sábado, 31 de agosto de 2013

Ramiro Pinilla: El cementerio vacío

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Ya habréis podido notar, los que seáis seguidores habituales de este blog, que por aquí tenemos debilidad por Ramiro Pinilla, un escritor de Getxo (Vizcaya) que está a puntito de cumplir los ochenta años; que ha ganado casi todo lo ganable en España (el Nadal, el Nacional de Narrativa, finalista del Planeta cuando el Planeta no era todavía la chufla que es hoy...) y que sin embargo creo que es bastante desconocido más allá del Ebro (más allá para abajo, quiero decir). Y no merece, porque es un escritor como la copa de un pino.

Dicho esto, la verdad es que las últimas tres novelas que ha publicado Pinilla no son probablemente las mejores de su producción: Solo un muerto más, la antecesora de este El cementerio vacío, era una curiosa novela policiaca protagonizada por un peculiar detective getxotarra, Samuel Esparta; Aquella edad inolvidable no conseguía atrapar en su presentación de un ex-futbolista reducido a distribuidor de cromos; y esta última, que como digo es una segunda parte de Solo un muerto más, sin la originalidad ni la sorpresa de aquella primera, resulta también algo decepcionante.

El cementerio vacío es, por lo tanto, la segunda parte de esta serie quijotesca (lector obsesivo de novela negra se convierte en detective y mezcla fantasía y ficción, ¿hace falta ponerlo más claro?); de hecho, en esta novela se menciona constantemente la primera de la serie (como en la segunda parte del Quijote se menciona la primera parte, otra pista más). El librero Sancho Bordaberri se ve forzado a encarnar nuevamente al detective Samuel Esparta para resolver un nuevo caso: el asesinato de la joven y hermosa Anari, precisamente en la noche de la romería de San Baskardo, la noche que había elegido para huir con un "maketo" que resulta ser el principal sospechoso del crimen.

La novela vuelve a emplear los recursos que surtieron efecto en Solo un muerto más: la ironía metaliteraria que inunda el texto; una ligera crítica socio-política (del franquismo y del nacionalismo vasco a partes iguales); y sobre todo la trama policial, el eje que articula todo lo demás. Es por aquí por donde a Ramiro Pinilla se le escapa la novela, porque en realidad la investigación del crimen, si se despoja de muchas idas y venidas y muchos diálogos que dan vueltas una y otra vez sobre lo mismo, al final resulta un poco sinsorga. Claro que en la propia novela (¿he dicho ya que es metaliteraria hasta la extenuación?) se apunta a que esta no es una novela policiaca estrictamente, sino algo de otro género más amplio; pero no nos engañas, Ramiro: esta es una novela de género y como tal hay que juzgarla...

Lo mejor, probablemente, en esta novela como en la anterior de la serie, es la ambigua pero entrañable relación de Sancho Bordaberri con su ayudante/secretaria Koldobike, que como un Sancho femenino acepta entrar en el juego de la fantasía de su jefe. Le daría todavía otro toque más a la serie si Ramiro Pinilla acentuase algo más la tensión sexual no resuelta entre los dos personajes, pero no sé si tirará por ahí en el futuro...

En fin, esperemos que Ramiro Pinilla viva muchos años más, y que conserve la cabeza como la conserva, para ver si todavía tenemos la oportunidad de leer un tercer caso de Samuel Esparta; y que sea mejor que este...


La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULADSenoLa higueraVerdes valles, colinas rojas 1,Verdes valles, colinas rojas 2 y 3Aquella edad inolvidableSolo un muerto másHuesosCadáveres en la playaLas ciegas hormigasLos cuentos

viernes, 30 de agosto de 2013

Colaboración: Carpe diem de Saul Bellow

Idioma original: inglés
Título original: Seize the day
Año de publicación: 1956
Calificación: Está bien

No creo que Carpe Diem sea una obra para justificar la decisión de la academia sueca al entregarle el Premio Nobel a Saul Bellow. Uno se debería remitir a Herzog (del mismo autor) para tener más claras las razones pero no es una mala idea seguir explorando el universo de Bellow a través de una novela tan ligera, rápida y agradable de leer como Carpe Diem

La novela tiene como protagonista a un hombre llamado Tommy Wilhelm que ha fracasado en todos sus proyectos, usualmente impulsados por su espíritu infantil, y que no tiene más remedio que apoyarse en su padre para sobrellevar los días, que a Tommy le resultan agotadores aunque demuestre todo lo contrario, esta ya es una jugada de narración que le da méritos a Bellow. Tommy decide entonces que no puede caer más bajo, que deberá cambiar su destino y para lograr sus planes se deja convencer de un hombre de discurso visionario que sostiene sobre todo una filosofía de Carpe Diem, de vivir el día al máximo aprovechándolo todo.

Es una novela que nos remite al hombre fracasado en la actualidad, a la desesperación por encontrarle un sentido a la vida, que usualmente se encuentra ligado al dinero. Tommy busca ser un orgullo para su padre, para su ex esposa e hijos, ser un hombre respetable en sociedad pero los años, que pasan sin haberse dado cuenta, lo han destrozado y en vez de explotar, decide convencerse por las palabras de un personaje sumamente misterioso que lo guía al mundo de la bolsa de valores de una manera mucho más sentimental que financiera, será este un punto clave en el entendimiento de Tommy, el protagonista posee más esperanza de la que se puede permitir, resulta triste, por ratos, la negación de la realidad del personaje principal.
Más allá de la historia, el libro se encuentra escrito de una manera efectiva, se vive en un mundo apresurado, las sospechas no son profundas, son en cambio pasajeras y contradictorias, es una psicología del hombre moderno, incluso el odio, que es un sentimiento poderoso, se pinta de manera rápida y se antepone a una obligación al amor, se entremezclan los sentimientos, que en este escenario, parecen sensaciones.

Sin embargo, no creo que sea esta una historia imprescindible de la literatura a pesar de poseer el tema universal de la angustia del hombre. Mantengo la idea de que Herzog expresa mucho mejor el hundimiento de los hombres y la manera en que su psicología sufre un gran cambio a partir de este. Pero Bellow nos deja, aquí, dos personajes memorables, el timado y el timador, que nos puede ser de utilidad conocer.

Otras obras de Saul Bellow en ULAD: Dejando la casa amarillaHenderson, el rey de la lluviaLa víctima


Firmado: Juan Diego Hernández Chávez.

jueves, 29 de agosto de 2013

Víctor Sabaté: El joven Nathaniel Hathorne

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Recomendable

La muy interesante editorial Rayo Verde cierra esta novela corta con un colofón que merece la pena transcribir íntegramente:
La novela que acabas de leer es uno de esos originales que nos llegan por email y que parece imposible que llegue a ver la luz de las librerías. El hecho de que trate sobre la ambición, el plagio y las influencias literarias justifica aún más su publicación con una licencia Creative Commons. Nos sentimos muy orgullosos de publicarla. 
Dejando de lado el tema de la licencia, que daría para varios posts en el blog, he querido incluir este texto porque me sirve para discutir la tesis que defienden tantos indignados anónimos (casi siempre anónimos): que publicar es imposible en este país si no tienes padrinos o dedicas tu vida al comadreo literario. Pues no. De nuevo no. Y este libro es la enésima prueba de que sí es posible. Cierto que también difícil, fatigoso, lleno de insatisfacciones y rechazos que pueden doblegar el ánimo, pero al final, si el libro es bueno, probablemente «llegue a ver la luz de las librerías». Supongo que ese es el secreto: escribir un buen libro. Y El joven Nathaniel Hathorne lo es.

Con todo en contra, además: autor desconocido, español, novela muy breve, temática fuera de lugar (sic) en estos tiempos y acercándose peligrosamente a géneros que tienen poca repercusión, como el terror o la ciencia-ficción. El argumento es sorprendente: un joven aspirante a escritor, a quien la vida lleva por territorios cada vez más alejados de esa pasión, descubre que uno de sus textos de juventud, que apenas recuerda, forma parte de la bibliografía de un reputado autor del siglo XIX. Exacto: lo han plagiado con una brecha temporal de siglo y medio. Nada menos.

A partir de este nudo ingenioso y, a mi juicio, muy atractivo, el autor extiende una trama oscura que se mueve entre la resolución del conflicto, la inquietud producida por revelaciones siniestras y la novela de ideas, siendo éstas reflexiones en torno al acto de escribir, la pasión por escribir y los problemas de escribir, además de, como indicaba el colofón, aunque para mí de forma muy puntual, el plagio y la ambición. Sabaté propone un narrador en primera bastante hábil, que abusa de las referencias literarias para asegurar sus pasos mientras recoge metros de cuerda, que sabe medir el goteo de información y que, sin llegar a resultar cansino, viaja desde el pequeño delirio a la razón. Metaliteratura bien llevada, sin bochorno, que ya es decir.

