viernes, 31 de mayo de 2013

Anna Starobinets: Una edad difícil

Idioma original: ruso
Título original: Переходный возраст
Fecha de publicación: 2005
(en España, en 2012, con traducción de Raquel Marqués García)
Valoración: Se deja leer

No suelo leer literatura de terror, ésa es la verdad, aunque hace bastantes años tuve mi época Poe y Lovecraft, y también me dio por los vampiros de Anne Rice. Pero gracias al cine, conozco muy bien el particular universo de horrores y obsesiones de Stephen King.

¿Que por qué digo esto? Porque la materia oscura con la que la autora que hoy reseño, la joven rusa Anna Starobinets (1978), escribe sus historias, ha sido comparada con la de King, entre otros. Y después de leer Una edad difícil, libro de cuentos con el que Starobinets recibió más comentarios positivos que negativos, puedo afirmar que, sin duda, el padre de Carrie ha influido claramente en la escritora.

El libro está compuesto por una novela corta que da título al compendio y siete relatos más. Y curiosamente, es la pieza más larga la que menos me ha gustado, si por gustar entendemos disfrutar de una obra durante su lectura y reconocer, una vez leída, que hemos degustado algo bien cocinado.

Lo que me ha sucedido con Una edad difícil es que a las pocas páginas me he imaginado cómo iba a acabar la cosa, y ello, unido a que el tema de la historia me daba bastante asco (un chaval empieza a comportarse de forma rara, a guardar comida putrefacta en su almohada  y a ser recorrido por insectos durante sus horas de sueño, lo que despierta el recelo de su hermana gemela y su asustadiza madre), ha hecho que leyera su última frase con esta sensación: "Qué asco. Y ni siquiera me ha inquietado o dado miedo, ¿tantas páginas para una fábula macabra y repugnante?".

Sin embargo, los relatos siguientes sí que me han gustado, especialmente "Las reglas", en el que un niño de esos que no pisan grietas y tienen que abrir no sé cuántas veces las puertas para poder estar tranquilos, siente que si no cumple estas normas dictadas por seres invisibles algo muy malo puede ocurrir, y "La agencia", que trata sobre una empresa dedicada a matar gente provocando accidentes y su nuevo y peculiar empleado...

También encontramos en estas páginas una historia con seres artificiales que me ha recordado mucho a un episodio de la segunda temporada de la virtuosa serie inglesa Black Mirror; un hombre que se despierta formando parte de una familia que no reconoce; un tipo al que se le para el corazón y sigue vivito y coleando, o cierta sopa pasada que parece encerrar algún tipo de vida...

En fin, un poco de Poe y Lovecraft, una pizca de Kafka quizás, pero sobre todo y ante todo, el King más viscoso. Eso sí, no he visto por ninguna parte a Dostoievski, con el que Starobinets ha sido vagamente comparada.

jueves, 30 de mayo de 2013

Louise Erdrich: Plaga de palomas

Idioma original: inglés
Título original: The Plague of Doves
Año de publicación: 2008
Traducción: Susana De la Higuera Glynn-Jones
Valoración: imprescindible

Ya quedan pocos escenarios en este planeta donde la literatura no nos haya acompañado de una u otra manera. Louise Erdrich está empeñada en llevarnos a uno que ha sido más popularizado en cine que en libros: la vida en las comunidades indias norteamericanas. Razas que se extinguen e idiomas que se pierden, raíces de la escritora que no está dispuesta a perder y en las que, todo parece indicar, obtiene enorme éxito: último National Book Award, (premio obtenido, entre otros, por Jonathan Franzen). 
Plaga de palomas, el libro anterior a La casa redonda, novela que recibió el premio y que ha sido recientemente publicada, y es una novela extraordinaria. Dudo que nadie pueda resistirse a leerla tras su soberbia primera página, un conciso capítulo titulado "Un solo de violín" que, si la autora acaba alcanzando el reconocimiento que, ayudada por este premio, merece, debería acabar figurando entre los mejores inicios de novela de los últimos tiempos.
Pero no estoy aquí para dinamitar la sorpresa. Ni desde luego para sugerir, ni de lejos, que el resto del libro desmerezca esas esplendorosas líneas iniciales. La prestigiosa crítica del NYT Michiko Kakutani menciona en la contratapa a García Márquez y a Faulkner. Yo añadiría a Mc Carthy, por lo crudo de ciertos pasajes, y esa sensación polvorienta y sucia que gravita sobre la trama. No es este un libro para zamparse en dos días: la prosa de Erdrich es elaborada y rica, y no tiene un solo elemento de desecho. Su lectura no es sencilla ni admite precipitación. Habrá quien lo considere un defecto, pero no es nada aconsejable leer este libro a toda velocidad. De eso el lector tarda poco en darse cuenta, de que volar sobre las frases y sobre los párrafos, como yendo directo al nudo de la acción, es hacerle un enorme desprecio a la novela. Se trata de, a través de esa narración a varias voces que parece ser un prolongado cuento de acampada, comprender el funcionamiento a lo largo de las generaciones de una comunidad reducida en su entorno y, lo que es peor, consciente de que esa reducción es síntoma de una decadencia definitiva e irreversible.
Erdrich tiene antepasados en esas comunidades indias que describe en su obra. Parte de los beneficios de sus libros son destinados a la lucha por la supervivencia, como mínimo, de los idiomas nativos. Al margen de ese encomiable propósito, su glorioso caudal narrativo al servicio de esta fascinante historia coral merece toda la atención de cualquiera mínimamente interesado por la literatura. Plaga de palomas es una historia universal de odio secular que se explica, se ramifica y se despliega en un fabuloso caudal de imágenes y situaciones. La mención a Mc Carthy no es nada gratuita, pero queda hasta corta. Impresionante, magnífica novela, perfecta en el fondo y en la forma, perfecta en el desarrollo de la historia y en su ubicación espacio-temporal. Para variar, ignorada por el gran público. Así nos va.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Bohumil Hrabal: La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo

Idioma original: checo
Título original: Městečko, kde se zastavil čas
Año de publicación: 1978 
Traducción:  Monika Zgustova
Valoración: recomendable


Los que hayan leído algún libro de Bohumil Hrabal sabrán que es un experto en narrar historias cotidianas, íntimas, que en un principio parecen no ser nada del otro mundo, pero que al final resultan siempre ser algo especial, quizá por lo mucho que consigue empatizar con el lector.

La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo es una de esas historias. O, mejor dicho, es una de esas novelas corales en las que el autor utiliza la trama principal para contarnos un sinfín de historias y presentarnos a un gran número de personajes que terminan por ser tan imprescindibles como el protagonista alrededor del cual gira todo el argumento.

En La pequeña ciudad..., el narrador es un niño que nos habla de una pequeña urbe checa (checoslovaca, en realidad) en la que las vidas de sus habitantes giran alrededor de una fábrica de cerveza (su padre es gerente en dicha fábrica y su tío Pepin un empleado de la misma) y de los cambios políticos que se producen en el país. Aunque el protagonista nos cuenta qué ocurre en esta ciudad cuando llegan los nazis y, posteriormente, cuando son "rescatados" por los comunistas, ésta no es una novela en la que se dé demasiada importancia a los acontecimientos históricos. Están presentes, claro, pero son tratados como un simple decorado, dejando que se desarrolle libremente lo verdaderamente importante en este libro: la vida de la gente que rodea al narrador.

Sus padres, su tío Pepin (que se merece un libro para él solo), el cura (más preocupado por las jóvenes casaderas que por su fe), su abuelo (y sus ataques de ira)... Hrabal nos presenta, con una verosímil voz infantil, las visicitudes de una familia cuya única preocupación es salir adelante e intentar ser felices, sin dejarse hundir por las desgracias que ocurren a su alrededor.

Para ello, además de utilizar su estilo narrativo habitual (salpicando la trama de comentarios adicionales), el autor construye una obra en la que abundan los momentos tragicómicos, en los que el lector no sabe muy bien si echarse a reír o a llorar, y que le dejan, una vez pasada la última página, con un gran poso de melancolía.



