera de reflejar la, según dicen algunos, dualidad del "alma vasca" (sea ésta lo que sea): una idiosincrasia más apegada al terruño, junto a otra que ansía las aventuras y el trotamundeo; una mirada puesta en la montaña, mientras otra se vuelve hacia la mar... (hay otro guiño, quizás casual, que recuerda también a la novela de Baroja: cada vez que Bittor necesita alejarse de su barrio de Araotz, se refugia junto a un pastor en las conocidas campas de Urbia... y Urbia era el nombre del  imaginario pueblo de origen de Zalacaín).

Por otro lado, el desdoblamiento de los protagonistas, tanto masculinos como femeninos, le permite a la autora explorar, aunque sea más de forma sugerida que explícita, sobre la multiplicidad de destinos de sus personajes: por ejemplo, es el puro azar el que puede llevar a una joven a llevar la vida rural de una casera o la urbana y más distinguida, de una señorita de la Villa.

En cuanto a la ambientación histórica, parece perfectamente lograda y documentada, y, sobre todo, se agradece la falta de maniqueísmo: ni todos los vascos son presentados como carlistas, ni a éstos sólo como una suerte de "proto-nacionalistas", defensores de la identidad autóctona vasca frente a los foráneos liberales. Quienes, a su vez, tampoco aparecen como los modernizadores y liberadores de la sociedad que ellos pretendían ser, sino, sobre todo,  como los propiciadores del cambio de una oligarquía por otra.

En suma, un drama histórico-rural bien escrito, que puede agradar especialmente a los lectores que gusten de culebrones familiares y pasiones incandescentes, con su dosis de sexo y todo (pero también muchos curas por medio, que, después de todo, hablamos del País Vasco en el XIX). También a los aficionados a la novela de ambientación histórica bien narrada y resuelta.

Por cierto, la argoma (o tojo), para quien no la conozca, es un arbusto espinoso que se utilizaba en los caseríos vascos para elaborar la cama del ganado y como forraje. Y que, entre sus pinchos, da unas pequeñas flores amarillas, muy bonitas... Una buena metáfora del amor, supongo. Y también de muchas otras cosas.



También de Toti Martínez de Lezea en Un Libro Al Día: El señor de la guerra.

martes, 22 de julio de 2014

Alejandro Cao de Benós: Alma roja, sangre azul

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: algún punto intermedio entre lo hilarantemente enternecedor y lo delirantemente alucinado

