jueves, 31 de octubre de 2013

Semana del terror: "El elixir de larga vida", de Honoré de Balzac

Título original: L’Élixir de longue vie
Idioma original: francés
Fecha de publicación: 1830
Valoración: Muy recomendable

Mientras leía este magnífico relato de Balzac, contenido en una reivindicable selección de cuentos fantásticos realizada por Italo Calvino y publicada en este país por Siruela, no he podido evitar pensar en el malogrado Vincent Price (este octubre se cumplen 20 años de su muerte). Porque el que es para mí el gran galán macabro del mundo del cine habría sido perfecto para interpretar, en una hipotética versión para la gran pantalla de El elixir de larga vida, cualquiera de los dos personajes principales del mismo.

Ensoñaciones con el padre/inventor de Eduardo Manostijeras y artífice de la risa escalofriante que se escucha en el Thriller de Michael Jackson aparte, El elixir de larga vida es un relato digno de ser recomendado por la calidad, sensibilidad y talento con el que fue escrito. Basta con leer a un autor como Balzac para comprobar qué maravillas se hacían en el siglo XIX con el relato corto. Las reflexiones, la atmósfera, la hondura psicológica y las descripciones de tipos humanos y elementos ambientales que recogían sus autores en apenas unas páginas, poseen más calidad literaria que auténticos mamotretos best sellerescos actuales. Y lo que es más meritorio: muchas veces consiguen que decenas de años después, lo que cuentan entronque perfectamente con la actualidad.

Esto último sucede con El elixir de larga vida, en el que un holgazán, amoral, caprichoso niño de papá llamado, atentos, Don Juan, espera impaciente en su palacio de Ferrara que su anciano progenitor, en su lecho de muerte, termine de expirar para hacerse con su herencia y, entonces sí, dedicarse a su vida de vicios y ocios sin el “pero” que es vivir a expensas de su progenitor. Lo que el joven no sospecha es que su padre, gran comerciante y conocedor de Oriente en sus años mozos, no va a ponérselo tan fácil a la Parca ya que posee un mágico elixir oriental que tiene la propiedad de devolver a la vida a los muertos recientes. Don Juan prometerá rociar a su padre con el dichoso líquido una vez éste fallezca, y aunque intente cumplir su promesa, un inesperado incidente hará que la maniobra falle. Y por supuesto, su padre continuará bien muerto.

Tras este incidente, Balzac nos llevará a conocer la nueva vida de Don Juan en Andalucía, colmado de riquezas, casado con la bella española Elvira y padre de un joven al que le hará prometer que, cuando muera, lo resucitará con el dichoso elixir. Pero, una vez más, la cosa no saldrá bien, y hasta aquí puedo leer…


Feliz víspera de Todos los Santos. Hello, Ween…

Otras obras de Honoré de Balzac en ULAD: Eugenia GrandetEl arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo

miércoles, 30 de octubre de 2013

Semana del terror: Aquí vive el horror. La "casa maldita" de Amityville, de Jay Anson

Idioma original: inglés
Título original: The Amityville Horror - A True Story
Año de publicación: 1977
Valoración: recomendable

En 1974, Ronald DeFeo, de 25 años, administró un somnífero a los seis miembros de su familia con los que vivía (padres y hermanos) y, cuando éstos estaban profundamente dormidos, los mató usando un rifle de caza. Cuando fue detenido, dijo que lo había hecho porque se lo habían ordenado unas voces que oía dentro de su cabeza. Apenas un mes después, la familia Lutz compró la casa de los DeFeo (sabían lo que había ocurrido en ella, pero no eran supersticiosos) y se mudó inmediatamente, aunque tuvo que abandonarla dos semanas después debido a la gran cantidad de sucesos paranormales que sucedieron en ella.
 
Bien, empecemos por lo importante: se supone que la historia que nos cuenta Aquí vive el horror. La "casa maldita" de Amityville (no me digáis que este título no merece un chan-chan-chan-chaaaannnn) es verídica. Bueno, lo que es verídico es lo que les pasó a los DeFeo (que caray con el apellido) y que los Lutz compraron la casa y la abanonaron porque decían que pasaban cosas raras. Vale, verdad.

Lo que se cuenta en el libro no sabemos si es verdad o si es una historia que se montaron los Lutz para ganar algo de pasta (que suponemos que lo hicieron, porque el libro se vendió como rosquillas, se adaptó al cine y, además, dio origen a una saga de terror de Amityville que imagino que no tuvo que hacer nada de gracia al resto de los habitantes del pueblo), pero eso, en esta reseña, no importa. 

Lo que importa es que el libro (ninguna gran obra de la literatura, claro, y sensacionalista y escabroso, también) es bastante entretenido, porque a los pobres Lutz les pasa de todo: hay plagas, apariciones, voces, crucifijos que se dan la vuelta, posesiones, lesiones que no se sabe de dónde vienen... todo el catálogo propio de las películas de terror en un solo pack.

Así que, si alguien quiere pasar un poco de miedo, éste es, sin duda, su libro. Yo lo leí con doce años y claro, me lo creí a pies juntillas y estuve aterrorizada ni sé el tiempo. Imagino que ahora no me lo creería, claro, y que además pensaría que el libro no es nada del otro mundo. Y literariamente seguro que no lo es, pero para pasar un buen/mal rato, es perfecto. Y de eso es de lo que se trata, ¿no?

martes, 29 de octubre de 2013

Semana del terror: "Circe" de Julio Cortázar

Fecha de publicación: 1951
Idioma original: castellano
Valoración: muy recomendable

Como cualquier otra emoción, el terror es un territorio vasto y cambiante, con anchos caminos trillados, con confines inciertos y con algunos rincones apenas explorados. Hay muy buena literatura de terror que recorre esos caminos trillados y que nos lleva por ellos rápido y directo, sin perder tiempo en rodeos ni en baches, y nos hace disfrutar precisamente de que el viaje transcurra fluído, familiar. Pero hoy otras obras que nos adentran en esos rincones inexplorados y nos los muestran por primera vez. Que los fundan, de hecho. "Circe" es una de ellas.

Está incluido en Bestiario, que fue el primer libro de relatos de Cortázar, pero publicado ya cuando tenía 37 años y, según el mismo dijo, estaba "seguro de lo que quería decir". No sé si por eso debería no sorprenderme tanto que el cuento funcione como un reloj desde el primer párrafo. Se nos informa de que la gente del barrio habla mal de una chica, Delia, y de que a un chico, Mario, le molestan esas habladurías. Pero las primeras palabras ya ponen en cuestión, enigmáticas, todo lo que sigue: "Porque ya no ha de importarle, pero esa vez le dolió [a Mario]..." Sólo en la última frase se revela el contenido de los chismes como un golpe: "...y acercarse (...) a la muchacha que había matado a sus dos novios."

A Mario no le importa que los dos novios de Delia murieran en circunstancias extrañas y menos aún los rumores de vecindario. Comienza a visitar a Delia regularmente llevándole pequeños regalos y se inicia, en fin, uno de esos lentos cortejos de entonces, con los Mañara (nunca se dice que sean los padres de Delia) sentados al lado de la pareja y compartiendo el café. La chica guarda luto por sus dos novios muertos, pero eso no desanima a Mario. Su insistencia acaba propiciando un lento cambio. Cortázar hace que el relato evolucione sobre la leve y paulatina evolución de Delia, que empieza a mostrarse más animada, más solícita con Mario, comienza a prepararle postres y bombones, se deja dar el primer beso en la mejilla y acaba aceptando la petición de matrimonio.

No destriparé el final, desde luego, pero Cortázar ya nos lo va haciendo temer a base de aportar inocentemente, como de pasada, los más elocuentes detalles circunstanciales. Escribe, por ejemplo, que "Mario no tenía necesidad de inventarse un toque especial de timbre, todos sabían que era él". Basta eso para imaginarnos la hostilidad de esa casa que nadie más visita. Cuando Delia le da a probar por primera vez un licor hecho por ella, es "en diciembre, con un calor húmedo y dulce". Ese dulzor pegajoso del verano y de los postres va haciéndose más y más opresivo hasta que hacia el final emerge algo monstruoso como por unas pequeñas fisuras. En un momento, los movimientos de Delia son comparados con "la fuga enceguecida del ciempiés, una loca carrera por las paredes". Esa mezcla de domesticidad y violencia ciega, té con pastitas y oscuridad incomprensible me parece todo un hallazgo en el ámbito del terror. Un repeluzno propio que Cortázar habría podido patentar.

