domingo, 30 de junio de 2013

Hari Kunzru: Dioses sin hombres

Idioma original: inglés
Título original: Gods Without Men
Año de publicación: 2012
Traducción: María Fernández Soto
Valoración: muy recomendable

Moderna. Ambiciosa. Épica. Son tres calificativos para esta novela, diferentes de los que se nos presentan en la contraportada. Que no es que se alejen mucho. Más de cuatrocientas páginas de historias que saltan del siglo XVIII al siglo XXI sin apenas esfuerzo, gracias al buen hacer de Kunzru, capaz de dejar dos páginas atrás a una estrella actual del rock, para ponerse los hábitos de un monje en el proceso de evangelización del estado de California. Capaz de evocar escenas asimilables a series modernas como Breaking Bad y pasar grácilmente, a continuación, a una especie de añeja travesía desértica a lo Cormac McCarthy. 
Dioses sin hombres, como apunta alguna nota pelín pretenciosa de esa contraportada (los editores saben que ese es el tráiler que el potencial comprador que sostiene el libro en la mano va a degustar), abarca mucho más que otras novelas. Kunzru no está por lo de la ligereza, eso se nota apenas pasadas un par de páginas. Así que, lectores en busca de libros a los que le sientan bien calificativos como delicioso, entretenido, y algún otro, busquen en otro lado. Kunzru, en estas historias paralelas (y por tanto, por definición, que nunca parecen llegar a encontrarse) me recuerda algo a Carver. Eso sí, sin ninguna intención de ser conciso. La intención es que el lector vea algo más allá del texto. Kunzru es de esos escritores totales que vacía las experiencias en sus novelas, que las hace tan panorámicas y espectaculares, tan alejadas de delicadeza y entretenimiento (y levedad) que se convierte en no apto para cierto perfil de lectores. Dioses sin hombres es, pues, un libro intenso, si bien no la experiencia extrasensorial que la contraportada se obstina en describir, sino una historia perfectamente estructurada, que se precipita como un río de lava hacia el lector. O como afluentes de lava, pues hay varias historias; la del matrimonio inter-racial e inter-religioso, con niño autista incluído, víctima de misteriosa desaparición, la de la secta de iluminados adoradores de los OVNI, las tribus habitantes de las tierras... muchas tramas, y todas bien resueltas. Puede que tarde algunos capítulos en definir su espina dorsal, pero entonces ya es tarde para parar. La historia se lanza en picado hacia una mezcla de leyenda, esoterismo, misticismo y cierto tono surrealista. Que nadie se asuste: mezcla equilibrada y cohesionada. Con un sentido, con una progresión sin falsos acelerones: con capítulos que son novelas dentro de la novela, otorgándole poderosa entidad. Muchos de ellos, ejemplares episodios de narrativa que debe mucho a la cultura visual de hoy en día, pero que se sustentan por sí solos como piezas literarias.
Erdrich, Krauss, Teju Cole, ahora Kunzru: parece que la profusión de autores americanos (aunque Kunzru es nacido en Inglaterra, reside en NY) es inacabable y, dentro de su perfil, de intensidad y compromiso con un fuerte componente contemporáneo, con una especie de deuda cinematográfica (o televisiva), variando tanto en sus temáticas como en el modo de abordarlas. Claro que el espíritu de Franzen (o el de Houllebecq, en los episodios de la secta) también revolotea por las páginas de esta novela; obvio que sean sendos espejos en el que obras tan desbordantes tienden a reflejarse. Pero no lo consideraría un hándicap, para nada. Kunzru lo adereza con una mesurada pizca de sentido de la trascendencia y una coartada social multi-cultural (supongo, producto de la propia experiencia) que enriquece el conjunto. Para variar, y van unas cuantas (Gamboa, Erdrich...), otra novela largamente ignorada por las grandes listas críticas y de ventas. Otro fenómeno paranormal.

sábado, 29 de junio de 2013

Erri de Luca: Montedidio

Idioma original: italiano
Título original: Montedidio
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Erri de Luca venía muy recomendado, en especial por Ainize Salaberri (la directora de Granite&Rainbow), así que cogí Montedidio con muy altas expectativas, que se han visto cumplidas en parte, y en parte defraudadas.

Montedidio (que toma su nombre de un barrio de Nápoles) es una historia de aprendizaje y maduración, contada desde el punto de vista de un niño, con esa mezcla de inocencia y sabiduría que los niños suelen tener en las novelas. El protagonista y narrador vive inmersa en un ambiente duro, en que el dinero no sobra y hay que trabajar duro para ganarse la vida; pero en este ambiente de dureza hay espacio para el primer amor, para la solidaridad, para la poesía y para el aprendizaje. Erri de Luca basa una buena parte del poder del texto precisamente en la mirada poética del niño, que en un lenguaje simple consigue ver la belleza que se esconde debajo de la suciedad.

A medida que estaba leyendo la novela, cada vez tenía más claro que mi valoración definitiva iba a depender del desenlace: la novela está construida a partir de una serie de tensiones crecientes (el niño que ensaya el lanzamiento del boomerang, sin llegar a lanzarlo); el zapatero al que le están creciendo unas alas dentro de la joroba; el propietario del apartamento que acosa a la joven María, la amada del protagonista...)... Y de cómo consiguiera De Luca resolver estas tensiones iba a depender, en mi opinión, el "éxito" o "fracaso" del texto.

Bueno, pues para mi gusto el final no está a la altura del resto de la novela. En los dos últimos fragmentos (la novela se compone de textos escritos por el narrador protagonista, de una o dos páginas de extensión), se resuelven de forma apresurada líneas temáticas que han estado preparadas durante las doscientas páginas anteriores, de una manera demasiado simple para mi gusto. No hay duda de que Erri de Luca tiene un estilo atractivo, sugerente, bonito. Pero me temo que caiga a veces, por lo menos en esta novela, en una cierta idealización o estetización de la realidad, en un cierto esteticismo o "buenismo" que huye de la complejidad de algunos de los problemas que describe.

Mientras leía la novela, por cierto, no he podido dejar de pensar en las similitudes con Léolo, una película memorable por muchos motivos, que también narra la maduración forzada de un niño en un contexto difícil, con un estilo igualmente poético (aunque con espacio para la fealdad, algo que falta en Montedidio). Creo que la visión comparada de las dos obras puede realzarlas a las dos.

Termino con un comentario lingüístico, que hace que lamente no ser capaz de leer el italiano original (la he leído en portugués, por cierto, para liar todavía mas el tema de las lenguas y las traducciones): el protagonista y narrador escribe en italiano, que ha aprendido en la escuela, mientras que sus padres y la mayoría de los habitantes de Montedidio hablan en dialecto, y su voz se cuela muchas veces en el texto. De Luca tiene siempre cuidado de explicar en italiano las expresiones napolitanas que aparecen, pero quizás habría sido más apropiado dejarlas sin explicar (porque el narrador no necesita ninguna explicación para entenderlas) y que el elemento dialectal, a veces incomprensible, quedase en el texto como una cicatriz que revela ese mundo subterráneo e invisible en la "alta cultura" que representa el italiano.

viernes, 28 de junio de 2013

Fernando J. López: Las vidas que inventamos

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Fernando J. López ha irrumpido en la escena literaria con paso fuerte y seguro, brindándonos en poco tiempo varias novelas y obras teatrales, premiadas tanto por el público como por la crítica. Un claro ejemplo, su segunda novela, La edad de la ira, ambientada en el contexto escolar, un espacio que conoce muy bien por su profesión.

En Las vidas que inventamosFernando J. López nos sumerge en el universo de las relaciones de pareja y en la rutina que las apolilla y degrada, hasta deshacerlas. Gaby y Leo son un matrimonio con un hijo adolescente, Adrián. Pero Gaby y Leo hace tiempo que perdieron la pasión, la complicidad e incluso el cariño. Gaby se refugia en los chats de contactos para tratar de reavivar las ascuas de su juventud perdida, tramando infidelidades que no llega a cumplir. Mientras tanto, Leo hace todo lo posible por evitar que su imagen de triunfador y toda su vida se derrumben a causa de un error involuntario, de un terrible accidente que se ha llevado por delante la vida de una adolescente.

Sobre esta base se construye una novela sobre lo cotidiano. Una cotidianidad anquilosada en la rutina y rota por los acontecimientos inesperados y las decisiones equivocadas. Una cotidianidad que se carga de culpa, poco a poco, y que va quebrando las ya de por sí frágiles relaciones personales que descubrimos en la novela.

Quizás uno de los aspectos más interesantes de este libro sea su estructura, dividida en dos voces que se van alternando para contarnos la historia desde  punto de vista particular. Fernando J. López logra que el lector se identifique en todo momento con ambos, viendo sus puntos fuertes y débiles, sus aciertos y sus equivocaciones, y viviendo con ellos el camino que los lleva irremediablemente al desastre. Un desastre inesperado pero, al mismo tiempo, elegido.