Por exagerados y estrambóticos que sean los acontecimientos que se describen respecto a Corea del Norte, uno tiende a pensar que cuando el río suena, agua lleva. Reconociendo que sí, la insaciable hambre del capitalismo y el imperialismo económico necesita mercados, necesita proclamación de que lo que no está en su ámbito de dominio es diabólico, o casi.
Entonces quedarse fascinado por la figura de Alejandro Cao de Benós, único extranjero nombrado representante especial de este país, es algo inevitable. Ya veremos si es una fascinación por horror o por curiosidad o por admiración. Ya veremos si lo que el autor nos explique será lo mismo que defiende impertérrito en los debates televisivos en que interviene, o nos aporta algún sentido de la crítica.
¿Hablará de si se aplica la pena de muerte en ese misterioso país? ¿Hablará de por qué los norcoreanos no pueden desplazarse libremente por el mundo para explicar sin cortapisas cómo es la vida allí? ¿Considerará, si lee mi reseña, que soy otro peón al servicio del imperialismo yanki, por hacerle estas preguntas usando Blogger, Windows y Google Chrome?
Para empezar, el tramo inicial del libro es muy insistente en la cuestión de los orígenes aristocráticos del autor: con unos apellidos a los que se van añadiendo des. A ver: si somos tan de izquierdas, todo eso habría que irlo desterrando, por irrelevante ¿Por qué, entonces, eso de sangre azul en el título? ¿No será que forma parte del personaje alardear de lo muy osado que es por ser comunista en un entorno en el que le hubiera sido más fácil ser un cómodo señor de derechas? Uy. Mal empezamos. Aunque igual lo contrario, aquello de renunciar a las comodidades de este infierno occidental, renegar de sus orígenes, hubiera quedado peor. Pero en fin: vayamos a lo nuestro. Porque esto es un libro. Que su editorial me ha cedido muy amablemente, lo que agradezco. Y sobre el que debo pronunciarme en varios sentidos.
Leerse: claro que se lee y rapidito y bien. Interesante, a veces. Estilo sin florituras, algo inflamado, aunque, oiga, sesgado por cierto sentido de la contención y cierto sentido del recato que, oiga, no sé si hace falta. Sí, las drogas son malas y la prostitución es mala. Pero ya llevamos un largo trecho en esto de la humanidad y ambas cosas nos han acompañado. Ojo. Sin pronunciarme, están ahí, y negar que estén en la sociedad norcoreana porque sus gobernantes han establecido un sistema que, zas, las repele, y los neutraliza. Buf. Muy osado. Y comprendo que Cao de Benós ignore por activa y por pasiva todos los rumores profusamente extendidos sobre el país. Que si disidentes ejecutados, que si ex-novias ajusticiadas, que si líderes que pasan toda la vida sin defecar. Uy! perdón por la ordinariez. Pasa por encima de todo eso, lo cual no deja de ser una oportunidad desperdiciada. En fin.
Contenido:  pues eso, que Cao de Benós cae postrado, desde adolescente, a los pies de un régimen tan hermético como el de Corea del Norte. Tanto, que soporta con estoicismo las diatribas de los debates televisivos más ultras, encaja con elegancia la ironía de Mikimoto en el programa de TV3 (en catalán) Afers exteriors o las punzantes pullas del Twitter de @norcoreano. Tanto, que no pone en duda ni por un momento ninguno de los postulados que pregona, por idílicos que parezcan. Yo, qué queréis que os diga, eso de llevar chapas con la efigie de un político. Oiga, yo llevé chapas de los Clash y de New Order. Pero ¿de un político, de un régimen personalista y paternalista, de un poder que se hereda? ¿Y no se habla de colectivos por encima de individuos?
Vamos.
Lo cual no quiere decir que no haya cierto sentido en tanta ceguera: no sé si tanto como para llenar casi 200 páginas de escritura tensa y a la defensiva. Que es lo que pasa.
Decepción, entonces, de que este libro no ahonde y se quede en una especie de ejercicio autobombográfico donde cabe desde otorgarse facultades precognitivas, triunfos profesionales sin límite cercenados voluntariamente en función de la coherencia personal, y pequeños, controlados e insignificantes conatos de auto-crítica. Tras cerrar el libro, lo que uno piense de Cao de Benós variará mucho de nuestra actitud: desde infumable pergeñador de paparruchas hasta ingenuo fanático cegado por la adulación. Si hubiera profundizado, si hubiera otorgado a su contenido un tono más objetivo, si no hubiera empleado tanta mayúscula tras la palabra líder. Si hubiera, simplemente, reconocido que en este, insisto, nuestro infierno occidental, podemos salir a la calle libremente y solitos (y mordernos los puños por no poder comprar todo lo que hay en los escaparates) y no necesitamos que una habitación de hotel esté llena de micrófonos. Si hubiera hablado claro de lo que significa eso de la mano dura. Si en algunos párrafos no pareciera un ardoroso vengador justiciero o el chivato de la clase. Si recordara haber leído la palabra libertad, o la palabra cultura, en vez de la que sí he leído: negocio. Si hubiera reconocido que yo puedo escribir esto y cualquiera en el mundo puede leerlo, pero ni una cosa ni la otra es posible en Corea del Norte.
Vamos, hombre.

lunes, 21 de julio de 2014

Robert Bloch: Psicosis

Idioma original: inglés
Título original: Psycho
Año de publicación: 1959
Valoración: Muy recomendable

Todos conocemos la película Psicosis. Inluso quien no la ha visto puede rememorar a famosa escena de la ducha, pues ha sido reproducida hasta la saciedad desde su estreno. Incluso ha tenido varias secuelas y un remake, y muchas de sus escenas han sido "homenajeadas" y parodiadas en numerosos filmes posteriores. Lo que no todo el mundo sabe es que esta obra de arte del cine está basada en la novela homónima escrita por Robert Bloch, un más que prolífico autor de novelas y relatos de terror y ciencia-ficción.

Bloch se basó en Ed Gein (asesino y ladrón de tumbas estadounidense, quien confeccionó muebles y objetos de decoración con partes de los cadáveres que robó del cementerio, así como con las de las tres personas que asesinó, y que acabó sus días en una institución psiquiátrica) para crear el personaje de Norman Bates, un hombre gordo y cuarentón (sí, lo sé, nada que ver con Anthony Perkins) que regenta un motel en el que tiene la desgracia de alojarse Mary Crane, una joven que en un acto de locura ha robado dinero de su empresa y que ha dado con el motel en un intento de llegar a casa de su prometido.