En mi lectura he encontrado problemas, también. Sólo el personaje principal tiene profundidad, por ejemplo: los secundarios son comparsas, apenas dibujados, y esto agrieta la verosimilitud de una historia que juega mucho con ella. En ocasiones se lleva a cabo un ejercicio de historia literaria que yo no encajo bien con el ritmo de la narración y el peso de las divagaciones causa cierto tedio. Por último, la ausencia de un querer ir más allá, dar un paso hacia el abismo, tal vez, y por ello construir un edificio inteligente con poca resonancia, con más cristal que cimientos. No sé si me explico.

En resumen, para este lector: bien, muy bien, pero deseando un próximo libro con más carne. Lo espero con ganas.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Albert Espinosa: Brújulas que buscan sonrisas perdidas

Idioma original: Catalán
Año de publicación: 2013
Título original: Bruixoles que busquen somriures perduts
Valoración: bochornoso, pero homologuémoslo como repugnante

Lo de Albert Espinosa es un tema... espinoso. Menudo chistecito, para empezar. Bueno: el nivel del libro iría por ahí. Yo es que me meto en unos berenjenales, a veces, pero va, diremos que el sentido de este blog debe ser tanto advertiros por dónde hay que acercarse como de qué hay que alejarse, ¿no?
Bien: Espinosa es un personaje omnipresente en Catalunya, un escritor mediático cuya carrera parte de su experiencia personal como niño enfermo de cáncer, tema que introduce en su obra y que le aporta un añadido de dramatismo, de, digamos, significación. Sus experiencias han dado pie a los guiones de la popular serie televisiva Pulseras rojas (originalmente la catalana Polseres vermelles), de enorme éxito comercial. Sí: comercial.
¿Qué pasa cuando esa circunstancia pasa a ser el tema central de toda una carrera literaria?
Sí: literaria en cursiva.
Pues pasa lo que está pasando. Que se publica novela tras novela con títulos digamos, buenrollistas. Que se vende a cascoporro. Que es el libro que muchos padres satisfechos encasquetan a los hijos para Sant Jordi. Que se hace caja. Mucha caja. Que se va de flor en flor, pasando por todos los tópicos nivel 2.0, dejando atrás la sensiblería obvia y pasando a la sensiblería programada para no ser obvia. Un enorme filón explotado con la mayor desvergüenza y que, sonrojante a más no poder, se incorpora a una especie de cultura oficial que prioriza esfuerzo y sacrificio, frente a lo imprescindible hablando de literatura: talento.
Claro que Espinosa no pretende ser Vila-Matas. Pero es que parece que aspire a ser, no sé, Mocchia. Sale tanto en la TV, en la radio, se promociona tanto con esa pinta de eterno jovenzuelo, de yerno perfecto. Hasta Spielberg toma nota de su éxito.Claro que, con su enorme triunfo entre el público juvenil y adolescente (y notable entre el maduro), habrá quien diga que ya es suficiente con que haga que se lea a ciertas difíciles edades. Un argumento más que discutible visto lo muy alejado que está esto de lo que es literatura.
Que es de lo que aquí intentamos tratar.
Las primeras páginas de Brújulas que buscan sonrisas perdidas desanimarán a cualquiera con un mínimo listón de lo literario: frase tras frase terminada en puntos suspensivos (os lo digo: esto pone mucho de los nervios). A las pocas líneas ya ha aparecido la palabra enfermedad, claro. Y la palabra no dejará de aparecer, ni tampoco la palabra hospital, la palabra alzheimer, la palabra cáncer. Todo ello al mínimo pretexto y todo ello rodeado de un atrezzo que es marca de la casa. Los títulos de los capítulos, tan cargantes como el del libro, la tipografía usada en ellos, los puntos suspensivos (que siguen y siguen, hasta un final que no llega nunca), las sucesivas desgracias que acaecen al protagonista; todo, de un formulismo y una estructura tan previsible, que la sensación de hallarnos ante un producto es absoluta.
El protagonista, recién enviudado por un accidente, visita al padre, muy enfermo (pero empeorará, tranquilos) que también es viudo (...) pues la madre también enfermó. El protagonista, claro, visitó muchas veces el quirófano en su infancia. Claro, estaba muy malito y lo superó. Y los puntos suspensivos, insisto, por todas partes. Albert, atento: así se acaba una frase. Punto: uno, no tres. Pues bueno, qué queréis que os diga sin espoilear (porque alguien aún caerá en esta lectura, seguro). Que el mensaje es que la vida es muy importante y hay que disfrutar el momento y hay que tener buen rollo. Trescientas páginas para un leit-motiv tan sencillo. Una historia blandengue, sensiblera, programada, diseñada, producida. No salvarás bosques por leerlo en e-book: necesitarás kleenex, a punta-pala. Tan desechables como esta novela.

En fin: paro ya, de hacer amigos. Los resortes que toca este libro son indecentemente premeditados. Esto sí es pornografía, emocional e intencionada, más aún que la de la pobrecita e incomprendida Sasha Grey, que al menos busca excitar otra cosa que los lacrimales. Esto sí que es clavar justo la aguja donde se produce el efecto deseado. Toma, Jaime, etiqueta homologada, "repugnante". Y menudas han sido tres de mis últimas cuatro lecturas. 

Yo no es que esté en contra de que ciertos libros ayuden a la gente a bregar con ciertas crueles enfermedades. No es por eso, igual que no estoy a favor de la pederastia por gustarme Nabokov. Pero, aunque esté en papel y contenga letra impresa, hay muchos motivos por los que Brújulas que buscan sonrisas perdidas y, por ejemplo, cualquier obra de Faulkner, no pueden considerarse lo mismo. Aunque nos insistan que esta sea mejor lectura que ninguna lectura, cada libro que este autor vende es un libro que dejan de vender autores con mucho más merecimiento. Quienes amen la lectura no deben perder el tiempo con este producto. Que se venda (o se dispense) en farmacias, en consultas de psicólogos, prescríbanlo con tratamientos, lo que sea. Pero no lo pongan al lado de Bolaño, de Kapuscinski, de Foster Wallace...(estos sí, son mis puntos suspensivos).

martes, 27 de agosto de 2013

Hernán Casciari: El pibe que arruinaba las fotos

Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: recomendable


El pibe que arruinaba las fotos es un niño gordito al que le gusta leer y escribir, hace deporte por deseo de su padre y acude a clases de dibujo por deseo de su madre. Tiene la mala costumbre de hacer una mueca absurda cada vez que alguien le va a sacar una foto, así que siempre llena los álbumes familiares (y las fotos escolares y las fotos de equipo y los recuerdos de cualquier otro momento que debería ser inolvidable) de caretos ridículos. Nació en Mercedes, Buenos Aires, en 1971 y acabaría, cuarenta y dos años más tarde, viviendo al otro lado del Atlántico, en Cataluña. Ese niño es Hernán Casciari, autor de este libro (entre otros) y responsable (junto con su socio y amigo, el Chiri) de la revista Orsai.

Casciari nos ofrece en este libro una recopilación de relatos autobiográficos (algunos ya publicados en otros medios) en los que nos cuenta una serie de acontecimientos que han tenido lugar en su vida y que, aunque no fuera consciente de ello en un principio, lo han convertido en escritor. Ciertas aventuras infantiles (su manía de poner caras raras en la fotos, por ejemplo, como se ve en la fotografía de cubierta –que sí, es una fotografía auténtica de Casciari de niño) y adolescentes, acontecimientos familiares, la aventura de mudarse a España... momentos íntimos de los que el autor se desprende para que lo conozcamos y comprendamos quién es y por qué hace lo que hace.

Y todo ello, por supuesto y a pesar de la carga trágica de ciertos pasajes, escrito con muchísimo humor. Pero que nadie vaya a pensar ahora que El pibe que arruinaba las fotos es un libro de carcajada por página. Ni mucho menos. El autor viste sus textos con humor, sí (unas veces, más sutil, otras veces, menos), y es verdad que en ocasiones el lector se descubre soltando una carcajada durante la lectura, pero en general el humor del que hace gala Casciari hace que uno acabe sus historias con una sonrisa en los labios y que se ría después, cuando recuerde lo que ha leído, y piense "anda que...".

Puede que lo que todo lo que leamos en este libro sea real o puede que sean "anécdotas mejoradas", pero en realidad nos da lo mismo. Lo importante, lo realmente importante, es que ésta es una obra entretenida que nos alegra el día (sin duda) y que hace que, en muchas ocasiones, volvamos la vista atrás, a nuestra propia infancia (o adolescencia o a la edad que sea) y pensemos: "a mí me pasó también que..."


