martes, 30 de abril de 2013

María Semple: Dónde estás Bernadette


Idioma original: inglés
Título original: Where'd You Go, Bernadette
Año de publicación: 2013
Traducción: Ángeles Leiva Morales
Valoración: se deja leer


Reservoirbooks acaba de publicar Dónde estás Bernadette de María Semple, una de esas novelas ligeras que pueden acompañarnos en la maleta durante las vacaciones de verano y que se leen a trompicones, en la sala de espera del aeropuerto, en un tren o tumbados en una toalla con los gritos de la piscina de fondo. La novela presenta a una familia situada en esa delgada línea que separa lo esnob de lo neohippie. En primer lugar, tenemos a Bernadette Fox, madre y famosa arquitecta que, por algún extraño motivo abandonó su oficio y decidió trasladarse a Seattle junto a su marido, gurú de Microsoft, y su hija Bee (estudiante excelente y un tanto sabiondilla, sin llegar a lo repelente), quien destaca en la escuela Galer Street, una escuela privada y liberal en la que las calificaciones se dividen entre P- Progresa hacia la Excelencia, A- Alcanza la Excelencia o S- Supera la Excelencia, y donde los errores o cualquier clase de incidente o desacuerdo que pudiera poner en evidencia al centro se silencian inmediatamente.

La trama se complica el día en el que Bee llega a casa con notas excelentes y recuerda que, al entrar en la escuela, sus padres le hicieron la típica promesa de “si te graduas con buenos resultados, te daremos… X”. Pues bien, Bee reclama su regalo y pide un viaje en familia a la Antártida. Los padres aceptan casi sin dudarlo, algo que conlleva la ruptura de la verosimilitud en la novela, tal y como ocurre con muchos otros episodios y algunos diálogos tan empalagosos que, a menudo, resultan un tanto indigestos. Así, la preparación del viaje y una serie de acontecimientos inesperados desatarán la crisis de esta pareja que no saben decir que no a su hija. Resultado final: la madre de Bee desaparece como por arte de magia.

Será Bee, en el papel de narradora, quien intente desvelar qué le ha ocurrido a Bernadette. Para ello, se valdrá de una recopilación de documentos del FBI, cartas, archivos y e-mails enviados por sus padres y otros miembros de la comunidad mojigata, puritana e hipócrita de Seattle. Es por esta vía como conocemos todas las facetas de Bernadette: arquitecta famosa y reconocida, genio de la arquitectura a la que rodea un misterio, madre cariñosa e independiente sobre la que cuchichean todas las madres de Galer Street, y, a fin de cuentas, un personaje en el que confluyen la valentía, el empeño, lo hilarante, la inseguridad y la duda, creando así al personaje más potente de la novela. Eso sí, existe el peligro de que esta caricaturización de la superwoman-madre-de-familia-trabajadora o Bridget Jones de la cuarentena resulte un tanto impostada e inverosímil. De todas formas, es también en ese alto grado de inverosimilitud e improbabilidad  y en el absurdode estas situaciones extremas donde reside el humor y la ironía de la novela. 

Pero, lo dicho: si duda entre este u otro libro, abandonen el beneficio de la duda y escojan el otro.

lunes, 29 de abril de 2013

Dennis Lehane: Vivir de noche

Idioma original: inglés
Título original: Live by Night
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable


Dennis Lehane (Dorchester, 1965) es sobre todo conocido gracias a la adaptación al cine de varios de sus libros, entre ellos Mystic River y Shutter Island. Pero, con más de una decena de novelas a sus espaldas, se ha ganado a pulso ser uno de los primeros nombres que nos vienen a la mente cuando hablamos de novela negra.

Su último libro publicado en español (y cuya versión cinematográfica podremos disfrutar en 2014) es Vivir de noche, una novela ambientada en las décadas de 1920 y 1930 (es decir, cuando la Ley Seca estaba vigente), cuyo protagonista es Joe Coughlin, un joven delincuente de poca monta que pronto descubre que la vida "durante el día" no tiene nada que ofrecerle y se dedica a dar unos cuantos golpes que le permitan conseguir dinero fácil. Pero las cosas no salen como había planeado y Joe se ve obligado a pasar dos años en la cárcel, de donde saldrá con fuerzas renovadas y un gran aprendizaje a sus espaldas, con los que se dirige a Florida a ocuparse del mercado del ron.

Una de las cosas buenas de Vivir de noche es que es una novela de lo más completa: no sólo nos ofrece una historia sobre un delincuente lo suficientemente listo como para convertirse en el rey del mercado ilegal de alcohol, sino que, además de alejarse de los escenarios típicos de esta clase de historias (Lehane ha cambiado Nueva York o Chicago por Florida, el whiskey por el ron, los conflictos entre italianos e irlandeses por conflictos con los cubanos), tiene una cantidad de subtramas entrelazadas que hacen que nos encontremos, en ocasiones, con un libro de tema carcelario, con una novela de costumbres, con un texto lleno de crítica social o con una novela histórica. 

Entre otros temas que también están presentes en el libro hay que destacar sin duda aquellos que podemos con facilidad extrapolar a la sociedad contemporánea. Así, podemos hablar de conflictos raciales y políticos, del imperialismo estadounidense, de los extremismos religiosos y, cómo no, de la eterna y fallida lucha contra las drogas.

Y, además de todo eso, tenemos en nuestras manos una buena historia en la que las cosas nunca resultan ser lo que parecen. Según dice su autor, es la primera parte de una trilogía que retratará la vida en Estados Unidos en la década de 1930, pero que nadie se asuste: Vivir de noche tiene un final cerrado y podemos leerla del tirón, sin temer que ningún cliffhanger nos deje con el intríngulis de saber qué pasa hasta que llegue la siguiente entrega.




También de Dennis Lehane: Shutter Island y Cualquier otro día.

domingo, 28 de abril de 2013

Ryuichi Sakamoto: La música os hará libres

Idioma original: japonés
Título original: Ongaku  wa Jiyuu ni Suru
Año de publicación: 2009
Traducción: Jordi Juste y Shizuko Ono
Valoración: recomendable (obviamente imprescindible para aficionados)

Ryuichi Sakamoto es historia viva de la música. De mucha música: desde sus inicios en el estrellato como componente de la Yellow Magic Orchestra hasta sus composiciones de bandas sonoras o sus experimentos junto a músicos de diversos estilos.
Conocido, a pesar de su constante alejamiento de las corrientes mayoritarias, por una obra que se extiende a lo largo de cuatro décadas, este japonés, que tuvo hasta presencia cinematográfica como actor (dando réplica a otro cantante, David Bowie), hace ya muchos años, es uno de esos músicos que ejemplifica una carrera de gran coherencia, una vida de pasión absoluta y dedicación que, aunque no le haya encumbrado a la categoría de artista de masas, sí lo ha convertido en un músico sumamente venerado y respetado.
Este libro parte de una propuesta que recibió por parte de una revista japonesa, Engine; una extensa entrevista que fue publicada por entregas y que luego tomó cuerpo en formato largo. De ahí el tono confidente, que se mantiene constante. En Unlibroaldía ya hemos reseñado varios libros sobre música. Un punto donde confluyen dos grandes disciplinas artísticas, aunque todos sepamos que nada mejor que hacer con la música que escucharla. Pero hay mitomanías que no se sacian con nada. No es exactamente el caso de Sakamoto, músico discreto y poco proclive a significarse por otra cosa que sus discos. En La música os hará libres, con un estilo tímido y casi huidizo con respecto a cualquier cosa cercana a la fama y los focos, Sakamoto se muestra como lo que es: una persona cuya vida es la música en todas sus facetas, aunque ello no parezca ser así al principio. Sakamoto parece crecer como una persona que será brillante en la manifestación artística que elija. Por su entorno o por su personalidad introvertida. El tono del libro es cercano, algo esquivo en los aspectos más privados (no hay descripciones clásicas en los músicos de excesos y desmanes varios) traslado de la profundidad de la entrevista que lo genera. El músico es profuso en referencias musicales y literarias de todo tipo, tanto de artistas japoneses como de la eclosión de la cultura pop que (nacido en 1952) le acompaña en su desarrollo como persona.
Claro que estos libros biográficos tienen dependencia, como los ensayos, de que nos interese el personaje o el tema en concreto. Ryuichi Sakamoto no es Bono ni es Mick Jagger, no es una estrella del rock que llene estadios ni que haya vendido discos por millones. Fundó la Yellow Magic Orchestra, precedente del techno como hoy se concibe,  colaboró con lo más granado de los músicos de vanguardia (echo mucho de menos una mayor profundidad en el tratamiento de sus colaboraciones con otro gran experimentador, David Sylvian), y lleva décadas publicando discos sinceros y arriesgados. Este libro es su autobiografía, y reto al que lo lea a no interesarse por su magnífica obra, de la que no puedo resistirme a poner un ejemplo. Aunque este sea un blog de libros.