Las vidas que inventamos es una novela recomendable que se suma al año de novedades literarias de este joven autor.

jueves, 27 de junio de 2013

Ismet Prcić: Esquirlas

Idioma original: inglés
Título original: Shards
Año de publicación: 2011
Traducción: Carlos Milla e Isabel Ferrer
Valoración: Muy recomendable

Tomar perspectiva es importante. Tirar de los recuerdos personales, a efectos literarios, un recurso eficaz. Denunciar situaciones injustas, aunque sean pasadas algunas décadas, completamente legítimo. Situaciones de hipocresía: la mundial, sí, que dejó fluir un conflicto como el balcánico, complejo, absurdo, cruel, a tenor de lo leído en el libro, previsible por la mera intuición. La duda que asalta al lector cuando lee un libro intenso y vivido como Esquirlas es qué le queda por decir a su autor después de escribirlo. Una carrera basada en segundas partes o terceras del libro es difícil, pues uno tiene la sensación de vaciado. Una apuesta por cambios tajantes de trayectoria siempre será desigualmente recibida: tras cerrar el libro, uno desearía cien páginas más, de lo mismo. 
Ismet Prcić es otro de esos autores que ha acabado arraigándose en Estados Unidos y allí ha desarrollado su talento. Puede que esta obra marque su carrera, claro, pero desde las primeras páginas la sensación de que lo más alejado de la voluntad de Prcić es dejar ni un solo detalle en el tintero es total. Lo cual es una excelente noticia para quien se haga con esta magnífica obra, intensa como pocas como reflejo, parece, de experiencia personal. Parece, entonces, porque, como el Javier Cercas de La velocidad de la luz, (otra gran   novela de ex-combatientes) Prcić juega con el lector, que se lanza a especular si esa es realmente la narración de su experiencia, si la adereza con las de otros seres conocidos o imaginados, aunque quede muy claro que los detalles truculentos, aislados en la trama pero presentes en todo el fondo de la lectura, no tienen nada de imaginarios.
Entonces ese desdoblamiento entre Ismet, inquieto y sensible, y Mustafá, aparente alter-ego militante y combatiente vertebra el libro y toma protagonismo: Esquirlas no es una novela de guerra con heroicos actos  que quedan sin reconocimiento. Es una novela de malvivir en medio de una ciudad en la que llueven los obuses, de intentos mal llevados de normalidad, de precipitación espontánea de la realidad, antes que de pretendida y cansina fábula moralizante. Es una novela que muestra las brechas de la Europa idílica de finales del siglo XX, la de la caida del telón de acero que nos iba a convertir en una enorme mercado global. Por esas brechas fluye sangre, sudor y bilis.
Jóvenes a los que la guerra se les presenta en el horizonte de futuro incierto, que deja de serlo, para ser tristemente cierto. El conflicto significará el brutal corte con su realidad y los convertirá en testigos de hechos que les perseguirán: acabará con su vida, hará desaparecer a sus amigos, cortará de cuajo sus historias de amor adolescente, y les convertirá, con suerte, en eternos supervivientes, en nómadas y en seres llenos de sombras.

Triunfo absoluto de Blackie Books, por cierto. Si no está en las listas de lo mejor del año, va a ser muy injusto.

miércoles, 26 de junio de 2013

Jack Ketchum: La chica de al lado

Idioma original: inglés
Título original: The Girl Next Door
Año de publicación: 1989
Valoración: recomendable (o no)


La chica de al lado comienza como algunas novelas de Stephen King: ambientada en los años 50, es verano y un grupo de niños pasan el tiempo jugando, viendo la televisión, bebiendo Coca-cola, etc. Los niños (entre ellos, David, el narrador de la historia) rondan los trece años y beben los vientos por Meg, una chica que acaba de llegar al vecindario con su hermana pequeña, Susan, a vivir con su tía y sus primos. Y ahora es cuando todos esperamos que ocurra algo sobrenatural, que los niños vivan una experiencia terrible, pero que salgan sanos y salvos (al menos, la mayoría de ellos) de la misma y puedan llegar a la edad adulta con más o menos taras mentales.

Y sí... pero no. En esta novela nadie va a encontrar sucesos paranormales, sino algo bastante peor. En este libro, Jack Ketchum cuenta cómo la tía de las niñas (que, obviamente, está completamente desequilibrada), sin razón aparente, comienza a maltratar psicológicamente a Meg, para después pasar al maltrato físico y terminar encerrándola y torturándola en el sótano de su casa. Pero lo peor es que sus hijos y varios amigos suyos participan en las torturas, que se vuelven más y más crueles a medida que pasan los días. 

¿Y qué hace el bueno de David mientras ve cómo sus amigos (y una mujer adulta, no lo olvidemos) le hacen todo tipo de barbaridades a su amiga? Pues bastante poco, desgraciadamente (lo cual, también desgraciadamente, es bastante verosímil), porque sólo tiene trece años, siente pavor ante lo que pueda pasarle, si se va de la lengua, y la situación es tan bizarra y tan retorcida que le sobrepasa.

Aunque quien haya visto la película que se rodó en 2007 ya sabe de lo que hablo (yo no lo he hecho, y ni ganas tengo), debo decir que no es recomendable leer este libro, si uno es algo aprensivo. Durante gran parte del mismo la joven es atada, golpeada, cortada, quemada, privada de agua y comida, vejada y violada (da igual lo que uno pueda imaginar, lo que acaba por leer es siempre peor) y el autor apenas escatima detalles, por lo que a veces resulta duro seguir leyendo.

Pero lo que es aún peor es que, según descubrí después de leer el libro, esta historia está basada en hechos reales. Los padres de la joven de dieciséis años Sylvia Likens y su hermana Jennifer (que trabajaban en un circo ambulante) dejaron a las dos chicas al cuidado de Gertrude Baniszewski, una mujer divorciada y madre de seis hijos, que decidió cobrarse todas sus frustraciones torturando salvajemente a la pobre Sylvia (y, también, dejando que sus hijos y varios niños del barrio participaran en ese "juego") hasta que ésta murió a causa de los maltratos sufridos y de inanición.

Lo único que hace Ketchum para ficcionalizar el relato es cambiar un par de detalles (como los nombres de los protagonistas, reducir la edad de la víctima de dieciséis a trece años o el número de hijos que tiene la maltratadora) y añadir la figura de David, el narrador. Todo lo demás está basado en las declaraciones que hicieron en su día los responsables de la muerte de Sylvia. 

A uno se le queda mal cuerpo después de leer este libro, pero mientras se crea que es pura ficción, tiene un pase. Sí, a menudo se puede pensar que Ketchum es un enfermo, que le gustan demasiado las drogas o que cualquier día aparecerán sus vecinos en el telediario diciendo que siempre saludaba, pero lo que escribe es ficción y se queda en las páginas de un libro. Sin embargo, descubrir que todo lo que se ha leído ocurrió de verdad es terrible (sobre todo, porque decidió obviar algunos detalles por considerarlos demasiado escabrosos). Es cierto que, como tantas veces hemos oído, la realidad supera a la ficción, pero en este caso hace que tengamos escalofríos sólo de pensarlo.

Así que no sé si recomendar esta obra. Está bien escrita y Ketchum consigue mantener el interés del lector (a pesar de todo)... pero no sé. La verdad es que yo no pienso volverlo a leer.

martes, 25 de junio de 2013

Iain M. Banks: Pensad en Flebas

Idioma original: inglés
Tìtulo original: Consider Phlebas
Año de publicación: 1987
Valoración: Recomendable

El pasado 9 de junio se conoció la triste noticia de la muerte del escritor escocés Iain Banks, a los 59 años, a causa de un cáncer fulminante; él mismo había anunciado, en una nota llena de humor y resignación, que estaba enfermo ("I am officially Very Poorly") y que solo que le quedaban unos meses de vida. Iain Banks era uno de los autores británicos más reconocidos, en su doble faceta creativa: como Iain Banks, es autor de novelas brutales y magníficas como La fábrica de avispas, El puente o Cómplice; como Iain M. Banks, es autor de novelas de ciencia ficción, mayoritariamente situadas en un mundo conocido como la Cultura, iniciada precisamente con esta, Pensad en Flebas.

Pensad en Flebas es fundamentalmente una novela de aventuras (lo que en inglés se llama space opera) protagonizada por el "cambiante" Horza, quien tiene la misión de recuperar una Mente (una forma muy avanzada de ordenador central) varada en el Mundo de Schar. Cumplir esta misión no será nada fácil en medio de la guerra entre los idiranos (para quien trabaja Horza) y la Cultura (una forma de organización galáctica utópica, racionalista y mecanizada): Horza se verá lanzado al espacio, retenido por una banda de piratas, capturado por una extraña secta coprofágico (en un pasaje muy El corazón de las tinieblas), perseguido por la agente de la Cultura Perosteck Balveda y acosado por sus propios fantasmas y dudas.