También de Hernán Casciari: Orsai.

lunes, 26 de agosto de 2013

Orhan Pamuk: Nieve

Idioma original: turco
Título original: Kar
Año de publicación: 2001
Valoración: Imprescindible

No es habitual que relea un libro: con todo lo que hay para leer, tiene que haber muy buenos motivos para "perder el tiempo" con un libro ya leído. Pero con Nieve pasaba que lo leí por primera vez en la era pre-ULAD, y tenía ganas de reseñarlo. Y me alegro infinitamente de haberlo releído, no solo porque he vuelto a disfrutar de lo que me parece que es una novelaza impresionante, sino también porque muchos de los temas y situaciones que plantea tienen un terrible paralelismo con lo que está pasando actualmente en Egipto.

Resumir el argumento de una novela tan compleja y con tantas ramificaciones como esta no es fácil, pero voy a intentarlo:

Un poeta turco exiliado en Frakfurt, llamado Kerim Alakuşoğlu, pero más conocido como Ka (¿referencia a Kafka?) viaja a la remota ciudad de Kars ("Kar" significa "nieve" en turco, por cierto), en el extremo nororiental de Turquía, supuestamente para escribir un artículo sobre las próximas elecciones municipales y sobre la ola de suicidios entre jóvenes a las que se ha obligado a quitarse el velo para ir a la escuela; en realidad, también viaja a Kars para reencontrarse con una antigua conocida de los tiempos universitarios, Ipek, de la que espera enamorarse. A su llegada encuentra una ciudad triste, pobre y envuelta en tensiones religiosas y políticas; de hecho, durante su estancia en la ciudad y aprovechando que la nieve ha cerrado todos los accesos, se produce un golpe de estado de militares republicanos laicistas, para reprimir el avance de los islamistas de la ciudad. Así, Ka se ve dividido entre su deseo de ser feliz junto a Ipek; su repentina inspiración poética que achaca a una redescubierta fe en Dios, y su inevitable implicación en todos los sucesos políticos de la "revolución".

Realmente, poco más se puede pedir a una novela: una historia de amor trágico a la antigua usanza; un estilo poético y onírico, que especialmente a través del símbolo de la nieve da a la novela un aire casi irreal; una discusión nada maniquea ni simplista de la cuestión del islamismo y el laicismo en Turquía; escenas épicas, cómicas, trágicas; un millar de personajes secundarios más o menos importantes pero con una historia propia y creíble (como esta que rescaté para mi blog personal la primera vez que leí el libro)... Las dos escenas de las representaciones teatrales, centrales en la trama, me parecen especialmente magistrales por su ritmo y su tensión constantes...

Supongo que a estas alturas ya se entenderá por qué hacía el paralelismo con los sucesos trágicos de Egipto en estas últimas semanas: lo que Pamuk plantea, en muy pequeña escala, es un escenario de un golpe de estado militar, que se justifica a sí mismo como defensor del laicismo y de la democracia frente al fanatismo. Todas las posturas (las de los islamistas, las de los seguidores de Atatürk, las de los ex-comunistas...) están retratadas con pasión pero sin caricaturizar, de forma que Nieve no es en absoluto una novela de tesis. También la siempre espinosa relación entre Oriente y Occidente (los habitantes de Kars se sienten claramente lejanos de Europa, aunque muchos están deseando conseguir un visado para irse a Alemania) se plantea con claridad y con innumerables matices.

Nieve no es en absoluto una novela fácil: la complejidad de su argumento, de su estilo y de sus temas, unida a la multiplicidad de caracteres y a la sutileza de sus relaciones, hacen que la lectura sea trabajosa; pero el premio para quien sigue leyendo es grande: esta, a diferencia de La vida nueva del mismo autor, es una novela que no decae de la primera a la última página y que sin duda dejará un poso duradero en el lector.

domingo, 25 de agosto de 2013

Janne Teller: Ven

Título original: Kom
Idioma original: danés
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Se deja leer

Hace ya casi dos años y recién llegado de su vuelta al mundo existencial, el señor Ian Grecco publicó por aquí la reseña de Nada, la obra más famosa y aclamada de Janne Teller. Y nuestro amigo maltés dejó bien claro que el libro no le gustó nada...

Pues bien, pese a ello, yo también me leí Nada, y aunque me pareció un libro flojo, he reincidido con Teller con el libro que hoy toca: Ven. ¿El resultado? Un simple "Se deja leer", por lo que no sé si habrá Janne Teller de nuevo...

En esta ocasión, Teller cuenta, también en forma de fábula moderna y minimalista, el problema al que se enfrenta un célebre editor cuando tiene que decidir si publica o no una novela en la que se narra un terrible suceso (una violación múltiple) ocurrido realmente (contexto: guerra civil en un país africano) cuya víctima (una mujer europea) le pide que, por favor, no publique.

Y esto es el "grueso" de la cortísima novela de Teller, danesa de origen autro-germano del 64 y ex trabajadora de la ONU. Así, el editor, un hombre de éxito con una mujer pluscuamperfecta, tendrá que decidir si publica un libro que seguramente le dará muchos beneficios, pero que conlleva que deberá ignorar las súplicas de una afligida víctima que le persigue para que no lo haga y hace despertar en él una extraña atracción basada en el recuerdo de una amante pasada.

Con estos ingredientes, Teller podía haber cocinado un atractivo y sabroso plato, pero como le sucedió en Nada, la cosa queda en agua de borrajas. Y ello porque el estilo de la escritora, austero, repleto de omisiones y bastante fragmentado (que si ahora el editor piensa en todo lo bueno que le puede reportar el publicar el libro, que si ahora se da cuenta de lo atractiva que es esa mujer que tanto le molesta...), hace que la novela se convierta en uno de esos relatos largos y modernos que se pusieron de moda en algún momento del tercer milenio y que pocas veces consiguen agradarme.

Es una lástima, en fin, que esta historia de un editor y una víctima occidental del problemático clima que se respira en muchos países del continente africano, no haya sido contada con más trabajo, tesón, solidez y dedicación, especialmente, en lo concerniente a la construcción de sus personajes.

No estoy nada de acuerdo con que este libro vaya a convertirse en un "clásico", como dice alguien muy importante en su contraportada: creo que le faltan muchas horas para poder considerarse un buen libro.

También de Janne Teller en ULAD: Nada

sábado, 24 de agosto de 2013

Pola Oloixarac: Las teorías salvajes

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: meloexplique

A 24 de agosto, transcurrida la semana más parada del mes vacacional por antonomasia en el hemisferio norte. Así es cuándo (y cómo) me la juego, cómo expongo mi pujante carrera de reseñador en la Red con esta opinión, que coquetea peligrosamente con tópicos muy delicados y que, seguro, será malinterpretada.

Pola Oloixarac es muy guapa. Vamos, os dejo (vaya, hace unos días ya hice lo mismo) unos minutos para que googleéis su nombre y pinchéis en imágenes. Joven, rasgos de cierto exotismo, melena morena algo salvaje. Posa mirando a cámara, de ninguna manera esconde su atractivo.

Sí: ya sé. No he hecho este comentario sobre, por ejemplo, Vila-Matas o, mejor ejemplo, Alice Munro. Sí, empiezo a bordear el primer aviso. Pero es que esa presencia física poderosa y sexy acaba trasluciendo, para mal, en esta, su primera novela. Pues parece que la Oloixarac quiere empeñarse constantemente en desmontar el topicazo de la escritora que publica porque es muy atractiva. Cosa que no hacía falta; sabemos que es licenciada en filosofía y que publica un blog sobre tecnologías y no ponemos ninguna de estas aptitudes en la más mínima duda. Pero su prosa parece obsesionada en certificar esas condiciones a cada dos por tres, y lo que funciona en formato corto para un post no siempre funciona cuando se prolonga por taaaantas páginas (si: muchas "a").
Entre montañas de referencias cultas y cultistas (mon-ta-ñas muy difíciles de escalar), a la Oloixarac se le escapa lo básico, que es obedecer, aunque sea un poco, a una estructura que evoque una trama, una historia, o algo que se desarrolle en algún sentido, No, ni por asomo. He de confesar que, tras doscientas páginas eternas, no pude más que hojear la tercera parte: simplemente estaba abrumado por tanta referencia y tanta cita, estaba desorientado y busqué si ahí se aclaraba algo. A ver, que David Foster Wallace abruma también, con su estilo rico y meticuloso. Podría pasar lo mismo con esta novela. Pues no. Pola Oloixarac cita en varios idiomas a montones de autores, parece, muy reputados, emplea la cursiva con tanta profusión que, a lo mejor, la cursiva es la trama paralela que no veo en ningún lado (paralela a qué, por cierto), y llega un punto en que dan ganas de recordarle que sí, que existen palabras de menos de cuatro sílabas. O sea, su estilo entra en un cul-de-sac extenuante, circunspecto.
Creo haber leído sobre un rifirrafe entre Hemingway y Faulkner a cuenta del uso del diccionario en el curso de la lectura de un libro. Pues con este libro igual harían falta varios. Lo siento, siento en el alma pronunciarme de esta manera, pero son muchas páginas las que he recorrido sin comprender para nada el sentido de su presencia en el libro. Salvo ocultar esa exigua historia entre personajes de extraños apellidos que seguro que esconden alguna referencia. Como árboles y árboles que no dejan ver el bosque, pero porque en realidad no hay bosque. Hasta ese hermetismo se me ha contagiado. Novela muy forzada, novela que revela una presión auto-impuesta, encaminada en el sentido equivocado. Me sabe mal por Alpha Decay, editorial que suele interesarme. Y me sabe mal porque si Pola Oloixarac quiere verme para comentar esta reseña, no seré capaz, claro, de decirle que no.