El resto del argumento es bien conocido (y, además, pese a las pequeñas y naturales diferencias, ha sido prácticamente calcado al transformarse en el guión cinematográfico), así que no contaré más sobre el mismo. Pero sí diré que, si bien la película dirigida por Alfred Hitchcock está considerada un clásico del séptimo arte, la novela en la que se basa debería correr la misma suerte en el campo de la literatura.

Aunque lo que ésta cuenta hoy en día no nos asusta (pues desde su primera edición todos hemos leído y visto historias más terroríficas), no es difícil imaginar el schock que tuvo que suponer su lectura al público de entonces. Psicosis es una novela redonda, con un final feliz tan sólo aparente (lo cual es de agradecer), que a pesar de su brevedad (no llega a las 200 páginas) consigue combinar acertadamente el thriller con el terror psicológico. Y es que todo en ella resulta creíble: los personajes, sus reacciones, sus pasados (especialmente, el de Norman Bates, tan terrible como lógico)..., lo cual es, quizá, lo más aterrador de la obra. 

domingo, 20 de julio de 2014

Ronaldo Menéndez: Rojo aceituna. Un viaje a la sombra del comunismo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Desde que salió de Cuba, allá por 1995, Ronaldo Menéndez ha viajado bastante. En sus temporadas sedentarias ejerció el periodismo en Perú antes de instalarse en España hace casi diez años. Proteico hasta la médula, ha logrado que las puertas de su país se mantengan abiertas para él.

Su colaboración en el suplemento El viajero de El País había acabado de curtirle en esos menesteres cuando decidió convertirse en mochilero y recorrer junto a su pareja durante 13 meses los regímenes comunistas de América Latina y el Sudeste asiático. Empezaron pisando territorio cubano y fue como salir de casa otra vez, pero antes tuvo lugar el encuentro con los seres queridos y el encontronazo con una forma de vida, la impuesta por el régimen, que con sus particulares incoherencias lucha por mantenerse lo más dignamente posible. Las anécdotas se suceden y el gracejo con que se narran nos arranca una sonrisa. Venezuela la conocemos a través de las angustiosas vicisitudes de un tal Charly, enviado por su gobierno a realizar una delirante misión cultural, en condiciones tan demenciales que sobrepasan los límites conocidos de la ineficacia burocrática. Uno tras otro, de Bolivia a Tailandia, pasando por Chile, Brasil, Vietnam, Laos y Camboya, cada país da lugar a un relato cerrado y convincente. Se percibe la eficacia narrativa del escritor, su habilidad para dosificar la información sin que decaiga el interés de su público. En Bolivia tememos por las vidas de Ronaldo personaje y de su acompañante Natalia, esta se volatiliza una noche en una fonda de mala muerte infundiendo en la inquieta mente de Menéndez toda clase de especulaciones siniestras que, por suerte, quedaron en una falsa alarma, otras veces se nos muestran personalidades atractivas, curiosos modos de vida, anécdotas espeluznantes, o exóticas costumbres.

Percibimos, por ejemplo, que el comunismo puro, sin contaminaciones capitalistas, no existe en la práctica, y que incluso el capitalismo presenta en ciertos momentos rasgos más solidarios de lo que cabría esperar. Menéndez concluye que, por encima de credos y gobernantes, le interesan las personas que pueblan los países, ellas son las que facilitan o dificultan la vida del viajero. Pero, aún así, sorprende un poco que ese rastreo de la ideología y las costumbres de unos cuantos países comunistas se reduzca a mera excusa para realizar un viaje tan largo. Sin embargo, como el propio autor reconoce, lo que en realidad deseaba era convertirse durante unos meses en “dueño de su tiempo” y nosotros lo vamos comprobando a lo largo de unas páginas repletas de vivencias personales que son, a fin de cuentas, lo que él recuerda y le importa una vez finalizado su periplo. Son sus experiencias, pues, las que quedan registradas en estos seis capítulos repletos de humor, ironía, escepticismo y esa chispa tan particular que añade amenidad a los escritos de Menéndez imprimiéndoles su propio sello. Tampoco está ausente la crítica –que no llega a ser corrosiva ni tiene oportunidad de ser constructiva– de ese comunismo que, a base de despojamiento, aviva en la gente las ansias de posesión; ni la autocrítica, que dirige a ese espíritu mochilero, algo esnob en ocasiones, ingenuo muchas veces, y, en demasiados casos, con más expectativas turístico-burguesas de las que la mayor parte de los aventureros que aparecen fugazmente en estas páginas se atrevería a confesar.