También de Cortázar en ULAD: Aquí

lunes, 28 de octubre de 2013

Semana del terror: El castillo de Otranto, de Horace Walpole

Idioma original: inglés
Título original: The Castle of Otranto
Año de publicación: 1764
Valoración: está bien (e históricamente, imprescindible)

¿Qué mejor forma de empezar una semana dedicada a la literatura de terror, que con la novela fundadora del relato gótico? Una novela de 1764 (¡nada menos!) que puso las bases de un género que se desarrolló a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Publicada originalmente como si fuese una traducción de un manuscrito antiguo -un truco narrativo bastante común en este y otros géneros-, obtuvo una buena acogida crítica que llevó al autor a reconocer su autoría a partir de la segunda edición.

Como novela gótica, El castillo de Otranto lo tiene todo: un castillo encantado, maldiciones, doncellas en apuros, cuadros vivientes, ruidos tétricos, personalidades ocultas e hijos encontrados... Aunque, precisamente por la acumulación de elementos, y por la inocencia con que se presentan (así lo vemos desde nuestra perspectiva, al menos), su lectura indudablemente ya no produce el mismo efecto que cuando se escribió y se leyó por primera vez.

Ya el argumento parece más una parodia que una novela destinada realmente a asustar al personal: al comenzar la obra, Conrado, el débil y feo hijo de Manfredo, señor de Otranto, está a punto de casarse sin amor con Isabella; pero su boda no llega a realizarse porque, cumpliendo una antigua maldición, el feo Conrado es aplastado por un yelmo gigantesco que cae del cielo (!!!). El delirante y despótico Manfredo decide entonces que, para tener descendencia y continuar su estirpe, se divorciará de su mujer, Hipólita, incapaz ya de darle más hijos, y se casará con Isabella, la prometida de su hijo muerto (!!!). Esta escapa y se esconde, ayudada por el joven Teodoro, acusado injustamente de haber provocado con brujerías la muerte de Conrado. Lo que sigue son sesenta páginas de enredos, persecuciones y reencuentros, que culminarán en un desenlace con mucha sangre pero con boda, y con un nuevo señor de Otranto.

Como decía, leer hoy El castillo de Otranto no es, desde luego, lo mismo que debía ser cuando se publicó. Hoy todo en esta obra suena anticuado: los elementos sobrenaturales parecen ingenuos o ridículos; los enredos de personalidades confundidas, que debían de hacer las delicias de los lectores, suenan ahora enrevesadas y tramposas; hasta la retórica del texto, llena de exclamaciones, lamentos y giros melodramáticos contribuye a alejarlo de nosotros.

Dicho esto, no cabe duda de que esta obra tiene un lugar garantizado en la historia de la literatura, y que sin ella es difícil entender la aparición de muchas de las obras que reseñaremos esta semana. Y eso es mucho decir...


domingo, 27 de octubre de 2013

John F. Moffitt: Alienígenas

Idioma original: inglés
Título original: Picturing Extraterrestrials
Fecha de pulicación: 2006
Valoración: muy recomendable

Los extraterrestres existen.
Vaya que si existen.
¿Cómo? ¿Algo hace crac en su delicada mentalidad de ilustrado lector descreído? ¿Acaso se tambalea su confianza en ULAD, oráculo de los ingenios contemporáneos? Está bien, condescendamos a hacer una prueba para escépticos recalcitrantes. Cierre los ojos (nonono, es sólo un decir: ¡siga leyendo!). Imagínese un extraterrestre. Trate de visualizarlo con el mayor detalle. ¿Ya? Déjeme adivinar... Lo que ha visto en su mente es un pequeño ser de aspecto humanoide, bajito, con una cabeza gorda y grandes ojos rasgados y oscuros, de piel grisáceo-verdosa y una boca pequeña cuyos labios apenas se distinguen.

Estoy seguro de que muchos lectores podrán reconocer como propia esa representación de un extraterrestre (quien no lo haga, sírvase ilustrarnos en los comentarios). ¿Acaso hay prueba más sólida de la existencia objetiva de extraterrestres que esa misteriosa coincidencia de su descripción visual en la mente de tantas personas que no se han puesto de acuerdo entre sí? Los extraterrestres existen indudablemente como un icono de nuestra cultura global contemporánea y se trata, además, de un icono muy definido y con pocas variantes. ¿Dice esto algo sobre la existencia real de humanoides verdosos más allá de la Tierra? Bueno, pues algo dice, sí... pero quizá no en el sentido que Iker Jiménez querría.

El libro de Moffit no es una de esas crónicas pobladas de entrevistas con testigos presenciales y fotos borrosas de ovnis. De hecho, puede decirse que le interesa más bien poco entrar a discutir la veracidad de esos testigos o la plausibilidad de sus relatos de encuentros y abducciones. Lo que le interesa es la representación icónica de los extraterrestres: cómo los imaginamos, y por qué hemos acabado imaginándolos así. Para descubrirlo Moffit actúa como un detective dotado con el instrumental de un historiador del arte. A través de un recorrido por los principales hitos históricos del fenómeno ovni (el incidente de Roswell, el encuentro de George Adamski, la abducción de los Hill...) va aislando de un modo ejemplar los elementos icónicos (y narrativos) del alienígena y va sacando a la luz sus fuentes ocultas.

Ejemplo: el primer supuesto avistamiento de "platillos volantes" es de 1947, pero la primera vez que aparece uno dibujado es en una ilustración de La guerra de los mundos de Wells en 1897. Es cierto que esto puede no resultar un descubrimiento demasiado sorprendente, pero Moffitt se toma el trabajo de documentarlo todo con el mayor rigor y contarlo con ironía, algo que se agradece. Lo que a mí me ha fascinado sobre todo es descubrir cómo ciertas figuras de la ficción pueden dar el salto a la experiencia real. Desde los 50 han vivido centenares de personas convencidas de haber avistado un ovni o haber sido abducidas. Y no todas han sido farsantes sin escrúpulos en busca de dinero.  

sábado, 26 de octubre de 2013

Sergio Pitol: El oscuro hermano gemelo y otros relatos

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable



Hace poco, me encontré con El oscuro hermano gemelo y otros relatos, una recopilación de narraciones escritas por el autor mexicano Sergio Pitol. Le eché un vistazo y, como me pareció interesante y no había leído nada de este escritor, decidí comprarlo. Fue después de leerlo cuando me di cuenta que algunos de los relatos que aparecen en este volumen forman parte de Vals de Mefisto, una recopilación que hace casi un año reseñó Santi en este blog. Así que ésta resulta ser una reseña extraña, pues me toca hablar de un libro que ha sido ya reseñado en parte.

Además de los cuatro relatos que conforman Vals de Mefisto, en esta obra nos encontramos ocho narraciones más, que versan sobre temas variados pero que aun así tienen varios puntos en común. Como ya dijo Santi entonces, los textos de Pitol se caracterizan por un lenguaje neutro (no podemos afirmar al leer que estamos ante un escritor mexicano, pues no aparece ningún rasgo que lo caracterice como tal), muy cuidado, y por una tendencia hacia lo metaliterario. 

Pero también descubrimos en estos relatos una tendencia a "estudiar" (por decirlo de alguna manera) al ser humano, por descubrir qué nos hace lo que somos y por mostrar todo lo bueno y lo malo que hay dentro de nosotros. En estos textos, Pitol cuenta historias sobre personajes que, a su vez, cuentan historias, llevando así al lector a través de diferentes niveles narrativos y de los más variados estados mentales y anímicos.

Uno de los aciertos de este libro es que los relatos están organizados en orden cronológico, lo que nos muestra la evolución de la obra del autor (tanto en lo que a estilo se refiere como a temática) desde 1957 a 1995. Como ocurre con cualquier antología, habrá textos que gusten más y textos que gusten menos, pero resulta innegable la calidad de los mismos y la capacidad que tienen para hacerse con nuestra atención. 

No tanto en el momento de leer este libro, sino después, cuando dejamos reposar la lectura, nos damos cuenta de todo lo que hay por descubrir dentro de los textos de Pitol, que piden a gritos una segunda mirada y una posterior reflexión, lo cual lo convierte en el libro perfecto, en mi opinión, para adentrarse en la obra de este autor.