viernes, 23 de agosto de 2013

Concha Alós: Las hogueras

Idioma original: español
Año de publicación: 1964
Valoración: Recomendable
                                                 


Leo por ahí que Concha Alós ha sido la única mujer que ha ganado dos veces el Planeta –tal como era entonces–, que tuviese que renunciar a uno de los premios no le quita ningún mérito. Nacida en los años veinte, aclamada por crítica y público a pesar de sus ideas que la censura pretendió silenciar, fallecida hace solo dos años, esta escritora se ve hoy día injustamente olvidada y su obra descatalogada a pesar de que ofrece un testimonio inestimable de una época que, sin embargo, es recreada a menudo por novelistas que se suponen bien documentados y no ofrecen más que una mala caricatura de esos tiempos, filtrada por el tamiz de la actualidad y, en consecuencia, plagada de anacronismos.

Nada más obvio. Para conocer lo que fueron la guerra y la posguerra hay que empezar leyendo a los que vivieron entonces (Marsé, Sánchez Ferlosio, Benet, Matute, Goytisolo, Martín-Santos). Luego lee lo que  quieras. Y compara.

Dicen también que sus procedimientos narrativos estuvieron siempre algo desfasados con respecto a lo que se llevaba entonces. Lo que yo veo es un estilo cuidado, con un mimo en ocasiones demasiado evidente, algo inseguro otras o a merced de las erratas de imprenta, no lo sé. Sin embargo, y aunque quizá no esté al nivel de los mencionados, su prosa tiene mejor factura, está bastante mejor ejecutada que algunas obras que, con la excusa de cumplir plazos editoriales, se acaban hoy a toda prisa. A Alós le interesan de verdad los temas que trata, los vive, y eso se nota. Motivo de sobra para volver a ella y leerla atentamente a ser posible.

Las hogueras es un relato pausado, una estampa dinámica de lo que sucede a lo largo de unos meses en un pueblo mallorquín. Como una cámara que registrase las horas del día o la arena barrida por las olas y hubiese que acelerarla para poder observar los cambios, esta novela coral va registrando la monótona existencia de unos personajes atrapados por el lugar donde nacieron, o por una elección apresurada, o por su propia imposibilidad de ser distintos. Pero cada cambio imperceptible se convierte en decisivo y, con el tiempo, todo evoluciona; sus vidas se acaban transformando, a pesar de los sueños de unos y otros no siempre para bien, porque nadar contra la corriente puede acabar agotando y dejarse arrastrar por ella no satisface casi nunca.
Todo era triste, miserable y feo. Sibila se sentía como un perro al que un coche a toda velocidad ha abandonado en una carretera desconocida. Un perro que hubiera seguido locamente el olor de sus dueños (…) y que ahora, agotado, con las almohadillas de las patas sangrantes, hubiera perdido el rastro y vagara vencido, lentamente, no sabía por dónde. Su mundo, el mundo que él amaba, estaba muy lejos y no podía alcanzarlo. Lo demás no tenía interés.”
Lo que Alós transmite es, en definitiva, una visión pesimista y desesperanzada de la vida en los años sesenta. La naturaleza abruma, el aburrimiento desgasta, la falta de perspectivas paraliza. Los protagonistas –que se acercan, quizá, al estereotipo– atrapados por las convenciones, incomunicación, pobreza, tedio, vulgaridad y ambiciones frustradas, no parecen tener salida. Y las mujeres todavía menos. De ahí el radical fracaso del que no se libra nadie.

jueves, 22 de agosto de 2013

Iban Zaldua: Si Sabino viviría

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: está bien

Estimado Iban Zaldua,

permíteme que te escriba así, con cierta confianza. Ya sabes que en este blog somos fans tuyos, que hemos reseñado ya cuatro libros tuyos y a este paso para finales de año habremos reseñado tus obras completas. Por eso, con esa confianza y ese aprecio como punto de partida, déjame que te diga, Iban (¿puedo llamarte Iban?), que en Si Sabino viviría se te fue la olla, pero mucho. Pero mucho, mucho.

Pero mucho, mucho, mucho.

Como algunos de nuestros lectores no sabrán de qué va la cosa, déjame que resuma el argumento: en el siglo XXVI, un detective espacial llamado José Miguel López Belausteguieta, alias Cosmic Josemi, tiene la misión de recuperar los restos mortales de Sabino Arana, para que su ADN sea introducido en la gran inteligencia artificial que gobierna el planeta Nueva Euzkadi. Para ello deberá viajar a un postapocalíptico planeta Tierra (ahora conocido como "El Vertedero") e infiltrarse en el hostil planeta Tauro, en el que nunca se pone el sol y en el que se reproducen holográficamente diversas épocas gloriosas de la historia de España.

Este argumento, estimado Iban, es ya en sí una ida de olla; pero en eso estoy contigo: la sátira política puede adoptar casi cualquier forma. Que se lo digan a Jonathan Swift. Pero donde termina de írsete la olla ya completamente es en los detalles que adornan este argumento: la trinidad sexual del protagonista; un Bilbao arrasado por las aguas y bajo soberanía usamericana; el profesor universitario con la alumna haciéndole una mamada; el androide que adopta la forma de los más egregios maestros de la filología vasca (muy Eduardo Mendoza, esto, por cierto)...

Que imaginación no te falta, eso está de sobra probado. En cada página del libro hay una sorpresa, en forma de palabra inventada, animal fantástico o broma política. Lo que no sé, Iban, lo que no sé es si no habría sido preferible ser un poco más contenido en algunas cosas -y eso que Javier Goñi habla en Babelia de una "contenida novela satírica", pues menos mal...- para así acentuar la carga crítica e irónica del texto. O sea, su mala leche.

Porque esa es otra, y en eso sí que coincido con Javier Goñi: que no dejas títere con cabeza. Los que tuvieran el machete preparado (y seguro que los hay) para llamarte traidor a la patria por la manera en que representas el nacionalismo vasco, habrán tenido que enfundarlo al ver cómo retratas con la misma mala baba el nacionalismo español en tu recreación del planeta Tauro. O a lo mejor no enfundan nada, pero los de la acera de enfrente también desenfundan otra cosa... No se puede agradar a tirios y a troyanos, sobre todo cuando te mofas primero de los tirios y después de los troyanos.

Vamos, estimado Iban, que no sé qué te diga. Que me he reído un buen rato con la novela, pero no sé si no es, ¿cómo lo digo?, demasiado circunstancial y esperpéntica para ser alta literatura.

Claro que, me dirás, a la mierda la alta literatura, que hay cosas más serias en la vida. (He descubierto hace poco que eres profesor de Historia Económica y me he llevado toda una sorpresa).

Me despido ya, que ya empiezo a desbarrar yo también.

Atentamente,

Santi

También de Iban Zaldua en ULAD: Ese idioma raro y poderosoBiodiscografíasLa isla de los antropólogos y otros relatosLa patria de todos los vascos

miércoles, 21 de agosto de 2013

Jon Bilbao: Shakespeare y la ballena blanca

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable


En 1601, la reina Isabel de Inglaterra envía una misión naval a Dinamarca para rendir homenaje al rey Cristián IV. Como miembros más de la tripulación nos encontramos a William Shakespeare y su compañía de teatro, quienes han recibido el encargo de representar algunas de las obras del dramaturgo (Hamlet no, por supuesto) y enretener a la corte. 