Puedes ver más libros sobre música en Unlibroaldía aquí

sábado, 27 de abril de 2013

Miguel Ángel Hernández: Intento de escapada

Idioma original: español 
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable


Hacer fácil lo difícil: ahí juegan los buenos.

Me acerqué a esta novela sabiendo muy poco de Miguel Ángel Hernández, pero intrigado por la temática que resumía la sinopsis y animado por el hecho de que su publicación la avalaba el jurado del Premio Herralde de novela -uno de los más interesantes, por norma general, del panorama patrio. O el único-, que, si bien falló a favor de Juan Francisco Ferré (Karnaval) y Sara Mesa (Cuatro por cuatro) como ganador y finalista, respectivamente, recomendó en el acta su publicación. Fue después de leerla cuando un amigo de máxima confianza y poco dado a los halagos me comentó que Miguel Ángel es, posiblemente, el mejor crítico de arte de nuestro país y sin duda una de las mentes más brillantes que había conocido. Tomé nota, sobre todo de cara a su futuro como narrador. No exagero si digo que ese mismo amigo y yo, días después, estuvimos veinte minutos al teléfono hablando exclusivamente de esta novela.

Intento de escapada cuenta la peripecia vital de un joven estudiante de Bellas Artes, Marcos, que por azar conoce y se pone a las órdenes de un transgresor artista perfomativo, un genio contemporáneo, llamado Jacobo Montes: oscuro, controvertido, salvaje en sus planteamientos, con la capacidad de atracción de un agujero negro; Marcos, que no es el tío más popular del mundo y tampoco un especialista, digamos, en las relaciones sociales (retraído, muy autocrítico, inexperto en amores), trabajará junto a él en la preparación de su último proyecto artístico y se verá atrapado en una serie de circunstancias progresivamente siniestras de las que no quiere, primero, y no sabe, segundo, cómo salir. Bastante negro todo, ya lo aviso.

Contada así la novela parece un thriller, y tampoco es una tesis descabellada: Hernández sabe guiar al lector, intrigarlo, esconderle detalles que luego se revelarán fundamentales, zarandearlo cuando menos se lo espera. En la superficie, Intento de escapada engancha desde la primera página y uno la devora porque no puede mirar el libro sin preguntarse qué pasará a continuación; de modo que sí, en ese sentido funciona como un thriller, engancha, golpea al final. Luego está lo otro.

Y lo otro es el punto fuerte del texto. Hernández utiliza la ficción para exponer, primero, una serie de ideas más que interesantes sobre el arte contemporáneo, y lo que es mejor, lo hace de manera que un lector alejado de ese ámbito lo entienda de manera cristalina, sin escudarse en el vocabulario para-jurídico que solemos encontrar en los textos de exposiciones, galerías y presentaciones: aquí el lenguaje no aplasta sino que acompaña, imprime seguridad al que lee, poda la parafernalia. En segundo lugar, Hernández aprovecha estas tesis sobre el arte para cuestionar planteamientos sociales de primer orden en nada vinculados con la creación, a priori: la universidad, las relaciones de poder, las admiraciones e idolatrías hacia personas que se distinguen por determinadas razones, la visión de los estratos sociales más débiles desde aquellos otros más fuertes, el sentimiento de pertenencia y las prisiones que conlleva, la cobardía y el valor de tomar decisiones. Todos ellos aplicables, sí, al arte, pero también a otros muchos ámbitos propios de la sociedad civil.

La novela, por último, tendría algunos peros, que señalo desde un criterio personal. Quizá el personaje de Helena, profesora de Marcos, parece poco atado en una o dos escenas; la prosa, por lo general impecable, deja asomar cabos sueltos en algunos párrafos; pasado el espléndido primer capítulo, la novela tarda un poco en arrancar. Efectivamente: cosas pequeñas. Lo cojonudo de todo esto es que, en un epílogo metaliterario perfectamente asociado a la narración, Hernández da cuenta de todas estas carencias y las desnuda, realizando un ejercicio de autocrítica nada solemne pero afinadísimo, ante el que no pude más que quitarme el sombrero. Lo que vino después, justo al final, cuando ya creía que todo estaba dicho, me quitó las ganas de dormir. Cuidado.

viernes, 26 de abril de 2013

Maite Dono: Sobras


Idioma original: castellano
Título original: Sobras
Año de publicación: 2013
Valoración: Recomendable


La poesía de Maite Dono es ante todo sinónimo de libertad, una cualidad que ya despuntaba en su anterior Circus Girl (El Gaviero, 2009) y que vuelve a hacerlo ahora, de una manera mucho más evidente en lo que al juego sintáctico se refiere. La autora fuerza las construcciones de tal manera, que establece un puente único entre palabra y silencio (por ejemplo, mediante la presencia de puntos suspensivos y paréntesis, bruscos saltos  informativos, etc.).  Porque esta poeta escribe como y sobre lo que quiere: “(Quede un espacio aquí para lo que se quiera)”, dice, y, acto seguido, hace uso de ese espacio nuevo y reinventa, invade. Y, justo cuando creía comprenderla, dibuja un círculo con la boca y se escapa como un pez entre las manos. Viva. Libre. Y su voz se torna “Pez crucial/ Pez frágil/ Pez de calle/ Pez out of pecera/ Pez de la barbarie/ Pez sónico/ Pez urdidor/ Pez blablabla/ Pez pozo/ Pez susurro”, como ella indica.

Al mismo tiempo, el empleo de los puntos suspensivos introduce una pluralidad de voces en muchos de los poemas, voces que parecen ramificarse a lo largo del poemario pero que al mismo tiempo forman una voz unívoca repleta de matices, dudas, súplicas (“Mátame/ Mátame/ Mátame/ Glenn mata a esta”), preguntas (“¿Qué haces removiendo mi mierda?”), sentencias (“Puta/ Tú no conoces la ciudad), propuestas (“Invadir de lenguas el espacio mixto de la boca/ Arrumacarnos/ Infectarnos de silencio/ Olvidar lenguas maternas/ Abecedarios”), observaciones (“Aún no he comprendido ese pasaje y tu grito”) o descripciones del paisaje interior (“Ella cierra los ojos/ Al paisaje nevado/ Por donde una y otra vez caminamos la tristeza/ La nieve que existe está toda dentro/ Por muy blancas que se hagan las cumbres/ Sólo espectros/ …)”).

Sobre la capacidad de reinvención de la que se ha hablado, me gustaría citar el ejemplo del “cuervo”, ave que describe y que muestra desde otro prisma, junto a un paisaje que la poeta puebla de personajes excéntricos (“Los pájaros de nombre cuervos invaden la pradera pretérita/ Esos negros alados comían ingentes cantidades de gusanos/ Y alguien lloraba en la ducha/ Y entre las camelias/ Y se daba cabezazos contra una piedra/ Y hacía coreografías en su cabeza/ Y encontraba esqueletos de pájaros/ Que clavaba en puertas/ Que eran cuadros”), imágenes morbosas o extrañas:”También maté a un pollo porque lo amaba demasiado/ Era blanco y lo llené de agua con una cuchara/ Reventó como una vieja presa/ Quise morir de algo/ Fracasé/ …/ Eres sólo un cajón, sólo un cajón/ Estoy lleno de cajones/ Me odio”.