También de Bohumil Hrabal: Una soledad demasiado ruidosaYo que he servido al rey de InglaterraAnuncio una casa donde ya no quiero vivirLas desventuras del viejo Werther Bodas en casa.

martes, 28 de mayo de 2013

China Miéville: La ciudad y la ciudad

Idioma original: inglés
Título original: The City and The City
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable

La ciudad y la ciudad, de China Miéville (que por cierto es un hombre, y por cierto realmente se llama China) es una novela difícil de clasificar: en inglés se habla de slipstream o weird fiction para hablar de este tipo de obras que mezclan el género fantástico, el de terror o la ciencia ficción (y en este caso, también la novela policiaca). En realidad, podría decirse que lo que caracteriza a esta obra es la creación de un mundo alternativa, con algunas reglas diferentes aunque muy próximo a este mundo real nuestro en casi todo lo demás.

La novela empieza como tantos procedural policiacos: se ha descubierto el cadáver de una chica joven en los suburbios de la ciudad de Besźel, en el Este de Europa y el detective Tyador Borlú es el encargado de encontrar al asesino. Pero pronto, desde el primer capítulo prácticamente, se proporcionan pistas al lector que indican que Besźel no es una ciudad cualquiera: en realidad, es una ciudad unida a otra, Ul Qoma, con la particularidad de que ambas ocupan espacios geográficos no solo contiguos sino en muchos casos coincidentes o entrelazados. Los habitantes de Besźel tienen prohibido ver los edificios y a las personas de Ul Qoma, y viceversa, aun cuando topordinariamente estén a centímetros de distancia.

En realidad, eso es lo que más interesa y lo que más atrapa de la novela, mucho más que la trama policiaca en sí: ese trasfondo de política ficción, en que un mismo espacio es compartido (o mejor, repartido) entre dos entidades políticas, con una omnipresente e omnipotente entidad (la Brecha) encargada de controlar que nadie cruce, ni siquiera con la mirada o el pensamiento, de un lado de la frontera al otro. Ese mundo irreal, pero que habla a las claras de muchos otros lugares perfectamente reales (Jerusalén, Belfast, Berlín...) es sin duda el personaje más interesante del libro.

Parece ser, por lo que he leído, que China Miéville escribió esta novela como un regalo para su madre, amante de las novelas policiacas, cuando ella estaba enferma en fase terminal. Que el resto de su obra es más propiamente fantástica, y todavía más weird. Habrá que seguir leyéndole, por lo tanto.

lunes, 27 de mayo de 2013

Colaboración: Los emigrados de Sławomir Mrożek


Idioma original: polaco.
Título original: Emigranci.
Año de publicación: 1975
Valoración: muy recomendable.


Aunque Slawomir Mrozek es conocido en España principalmente como autor de relatos breves, en Polonia (y el resto del mundo) su faceta teatral es la más característica. Junto con Tango (1965), Los emigrados es una de sus obras más famosas y representadas. Fue en México, país que acogió a Mrozek, donde se editó por primera vez en español, en 2009, por la compañía TeatroSinParedes, que la había puesto en escena un año antes.

Como el título de esta breve obra indica, el tema principal es la emigración, en este caso tratada desde una óptica que puede enmarcarse dentro del llamado “teatro del absurdo”. Como en Esperando a Godot, la acción queda casi reducida al mínimo: una Nochevieja en un lóbrego sótano con solamente dos personajes, AA y XX. Ambos son emigrantes con graves problemas para integrarse, aunque no sabemos ni en qué país viven ni de dónde provienen. Sin embargo, sus similitudes acaban aquí: AA es un intelectual y emigrante político, mientras que XX es un obrero y emigrante económico.

Esta pareja es evidentemente cómica (tónica dominante en la producción de Mrozek): el listo pone constantemente en evidencia al tonto, pero la grotesca estupidez de este también consigue que el primero dude de su inteligencia. Su conversación muestra una realidad amarga pero presentada a través de un prisma humorístico, que sin duda hará soltar alguna que otra carcajada al lector o espectador. Como en La fiesta de cumpleaños de Harold Pinter, otro clásico del teatro del absurdo, Mrozek critica ácidamente la sociedad en que vivimos. En este caso, critica el rechazo del otro, es decir, el rechazo del inmigrante. Pero su crítica va más allá y penetra en el círculo de los mismos emigrantes, divididos igualmente según clases sociales.

La voluntad universalizadora de la obra es más que evidente, y hubiera quedado aún más patente si se hubiera traducido como Emigrados, sin el artículo (el título en polaco permite ambas traducciones). No es el único fallo de esta edición, traducida por David Psalmon y Edyta Rzewuska, que empaña un poco una magnífica obra: desde un prólogo bastante superficial (por Lech Hellwig-Górzyński), e incomprensiblemente repetido dos veces, hasta errores ortográficos y gramaticales en el mismo texto. En YouTube se puede disfrutar de fragmentos de la puesta en escena de TeatroSinParedes, pero el libro es de difícil acceso: sólo se imprimieron 500 ejemplares. Aunque también fue representada en Gijón en 2003, es una lástima que esta gran pieza no haya recibido más y mejor atención en los territorios de habla hispana, sobre todo en tiempos tan emigrantes como los que ahora vivimos.


También de Sławomir Mrożek: El elefante, La mosca

domingo, 26 de mayo de 2013

Luna Miguel: La tumba del marinero

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Hace unos meses presentábamos el poemario Pensamientos estériles de Luna Miguel y ahora le ha tocado el turno al último poemario que acaba de publicar de la mano de La Bella Varsovia, editorial que vuelve a apostar por ella, después de ofrecer una oportunidad a su primer poemario Estar enfermo (La Bella Varsovia, 2010) o a Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011), antología poética coordinada por la poeta.

En La tumba del marinero encontramos un conjunto de poemas más extenso que los anteriores que presenta una mayor densidad y reflexión en comparación a obras anteriores. Se trata de Un dia­rio de aven­tu­ras donde anoto mis des­cu­bri­mien­tos, mis obse­sio­nes, mis rece­tas, mis opiniones, tal y como señala la autora en una entrevista concedida a la revista Koult.

Es cierto que muchos de los temas propios de su poesía se repiten (literatura, amor, sexo, referencias a la muerte, la presencia de la enfermedad, la juventud perdida o a punto de, las drogas), pero ahora se trabajan desde otra perspectiva, se ahonda más y aparecen temas nuevos o, al menos, un nuevo tratamiento de los antiguos. Está por un lado el extrañamiento ante el cuerpo de la persona amada, como en el caso de la voz poética que se interroga en el caso del poema "Historias de la vida en común": A mi lado un cuerpo dormido. Un cuerpo dormido que no responde al beso. Que no responde a la caricia. Que agita la mano disgustado si poso el labio en su mejilla. A mi lado el subconsciente. A mi lado la ficción soñándose a sí misma. En qué mundo estará. En qué mundo habita ahora el hombre que me ama. ¿Es el hombre que me ama esto que respira?


Están también la presencia de la muerte, de la enfermedad (el cáncer, la cicatriz, la diabetes), pero en este caso, estos conceptos ya no se perciben como un juego, reto, desafío o incluso provocación, sino que se aprecia una experiencia directa, un proceso de aceptación que lleva a Luna Miguel a mirar de frente, directamente, y a poetizar esta experiencia. La muerte no puede ser experimentada ni por los vivos ni por los muertos pero sí por los enfermos, dice, y acto seguido, se arranca la piel de cuajo y sus dedos sangran, tal y como lo hace su poesía. Decir enfermedad es decir locura, continúa, y sustituye los tatuajes que aparecían en Pensamientos estériles por cicatrices: Pacté con mi madre un tatuaje en el cuello./ Las dos compartiríamos marca,/ las dos/ el sello de tinta que nos une./ Sin embargo, ahora/ una cicatriz en el lugar íntimo/ separa nuestras nucas para siempre., explica en "Sailor's Grave", poema que da título a esta colección de textos.