Aunque parezca escrita sobre la marcha, esta crónica comenzó a elaborarse tras su regreso a España, al calor de los recuerdos y, naturalmente, gracias a las impagables anotaciones que Menéndez realizó a lo largo de su recorrido. Por cierto, en sus crónicas no se menciona la totalidad de los países que atraviesa para no restar coherencia al conjunto. Es justo añadir que escribió mucho en el transcurso de ese viaje: además de las notas que constituyen el germen de Rojo aceituna, puso los cimientos a una novela sobre la posrevolución cubana, cuyo título provisional era entonces La casa y la isla y que fue elaborando día a día pacientemente a base de madrugones y de una buena ración de constancia. 

Actualmente, el autor se encuentra volcado en su actividad de escritor, que los viajes estimulan en lugar de interrumpir, y en su trabajo de profesor en talleres literarios. Desde 1990, ha publicado, además de esta crónica viajera y un manual didáctico, unas cuantas novelas y colecciones de relatos por los que ha recibido varios premios.

También de Rolando Menéndez en ULAD: La casa y la isla

sábado, 19 de julio de 2014

Jorge Franco: El mundo de afuera

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2014
Valoración: Se deja leer

Para quien no lo sepa, El mundo de afuera, obra del escritor colombiano Jorge Franco, prácticamente acaba de recibir el Premio Alfaguara de novela 2014, y tras haberla leído, tengo que decir que me siento bastante decepcionado.

La verdad es que es la primera vez que leo un "premio Alfaguara" y que por eso no sé "cómo de buenos" suelen ser los libros que reciben este premio, y que también es la primera vez que leo algo de Jorge Franco, que al parecer dio el campanazo con su novela Rosario Tijeras, de cuya historia supe gracias a una película que se rodó para el cine y que me dejó más bien indiferente. Pero es que conociendo de antemano el argumento de El mundo de afuera y habiendo leído algunos comentarios muy buenos sobre el escritor y su obra (si hasta Gabriel García Márquez le alabó), me esperaba más, mucho más.

Y eso que los ingredientes de El mundo de afuera no pueden ser más atractivos. Porque en este libro hay una belleza principesca criada en cautividad, hay un rico de gustos extravagantes, hay una platónica obsesión amorosa, hay una banda de criminales de medio pelo, y hay un secuestro bastante tosco y chapucero. Pero el producto final, en mi opinión, resulta pobre al no haberse exprimido bien ninguna de estas bombas argumentales. Es como si el autor tuviera en su cabeza la fórmula perfecta para un combinado explosivo pero, Dios sabe por qué (¿cierta pereza, falta de confianza en sus personajes, ausencia de una trama sólida y potente una vez trazado el esquema argumental, un estilo demasiado ligero y cortante como para narrar escenas que requieren más enjundia e implicación?), no supo sacarles ni la mitad de su partido a sus materias primas.

Les mostraré el argumento, a ver si no suena bien.

Diego, un rico colombiano germanófilo y amante de la ópera, en un viaje por Europa, conoce a Dita, una bella alemana con la que tiene un romance y a la que acaba convenciendo para que se vaya con él a su país. Allí, a las afueras de Medellín, la pareja se irá a vivir a un peculiar castillo rodeado por un bosque y copia (toma ya) del de La Rochefoucault, y la mujer dará a luz a una bella niña rubia a la que llamarán Isolda. Pondrán una regia institutriz alemana a la cría y la educarán como si fuera una princesa de otro siglo, prácticamente sin salidas al exterior, vistiéndola como a una muñeca de vitrina, y obsesionados con que no sea mancillada por la fealdad y la banalidad del "mundo de afuera". Pero un grupo de avispados y curiosos críos pobres de los alrededores se las ingeniarán para localizar y espiar sin tregua a la beldad encerrada, a desearla en la lejanía, y a soñar con la vida que lleva la extraña cría, siendo el Mono el más enamorado de todos ellos. Y años después, habiendo acaecido una dolorosa tragedia en el castillo de la bonita princesa rubia, el Mono será el mayor responsable del secuestro de Don Diego, ayudado por su vulgar novieta Twiggy (sí, en homenaje a la célebre modelo inglesa) y un atajo de melocotones.

Pero vuelvo a decirlo. En mi opinión, el sugerente juego se queda en agua de borrajas. Ojalá Laura Restrepo, una de los miembros del jurado del Alfaguara 2014, hubiera acertado de pleno con sus entusiastas palabras sobre la obra: "Entre la fantasía y la truculencia, entre los hermanos Coen y los hermanos Grimm, El mundo de afuera es una deliciosa sorpresa".