Ocurre que, a media travesía, los asalta un cielo cargado de nubes y una absoluta ausencia de viento, con lo cual el barco se detiene. Mientras la tripulación espera que la situación cambie, aparece una inmensa ballena arrastando cadáveres y luciendo restos de arpones aún clavados en su lomo, que a partir de entonces rondará el barco sin descanso. Shakespeare, por supuesto, queda fascinado por el animal y, cansado de la situación en la que tiene que representar sus obras, de los pocos medios existentes y del mínimo nivel de exigencia de su público, comienza a elaborar lo que podría ser toda una revolución en el mundo del treatro de la época: una obra con la ballena como protagonista.

Así comienza Shakespeare y la ballena blanca, una novela en la que Jon Bilbao se encarga de homenajear no sólo al dramaturgo inglés, sino también a Herman Melville y su inolvidable Moby Dick. Mientras la tripulación (marineros curtidos en rutas peligrosas, que han vivido mil y una situaciones parecidas) intenta encontrar la manera de ahuyentar al enorme cetáceo, Shakespeare idea su obra de teatro y comienza a plantearse cómo solucionar los problemas técnicos que surgirían al intentar llevar una ballena al escenario.

De este modo, el barco y lo que sucede en él se convierten en un atípico escenario teatral, donde cada personaje juega un papel importantísimo e indispensable para el desarrollo de todo lo que está por pasar. De la misma manera, Bilbao utiliza las cavilaciones de Shakespeare como excusa para mostrar una parte de la vida del autor que seguramente desconocíamos y para esconder –y, al mismo tiempo, sugerir– otras reflexiones no menos importantes sobre y para él mismo.

Que nadie espere en este libro una nueva Moby Dick en otro escenario, porque se decepcionará. Shakespeare y la ballena blanca no es Moby Dick. Puede ser un homenaje, claro, pero es una novela completamente independiente y ha de leerse como tal. Sólo así podremos disfrutarla como se merece.


También de Jon Bilbao: Como una historia de terror. Física familiarEstrómboli

martes, 20 de agosto de 2013

Philip Roth: El lamento de Portnoy

Idioma: inglés
Título original: Portnoy's complaint
Año de publicación: 1969
Traducción: Adolfo Martín
Valoración: recomendable

¿Qué pretendió Philip Roth, escritor judío, con una crítica tan feroz al funcionamiento de la sociedad judía, de la educación recibida dentro de ese ámbito?
¿Cuál hubiera sido la reacción a una crítica de este calado si el autor no hubiera sido judío?
¿Es este libro uno de esos ejemplos de que "nadie mejor para criticar que los que están cerca"?

No tengo una respuesta clara para ninguna de estas cuestiones: hasta mostrarme muy entusiasta me resultaría algo violento. Porque el varapalo que Roth le propina en este libro a la cultura a la que él pertenece es, no por estar revestido de cierto tono sarcástico y de situarse dentro de un contexto claramente exagerado, menos descomunal. Varapalo del cual un glosario situado al inicio del libro (al menos, de la edición que he leído) ya nos preavisa sin género de dudas. Los términos empleados en yiddish contienen, en su gran mayoría. una tonalidad despectiva y diferenciadora hacia lo ajeno que nos deja patidifusos. La cuestión, racial, la religiosa, las costumbres ancestrales arraigadas, o no, en cuestiones que Roth nos manifiesta como totalmente absurdas. Todo ese conjunto resulta ciertamente desconcertante. 
Quede claro, no obstante, que El lamento de Portnoy (que en otras traducciones se ha titulado como El mal de Portnoy) sería inconcebible como obra sin toda esa parafernalia. El vocabulario yiddish tiñe todas sus páginas y pronto el lector no tiene que acudir al glosario para saber, por ejemplo, qué es shikse o qué es goy, términos ambos usados para referirse a los no-judíos, que acaban siendo (en especial las mujeres shikse) la máxima obsesión del protagonista, Alexander Portnoy, abogado de éxito y narrador del libro. Al que conocemos desde una adolescencia marcada por la explosión de las hormonas, y que vive condicionado por la opresiva atmósfera a la que, sobre todo, su madre le somete. Marcada por las relaciones idóneas para cumplir con ese destino universal que le parece estar reservado, por la necesidad de satisfacer las expectativas, y por su abnegada lucha por zafarse de ese férreo control, la vida de Portnoy es un casi trágico juego del ratón y el gato.
El libro es una narración en la primera persona, una extensa sesión de psicoanálisis (otro guiño) que a veces se tiñe de confesión ante el juez, y que, a lo largo de sus páginas, nunca abandona un cierto tono sarcástico a la par que levemente desesperado. La mayor manifestación de lo alienado que se siente Portnoy surge a través de su sexualidad extraña y turbada, con tintes edípicos, pero con episodios francamente memorables. Roth no escatima en detalles y no se corta ni un pelo en poner de manifiesto lo absurdo de muchos prejuicios esgrimidos en defensa de pureza o de tradiciones. Como Woody Allen o Sacha Baron Cohen, sabe dónde duele e insiste ahí.
Quizás haya pasajes en los que El lamento de Portnoy se excede o toma un cariz levemente bizarro, quizás algunas páginas en su parte central sobren, pero si al placer de la lectura (el estilo de Roth es impecable) le añadimos ese plus de, aunque sea inconscientemente, sumergernos en el perfil de una cultura diferente a la de uno mismo, no puedo menos que recomendar leer esta novela, única, osada y, seguramente, más cercana a la realidad de lo que a algunos les resulta políticamente correcto.

También de Philip Roth en ULAD: IndignaciónEl animal moribundo, La conjura contra AméricaElegíaLa mancha humanaNémesisPastoral americanaEngañoLa humillaciónGoodbye, Columbus

lunes, 19 de agosto de 2013

Eduardo Matos Moctezuma (comp.): Los dioses que se negaron a morir... Arqueología y crónicas del Templo Mayor

Idioma original: castellano y náhuatl
Fecha de publicación: 1986
Valoración: imprescindible para interesados

Hay que avisar de entrada: esta no es una lectura recomendable para quienes anden buscando algún libro con que entretener las siestas de mediados de agosto. Más aún, tiene páginas que dormirían a cualquiera que no esté haciendo una tesis sobre la presencia de invertebrados en los sitios arqueológicos de Mesoamérica. Pero, con todo, se trata de un libro peculiar, utilísimo para especialistas (supongo), pero también apasionante para un público interesado. Habla del Templo Mayor de México-Tenochtitlán, quizá uno de los lugares más peculiares sobre la Tierra.

El Templo Mayor era una enorme pirámide escalonada que ocupaba el centro ceremonial de la antigua capital azteca y constituía un verdadero eje del mundo en su cosmovisión. En su cima se hallaban dos pequeños templos, uno dedicado a Tláloc, dios de la lluvia, y otro a Huitzilopochtli, dios de la guerra. Allí se celebraban las ceremonias de entronización de los gobernantes aztecas, pero también los célebres sacrificios humanos masivos que tanto habrían de impactar a los conquistadores españoles. No sorprende que su demolición hasta los cimientos fuera una de las primeras preocupaciones de Hernán Cortés y su gente, dispuestos a borrar los signos legitimadores del antiguo poder y sustituirlos por los nuevos. La catedral de la Ciudad de México, de hecho, empezó a construirse justo al lado del solar que ocupara el templo.

Eduardo Matos Moctezuma, que es todavía el principal responsable de los trabajos arqueológicos en el Templo Mayor, reúne en esta compilación las principales fuentes históricas sobre el mismo, así como algunos protocolos de las principales excavaciones. Las fuentes históricas sobre la fundación y las distintas etapas constructivas del templo se deben sobre todo a informantes aztecas cuyo testimonio fue recogido tras la conquista por religiosos como Fray Diego Durán. Una excepción la constituye el relato que ofrece Hernando de Alvarado Tezozómoc en su Crónica Mexicáyotl: nieto del huey tlatoani Motecuhzoma (Moctezuma o Montezuma para los españoles), él mismo escribió en náhuatl una historia del pueblo azteca, deseoso de reivindicar los derechos de su aristocracia. (Sí, vale, aquí el fragmento de la Crónica Mexicáyotl se publica directamente traducido al castellano y no en el original, pero me hacía ilusión incluir la etiqueta "libros en náhuatl"...) En cuanto a las fuentes de la destrucción, qué mejor que los propios conquistadores, por vía de Bernal Díaz del Castillo.