Atrevida, provoca y utiliza el sexo, utiliza vocablos como “puta” del mismo modo que utiliza “grito”, “frío”, “sopita” o “Venus”. Y, al contrario de lo que ocurre con muchos otros poetas en los que este juego entre  el sexo, la muerte y el dolor resulta impostado, en el caso de Maite Dono, este intento suele casar, ya que pocas veces nada queda fuera de lugar, porque los textos se entretejen mediante un material que no deja resquicios ni brecha alguna: la poesía. En estado puro, porque sus poemas son extraños y pican como una herida, entonces tú rascas y rascas, perforas. Y llega el poema-morbo, la imagen que espanta y atrae al mismo tiempo, el ritmo, una especie de cadencia donde aflora el talento musical de Dono. Poemas que penetran primero como un grito y te habitan luego como un eco y hablan de una grieta que, en función del lector, puede tomar cuerpo de una u otra forma, pero es grieta universal, grito y silencio. De ahí que todos reconozcamos sus síntomas.

Fue ella quien escribió los versos “Sal fuera de mí/ Déjame en mi silencio/ La ventana por la que entraste sigue abierta/ Creo/ Ven a mí y jódeme/ Cierra esa puta ventana de una puta vez y quédate/ Qué es la pureza?/ Tú lo sabes?/ Jódeme” (Circus Girl) y ha sido de nuevo ella ahora quien ha escrito “Con las uñas y los dientes del silencio/ he arrancado lentamente esta carne caliente/ Humeante carne de amar/ Humeante marmita de emoción/ Emoción-revolución/ Sólo siento/ Sólo soy esto/ Te jodes/ …/ Ahora siéntate y escucha/ Estamos hechos/ Abandona a Kant y jódeme/ Jódeme/ El uno para el otro?”.
Así, la escritora agarra el dolor y la nada en un puño y nos lo lanza hecho poema. 

Casi nada.

jueves, 25 de abril de 2013

Bee Wilson: La importancia del tenedor

Idioma original: inglés
Título original: Consider the Fork. A History of Invention in the Kitchen
Ilustraciones: Annabel Lee
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable


Nos guste o no cocinar y pasemos o no mucho tiempo en la cocina, es indudable que ésta es una de las estancias más importantes de una casa. Puede ser sólo el lugar donde se preparan y guardan los alimentos o también donde los miembros de una familia se reúnen para comer, pero lo cierto es que nunca le prestamos demasiada atención. Ni a la estancia ni a lo que hay en ella. No nos importa cómo ni qué se cocinaba hace décadas ni hace siglos y, sin embargo, los utensilios utilizados para ello son imprescindibles para entender qué y cómo comemos –y cocinamos– hoy en día.

Quien sí se preocupa por este tema es la historiadora Bee Wilson, experta en estudiar diversos aspectos de la alimentación, como ya ha demostrado en sus obras Sandwich, The Hive: The Story of the Honeybee and Us y Swindled: From Poison Sweets to Counterfeit Coffee - The Dark History of the Food Cheats. En esta ocasión, Wilson da un repaso a la historia de los utensilios necesarios para cocinar y comer (tenedores, cucharas, frigoríficos, cocinas, microondas, medidores, fiambreras, peladores, ralladores, hornos...), la cual es, a la vez, la historia de nuestras sociedades y de muchas de nuestras costumbres.

Desde el más delicado cuchillo para la mantequilla al tou chino, de las ollas a los hervidores de arroz, de la cocina de carbón a la vitrocerámica... Todo es objeto de estudio para la autora y, gracias a ello, descubrimos cómo el uso de los cubiertos cambió la anatomía de nuestra mandíbula, cómo la evolución de las cocinas ha tenido un papel importantísimo en la progresiva desaparición del servicio doméstico y cómo los avances en las técnicas y utensilios para la conservación de los alimentos han influído en nuestra salud e, incluso, en la economía mundial.

Puede que La importancia del tenedor no aclare todas nuestras dudas sobre los objetos que utilizamos a diario para alimentarnos, pero sin duda nos aporta muchísima información al respecto. Este libro resulta, además, una obra amena, divertida y llena de curiosidades que harán las delicias de cualquier aficionado a la cocina (tanto al que le gusta cocinar como al que únicamente le gusta comer) y que nos dejará con las ganas de hacernos con otra de las obras de la autora.


miércoles, 24 de abril de 2013

Varios autores: CT o la Cultura de la Transición

Idioma original: español 
Año de publicación: 2012 
Valoración: recomendable 

Quede claro que, con una situación social, política y económica tan caótica como la que vive el estado español, la publicación de este libro en mayo de 2012 (apenas hace un año, y la coyuntura no ha hecho más que empeorar en todos y cada uno de los campos) ya constituía una jugada editorial algo oportunista. Hasta su precio, unos asequibilísimos 5 euros en edición papel - curiosamente el mismo que los panfletitos de Héssel - a cambio del cual se ofrecen una veintena de ensayos de plumas generalmente bastante autorizadas. Es lógico que algunos gusten más que otros, y es lógico que a cada lector le gusten los más afines a sus opiniones personales. 
La tónica, el leit-motiv del libro es, para mí, algo forzada: la existencia de una especie de "campaña" general orientada a que la escena cultural del post-franquismo evitara los elementos proclives a una excesiva confrontación, a través del silenciamiento u omisión de las posiciones más radicales. A partir de ahí, cada uno de los "ponentes" opta por mayor o menor concreción, por más o menos datos específicos o mayor peso del aspecto filosófico o ideológico. En su conjunto, una realidad que sí que es abrumadoramente real: en comparación a, por ejemplo, la presencia internacional de las empresas, o los triunfos destacados en disciplinas deportivas, ¿qué aporte cultural ha surgido en más de 30 años que pueda considerarse capital a nivel mundial? El libro viene a decir que sólo casos muy aislados, como pocos escritores o algunas películas, por ejemplo, de Almodóvar (ejem, obviamente no les dio tiempo a incluir la última) alcanzan ese nivel. 
Se menciona adocenamiento y acatamiento de medios, voluntad unificadora y conciliadora de grupos editoriales y de comunicación, de políticas culturales públicas, de toda suerte de elementos, como si formaran parte de una campaña orquestada, cosa que, perdonad que intercale una opinión, no veo nadie capaz de tener tanta astucia como para diseñarla. En cualquier caso, por su profusión de datos y su rigor en exposición de ejemplos (tanto de omisiones lamentables como de éxitos inmerecidos), un interesante documento donde siempre se encontrarán tanto hechos poco difundidos como suficientes elementos a tener en cuenta para establecer un juicio por uno mismo. Ensayos más amenos, algunos más chirriantes y, cierto, una premisa algo sesgada en algún caso, que es algo que sí se le puede recriminar: para tanta variedad de colaboradores opinando, la sensación cohesiva en las opiniones es algo descompensada. Interesante debate, en cualquier caso.

martes, 23 de abril de 2013

¿Es posible un mundo sin libros?

Sí, sé que probablemente es raro escoger precisamente el Día Internacional del Libro para hacer una pregunta así; y también sé que se espera de mí, como lector, como filólogo, como ULADiano, que me lance a tumba abierta a una defensa del libro: que diga cosas como "los libros te abren la puerta a otros mundos"; "los libros ayudan a construir un pensamiento crítico", "leer es divertido", "leer ayuda a conocerse a uno mismo", etc. Y aunque esté de acuerdo en lo fundamental con esas afirmaciones, tengo que decir, si me lo permitís, que creo que sí, que es posible un mundo sin libros.

Pero dejadme que me explique mejor.

Digamos primero que hay que distinguir entre dos acepciones de la palabra libro: el libro como "conjunto de muchas hojas de papel encuadernadas" y el libro como "creación intelectual de cierta extensión". O sea, el libro como objeto y el libro como contenido. Llamamos bibliófilos a aquellos que aman al libro como objeto; para aquellos que aman el libro como contenido no hay un nombre, que yo sepa, pero podemos llamarlos librófilos para distinguir. El hecho de que muchos librófilos sean bibliófilos (y viceversa) no quiere decir que sean la misma cosa. Así, tengo la impresión de que quienes se lamentan por la desaparición del libro como objeto, en favor de otros soportes, son bibliófilos pero no necesariamente librófilos.

¿Puede, por lo tanto, desaparecer el libro en su primera acepción, es decir, el libro como conjunto de hojas de papel? Pues creo que sí. Creo que tardará todavía algunas generaciones, y que su desaparición será escalonada e irregular (geográfica, sociológica y demográficamente). Es cada vez más absurdo publicar cierto tipo de obras en papel: enciclopedias, manuales de instrucciones, guías de viaje, libros de texto...; el último bastión del libro como objeto será, muy probablemente, la lectura de entretenimiento, menos unida a consideraciones prácticas y más propensa a la nostalgia romántica. El libro, de hecho, no ha sido el primer soporte empleado para la transmisión del conocimiento, y ya se ha visto que tampoco estaba destinado a ser el último.