También de Jorge Franco en ULAD: Rosario Tijeras

viernes, 18 de julio de 2014

Michel Houellebecq: Intervenciones

Idioma original: francés
Título original: Interventions 2
Año de publicación: 2011
Traducción: Encarna Castejón
Valoración: muy recomendable

La incertidumbre. Dicen los filósofos algo mediocres que es lo peor. Pero he de consolarme con eso: supongo que algún día Houellebecq anunciará que publica una nueva novela y que podré empezar a frotarme las manos (yo, pero también quienes le critican) ante una nueva historia protagonizada por algún cincuentón amargado y desencantado, con gustos sexuales rayanos con lo depravado, y tendencias suicidas vencidas temporalmente por la pereza y la desazón.
Pero, mientras tanto, la espera y la especulación es lo que me queda. Eso, y revisar por la red si hay algo sustancioso, algún aperitivo que echarme al coleto. Releer Intervenciones, por ejemplo, última obra oficial, junto a Poesía, por así decirlo, pues se trata de un compendio de ensayos previamente publicados (algunos hace más de 20 años) en los cuales Houellebecq toma posición respecto a diferentes temáticas. Siempre me da la impresíón de que determinados escritores se sienten más cómodos escondidos tras sus personajes, dejando a la opinión del lector si son sus ideas o las de ellos. A Houellebecq esto no le funcionó: los integristas arremetieron contra él, por opiniones emitidas por sus personajes. En los ensayos de Intervenciones ese recurso no está disponible, y el resultado es algo desigual, cosa que no voy a achacar a que Houellebecq se coarte. Hasta ahí podríamos llegar. Cosas como empezar con un artículo titulado Jacques Prévert es un imbécil. Brillante articulo que marca el tono, atacando a su compatriota con frases como esta:

Si Jacques Prévert escribe, es porque tiene algo que decir; eso le honra. Desgraciadamente, lo que tiene que decir es de una estupidez sin límites; a veces da náuseas.

Y arreglándoselas para enlazar, unas cuantas frases más allá:

... los curas son orugas viejas y asquerosas que inventaron el pecado para impedir que vivamos.

O apostar doble o nada:  difícil es hablar de pedofilia y exponer ideas como éstas:

... el pedófilo me parece el chivo expiatorio ideal de una sociedad que organiza la exacerbación del deseo sin procurar los medios para satisfacerlo.

Saliendo indemne, incluso triunfante, en una cuestión tan objetivamente repugnante. Pero el problema es que, por mucho que se diga, la concepción de la imaginación (la de Houellebecq, al menos), sigue disponiendo de unos resortes que la realidad no tiene. Y en ensayo el francés lleva una, o dos, marchas menos. Incluso a veces se mete en ciertos terrenos poco estimulantes para el público general. Cosa que yo le disculpo, claro: Houellebecq bajo de forma sigue pasándole la mano por la cara a a mayoría de escritores, y reduce a muchos presuntuosos a la categoría de juntaletras.

Así Intervenciones es un poquito un catálogo de recursos donde conviven desde textos organizados para especies de happenings junto a artículos de opinión, entrevistas, divagaciones y comentarios generales a requisito de publicaciones de diversa índole. El tono oscila entre lo directo y contundente y la digresión filosófica, a veces algo indigesta, pero siempre razonada.
Lo cual deja este libro en una zona algo ambigua. Los incondicionales del francés tendrán suficiente para apenas unas semanas, y los que ven su obra con escepticismo siempre encontrarán un argumento para acusarle de ser incapaz de ser brillante si no es a costa de la polémica. Puede que haya quien diga (como podría decirse de Franzen) que sólo la gran repercusión de su obra de ficción le permite publicar esta recopilación. Pero, ignorando toda esa parafernalia intrínseca a los escritores fenómeno, el nivel de Intervenciones, en sus momentos más brillantes, que no son pocos, no está al alcance de la gran mayoría de los escritores.

Todas las reseñas sobre Houellebecq en ULAD: Aquí

jueves, 17 de julio de 2014

Mai Jia: El don

Idioma original: chino
Título original:解密 (título en inglés: Decoded)
Traductora (del inglés): Claudia Conde
Año de publicación: 2002
Valoración: se deja leer

Cada cierto tiempo -cada pocos meses, en realidad-, la Industria Editorial Internacional (sí, así: como si fuera un ente maléfico de innumerables cabezas y de peor que aviesas intenciones) nos anuncia el advenimiento de un nuevo fenómeno literario mundial, el best-seller definitivo que aúna calidad y comercialidad de manera cuasi milagrosa.  Nosotros -o un servidor, por lo menos-, que ya estamos muy toreados en estas plazas, solemos acoger estas gozosas nuevas con escepticismo, cuando no abierta desconfianza. Que conste que no es para menos: la penúltima vez que yo piqué, acabé enredado con aquel bodrio titulado La verdad sobre el caso Harry Quebert, con el absurdo prurito, además, de acabarlo para comprobar si alguna de sus tropecientas páginas merecía los encendidos elogios que  la IEI (sección grupo PRISA) le dedicaba.