Pero lo más interesante de Pensad en Flebas no es tanto el argumento novelesco (lleno de peleas, situaciones dramáticas, grandes escenarios cósmicos y situaciones límite de las que el protagonista escapa milagrosamente), sino el escenario de fondo, el universo ficcional construido: ese enfrentamiento entre una raza primitiva y expansionista (los idiranos) y otra civilizada y pragmática (la Cultura); si Iain M. Banks está intentando decir algo sobre la situación geopolítica actual, sobre el enfrentamiento entre "civilización y barbarie", no queda muy claro cuál es el mensaje que quiere transmitir, ni de qué lado caen sus simpatías.

En cualquier caso, Pensad en Flebas (y, sospecho, todas las novelas de la serie de la Cultura) es un derroche de imaginación, que parte de muchos de los tópicos del subgénero de batallas especiales (naves interestelares, pistolas láser, campos de fuerza...) pero añade una cantidad ingente, y aparentemente inagotable, de elementos nuevos: la propia figura del "cambiante" (una raza genéticamente manipulada capaz de adoptar el aspecto de otros seres), la partida de "daño" (un juego de cartas extremo en el que además de dinero se puede perder la vida... de otros) o los propios nombres de las naves, tan sugerentes como "Turbulencia en cielo despejado", "El límite de la invención" o "Mano de Dios 137".

Dicen que cada novela de la serie de la Cultura es distinta; solo comparten este trasfondo ficcional de la Cultura. Si esto es así, desde luego dan ganas de seguir leyendo a Iain M. Banks.

Y para quien no le guste la ciencia ficción, y tenga estómago para emociones fuertes, ahí está La fábrica de avispas...

lunes, 24 de junio de 2013

Rober Gómez: El diario del hachís

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Está bien

Llegué a este libro gracias a una amiga mía que, a su vez, es amiga de su escritor, Rober Gómez, un joven (1977) de Santander licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Pública del País Vasco y que lleva buena parte de su vida laboral dedicado al periodismo, toda una proeza.

El diario del hachís, publicada por la Editorial Nowevolution, es su segunda novela. La primera, El año que fue valiente, cortita y que, en mi humilde opinión, podía haber funcionado mejor como un relato corto, también la he leído, y así he descubierto que el protagonista de ambos libros es el mismo, Tomás Pamfiérrez, una suerte de alter ego de Gómez (el autor ha matizado en algunas entrevistas que pueden encontrarse en Internet que Pamfiérrez y él son bastante parecidos pero no la misma persona, que conste). Imaginénse: ambos treintañeros, ambos conocedores del peculiar mundillo del periodismo freelance, ambos amantes del rock, ambos pasivamente descontentos con el mundo, ambos con alguna que otra relación fallida a sus espaldas y algo escépticos con las mujeres, ambos predispuestos a conocer a fondo a personajes peculiares de toda procedencia y a fumar porros y beber cubatas hasta el amanecer y más allá en guaridas nocturnas de todo pelo, etc...

Y bueno, que Gómez llegara a ser redactor jefe del periódico El Pueblo de Ceuta, deja bastante claro por qué al escritor se le ocurrió la idea de ambientar ésta su segunda novela en una ficitica ciudad española del norte de África llamada Septonia.

Así, la historia de El diario del hachís, narrada en primera persona por Tom/Rober, tiene lugar en esta imaginaria tercera urbe autónoma española del continente africano, y en ella vemos cómo el joven periodista vive su día a día en el lugar, desde su llegada a su amarga salida, pasando por experiencias tales como enamorarse platónicamente de una bella marroquí menor de edad, hacerse amigo de un músico maldito y alcoholizado, descubrir un cantoso caso de corrupción local que hará sonreír amargamente a más de un lector, o conocer muy-pero-que-muy de cerca el mundo del tráfico del hachís...

En el el periódico de Septonia donde comienza a trabajar, Tom está rodeado de los típicos y fácilmente identificables personajes de todo entorno laboral que se precie (el pelota, el inútil con un puesto que no se merece, la bella esquiva, la atolondrada, etc...), y por el piso donde vive va pasando una galería de seres de lo más peculiar, entre compañeros propiamente dichos y amigos de éstos.

Pero no entraré a describir y analizar en detalle las diferentes anécdotas que le acontecen al protagonista cuando se mezcla con otros personajes de la novela y las sensaciones que le provocan las imágenes, sonidos y olores de Septonia, porque todo eso es El diario del hachís, de Rober Gómez.

No sé si me explico, lo intentaré: El diario del hachís, a la manera de los trópicos de Henry Miller (salvando las distancias, que Miller es mucho Miller), no trata de construir con esmero una historia típica, con su introducción, su nudo y su desenlace; más bien, como su propio nombre indica, y con un lenguaje sencillo y directo, ofrece el testimonio franco y sin artificios ni elaboraciones de un muchacho del norte de España que vive y trabaja en el norte de África durante una temporada.

Pocas cosas de este libro le dejarán al lector con los ojos como platos, pero es probable que lo lea tranquilamente y con agrado y curiosidad por saber un poco más del pequeño y peculiar universo al que llega un universitario de 30 años que sólo desea vivir de lo que más le gusta, escribir. Porque Rober Gómez es un experimentado periodista y se nota. Este libro es un diario de sus experiencias, reales o casi reales, en su Septonia particular, y al escribirlo ha logrado una agradable y nada pretenciosa forma de transmitírselas a todo aquel que sienta curiosidad por conocerlas.

domingo, 23 de junio de 2013

Tuli Márquez : L'endemà (Mañana)

Idioma original: catalán
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable

Si hay justicia en el mundo, L'endemà será traducido a unos cuantos idiomas. No sé el título que le pondrán, si le llamarán Mañana, o El día después o como sea, pero sería una lástima que quienes no leen en catalán se pierdan una magnífica novela, más novela de rock que, por ejemplo, Stone Arabia de Dana Spiotta, última que he leído que respondería a ese perfil.

Esta, aclaro, es una novela de rock (pero no se queda en eso, ni mucho menos) sin querer serlo declaradamente; pero claro que Tuli Márquez, como muchos escritores, escribe de entorno conocido, ya no por comodidad sino porque sabe que en ese discurso es capaz de llegar más hondo que muchísimos otros. Con un perfil que le relaciona con prácticamente todas las modalidades audiovisuales, Márquez construye una efectiva trama basada en un día clave en la vida de un grupo de enorme éxito: el de un megaconcierto de regreso. Ya sabéis; esos grupos que se pasan la vida retirándose definitivamente y dando conciertos de despedida. Les roques (Las rocas, doble guiño stoniano) organizan un enorme show, y a sus cuarenta y muchos años sus componentes ya retienen poca cosa (algún vicio, a lo sumo) de lo que eran los veinteañeros que arrasaron en los ochenta. Pero la maquinaria tampoco está tan engrasada como entonces: los padres de los músicos, a la par explotadores del negocio del talento, son ya unos sesentones más ocupados de administrar su decadencia que de otra cosa. El día del concierto deviene un nudo gordiano de situaciones que parecen confluir hacia un caos. Pero el oficio de Márquez (parece mentira que esta sea su primera novela) interviene para convertir L'endemà en un valioso retrato de clase media, ubicado en una Barcelona de barrio acomodado (pero no tanto) con una impecable técnica descriptiva y una recreación de ambiente que eleva a la novela por encima de las expectativas. No, no es una novela temática.

La sensación aquí es física, sudamos y nos refrescamos junto a sus personajes y andamos a su lado por las calles: nos sentamos junto a ellos en la mesa de la comida familiar donde los padres de los músicos, (adaptados a ese mágico momento en que el niño pasa de ser un peludo que toca la guitarra junto a unos amiguetes a convertirse en un ídolo de masas que -valga la redundancia- amasa millones gracias a su éxito) pasan a ser sus mánagers, los administradores de sus carreras. Como si ese fuera el momento definitorio en la vida, todo el mundo en L'endemà parece ser un adolescente de familia de clase media. Los componentes del grupo, bendecidos por el éxito que tolera el más caprichoso de los comportamientos, que casi convierte sus adicciones en componentes necesarios de un diseño de producto. Los padres, bendecidos por el destino que les permite vivir a costa del talento de los hijos (con esfuerzo y con dedicación, pero beneficiándose de esa gracia del destino), pero entregados, en sus sesentenas, a amoríos, escarceos, fines de semana de golf. Una figura muy propia: el talento de un componente convertido en el eje de la subsistencia de un clan familiar: música, fabrica de hilados en Sabadell, explotación porcina en Vic: qué diferencia hay.