Las páginas de protocolos arquelógicos pueden resultar pesadas, pero no dejan de contener algunas sorpresas. Sobre todo, la de hacerse plenamente consciente de que los habitantes de la Ciudad de México, no tuvieron ni idea durante más de cuatro siglos de dónde se había alzado exactamente el Templo Mayor. Cuando las excavaciones sacaron a la luz (ya en los 70) los estadios más primitivos de su construcción justo al lado de la Catedral, en el corazón mismo del catolicísimo México, tuvo que ser todo un shock para muchos. De hecho, los primeros indicios arqueológicos de la presencia del Templo Mayor, la célebre Piedra del Sol y la Coatlicue, hallados por azar en 1790, causaron tal revuelo en su momento que la segunda (de aspecto más "diabólico") fue enterrada por los dominicos en el patio de la Universidad durante unos cuantos años.

domingo, 18 de agosto de 2013

Javier Tomeo: Constructores de monstruos

Idioma original: español
 Fecha de publicación: 2012
 Valoración: Está bien

 El recientemente fallecido Javier Tomeo (del que hemos reseñado aquí otro de sus libros con "monstruos" en el título, Amado monstruo)escribió esta pequeña obra (120 páginas y algunas ilustraciones del propio escritor estilo comic con mucho humor negro) con los 78 ya cumplidos y una exitosa trayectoria a sus espaldas. Y sin ánimo de ofender, diré ya que Constructores de monstruos me ha parecido una amable gamberrada.

La novelita cuenta una historia muy parecida a la que todos los que leen este blog conocerán, ya sea por medios literarios o cinematográficos: la del celebérrimo monstruo de Frankstein. Sólo que en esta ocasión, Tomeo se limita a narrar el proceso de construcción del ser, a base de pedazos de diferentes cadáveres. Y aquí, el mostrenco se llamará Karolus y tendrá una etiología diferente a la del de Mary Shelley... Deberá ser construido a manos de un iluminado barón y de un peculiar científico (los "constructores de monstruos", por supuesto), por encargo del tío adoptivo del primero, una suerte de Vlad Drakul que quiere que le fabriquen un bicho temible que le ayude a terminar con las revueltas que comienzan a darse en el pueblo al que somete sin tregua.

Tomeo sitúa la trama en el siglo XIX en un lugar imaginario y bautiza a sus personajes con nombres un tanto paródicos (el barón se llama Raimonius von Bernstein, su tío es el markgrave de Ulmdg, el científico que ayuda a Raimonius fue bautizado como Tadeusz von Rippstein, el jorobado Igor es aquí un enano retorcido llamado Gmnuk...), claros homenajes a los aristócratas decadentes y los seres oscuros que pululan por las novelas de terror clásicas.

Como ya he dicho, el libro es cortito y el argumento conocido, sí, pero Tomeo hace gala de un gran talento para hacer que la obra se lea con agrado y cierta curiosidad por saber cómo acaba la obra encomendada a los dos constructores de monstruos contratados por el draculiano markgrave y que se encontrarán por el camino con más dificultades de las que pensaban. En fin, la novelita rezuma humor macabro y diálogos y situaciones caricaturescas, a lo que ayuda mucho la selección de viñetas sin texto del autor, y al leerla he tenido la sensación de que había "algo más" tras diserciones sobre anatomía monstruosa o diálogos macabros.

La contraportada habla de "amor al otro, amor a las asimetrías, amor al prójimo por mucho que no cumpla las normas del orden establecido, normas que a su vez Tomeo cuestiona", pero me da a mí que el autor quería contarnos lo que precisamente nos ha contado sólo que de tal manera que no podemos dejar de olvidar que estamos leyendo una historia en la que dos seres humanos están tratando de crear un ser vivo que tendrá las características que ellos quieran y que, pese a jugar a ser dioses, acaban descubriendo que son tan débiles y vulnerables como el "hijo" que les ha sido encargado engendrar.

En resumen: un libro divertido y muy negro que se lee en un suspiro y no deja mal sabor de boca.

También de Javier Tomeo en ULAD: Diálogo en re mayorHistorias mínimasAmado monstruo

sábado, 17 de agosto de 2013

Jon Arretxe: La calle de los ángeles

Idioma original: euskera
Título original: Fatum
Año de publicación: 2008
Valoración: se deja leer

Esta novela parece escrita para mi: un vasco amante de la novela negra que vive en Lisboa. Porque esta es una novela negra, escrita en euskera y ambientada en Lisboa. Si hay en el mundo alguien que puede apreciar y emocionarse con este texto, ese alguien soy yo. Y bueno, por citar a los clásicos diré: meh...

Jon Arretxe, para quien no lo conozca, es un escritor vasco con bastante éxito de público, gracias sobre todo a sus textos de humor Ostegunak ("Jueves"), Ostiralak ("Viernes") y Larunbatak ("Sábado"). Pero también tiene otras líneas creativas: los libros de viaje, la literatura infantil-juvenil o la novela negra, con o sin dotes de humor, y con ambientaciones diversas (Francia, Alemania, Portugal...). Obviamente, a esta última línea pertenece Fatum, un juego de palabras entre la palabra latina para "destino" y el nombre de la canción típica lisboeta, el fado.

Como novela negra, hay que decir que La calle de los ángeles no vale mucho. Hay un crimen -el asesinato de una prostituta-, mucho ambiente típico de hardboiled decadente (prostitutas, yonquis, ex-policías alcohólicos metidos a fadistas, ex-toreros puteros...) pero no hay intriga ni investigación digna de tal nombre: la resolución del asesinato es trivial y la supuesta trama policial corrupta que se desvela por el camino es inverosímil e irrelevante. Entre col y col, Arretxe mete también varias escenas de sexo bastante duras y bastante intempestivas.

Y como descripción de Lisboa, la verdad es que tampoco es gran cosa: no sé si Jon Arretxe conoce Lisboa (desde luego las denominaciones y descripciones de lugares son correctos), pero solo parecen interesarle dos aspectos de la ciudad: los más estereotípicamente turísticos (el fado, el tranvía 28, las touradas en Campo Pequeno...) y las partes más deprimidas de la ciudad (Mouraria, Intendente, Anjos... aunque estas zonas están siendo rehabilitadas últimamente). En medio, no hay nada: se diría que en Lisboa solo hay turistas, fadistas, policías, yonquis y putas.

En fin, por todo eso he dado a la novela la calificación de se deja leer, que es la última antes de empezar a ponernos desagradables. Tanto para quien quiera leer novelas ambientadas en Lisboa, como para quien quiera leer novelas en euskera, como para quien quiera leer novelas policiacas, hay mejores opciones.

Otras obras de Jon Arretxe en ULAD: 612 euros

viernes, 16 de agosto de 2013

Sasha Grey: La Sociedad Juliette

Idioma: inglés
Título original: The Juliette Society
Año de publicación: 2013
Traducción: Ana Alcaina, Verónica Canales y Nuria Salinas
Valoración: demasiado previsible

Para los que no sepan quién es Sasha Grey ofreceré dos opciones: acudir a un lugar a salvo de miradas indiscretas y googlear su nombre, o leer el siguiente párrafo.
Sasha Grey es famosa por su carrera como estrella del cine X. De aquel más osado y descarnado. Corta pero intensa carrera que ha acabado, tras la cual ha tanteado la actuación en rodajes convencionales (ha sido dirigida por Steven Soderbergh en el cine, y participó interpretándose a sí misma en una temporada enterita de toda una serie de HBO, la excelente Entourage). También habiendo probado en el mundo de la música (en la oscura banda de electropop aTelecine, que ya ha abandonado), siendo La Sociedad Juliette su primera incursión en la literatura. Una trayectoria no exenta de lógica cuando, aún inmersa en los agotadores (ejem) ritmos de rodaje del cine para adultos, decidió empezar a destacarse por su pose existencialista y sus gustos culturales, inusuales dentro de su gremio profesional, atípicos y escorados hacia cierta élite.

Si Sasha Grey, por cierto, no deseara que esa fama que la precede intercediera en la valoración de su obra literaria, hubiera podido publicarla bajo su nombre auténtico. Lo cual revela que no siente pudor alguno por su pasado, cosa que está muy bien, pero también que está dispuesta a rentabilizar ese pasado a tope. Y eso es lo que sucede. Pues no tienen que estar contentos, no tienen que haber salivado los de Grijalbo con que, encima, ese nombre artístico suyo incluya la palabra Grey. Jugada espectacular a nivel comercial al canto. Para mayor solaz, el libro contiene justo lo que se esperaría de él. Pero mientras la autora de las sombras de las narices es una señora bastante convencional, Sasha Grey sabe de qué habla (o de qué escribe) cuando narra con todo lujo de detalles (que no hacen más que alimentar el morbo de que ésta sea una autobiografía encubierta) las experiencias sexuales de Catherine, protagonista de La Sociedad Juliette, club secreto que parece ser una especie de misteriosa élite poderosa dedicada a la explotación sexual de alto rango. Sasha Grey sabe que sabemos de qué escribe. Y juega con esa complicidad para hincharse a vender esta novela, lo cual es perfectamente legítimo, siempre y cuando no fuerce las cosas de la manera que lo hace: intercalando una tras otra todo tipo de referencias culturales que delaten un intelecto superior. Cine francés, literatos y filósofos malditos, citados para dotar de empaque a esa endeble trama de tintes algo grandilocuentes. Envoltorio que es pretexto, sin éxito, para trazar una línea que separe esta novela de ser una novela de género.