Lo que no está tan claro es si esta desaparición del papel es algo que se deba lamentar: podría argumentarse, de hecho, que el trasvase de información del papel al mundo digital (lo que no quiere decir que se destruya el papel) no es una pérdida, sino, en muchos aspectos, una ganancia: los libros (como contenido, ya digitalizado) son mucho más fácilmente conservables, almacenables, compartibles y tratables que los libros (como objeto). También podría argumentarse que abandonar el papel es más ecológico (aunque no hay que olvidar que fabricar un eReader también tiene un coste ecológico...). Personalmente no tengo tan claro que sea tan indeseable un mundo sin libros-objeto.

[Nota al margen: obviamente no estoy diciendo que se deban destruir los libros que ya existen; ni que esa destrucción no sería, de producirse, una catástrofe; lo que digo es que es imaginable un momento en el que ya no se fabriquen libros nuevos]

La gran pregunta, y la que realmente debería preocuparnos, es si estamos abocados, como algunos creen, a la desaparición del libro como "contenido de cierta extensión". Y el adyacente "de cierta extensión" está ahí a propósito. Cada cierto tiempo surgen voces agoreras que dicen que internet y el resto de las Tecnologías de la Información están cambiando nuestra forma de leer y de pensar: que delante de un ordenador nos comportamos como lectores impacientes e hiperactivos; que las generaciones futuras estarán tan habituadas a trabajar delante de una pantalla, con imágenes e hipervínculos, que no serán capaces de enfrentarse, de comprender ni de disfrutar una lectura seguida y solitaria. Y que esta lectura seguida y solitaria es la única forma de desarrollar y asimilar pensamientos o argumentaciones complejas; en otras palabras, que internet nos está volviendo tontos.

¿Es posible, por lo tanto, que el libro como creación intelectual extensa, pueda morir a manos de la página web, el twit o la actualización de facebook? Es difícil saberlo. Es muy fuerte la tentación de decir que no, que los libros-contenido son necesarios, imprescindibles, que están demasiado encarnados en nuestra cultura para desaparecer; pero, en realidad, esa lectura "seguida y solitaria de textos extensos" es también un fenómeno relativamente moderno y relativamente infrecuente, si pensamos en el conjunto de la historia de la humanidad, así que no sería tan extraño verla desaparecer, sustituida por una lectura fraccionada, visual, hipertextual y socializada a través de internet.

En cualquier caso, aquí sí, aquí tengo que dejar salir al filólogo, al lector, al ULADiano: creo que la experiencia de leer un libro, precisamente por su capacidad para estimular la imaginación y el pensamiento, es insustituible; con toda seguridad estas nuevas formas de lectura digitales tienen otras ventajas, y construyen otro tipo de conocimiento; pero a mí, por ahora, que no me quiten la sensación de entrar en un mundo de ficción y perderme en él durante horas, sin distracciones, sin avisos de facebook, sin imágenes que guíen (o limiten) la imaginación. Hablo, claro, de los libros literarios, pero lo mismo puede ser dicho de otros tipos de libros que transmiten informaciones o conocimientos que no pueden condensarse en un pantallazo y un enlace. Creo, sinceramente, que el libro-contenido es imprescindible.

Así que mi respuesta es que sí, es posible un mundo sin libros-objeto, pero no, no es posible (o no quiero pensar que sea posible) un mundo sin libros-contenido. Dentro de cincuenta años veremos si tenía razón.

Origen de las imágenes: Woman sitting on a beached boat reading a book, autor indeterminado, c. 1925. Fotografías 2 y 3 de la serie Leitura e escrita de Isabel Araújo Branco

lunes, 22 de abril de 2013

Régis de Sá Moreira: El librero

Idioma original: francés
Título original: Le libraire
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable



Imaginad una librería. Uno entra en ella a buscar un libro (o más) en concreto o a echar un vistazo y descubre a un librero, semiescondido en una esquina, inmerso en la lectura. Puede que nos atienda en cuanto nos vea, pero lo normal (para este librero) es que se levante, vaya al piso de arriba y se prepare una infusión (diferente para cada cliente, claro está) entre estanterías llenas de libros a los que les falta una página.

Ese es el librero que nos presenta Régis de Sá Moreira, un hombre que vive para y por los libros, que se niega a vender "basura" (aunque para determinar qué es basura y qué no deba leer y releer todos los libros que llegan a sus manos) y al que, a pesar de que nunca cierra su librería, no le sobran los clientes. 

Pero no se puede negar que tiene una clientela de lo más particular: por su establecimiento ha pasado la muerte, Dios, la Pregunta, la mujer más guapa del mundo, gente que nunca ha leído un libro... y lectores que tienen extrañas peticiones, como un libro "con dos mujeres, cuatro hombres y tres niños" u otro en el que "aparezca varias veces la palabra «mansedumbre»" o en el que "no se mencione ningún electrodoméstico".

Entre visita y visita de sus clientes, vamos conociendo a este hombre que se comunica con sus hermanos enviándoles páginas sueltas de ciertos libros, que debido a su trabajo en la librería se ha quedado sin amigos, que ha amado a tres mujeres, que no le gusta la tercera hora después del mediodía y que odia que entren parejas en su establecimiento, aunque permite fumar en él a los fumadores (pero no así a la gente que no fuma).

Régis de Sá Moreira, utilizando una prosa sencilla pero trabajada, contando sólo lo justo y desgranando poco a poco todo lo que rodea al protagonista y el lugar en el que aparentemente vive, consigue con esta novela corta (no llega a las 200 páginas) que todo lector se sienta fascinado por el personaje del librero. Consigue también construir una historia hermosa, a caballo entre la realidad y la ficción, donde todo es posible y sin embargo parece completamente verosímil. Todo un gran libro (de libros) en muy pocas páginas.

domingo, 21 de abril de 2013

O. Henry: Historias de Nueva York

Idioma original: inglés
Fecha de publicación (en España): 2012
Valoración: Recomendable

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo relatos cortos, quizás desde que leí los Relatos de lo inesperado de Roald Dahl. Y la verdad es que los cuentos de O. Henry que componen el libro que hoy reseño, me han recordado bastante a los de Dahl. Aunque el autor con el que muchos comparan a Henry sea Guy de Maupassant.

Pero parecidos aparte, lo primero que hay que decir de los 17 relatos cortos de Historias de Nueva York es que son perfectas trick stories, es decir, relatos que dan un inesperado giro en su última parte. Y como el título del libro indica, todos ellos están ambientados en Nueva York.

En la contraportada de este agradable recopilatorio, editado de forma muy elegante por Nórdica Libros, se citan unas palabras del mismísimo Borges afirmando que O. Henry llevó la doctrina de Edgar Allan Poe ("todo cuento debe redactarse en función de su desenlace") hasta la exageración, pero logrando gracias a ello "más de una breve y patética obra maestra". Y yo no puedo por menos de estar de acuerdo.

Pero, ¿quién se esconde tras ese nombre a medias de O. Henry?

La respuesta es William Sidney Porter, un hombre que nació en la segunda mitad del siglo XIX en Carolina del Norte, y que tras una juventud un poco turbulenta, con diferentes trabajos y una condena de tres años de cárcel por robar en el banco en el que estaba empleado, se trasladó a la Gran Manzana. Allí se decidió a probar suerte como escritor inspirándose en la urbe que le había acogido y cambió su nombre por el de O. Henry. Según se cuenta, escogió la aislada "o" por ser ésta la letra más sencilla de escribir, y "Henry", acordándose del nombre de pila de uno de los funcionarios de prisión que había conocido durante su condena.

Los cuentos recogidos en este libro poseen títulos sencillos pero sugerentes ("Después de veinte años", "El regalo de Reyes", "La última hoja"...), y han conseguido introducirme de cabeza en sus tramas en sus primeros párrafos, haciendo que no pudiera despegar mis ojos de sus páginas hasta llegar a sus sorprendentes finales.