Una rotunda irrupción, una novela fresca, dinámica, trabajada a fondo en estilo (rico, visual) y estructura (madura, pero dinámica), y mucho más profunda de lo que puede parecer.

sábado, 22 de junio de 2013

Predrag Matvejević: Nuestro pan de cada día

Idioma original: croata
Título original: Kruh naš
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable


"A buen hambre no hay pan duro", "Rábanos sin pan, poco o nada te alimentarán", "Quien hambre tiene, en pan piensa", "Pan ajeno, nunca sabroso ni tierno", "Ni mesa sin pan ni ejército sin capitán", "En casa del capellán no falta nunca el pan", "Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierdan no importa"... Son innumerables los refranes o dichos que hacen referencia al pan que podemos encontrar en nuestra cultura. En casi cualquier cultura, de hecho, el pan (en cualquiera de sus variantes: de trigo, de centeno, de maíz, cocido, horneado, frito, con o sin levadura, con semillas, con fruta, con carnes, con azúcar, con especias...) resulta ser el alimento básico por excelencia.

Tal y como nos explica Matvejević en Nuestro pan de cada día, con el devenir de los siglos el pan ha pasado de ser un alimento como cualquier otro a convertirse en símbolo de justicia (e injusticia), en detonante de revoluciones, en medida del poder adquisitivo de la población de un país... y en centro de un sinfín de celebraciones tanto religiosas como laicas (Adán fue condenado a ganárselo con el sudor de su frente, se toma en forma de hostia en la eucaristía cristiana, de prosphora en los servicios ortodoxos y de matzoh en la pascua judía, y forma parte del rito de bienvenida de los pueblos eslavos, por ejemplo...).

Aunque es innegable que el ser humano puede vivir sin este alimento, el autor se encarga de mostrarnos, a través de un viaje que pasa por la historia, la antropología, la ética, la etimología, la política, la lingüística, la religión, la literatura, la gastronomía, la sociología, la pintura... e incluso su propia biografía, cómo el pan no sólo ha sido determinante en todas las culturas en las que aparece, sino también cómo su historia y, por tanto, también su destino están profundamente ligados a los del ser humano y cómo, en realidad, podemos decir que nos define como especie.

Advierto, también, a los posibles lectores que éste no es un ensayo al uso. Combina tanta información proveniente de tantas ramas de la ciencia diferentes, que el autor ha escrito este libro alejándose del estilo ensayístico más estricto y utilizando uno más abierto que bebe de la narración y la poesía, difícil de catalogar dentro de un género en concreto, pero sin duda más ameno e inspirador.

viernes, 21 de junio de 2013

Iván Thays: Un lugar llamado Oreja de Perro

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: Está bien


Se denomina Oreja de Perro a un territorio peruano cuyo perímetro recuerda esa forma, constituido por diecisiete localidades y situado en un valle al este de Ayacucho de difícil acceso a otras zonas de la región. Una zona sumida en la pobreza, la desnutrición y el analfabetismo, con apenas electricidad y agua potable, dependiente del cultivo de la coca y en consecuencia expuesto al azote de la violencia tanto a cargo del narcotráfico como de la guerrilla senderista o de la máquina represora del estado, sobre todo en la década de los 80. De ahí su dimensión simbólica.
Un periodista, popular en el país por su anterior trabajo en televisión, es enviado allí para que, a lo largo de tres días, recoja información de primera mano de las condiciones de la zona y, sobre todo, cubra la visita del presidente. Teniendo en cuenta que este personaje presenció los trabajos de la denominada Comisión de la Verdad creada para investigar los crímenes cometidos en un momento dado, podemos suponer que cuenta con información suficiente para interpretar lo que está a punto de ver, y parece lógico pensar que, a la vez que seguimos sus andanzas, nos enteraremos de lo que ocurre allí, cómo son esos campesinos, de qué se quejan, cuáles son sus alegrías y sus penas, de qué y cómo viven, por qué creen que se producen esas muertes, cuál es su postura ante la visita presidencial. Pero casi nada de eso aparece en estas páginas. Durante los días que permanece allí, el protagonista manifiesta el mismo interés por lo que le rodea que la mochila que lleva a su espalda. Tanto es así que he tenido que recurrir a información adicional para entender un estado de cosas que en la novela solo se apuntan, dejando al lector confuso y con ganas de saber mucho más.

 El panorama que presenta el pueblo, la gente que se relaciona con nuestro personaje y sus recuerdos de vivencias anteriores se presentan en un totum revolutum descrito con una ligereza que impide aprovechar un potencial extraordinario. Hay que distinguir entre las realidades expuestas en cualquier producto de ficción y la forma de presentarlas. En este caso, todos los puntos de partida –tanto la problemática social como los caracteres esbozados por Thays- son a priori relevantes pero se despachan con una breve ojeada evitando analizar implicaciones y consecuencias. Ni la precaria relación del protagonista y su esposa ni la personalidad de las dos mujeres que se interesan por él en Oreja de Perro ni el tenso ambiente que se respira allí ni siquiera el asesinato que tiene lugar se resuelven con demasiada coherencia.
Se nos presenta un drama familiar que desembocará en una ruptura inminente, una mujer herida y desorientada –Jazmín- que necesita ayuda y solo conseguirá producir un foco de tensión más, un observador inteligente –Scamarone- al  que apenas se permite decir lo que piensa, una esposa que acaba de enviar una carta cuyo contenido no conocemos y que no se contestará nunca, una científica –Maru- realmente interesada por el personaje principal cuyo trabajo la convierte en un testigo de excepción. Ante todo ello él adopta una actitud pasiva e indiferente que, como lectores, podríamos consentir a quien solo fuese uno más de la nómina, pero nuestro periodista tiene a cargo la transmisión de los hechos y eso significa que su (manifiesta) indiferencia no es literariamente permisible.

Sin embargo, el conjunto de aspectos que se abordan y la naturaleza de los personajes podrían haber dado lugar a una novela densa y compleja si el autor se hubiese detenido en cada uno de ellos el tiempo necesario. Aunque, en mi opinión, hubiera sido preferible que Thays se centrase en uno solo de los asuntos que trata y lo rastrease hasta sus últimas consecuencias.

jueves, 20 de junio de 2013

Afonso Cruz: El pintor debajo del friegaplatos

Idioma original: portugués
Título original: O pintor debaixo do lava-loiças
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Esta es una novela que, por lo que sé, todavía no se ha traducido al español, aunque no dudo de que terminará por traducirse, porque su autor es uno de los que más empieza a despuntar de entre la "joven literatura portuguesa", junto con José Luis Peixoto o Gonçalo M. Tavares (los tres nacidos en la década de los 70). El más conocido y exitoso de los tres es Tavares, seguido de cerca por Peixoto (los dos escriben en la revista de a bordo de la compañía aérea TAP, si es que eso sirve como indicador de algo).

En realidad, no se puede decir que Afonso Cruz sea (solo) un escritor: es escritor, ilustrador, autor de cine de dibujos animados, músico... todo un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI. Y eso se nota en El pintor debajo del friegaplatos, no solo porque el libro está ilustrado por el propio autor -aunque habría estado bien que la editorial lo indicara, porque hay que darlo por supuesto-, sino también por el propio tema de la obra: la vida de un pintor judío de origen eslovaco que estuvo (esta parte es real, aparentemente) escondido durante un tiempo en casa de los abuelos del autor.

La novela cuenta efectivamente la vida del pintor Jozef Sors desde su infancia como hijo del mayordomo de un generoso aristrócrata austro-húngaro, hasta sus sucesivos viajes a París, Portugal y Estados Unidos en busca de su madre. Todo el libro está poblado de seres irreales (el padre del pintor, por ejemplo, es incapaz de comprender las metáforas, lo que lo llevará a la desgracia) y dominado por un espíritu poético-lírico más que por el intento de reconstruir de forma realista una época o una psicología.

Lo que puedo decir de El pintor debajo del friegaplatos es que es una novela bonita. Lo que también puedo decir es que a veces se nota demasiado el esfuerzo para que sea una novela bonita. En Seda, de Baricco, por ejemplo, la propia historia y la delicadeza del estilo eran suficientes para crear una narración casi mágica, irreal y memorable. En esta novela, en cambio, no se percibe esa misma naturalidad sino una voluntad consciente de "ser poético", y eso puede llegar a hacer la lectura algo pesada al cabo de un tiempo. Otros lectores, en cambio, seguro que encuentran que es una novela "deliciosa" o algo por el estilo...

Sobre las ilustraciones, poco puedo decir: es evidente que demuestran un estilo personal y propio, pero no me parece que añadan gran cosa al texto. Pero sobre esto, otros saben mucho más que yo...

miércoles, 19 de junio de 2013

Colaboración: Delhi no está lejos de Ruskin Bond

Idioma original: inglés
Título original: Delhy is not far 
Año de publicación: escrita en la década de los 60, incluida en la colección Delhi Is Not Far: The Best of Ruskin Bond en 1994 como novela corta. Publicada íntegramente en 2003.  
Valoración: Muy recomendable

En esta pequeña Ciudad de la alegría unos personajes ínfimos e irrelevantes huyen de la grandilocuencia de las epopeyas. Delhi no está lejos, al menos no tanto como los sueños de los tres protagonistas que nos invitan a ser testigos de su búsqueda al mismo tiempo resignada y esperanzada.