Catherine transita por el libro dedicada al placer y a la experimentación. La trama, escueta, poco coherente y reminiscente de tantas otras historias, discurre dentro del más convencional desarrollo en espiral de riesgo físico y autodestrucción. La vieja historia de aburrirse de la rutina y siempre querer más, de realizar las fantasías y bla bla bla. Combinada por una casual (pero forzada) situación de cercanía a los círculos del poder y de una imaginación especialmente calenturienta. Cóctel perfecto. Formula magistral aplicada. El lector advenedizo se queda contento con la visualización de sus tórridas y explícitas escenas, y su autora reviste, si ello le es necesario, de cierta credibilidad a otro nivel su nombre (y de paso, su cuenta corriente). ¿Todos contentos?

Yo no, al menos.

Me fastidia recibir justo lo que esperaba, me fastidia que este sea un libro de sexo-por-números (sexo extremo y descarnado, quien busque aquí remilgamiento puede ir buscando en otro lado), donde las escenas sexuales estén descritas con frialdad y precisión técnica, casi guionizadas. Y me fastidia también que Sasha Grey sea incapaz de escribir mejor (un estilo muy parco y convencional, para el que, misterio a investigar, han sido necesarias tres traductoras) y de escribir un libro mejor. Me fastidia hasta el punto en que, al valorar la novela, tentado me he sentido de recomendar que si tanto morbo se busca, se vean sus escenas hardcore y fuera, que no hace falta el libro. Un libro que simplemente no sea consumido como sus películas, pasando por encima de diálogos en busca de los encuentros sexuales. Rellenando los intersticios con párrafos incrustados que huelen a pura pose, que son simple material para alejar (engañosamente) este libro de la pura literatura porno. Igual que lo inofensivo ofende, lo obvia e intencionadamente ofensivo acaba produciendo cierta carcajada no exenta de cierta ternura. Una sensación que, seguro, no era la perseguida. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Velibor Colic: Los bosnios

Idioma original: francés
Título original: Les Bosniaques
Año de publicación: 2000
Valoración: recomendable



Se dice que la historia de los Balcanes es una historia de sangre. Que los odios que nacieron hace generaciones aún perduran, y que las guerras que en esa zona tienen lugar son sólo una excusa para vengarse del vecino (seguramente, sin que ni siquiera los implicados sepan el motivo) de la peor forma posible, esperar que llegue la calma y aguardar mientras dure la paz que estalle otra guerra, y que sea el vecino el que esta vez tenga que vengarse.

Velibor Čolić formó parte del ejército bosnio durante la última guerra que tuvo lugar en los Balcanes, pero desertó en 1992. A pesar de que fue hecho prisionero, consiguió escapar y huir a Francia, donde vive desde entonces. Allí publicó Los bosnios, un excelente primer libro que, más que un ensayo o un estudio sobre la guerra, es un collage de lo que el autor tuvo la mala suerte de presenciar mientras formó parte del ejército.

Horrendos asesinatos, torturas, violaciones... todo vale en una guerra. Todo está permitido, si con eso se debilita al enemigo o se le quiebra el ánimo. Por eso, el hombre muestra lo peor de sí mismo durante un conflicto bélico. Así, como muestra Čolić en esta obra, luchar por tu país se convierte en asesinar a una niña de nueve años en una mezcladora de cemento, atar las muñecas de los prisioneros con alambre de espino, violar sistemáticamente a las mujeres del bando contrario y mantenerlas prisioneras hasta que su embarazo esté tan avanzado que no puedan abortar u obligar a tus vecinos a cavar tumbas con antelación, como preparativos para lo que está por llegar.

En ocasiones, en las guerras también hay ciertos momentos en los que el hombre muestra que, en contra de lo que pueda parecer, no ha perdido su humanidad y es capaz de sentir piedad y compasión en mitad de la barbarie. Esos momentos aparecen también en este libro y, reunidos –claro– con cuentagotas, constituyen el único momento de descanso que tendrá el lector y que le permitirán seguir leyendo esta crónica del sufrimiento.

A pesar de que este libro se titula Los bonios, Čolić no se pone de parte de nadie, sino que utiliza un lenguaje cargado de lirismo para denunciar a todos los bandos, para criticar todas las guerras y lamentar que, una vez más, los que sufren siempre son los mismos.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Dylan Thomas: Cartas de amor


Idioma original: inglés 
Título original: The love letters of Dylan Thomas 
Fecha de publicación: 2013
Valoración: Recomendable


En marzo de este año nacía Siberia, el nuevo sello editorial independiente, que tal y como indicaba su directora Iria Rebolo en una entrevista otorgada al Diario de León, tiene como objetivo dar la vuelta al nombre de la fría región rusa donde en la época de Stalin se construyeron campamentos para castigos y trabajos forzados, y buscar con los libros una zona cálida y de aislamiento.

De ahí que, en busca de esa calidez, el tema de uno de los primeros libros publicados por Siberia sea el amor, un amor herido e hiriente, violento, ilimitado, sangrante, extremo, vivo, expresado por el poeta galés Dylan Thomas en sus cartas.  

Estos manuscritos publicados por primera vez en castellano nos ofrecen un retrato más o menos real de una de las grandes figuras de la poesía del siglo XX. Digo más o menos real porque, al fin y al cabo, su autor era consciente de que al otro lado había un público muy selecto y exigente al que a menudo debía camelar, convencer o pedir disculpas; sus amantes. Con esto no quiero decir que sus palabras o sus promesas no fueran sinceras, es simplemente que, a lo largo de la lectura, hay ocasiones en las que no sé hasta qué punto no redunda en la exaltación de sus sentimientos o llega a ser consciente de ello. Volátil, loco de amor, un día dirige una carta de amor a Elizabeth Reitell y otra a su esposa y gran amor Caitlin Macnamara. Y pienso en Caitlin y siento lástima al plantearme cuánto debió sufrir al lado de Thomas y cuánto sufrió él también en muchas de las ocasiones en las que se veía obligado a viajar lejos y a abandonar a su familia con el objetivo de impartir una charla en esta o aquella universidad o de declamar sus poemas en una ciudad lejana. 

¿Y qué sentirían a su vez Pam Hansford Johnson, Wyn Henderson, Emily Holmes Coleman o Elizabeth Reitell, la última persona que vio consciente a Dylan antes de que se bebiera, en la taberna White Horse, los dieciocho whiskies seguidos que le produjeron el colapso que finalmente acabaría con su vida? Me gustaría escuchar, leer la opinión que ellas tenían al respecto. Creo que a la edición le falla eso, la voz de ellas. Sabemos qué pensaba o sentía él, pero, una vez que las cartas de Thomas logran que sigamos los impulsos de su pluma como perros babosos, nos quedamos con ganas de saborear la otra parte del botín. 

Otras veces, su humanidad y dulzura presentan un retrato sincero del amor, de las relaciones: Qué terriblemente fácil es resultar herido. A mí me hacen sufrir a diario las cosas más nimias y sutiles. Uno se pone la coraza todos los días pero el verdadero yo, el herido, sigue en el interior oculto a la mirada de los demás. Si me quito la armadura no dispares, querida mía. [...] No sé lo que significa la frase <<te quiero>>, sólo sé que lo hago. [...] nos encontraremos y yo seré feliz de nuevo, y trataré de hacerte feliz, y de no hacerme el listillo [...] trotaremos juntos, haremos cosas, nos comprometeremos con Ellos, la gente, encontraremos un lugar con baño y sin cucarachas en Bloomsbury, y seremos felices allí [...] Ya sé que no somos santos, ni vírgenes, ni lunáticos, conocemos también la lujuria y las bromas de servicio público y a la mayoría de la gente sucia, sabemos coger autobuses y que no nos timen con el cambio, y cruzar carreteras y decir frases muy serias, pero nuestra inocencia es inmensa, y nuestro aún más profundo y vergonzoso secreto es que nos da igual no saber nada. [...] Siento tu corazón constantemente.