También de Sergio Pitol en ULAD: Vals de Mefisto.

viernes, 25 de octubre de 2013

Rikki Ducornet: Netsuke

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2013
Título original: Netsuke
Traducción: Ismael Attrache
Valoración: recomendable

No sabremos su nombre: o si llega a salir en el libro, no llegaremos a recordarlo. Pero el psicoanalista que protagoniza Netsuke es lo que se dice todo un angelito. O lo que se viene a llamar un pieza. Porque no sólo es que le sea contumazmente infiel a su mujer, la artista de collage japonesa Akiko. Es que lo es de una manera obsesiva, de una manera que parece que su voluntad esté neutralizada, que no haya nada más en su cabeza que el engaño, como sea, en fondo y forma. Es que lo es saltándose cualquier código deontológico, cualquier resquicio de ética profesional. Nuestro héroe se cepilla a cualquier paciente que se presente en su consulta y le resulte atractiva. Lo hace con el abyecto aprovechamiento de la sinceridad de la consulta psiquiátrica, del sacrosanto templo de la confidencialidad, en uso del bajo instinto, de contar con la ventaja de saber qué mecanismos hay que emplear para tal fin. Lo hace con un plan tan meticuloso que hasta destina diferentes salas de consulta, dependiendo de cual sea su intención respecto al paciente. Como si el diván tuviera dos posiciones. Y les otorga nombres extraños: a habitaciones y a amantes. Todo ello con una frialdad que nos desconcierta. Nos lleva algunos capítulos situarnos en esa vida a la vez excitante y deprimente. Engañando a una mujer que le venera y le cree con vehemencia, a la vez que dando muestras aisladas de estar practicando esa reprobable conducta, y engañando a las pacientes, a las que promete fidelidad, exclusividad, a las que promete, una tras otra, ser las únicas en disfrutar de esa atención especial en sus visitas. La vida aparcada sobre la mentira.
El engaño de nuestro psicoanalista lo conocemos en el entorno de un coche sorprendentemente antiguo, de su afición por los netsuke, (pequeñas esculturas artesanales de las que es coleccionista), y de su progresiva y deteriorada subida en espiral (o caída en picado, elijan Ustedes). Una especie de juego del ratón y el gato en que asume con tanta naturalidad su conducta que piensa que su mujer debería hacer exactamente lo mismo.
No es que Netsuke sea novela erótica. Los encuentros sexuales cuentan con descripciones parcas en detalles que, paradójicamente, acaban siendo más estimulantes que algunas de otros libros. Pero el trasfondo del profesional que aprovecha la vulnerabilidad del paciente (al que prefiere llamar cliente)  y acaba traspasando demasiadas barreras (si el psicoanalista es el peor enfermo, quién tratará al psicoanalista), el elegante y contenidamente lírico modo de contarlo de Nikki Ducornet, esa sensación de que hay más debajo del texto que solo las imágenes que nos transmite (en el fondo, el hartazgo que puede llegar a acarrear el opulento triunfo profesional), todos esos elementos la convierten en una lectura dinámica, valiente, sin devaneos esteticistas ni más adorno del necesario.

jueves, 24 de octubre de 2013

Gregor von Rezzori: Memorias de un antisemita


Título original: Blumen im Schnee
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable
Traducción a cargo de Joan Parra Contreras

Bueno, pues ya está. Ya he terminado "La gran trilogía" de Gregor von Rezzori, tres libros unidos en un solo volumen por cortesía de Anagrama y que me ha llevado varios meses terminar ya que he compaginado su lectura con bastantes libros más.

Supongo que por eso y por la densidad de algunas de sus partes (densidad en cuanto a descripciones de personajes, la gran baza de von Rezzori) leer sus tres libros se me ha hecho largo. Largo pero placentero. Tanto que ahora que la he, por fin, cerrado, siento una extraña sensación de pérdida que muy pocas veces he sentido al terminar un libro. Es casi como echar de menos a un grupo de amigos que han venido a visitarte y con los que has pasado grandes momentos pero que, desgraciadamente, se han tenido que ir y no volverás a ver nunca más. Quizás suene exagerado, pero es así. Sólo quedará la relectura y el buscarles en nuevas obras del autor.

Pero dejemos los lamentos y vayamos a Flores en la nieve, la obra que cierra la trilogía, antes de que el señor Grecco se me adelante ya que, para los que no lo recuerden, el vil maltés me birló con descaro la reseña del segundo libro de la trilogía, Memorias de un antisemita, después de que yo reseñara el primero, Un armiño en Chernopol. Lo siento, querido. Éste es mío.

Flores en la nieve está dividido en cinco partes y cada una de ellas está protagonizada por una de las cinco personas que marcaron la infancia y los años mozos de von Rezzori. El primero es Kassandra, su salvaje nodriza, una asilvestrada mujer que el padre del escritor rescató de un monasterio tras una vida tumultuosa repleta de abusos y sufrimiento, y en mi opinión, el personaje más logrado, carismático e inolvidable de todos. La despelujada y visceral Kassandra, que hablaba una ininteligible mezcla de varios idiomas y que con su instinto maternal de loba ejerció de madre en funciones para el delicado y rico señorito que fue von Rezzori hasta que sus almidonados padres decidieron que ya no la necesitaban. Entonces la mujer buscó trabajo en otra familia dejando un gran vacío en el corazón de su principito. Leer cómo fue, años después, el encuentro fortuito entre el ya crecidito von Rezzori y su entonces vieja nodriza me dejó al borde de las lágrimas. El segundo es su madre, una mujer eternamente insatisfecha y melancólica, absorta en su mundo interior pero estricta hasta la histeria en cuanto a normas y formas, que se separó de su marido aún joven y nunca supo muy bien por qué no le gustaba su vida de comodidades. El tercero es su padre, un enérgico donjuán nada familiar cuya mayor y quizás única afición era la caza, antisemita sin complejos, y un hombre que parecía esconder en su descontrolado torrente de vitalidad verdaderos miedos y complejos. El cuarto, su hermana, mi personaje preferido, una joven repelente, carismática, pagada de sí misma y pluscuamperfecta que murió con apenas veintidós años y con la que el autor mantuvo siempre una relación de amor/odio y que sólo una vez muerta comenzó a apreciar verdaderamente. El quinto es Strausserl, la institutriz de la familia durante generaciones y en las antípodas de Kassandra, una dama culta y refinada pero también gentil y muy sensata a la que el autor siempre guardará un gran cariño.

En fin, el libro es una galería de personajes y reflexiones inolvidables que nos trasladan a un mundo que nunca volverá, al corazón de la Europa de la primera mitad del siglo XX, siempre en movimiento y zaherida por mil y un episodios de enfrentamientos, recelos, enemistades y paces formales.

Flores en la nieve es la última y más melancólica sala de un museo de recuerdos rezzorianos ilustrados, gracias a la bonita edición de Anagrama, de nostálgicas fotos en blanco y negro del autor y su familia.

Así pues, hasta pronto, von Rezzori. Esta postrera nieve tuya es el motivo final para que en el futuro siga buscándote a ti y a los tuyos en tus obras.

También de Gregor von Rezzori en ULAD: Un armiño en Chernopol, Memorias de un antisemita

miércoles, 23 de octubre de 2013

Santiago Roncagliolo: Abril rojo

Idioma original: español
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Confieso que estaba casi a punto de dar por perdido a Roncagliolo, después de que Tan cerca de la vida me dejase un poco frío, pero una compañera del Centro donde trabajo, que sabe lo suyo de literatura (gracias a ella me leí también Delirio y Historia secreta de Costaguana), me recomendó esta, Abril rojo, y decidí darle otra oportunidad. Y bien que hice, porque este Abril rojo es una novela muy disfrutable y muy interesante desde varios puntos de vista.

Eso sí, esta novela hay que cogerla con cierta prevención, porque engaña: uno empieza a leerla, y le parece que está leyendo una de esas novelas de Vargas Llosa con un toque humorístico, como Pantaleón y las visitadoras, por ejemplo. Efectivamente, como Pantaleón, el fiscal Félix Chacaltana, el protagonista, es un funcionario de Ayacucho (aunque todo el mundo se empeñe en pensar que es de Lima), obsesionado con cumplir los trámites y con una enfermiza relación con su madre muerta. Los primeros capítulos, en que el fiscal tiene que aprender por las bravas a enfrentarse con la realidad, que no siempre encaja en sus pulcrísimos informes oficiales, son muy divertidos.

Pero luego la novela avanza, se suceden los crímenes, se adensa el trasfondo político (el Perú de Fujimori y los rescoldos del conflicto con Sendero Luminoso) y el propio protagonista se adentra en una espiral de decadencia profesional, ética y psicológica, que de divertida ya no tiene nada. El héroe que al principio de la novela aspira aún a imponer la legalidad y la moralidad en medio del caos, se ve engullido por el propio caos que quería combatir. Como en una danza de la muerte (la novela se sitúa, no por casualidad, en la famosa Semana Santa de Ayacucho) todos los estratos sociales son llamados a posicionarse ante la realidad: el ejército, la policía, la iglesia, los políticos, los (ex-)terroristas...

Como la mejor novela policiaca actual (como la de Camillieri, Padura o Markaris, sin ir más lejos), Abril rojo utiliza el formato del género policiaco para hablar de otras cosas, en especial de la corrupción política y policial, la violencia enquistada, de varias formas, en la sociedad peruana, o la conflictiva relación con las pobliaciones indígenas. Llega un punto, de hecho, en que lo de menos es la resolución del "caso" (¿quién está dejando cadáveres desmembrados por toda la región?) importa menos que la deriva vital del protagonista o el retrato de las tensas y podridas relaciones sociales y políticas del país.