En la soledad de vidas vacías nos transportan a una realidad fantástica, donde se juntan la epilepsia y la amistad, los sindicatos de mendigos y los fantasmas, entretejiendo los mil matices de vidas tan rotas como vivas. La ironía del relato transmite la dulce lucha por la supervivencia. Una fotografía de la India alejada de los BRICS [Acrónimo referido a los países de economías emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica], y cercana a las millones de personas que (¿mal?)viven en (literalmente) sus calles.

Quizás sea difícil desde la comodidad de nuestro asiento imaginar los cuerpos enjutos, los pies callosos y el monzón azotando la piel y el alma de los personajes. Lo que en absoluto será difícil es captar su humanidad, sentir su humildad, y relativizar nuestros problemas ante la cruda realidad de la absoluta carestía material y la ausencia de oportunidades en una India aparentemente repleta de ellas.

¿Dónde están finalmente los sueños? No tan lejos. En intimidades no del todo explicitadas, en amistades desinteresadas. La libertad, más cerca que lejos, y más prisionera de uno mismo que de cualquier otra cárcel que podamos construir como excusa a nuestra propia cobardía.

Al final nos quedamos con una historia humilde y sincera, y con una fotografía multicolor de un país indefinible. Con un sabor agridulce entre la satisfacción del sueño y la lucha por la supervivencia. Nos quedamos con la búsqueda y con el encuentro, con la partida y con la permanencia, con la libertad. Al fin y al cabo, Delhi no está tan lejos.

Firmado: Javier López Prol

martes, 18 de junio de 2013

Ian McEwan: Sábado

Idioma original: inglés
Título original: Saturday
Año de publicación: 2005
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: recomendable

Henry Perowne es un hombre feliz. Vaya: la contratapa ya me presenta un mejor augurio que algún otro libro de McEwan. Si bien debo reconocer que el aire british aquí no es tan añejo, sí que me pone algo nervioso el inmediato aroma clasista que trasluce apenas nos adentramos en las páginas de esta novela. Que nos presenta a una idílica familia de triunfadores, una especie de familia Addams del talento multi-disciplinar (conseguido a base de codos y esfuerzo, pero cuyo rendimiento económico es disfrutado sin cortapisas: esta es una novela tan post-2001 como pre-2008) en la que cada pieza encaja en sus goznes, hasta que un hecho casual lo altera. Como McEwan es un escritor solvente, el hecho se enmarca en Londres, en medio de un día de manifestaciones, en medio de tumultos y cortes de tráfico en los que se encuentra Perowne, reputado neurocirujano (alguna de sus intervenciones muy documentadamente descrita por el autor) y hombre feliz, que lo único que quiere es volver a casa tras una dura jornada en el quirófano.

Pero todo se tuerce, y la burbuja de clase alta en la que Perowne y su familia viven plácidamente estalla, y la familia se ve obligada a interactuar con un entorno no tan afortunado como el suyo. Un poco al uso del Sherman McCoy de La hoguera de las vanidades, Perowne se mete con su coche de lujo en un barrio equivocado.  Y ese es el hecho casual que marca la novela. Eso, y el dilema ético del protagonista, que ni con serio peligro de su integridad abandona su profesión y su ética. Todo muy cinematográfico, todo muy bien pergeñado, pero con un tono, a mi gusto, algo excesivamente moralizante. Como si los malos lo fueran tanto que no dejan ni a los buenos que sean buenos. Por lo demás, la ambientación de la novela es muy buena y el estilo de McEwan no tiene nada que se pueda reprochar. Puede que una pizca de frialdad, pero son  indiscutibles su oficio y su eficacia como escritor.

Aunque le sobran unas cuantas páginas para una trama tan sucinta, Sábado es una buena novela. Elegante, visualmente muy efectiva (me sorprende que a nadie se le ocurriera adaptarla para el cine) y con un indudable toque contemporáneo que la hace muy disfrutable. Puede que el tiempo le pase factura algo más aprisa de lo normal. En el mundo de hoy en día ese perfil acomodado de sus personajes resulta algo fuera de lugar. La empatía que causa Perowne, educado y correcto en su afán de ayudar a los demás, veríamos si la causaría si su personaje fuera, no sé, un político o un ejecutivo de banca.

También de Ian McEwan en Unlibroaldía: Chesil BeachSolar, y Expiación ( en la serie Grandes villanos literarios)

lunes, 17 de junio de 2013

Guadalupe Nettel: El matrimonio de los peces rojos

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable



Hay momentos en la vida en los que tiene lugar un acontecimiento que nos cambia y que marca de forma indeleble el resto de nuestra existencia. Todo nos influye y nos afecta cuando nos encontramos en uno de esos momentos, especialmente las personas que están a nuestro alrededor. En El matrimonio de los peces rojos (último libro de relatos de la escritora mexicana Guadalupe Nettel), sin embargo, los seres que más influyen y cambian la vida de los protagonistas y cuya presencia supone un antes y un después en su rutina son los animales que viven con ellos.

Un par de peces rojos, una invasión de cucarachas, una pareja de gatos, un hongo y una serpiente son los seres que aparecen en los cinco relatos que conforman este libro y que resultan ser tan importantes para las historias que narra Nettel como los seres humanos que las protagonizan, pues, si bien en un principio su presencia puede parecer meramente anecdótica, poco a poco terminan por convertirse en el centro de atención de los personajes (porque, se den cuenta o no, se ven reflejados en ellos) y, por tanto, de la narración.

A través de estas historias, la autora aprovecha para mostrar no sólo las diferencias de comportamiento de los animales y los seres humanos ante la misma situación, sino que también ahonda en las reacciones que tenemos las personas ante situaciones (como la maternidad, los problemas de pareja, la confusión que llega con la adolescencia) que, a pesar de ser naturales y de lo más corrientes, suelen sobrepasarnos y, a menudo, hacen que tomemos decisiones irracionales e ilógicas.

Si bien el último relato resulta ser un poco flojo (quizá porque nos vemos obligados a compararlo con los cuatro primeros, de gran calidad), El matrimonio de los peces rojos es, en general, un libro muy interesante y una excelente manera de adentrarse en el universo literario de su autora. Como los buenos platos (que no llegan a saciar del todo y siempre dejan con ganas de más), esta obra nos gusta, claro, pero nos deja con las ganas de seguir leyendo y nos hace preguntarnos qué nos encontraremos en el siguiente libro de Guadalupe Nettel. No se puede pedir más.


domingo, 16 de junio de 2013

Jorge Ordaz: El fuego y las cenizas

Idioma original: español

Año de publicación: 2011

Valoración: Recomendable


Esta novela, situada en Filipinas entre 1941 y 1945, narra la ocupación japonesa a partir del bombardeo de Pearl Harbor y el juego de fuerzas que se establece entre los países con algún interés en el archipiélago: Estados Unidos, España, Alemania y Japón. La evolución de la contienda y las maniobras diplomáticas conducirán a que el poder cambie de manos más de una vez y a que el destino de los personajes sufra altibajos enormes. En ese panorama, los individuos se colocan en un balancín, cada uno luchando ferozmente por situarse arriba, sin escrúpulos ni piedad, ejercitando la crueldad más inhumana si eso les conviene. La nacionalidad –en ese multicultural mosaico formado por la mezcla de etnias diversas-, las simpatías políticas, la codicia, el ansia de poder o simplemente la obediencia al superior determinarán las conductas de unos personajes, tan peligrosos como astutos, que apuestan fuerte, a menudo con muy poco que perder. Otras veces serán los avatares de la guerra las que les coloque en la cumbre o en el barro, en este caso, su único y desesperado objetivo será la supervivencia.

Con la dosis de intriga suficiente para mantener el interés del lector, emocionante en la recreación de hechos históricos que resultarían determinantes para los destinos de un gran sector del planeta y a partir de una minuciosa documentación previa, la trama se centra en el espionaje, enfocando a esas personalidades que, desde la sombra, trabajaron, unos para evitar al triunfo japonés y, una vez producido este, para acelerar su derrota, otros, para todo lo contrario.

Jorge Ordaz se muestra muy contenido en cuanto al número de hechos narrados. En un momento en que los escritores compiten para aprovechar la sed de estímulos de los lectores –muchas veces a cota de la verosimilitud- este autor, en un contexto como el bélico que aceptaría escenas de toda clase, se muestra tan sobrio como en su prosa. A lo largo del libro y en todos los aspectos, se adivina un espíritu lacónico y austero, un propósito de no exagerar, de no llevar absolutamente nada a su límite. Algunas escenas intrigantes o emocionantes se despachan con solo un par de frases.