Los argumentos de estos relatos de O. Henry son muy diferentes (dos amigos que se reencuentran tras veinte años con vidas totalmente opuestas; un farmaceútico maquiavélico dispuesto a todo por frustrar un romance; una anciana tan rica como tacaña misteriosamente obsesionada con una bella secretaria; dos mujeres con más en común de lo que parece; un tipo que dice sufrir de amnesia y abandona su grisácea vida, etc...). Pero sus personajes comparten ciertos rasgos: pasión por la cosas y las personas hermosas; disconformidad ante una existencia que parece empeñada en verles frustrados; esperanza por que las cosas mejoren en poco tiempo y, por supuesto, la ciudad de Nueva York, que es testigo y responsable de sus penas, alegrías y pasiones.

Divertido, agradable, fácil de leer. Recomendable.



sábado, 20 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: La hojarasca de Gabriel García Márquez

Idioma original: español
Año de publicación: 1955
Valoración: recomendable

Pues sí, queridos lectores, no podíamos dedicar una semana a la literatura colombiana y no incluir una reseña de García Márquez, uno de los autores fundamentales de este blog: por aquí ya han pasado prácticamente todas sus obras "mayores", como Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios, El otoño del patriarca y El general en su laberinto, así que ya solo quedan, prácticamente, sus obras menores o tardías.

La hojarasca es, realmente, una obra menor si la comparamos con las grandes novelas de Gabo. Es, de hecho, su primera novela, que tardó tres años en conseguir publicar; es la novela en la que aparece por primera vez Macondo y en la que por primera vez se mencional al coronel Aureliano Buendía. Solo por eso, ya merece un rinconcito en la historia de las letras. Pero, también por ser la primera, se nota que García Márquez no es todavía García Márquez en su plenitud. La semilla está ahí, pero todavía no se ha desarrollado.

La novela comienza in media res, un recurso muy usado por García Márquez para atrapar al lector. En el primer capítulo nos encontramos en un velatorio: ha muerto el doctor al que, por algún motivo que tendremos que descubrir más tarde, todo el pueblo odiaba y despreciaba. Solo otro habitante del pueblo, el "coronel", que en su día lo acogió en su casa, se empeña en conseguir que el doctor sea enterrado como es debido, aun arriesgándose así a heredar el desprecio de sus vecinos. En los capítulos siguientes iremos descubriendo, a través de la voz alternada de diversos personajes (el coronel, su hija, su nieto...) cuál es la historia detrás del fallecido, cómo y por qué se ganó el odio de todos o por qué el coronel se siente obligado a darle sepultura.

La hojarasca es una buena novela, de eso no cabe duda. Maneja con eficiencia la técnica literaria (narradores y perspectivas diversas, saltos temporales, tensión narrativa...) pero, como decía, no es aún el mejor Gabo. No está, en primer lugar, pulido su estilo, uno de sus rasgos identificativos: esos adjetivos que parecen estallar en la frase o la musicalidad del ritmo de la lengua. Tampoco está aún claramente perfilado como tal el "realismo mágico", aunque asome la cabeza en algunos detalles: un muerto que se sienta en un arcón, un personaje que come hierba hervida...

García Márquez estaba, por lo tanto, aprendiendo, descubriéndose. Seis años más tarde de su primera novela, publicaría esa pequeña joya que es El coronel no tiene quien le escriba; y doce años más tarde, en 1967, su gran obra, Cien años de soledad. En comparación con cualquiera de estas dos, La hojarasca es una novela interesante, meritoria, pero en absoluto una obra maestra.

Nota final: "Bueno, pero ¿y qué es lo hojarasca?", preguntará algún lector astuto e impaciente. Pues la hojarasca es toda esa vorágine avariciosa (los desperdicios de los desperdicios) traída a Macondo por la compañía bananera, que como llega se va, dejando a Macondo asolado y desolado. Eso es la hojarasca.

viernes, 19 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Entre fantasmas de Fernando Vallejo


Idioma original: español

Fecha de publicación: 1993

Valoración: Recomendable

 
Zambullirse en el oscuro mundo de Fernando Vallejo es una experiencia compleja. Empezaré por confesar que me costó mucho entrar en la novela porque eso significaba interesarme por un personaje que, en cierto modo, es el alter ego del autor pero del que no se aporta ninguna pista. Esto que por lo general es para mí un aliciente se convirtió en una pesadilla que duró unas decenas de páginas. No entendía cómo un producto que contaba con todos los ingredientes para apasionarme –un estilo personal e impecable, análisis psicológico, crítica social, repaso de circunstancias históricas- conseguía exasperarme de ese modo. Y es que Vallejo se emplea a fondo en diseñar una de las personalidades más despreciables de la literatura, que se construye paulatinamente ante nuestros ojos y en el que no encontramos el  mínimo rastro de humanidad hasta bien avanzado el texto. Es egoísta, egocéntrico y, ante todo, cruel. Su soberbia le induce a defender las mayores aberraciones, odia a las minorías, al clero (igual que el autor) a los literatos de su tiempo, a los políticos y a la humanidad entera. El único ser por quien siente afecto es su perra Bruja. Pero, muy poco a poco, atisbamos una emotividad cubierta por una gruesa costra de inquina, acumulada a lo largo de sus muchos años, que se manifiesta en la nostalgia por su ya lejana Colombia, el amor por los animales, el dolor por la ausencia de algunos de sus seres queridos y la amistosa complicidad con su escribiente.

La obra forma parte de un extenso ciclo autobiográfico y consiste en un largo monólogo que abarca alrededor de 250 páginas y en el que Vallejo repasa alguna de sus filias, todas sus fobias, y puede que unas cuantas más, que añade para dotar de credibilidad –y repulsión- a esta creación suya que, supongo, concibió voluntariamente así de monstruosa y perversa. El protagonista y narrador dicta recuerdos y observaciones –aparentemente desorganizados en un logradísimo flujo de conciencia- destinado a formar parte de una supuesta autobiografía que será publicada tras su muerte. El principal interlocutor es la perra y compañera de fatigas, también el secretario. Con esta excusa, Vallejo, hace un repaso de los hechos que de verdad le han marcado: su temprana salida de Colombia para instalarse en Méjico donde aún sigue, la relación de amor-odio con su tierra natal y sus aversiones políticas e ideológicas.

Aunque aparentemente no sigue ningún orden y la (casi inexistente) trama avanza según los caprichosos impulsos del protagonista, a retazos se intuye una organización temática e incluso cronológica. Pero lo que está perfectamente definido es el inicio –que ubica durante el terremoto que se produjo en Méjico el año 1985- y el conmovedor desenlace, cuando, al fin, desprendiéndose de la coraza que le impedía traslucir sus sentimientos, lleva a cabo el ansiado viaje al pasado que el propio autor –a pesar de haberlo negado en algún momento concreto- está deseando realizar. En este punto la empatía del lector hacia el desdichado ya es enorme. Su descripción del territorio de su infancia constituye una logradísima síntesis entre el elemento emotivo y el visual. El círculo se cierra. O los círculos. Tanto el trazado por el narrador como por el propio Vallejo, que ha conducido a su sosias literario hasta la meta que desearía alcanzar él.
 
También de Fernando Vallejo: La virgen de los sicarios

jueves, 18 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Historia secreta de Costaguana de Juan Gabriel Vásquez

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: Imprescindible

"¡Hala, imprescindible! ¡Cómo te pasas! ¡Exagerao!" Pues sí, puede que parezca exagerado calificar de "Imprescindible" a esta novela, si se define "imprescindible" como "este libro debería estar en cualquier biblioteca que se precie"; pero me decido por esta valoración por varios motivos: a) porque hace ya demasiado que no pongo un imprescindible, lo que me hace pensar que me estoy amargando como crítico; b) porque esta me ha parecido una muy buena novela, o mejor, una muy muy buena novela; c) porque Vásquez usa técnicas narrativas que me resultan especialmente interesantes; d) porque a Delirio le di un "Muy interesante" y esta novela me ha gustado más; e) porque uno de los personajes de la novela se llama Santiago Pérez, como yo; y f) porque puedo.

Pero vamos ya con la novela: Historia secreta de Costaguana es la narración autobiográfica de José Altamirano, un pobre desgraciado en quien, según su propia versión de los hechos, Joseph Conrad se inspiró para escribir su novela Nostromo (situada en el imaginario país de Costaguana). Altamirano se remonta a antes de su nacimiento (antes de su concepción, de hecho) y cuenta sus desventuras en busca de su padre; los sucesivos intentos de construir un Canal que uniera los dos Océanos, y los turbulentos procesos que llevaron a la (forzada) independencia de Panamá.