No sé si leeré más novelas de Santiago Roncagliolo en el futuro (creo que no ha vuelto a escribir nada que esté a este nivel), pero seguro que me seguiré fiando de las recomendaciones de mi amiga...


También de Santiago Roncagliolo en ULAD: Tan cerca de la vidaEl amante uruguayoLa pena máxima

martes, 22 de octubre de 2013

Brecht Evens: Los entusiastas


Idioma original: neendarlés
Título original: De Liefhebbers
Año de publicación: 2011 
Valoración: Muy recomendable



Ya hablamos de Brecht Evens hace unos meses, cuando reseñamos su cómic Un lugar equivocado. Ahora toca hablar de Los entusiastas, su siguiente obra, que comparte estilo y algunos temas con su primer libro.

En este caso, Evens presenta a una serie de artistas aficionados (aspirantes a artistas, más bien) que organizan una feria de arte en el pequeño pueblo en el que viven y llaman a un artista profesional para que les eche una mano con la organización. A partir de entonces, todos se desvivirán por agradar al "experto" en la materia, aunque también habrá quien no esté del todo a gusto en compañía del mismo. Así surgirán relaciones de amistad, de admiración, viejas (y nuevas) rencillas... todo un abanico de reacciones tan humanas como lógicas y realistas.

Y precisamente es eso lo que hace Evens en esta obra, profundizar en las relaciones interpersonales a todos los niveles que surgen en el pequeño pueblo, mostrando una gran sensibilidad y mucho sentido del humor.

Como ya ocurría en Un lugar equivocado, lo primero que nos llama la atención de Los entusiastas es su estilo, un fabuloso despliegue visual lleno de colorido que interactúa con la historia y los personajes, consiguiendo que el lector se involucre inmediatamente con el contenido del cómic.

Sin embargo, en este caso la historia está mejor desarrollada y es algo más compleja que en su primera obra, lo cual muestra su evolución y nos prepara para lo que está por llegar.


También de Brecht Evens: Un lugar equivocado.

lunes, 21 de octubre de 2013

Sofía Rhei: El joven Moriarty. El misterio del dodo

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Mi primera aproximación a la obra de la madrileña Sofía Rhei fue a través de sus poemarios Las flores de alcohol (La Bella Varsovia, 2005) y Química (El Gaviero, 2007).

Sin embargo, en este caso, voy a hablar de El joven Moriarty. El misterio del dodo,  una novela juvenil de misterio y aventuras que Rhei ha ambientado en el marco de la época victoriana y que ha tenido el acierto de ilustrar Alfonso Rodríguez Barrera.

La novela relata un episodio de la infancia de James Moriarty, el antagonista de algunas de las aventuras de Sherlock Holmes, que no es exactamente malo… todavía, tal y como se indica en la contraportada del libro. James Moriarty es presentado como un joven brillante y renconroso, inteligente, al que no le gusta relacionarse con los demás (excepto, muy de vez en cuando, con su amigo John, el hijo del jardinero) porque, como él dice, eso de tener amigos no encaja demasiado con mi carácter. Supongo que las personas están bien, pero me interesan más otras cosas. Como, por ejemplo, ganar. Se trata de un chaval curioso y competitivo al que le encanta resolver misterios, pero sobre todo, hacer de rabiar a su hermana Arabella y ganarle en todo tipo de retos y competiciones acordadas por ambos.

Esta vez, la apuesta consiste en dar con un espécimen de lo más peculiar: un pájaro dodo, un ave al que todo el mundo creía extinta, traída por el tío Theodosius tras uno de sus viajes por el mundo. La desaparición se produce en la fiesta de recepción que el padre de James y Arabella celebra en honor del explorador.

Se trata de una obra en la que se mezclan con originalidad el humor, las sorpresas, los animales curiosos, una multiplicidad de personajes excéntricos (con referencias históricas y literarias como el biólogo Charles Darwin, el escritor Lewis Carroll, encarnado por el excéntrico señor Dogson, y su personaje literario más conocido, Alicia, introducida en la obra bajo el nombre de Alice Liddell) y otros elementos que conforman una partida de Cluedo en forma de novela.

Una lectura atractiva, ¿no? Entonces, ¿por qué se ha valorado simplemente con un “está bien”?

En primer lugar, porque aunque las referencias literarias e históricas sean un acierto, ofreciendo así una doble lectura (para los más jóvenes por un lado y para lectores experimentados por otro) y la ambientación victoriana se haya construido con gusto y fidelidad a este tipo de novelas, hay momentos en los que se aprecia cierta moralina, en defensa de la ecología y el reciclaje, que no queda del todo disimulada. Es decir, no está insertada totalmente en la historia y se aprecia cómo la presencia de la voz adulta de la escritora irrumpe en el tono del narrador, James Moriarty: Hay muchas cosas que un par de niños inteligentes pueden hacer con todos esos objetos fascinantes que los adultos tiran a la basura. Quizás sea una incrédula, pero me cuesta creer que un niño que llama a su caballo Azucarillo sea capaz de expresarse con frases como Yo, personalmente, creo que la sinceridad es una virtud muy sobrevalorada o tenga ya una perspectiva tal sobre la vida como para emitir yo creo que el futuro es el futuro y el presente es el presente. Es indiscutible. Es por este tipo de intervenciones por las que el narrador, figura fundamental de El misterio del dodo, no acaba de resultarme verosímil.


En segundo lugar, en cuanto al diseño editorial de Nevsky Prospects y las ilustraciones, he de decir que lo primero que me atrajo del libro, además del hecho de que fuera una obra escrita por Rhei, autora a la que sigo muy de cerca porque siempre sorprende con algo novedoso y original, fue la portada. Cada vez encontramos un mayor número de propuestas ilustradas dentro del ámbito de la literatura juvenil, una apuesta impulsada quizás por el tirón de la novela gráfica o el libro álbum. En este caso, las ilustraciones, que sirven más como apoyo al texto que como un elemento que intervenga en la trama y la haga avanzar (algo que, a mi parecer, habría resultado muy interesante aprovechando la intriga y el misterio que rodea a la desaparición del dodo).

Por último, de manera independiente a mi experiencia lectora, me gustaría indicar que se trata de una novela que ha funcionado muy bien entre el alumnado de tercero de Secundaria. Los alumnos se han entretenido y la trama los ha atrapado desde el principio, por lo que, a pesar de las pegas observadas, quizás haya que tenerla en cuenta de cara a lectores jóvenes.


domingo, 20 de octubre de 2013

Fernando Vallejo: El desbarrancadero


Idioma: español
Año de publicación: 2001
Valoración: muy recomendable muy alto

Uf. Lo que me ha costado no propinarle un imprescindible a El desbarrancadero. Digamos que sólo la existencia de algo tan poderoso en la obra de Vallejo como La virgen de los sicarios me impide llegar a esa cumbre. No por nada: simplemente, este es un libro más íntimo y el otro era un libro que se erigía en más universal.
Aquí Vallejo abandona la crueldad y la frialdad del asesino a sueldo y toma un tono más personal, si cabe: esta es la crónica del autor asistiendo a la decadencia física de su hermano Darío, víctima del SIDA en esa época en que la enfermedad (como aún sucede tristemente en muchos países) era sinónimo de muerte. Es una historia sin vertiente lacrimógena, sin derramamiento de azúcar, que el novelista colombiano narra con una destreza resplandeciente. Diría que su estilo es tan personal e inimitable que solo puede describírse a Vallejo como uno de los grandes de verdad. Porque consigue, a pesar del uso torrencial de jerga, familiarizar al lector. Acompañarle a un rincón acogedor en el que las palabras no necesitan ser conocidas para ser comprendidas. Y las frases punzantes, los dardos con los que todo lo adereza. Críticas feroces manifiestas, u ocultas, casi, tras bromas. Pero directas al meollo. Los políticos, la iglesia, la hipocresía social, la corrupción, sus destinatarios preferidos. El mensaje no es subliminal en absoluto. Ni un gramo de corrección política. Quien quiera elegías y panegíricos, que elija otro libro. Las personas cometen errores, todas, y las personas mueren, todas. Vallejo reivindica constantemente la primera persona y se ceba e insiste en su anticlericalismo, en su incorrección política y personal, en la que, en un alarde de osadía, sacude duro a dos madres: a la suya biológica (que no deja de ser llamada La Loca en todo el libro), y a la madre patria, dicen (otros, yo no), a la que como colombiano no deja de increpar y criticar. Y menudos golpes les propina, a ambas, y a destajo. Será acusado de misógino, de irreverente, de cascarrabias, de resabiado, pero qué golpes. Con la ironía o con el enfado, con esa mentalidad desinhibida del escritor consagrado, pero con una precisión ejemplar. Cuatro palabritas (siempre atinadas, siempre memorables), y a otra cosa. ¿Pero cómo puede recordarme en espíritu a la lógica primaria y descacharrante de Holden Caufield? De genios hablamos, pues.
Sí: justificada completamente, la habitual presencia de El desbarrancadero entre las 50, o las 100 mejores obras en español de las últimas décadas. Justificada, por esa extraña cualidad que anida en todas sus páginas, en sus frases más simples: el absoluto sentido de la necesidad de su presencia, combinado con su esplendorosa precisión estética, su perfección, su atormentado sentido literario. Parece que las palabras broten por sí solas, parece que el autor sea incapaz de volver hacia atrás, ni a cambiar una coma, y esa naturalidad narrativa fascina al lector. Esta es una obra magnífica en lo literario, donde Vallejo juguetea con la muerte de los seres cercanos, con esa sensación de desasosiego, pero de sentido práctico ante la tragedia (una tras otra tragedia), donde el pragmatismo es el fondo y la poética más dura, corrosiva, contemporánea y lúcida, es la forma. Lo dejo aquí: solamente el pensar que hay quien se pueda sentir ofendido por ciertos aspectos de esta lectura, impide que la considere inapelablemente imprescindible. Pero aviso: una frase más, y caigo.