Si interpretamos la cicatriz como símbolo de madurez, estaríamos también ante la muerte simbólica de la joven que entra en la edad adulta, teme, siente celos, se independiza, se muda, vive y dibuja su árbol genealógico de las cicatrices (abuelo, abuela, madre, padre, amante). Pero es consciente de que, para ella, estas cicatrices acaban de empezar: Mi vida no tiene cicatrices. Solo manchas,/ aceite, tiempo quemado:/ un rasguño.

En alguna ocasión, el poemario cae de nuevo en el verso efectista y la repetición de la que ya hablábamos al reseñar Pensamientos estériles, y, aunque en el caso de algunos poemas sus versos no lleven a más, sean demasiado evidentes (nos referimos por ejemplo a "Coma diabético": Tú me diste una boca./ Mi madre me dio este páncreas./ La Ciencia me dio insulina./ Dios no me dio nada/ salvo miedo/ en un puñado de azúcar) o se queden simplemente en el poema idea ("Convivencia": Tejo contigo/ el terror a la disputa), en la mayoría de sus textos supera la simplicidad del puro efecto y ofrece un poema que no nos deja indiferentes ("Quimioterapia": El miedo solo afecta a la piel de los párpados./ Si los corto: no siento./ De qué sirve mirar si nos separan.).

De todas formas, es en sus poemas en prosa donde la poeta profundiza y elabora los mejores poemas. Es ahí donde reside su fuerza y donde arrastra. Donde investiga, desarrolla, rompe y se atreve. Y, lo más importante, donde nos apetece seguir leyendo y aguardando su próximo poemario. Así como Luna lleva la imagen de un ancla tatuada en su piel, su prosa poética lleva tatuada en sus páginas el trazo de la buena poesía, aunque todavía queden algunos poemas por pulir. Afortunadamente, es evidente que la autora conoce el mapa de navegación y el viaje promete.
  

sábado, 25 de mayo de 2013

Santiago Lorenzo: Los huerfanitos

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Pasa algo difícil de explicar con los libros que publica Blackie Books. Seguramente tenga que ver con lo cuidado de sus ediciones, y resultaría un poco injusto decir que ello predispone al lector. Pero es algo inevitable: cuando se ve la portada de Los huerfanitos y, algo sugestionado por el título, ya tenemos claro que vamos a encontrarnos con una especie de sátira costumbrista. Entiendo que el comentario pueda revestir cierta frivolidad, pero queda claro que no vamos a tratar con un texto profundo y trascendental. No diré que esa portada sea un obstáculo. Tampoco lo es el perfil del autor incluido, tan meticuloso y detallado que parece un currículum vitae redactado con un cierto sentido de la sorna.
Adentrados en sus páginas (las de una historia de tres hermanos bautizados por su difunto padre con nombres tan grotescos que no son salvados ni con diminutivos, que se encuentran de la noche a la mañana propietarios - es un decir - de un teatro), nos damos cuenta de que sí, de que ésta es una comedia con detalles de negrura, con pretextos para filtrar la realidad (local y global) que convive con la novela, y que el autor no se va a limitar a provocar la risa. Buh. Más sustancia de la que parece es la que nos trae Los huerfanitos. Sin referentes claros en el panorama actual, resulta que Lorenzo (procedente de mil y una experiencias extra-literarias) no solo gasta un lenguaje rico, adornado y siempre voluntariamente anacrónico, sino que no da puntada sin hilo. Este es un detalle que trasluce progresivamente: el autor aprovecha para arremeter contra el orden establecido y advertirnos, sibilin,o de que, aunque el tono sea satírico, casi de sainete, no va a dejar títere con cabeza, a poco que pueda. No se trata de trazar una trayectoria ascendente de homenaje al teatro, sino de retratar las miserias de la sociedad que lo ha condenado a ser un espectáculo cada vez más minoritario.
Puede que la parte central, esa sucesión de episodios que relatan las etapas en el progreso del montaje de La vida, esa obra que tiene que salvar de la bancarrota a los hermanos, resulte algo lenta y prolongada. Pero el autor no pierde la cara al sentido de la obra: ecos de fábula moderna y una nada velada crítica social, constante sentido del ritmo, casi episódico, y un final agridulce, eludiendo moralinas sin sentido.

Blackie Books corteja reiteradamente esa grandísima obra, la que empuja hacia adelante una editorial  de pequeño volumen, y esta divertida novela es otra firme candidata.

viernes, 24 de mayo de 2013

Jimmy Liao: La vida es así o asá

Idioma original: chino
Título original: Ting Jimi Changge
Año de publicación: 2004
Valoración: muy recomendable


Tengo una debilidad (bueno, tengo muchas, pero hoy voy a comentar sólo una de ellas): me encantan los libros infantiles. Adoro los que leía cuando era una cría y me declaro absolutamente fan de los que se publican hoy en día, mucho más arriesgados e interesantes en lo que a la técnica se refiere. 

El problema de estos libros es que suelen ser bastante caros y, como mi economía no es como para tirar cohetes (de hecho, no es ni como para encender una cerilla), me tengo que conformar con hojearlos en las librerías y desear ser millonaria para poder comprarlos sin tener remordimientos.

Gracias a las librerías de segunda mano ha llegado a mis manos La vida es así o asá, una colección de poemas dirigidos al público infantil que me ha hecho disfrutar como si tuviera treinta años menos (que se dice pronto, ay). Cuarenta y un poemas con sus correspondientes ilustraciones, que nos hablan de un gato que está enamorado de un pájaro y le escribe una carta a su dueño, de un girasol que en realidad se mueve siguiendo la luna, de un hombre que pierde su cabeza, de lo que necesita una persona para convertirse en ave, de cómo se puede aprovechar una inundación para comer manzanas...

En este pequeño librito Jimmy Liao nos ofrece, así, unos poemas que desbordan imaginación y magia, y cuyas ilustraciones encajan a la perfección con lo que el texto expresa y con el carácter divertido de la obra. Es una pequeña joya dirigida a los niños, sí, pero apta también para el disfrute de cualquier adulto (yo, os lo aseguro, la he disfrutado muchísimo).

jueves, 23 de mayo de 2013

Chris Bachelder: A propósito de Abbott

Idioma original: inglés
Título original: Abbott Awaits
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable

Últimamente, estoy en racha: después de la gran sequía de "está bien" y "recomendable" de 2012, la primavera de 2013 me ha regalado unos cuantos "Muy recomendables" e "Imprescindibles" (Delirio, Historia secreta de Costaguana, El año de la muerte de Ricardo Reis...) que me están reconciliando con el mundo, con la literatura y conmigo mismo como lector y como reseñista.

La última de estas lecturas disfrutadas a conciencia es este A propósito de Abbott, título algo deslucido en comparación con el original Abbott espera, que sutilmente apunta a uno de los temas del libro. Porque, efectivamente, Abbott espera... que nazca su segundo hijo, hecho "milagroso" (a pesar de lo estadísticamente común que es que a las personas les nazcan hijos) que sucede al final de la novela-conjunto-de-relatos. Y mientras espera, Abbott hace muchas otras cosas: juega con su primera hija; se atreve con pequeñas chapuzas y tareas domésticas; navega por internet; se agobia, se autocompadece, se emociona; discute con su mujer, la conforta, la malinterpreta...

Bachelder ha conseguido reunir en esta obra varios aciertos importantes. Uno de ellos es, sin duda, el personaje principal, el joven profesor universitario Abbott (nombre desconocido) que es lo suficientemente ridículo como para ser divertido, pero también lo suficientemente digno como para que nos identifiquemos con él. Porque Abbott, o mejor dicho, Bachelder a través de Abbott, transmite con sinceridad la sensación de desamparo, éxtasis y agotamiento (las tres cosas sucesiva o simultáneamente) producida por la paternidad. Así se comprende una de esas contradicciones que pueblan el libro:

"Las dos proposiciones siguientes son ciertas: (a) Si tuviera la ocasión, Abbott no cambiaría ni uno de los elementos fundamentales de su vida, pero (b) Abbott no soporta su vida"

A propósito de Abbott es un libro hecho de pequeñas anécdotas, transformadas en belleza mediante un estilo por momentos delicado, irónico o poético (muy bien traducido, por cierto, por Ismael Arrache). Los relatos, a veces tan cortos que solo ocupan un párrafo (y esos son mis favoritos, personalmente) dejan siempre una sonrisa en la boca: que esa sonrisa sea unas veces compasiva, otras divertida y otras melancólica es sin duda otro de los méritos y de los valores del libro. Y otro más, el que al terminarlo entren ganas de volverlo a empezar.