En el caso de la novela que nos ocupa, El don, la promoción no ha sido tan abrumadora y, además, existe un elemento diferenciador que le otorga algún interés: se trata de un best-seller obra de un autor chino, no sé si el primero que llega a Occidente (me refiero a literatura comercial, no a la de más "prestigio"), pero sí uno de los primeros que ha concitado cierta atención; avalado además por un número nada despreciable de ejemplares (en papel) vendidos en su país de origen: nada menos que cinco millones (tampoco hay que dejarse impresionar... ¿Cuántos ejemplares serían esos, traducidos a los términos del mercado español? ¿5000? Es broma: unos cuantos más...). El responsable de este logro es el autor chino Jiang Beunh, que utiliza el pen name de Mai Jia. Antes -o además- de escribir novelas, este señor perteneció durante diecisiete años al Ejército Chino, al parecer como especialista en radiocomunicaciones, y era aficionado a las matemáticas y a desentrañar códigos.

¿Y de qué va la novela? Pues sorpréndanse: de un matemático que entra a servir al Estado Chino como criptógrafo especialista en desentrañar códigos. Ahora bien, no se trata de un matemático cualquiera: es un genio de los números, heredero de toda una estirpe de matemáticos, aunque, como corresponde al tópico, más bien rarito (en la propia novela se sugiere su posible autismo, aun de la variedad más leve). De origen digamos que problemático, Rong Jinzhen es educado además por un extranjero y pupilo después de otro, por lo que su peculiaridad es aún mayor y su genialidad deviene superlativa. Un superhéroe de las mates, vamos... (tranquilos todos, que para seguir el hilo de la novela sobra con dominar la tabla del tres). Como tal, entra en la ultrasecreta Unidad 701, dedicada a la criptografía, donde se enfrentará a los códigos no menos ultrasecretos y ultraenloquecedores del país enemigo X (tal cual).  Y así, se ve envuelto en una trama de espionaje que se nos promete de una intriga apasionante, pero que, la verdad, tarda bastante en llegar. Y cuando lo hace... en fin, guardemos los cohetes para otra ocasión.

La novela evoluciona desde un comienzo de saga familiar algo revenida (de hecho, hay algún momento que recuerda al final de Cien años de soledad, que al parecer es la novela favorita de este escritor chino), hacia una suerte de casi abstracción (no sé si matemática o religiosa), en la última parte del libro. El estilo resulta bastante sencillo y directo: que nadie espere extraordinarias figuras literarias, novedosas estructuras o metáforas brillantes. Es más, a menudo el tono narrativo parece de una curiosa ingenuidad (ignoro si se debe al estilo característico del autor,, a la tradición literaria china, o es resultado de la doble traducción: del chino al inglés y de éste al español). Este aire ingenuo que impregna la historia acaba siendo lo más interesante de la novela, aunque también, a veces, resulte algo irritante (quiero pensar, además, que la frecuente injerencia del propio narrador como personaje de la historia se debe también a esta candidez y no a sumarse a la moda autoficcional de marras). También tienen su interés los momentos que reflejan las costumbres y mentalidad chinas, así como avatares históricos, como la Revolución Cultural. Aspectos que quizás un escritor occidental no hubiera sido capaz de reflejar tan bien.

Aún así, trataré de explicar mi opinión sobre esta novela de esta manera, por concluir: en la faja que acompaña al libro (como de costumbre, un alarde de ecuanimidad y mesura), se habla de ecos de Chesterton, Borges, Nabokov, Nietzsche, Kafka, Agatha Christie...

Yo me hubiese conformado con encontrar algo de Ken Follett.






miércoles, 16 de julio de 2014

Shirley Jackson: Las brujas de Salem

Título original: The Witchcraft of Salem Village
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1956
Valoración: entre recomendable y está bien


En 1692 y 1693 tuvieron lugar una serie de procesos judiciales destinados a descubrir y condenar a las brujas que, aparentemente, atacaban a los vecinos y perjudicaban el ganado y las cosechas en los condados de Essex, Suffolk y Middlesex. Todo comenzó en la aldea de Salem, donde un grupo de niñas y adolescentes comenzó a sufrir ataques y a achacarlos a las acciones de las brujas. Llevados por el miedo y por el extremismo religioso, los líderes de Salem creyeron las acusaciones de las jóvenes y llevaron a juicio a más de 150 personas, cinco de las cuales murieron en prisión. Las demás, después de pasar un tiempo indeterminado entre rejas, fueron liberadas.