También de Fernando Vallejo en UnLibroAlDía: Entre fantasmasLa virgen de los sicarios, Mi hermano el alcalde

sábado, 19 de octubre de 2013

Socrates Adams: Todo va bien

Idioma original: inglés
Título original: Everything's Fine
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Está bien

Señores y señoras, me complace presentarles al gamberro de Socrates Adams. Un gamberro de cuidado. Y Todo va bien es su primera gamberrada novelada. Veremos en el futuro si el joven (born in the UK, cosecha del 84) sigue publicando gamberradas de semejante calibre que, todo hay que decirlo, tiene su gracia. Mucha gracia.

No serán pocos los jóvenes y no tan jóvenes españoles explotados en su trabajo que estén leyendo esta reseña. Pues bien, estoy seguro de que muchos de ellos esbozarán sonrisas de amargura al leer las primeras líneas de Todo va bien. El maltrato al que es sometido el pobre mileurista que lo protagoniza por parte de su engolado jefe puede hacer recordar muchas fechorías sufridas en la jungla oficinal… Por no hablar de los que han trabajado o trabajan actualmente de comercial y cuyo salario está en buena parte nutrido por comisiones e incentivos. Uséase: más vendes, más cobras y, por supuesto, estando los fines sobradamente justificados por los medios (pequeño recuerdo que me acaba de venir a la cabeza: un amigo mío, que durante dos años consecutivos fue elegido el mejor comercial de su país, suele presumir de que en una ocasión logró vender una enciclopedia a un ciego, y en otra, una sensual cama de agua a una octogenaria llena de achaques tras prometer a la anciana que él la estrenaría con ella).

Pero venga, al grano, a ver de qué va la historia del escritor joven éste, con nombre de personaje de Los Simpson.

Pues cuenta la historia de un muchacho llamado como Servidor, Ian, eso es, que trabaja en una empresa dedicada a vender tubos de plástico y al que su jefe, nada satisfecho con sus logros, le acaba etiquetando como "Empleadillo de mierda" (otro recuerdo que viene a mi cabeza: una amiga mía trabajó en una empresa en la que ella y otros compañeros eran llamados PAM por un superior, siendo PAM las iniciales de Puto Administrativo de Mierda) y encasquetándole un humillante ejercicio (que no me extrañaría nada que hubiera salido de un Comité de Sabios de los Recursos Humanos real) consistente en tener que tratar a un tubo de plástico como si fuera un bebé. Todo el día. Llevándole a todas partes, dándole de comer, acunándole y, por supuesto, poniéndole nombre. Mildred en este caso. Y el jefe del pobre Ian dispondrá de todo un equipo de vigilancia para controlar que el chaval cumpla bien su tarea.

Éste es pues el loco argumento de Todo va bien, y la forma en la que Adams lo narra bebe de las mismas fuentes que Amélie Nothomb contando su loca degradación laboral en Japón (Estupor y temblores), tiene un punto del Beigbeder de 13,99 euros, y vale, sí, venga, para que los admiradores de Socrates se pongan contentos, cierto aroma a Kafka.

Especialmente descacharrante es que la propia "Mildred" tenga voz y voto en esta novela, y que Ian esté obsesionado con viajar a los Alpes a esquiar aunque no tenga ni pajolera idea de esquiar, y que le dé tiempo a enamorarse de la empleada de una agencia de viajes, un amor tan loco como todo lo que le rodea.

El libro es muy corto, muy gamberro, muy de "Buff, este tío está fatal de la cabeza pero me troncho"... Pero no puedo recomendarlo poniéndolo a la altura de novelas mucho más presentables y trabajadas que he leído. Y como un "Se deja leer" no hace justicia al atrevimiento que han tenido Socrates Adams y sus editores de sacar al mercado algo así, dejémoslo en un "Está bien". Y todos contentos y a disfrutar mientras perdemos la chaveta...

viernes, 18 de octubre de 2013

Fernanda Kubbs (Cristina Fernández Cubas): La puerta entreabierta

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Este libro tiene cosas raras raras raras ya desde su portada: la autora que aparece es Fernanda Kubbs, un seudónimo bastante transparente (y ni la autora ni la editorial han hecho nada por volverlo más opaco) de la escritora Cristina Fernández Cubas, una narradora de la que ya hemos reseñado un par de libros por aquí. ¿Por qué, me pregunto, se inventa alguien un seudónimo si inmediatamente va a desvelar que es un seudónimo y quién se oculta detrás de el?

Pues en este caso, pienso después de leer el libro (y después de haber leído otro par de ellos de su autora) parece tener que ver con la voluntad de volver a escribir como al principio, con la valentía y la inocencia y la insolencia y el descontrol de un autor novel. De ahí que esta novela sea, y no sea, una novela de Cristina Fernández Cubas: comparte algunos de sus rasgos definitorios, pero con un aire de despreocupación bromista que no suele dominar en sus relatos.

La trama principal de la obra ya es psicodélica: una periodista a la que han encargado un reportaje sobre adivinos y pitonisas, se queda como por arte de magia (y nunca mejor dicho) atrapada en la bola de cristal de una bruja de tres al cuarto; después, como objeto de entretenimiento o de admiración, pasa de mano en mano hasta la extraña tienda de objetos (el Baúl de Doble Fondo), donde será protegida por el dueño, Baltus, y las dos hermanas Luz y Paz. Pero por si esta historia no es lo bastante loca, a ella se unen, recosidos, fragmentos sobre espiritismo, hadas, torturas romanas o místicos poetas dueños de "la Palabra".

Por momentos, salvando las distancias, La puerta entreabierta recuerda las técnicas de un Pynchon o un Robbe-Grillet (el de La casa de citas, no tanto el de La celosía), con sus mezclas constantes de planos y de textos, de realidades y de niveles de lectura. Claro que, en este caso, sin ninguna pretensión (o al menos esa impresión da) de trascendencia. Solo en las últimas treinta o cuarenta páginas Cristina Fernández Cubas parece cogerle la pluma a Fernanda Kubbs, para darle a la obra su toque personal y reconocible: realidades que no son lo que parecen, preguntas que quedan sin respuesta, amenazas ocultas, un cuestionamiento sobre el poder explicativo de la narración y la literatura...

Personalmente, me gusta más Cristina Fernández Cubas que Fernanda Kubbs, aunque comprendo los motivos que pueden haberle llevado a crear este alter-ego. Espero impaciente, por lo tanto, su siguiente novela: la de cualquiera de las dos.

jueves, 17 de octubre de 2013

Jean Malaquais: Los javaneses

Idioma original: francés
Título original: Les Javanais
Fecha de publicación: 1939
Traducción: Emma Álvarez Prendes
Valoración: Imprescindible


Jean Malaquais, a pesar de lo que pueda sugerir su pseudónimo y la lengua en la que escribía, no era francés, sino polaco (su verdadero nombre era Vladimir Jan Pavel Malacki), y en lugar de ir a la universidad se dedicó a viajar y a realizar los trabajos más variopintos para salir adelante. Así, trabajó como minero en una explotación de la Provenza, lugar que le inspiraría la obra que hoy reseño, Los javaneses.

A pesar de lo que pueda sugerir este título, los javaneses a los que se refiere Malaquais no son los habitantes de la Isla de Java, sino el conjunto de hombres y mujeres que viven en un poblado de mala muerte levantado al lado de una mina francesa. Trabajan en unas condiciones pésimas por un salario miserable y ahogan sus penas en vino, en el burdel o pidiéndole a la "hechicera" que les lea el futuro.