Asistimos a la evolución de un personaje que ama, bebe y escribe sin moderación. Llora, se queja, ríe y evoca. Y llena sus textos de vivencias y de imágenes extrañas que rompen con todo y sirven ya como muestra de la genialidad que desplegará luego en sus poemas. Así, al igual que lo hace con sus amantes, Thomas encandila y enamora al lector. Y digo que enamora porque no sólo expresa sus emociones hacia las destinatarias de sus cartas, sino que se posiciona también frente a la vida, la sociedad y tiene la capacidad de burlarse de todo en mitad de la catástrofe, de desmitificarse a sí mismo del mismo modo que desmitifica el poder de la palabra. Y esto, atrae: Si fuera algo más parecido a Apolo sería distinto, pero me temo que no paso de ser más que una personita despeinada [...] Las nubes cubren el cielo como una manta que se ha puesto sobre un piano para evitar el polvo (qué presuntuoso soy). [...] Llena tu calavera como si se tratase de una cazuela con semillas de mijo. Cada una de esas semillas será un grano de verdad y las semillas que se unan harán surgir una respuesta. (Soy un gilipollas.) [...] ¡Palabras! ¡Frágiles palabras! ¡Qué sucias copas pueden llegar a ser! [...] Siempre he pensado que donde las clases altas hablan de pechos las clases obreras hablan de tetas. 

Resulta interesante también la manera en la que ve la poesía, puesto que muchas de sus opiniones pueden trasladarse al momento actual sin resultar anacrónicas: Por esa misma razón me rebelo contra el título de <<Poet's Corner>>. Hubo un tiempo en que sólo se llamaba poeta a los poetas, pero hoy en día se le llama poeta a cualquier persona que se atreve, con un conocimiento insuficiente de la lengua inglesa y una cursilería propia de Marie Corelli, a esparcir dos o tres imágenes <<brillantes>> en forma de verso. Ni siquiera tienen la decencia de ocultar sus excrementos en un lugar privado, sino que buscan un <<rincón>> público para mostrarlos. (La metáfora es vulgar, espero que no le moleste). [...] todo aquello en lo que he puesto mi fe parece contradecirse por completo, pero he puesto mi fe en la poesía, cosa que no pueden decir muchos poetas. [...] Más que un poeta, soy un maniático de las palabras, ésa es la verdad, no creas que me compadezco de mí mismo. Y un maniático de las palabras, no es un poeta, ésa es la triste realidad.

Por último, volviendo a la labor editorial, me gustaría destacar que la calidez y el amor se reflejan también en el modo de encuadernar el texto, en la elección de un prologuista como Andrés Barba, en el papel escogido para las tapas y, a fin de cuentas, en la exquisitez y el gusto por acercar a la calle la misma belleza que se aprecia en las palabras de Dylan Thomas. 

martes, 13 de agosto de 2013

Bernardo Atxaga: El hombre solo

Idioma original: euskera
Título original: Gizona bere bakardadean
Año de publicación: 1993
Valoración: Muy recomendable

Esta novela suele emparejarse casi inevitablemente con otra de Atxaga, Esos cielos, escrita tres años más tarde (de hecho, las dos novelas fueron traducidas al inglés como The Lone Man y The Lone Woman respectivamente); realmente, existen muchas similitudes entre ellas: las dos tratan sobre miembros de ETA que han abandonado la banda después de un paso por la cárcel; en las dos se establece un conflicto entre el individuo y un mundo hostil; y en los dos casos Atxaga emplea una técnica y una ambientación realista (con algunas licencias) que rompe con el mundo y la imaginación fantástica de su ciclo de Obaba.

El protagonista de El hombre solo es, de hecho, un hombre solitario, acosado y atormentado por múltiples fantasmas: por su pasado como militante de ETA, durante el cual secuestró y mató a un empresario; por su experiencia carcelaria; por una conciencia escindida, con un lado bueno -que adquiere la voz de Sabino, su antiguo instructor en la banda- y un lado malo -la Rata, que expresa todo lo que Carlos quiere reprimir-; por sus socios en la gerencia de un hotel a las afueras de Barcelona, todos ellos ex-militantes y cada uno de ellos con sus propios conflictos; por la propia organización terrorista, que exige de él un último servicio que puede costarle caro; y por la policía, que cierra el cerco cada vez más a su alrededor.

A diferencia de Esos cielos, que se queda corta en su esfuerzo por atrapar al lector en los conflictos que plantea, El hombre solo consigue mantener la intriga y la tensión a lo largo de todas las páginas: ¿conseguirá Carlos cumplir ese último trabajo para la banda y salvarse de la persecución policial? ¿Lo detendrán y acabará su idílica vida de panadero de hotel? ¿Lo matará la policía o los propios terroristas? Aunque esto de la trama y la intriga pueda parecer algo pedestre a los puristas, desde luego que ayuda a que el lector se implique en la novela...

Esta novela también es superior a Esos cielos en la complejidad del tratamiento del personaje principal. Por momentos es difícil saber qué pensar de él: ¿siente remordimientos por lo que hizo como etarra? ¿Siente realmente algo por alguna de las mujeres con las que flirtea o con las que se acuesta? ¿Es un idealista, un romántico, un cínico, un egoísta...? Estas ambigüedades morales, que en el mundo real pueden resultar inaceptables, son literariamente muy efectivas. Lo que sí cabe achacar a Atxaga en esta obra es el tratamiento superficial, simplificador y casi caricaturizante de algunos personajes secundarios, en especial los policías y las mujeres.

Estamos por lo tanto ante una novela que marca un límite en la obra de su autor: supone el abandono, casi definitivo, de Obaba y su mundo de fantasía, y el inicio de una línea creativa más realista y más actual. Si este abandono de Obaba es un progreso o un retroceso en la obra de Atxaga, eso es más discutible. Personalmente, creo que lo que escribió después de esto ya no estuvo a la misma altura...

Otras obras de Bernardo Atxaga en ULAD: ObabakoakEsos cielosSiete casas en Francia

lunes, 12 de agosto de 2013

Enrique Vila-Matas: París no se acaba nunca

Idioma original: español
Año de publicación: 2003
Valoración: muy recomendable

Sin llegar a la sangre y la truculencia, hay que reconocer que lo metaliterario divide un poco a los entusiastas de la lectura. Hay quien lo ve un recurso fascinante, y quien lo ve una salida desesperada del autor que no encuentra más tema que hablar de sí mismo o de su utópica vida perfecta de escritor. En lo metaliterario cabe todo, desde novelas que describen su propio proceso de escritura, hasta saltos al vacío dentro de la acción hasta  la pura verborrea autocondescendiente. Sí, hay que reconocerlo.
Dentro de los escritores metaliterarios, Vila-Matas sería un paradigma y este Paris no se acaba nunca es un excelente ejemplo. Un libro construido un poco desde una trama autobiográfica, revestido con el indiscutible glamour de cualquier cosa que mencione París y que, gustándome mucho como me ha gustado, no puedo negar que me reafirma en una especie de máxima que me he pertrechado: Vila-Matas parece apuntar a mejor escritor que novelista. O sea, estilo intachable, construcción magnífica, prosa de mucho mérito al servicio de una historia que no es el centro de la cuestión. No es verborrea, ojo, no es palabrería inútil sin otro sentido que lucimiento y estética, pero sí una lectura con un tono algo aburguesado y distante, algo elusiva de la carnalidad o de algún asomo de visceralidad (no es que espere que sea Bukowski, pero hablando de la experiencia de un veinteañero, echaría de menos algo más de líbido), cuestión que no sé si dividirá a los lectores o no: yo digo que recomiendo mucho, muchísimo, este libro a pesar de su tonalidad  elegante, y habrá quien diga que esa es su mayor valía. Aún así, esta segunda lectura me ha revelado aspectos que no recordaba, y en todos ellos he encontrado un extraño placer: el de encontrarme incluso una novela mejor que la primera vez que la leí, hace ya unos años. Puede que la acumulación de lecturas, puede que el aprendizaje inherente a la práctica, pero donde recordaba pasajes inclinados a un cierto esteticismo ahora me he encontrado soberbios párrafos, excelente evocación y una irresistible seducción que solo soy capaz de atribuir a los que juegan en la primera división. París no se acaba nunca es una narración autobiográfica del autor escribiendo su primera novela en París, y encontrándose física u oníricamente con sus ídolos literarios. Describiendo su experiencia entre montones de anécdotas que encaja con perfección y con un estilo inmejorable. Haciendo de cada una de estas anécdotas, escenas, situaciones, cómo se les llame, piezas que encajan. Aludiendo a su condición de escritor novel con una perspectiva resuelta, irónica y admirable.
Quede claro que comprendo que esta opinión refleja aspectos contradictorios. Pero muy recomendable. Y para ello sugiero abordar este libro sin prejuicios ni pre-concepciones. No esperar de él aventuras ni montañas rusas emocionales. Limitarse a su lectura y a disfrutar de ese suave pero imparable flujo de placer donde nada sobra ni está fuera de su sitio. Comprender que no es una vacua exhibición de estilo y, una vez acabada su lectura, ser capaz de resistirse a buscar qué otras maravillas ha escrito este hombre.

Mucho Vila-Matas ya en UnLibroAlDía: aquí