Shirley Jackson se encarga de narrar este triste suceso en Las brujas de Salem, quizá la única de sus obras que se aleja de la ficción para dar fe de uno de los episodios más vergonzosos de la historia estadounidense. Al fin y al cabo, no había más prueba en contra de las personas condenadas que la palabra de las jóvenes "endemoniadas", y tanto los líderes de la comunidad como los vecinos de los supuestos brujos entraron al trapo y utilizaron cualquier excusa (una mala contestación, una mirada de desconfianza, un mal gesto) para acusar de practicar la brujería y encerrar a gran parte de la población.

Además de contar los hechos tal y como sucedieron (tal y como hablan de ellos los registros de la época, más bien), Jackson se pregunta qué pudo llevar a toda una comunidad a comportarse de tal forma. Hay quien dice que el culpable de lo ocurrido fue un hongo alucinógeno presente en el pan, que causó los primeros ataques y alucinaciones, y que después la gente se dejó llevar por la histeria. Pero tampoco hay que olvidar el extremismo religioso, la ignorancia y la superstición imperantes en la época. Todo ello, unido a un ambiente de profunda represión, pudo llevar a la gente del pueblo de Salem (y de las aldeas cercanas) a creer realmente que las brujas y los demonios se habían apoderado de la comarca. En fin, cosas más raras se han visto (y, desgraciadamente, aún se ven).

Las brujas de Salem no es, de todas maneras, un libro de historia, sino un simple testimonio de lo ocurrido en Massachusetts hace cuatro siglos. Está bien para pasar el rato, para saber lo que ocurrió (y alejar los hechos de las películas sobre este tema que tantas veces hemos visto) y como puente entre otras lecturas.

También de Shirley Jackson en ULAD: La maldición de Hill HouseSiempre hemos vivido en el castilloLa lotería y otros cuentos

martes, 15 de julio de 2014

Colaboración: El miedo a la democracia de Noam Chomsky

Idioma original: inglés
Título original: Deterring democrazy
Año de publicación: 1992
Valoración: Está bien

Sabido es que Chomsky, cuyos escritos vemos con frecuencia en la prensa (El País, especialmente) es notable articulista y ensayista, y ejerce de mosca cojonera del pensamiento único en los divinos EE.UU.

Con estas convicciones, y bajo la seducción de un análisis heterodoxo de la política internacional desde la II Guerra Mundial que prometía la solapa del libro, accedimos a esta obra, basada en innumerables ensayos y conferencias anteriores del antedicho. Efectivamente, la columna vertebral del libro lo constituye un análisis concienzudo, denso y tal vez algo anárquico en torno a la posición geoestratégica de los USA en la segunda mitad del siglo XX, y las consecuencias tangibles a que estas políticas han dado lugar en los distintos rincones del mundo.

El enfoque del tema resulta relativamente novedoso, aportando una visión global en la que parecen encajar como piezas de puzzle los diferentes acontecimientos históricos que más o menos conocemos todos. A destacar el interesante (y desmitificador) punto de vista sobre la Guerra fría, así como ciertas revelaciones sobre las relaciones de los dirigentes norteamericanos con la Italia fascista o en torno a algunas actuaciones inmediatamente posteriores a la Guerra.

Ni qué decir tiene que Chomsky no deja títere con cabeza, adquiriendo su crítica unas proporciones tan devastadoras que a veces la lectura nos empuja a navegar entre el desasosiego y la incredulidad ante las monstruosidades que vamos descubriendo.

La forma de presentar la tesis resulta algo más discutible, sin embargo. Es conocida la querencia de los norteamericanos por la casuística y el ejemplo, en detrimento de la abstracción, y el autor no escapa desde luego a esta tendencia. De esta forma, el texto se distancia de la literatura política clásica de corte europeo, y se aproxima más al estilo periodístico, lo que beneficia quizá a su credibilidad, aunque reduce su empaque como ensayo. Excepción a todo ello es la interesantísima última parte del libro, cuajada de reflexiones de gran calado.

Si consideramos además la superabundancia de documentación y el gusto por el detalle y la anécdota, tenemos como resultado 400 páginas que, de no afrontarse el tema como auténtico interés, pueden constituir lo que comúnmente conocemos como un ‘ladrillo’.