Por eso, Historia secreta de Costaguana es una novela histórica en el mejor sentido del término: porque reconstruye una época en sus múltiples facetas, de lo más pequeño a lo más grande. Pero también es una especie de autobiografía picaresca, y una sátira sobre la confianza ciega en el progreso. La historia, para el narrador como para el autor, tiene más de farsa o de vodevil que de tragedia, y los seres humanos se ven arrastrados y aplastados por fuerzas que no pueden controlar ni comprender. Frente al racionalismo francés, se imponen la fiebre amarilla, los terremotos, las lluvias torrenciales, las guerras inacabables. Tampoco Colombia, ni sus habitantes, salen precisamente favorecidos en la foto.

Joseph Conrad, como decía, es uno de los personajes clave de la novela; sin embargo, Vásquez parece haber aprendido más sobre el arte de narrar de otro escritor que también adoptó el inglés como lengua literaria: Vladimir Nabokov (el de Lolita, pero también el de Ada o el ardor): encontramos, aquí, como en Lolita un narrador que se dirige al público y lo trata como Jurado de sus actos; un narrador que sabe que es narrador y que, por lo tanto, controla la narración (lo que oculta, lo que cuenta, lo que inventa, el modo en que dispone los hechos); y encontramos, como en Nabokov, mucho sentido del humor, aunque sea un sentido del humor bastante desesperanzado.

Solo le pongo dos reparos a la novela. (Y habrá quien diga: "Si le pones reparos no deberías haberla calificado de Imprescindible"; a lo que yo respondo: "meh"). El primer reparo es que a veces, sobre todo en la última parte, le puede al autor -da la impresión- la tentación de embutir en el texto lo más relevante de la historia de Colombia en el cambio de siglo; y no solo se pierde un poco el hilo de la historia, sino que (lo que es más grave) se pierde también un poco el tono general del texto. El segundo reparo es que el (segundo) encuentro con Conrad aparezca tan tarde en la novela: cuando uno está leyendo una novela en que aparece uno de los grandes escritores del siglo XX, uno quiere verlo aparecer lo más posible, casi convertirse en protagonista, como en Gringo viejo o El maestro de San Petersburgo.

Pero bueno, esta no es realmente una novela sobre Conrad: es una novela sobre Colombia, y sobre Panamá y su Canal, y sobre ese espejismo positivista llamado progreso... y sobre un pobre hombre al que le robaron hasta la historia que tenía para contar.

miércoles, 17 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Luis Noriega: Donde mueren los payasos

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Con los libros que se nos presentan como sátiras me pasa como con las risas enlatadas en las series de TV. Siempre me pregunto por qué creen que hay que reírse justo ahí. Es como si alguien se revistiera de autoridad para decidir qué hace reir al común de los mortales y cuándo.
Claro que, con ese título, Donde mueren los payasos, con el contenido de su sinopsis, e, incluso, con la imagen de portada de la cuidada edición de Blackie Books (editorial que revaloriza el concepto del libro como fetiche con todo lo que hace), es difícil no esperar que estemos ante una historia de aires escasamente convencionales. Pero si eso fuese un prejuicio, las primeras páginas se encargan de hacerlo saltar por los aires. Porque Luis Noriega, con un estilo directo, pero en absoluto falto de cuidado y de atractivo, muestra rápidamente las cartas, y las enormes cualidades de esta novela se manifiestan. Sátira política que deviene, casi, presagio de lo real: un medio de comunicación de corte alternativo orquesta una campaña en la que un payaso callejero se convierte en firme candidato a la elección presidencial en un país que no se identifica (os recuerdo lo de Beppe Grillo en Italia, posterior a la publicación de este libro). Rápida puesta en escena de toda la parafernalia propia de esas situaciones: desde militares de pocos escrúpulos hasta políticos de amplios y mullidos bolsillos, todos esos elementos están presentes y se combinan sabiamente. Una estructura ágil en 69 capítulos, un uso astuto de distintos formatos en estos: una lectura voraz, dinámica y divertida. No es cuestión de decir dónde están las carcajadas y dónde los golpes de efecto. Con un tono surrealista, pero, vistas muchas realidades que nos rodean, no tanto, Luis Noriega nos muestra en esta magnífica historia un mundo no tan caricaturesco como parece. Con referencias literarias de lo más dispar: elementos de Orwell y del Kapuscinski más atípico, el de El Emperador. Hasta algo de caudal cinematográfico, cuando ciertas páginas son puras escenificaciones casi grotescas de estampas de líderes, su corte de aduladores y su séquito de conspiradores.
El gran triunfo de Noriega en Donde mueren los payasos es el hábil resorte de la parodia para mostrar cómo funciona el circo electoral y como de transpirable es la barrera entre el astuto político que manipula a las masas para hacerse con el poder y luego lo detenta con torpeza y desacierto. Aunque puede que resulte en algún momento algo disparatada, la historia viene a representar cierta peculiar forma de hacer política: la del candidato pendiente de como valora la opinión pública cada paso que da, obcecado con convertir el poder en una cuestión competitiva casi fiel reflejo del mundo mercantil.
Salteada por un juego mitad empresarial, mitad metaliterario (las visitas del propio autor a un editor desesperado por el nulo efecto de sus consejos profesionales), Donde mueren los payasos solo flaquea cuando aposenta su trama ya directamente en el esperpento. Una especie de recta final tragicómica algo confusa en que todos los candidatos presidenciales creen ver en secuestros,autosecuestros y riesgos personales las bazas seguras para alzarse con el triunfo en los comicios. Puede que hasta en eso Noriega sea consciente, creo. Puede que meter al lector en ese marasmo, en ese pasacalle de cámaras, sicarios y paramilitares entregados a retransmitir desde un enorme cuadrilátero donde se dirime el poder sea la mejor manera de mostrar a ciertos (demasiados) políticos tal como son. Alimañas que solo sueñan con el momento de salir a un balcón, ante una multitud, con los brazos en alto. Una estampa familiar.

martes, 16 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Delirio de Laura Restrepo

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable

Hace poco, en un coloquio sobre literatura latinoamericana en Lisboa se discutía si la violencia es, o no, uno de los rasgos típicos de esta literatura; y si, en caso de que lo sea, esto es positivo o negativo, por la imagen (que confirma estereotipos bienpensantes) que transmite del continente. Personalmente no me atrevo a dar una respuesta global a esta pregunta; pero me he acordado del debate leyendo Delirio, que es, desde luego, una novela marcada por la violencia. Una violencia que va de lo privado (la violencia doméstica) a lo colectivo (el terrorismo de los narcos), que atraviesa todas las capas sociales y que carcome y destruye cuanto toca.

Delirio es en cierto modo una novela de misterio: cuando vuelve de pasar un fin de semana con sus hijos, el profesor Aguilar encuentra a su mujer, Agustina, presa de una locura inexplicable en una habitación de hotel. ¿Qué ha podido pasar en esos cuatro días para llevarla a ese estado? Ese es el misterio que Aguilar, movido por el amor, intentará descubrir, adentrándose para ello en los secretos y las mentiras de la familia de Agustina, una familia marcada por una locura hereditaria y por una obsesión enfermiza por las apariencias sociales.

Porque esta novela es, además de una novela de misterio con un toque romántico y otro fantástico, una crítica de la clase alta colombiana: no es casual que el único personaje "bueno" (así lo ha declarado explícitamente la autora) sea Aguilar, un prototipo de la clase media, profesor de literatura varios años mayor que su mujer. El resto de personajes, de la clase alta más pija y snob de Bogotá, son caracterizados como seres hipócritas, parásitos capaces de enriquecerse con el narcotráfico pero sin mancharse las manos de sangre.

Delirio consigue mantener una tensión narrativa hasta el final, aunque (perdón por el spoiler) al final el trauma que provoca la locura de Agustina no sea para tanto. Con sus varias tramas y líneas temporales (la historia de Agustina, la de sus abuelos, la de Midas McAllister), recuerda a algunas novelas experimentales del boom, aunque suavizadas y simplificadas para llegar a un mayor número de lectores. Así, se construye una novela capaz de satisfacer paladares exigentes, pero también a quienes busquen una historia de buenos y malos, en la que el amor, al final...