Los personajes son casi un mero pretexto para el desarrollo de la acción. Destacaré a la malograda Graciella, a su amiga Gloria Casilig, que le venga tomando el relevo de sus pesquisas, a Matsu, el taxidermista, proteico hasta lo inverosímil, a Rummy, Kate y su frustrado idilio, al alemán Hauptman que se esfuma cuando las cosas se ponen feas y regresa con una identidad distinta y, por encima de todos ellos, a Ximénez de Gardoqui, el falangista español confabulado con alemanes y japoneses, cuya misión es conspirativa y el objetivo arrebatar el poder de manos americanas para conseguir el dominio de aquellos en el archipiélago y, consiguientemente, recuperar la influencia del gobierno franquista. Según avanza la acción se van concretando algunos perfiles aunque continúan siendo más funcionales que reales, lo que indica que se ha dado prioridad al aspecto histórico en detrimento del novelesco. Esto supone una opción como cualquier otra, aunque hubiese preferido un mayor equilibrio entre ambas.

Una lectura agradable e interesante aunque, en mi opinión, le faltan páginas. Personalmente agradezco que el novelista no se hay recreado en escenas truculentas, que no haya fantaseado a costa de la verosimilitud, pero lo encuentro demasiado conciso. También he echado en falta que abundase más en el asunto del espionaje ya que en realidad es el motivo central en torno al cual gira la trama, el que determina la mayor parte de los hechos que se narran y un factor tan novelesco como interesante desde el punto de vista histórico.

La poderosa maquinaria bélica lo arrasará todo convirtiendo esas prometedoras individualidades en meros supervivientes heridos en lo más profundo -es decir, en sombras de lo que fueron, como se apunta en una frase afortunada-, y a Manila en un montón de escombros. La conclusión que se extrae es que la guerra mata a muchos y solo beneficia a unos pocos, que todos los que se han visto envueltos en ella nunca más serán los de antes, ellos son los verdaderos derrotados, independientemente del bando al que pertenezcan.

sábado, 15 de junio de 2013

Kirmen Uribe: Lo que mueve el mundo

Idioma original: euskera
Título original: Mussche
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Tiene que ser difícil para un escritor ponerse delante del papel en blanco, cuando tu anterior novela ha tenido una repercusión como la que tuvo Bilbao-New York Bilbao, la primera novela de Kirmen Uribe (una repercusión, por cierto, que me parece justificada pero al mismo tiempo desmedida). Recuerdo, por ejemplo, haber leído cómo García Márquez tuvo que hacer un esfuerzo para apartarse de Cien años de soledad, pese a que los lectores esperaban precisamente más Cien años de soledad; el resultado de este esfuerzo fue El otoño del patriarca, de la que Jaime y yo ya hemos hablado muchas (demasiadas) veces.

En Lo que mueve el mundo (que sustituye al título original, Mussche) se nota en cierta medida esta necesidad de alejarse de la obra anterior, de no volver a escribir otra vez lo mismo: es, de hecho, una novela mucho más sencilla y más clásica, mucho menos "posmoderna", por usar un adjetivo que se ha aplicado habitualmente a Bilbao-New York-Bilbao. Y sin embargo, hay también evidentes continuidades entre una y otra novelas: para empezar, el narrador en esta es nuevamente el propio Kirmen Uribe, aunque ocupa un lugar mucho más discreto y menos central; el texto también es fragmentario y recorre diferentes tiempos y espacios (el Bilbao de la Guerra Civil, Bélgica antes y después de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra, Alemania...); también se recurre a la metaliteratura y a la metaficción, aunque con menor insistencia y desarrollo; y se mantienen algunas de las constantes temáticas (el viaje, el poder de la amistad, la guerra y sus consecuencias, la propia escritura) del primer libro.

Pero, como decía, en este caso los protagonistas no son ya la familia de Kirmen Uribe, sino una niña exiliada de la guerra civil, Karmentxu Cundin, y la familia que la acogió en Gante, la familia de Robert Mussche. Aunque el viaje al exilio de Karmentxu sirva inicialmente como detonante de la historia, después pasa a un segundo plano, y el centro lo ocupa el propio Mussche, su relación con el escritor Herman Thiery (que usó en sus obras el seudónimo Johan Daisne), su compromiso con la resistencia contra los nazis y su deportación a un campo de concentración en los últimos meses de la guerra.

El propio Kirmen Uribe cuenta, en las últimas páginas del texto, que escribió esta novela después de unos meses de sequía, como una especie de "exorcismo" tras la muerte de su amigo Aitzol Aramaio; fue este amigo quien le pidió que escribiese sobre un héroe, y Uribe escogió a Mussche, un hombre bueno en el buen sentido de la palabra, como diría Machado, que pagó caro el mantenerse fiel a sus principios. La novela resultante no es tan densa ni tan sorprendente como Bilbao-New York-Bilbao, pero quizás precisamente por eso gustará a un público más amplio, y dejará un buen sabor de boca a casi todos los lectores.

Una palabra final sobre la traducción de Gerardo Markuleta. Por lo que he leído de Kirmen Uribe en euskera (no esta novela, pero sí su poesía y Bilbao-New York-Bilbao), diría que utiliza un lenguaje muy llano, muy conversacional, muy accesible. Tengo la impresión de que esta traducción no ha sabido transmitir completamente esa simplicidad estilística, ya que algunas expresiones algo rebuscadas ("halló refugio", "advenimiento", "no le place"...) resultan chocantes y habrían sido fácilmente sustituibles por otras más coloquiales ("encontró refugio", "llegada", "no le gusta"). Tengo que decir, con todo, que esa impresión de extrañeza desaparece con el paso de las páginas, sea porque el lector se acostumbra, o porque efectivamente el lenguaje se hace más transparente a medida que avanza el texto.

viernes, 14 de junio de 2013

Junot Díaz: Los Boys

Idioma original: Inglés
Título original: Drown
Año de publicación: 1996
Traducción: Miguel Martínez-Lage
Valoración: muy recomendable

¿Por qué me ha costado tanto encontrar una imagen de la portada original de la primera edición de Mondadori de este libro? La de la edición que he leído, me refiero. Una portada oscura, sobria, con una foto en blanco y negro, sugerente de barrios mal iluminados, de esquinas inciertas, de suburbios, de habitaciones con desconchados en las paredes. No como la de la edición de bolsillo, colorista, post-moderna, er... "caribeña".
Curioso, también, lo concerniente a este escritor, que igual se fotografía con una camiseta Technics de militancia vinilista que con sobrios trajes y corbatas oscuros. Uno de los pocos casos que se ha escapado en ULAD de doble reseña, de su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao (con leve discrepancia en el matiz de la valoración unánimemente positiva). De origen dominicano, pero que escribe en inglés. Cuya reciente nueva colección de relatos, Así es como la pierdes acaba de ser publicada, entre aclamación. Vaya,este Junot Díaz  parece un tipo peculiar.

Los Boys, inexplicable traducción/adaptación de su título original Drown (título de uno de sus relatos, que se traduce como Ahogado, cuando no hay un relato que se llame The Boys...) define al libro con una voluntad bilingüe. ¿Leeremos historias de barrio, de maras, de restaurantes de comida de los países de origen...?  ¿de flujo migratorio, de inclusión o exclusión social, de choque de culturas? Algo hay, claro. Las historias empiezan impregnándonos de esas situaciones de integración, y nos dejan remojados como un chaparrón de verano. Quiero decir que, recordándome algo aquel par de libros de Fabián Casas, la experiencia del escritor impregna las historias, con su tono casual y su aire doméstico, de vecindario, cuestión que convierte estos relatos en una declaración orgullosa de mestizaje a todos los niveles. Si bien el tono de los relatos de Junot Díaz es más urbano y más callejero. Sin forzar el vocabulario, sin llenarlo de jerga, los personajes (casi siempre jóvenes desocupados o con trapicheos al margen de la ley) van ocupando las páginas de estos relatos.
A poco que Díaz hubiera decidido que algunos nombres y algunas relaciones (más de las ocasiones aisladas) coincidieran,  tendríamos un perfecto fresco de vida en el ghetto, pero, decisión de escritor con personalidad, los deja a casi todos huérfanos de vínculos claros conlos demás. Como esos travelling de cámara en ciertas películas, avanzamos de apartamento en apartamento y ahí están. Abandonados por sus novias u obsesionados por los vecinos. Cometiendo pequeños delitos para subsistir o viendo pasar la vida desde la actitud contemplativa del que tiene una cerveza en una mano y en la otra un porro, o el mando de la TV. Amargo far niente, pero con un extraño orgullo de los orígenes y un alto sentido de actitud vital. Los personajes de Díaz no sufren o no convierten el sufrimiento en el centro de su existencia. Van y vienen. Hablan del presente y fascinan por su naturalidad, su cercanía y su extraña y relajada existencia, la mayoría de las veces ajena al prototipo urbanita, arraigada en el suburbio, en el barrio precario, en la existencia exenta de acomodo. El relato final, Negocios, el más prolongado, simplemente una magnífica novela de emigración comprimida en apenas 40 páginas de un nivel sencillamente escandaloso. Y los demás, sin quedar atrás.
En fin; permitidme que a estas alturas abrevie un poquito...qué historias más frescas, narices.


jueves, 13 de junio de 2013

Margaret Atwood: Oryx y Crake

Idioma original: inglés
Título original: Oryx and Crake
Año de publicación: 2003
Valoración: Recomendable

Ya hemos hablado aquí alguna vez del creciente interés que la ciencia ficción (o ficción especulativa, por usar un término más amplio) está despertando en autores consagrados en otros géneros: Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro, La carretera de Cormac McCarthy, en España Lágrimas en la lluvia de Rosa Montero... Y también Margaret Atwood, que se integra en el subgénero post-apocalíptico con esta novela, Oryx y Crake, y sus secuelas (una publicada y otra en camino).