Esa otra Isla de Java es el refugio de personas que vienen de muchos lugares diferentes y que, aunque no comparten una lengua común, mezclan todas las posibles para poder entenderse. Allí nos encontramos a una supuesta hija perdida de los zares rusos, a españoles antifascistas, alemanes que huyen de Hitler, a un trompetista virtuoso y un sinfín de personajes más cuyas historias tejen una novela coral en la que el ritmo nunca decae y se le ofrece al lector una sorpresa tras otra.

Si bien se puede leer esta novela como puro entretenimiento, es inevitable empaparse de la carga social que contienen sus páginas. Conocedor de primera mano de lo que está contando, Malaquais muestra –y denuncia– en esta obra cómo vivían los trabajadores en la primera mitad del siglo pasado. Pero esta denuncia ha de leerse entre líneas, pues en ningún momento muestra el autor sus intenciones o su ideología. 

Objetivo a la hora de contar los hechos, viste este libro tremendamente realista de gran lirismo, convirtiéndolo en una obra imprescindible para comprender un poco más la sociedad que no hace mucho dejamos atrás y para conocer a uno de los grandes escritores en lengua francesa del pasado siglo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Mohsin Hamid: Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente / Com fer-se fastigosament ric a l'Àsia emergent


Idioma original: inglés
Título original: How to get filthy rich in rising Asia
Año de publicación: 2013
Traducción: Carles Miró
Valoración: muy recomendable

Como si hubiera una especie de movimiento a gran escala, existe un creciente flujo de escritores radicados en Estados Unidos y procedentes de latitudes no tan privilegiadas por la industria editorial y la economía global. Recuerdo a Junot Díaz, a Teju Cole , y ahora voy a tener que añadir a esta lista de must literarios a Mohsin Hamid, escritor pakistaní nacido en 1971, arropado por excelentes críticas, que publicó El fundamentalista reticente y que, a tenor de lo leído en esta magnífica Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente, entra por la puerta grande.
Que no os engañe la estructura de libro de autoayuda de la que se ha servido Hamid. Esto es una novela de subsistencia, una especie de fábula en tono irónico donde presenciamos el ascenso a base de ingenio y de escaso sentido de la ética de nuestro protagonista. Un hijo varón de una extensa (y mermada) familia en, adivinamos, un suburbio de alguna de esas metrópolis asiáticas de las que apenas sabemos un par de detalles (millones de habitantes, natalidad descontrolada, duras condiciones de vida, malas perspectivas generalizadas, situación política inestable). Un curioso tipo cuya progresión, ni ejemplar ni ejemplarizante, viene marcada por una serie de premisas en las que la novela nos acompaña. Premisas que parten de enunciados casi empresariales, pero que se alejan rápidamente de ese entorno para adentrarse, cada vez más a medida que avanza el libro, en una trayectoria vital lúcida y portentosamente escrita.
Con muchas más implicaciones de lo que, a priori, deduciríamos, Mohsin Hamid ha compuesto aquí unas de esas raras piezas que dejan impacto en el lector. Todo ello sin escatimar contenido crítico hacia el entramado económico global, las desigualdades, los fanatismos y la divergencia, parece ser, necesaria, entre comportamiento ético y triunfo en los negocios, lo que tenemos en Cómo hacerse asquerosamente rico en el Asia emergente es una excelente novela de trayectoria vital, que me resulta reminiscente de otra brillante novela como es Stoner, en el sentido de reflejar la coherencia que a veces anida hasta en las contradicciones de nuestro comportamiento, y también me recuerda la extraordinaria trilogía de Deptford, de Robertson Davies, otra de esas composiciones exhuberantes donde asistimos a la vida de sus personajes como si tuviésemos una ventana por las que contemplar sus existencias, por donde ser testimonios de los avatares de su vida.
Y todo lo hace Hamid sin complicaciones estilísticas, sin más artificio, especulo, que imaginación aplicada a la observación de entornos en que ha crecido o vivido, sin más aderezo que el componer carácteres que deben surgir de figuras anónimas pero identificables. Porque, como todas las buenas novelas, ésta persiste en la memoria y contiene mucho más de lo que nos parece.
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Mencionar que he leído la edición en catalán de Edicions del Periscopi y que este libro será publicado, especulo que con este título, dicen, en español, por Tusquets. Algún día, parece ser, pero aún no. Francamente, no sé a qué esperan. Los que puedan disfrutar de él en inglés, italiano, o catalán, ya pueden ir adelantándose. Placeres como este, cuanto antes mejor.

También de Mohsin Hamid en ULAD: El fundamentalista reticente

martes, 15 de octubre de 2013

Rosa Montero: Temblor

Idioma original: español
Año de publicación: 1990
Valoración: recomendable

Tengo la impresión de que, si se hiciera una encuesta, la mayoría de los lectores calificarían a Rosa Montero como una escritora de novelas realistas, del estilo de Amado Amo, Te trataré como una reina o Crónica del desamor. Pero en realidad, poco a poco acumula ya una producción importante en géneros diferentes, como la novela histórico-fantástica Historia del Rey Transparente o de ciencia-ficción pura y dura, en Lágrimas bajo la lluvia. Temblor (una novela, creo, poco conocido de su autora) se sitúa también en esta línea, a medio camino entre la literatura fantástica y la ciencia-ficción post-apocalíptica.

En Temblor se cuenta la historia de Agua Fría, una niña de doce años que ha sido educada en el respeto a la Ley (con mayúscula) en un mundo opresivo y decadente; sin embargo, cuando está a punto de entrar en el Talapot (una especie de gigantesco seminario para los sacerdotes del Cristal), comenzará a dudar de todo lo aprendido, a cuestionarse por qué el mundo está sumergiéndose en las nieblas del olvido y si la Ley y el poder de los sacerdotes (y sobre todo, de las sacerdotisas) es tan justo y tan ejemplar como le enseñaron. Decepcionada y confusa, decide huir del Talapot y adentrase en lo desonocido en busca de respuestas y de una oportunidad para salvar el mundo.

Aunque a veces esta novela aparece calificada, sin más, como ciencia ficción (y tiene, de hecho, ciertas similitudes con los mundos creados por Ursula K. LeGuin), su estructura y su localización tienen más que ver, durante el 90% del texto, con la novela fantástica y de aventuras: la niña protagonista está dotada del poder de la hipnosis, y más tarde aprenderá el poder de la telequinesis, y su historia consiste en la superación de obstáculos y enemigos hasta lograr su heroico objetivo. Solo al final (un final un poco precipitado y prosaico, todo hay que decirlo) se reconstruirá el proceso apocalíptico que llevó desde nuestro tecnológico mundo actual, al casi-primitivo mundo en que se sitúa la novela.

Otra forma todavía de calificar esta novela sería la de "parábola": aunque la trama evidentemente se sostiene por sí misma, es evidente que se han volcado en el texto algunos temas que Rosa Montero quería tratar en esta novela: el fanatismo o integrismo, los límites del poder o el difícil equilibrio entre olvido y memoria. Algunas de las invenciones que despliega la autora en el texto suenan conocidas: las nieblas del olvido que se comen el mundo recuerdan inevitablemente a la "nada" de La historia interminable, mientras que los métodos de "enseñanza" del Talapot parece a veces sacados directamente de 1984... Una de las creaciones más originales de Temblor son las hermanas gemelas Oxígeno y Océano, que se pelean por el mundo como dos niñas malcriadas y que subvierten el tópico de la anciana sabia y benévola que uno espera encontrar en estos casos.

Si pusiéramos en la balanza esta novela y Lágrimas en la lluvia (que como decía al principio, se integra decididamente en el género de la ciencia-ficción), sale ganando sin duda la segunda, una novela más entera y más madura. Pero tampoco a Temblor le faltan méritos o atractivos, sobre todo si consideramos que es la primera escapada de su autora a mundos fantásticos que después ha vuelto a transitar en distintas formas.


También de Rosa Montero en ULAD: La ridícula idea de no volver a verteLágrimas en la lluviaTe trataré como a una reinaLa hija del caníbalAmado AmoCrónica del desamor

lunes, 14 de octubre de 2013

Colaboración: Pnin de Vladimir Nabokov

Idioma original: inglés  
Título original: Pnin  
Traducción al catalán de Marta Pera  
Año de publicación: 1957  
Valoración: Recomendable

Se supone que la literatura funciona por capas: los acontecimientos y la experiencia del autor fluyen por la invención, flotan en la prosa como restos de un naufragio expulsados del fondo de la conciencia, verdades a las que se les posibilita la superficie y un tipo de supervivencia. Pasan corriendo ante nuestros ojos y por nuestra comprensión, para quien quiera leerlos como una historia más, o para quien quiera hurgar entre las líneas. El sentido y el motivo, como raíces de una planta, buscan aire y humus. Luz y oscuridad. En los dos ámbitos, hay un modo de subsistir.