Nota final: Manténgase lejos del alcance de padres primerizos o que estén pensando en serlo.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Sabine Dardenne: Yo tenía doce años, cogí mi bici y me fui al colegio...

Título original: J'avais 12 ans, j'ai pris mon vélo et je suis partie à l'école

Idioma original: francés
Fecha de publicación: 2005
Valoración: Está bien

Hace ya un par de meses que terminé este libro escrito por Sabine Dardenne, una de las dos chicas belgas supervivientes del espeluznante caso Dutroux, y ahora que por fin lo reseño, resulta que en el panorama informativo internacional tenemos un nuevo monstruo con ínfulas de Barba Azul. Esta vez, made in América. Aunque, qué demonios, dejemos de llamar monstruos a estos insectos, que “monstruo” es, en mi opinión, una palabra que lleva aparejada cierta grandiosidad. En fin: capacidad de horrorizar, sí, pero a lo grande. Y estos tipejos trastornados y repugnantes que secuestran crías para su uso y disfrute no merecen tamaña designación.

Reflexiones sobre monstruos y lumiagos aparte, hablemos de Sabine Dardenne y de su libro, en el que la ya veinteañera narra con una mezcla increíble de frescura, estoicismo, ironía, sarcasmo, cinismo, sensatez y lucidez cómo con 12 años fue secuestrada por el pederasta-violador-asesino Marc Dutroux y su cómplice mientras iba, como cada mañana, en bici al colegio; cómo sobrevivió durante 80 días en el zulo en el que el bichejo la tuvo retenida, y cómo logró retomar su vida tras semejante temporada en el Infierno.

El Dutroux es una de esas joyitas psicopáticas que nacen así porque sí. El mayor de 5 hijos de una pareja de profesores “progres” que se trasladaron con su prole al Congo Belga para vivir allí un tiempo, no puede culpar a su entorno de generarle sus apestosas inclinaciones. Sencillamente, el tipo salió tal que así: gigoló adolescente, ladrón de coches, traficante de drogas, agresor y violador. Además de padre de 5 hijos y esposo por partida doble.

En fin, que el tipo apenas utilizó su FP de electricidad, y cuando en 1992 le sacaron de la cárcel por buen comportamiento tras 3 encerrado (estaba condenado a 13 por violar a 5 niñas), el gobierno de su civilizado país le consideró “discapacitado” y le concedió una pensión de por vida y toda clase de drogas para que estuviera calmado, contento y feliz (alijo personal que le serviría para secuestrar y mantener sedadas a sus víctimas).

O sea, que estas cosas no sólo pasan en España…

Y antes de secuestrar a Sabine, el pensionista social había hecho lo mismo con 2 niñas de menos de 10 años a las que su esposa (Michelle Martin, una pájara cuasi-subnormal que actualmente vive en un convento) dejó morir de hambre, y con 2 jovencitas a las que mató enterrándolas con vida en el jardín. Ah, y que también había asesinado a un socio suyo…

Con estos antecedentes, es de suponer qué clase de cautiverio tuvo que soportar Sabine en la mazmorra de Dutroux, al que describe como tonto, cerdo (en todos los sentidos), narcisista y vanidoso pese a su poco cuidado aspecto físico, tacaño, pervertido y, por supuesto, incapaz de cualquier sentimiento noble. Un auténtico engendro que engañó a Sabine diciéndole que él la protegía de unos mafiosos que querían hacerle daño por algún asunto con sus padres. Y la niña le creyó aunque los abusos y maltratos a los que su captor la sometía le hacían desear volver a casa o tener, al menos, una “compañera” de martirio.

Este último anhelo se lo hizo saber a Dutroux y, sorprendentemente, éste hizo caso a la niña: secuestró a la joven Laetitia Delhez para que Sabine tuviera una amiga. Y, por supuesto, Laetitia sufrió la misma suerte que ella, algo que hizo que Sabine lo pasara francamente mal ya que se sentía responsable del calvario de la chica. Pero, por otro lado, fue en el rapto de Laetitia cuando aparecieron ciertos testigos que ayudarían a localizar a Dutroux y a sus víctimas. Las niñas serían rescatadas unos cuantos días después del secuestro de Laetitia; su martirizador y sus cómplices, detenidos, y comenzaría el mayor y más duro y complicado circo-juicio de la historia de Bélgica, en el que no faltaron ridículas teorías conspiranoicas que quedan totalmente desmentidas en este libro.

Durante este proceso quedó claro que Sabine Dardenne había tomado la tozuda decisión de no permitir que lo que le había sucedido transformara su porvenir en un calvario. La chica así lo expresa y demuestra
 en este libro sincero, sencillo y en el que las escenas morbosas se resuelven con destreza: insinuando y no regodeándose en detalles sórdidos.

Los periódicos de medio mundo recogieron la entereza y superioridad con la que Sabine, una vez liberada y consciente de todo, trató y se refirió a un entonces cobarde y empequeñecido Dutroux. Y dicen que en una ocasión, entrando en los Juzgados, la Bella logró humillar y hacer bajar la cabeza a la Bestia con tan sólo una breve y fría mirada que concentraba todo el poder, la serenidad y la superioridad del mundo: el triunfo de Sabine frente al Mal más ponzoñoso, bajo, apestoso y chusco inimaginable.

martes, 21 de mayo de 2013

Ramón del Valle Inclán: Tirano Banderas

Idioma original: español
Año de publicación: 1926
Valoración: Imprescindible


Ha pasado mucho tiempo desde que leí por primera vez Tirano Banderas y no me quedaba más que una impresión muy vaga de ambiente, lenguaje y asunto. Se haya leído o no la novela, todo el mundo sabe que narra la caída del dictador Santos Banderas, un personaje que no encarna una figura histórica concreta pero es compendio de la de muchos dictadores latinoamericanos que prosperaron gracias al apoyo de Estados Unidos. La novela retrata su despotismo, su manejo del terror, la multiplicación durante su mandato de delaciones y espionaje, así como la existencia de una represión generalizada y el mantenimiento de una corte incondicional que responde sin rechistar a sus caprichos y órdenes.
Después de un tercer viaje a Méjico, Valle empieza a escribir su novela americana, “la novela de un tirano con rasgos del doctor Francia, de Rosas, de Melgarejo, de López y de don Porfirio”. En un principio, a partir de 1925, aparece en forma de entrega para distintas publicaciones como era su costumbre, más tarde en forma de libro cuya primera edición publica por su cuenta.

La intención, claramente satírica, se logra a partir de su ya mítico recurso de fabricación propia, el esperpento (deformación de la realidad, destacando lo grotesco para afilar la crítica). A Banderas se le caricaturiza repetidamente como rata fisgona y el Licenciado Veguillas salta como una rana aduladora. Podemos encontrar decenas de ejemplos con solo leer una página. El tirano animaliza a sus vasallos y Valle Inclán, a su vez, le animaliza a él. Destaca además la prodigiosa utilización del lenguaje latinoamericano, del que realiza una inteligente mixtura superponiendo al castellano multitud de voces de uso común en la mayor parte del subcontinente, con alguna invención de cosecha propia y la repetición del diminutivo, dando como resultado un conjunto de lo más convincente. Un efecto así no podía haberlo conseguido más que un oriundo de esas tierras o el propio Valle que, sin embargo, incluye aquí todos los rasgos de su escritura, su inteligente manejo de las situaciones, ese modernismo que defendió con brillantez, esa amargura y sentido crítico de la política española de entonces.
Del tirano, hasta el nombre de pila, Santos, es irónico. Pero el autor tampoco tiene piedad con el resto del reparto. Destacaré, al Doctor Polaco, un mago que ejerce en la casa de lenocinio y que, junto a la señorita médium (también Lupita la Romántica, prostituta que parece leer el pensamiento) protagoniza una de las escenas más divertidas de la novela, o el honrado gachupín Quintín Pereda (nótese la ironía en el adjetivo), o Merlín, el perro faldero del ministro que subraya sarcásticamente sus rasgos más ridículos, o Cucarachita, la madame del prostíbulo, o doña Lupita, que se ocupa del servicio de cantina durante los esparcimientos del dictador y sus secuaces.