El inicio de la novela sitúa al lector en un escenario reconocible: un personaje conocido como "Hombre de las Nieves" recorre un mundo en ruinas, sucio, solitario y hambriento. Algo ha sucedido (todavía no sabemos qué) que ha provocado la práctica desaparición de la especie humana, sustituida por una nueva especie conocida como crakers, y ha reducido la civilización a ruinas y a polvo. Además, pronto descubrimos que en este mundo habitan criaturas híbridas, como los cerdones, los mofaches o los loberros (mis enhorabuenas al traductor, Juanjo Estrella, por su adaptación de estos y muchos otros neologismos que aparecen en la novela).

Luego, a través de flashbacks, asistimos a la vida del Hombre de las Nieves (nombre real: Jimmy) desde la adolescencia hasta la edad adulta, y su relación con su genial amigo Crake (nombre real: Glenn). Así, el lector se esfuerza por intentar adivinar cómo se ha podido pasar desde A -el mundo, ya decadente, en que vive y trabaja el joven Jimmy- a B -el mundo postapocalíptico en que vive Hombre de las Nieves. La respuesta solo se conocerá en los últimos capítulos, en que Hombre de las Nieves vuelve al lugar en el que se inició todo: el laboratorio conocido como Paraíso en un complejo científico-empresarial de bioingeniería. El nombre de Paraíso no es casual: muchos elementos en esta novela, como en Mecanoscrito del segundo origen de Pedrolo, tienen una clara filiación bíblica.

Margaret Atwood parece partir de un principio semejante al de John Brunner en El rebaño ciego (aunque Atwood es menos gráfica en sus descripciones): el desarrollismo científico, si no se equilibra con ecologismo y humanismo, nos va a llevar al desastre. De hecho, la sociedad que presenta Atwood inmediatamente antes de la catástrofe se caracteriza por la segregación social (los ricos en complejos protegidos, los pobres en "plebillas", suburbios inmundos y contaminados),  el cambio climático (que ha sumergido una parte importante de la costa Este de EE.UU.) y el control de grandes empresas químicas, farmacéuticas o biogenéticas dedicadas a la manipulación genética de plantas, animales e incluso humanos.

El peligro que le veo a esto es que se meta todo en un mismo saco (en una misma caja de Pandora): la investigación genética, el desarrollo de nuevos fármacos, internet (que en la novela es vehículo de pornografía infantil y violencia extrema), la globalización, el cultivo de órganos humanos en animales para transplantes, la creación de pollos sin plumas ni cabeza para que sean más fáciles de procesar, la contaminación, la hipertecnificación de la sociedad... En fin, que la prudencia y la necesaria vigilancia a los avances técnicos, sobre todo cuando están supeditados a los intereses empresariales, parece transformarse a veces en un cierto ludismo o conservadurismo generalizado. Así, el espíritu crítico de Atwood, su sátira de la sociedad contemporánea, se impone en este sentido a la creación de personajes profundos o simpáticos; sorprende en especial la parquedad y superficialidad de los personajes femeninos, Oryx incluida.

Pero al margen de estas consideraciones, Oryx y Crake es una buena novela dentro de su sub-género, con elementos de aventura, romance y thriller, aunque sin la densidad ni la capacidad sugestiva de La carretera, en mi opinión. Una lectura más entretenida que rompedora, aunque desde luego muy efectiva.

También de Margaret Atwood: Érase una vez, El asesino ciego, Doña Oráculo

miércoles, 12 de junio de 2013

Nick Hornby: Alta fidelidad


Idioma original: inglés

Título original: High Fidelity

Año de publicación : 1995

Valoración : Está bien

 

Un título con doble sentido que alude tanto a la pasión musical del protagonista como a los avatares de sus relaciones amorosas. Rob Fleming es un londinense de 35 años con un lema que ha gobernado su vida aunque quizá él no sea consciente del todo: no eliminar posibilidades, dejar todos los campos abiertos. Eso, en la práctica, significa no elegir, o hacerlo solo cuando resulta indispensable, pues toda elección –como es obvio- acarrea una renuncia o varias.
Pero lo malo de tener esa edad, cualquier edad, es que el cumpleaños está al acecho, el próximo, el otro y el otro, y que, nos pongamos como nos pongamos, no dejaremos de cumplir años nunca. Esto -que parece obvio, pero entenderlo a muchos les ha costado décadas- es lo que da sentido a esta novela que, durante un buen trecho, me pareció charlatana, superficial y obvia. Pero es que su protagonista es exactamente así, y eso la convierte en coherente. Además se muestra cobarde, acomplejado y obsesivo. Hablo de un tipo que no es precisamente  un genio, pero cuenta con dos grandes pasiones que son su mejor patrimonio: la música y su novia. Y, por más que se empeñe en mantenerse en una permanente indefinición, su personalidad está tan consolidada como la de casi todo el mundo a esa edad.
Por otra parte, permanecer abierto a todas las opciones posibles puede conducir a una gran sensación de fracaso, sobre todo si se es consciente del paso del tiempo, más aún si los que están próximos van tomando las riendas de su vida. Esa frustración profesional (sin demasiado fundamento, pues Rob es propietario de una modesta tienda de discos, más vocacional que comercial, y los conocimientos musicales que demuestra le capacitan para tomar otros rumbos), junto a sus constantes fracasos amorosos -que, como el tiempo se encargará de demostrarle no existen más que en su cabeza- acabarán por sumirle en una crisis existencial tan cargante para el lector como para él mismo. Y, a pesar de todo, Rob se hace querer, por las chicas, por los amigos, por casi todo el que le trata, hasta por los lectores cuando llegan a conocerle. En realidad, el que no se quiere del todo es él a sí mismo.
También tiene suerte, o se la ha buscado sin saberlo. Porque es buena persona, sincero, considerado y humilde y, si él no valora todo eso, habrá quien lo haga en su lugar; también porque eligió una novia lista que acaba entendiendo lo que le hace falta. Lo que les hace falta a los dos: entre otras muchas cosas, cantidades ingentes de paciencia.
De todo lo dicho se deduce, que el punto fuerte de la novela es la construcción del personaje principal. El resto: secundarios desdibujados o planos, un reflejo bastante confuso del ambiente que rodea a Fleming, reacciones que no justifica. Hornby conoce perfectamente a Franklin y lo entiende más que de sobra, por eso lo dibuja tan bien, de Laura conoce la superficie y no la entiende en absoluto, aunque de ella logra un retrato entrañable, el resto permanece difuso.
Aunque abundan los celos, dolor o inseguridad, su argumento es amable y sencillo, no muestra gran complicación de fondo ni de forma ni plantea excesivas tragedias. Eso le convierte en reflejo genuino –aunque ligero- de la sociedad de las últimas décadas. Conseguirá, además, que muchos se sientan identificados y constituye una más que digna muestra de la narrativa más comercial, tanto escrita como cinematográfica. No se puede negar que recoge una forma de vivir y pensar perfectamente reconocibles y que conduce a unas conclusiones no por obvias menos necesarias.
 Del mismo autor: 31 canciones,  Érase una vez un padre

martes, 11 de junio de 2013

David Foster Wallace: Entrevistas breves con hombres repulsivos

Idioma original: inglés
Título original: Brief interviews with hideous men
Año de publicación: 2001
Traducción: Javier Calvo
Valoración: recomendable (1)(2)

Me lo he de pensar mucho, lo de leer un libro más de David Foster Wallace. A la que empiezo, esa lectura afecta a cualquier otra que pueda plantearme en las semanas siguientes, afecta hasta al modo en el que escribo que, inconscientemente, tiende a esa incontinencia, a esa profusión incontrolable que es la escritura del fallecido escritor neoyorquino. Esto no me pasa muy a menudo, claro. Pero sé que no soy el único. ¿Si ese influjo es otra señal de admiración? Supongo que sí. Es una estela que tarda lo suyo en desaparecer. Si DFW siguiera vivo, diría que se le ama o se le odia. Pero, por puro respeto, y haciendo acopio de toda la objetividad literaria de que soy capaz, no veo motivos para que alguien pueda odiar a este escritor. Si ves que no es lo tuyo, no lo lees y ya está. Él ni se imponía ni era omnipresente ni se sometía a agotadoras campañas de promoción. Hay muchos otros escritores que pueden gustarle a la gente y mucha gente a la que puede no gustarle DFW. Ya disfrutaremos de él, como cosacos, los otros.
Que es lo que se hace, otra vez, con Entrevistas breves con hombres repulsivos. Festín a lo grande, con todos los ingredientes propios de la cadena de slow-food DFW. Discursos ramificados, prolongados, razonados, notas a pie de página en tamaño king-size, mucho texto, profusa digresión, mucha disquisición salpicada de lógica descacharrante. Reír a carcajadas, sí, claro. Alucinar con su profundidad de alcance, por supuesto. Elucubrar sobre lo que sería capaz de sacar con cualquier tema que se propusiese, cómo no.