 No lo pasó bien Nabokov en sus tiempos de profesor universitario. Llegó a Estados Unidos huyendo de las tropelías que asolaban Europa y halló el sustento en la enseñanza. Aunque graduado en Entomología, su condición políglota (hablaba inglés, francés, alemán y ruso) le especializó en los idiomas. Su origen e historia (el joven Vladimir escapó de la Rusia bolchevique y de la Alemania nazi) le convirtieron en atracción de feria ahí donde fue, en especial en los ambientes provincianos de los campus del medio Este del país. Más tarde, le tocaría convivir con la paranoia anticomunista del senador McCarthy, que tampoco le facilitó la vida. En su soledad de refugiado, este conjunto de circunstancias fue motor e inspiración de su literatura. Solo debía abrir los ojos, escuchar y escribir.

Entonces, Pnin. La obra recupera los tiempos de enseñanza de Nabokov por diversas universidades norteamericanas. Es la historia del exiliado que busca una oportunidad, quizás la última por cuestiones de edad. Por una pizca de libertad y de independencia, acepta las condiciones que el país propone. El profesor Pnin llega rezagado a la meta y se somete a su papel de actor secundario, como la metáfora del viejo estilo que sucumbe ante el nuevo. En las distintas universidades donde ejerce, se somete al mando de otros menos preparados que él. En el amor, deja que su amada se vaya con otro. Lidia con el desinterés general por sus cosas. Transige con el papel de atracción de feria que se le aplica en las reuniones sociales por su condición de exiliado. Y si le dan la patada, lo encaja con una dignidad y una educación que no acepta escenas ni salidas de tonos.

Entretanto, habrá dado unas cuantas conferencias a unas señoras aburridas que pretendían cultivarse, habrá hecho de padre del hijo de su ex, habrá aprendido a conducir y a coger el tren sin perderse, habrá mejorado su nivel de inglés y hasta podrá permitirse el lujo de disfrutar de una casita con jardín después de una vida alojándose en habitaciones realquiladas. Un estoicismo inveterado le activa la capacidad de sacrificio ante cualquier revés. La soledad le ha regalado un montón de horas de reflexión. Sabe que el futuro, el devenir o la misma suerte saldrán a su paso en la próxima esquina de la vida. Con unos aperitivos elegantemente servidos para celebrarlo.
“Pnin caminaba poco a poco bajo los pinos solemnes. El cielo moría. Él no creía en un Dios autócrata. Sí que creía, vagamente, en una democracia de espíritus. Las almas de los muertos, quizás, formaban comités, y esos comités, en sesión continua, se ocupaban del destino de los vivos”.
 Firmado: Tuli Márquez

También de Nabokov en ULAD: El original de LauraLolita

domingo, 13 de octubre de 2013

Mohamed Chukri: El pan a secas

Idioma original: árabe
Título original: Al-jubz al-hafi
Fecha de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable

Llegué a este libro gracias a la celebrada Ciudad abierta de Teju Cole, reseñada en este blog hace unos meses. En un momento del libro el protagonista charla con un personaje marroquí sobre literatura y este último le dice que en cuanto a escritores de su país de origen, prefiere a Mohamed Chukri por encima del famoso Tahar Ben Jelloun. ¿El motivo? Que mientras que Jelloun  presenta en sus libros tramas y personajes que se corresponden con la idea del Oriente legendario que se tiene en Occidente (un Oriente mágico y romántico, con elementos como recién sacados de las historias de Sherezade), Chukri tiñe sus páginas de miseria, violencia, desesperación, bajeza, supervivencia, asco y dolor. En fin, que escribe sobre la dura realidad que sufrió y aún sigue sufriendo buena parte de la población del mundo árabe/musulmán.

Esta comparación me despertó la curiosidad. Yo ya conocía a Ben Jelloun, pero no a Chukri, por lo que busqué enseguida su Pan a secas, el libro autobiográfico del autor que se cita en Ciudad abierta, y descubrí encantada que el ejemplar que tienen en mi biblioteca está casi nuevo y se trata de una bonita edición de Cabaret Voltaire, en una traducción de Rajae Boumediane El Mentí revisada por el propio escritor poco antes de morir. Pero su contenido...Uugh, su contenido. Y aclaro ya que mi lamento no se refiere ni a su calidad ni a su valor, sino a las cosas que ahí dentro suceden. No me extraña que el libro estuviera prohibido durante muchos años en el mundo árabe…

Para quien no lo sepa, Chukri, nacido en Marruecos en los años 30, fue un muchacho extremadamente pobre y maltratado por la vida, como se suele decir. Hijo de un violento y alcohólico desertor del ejército y de una mujer ignorante pero cariñosa que mantenía a su familia con su humilde puesto de verduras, y con hermanos pequeños que raramente pasaban de la primera infancia, Chukri pronto vio en las duras calles de Tetuán y Tánger la única vía de escape a las palizas casi mortales de su padre y sus deseos de convertirle prácticamente en su esclavo. En su terrible vagabundeo se entregó a una destructiva pero tozuda vida de trabajos esporádicos, amigos cambiantes, amores con prostitutas, noches a la intemperie, homosexualidad puntual, peleas a muerte, piedad ocasional y hambre, mucha hambre.

Un sinfín de anécdotas y sucesos nada fáciles de leer es lo que contiene este breve libro de prosa seca y directa como púas de una planta traicionera. Y lo que relata revuelve aún más las tripas cuando se es consciente de que se trata de un testimonio real.

El libro termina cuando Chukri ronda los veinte años. Luego vendría la milagrosa oportunidad de alfabetizarse, y más tarde, la decisión de plasmar sobre papel la vida grotesca a la que había sido condenado. Así, el prácticamente autodidacta Chukri pasaría a convertirse en un reconocido escritor que se codeó con monstruos de la época como Paul Bowles (que tradujo El pan a secas al inglés y sobre el que Chukri escribió un libro), Jean Genet o, incluso, Tennesse Williams.

La historia de Chukri impresiona por la increíble capacidad que tuvo este hombre de mandar a paseo el futuro tan negro al que parecía condenado por las circunstancias en las que la vida le había colocado. Pero insisto: El pan a secas se queda en lo que vivió el escritor antes de aprender a leer y escribir, los primeros episodios de una de esas vidas legendarias que dejan con la boca abierta. Luego vendrían otras obras autobiográficas que aún no he leído.

sábado, 12 de octubre de 2013

Lukas Jüliger: Vacío



Idioma original: alemán
Título original: Vakuum
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Hay quien dice que el calor trastorna a la gente. Y hay quien afirma que la gente ya está muy trastornada y que el calor es sólo el detonante, la gota que colma el vaso, que hace que a uno se le vaya la cabeza y la líe parda. El calor también es el punto de partida de la primera novela gráfica publicada por Lukas Jüliger, Vacío

Cuando empezamos a leer este cómic, su autor nos sitúa en los primeros (y bochornosos) días de verano, en una pequeña y aburrida ciudad en la que (según los personajes) nunca pasa nada, y nos presenta a su protagonista, un joven que aún va al instituto. También nos presenta a Sho, hasta hace poco su mejor amigo, quien desde que desapareció una noche se comporta como un autómata y apenas habla, y a una extraña joven que de repente aparece en su vida.

Que nadie piense ahora que este cómic cuenta una historia de amor (sería lo clásico, ¿no?: chico tímido con pocos amigos encuentra a una chica raruna y muy mona y se enamoran y todo es fantástico y maravilloso), porque se va a llevar una decepción muy grande. O una muy grata sorpresa, quién sabe. 

Lo importante es que Jüliger, por medio de estos personajes, de una tragedia que ha tenido lugar en la ciudad y del calor que augura una desgracia mayor, nos habla de temas tan serios como la soledad (tanto si es algo deseado como si no), la muerte y el suicidio. Pero también deja espacio para reflexionar sobre la familia y, en general, las relaciones que establecemos con los que nos rodean.

Y para ello organiza Vacío en ocho días (de lunes a lunes) y lo viste con poco aunque contundente texto (ni más ni menos de lo necesario, lo cual es de agradecer) y con unas ilustraciones llenas de expresividad y detalle (en ocasiones merece la pena dejar de leer y pasarse un rato observando todas las pequeñas cosas que se pueden encontrar en cada viñeta), lo que convierte este cómic en una gran obra de debut y a su autor en un nuevo (y jovencísimo) talento al que no hay que perder de vista.

viernes, 11 de octubre de 2013

Kenzaburo Oé: La presa

Idioma original: japonés
Título original: Shiiku
Año de publicación: 1959
Traducción: Yoonah Kim/Joaquín Jordá
Valoración: muy recomendable

Cinco palabras que evoquen Japón: Samurai y Kamikaze andarían por ahí seguro que saldrá Sushi y seguro que saldrá Murakami. A mí me sale también Sakamoto, pero me asaltan Hiroshima y Nagasaki, esas no suelen fallar. Porque Japón todavía resulta una cultura que nos fascina, y el asunto de la II guerra mundial, Pearl Harbour y todo eso, aún dan mucho juego. La obra de Kenzaburo Oé nace en las décadas inmediatamente posteriores a la rendición, al duro período en que el Imperio nipón empieza a renacer tras la humillación de la derrota, una humillación que parece que no es muy fácil comprender desde el punto de vista occidental. 
Y los episodios bélicos son claves en la obra del Nobel de 1994. La presa pasaría por ser una fábula en la que intervienen muchos elementos.