Nota curiosa: No es sorprendente que esta novela le gustara a Saramago, presidente del jurado que le concedió el Premio Alfaguara, teniendo en cuenta no solo que esta es una novela muy "saramaguesca" (por el estilo, el formato de los diálogos integrados en la narración, el empleo limitado de recursos de realismo mágico), sino también porque en la novela se menciona el Memorial del convento de Saramago como referente explícito...

lunes, 15 de abril de 2013

Semana de literatura colombiana: Plegarias nocturnas de Santiago Gamboa

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Que vivan las semanas temáticas. Cómo, si no, me hubiera acercado a este libro. Pues tuve que preguntarle a Aída, colombiana que trabaja en un establecimiento cerca de casa. Que me dio este nombre, y me dijo, no hacía falta pero me dijo, evita a Ángela Becerra. Cómo, si no, pues pasmado me he quedado de ver cómo publicaciones a las que acudo habitualmente en busca de referencias lo han ignorado, aún siendo publicado apenas hace 14 meses, en una de las grandes, toda una Random House Mondadori que seguro que emplea sus medios en promocionar libros que valen muchísimo menos que esta excelente novela, de la que no me consta hasta ahora su existencia, aunque su autor sea mencionado al lado del mismísimo GGM en la contraportada. Cómo, si no, pues pasmado me he quedado de ver la poca gente que parece haber leído esta excelente novela.
El estilo: magnífico, sumamente apasionante en su lectura, riquísimo en sus referencias, con ese equilibrio justo de estructura algo compleja pero por entero comprensible, con esa valiente intención de hallar siempre términos asequibles, de colaborar al máximo con el lector para que éste se sienta cómodo pero a la vez excitado (pues el libro no escatima en coartadas para relacionar autores, libros, iconos de la cultura contemporánea y lo que haga falta). Gamboa (diría, apuntaros este nombre: Bolaño triunfó sobre los 45 años y Gamboa tiene 47) tira de recursos a punta pala. Sabe ser poético, sabe ser soez, sabe ser culto, sabe hablar como un anciano y sabe hablar como una adolescente. Todo lo hace bien.
La historia: Manuel Manrique, joven estudiante colombiano, es detenido en Bangkok en posesión de una bolsa de drogas sintéticas. La justicia allí es implacable con estos delitos. El cónsul de Colombia en el país más cercano es convocado en su ayuda, y Manrique le pide que localice a su hermana Juana, desaparecida hace años en circunstancias poco claras, y a la que se siente absolutamente unido. Se abren varias historias: la del detenido, la de la familia, la del cónsul, la de la hermana, la de las personas con las que la hermana se relaciona en su vida. Todas ellas poliédricas, ricas, fascinantes a sus niveles y en sus entornos variados. Esa clase de historias que aparecen casi de manera fractal, como brotes esporádicos. Salpimentadas de referencias cultas que las ayudan, no de erudición autocomplaciente para epatar.
Que vivan, pues, las semanas temáticas. Sin ellas, lo que habría costado que a mí me hubiera llegado a las manos este libro, esta esplendorosa novela cuyas páginas coquetean tan a menudo con la genialidad. Tanto que sólo la necesidad de profundizar más en la obra de su autor, para ver si es que el  momento le ha resultado propicio o, no creo, si la suerte se ha aliado con él por esas casualidades, lo aleja de la calificación de imprescindible.

domingo, 14 de abril de 2013

Joseph Heath: Lucro sucio

Idioma original: inglés

Título original: Filthy Lucre, Economics for People Who Hate Capitalism

Año de publicación: 2009

Valoración: Recomendable




Un ensayo que, bajo el marchamo de absoluta objetividad, expone los principales conceptos de la economía de mercado de una forma tan elemental y didáctica que, en ciertos momentos, ni siquiera parece dirigida a adultos. Pero esta (excesiva) claridad solo se da en las definiciones, en cambio, los argumentos para defender su postura me han parecido escuetos y farragosos. Y no es extraño, ya que en la primera parte rebate los argumentos de la derecha y en la segunda los de la izquierda. Un reto tan atrayente para el autor, sobre todo si este es filósofo, como para los lectores. Naturalmente, siempre que juegue limpio, hable claro y no se contradiga. No podría afirmar que cumple las tres condiciones. Tampoco lo contrario. Después de tanta réplica y contrarréplica, estoy confundida, también me siento un poco engañada.

A pesar de que advierte del peligro de la simplificación en que se basan las predicciones de los economistas, es evidente que muchos de los ejemplos y modelos que propone para avalar sus tesis son también excesivamente simplistas. Aunque no niego que ese recorrido por las normas y principios que rigen la economía moderna es un buen ejercicio que nunca viene mal y menos en estos momentos. Para aclarar ideas no es preciso estar de acuerdo con todo lo que se expone en los tratados, con reflexionar sobre los argumentos y confrontarlos con los que teníamos previamente asumidos es más que suficiente. Incluso si la obra en cuestión está escrita en los primeros meses de la crisis porque los esquemas que maneja siguen siendo los mismos.

Lo que parece meridianamente claro es que ningún ensayo de contenido económico puede alardear de objetividad si no pone en tela de juicio las estructuras existentes. Y Heath parte de una actitud acomodaticia, no solo ante las de base sino en relación con cualquier factor que le favorezca personalmente, mientras critica todo aquellos que suponga discriminación positiva hacia sectores sociales de los que no formará parte jamás. Es decir, adolece de la misma actitud que reprocha en otros cuando afirma:

A lo que normalmente se oponen los prestamistas e inversores no es al seguro social, ni siquiera al principio de seguro social, sino simplemente a los tipos específicos de seguro social que protegen a los demás, especialmente a los trabajadores y consumidores.”


A medida que avanzamos, y sobre todo en la segunda parte, abundan los impedimentos a la intervención estatal y los ataques al sector público, excepto cuando este sirve para garantizar la estabilidad financiera, como en el caso de la emisión del papel moneda y otros similares. Aquí me pregunto ¿por qué no regular asimismo la oferta de trabajo disponible, el techo de los salarios o la contribución impositiva del capital? Sin embargo, muchas de sus afirmaciones sugieren que si la gente no prospera es por su culpa. Según Heath, es la impaciencia y falta de autocontrol lo que motiva la compra a plazos que encarece los bienes y servicios. ¿No será –me pregunto- a causa de la previa escasez de recursos? Pero confundir causas y consecuencias es la forma más simple de hacer demagogia.

Todo eso de que la economía se regula sola y que las leyes del mercado son las únicas sensatas –que venimos escuchando desde antes de tener uso de razón- se estaba quedando obsoleto a medida que lo escribía. Después del enorme intervencionismo estatal para remediar los desastres bancarios no sé cuáles serán sus argumentos. Porque es muy posible que los tenga.

sábado, 13 de abril de 2013

Colaboración: El periodista indeseable de Günter Wallraff

Idioma original: alemán
Título original: 
Año de publicación: 1966-1977
Valoración: Muy recomendable 

Dicen que los inventos se producen sólo cuando se dan las condiciones culturales propicias, y que cuando se alcanza ese momento es cuestión de tiempo que alguien llegue a desarrollarlos. Así podemos entender que tanto Newton como Leibniz llegaran casi simultáneamente al cálculo infinitesimal. O Darwin y Alfred Wallace a la teoría de la evolución. O Graham Bell y Antonio Meucci al teléfono. Desgraciadamente la historia sólo reconoce un ganador, que es quien ocupa un puesto en el imaginario colectivo. Los demás quedan injustamente olvidados por la mayoría.

Ese es el caso de Hunter S. Thompson y Günter Wallraff, que desde Estados Unidos uno y la República Federal Alemana el otro, llegaron de forma simultánea a lo que hoy conocemos como periodismo gonzo. Thompson quedó primero, y recientemente ha sido objeto de reseña en este blog su libro Miedo y asco en Las Vegas. Quisiera hacer justicia rescatando a Wallraff del olvido con El periodista indeseable: una recopilación de los mejores artículos publicados por el alemán entre 1966 y 1977.