En definitiva, que se trata de un trabajo valiente y sólido que, más ligero de datos y con una perspectiva teórica más amplia, hubiera ganado atractivo.

Firmado: Carlos Andia

lunes, 14 de julio de 2014

Alex Grijelmo: La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Está bien (sobre todo como manual de consulta)









Probablemente, lo único malo que tiene este ensayo es que procede de una tesis doctoral, presentada el mismo año de su publicación y resumida para editarse comercialmente. Todo lo demás reconozco que es irreprochable. Empezando por la formulación de una realidad comunicativa que todos intuimos pero, a la hora de la verdad, dejamos que pase desapercibida sin prestarle la atención suficiente. Sin olvidar sus propósitos didáctico y ético, la organización del contenido, claridad de la prosa, elección e idoneidad de los ejemplos, autoridad y abundancia de citas y hasta oportunidad en su fecha de aparición.

¿Qué ocurre entonces? Pues que, quizá, su autor no ha dejado pasar el tiempo suficiente entre una y otra redacción y el influjo de la primera constituye un lastre para la segunda, que pretende ser concienzuda y completa y nace ya machacona y redundante. Se diría que Grijelmo ha querido predicar con el ejemplo evitando ese silencio del que habla para no dar lugar al sobreentendido ni a la ambigüedad y ser todo lo meticuloso posible, pero en mi opinión se ha excedido con creces.

A pesar de todo, lo he leído de principio a fin –con la esperanza de que empezase pronto con las cuestiones prácticas y dejase de abrumarme con los mismos contenidos una y otra vez– y no pienso olvidar ninguna de sus virtudes que, desde luego, son muchas.

En primer lugar, el punto de partida. Esa formulación que mencionaba antes consiste en que distingamos entre el contenido literal de un mensaje y el significado que percibe el receptor, pues muchas veces no se corresponden, bien por manipulación consciente, bien por incompetencia. Porque entre lo que se dice se oculta lo que se sobreentiende, o lo que manifiestamente se calla, amén de otras manipulaciones bastante evidentes.

Hablaba de oportunidad porque en esta época de demagogias diversas, es muy conveniente advertir a público, periodistas e, incluso, jueces, de que la mentira no está solo en el qué sino en el cómo. Y esto es así, como muy acertadamente se explica en la obra, porque el cerebro del destinatario no es libre para elegir lo que descifra, ya que, automáticamente, recibe el mensaje envuelto, con la mayor habilidad, en silencios Es cierto que el cerebro cuenta con filtros eficientes, pero estos solo se ponen en marcha cuando existe un motivo para desconfiar de quien habla o escribe, y habitualmente lo que se establece es un pacto implícito de confianza comunicativa que nos deja bastante indefensos.

Sin embargo, insisto, que para llegar a estas conclusiones no hace falta elaborar tipologías del silencio que resultan irrelevantes para la cuestión que nos ocupa, ni agotar todas sus implicaciones desde un punto de vista filosófico. Enseguida queda meridianamente claro que el silencio, total o parcial, significa algo siempre y también de qué forma lo hace en cada caso. Además, se nos invita a recordar que el mensaje completo se compone de lo que se dice más lo que se calla. Y este será el punto de partida que servirá para entrar en materia.

Para hallar los ejemplos más explícitos de este silencio significativo solo hay que echar una ojeada a los titulares de los periódicos. En cada uno de ellos, y según el matiz que aportan ciertos elementos implícitos hábilmente dosificados, las noticias adquieren sentidos muy alejados entre sí. Esto es así porque, según Sánchez García citado en esta obra:

“La manipulación informativa no consiste en difundir informaciones que contengan falsedades, sino en dar a entender lo que no es.”

Esta técnica contiene el valor añadido de no comprometer a nadie –al menos mientras siga vigente en España la actual legislación–, puesto que aquello que cualquiera puede percibir claramente no aparece de forma explícita. Unas veces será el contexto lo que añadirá ese sentido adicional, otras el ambiente, o bien el orden en que se presentan las palabras, o, simplemente, una frase vecina que la mente del lector percibe como la causa o consecuencia de la noticia, tal como desea su redactor aunque el nexo causal que corresponde no se encuentre en el texto. Estos procedimientos, que han alcanzado su máxima expresión en los regímenes totalitarios, se utilizan en cualquier rincón del planeta, incluidos los estados más reconocidamente democráticos. Nos conviene pues estar prevenidos y alerta, sobre todo porque –como demuestran los numerosos ejemplos de sentencias absolutorias aportados en las últimas páginas– no es fácil demostrar ante los tribunales la culpabilidad del redactor.