Pocos se salvan de la quema efectuada por Valle Inclán, solo unos pocos insurgentes en los que recae, a golpe de heroísmo, revertir el actual estado de cosas. Países, clases sociales, profesiones son vapuleados sin piedad. En particular los gachupines (españoles) de los que se destaca su ambición y prepotencia. Como el citado ministro de España y barón de Benicarlés o el próspero don Celes, avaro hasta el delirio, sin otro interés que la adulación y la riqueza, que sirve de correveidile entre este y Santos Banderas o el prestamista Quintín Pereda, que con su enorme ruindad contribuye indirectamente a poner en marcha la acción. También son atacados los criollos y sus privilegios. En cambio, vemos al doctor Sánchez Ocaña pronunciando un alambicado discurso que enardece a las masas acelerando el comienzo de la revolución latente.
Es patente el desprecio que siente Banderas por el indio, al que considera incapaz de trabajar e indigno de cualquier consideración. Y, sin embargo, él es uno de ellos, no un gachupín imperialista, no un privilegiado criollo: su sangre es indígena cien por cien. Con ello, se multiplica exponencialmente la impresión que produce su actitud.

La obra es corta pero densa. Valle hace gala de economía de recursos concentrándose en unos cuantos rasgos significativos, inteligentemente elegidos, muy elocuentes, presentados con vigor y repartidos en una serie de escenas. A partir de ellas, el lector puede hacerse cargo de la situación sin que se le abrume con un exceso de datos. Por eso es fácilmente adaptable a la escena, dónde se ha llevado a menudo. Existe también una película, dirigida por José Luis García Sánchez en 1993.
Obras herederas de esta son, entre otras, El otoño del patriarca” de Gabriel García Márquez, “La Fiesta del Chivo” de Mario Vargas Llosa y “Yo, El Supremo” de Augusto Roa Bastos.

lunes, 20 de mayo de 2013

Thomas Pynchon: La subasta del lote 49

Idioma original: inglés
Título original: The crying of lot 49
Año de publicación: 1965
Traducción: Antonio-Prometeo Moya
Valoración: intragable

Veamos. Si elijo una novela corta, de un autor de culto, es con buenas intenciones. Comprobar si su estilo me atrae hacia algunas de sus grandes obras. En el caso de Pynchon, a ese El arco iris de gravedad que parece ser, unánimemente, una de las obras magnas de la narrativa norteamericana del siglo XX. O sea, señor juez, mi intención era la mejor.
Qué culpa tengo, entonces, si La subasta del lote 49 quizás no sea una obra representativa del talento de Pynchon. Al que también, por cierto, acudo como consecuencia de la rendida admiración que por él sentía David Foster Wallace. 
No me hagáis justificarme más entonces, vamos.
Porque lo de Pynchon en esta novela no sé ni cómo abordarlo. Pero ya le puse un "no sé" a un libro hace unos días y ha habido alguna que otra etiqueta no homologada. Así que intragable. Lo cual define a esta novela.

Primero, por el engaño en la estructura: el libro empieza con, por lo menos, un pie en una cierta concreción y en una trama físicamente comprensible. Hasta el capítulo dos, aunque los desvaríos ahí ya empiezan a arreciar, quien lee es capaz de mantener un cierto seguimiento más o menos difícil. Claro que se vislumbra un crescendo, pero, digamos, el globo aún mantiene un vínculo con la superficie. Pero  es que son seis capítulos. Y en cada uno la maraña crece exponencialmente. 
Segundo, por las trampas cultas, o cultistas, intercaladas. Que aportan una desagradable sensación (unidas a mi pre-concepción particular de que cualquier Pynchon tenía que ser bueno) de que el libro no te gusta porque no eres capaz de entenderlo. Que te pierdes algo por carecer de referencias o de background cultural o lo que sea. La incrustación de una obra entera de teatro de corte clásico en, creo, el tercer capítulo, no hace más que agravar esa impresión, la de que ese es un nudo importante y que había que fijarse. Otras: las clásicas menciones a la Alemania nazi, a Freud, a ex-presidentes y otros iconos del imaginario USA.
Tercero, porque no me he enterado de nada. Así de sencillo. Lo del sexto capítulo, en el que, pobre de mí, albergaba la esperanza de encontrar alguna clave que desvelase ya no todo, sino alguna cosa. Madre mía, leído, para hacerlo despejado, a las ocho de la mañana de un día claro y fresco después de haber dormido profundamente. Imposible, sacar otra cosa que palabrería desmadejada y alucinada, acoplamientos inverosímiles de sustantivos y adjetivos, hastiado (que ya cuesta hastiarme) de ese marasmo de conceptos que no tienen explicación alguna ni apelando a lo onírico ni a lo lisérgico ni a ambas cosas a la vez.
Cuarto, porque si Pynchon quiere que su lector no se entere de nada, pues lo ha hecho muy bien, eso sería una atenuante, ¿no? Pues no: su prosa no es lo suficientemente brillante como para salir airosa del embrollo en que se (nos) mete. Aquí no hay forma a cambio de fondo.
Pocas veces (recuerdo La ciudad de Mario Levrero) me había sentido tan desesperantemente confuso leyendo una novela. Por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo.
A punto he estado de consultar en Wikipedia acerca de los primeros experimentos con LSD en relación a la fecha de su publicación. Quizás hubiera cuadrado algo. Me hubiera gustado.
Que a David Lynch no se le ocurra hacer una película sobre este libro. Por favor.

También de Thomas Pynchon en Unlibroaldía: Vineland, Contraluz

domingo, 19 de mayo de 2013

John Connolly: Cuervos

Idioma original: inglés
Título original: The Burning Soul
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien

Para el domingo, un poco de literatura policiaca. O bueno, de esa mezcla de literatura policiaca y de terror que sirve John Connolly, en su serie de novelas protagonizadas por Charlie Parker, en este caso con un añadido de thriller mafioso de por medio.

El caso central de Cuervos es la desaparición de una niña, Anna Kore (nombre muy artificiosamente escogido, porque Kore es uno de los seudónimos de Perséfone, raptada por Hades) en un pueblecito aislado de la costa de Maine. Charlie Parker, muy a su pesar, se verá involucrado en el caso cuando le piden que investigue quién está acosando a un hombre de ese mismo pueblo, que en su infancia violó y mató a una niña. Paralelamente, se nos describen los últimos días del imperio criminal de Tommy Morris, uno de los capos de la mafia irlandesa de Boston. Y todavía, como otra capa que se superpone por encima de esta, Connolly introduce el elemento sobrenatural: los fantasmas que acosan, no tanto en este caso al "pobre" Charlie Parker, pero sí a otros personajes.

Como ya dije cuando reseñé otra de las novelas de esta serie, Más allá del espejo, lo mejor que tiene es que engancha, que entretiene e intriga al lector, y eso es lo que se puede pedir a una novela policiaco-terrorífica como esta, sin mayores pretensiones literarias. Y lo peor, una vez más, es su falta de originalidad, en relación con otras novelas de la serie (la presencia de la pareja de asesinos gays Ángel y Louis es en este caso tan innecesaria que se diría que Connolly los ha introducido solo porque sabe que sus fans los están esperando), y también en relación con el género policiaco en general, aunque aquí se mezcle con historias de niñas fantasma y cuervos gigantes y una promesa, hasta ahora incumplida, de un gran enfrentamiento mítico entre el Bien y el Mal.