Ejemplos:

Los cuatro fragmentos con el título del libro, que, distribuidos entre los otros, le aportan cohesión, aunque sea a base de atomizarlo: son, a su vez, compendios de micro-relatos de falsos testimonios. Algunos, perversos, otros, ingenuos.
La persona deprimida, que, visto lo sucedido, acaso podría interpretarse como una especie de botella lanzada al agua, al igual que uno que lleva un título como El suicidio como una especie de regalo.
Relatos escuetos pero geniales, como Historia radicalmente concentrada de la era postindustrial o El diablo es un hombre ocupado (título aplicado a dos relatos diferentes).
Relatos extensos, con profusión de crueldad crepuscular, como Mundo adulto I, Octeto o En su lecho de muerte, cogiéndote la mano, el padre del aclamado nuevo dramaturgo joven y alternativo pide un favor.
Aunque DFW también puede ser denso hasta el agotamiento: Rotulus Praeteritus convierte a Thomas Pynchon en un profesor de parvulario enseñando a niños a hacer sílabas con las cinco vocales. Y este libro no es una publicación póstuma encajada, objeto del completismo. Es el autor vivito y coleando consciente de que emplazaba ahí un auténtico reto para la paciencia del lector. Para la mía, al menos, en este caso.

Y es en este vaivén entre relatos asumibles con facilidad y auténticos tour de force de difícil asimilación donde encontramos la esencia de DFW como escritor: volcarse sobre el papel y dejar al lector juzgar. No hay tregua ni punto intermedio.
Obviamente, una traducción de orfebrería fina de Javier Calvo, pieza importante en que, también en castellano, la obra de Foster Wallace disfrute de una riqueza léxica y una precisión verbal que nos deja, otra vez, babeando por un prolongado espacio de tiempo. Imposible la indiferencia, en cualquier caso.

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(1) Por media aritmética (...) entre varios relatos imprescindibles y algunos otros sumamente difíciles de leer.
(2) ¿Cómo puedo reseñar dos veces a DFW y no poner notas al pie?

También de, o sobre  David Foster Wallace en UnLibroAlDía: 

lunes, 10 de junio de 2013

Robert Schneider: Hermana del sueño

Idioma original: alemán
Título original: Schlafes Bruder
Año de publicación: 1992
Valoración: recomendable


Johannes Elias Alder es un joven peculiar. Hijo ilegítimo del curra de un pequeño pueblo austríaco llamado Eschberg, desde muy niño llama la atención de sus familiares y vecinos por tener un desarrolladísimo talento musical (de hecho, dicen que puede percibir "todos los sonidos del universo" y convertirlos en música), una voz poco habitual (perfecta para entonar todo tipo de melodía, hablar con los animales e imitar la voz de cualquier otra persona) y los ojos amarillos.

Si bien se puede decir que lo que eran los olores para Jean-Baptiste Grenouille es la música para Johannes, éste no tendrá muchas oportunidades de desarrollar su talento, pues vive en un pequeño pueblo donde la ignorancia y la mezquindad se consideran una virtud y la mitad de sus habitantes tiene algún que otro problema psíquico debido a la endogamia. Sin embargo, el protagonista consigue hacerse con el puesto de organista en la pequeña iglesia de la localidad y deslumbrar con su música a todo el que acude a oír misa. Aunque, naturalmente, él sólo toca para Elsbeth, una joven del pueblo de quien está profundamente enamorado y quien sólo está dispuesta a ofrecerle una relación de amistad.

Siendo Johannes un genio incomprendido y fuera de su elemento, nadie es capaz de imaginar qué hará cuando se dé cuenta de que Elsbeth no lo quiere. Ni siquiera Peter, hermano de Elsbeth y mejor amigo del protagonista (y, además, alguien que esconde terribles secretos), puede pensar qué hará Johannes cuando descubra que no puede tener lo único que podría salvarlo de todo lo horrible que hay en Eschberg.

Éste es el argumento de Hermana del sueño, primera obra del austríaco Robert Schneider, un libro en el que, más que Johannes, Elsbeth o Peter, los verdaderos protagonistas son la muerte, el sueño, la música y el amor, pues influyen y determinan los acontecimientos de la vida de los protagonistas. Escrita con un estilo poético y al mismo accesible, esta obra presenta también abundantes llamadas al lector (como si el narrador, cual juglar, nos estuviese contando la historia en medio de la calle y quisiera llamar nuestra atención) y mucha ironía, lo cual consiguen que el interés por la misma no decaiga en ningún momento.

Una pequeña gran obra, en definitiva, que hace que nuestra curiosidad se despierte y busquemos más libros de este autor.

domingo, 9 de junio de 2013

Lesley Arfin: Querido diario

Idioma original: inglés
Título original: Dear Diary
Fecha de publicación: 2010 (en España, by Alpha Decay)
Valoración: No me ha gustado nada pero no puedo decir que sea malo

Si la culpa la tengo yo, así que tampoco voy a ir de víctima.

Vamos a ver...

En cuanto vi la portada de este libro (en la que sale una chica con aspecto adolescente-depresivo-insinuante que no es otra que la joven escritora española Luna Miguel) y leí su contraportada, supe bien a lo que iba a enfrentarme si me sumergía en su lectura. Aún así, lo rescaté de la estantería de la biblioteca desde la cual me miraban los melancólicos ojos de Luna Miguel y me lo llevé a mi casa. Y tal y como me suponía, a las pocas páginas me dije: "¿Por qué narices te has tenido que traer esto, si ya sabías lo que es y lo poco que te gusta?".

Porque lo cierto es que estoy un poco cansado de leer testimonios de niñas ricas que tuvieron adolescencias y juventudes repletas de sexo, drogas, música indie, centros de desintoxicación y sanatorios mentales, y que ya en la madurez, casi estables y curadas, se deciden a narrar sus historias por escrito, buscar una editorial más o menos potente, y ofrecer sus batallitas al público. Citaré en este punto a Susanna Kaysen (la Inocencia interrumpida de la película que le regaló un oscar a Angelina-hasta-en-la-sopa-Jolie), a Elizabeth Wurtzel (su Prozac Nation dio también para una peli), y, por supuesto, a Lesley Arfin, que es guionista de la serie Girls, lo cual no me extraña nada (Girls: una serie sobre tres chicas judías y una WASP "hijas de" y estudiadamente alternativas que parece que acaban de donar medio litro de sangre, visten como abuelas descocadas, y tienen novios tan poco agraciados como ellas).

Creo que voy dejando claro de qué va este Querido diario, ¿no? Y por si a alguien aún no le ha quedado claro, diré que el prólogo lo escribe otra musa de lo alternativo y las poses entre resacosas y tímidas patológicas: la actriz Chloe Sevigny. Amiguísima de Arfin, of course.


Así que si algún lector de este post coge el aludido libro, le sintetizo lo que se va a encontrar: una chica estadounidense de origen judío nacida y criada en la pija Long Island que, a modo de diario, cuenta sus intensas y frecuentes experiencias (desde su más tierna pubertad hasta los veintitantos) con los chicos, las amigas, las drogas, los conciertos de música molona, los deslices psiquiátricos y el sexo, mucho sexo. Una chica un poco perdida, sí, pero que sueña con ser una buena escritora y que incluso llega a trabajar haciendo estilismos únicos a base de mezclas de ropa imposibles. Incrédulos, buscad en Google fotos de Lesley Arfin y veréis...

Y ahora en serio: no es que Arfin escriba mal ni que sus aventurillas se hagan especialmente difíciles de leer (su prosa es ágil, fresca y con ciertos puntos de ironía que suavizan escenitas algo denterosas: vamos, que sí me creo que haya copiado íntegramente páginas de sus diarios), y me ha gustado la idea de entrevistarse con personas que en el pasado fueron bastante capullas con ella. Pero es la atmósfera que transmite este libro lo que me ha echado para atrás. No sé... Tanto la autora como la editorial quieren dar a entender que narra las experiencias de una chica un poco especial e incomprendida, como otras tantas, y en eso no estoy de acuerdo: el estilo de vida y las batallitas de Arfin no son tan usuales como insinúan, por lo menos, a este lado del charco, en los países en los que yo he vivido.

Pero quizás sea yo, ¿eh?, que soy un carca y un cerrado de mente al que le deprime el olor a tienda de segunda mano cara de la serie Girls tanto como le deprimía la rancia Seinfield...