Primero, lo que pasa. 
Un avión de guerra americano se estrella cerca de un poblado de cazadores, en pleno conflicto del Pacífico. El poblado está aislado por culpa de la temporada de lluvias, que ha ocasionado la destrucción del puente que les une al resto de la región (y, por ende, al resto del universo), que llaman la ciudad. Los hombres del poblado salen a las montañas y capturan al tripulante, un piloto americano de raza negra que es conducido al pueblo y observado poco menos que como un animal, como una especie rara, por su aspecto físico y por las circunstancias de su presencia ahí.

Segundo, cómo lo interpretamos.
Como todas las novelas cortas y basadas en personajes muy concretos, la interpretación de los simbolismos se dispara. Todo importa y todo pesa: la actitud de los del poblado, al que el incidente acaba siendo el grano de sal que cae en suerte. El aparato burocrático, que obliga al pueblo a la custodia. El preso (¨la presa¨) que teje su propia estrategia, en circunstancia extrema y desesperada. Los niños que lo empiezan a visitar, fascinados por su presencia, y que van depositando su confianza en él, representando la inocencia de quien no acepta la enemistad forzada que conlleva un conflicto bélico. Y no solo simbolismos: presenciamos la miseria de zonas rurales que son poco más áreas de conflicto, que defienden sus exiguos vestigios de dignidad. La presa es vigilada, pero luego es cuidada, y más tarde meramente acompañada, por unos niños que acaban considerando a su prisionero como un exótico miembro adicional de la comunidad, que confían en él, que ignoran lo significativo de su figura.

Tercero, cómo lo escribe Oé.
Oé no cede al fácil anzuelo de explotar y ahondar en la miseria del entorno rural o en la crueldad del conflicto. Dibuja el escenario, el poblado al que la guerra poco o nada afecta y que poco o nada tiene que perder en ella. Un poblado en el que solo hay mujeres, niños, y escasos hombres. Un escenario que no hace más que alienarse y aislarse, cerrándose en sí mismo, protegiendo su hallazgo. El estilo es impecable, intuyo que la traducción  muy fiel al espíritu y a cierta poética desesperada. De esas raras novelas que descubren una nueva capa en cada lectura.

También de Kenzaburo Oé en UnLibroAlDía: Cartas a los años de nostalgiaUna cuestión personalArrancad las semillas, fusilad a los niños

jueves, 10 de octubre de 2013

Gueorgui Vladímov: El fiel Ruslán

Idioma: ruso
Título original: Verni Ruslan
Año de publicación: 2013
Traducción: Marta Rebón
Valoración: recomendable


En 1978 se publicaba en Alemania la novela El fiel Ruslán del Georgui Vladímov, cuyo cuento "Los perros", reescrito durante años hasta convertirlo en la novela que analizamos ahora, no pudo publicarse en 1965 debido a su contenido político y circuló de manera clandestina a lo largo de más de una década. 

Adoptando el punto de vista del perro para explicar la inhumanidad del sistema soviético, la narración parte de una situación que se produjo en la Unión Soviética a finales de los años cincuenta, cuando los cambios introducidos por el dirigente Nikita Jruschov permitieron la liberación de millones de prisioneros y el desmantelamiento de parte del sistema soviético de los campos de trabajo.

La historia arranca con la imagen de Ruslán, un perro guardián que ha pasado la vida en un campo de trabajo del Gulag soviético, un perro “del todo normal, hijo legítimo de ese perro primitivo al que el miedo a las tinieblas y el odio a la luna habían empujado al fuego que ardía ante la caverna del hombre, obligándolo a sustituir la libertad por la fidelidad”. El animal se ha limitado hasta el momento a cumplir con el deber y, movido por agradar al Servicio, obedece a su amo, un hombre despiadado y sin escrúpulos que, al igual que Ruslán, es un eslabón más de la cadena amo-esclavo a partir de la cual se constituye el Partido. 

Habituados a seguir órdenes, los perros guardianes deben hacerse cargo de su libertad de manera repentina. De la noche a la mañana, los campos se vacían y los guardias, a quienes aman y obedecen incondicionalmente (ya sea movidos por el amor o por el miedo a recibir un castigo o un disparo letal), los abandonan a su suerte.

De esta forma, todos ellos, amos, prisioneros y, sobre todo, los perros, deberán adaptarse a esta nueva situación, pero, ¿cómo ejercer una libertad recién descubierta cuando alguien sólo ha conocido la servidumbre y la obediencia? Ruslán se muestra incapaz y continúa aguardando la vuelta del amo, el regreso al campo de trabajo, una vuelta al pasado que nunca se produce, situación que provoca el desánimo del protagonista: “¡Mal, todo iba muy mal! Y lo peor no es que estuvieran cansados de esperar. Estaban cansados de creer. Aturdido, deprimido por todas estas desgracias, Ruslán yacía sobre la acera con los ojos cerrados. Los viandantes pensaban que se estaba muriendo. En esos casos, el género humano se divide en dos clases: los que te esquivan con temerosa compasión y los otros, los de corazón más duro, que simplemente pasan por encima de ti. Ruslán, concentrado como estaba en el dolor que le quemaba el estómago y las encías, despellejadas por la nieve, no se daba cuenta ni de unos ni de otros. Últimamente comía nieve a menudo para aliviar la sed y las náuseas que le provocaba el hambre. De pronto se acordó de que ese día no había corrido hasta el campo de prisioneros. Horrorizado […] le asaltó un miedo terrible, como si lo aguardase un castigo desconocido.”

Es en ese punto donde la libertad y la toma de decisiones se despliegan como un horizonte gélido e inabarcable frente a la confundida y desconcertada mirada de Ruslán, figura en la que se condensan la duda, el estupor y la incomprensión. Acorralando la mirada alucinada del animal, están la nostalgia y el recuerdo del campo de trabajo en el que el sabueso desempeñaba una función clave a la hora de escoltar a los prisioneros y de encontrar y capturar a aquellos infelices que se aventuraban a probar el sabor amargo de una fuga frustrada.

Y como música de fondo, una profunda y sincera reflexión sobre la levedad del hombre, el miedo a la libertad y la insignificancia de su vida frente a la brutalidad del régimen soviético o, a fin de cuentas, de cualquier tipo de régimen dictatorial: “Nuestro pequeño globo, ceñido, cubierto de cicatrices, de fronteras, de vallas, de prohibiciones, volaba rodando en los confines siderales, sobre las puntas de las estrellas, y no había un palmo de su superficie donde alguien no custodiase a otro, donde prisioneros, con ayuda de otros prisioneros, no montasen guardia sobre unos terceros prisioneros –y sobre sí mismos- para evitarles el peligro mortal de un sorbo de más de esa azul libertad. Sumiso a esta ley, la segunda después de la gravedad, Ruslán, centinela permanente y voluntario, montaba guardia sobre su vigilado.”  

Al igual que la nieve despelleja y daña las encías de Ruslán, las palabras de Vladímov hacen lo mismo con el corazón del lector. Estamos ante una prosa sobrecogedora, ya que la realidad que se relata, desnuda, glacial y certera como el invierno en el gulag, se abre paso y nos lanza a modo de puñetazo toda la vileza de la que es capaz el ser humano: “… Cualquier criatura golpeada por una desgracia se arrastra hacia el lugar donde ya una vez sufrió mucho y se recuperó, pero Ruslán […] No tenía ningún lugar  adonde volver. Su amor mezquino y monstruoso por el hombre había muerto para siempre, y no conocía otro amor, no podía llevar otro tipo de vida. […] Había llegado a saber bastante del mundo de los bípedos, impregnado del olor de la crueldad y la traición.”

Tumbados en la cama o en nuestro rincón de lectura, no podemos sino arrugarnos poco a poco y removernos incómodos porque, de algún modo, el frío, la idea de obediencia, nuestra condición de siervos frente a este o aquel sistema y el comportamiento inhumano que describe la prosa de Vladímov se nos cuelan por dentro y nos arrastra hacia el paisaje nevado en el que se descompone el cuerpo del pobre Ruslán.