Tengo que dejar aquí, esta vez, una palabra sobre la traducción de Carlos Milla Soler, aunque lamentablemente sea para decir que no me ha gustado. Y no por la extraña sustitución del título (The Burning Soul en inglés; Cuervos en español), ya que esas decisiones dependen muchas veces de la editorial; sino porque el texto da la impresión de haber sido traducido apresuradamente y sin una revisión que eliminase errores y calcos demasiado evidentes: "Se ve nuevo" por "Parece nuevo", "La teníamos vista" por "La habíamos visto" o un "perversos" que tiene toda la pinta de ser la traducción del inglés perverts, "pervertidos". Si estos errores, y otras discusiones estilísticas discutibles (por ejemplo, matones de la mafia que hablan con un español cultísimo), son consecuencia de unos plazos y unas exigencias poco razonables por parte de los editores, eso ya no lo sé; lo que puedo decir, como lector, es que el texto a veces chirría y a la traducción se le ven los andamios.

sábado, 18 de mayo de 2013

Mario Bellatín: Gallinas de madera

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien


Sexto Piso ha publicado recientemente Gallinas de madera de Mario Bellatín, obra que se ha tildado de críptica e ilegible. Pero si escarbamos un poco, hallamos algunas claves.  En la obra confluyen dos textos que giran en torno a dos grandes escritores del siglo XX: el escritor checo Bohumil Hrabal y el francés Alain Robbe-Grillet. En el primer caso, “En las playas de Montauk las moscas crecen más de la cuenta”, hallamos una novela breve en la que una serie de episodios más o menos inconexos aparecen hilados mediante la figura de Bohumil Hrabal y el concepto de la relación amo-esclavo.

Se trata de un conjunto de pequeñas historias reiterativas que adoptan una estructura en espiral. El narrador, sentado en un banco de Alexanderplatz, piensa que lo han timado porque el ácido lisérgico que le han vendido no le hace ningún efecto. Sin embargo, las alucinaciones provocadas por la droga comienzan a manifestarse y, rodeadas de un aura de delirio e irrealidad,  van introduciéndose el resto de pasajes que conforman esta novela breve: la escena en la que unas aves de rapiña esclavizan a un hombre y arrancan los ojos por puro placer a los perros de cuyo cuidado se encargaba el esclavo; las conversaciones entre el narrador y su analista, experta en Literaturas de Aves Románticas; o las secuencias sobre el escritor checo recluido en una institución pública y su curiosa relación con las palomas que abarrotaban ventanas del piso donde se encontraba internado.

La historia de las aves de rapiña formaría parte de un texto que tras la muerte o el suicidio (todavía se mantiene el debate) de Hrabal quedara inconcluso. Parece que no fue capaz de soportar la soledad demasiado ruidosa -título de uno de sus libros más conocidos- en la que se vio obligado a vivir al final de sus días, comenta la voz narrativa.

La experimentación se produce también por parte de una voz narrativa que se desdobla y multiplica (narrador inicial, Hrabal o el propio Bellatín) a la historia. <<Soy otro cuando narro. No el viejo que están mirando en este momento. Por ejemplo, puedo contar cómo acabo de ser engañado por un hombre que colocó un trozo de papel en mi lengua. O describir a mis perros atacando a un pájaro al lado de unas personas que desayunan en la calle. No soy yo cuando busco reflexionar acerca del escritor checo recluido en una institutción pública >> observa el narrador.

En un intento por ordenar las piezas de este rompecabezas, podemos entender que la concepción de una obra por parte de su autor responde también a la dualidad amo-esclavo planteada al inicio. El amo, el autor, crea la obra que durante la etapa de gestación funciona como un objeto vivo bajo las órdenes de dicho autor y, llegado el momento, pasa a formar parte de la comunidad y se rebela: una vez que la obra ya ha sido creada, el autor (Hrabal) ha cumplido ya con su función inicial, con aquello que justificaba su existencia como amo, y entonces, el amo, ave de rapiña, escritor o quien sea que ejerce la fuerza y el dominio, se convierte en un desecho (muerte de Hrabal) tal y como sucede con las aves de rapiña, que al final enferman y, debilitadas, optan por emigrar, por lo que pierden el dominio sobre el esclavo y se duelen (Cuál es el punto donde reside nuestro dolor ante la rebelión del esclavo, se preguntan). Es así como el esclavo, la obra, busca otro amo (el narrador inventado por Mario Bellatín).

El segundo texto de la obra, “En el ropero del señor Bernard falta el traje que más detesta”, se aleja del género de la novela breve para construir una especie de ensayo sobre el concepto del crítico, la edición, el mercado editorial y la escritura, así como sobre el poder de invención y su relación con la verdad. Mario Bellatín narra sus paseos con el señor Bernard -trasunto de Robbe-Grillet-, con quien el autor sostuvo uno de sus últimos diálogos públicos antes de su muerte. Bellatín adopta frases de la autobiografía de este cineasta y escritor de la nouveau roman como si fueran propias y, de nuevo, en este homenaje a la figura del escritor, la voz del narrador vuelve a dislocarse y no sabemos si es Bellatín, Robbe-Grillet o una voz narrativa inventada quien habla.

En esta segunda parte de Gallinas de madera se recurre una vez más a la técnica de la reiteración. Sin embargo, en este caso, la escritura se torna más accesible y los juicios sobre el mundo editorial y la figura de la crítica que encierran algunos de los pasajes dotan de humor a este monólogo interior. <<Alguien se pone a hablar porque no comprende el mundo>>, escribe Bellatín. Y nosotros también leemos su obra en un intento por comprender ese mundo. El problema es que, al finalizar la lectura, si además del carácter críptico que caracteriza a Bellatín, se desconoce también la obra de Hrabal o la de Robbe-Grillet, las conexiones intertextuales se pierden y  uno no tiene muy claro si  ha llegado ha comprender la esencia del texto, un página o un párrafo. De hecho, uno alcanza tal estado de deseperación que llega a preguntarse  si alguna vez ha comprendido algo en su vida. A continuación, desanimado, se abandona  y se deja caer en el sofá por una de las fisuras abiertas por el autor.

También de Mario Bellatín en Unlibroaldía: Damas Chinas

viernes, 17 de mayo de 2013

Herta Müller: Los pálidos señores con las tazas de moca

Idioma original: alemán
Título original: Die blassen Herren mit den Mokkatassen
Año de publicación: 2005
Traducción: José Luis Reina Palazón
Valoración: recomendable


A pesar de que son muchos los lectores que conocen a Herta Müller únicamente por sus obras de narrativa (varias de las cuales hemos reseñado ya en ULAD), debemos recordar que esta prolífica escritora rumana es también una excelente poeta y ensayista. 

Su última obra de poesía, Los pálidos señores con las tazas de moca, resulta ser todo un ejercicio de concentración y lectura. Los poemas son en realidad collages formados por palabras y sílabas recortadas de revistas y periódicos (generalmente acompañados de collages fotográficos que guardan relación con lo expresado en el texto), lo que exige del lector un esfuerzo extra a la hora de leer y de comprender lo que la autora quiere expresar, pues, si bien su mensaje es claro, la forma en la que nos lo muestra nos pide paciencia, leer cada poema con calma y analizar a fondo cada trozo de papel (cada trozo de palabra).

En este libro vamos a encontrar poemas que son pequeñas historias y pequeñas historias que son poemas, que hablan de personas normales y no tan normales, de escenarios a caballo entre la cotidianidad y la magia, de literatura vestida de realidad y onirismo. Es ésta una poesía densa, pesada, que obliga a detenerse tras cada poema y sopesar cada verso, analizando las palabras que contiene y lo que éstas nos han hecho sentir. 

Toda una experiencia, siempre, eso sí, que se lea en alemán, porque quien lea la traducción al castellano no va a leer, desgraciadamente, lo que ha escrito Herta Müller. No conozco la obra de Reina Palazón y no pongo en duda otras traducciones que haya realizado, pero en esta ocasión la versión en castellano de Los pálidos señores... resulta no estar a la altura. Palabras mal traducidas, expresiones que pierden todo su sentido en su versión castellana por ser demasiado literales... una faena, en resumidas cuentas, porque quien no hable alemán no podrá disfrutar de esta obra como se merece y, por desgracia, se llevará una idea equivocada de lo que es en realidad la poesía de Herta Müller. Una pena.