Todos los artículos del libro están basados en su experiencia y escritos en primera persona. El método utilizado es siempre el mismo; adopta una falsa identidad, se infiltra en la acción, participa en ella y luego la narra. Rompe con el periodismo convencional y, en esto sí se diferencia de Thompson, no se identifica como periodista. Fue muy criticado por ello al considerarse que se saltaba uno de los principios básicos de la ética periodística, y estuvo a punto de ser condenado por ello.

Wallraff participa en la acción, se arriesga, experimenta aquello que luego plasma en sus obras. Es un militante político, un guerrillero de la información al servicio de la lucha de clases. Cuando el poderoso descubre que tiene al enemigo en casa ya es demasiado tarde. En las páginas del libro vemos a Wallraff ejerciendo de obrero en una cadena de montaje, ofreciéndose para colaborar con los servicios policiales como “soplón” para desarticular los movimientos universitarios de izquierdas, y convertido en un redactor sin escrúpulos en nómina del periódico con mayor tirada de Alemania occidental. Se trata de artículos independientes, y separados algunos de ellos por una década, pero el lector extraerá con facilidad el hilo conductor: el ciudadano común está sometido por un poder tricéfalo; la prensa le engaña, las empresas le explotan y los políticos garantizan que así sea.

 La Alemania que destripa Wallraff tiene unos rasgos externos muy diferentes de los del mundo actual. La economía era industrial y la guerra fría; nadie había oído hablar de internet ni de los teléfonos móviles, y la globalización económica (tal como hoy la entendemos) todavía no era tecnológicamente posible. Pero las relaciones de poder eran exactamente las mismas que en la actualidad. El fenotipo ha cambiado, pero el genotipo sigue siendo el mismo. La empresa Melitta podría llamarse hoy Mercadona, el periódico Bild podría ser El País, El Mundo o La Razón. El partido S.P.D. podría fácilmente cambiarse por PSOE, y el C.D.U. por el PP. Y los trabajadores inmigrantes españoles por… Vaya, la historia se repite.

La lectura es fácil, amena y gratificante. Muy recomendable para quienes deseen adquirir una visión global y retrospectiva de los tiempos en que nos ha tocado vivir.

Firmado: José Momblant

viernes, 12 de abril de 2013

Pierre Boule: El planeta de los simios

Idioma original: francés
Título original: Le planète des singes
Año de publicación: 1963
Valoración: recomendable

Este es uno de esos casos en los que es difícil leer el libro como si no supiéramos nada de él de antemano: leer El planeta de los simios como lo debieron leer sus primeros lectores en 1963, cuando todavía no existía la película de Charlton Heston ni, claro, sus posteriores secuelas, remakes y reboots. Muchas de las sorpresas que el autor había plantado en la novela para sorprender al lector ya no son tales sorpresas (y en la edición que he manejado de Plaza & Janés se cargan una de las pocas que quedaban en la contraportada).

Por si todavía queda alguien que no conozca el argumento, aquí va: una nave espacial en misión científica aterriza en un planeta cercano a la estrella Betelgeuse, aparentemente muy similar a la tierra. Pero pronto descubren que no todo es idéntico a la tierra: en este planeta los seres humanos son seres evolutvamente inferiores, dominados por los simios (chimpancés, gorilas y orangutanes), que han desarrollado una civilización avanzada. Capturado como cobaya para experimentos, el protagonista, Ulysse Mérou, deberá demostrar que está dotado de una inteligencia superior con la ayuda de la una chimpancé especialmente despierta: Zira.

Precisamente por ser una historia tan conocida, y por un cierto aire naif en las explicaciones científicas, El planeta de los simios resulta algo anticuada en comparación con la evolución posterior de la ciencia-ficción (sobre todo con la ciencia ficción hard core o con el cyberpunk). Casi podría compararse con obras como La máquina del tiempo o La isla del doctor Moreau de H. G. Wells, escritas más de medio siglo antes. Es muy evidente, por ejemplo, la influencia de las teorías darwinistas, del conductismo psicológico (el protagonista se ve sometido, entre otros, al experimento del perro de Pavlov) o de la idea del inconsciente colectivo, de Carl Jung; pero todas estas teorías aparecen en una versión masticada y domesticada, sin que dé la impresión de que Boule tuviera un conocimiento muy profundo de ninguna de ellas.


Como narración, la novela mantiene el interés, el ritmo y la tensión a través de la evolución del personaje principal, sus progresos y retrocesos, hasta las sorprendentes revelaciones de la tercera parte de la novela (que tampoco serán sorprendentes para quien conozca la película). También ayuda a mantener interesado al lector la relación entre Zira y Ulysses, una de las pocas historias de amor interspecies de la historia de la literatura; es en cierto modo divertido ver al protagonista dividido entre Nova, una bomba sexual humana con la inteligencia de un conguito, y Zira, la adorable chimpancé con la que comparte sus penas y miedos.

Nota curiosa: Pierre Boule es también el autor de El puente sobre el río Kwai, basada en sus experiencias como prisionero durante la Segunda Guerra Mundial; algo similar sucede con J. G. Ballard, autor de El imperio del sol sobre sus recuerdos en un centro de internamiento japonés (llevada al cine por Spielberg) pero también de numerosas novelas de ciencia ficción como El mundo de cristal o El mundo sumergido.

jueves, 11 de abril de 2013

Jonathan Franzen: Más afuera

Idioma original: inglés
Título original: Farther Away
Año de publicación: 2012
Traducción: Isabel Ferrer
Valoración: muy recomendable

Vaya: pues va a resultar que, como en el chiste del burro, la insistencia (o el tesón) le va a dar frutos a Franzen. O sea, que empieza a elevar sus ensayos a niveles cercanos al de sus ficciones. No sé el recurso que ha empleado, pero los ensayos de Más Afuera se benefician de un tono íntimo, más confesional y más desinhibido que sus libros anteriores, que siempre me dejaron algo defraudado (siempre, repito, en relación a la enorme expectativa que me generan sus portentosas novelas), y ello eleva el nivel, lo sitúa en un punto álgido respecto a sus colecciones anteriores, alguna ya comentada en Unlibroaldía, a las que un servidor les había recriminado cierta cohibición. 
Claro que a mí me resulta difícil resistirme a sus escritos cuando entra en escena su mención a su relación de amistad con David Foster Wallace, Debo reconocer que ese es un punto en el que es fácil doblegar mi escepticismo, pero es que Franzen vadea ese río con particular maestría, eludiendo sensiblería y mostrando ante el suicidio de su amigo la franqueza de la perplejidad, un adecuado equilibrio entre dolor por la pérdida y la capacidad de cabeza fría ante la situación, con lo que ese artículo, el que da título al libro y es su núcleo, ya es suficiente por sí solo, por su incalculable valor de testimonio.
Pero hay más: en los ensayos y artículos contenidos en Más Afuera encontraremos a Franzen hablando entusiasta de libros que le han gustado o influido (hay libros a los que dedica como diez páginas), siendo un montañista solitario en medio de una isla, exhibiendo militancia a favor de los animales, (en diversos países que empiezan todos por Chi: China, Chipre, Chile), pronunciando discursos, o hablando de sus respectivos matrimonios con las mujeres y con la ficción literaria. Todo a un nivel de escritura envidiable. Variado por su contenido pero cohesionado por esa especie de strip-tease, un despojarse de la última pieza al que no había alcanzado en sus recopilaciones de ensayos anteriores.
Insisto: no sé lo que ha obrado el cambio, pues algunos de estos artículos coinciden en sus fechas con los que me dejaron algo frío en Cómo estar solo, pero, quizás por el criterio de selección, da la impresión aquí de que Franzen toma conciencia de que él puede ser también un personaje como los que pueblan sus magníficas novelas. Tan lejos del divismo como de la falsa modestia, su insuperable calidad de escritura  (y, hasta cierto punto, de convicción) consigue lo que hasta ahora parecía un terreno exclusivo de sus ficciones: generar un espíritu incierto y aventurero, ponerse el chaleco periodístico y hablar de ornitología (como uno de los protagonistas de Libertad) o de un libro de los años 70, resultando a la vez didáctico y fascinante. Y atraer al oyente a los temas más variopintos a través de su seducción literaria y, por fin, convencernos de que, al igual que en ficción, su nivel en ensayo lo convierte en un escritor por delante de, prácticamente, todos los demás.

También de Jonathan Franzen en UnlibroaldíaLibertadCómo estar solo, Las correcciones