También de Herta Müller: La piel del zorroTodo lo que tengo lo llevo conmigoEl hombre es un gran faisán en el mundo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Ondjaki: Los de mi calle

Idioma original: portugués
Título original: Os da minha rua
Año de publicación: 2007
Valoración: Muy recomendable

Leyendo Os da minha rua de Ondjaki, me resultaba inevitable pensar en otros dos libros ya reseñados aquí: Miguel Street de V. S. Naipaul y Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos: los tres comparten una misma mirada infantil, asombrada y soñadora (recreada, claro está, desde una edad adulta que recuerda con cierta nostalgia) hacia una realidad a veces dura, otras veces entrañable y siempre sorprendente. En comparación con estos dos grandes libros, Los de mi calle queda un punto, solo un punto, por debajo.

Ondjaki (seudónimo del escritor angoleño Ndalu de Almeida) recrea en esta obra, a través de pequeños relatos de dos o tres páginas, episodios de su infancia en Luanda, una Luanda post-independencia en la que hay profesores cubanos y camiones soviéticos, proclamas nacionalistas y viajes a Portugal para comprar gafas nuevas. La mayoría de los relatos se refieren a la familia del escritor o a sus compañeros de juegos: recuerdos de la escuela, de la primera televisión en colores, de la experiencia de ver cine en el cine o del primer beso.

El comienzo del libro es deslumbrante: con un lenguaje sencillo, como corresponde a la perspectiva infantil, y con la inclusión de algunas expresiones características del portugués de Angola (para el que lo lea en el original, claro), el narrador nos consigue trasladar inmediatamente a su mundo, visto con una inocencia y con una luminosidad cautivadoras. Aunque los años 80 fuesen años convulsos en Angola, un país con un papel significativo en la Guerra Fría, el niño que entonces era Ndalu no percibía estas cuestiones sino de una forma muy lejana y nada problemática, de manera que parece habitar un mundo sin más conflictos que los pequeños conflictos domésticos o escolares.

Pero lo que hace que este libro quede un poco por debajo de Miguel Street o de Mi planta de naranja lima, como decía, es su falta de evolución, su estatismo. A diferencia de Miguel Street, los personajes y los conflictos no se desarrollan: los relatos de Os da minha rua están en el orden en que están, pero podrían haber estado en casi cualquier otro, y poco habría importado. El tono, algo saudosista y, se sospecha, algo idelizante, se mantiene constante a lo largo de todo el libro, y llega a empalagar ligeramente. Parece que el lector espera, después de leída una decena de relatos, que el tono o el contenido cambie, que se abandone el costumbrismo de lo exótico y se desarrolle una historia que nos atrape, como pasaba en Mi planta de naranja lima.

Pero eso no pasa, el libro continúa y uno se queda con la sensación de haber disfrutado de un bonito volumen de memorias infantiles, que quizás podría haber llegado a ser algo más.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Santiago Gamboa: El síndrome de Ulises

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Una sorpresa este Santiago Gamboa. Dos de dos. Dos magníficos libros, y en breve, lo prometo, voy a por Perder es cuestión de método. Al que puede que le exija abandonar lo relacionado con el exilio voluntario o forzado, pero hasta eso le perdonaré, mientras mantenga el magnífico, estratosférico nivel de las dos novelas que ya he leído. Me da por pensar lo difícil que debe ser para un escritor colombiano desplegar su obra a la sombra de una figura como Gabriel García Márquez. Pero Gamboa es un más que digno contendiente, si es que tiene sentido una contienda, que no. Si dará un país para dos, o más, excelentes escritores, sin el perverso juego de los ránkings y las comparaciones.
El síndrome de Ulises es una novela protagonizada por un narrador del que pasamos casi todo el libro sin saber su nombre. Y llegamos a saberlo a pocas páginas del final, casi de casualidad. Un aspirante a escritor que malvive en París, encallecido él de dar clases de español en horarios terribles, y de lavar restos de comida picante de los platos, en el sótano de un restaurante asiático. Esa es su mísera existencia de exiliado de Colombia, y ese es su punto de partida. Joven, pobre, lejos del hogar. Bueno, lo de malvivir tiene sus matices: escaso de dinero, su nevera siempre patéticamente vacía, pero sobreviviendo de lo más entretenido. Para lo cual son claves sus conocidos en París. Mujeres y hombres, la mayoría jóvenes en circunstancias parecidas a las suyas. Un compañero norcoreano con un pasado turbio y doloroso, una colombiana de buena familia con gustos sexuales extremos, un escritor marroquí bien relacionado, entre muchos otros. Todos ellos, elementos que son presentados a lo largo de la primera parte de la novela, único tramo en que el narrador no es siempre el propio escritor. Cada persona, una historia diferente de circunstancias que  determinan su presencia en la ciudad francesa. Elemento común en la novela, gente que está atrapada en una ciudad maravillosa para ser turista, pero dura para vivir en ella. La novela transcurre en París pero nadie menciona Tour Eiffel, Trocadero o los bateaux mouches. Es París pero podría ser Berlín, Barcelona o Londres. Ciudades donde gente de los más diversos orígenes se reúne y, donde se produce esa especie de entente cordiale por su condición de inmigrantes.
De ese nudo de relaciones van naciendo las tramas: el escritor y sus relaciones de pareja, en diferentes grados de compromiso, sus relaciones con amigos de diversas nacionalidades, su constante ir de aquí para allá, y los pequeños misterios que se presentan a su paso. Nada complejo pero todo fascinante gracias a la magnífica manera de narrar de Gamboa, capaz de dibujar sus personajes con cuatro conceptos y darles su lugar en esta historia.
El síndrome de Ulises es una novela sobre inmigrantes que no acude a nostalgias ni a lagrimeos para calar en el lector. Es una de esas inexplicables conjunciones de factores que arrojan un resultado casi perfecto, sin efectismo ni trampas inverosímiles. Escrito con sobriedad, con oficio, y con una estructura muy adecuada. No soy capaz de verle un solo defecto.

También de Santiago Gamboa en Unlibroaldía: Plegarias Nocturnas

martes, 14 de mayo de 2013

José Sanchis Sinisterra: Perdida en los Apalaches (juguete cuántico)

Idioma original: español
Año de estreno: 1990
Valoración: recomendable

A Sanchis Sinisterra le ha pasado como a muchos escritores y músicos: que la celebridad de una de sus obras ha eclipsado a todas las demás. En el caso de Sanchis Sinisterra, se trata naturalmente de ¡Ay, Carmela!, una magnífica obra teatral favorecida por una buena adaptación cinematográfica. Así, Sanchis Sinisterra ha quedado condenado a ser "el autor de ¡Ay, Carmela!", aunque tenga una extensísima obra teatral que incluye, por ejemplo, Ñaque o de piojos y actores o El lector por horas. Y que incluye también, claro, este "juguete cuántico" que estoy reseñando ahora.

Perdida en los Apalaches se centra en una conferencia impartida por la doctora Greñuela sobre los fundamentos de la física cuántica y las paradojas del espacio-tiempo, en un Club de Divulgación Cultural de un pueblo español cualquiera. A medida que la conferencia avanza, lo que era solo una teoría se convierte en práctica: los tiempos y los espacios se mezclan, y tres personajes situados, respectivamente, en España, Praga y los montes Apalaches puedan verse y hablarse (a veces) e influir en sus vidas respectivas.

Lo mejor que tiene Perdida en los Apalaches es que, como indica su título (o mejor, su subtítulo), es un "juguete", una comedia que no se toma nada en serio a sí misma. Seguro que muchos otros escritores habrían sucumbido a la tentación de querer decir algo profundo y significativo sobre las entretelas del universo. Sanchis Sinisterra prefiere, con acierto en mi opinión, crear una farsa llena de equívocos e incongruencias espaciotemporales, de forma que un personajes y objetos comparten un mismo escenario aunque estén separados por miles de kilómetros y varios años de distancia. Y los objetos, precisamente los objetos, juegan un papel impotante en esta obra: un cesto de huevos, un zapato, un avioncito de papel servirán para unir los distintos momentos y lugares de la trama.

No es, casi con toda seguridad, Perdida en los Apalaches una obra maestra que se pueda poner a la altura de las mejores de su autor; pero es, y de eso no cabe duda, una obra divertida de leer, y con toda seguridad divertida de representar y ver representada.

lunes, 13 de mayo de 2013

Jiří Kratochvil: La promesa de Kamil Modrácek

Idioma original: checo
Título original:  Slib
Año de publicación: 2009
Valoración: imprescindible


Los que ya conocen la obra de Jiří Kratochvil saben que hay ciertas características que se repiten en la mayoría de sus libros: la ambientación en Brno –su ciudad natal–, la experimentación estilística, el realismo que-no-sé-si-llamar-mágico-o-qué... Todas esas características están presentes en su última obra, La promesa de Kamil Modrácek y, sin embargo, esto no la hace repetitiva o menos valiosa, como se podría creer.

En La promesa... Kratochvil nos presenta la Brno de la década de 1950, en la que se vivía una atmósfera envenenada de miedo y aversión hacia el régimen estalinista. En ese ambiente vive de forma más o menso tranquila Kamil Modrácek, un arquitecto que, si bien hace años se dedicaba a desarrollar su genio, ahora se limita a realizar los encargos que le manda el gobierno. Sin embargo, un día recibe la noticia de que su hermana, una pintora cuya obra abstracta y cuyos ideales políticos y vitales chocan con los del régimen, ha sido detenida por la policía secreta y, posteriormente, hallada muerta en su celda.

Es entonces cuando el arquitecto decide vengar su muerte (¿o su asesinato?) y, para ello, como si de un descenso a su propia negrura se tratara, desciende al laberinto de pasadizos subterráneos de la ciudad y planea –y lo que es mejor, lleva a cabo– la venganza que cree que su hermana merece.

Kratochvil nos presenta, en contra de lo que pueda parecer en un principio, una novela en la que la historia va más allá de Mocrácek y su venganza. La promesa... es una obra coral, en la que un gran número de personajes (incluída la familia del escritor) se interrelacionan para dibujar una Brno opresiva y gris, pero también para dar forma a una obra en la que, a pesar de lo trágico de algunos pasajes, también hay lugar para el humor.

Estructurada en capítulos cortos, jugando con la técnica narratica y los estilos, y dejando que sean los diferentes personajes los que aporten su visión de lo que ocurre, Kratochvil nos ofrece una novela tan interesante como entretenida, que merece la pena leer ya sea por la(s) historia(s) que nos cuenta, por la lección de literatura que nos da o por lo mucho que podemos reflexionar después de leerla.



También de Jiří Kratochvil: En mitad de la noche un canto.

domingo, 12 de mayo de 2013

Leonardo Sciascia: Puertas abiertas

Idioma original: italiano
Título original: Porte aperte 
Año de publicación: 1987
Valoración: Recomendable

Tengo la sensación de que las novelas de Leonardo Sciascia (aunque solo he leído dos, y por lo tanto estoy extrapolando) no pueden calificarse propiamente de novelas policiacas, sino más bien de novelas políticas con una excusa policial. No son, desde luego, novelas policiacas al uso, ni del género whodunit ni hard-boiled, y el "caso" policial es en realidad una excusa para reflexiones de mayor calado, basadas en la realidad siciliana pero aplicables al resto de Italia y del mundo.

Ese es, por lo menos, el caso de Puertas abiertas, una novela aparentemente inspirada en un caso real. Como en toda novela policiaca, hay un crimen: en 1937, en pleno auge del fascismo de Mussolini, un hombre asesina con premeditación a su mujer, al jefe que lo ha despedido y a la persona que ha ocupado su cargo; pero este crimen es únicamente el origen, no el núcleo de la novela. En realidad, el personaje central es el juez ad latere del caso, que sabe que el acusado es culpable -así lo ha confesado el propio reo-, pero que debe decidir si le aplica la pena de muerte, como quiere todo el lobby jurídico y político, o si, de acuerdo con sus convicciones, lo condena "solo" a cadena perpetua.

Sciascia, como hacía en Muerte del Inquisidor (aunque en un género textual distinto), utiliza por lo tanto el caso puntual como origen para una reflexión, densa y demorada, sobre el poder, la justicia, la dignidad y la honestidad en medio de un ambiente corrupto que clama pidiendo sangre: prensa, abogados, políticos, policías y el conjunto de una sociedad anestesiada que viste la escarapela del fascismo aunque no crea en él. En una Italia en la que, según la propaganda oficial, "se duerme con las puertas abiertas", la realidad es que todo el mundo tiene miedo de todo el mundo, y la lealtad a unos principios puede costar cara.

Traducción de Ricardo Pochtar.

También de Leonardo Sciascia:  Muerte del Inquisidor

sábado, 11 de mayo de 2013

Éric Faye: La intrusa

Idioma original: francés
Título original: Nagasaki
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Recomendable

Curioso que la traducción al español de turno haya desechado el título original de esta novela francesa, pasando del original NagasakiLa intrusa. Pensé que esto sólo pasaba con ciertas películas cuyos títulos pueden "confundir" al espectador (lo pongo entre comillas porque cuando lo justifican así, yo no entiendo muy bien a qué se refieren). Pero en fin, vayamos a la novela...

El escritor y periodista francés Éric Faye se basó en una noticia publicada en 2008 por varios periódicos nipones para tejer ésta su primera novela (antes había escrito algunos ensayos y una nouvelle). Dicha noticia relataba un suceso de esos que le dejan a uno con la boca abierta: durante un año entero, un tipo japonés había estado "conviviendo" con una intrusa que se le había colado en su casa al verse en la calle, sin dinero y sin nadie a quien acudir. Un tema muy de actualidad en nuestro querido país, ¿no?

Pero tuviera los motivos que tuviera, está claro que la okupa encontró que la casita de aquel pobre tipo de mediana edad, soltero y sin hijos, y con una rutina perfectamente definida, era lo ideal para mantenerla a salvo de la dureza de las calles. Y Éric Faye, con muy buen ojo, vio que ahí había una historia muy interesante para desarrollar, por supuesto, rellenando los huecos originados por la falta de datos precisos con sus propias fantasías, suposiciones y elucubraciones.

Así, en esta corta novela que recibió el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, Faye, en mi opinión, logra tejer de forma magistral una historia en la que más que sus peculiares acciones y diálogos, destacan por encima de todo sus dos personajes principales, casi únicos: Shimura Kobo, hombre solitario al que le entran y se le acomodan en casa y tarda o quiere tardar bastante en darse cuenta, y la mujer pasivamente desesperada que adquiere los hábitos de un fantasma-parásito con increíble destreza.

Dos seres prácticamente aislados y sin vida social y afectiva (por mucho que el hombre tenga trabajo y cierta hermana a la que alude vagamente), que comparten una casa durante un año entero respetándose y temiéndose mutuamente, porque Kobo sí que descubre enseguida que ciertos alimentos y bebidas de su nevera menguan misteriosamente, pero no coge el toro por los cuernos hasta mucho después.

Y también me ha gustado especialmente que Faye no haya caído en la tentación de ponerse meloso y contarnos de pe a pa la historia de la pobre mujer que tomó caminos equivocados hasta quedarse en la rue. Sin embargo, en la carta que ésta le manda a Kobo en un momento de la historia, relata brevemente su vida y hace una reflexión hermosísima sobre las casas que dejamos de habitar, lugares que, sea como sea, creemos que aún nos pertenecen por el simple hecho de que las ocupamos en algún momento de nuestras vidas.

Veo La intrusa como una pequeña y delicada pieza que parece engendrada por un artesano oriental más que por uno europeo, porque Faye sigue las pautas minimalistas y armónicas que suelen guiar a los creadores del extremo oriente a la hora de generar sus obras. Una novela recomendable
publicada por primera en vez en España por Salamandra y con traducción de José Antonio Soriano Marco.

Yo, por mi parte, buscaré más libros de Éric Faye a partir de ahora.